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151007 - El
Banco
del Sur se pone en marcha - Durante una reunión en Río de
Janeiro, los Ministros de Hacienda de Argentina, Bolivia,
Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, firmaron el acta
fundacional del Banco del Sur. Se trata de una institución a la
que consideran "el eje de una nueva arquitectura financiera
regional para el desarrollo".
El acta de fundación será firmada por los presidentes de los
países miembros el 3 de noviembre próximo, posiblemente en
Caracas, en donde funcionará su sede.
En los dos meses siguientes se definirán los estatutos del
banco, el capital y cómo será integrado. El objetivo es que
empiece a operar en el 2008.
Aunque el capital y el aporte de cada socio no ha sido definido,
Venezuela y Ecuador estiman que la entidad comenzará con 7.000
millones de dólares.
Si Colombia es aceptada, por fuera del Banco solo quedarán
Chile, Perú, Guyana y Surinam. Con información de agencias
250507 - ¿Qué es el Banco del Sur? - De las
iniciativas recientes que han emergido desde gobiernos críticos
al neoliberalismo, una de las más importantes es aquella de
crear el Banco del Sur como banca subregional que vendría a
transformar las relaciones de poder al interior de la banca
multilateral de desarrollo, y reproblematizar al desarrollo en
un contexto en el que la ideología liberal ha cerrado el campo
de posibles humanos, sobre todo a los discursos y propuestas
críticas y alternativas.
Hay un desgaste evidente del modelo neoliberal en América Latina
que se ha expresado en la adhesión electoral a candidaturas que
han sido críticas del neoliberalismo, o que, en todo caso, han
construido sus discursos políticos y electorales desde el
rechazo y la crítica a las imposiciones del ajuste y
estabilización neoliberal, como son los casos de Ollanta Humala
en el Perú, de López Obrador en México, o los gobiernos de
Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Vásquez en Uruguay,
Morales en Bolivia, Lula en Brasil, y, más recientemente, Correa
en Ecuador y Ortega en Nicaragua.
También existe, de parte de algunos gobiernos, una necesidad de
establecer distancias no solo formales sino reales con el FMI,
como lo demostraron las decisiones de Argentina y Brasil de
cumplir anticipadamente sus compromisos financieros con esta
multilateral. Existe, entonces, un contexto en América Latina en
el que ningún gobierno de la región, a diferencia de décadas
anteriores, adscribiría de manera pública a las recomendaciones
del FMI y haría de los programas de ajuste el sustento de sus
políticas públicas.
Empero de ello, la persistencia y presencia del ajuste y reforma
estructural es profunda en la región. Las distancias que desde
algunos gobiernos se han puesto con el FMI no significa que
éstos empiecen un proceso de reversión de las políticas
neoliberales. La reforma estructural del Banco Mundial y del
BID, que hicieron un énfasis especial en provocar fuertes
cambios institucionales, ha transformado profundamente el tejido
institucional y ha desmantelado las capacidades regulatorias del
Estado, al tiempo que ha fortalecido a grupos financieros,
monopolios, y ha multiplicado la existencia de redes
clientelares y las prácticas asistencialistas. Estas reformas
estructurales de carácter neoliberal han sido tan fuertes que
incluso han obstaculizado la creación de alternativas al
desarrollo en la región.
La condicionalidad invisible y la persistencia del ajuste
neoliberal
Es decir, existe un vacío en el que la crítica al modelo
neoliberal corre el riesgo de ser una retórica de legitimación
política ante electorados descontentos del ajuste y la reforma
estructural, antes que una propuesta que implique cambios reales
en la relación entre el capital, el trabajo, el Estado y el
mercado.
Es por ello que el desgaste del FMI en la región, no sea
correlativo al desgaste que pudiesen tener el BID o la
Corporación Andina de Fomento, CAF; y que, a la larga, la
dinámica del ajuste y la estabilización persista aún por vía de
algo que podríamos denominar como “condicionalidad invisible” (o
condicionalidad implícita), lo que ha asegurado la presencia del
neoliberalismo en la región.
En efecto, la condicionalidad invisible es el recurso mediante
el cual el BID, la CAF, o el mismo Banco Mundial, crean líneas
de crédito para el desarrollo, pero sus desembolsos se ven
condicionados a que los países cumplan con las metas
establecidas previamente por el FMI en cuanto a disciplina
fiscal, que se expresa en superávit fiscal, a liberalización
comercial, apertura de la cuenta de capitales, y desregulación
económica. De esta manera, el FMI sigue presente en la región,
bajo la cobertura del financiamiento al desarrollo hecho por la
banca multilateral.
