En sus dos primeros gobiernos,
Perón soñó con un pacto que habría unido política y económicamente a la
Argentina, Brasil y Chile. Investigadores argentinos y brasileños indagaron
en los porqués de ese fracaso.
Un simpático anciano
de 77 años, dispuesto a contar todo. Una periodista argentina señala caminos
para una investigación completa. Archivos secretos deseosos de ser abiertos
en un barrio periférico de Buenos Aires. Historiadores de la patria de San
Martín ayudando a armar el gran mosaico. Y un periodista brasileño
apasionado por la Historia y deseoso de saber todo con respecto al período
que reunió a
Juan Perón y
Getúlio Vargas.
Gracias al trabajo de estos investigadores, se llegó a conocer uno de los
mayores proyectos políticos de Juan Perón: la integración de América del Sur
y la formación de un bloque de países para resistir al apetito hegemónico de
EE.UU. El plan se conoció como el Pacto de ABC (Argentina, Brasil y Chile).
El simpático anciano es un geólogo amigo de Perón llamado Carlos García
Marín. La periodista es María Seoane. Los archivos secretos, con documentos
sigilosos protegidos por nueve grandes y viejas cajas, descansaban en un
viejo edificio de la calle Zepita, en Barracas. Los historiadores que han
ayudado a armar el rompecabezas son Enrique Pavón Pereyra, Fermín Chávez,
Ricardo Molas, Jorge Gonzales Crespo y Roberto Baschetti. El periodista
brasileño es Hamilton Almeida. Buscó información durante más de un año en la
calle Zepita y escribió: Bajo los ojos de Perón -el Brasil de Vargas y
las relaciones con la Argentina, publicado en Brasil por la editorial
Record.
Perón defendía la llamada Tercera Posición, una salida alternativa para
evitar el alineamiento con las superpotencias: Estados Unidos y la Unión
Soviética. Su estrategia era muy pragmática: "La Argentina, sola, no tiene
unidad económica; Brasil, solo, tampoco; Chile, igual. Pero estos tres
países, unidos, forman actualmente la unidad económica más extraordinaria
del mundo. No caben dudas de que, realizada esa unión, los demás países
sudamericanos entrarán en su órbita".
El presidente argentino soñó a América del Sur como la región internacional
depositaria de las "mayores reservas de dos elementos fundamentales de la
vida humana: alimento y materias primas". Pero divisaba un gran peligro por
delante. La historia de la humanidad mostraba que las grandes potencias,
cuando necesitan bienes que no poseen o que se le agotaron, van en su busca
y los consiguen "por las buenas o por las malas".
En la búsqueda de la soñada unión, Perón emprendió la lucha. Todo comenzó a
fines de los 40. Su primer paso sería el de conquistar el apoyo del socio
más importante, Brasil. En 1950, Getúlio Vargas surgía como el candidato a
la presidencia brasileña con las ideas más próximas a las de Perón. Algunos
gigantes brasileños se imponían en su camino: los dos grandes partidos de
oposición, el poder económico y la prensa. Además, Vargas no poseía dinero y
tenía que recorrer en campaña un país continental, para hablar en actos, con
los naturales y enormes gastos que esto implicaba. Pero tenía un aliado
importante: las masas y otro muy fuerte, no previsto inicialmente: Juan
Domingo Perón. El presidente argentino proveería dinero, material impreso y
alimentos para la campaña.
La ayuda al candidato brasileño comenzó en 1948. Por orden expresa de Perón,
fue articulada una operación secreta en la frontera, entre las ciudades de
Paso de los Libres y Uruguayana. El encargado de manejar la iniciativa era
un amigo de confianza del presidente argentino, el geólogo Carlos García
Marín de YPF, y secretario administrativo del Sindicato de los Petroleros.
Además de dinero y material impreso, cruzaron la frontera, toneladas de
alimentos (harina, yerbamate, pan, pastas). Para asegurar el transporte, una
gigantesca "operación hormiga" cruzaba de Paso de los Libres a Uruguayana de
tres a cinco veces por día. El total de "mulas" que transportaban los
productos involucró a tres mil personas y se destinaban a Río de Janeiro,
San Pablo y Porto Alegre. Con su apoyo, Getúlio Vargas ganó la elección.
Perón podría iniciar la etapa concreta del sueño de unir a América del Sur
contra EE.UU. El plan preveía primero la unión de tres países: Argentina,
Brasil y Chile. En el caso de Chile, Perón también ayudó financieramente a
la elección del candidato presidencial de su preferencia, el general Carlos
Ibáñez del Campo.