Es por ello que, de las iniciativas recientes que han emergido
desde gobiernos críticos al neoliberalismo, una de las más
importantes sea aquella de crear el Banco del Sur como banca
subregional que vendría a transformar las relaciones de poder al
interior de la banca multilateral de desarrollo, y
reproblematizar al desarrollo en un contexto en el que la
ideología liberal ha cerrado el campo de posibles humanos, sobre
todo a los discursos y propuestas críticas y alternativas.
En efecto, la creación del Banco del Sur se inscribiría de lleno
en el debate sobre la necesidad de una nueva arquitectura
financiera mundial y la búsqueda de nuevas modalidades al
financiamiento al desarrollo, en un contexto en el que la
economía de casino mundial ha generado poderosos marcos
institucionales para someter a sus decisiones, no solo a países
determinados sino al conjunto de la economía mundial, como lo
demuestra la primacía macroeconómica que pretenden tener los
índices de riesgo país de las bancas de inversión.
De ahí que la creación del Banco del Sur debe ser vista desde
una perspectiva política y epistemológica, más que financiera o
económica. Debe adoptarse una perspectiva política porque la
creación del Banco del Sur implica la disputa en el locus
central del sistema mundo en su hora neoliberal: la financiación
y especulación como centros de gravedad de la economía mundial,
que definen nuevas relaciones de poder y cuyas expresiones son
las estrategias de dominio, imposición y colonialismo inherentes
a la banca multilateral de desarrollo.
El mecanismo de la “no-objeción” y el control colonial de la
banca multilateral
En efecto, detrás del financiamiento a proyectos de desarrollo
hechos por la banca multilateral, en la ocurrencia el BID, la
CAF y el Banco Mundial, existen prácticas colonialistas que
utilizan la noción de desarrollo y crecimiento económico como
mascarones de proa para acentuar y profundizar, tanto las
condiciones de aquello que en los años setenta la CEPAL
denominaba la dependencia, cuanto del control, asimilación o la
ruptura de las resistencias sociales al neoliberalismo.
Hay que recordar que la banca multilateral creó un mecanismo de
control en todos los proyectos de desarrollo que aplica en la
región, y que se denomina como el mecanismo de la “no-objeción”.
Este mecanismo permite el control absoluto sobre los recursos,
las metodologías, los tiempos, los mecanismos, los técnicos y
las respuestas que las sociedades generan ante los proyectos de
desarrollo de la banca multilateral.
La “no-objeción” es parte de un ejercicio de poder en función de
objetivos determinados desde la dinámica del sistema mundo y la
lucha por la hegemonía mundial, antes que por las
características de un determinado modelo de desarrollo. Es por
ello que, luego del financiamiento de un proyecto de desarrollo
por parte de esta banca multilateral, la sociedad y el Estado
terminan más desarmados, más vulnerables, y el tejido social
aparece más fragmentado, y más susceptible a la manipulación
clientelar y asistencialista. El verdadero rol de la banca
multilateral no es tanto el financiamiento al desarrollo, como
el ejercicio de un poder colonial, de ahí que su dinámica releve
más de la política que de la economía o las finanzas.
Pero hay otra dinámica tan importante como esos ejercicios de
imposición política que nacen desde la “no-objeción”, y hacen
referencia a la episteme desde la cual se construye el
financiamiento al desarrollo; es en virtud de ello, que hay que
considerar que la banca multilateral ha trabajado de manera
profunda para reconceptualizar los marcos teóricos desde los
cuales se comprende la realidad y, hasta el momento, ha ganado
la batalla epistemológica; quizá el signo de los tiempos de la
derrota del pensamiento crítico sea la adscripción que ha hecho
la CEPAL a los contenidos epistémicos del discurso neoclásico.
Banca multilateral y la epistemología del poder
Los institutos de investigación relacionados con la banca
multilateral, e incluso los mismos estudios financiados desde
esta banca, han posicionado con fuerza conceptos funcionales a
las nuevas relaciones de poder. Gracias a ellos se ha generado
un debate en una sola dirección y bajo un solo esquema teórico:
el neoliberalismo y su expresión económica en el pensamiento
monetarista y neoclásico.
Así por ejemplo, tenemos el trabajo teórico hecho por el Banco
Mundial alrededor de la pobreza, y la disputa epistemológica
suscitada sobre este fenómeno, y en el cual el Banco Mundial ha
logrado convertir a la pobreza en un fenómeno económico e
individual, gracias a su noción del “dólar diario”, fracturando
y disolviendo esa rica discusión que veía a la pobreza como
fenómeno social y como fenómeno político, y adscribiéndola ahora
a las coordenadas del mercado y el homo economicus.
La panoplia conceptual hecha desde la banca multilateral es
extensa y ha cobrado carta de naturalización en las ciencias
sociales y en la economía sin que medie siquiera un proceso de
reelaboración crítica. Por ejemplo, las nociones de
competitividad, aperturismo, etnodesarrollo, pobreza, capital
humano, capital social, desarrollo local, descentralización y
autonomía, poderes locales, cadenas productivas, participación
ciudadana, flexibilización laboral, diálogo social,
regionalización y mancomunidades, desarrollo sustentable,
gobernabilidad, género y pobreza, ciudadanía, etc., son parte de
la discusión tanto de los denominados policy makers cuanto de
las mismas ciencias sociales.
Estos aspectos deben ser considerados como relevantes al momento
de discutir la conformación de la Banca del Sur, porque no se
trata solamente de la creación de una institución financiera que
realice créditos de financiamiento al desarrollo, sino de una
estrategia de recuperación de las nociones de soberanía,
regulación y una nueva contractualidad social que supere las
nociones neoliberales de “economía social de mercado”.
El Banco del Sur: desafíos y oportunidades
Por ello, la creación del Banco del Sur no debe verse desde una
visión financiera sino desde una visión geopolítica y epistémica,
que implique: la reformulación de los contenidos del
financiamiento para el desarrollo; las posibilidades de
integración bajo criterios de complementariedad y
subsidiariedad, y la generación de un pensamiento propio que se
deslinde de manera definitiva de los marcos teóricos del
neoliberalismo.
En virtud de ello, haya que pensar que la trampa inherente a la
Banca del Sur sería convertirla en un instrumento que financie
proyectos de desarrollo y que empiece a competir en esa línea
con el BID, el Banco Mundial y la CAF, o que cumpla con las
tareas de la privatización del territorio proyectadas en el
IIRSA, complementando de esta manera a la banca multilateral.
La idea de pensar, proponer y crear el Banco del Sur debe ser,
en realidad, para una reformulación de la arquitectura
financiera global en la cual se pueda defender a los países de
las apuestas de casino que hacen los especuladores financieros,
que pueda desprenderse de las decisiones de arbitraje a la
inversión y que se asientan en el riesgo país, y que permita un
intercambio e integración sustentados en nuevas ideas de
crecimiento con equidad, interculturalidad y plurinacionalidad.
Es decir, el Banco del Sur, debería ser parte de esas nuevas
propuestas que buscan proteger a los países de la globalización
financiera y de la intromisión política que implican las
condicionalidades del BID, de la CAF, del Banco Mundial y del
FMI, sea en su forma implícita, como condicionalidad invisible,
sea en su forma explícita de control a través del mecanismo de
la no-objeción.
Para ello, el Banco del Sur debe integrarse de manera
democrática en el que en su directorio el representante de un
país tenga un voto, y que ese voto sea previamente consensuado y
transparentado con organizaciones sociales y sectores
productivos, es decir, la agenda del directorio del Banco del
Sur, siempre deberá ser abierta, democrática, transparente,
plural y consensuada.
En segundo lugar, el Banco del Sur tiene la oportunidad enorme
de crear una unidad de cuenta regional, en la ocurrencia el peso
latinoamericano, que puede indexarse en una pega deslizante al
euro. Esta podría ser una salida para los tipos de cambio fijo
adheridos al dólar, sobre todo en los casos de Ecuador y El
Salvador; y puede permitir una transición del área dólar, en la
cual casi todas las monedas de la región están de una u otra
manera “pegadas” al dólar, hacia el rescate de la soberanía
monetaria de la región.
Los créditos del Banco del Sur se harían en función de esa
moneda común, y se emitirán en euros, que es una divisa con
poder liberatorio mundial y con capacidad de mantener su función
de reserva de valor mundial, al menos hasta que la región pueda
establecer una estrategia de integración monetaria y pueda
finalmente consolidarse la moneda común latinoamericana. Pero en
ningún momento el Banco del Sur debe pensar en mantener sus
unidades de cuenta en dólares, salvo como cámara de
compensación.
Un aspecto fundamental del Banco del Sur es su relación con la
banca multilateral, una relación que no puede ser ni subordinada
ni dependiente. La banca multilateral, en realidad, expresa una
situación de colonialismo y de imposición. Detrás de cada
préstamo de la banca multilateral están una serie de
condicionamientos que se convierten en instrumentos políticos de
dominación, chantaje, e incluso, como en el caso del Banco
Mundial, de destrucción de las organizaciones sociales y
populares.