La victoria electoral en Brasil y Chile no ilusionó a Perón. Por eso, no se
durmió en los laureles y en febrero de 1951, poco después de la asunción de
Vargas, envió un emisario especial a Río de Janeiro. El coronel del Ejército
Roberto T. Dalton miró fijamente a los ojos de Vargas y le dijo:
—Señor presidente, quiero transmitirle un mensaje personal de Perón. El me
ordenó decirle que su parte del acuerdo realizado meses atrás ha sido
cumplida. Ahora ha llegado su turno de cumplir con la otra parte.
Vargas fue directo al punto:
—Pues diga a mi gran amigo, el general Perón, que estoy profundamente
agradecido por la ayuda que él me prestó para ganar las elecciones. Pero
ahora es absolutamente imposible cumplir con mi parte. Gobierno un país con
un Congreso fuertemente opositor, que no es como el argentino, que Perón
puede manipular a su voluntad. Espero que Perón haga lo que yo voy a hacer:
sacar de EE.UU. todas las ventajas económicas posibles. Y más adelante vemos
el tema del eje Buenos Aires-Río de Janeiro.
Perón no perdió tiempo. Si Brasil no podía adherirse al pacto en aquel
momento, era necesario buscar a Chile. Por eso, fue a Santiago. Y le dijo al
general Ibáñez: "Vengo aquí con todo listo, traigo la autorización del
presidente Vargas, porque yo estaba comprometido inicialmente a hacer esto
primero con Brasil. De manera que todo está saliendo perfectamente bien, tal
como fue planeado. Y, tal vez, al hacerlo, se le facilite la acción a
Vargas".
Lo que ni Perón ni Ibáñez esperaban era que el canciller de Brasil, Joao
Neves da Fontoura, iba a hacer declaraciones duras en relación al Pacto.
Dijo que Brasil estaba en contra de los pactos regionales y que éstos
significaban la destrucción del panamericanismo.
Al retornar a Buenos Aires, Perón entendió mejor la actitud brasileña. Un
amigo de Vargas, el periodista Gerardo Rocha, le dijo: "El presidente pidió
que le explique lo que pasa en Brasil. La situación de él es muy difícil.
Políticamente, no consigue gobernar. Hay sequía en el Norte y heladas en el
Sur. El comunismo está muy peligroso. El no puede hacer nada y pide
disculpas".
Todo este relato fue reproducido por Perón en una célebre conferencia
secreta en la Escuela Nacional de Guerra, el 11 de noviembre de 1953, menos
de un año antes de que los militares intentaran destituir a Getúlio Vargas.
Para evitar la caída, se suicidó, dejando perplejos a sus enemigos,
invirtiendo la situación política, movilizando a las masas y postergando en
10 años la dictadura militar.
El gran sueño de Perón naufragaba. ¿Vargas engañó a Perón? ¿No quería
participar del pacto desde el principio, pero protagonizó todos los acuerdos
preliminares como un gran farsante? ¿Usó a Perón para recibir todo su apoyo
para ser electo y lo traicionó a la hora de cumplir su parte del trato? ¿O
realmente quería el Pacto de ABC y actuó de buena fe? ¿Enormes presiones
internas y externas (entiéndase EE.UU.) le impidieron ir hasta el final en
relación a lo acordado con los argentinos?
La hipótesis de que Vargas actuó de buena fe y de que era favorable al Pacto
de ABC, pero no tuvo fuerza política para participar, parece confirmada por
la actitud del poderoso conjunto de sectores brasileños que, en aquella
época, se oponía a la Argentina y a la figura de Juan Perón.
Los militares eran una voz decisiva en la política. Derrocaron a Vargas en
1945, exigieron el alejamiento del ministro de Trabajo, Joao Goulart e iban
a expulsar a Getúlio en 1954, si él no se hubiera suicidado.
Todo indica que Getúlio Vargas quiso y no consiguió llevar adelante el Pacto
de ABC con Argentina y Chile. El presidente brasileño era demasiado
nacionalista para los parámetros conservadores de las clases dominantes
brasileñas. Y estaba muy debilitado. Sus opositores podrían usar, sin
dificultades, la alianza con Perón para derribarlo aun antes del fatídico 24
de agosto de 1954.
En un expediente secreto enviado a Buenos Aires en julio de 1954 desde la
Embajada Argentina se muestra que Vargas no tenía retaguardia para cumplir
lo que le había prometido a Perón. Su contenido, en lenguaje diplomático
cifrado, era el siguiente: "El presidente Getúlio Vargas tiene simpatías por
nuestro país, pero sus medios de expresión (políticos y administrativos)
están recortados por una oposición fuerte y total (Parlamento, prensa y
clases dominantes). El sentido político lo obliga a silenciar su verdadero
pensamiento y deja libres a sus ministros. A esto se deben las profundas
alteraciones de la política externa de dos gabinetes de un mismo
presidente".
Es como si los ojos y oídos de Juan Perón en Brasil le dijeran: Getúlio
Vargas no lo traicionó
|
|