El Banco del Sur puede abrir, en ese sentido, varias líneas
de crédito en las siguientes direcciones:
1) un fondo de transferencias para cubrir los saldos de los
proyectos BID y Banco Mundial que están pendientes en la región,
sobre todo para la construcción de infraestructura local, y que
han implicado la adopción de onerosas condicionalidades
explícitas o implícitas como, por ejemplo, establecer
fideicomisos para el pago de la deuda multilateral con los
recursos de las tarifas de los servicios públicos financiados
por esta banca multilateral; o el endeudamiento público con el
BID o el Banco Mundial, pero con la condición de que una vez
terminada la obra se la transfiera al sector privado. Este fondo
de transferencias permitirá evacuar los proyectos emergentes que
han sido o están siendo financiados con recursos BID y Banco
Mundial, para atenuar el peso de la condicionalidad, relativizar
el peso político de estas multilaterales, y rescatar la
soberanía de los países sobre su propio endeudamiento, sobre
todo en las áreas de salud y educación que son temas sensibles y
que han sido prioridades de la banca multilateral; esta línea de
créditos deben permitir la recuperación de la soberanía sobre el
financiamiento al desarrollo;
2) una línea de créditos para la reactivación productiva, sobre
todo de aquellos sectores que más sufrieron los embates de las
políticas de estabilización y ajuste macroeconómico, y que
conformaban el entramado de producción y servicios de las
economías locales; la idea es que a partir del Banco del Sur se
vaya rearticulando el ciclo ahorro-inversión local hacia la
reconstitución de un sector productivo nacional que pueda
establecer alianzas y estrategias de integración comercial en un
espacio económico común;
3) líneas de crédito para I + D, es decir, investigación para el
desarrollo, en donde se puede pensar en un banco de proyectos de
investigación con las universidades de la región. Esto puede
provocar la necesidad de coordinar, armonizar e integrar la
producción del saber y la técnica a nivel de la región, en un
contexto en el que las redes tecnológicas y la producción del
conocimiento científico está controlado desde el norte, estas
líneas de crédito pueden articularse dentro de lo que se
denomina inversión de riesgo pero que implica la apertura de
nuevos espacios de producción y generación de valor agregado;
4) una línea emergente para solucionar problemas de liquidez
provocados por déficit en cuenta corriente de balanza de pagos,
y a fin de no competir con el FLAR se puede pensar en mecanismos
de sindicación de créditos entre el Banco del Sur y el FLAR, de
tal manera que se pueda mantener una institución importante como
el FLAR dentro de las dinámicas de control del ahorro de la
región. Estos créditos a la cuenta corriente de balanza de pagos
desprenderían de manera definitiva a la región del área de
influencia del FMI.
Esto implica que los colaterales y las garantías sean diferentes
para cada una de las líneas de crédito. Sin embargo, aquello que
debe separar radicalmente al Banco del Sur de la banca
multilateral es la existencia de la condicionalidad, que se
expresa en el mecanismo de la “no-objeción”. En ese sentido, el
Banco del Sur debe generar garantías para cada una de sus líneas
de crédito, pero en ningún caso puede establecer
condicionalidades de política económica para los países
miembros. Además, el colateral debe ser separado radicalmente de
cualquier intento de imposición vía condicionalidades o
mecanismos parecidos a la “no-objeción”.
Los recursos que pueden ingresar al Banco del Sur pueden ser: el
ahorro gubernamental expresado en las reservas internacionales,
los fondos de pensiones gubernamentales, los excedentes en la
exportación provocados por ganancias excepcionales por los
precios de los comodities, y las cuotas de pertenencia al Banco
que aportan los países que los constituyen.
El Banco del Sur puede también establecer alianzas con otros
países de otras regiones para absorber liquidez de corto o
mediano plazo generando instrumentos financieros, como papeles
con rentabilidad variable. Para ello podrían establecerse
alianzas estratégicas con otros organismos financieros y bancas
centrales de países amigos.
El Banco del Sur debería proponer una línea de reflexión sobre
la economía política de la región para recuperar la soberanía
epistemológica, que al momento está secuestrada por los
discursos tecnocráticos de la banca multilateral. Los conceptos
operadores de las nociones de desarrollo, como aquellos de
crecimiento, renta, pobreza, equidad, etc., están construidos
desde las necesidades de legitimación teórica del centro antes
que de la necesidad de comprensión de los problemas de la
periferia.
En ese sentido, el Banco del Sur abre posibilidades de disputar
al neoliberalismo en territorios antes prohibidos: de una parte
el financiamiento al desarrollo con respeto a la soberanía y a
la integración de los pueblos, y, de otra, el pensamiento
teórico sobre un desarrollo equitativo, intercultural,
democrático, soberano y plurinacional.
Fuente
EcoPortal
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