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230108 - El
Dinero y cómo se maneja, en realidad
En el muy revelador artículo que sigue, se desvelan misterios
casi esotéricos respecto de algo tan cotidiano como el Dinero. Y
desde luego desconocidos para el común de los mortales que usan
su tarjeta de crédito, y guardan el dinero en cualquier Banco.
Es curioso, yo siempre he pensado que es mejor guardarlo debajo
del colchón, y después de que uno se entera de ciertas
cosas, todavía más. El desconocimiento del funcionamiento del
sistema bancario es uno de los logros más exitosos por parte de
quienes se encargan de gestionar esa curiosa cosa que puede
valer para todo, ó no valer para nada, dependiendo de razones
que escapan a los inocentes mortales que lo usan, es decir, casi
toda la Humanidad. Y añado, felices y dichosos los que son
capaces-que los hay- de vivir su vida sin este invento del
maligno.
Cómo la Reserva Federal de USA y los bancos manejan el mundo
Hace años leí el excelente libro de William Greider, publicado
en 1987, sobre el funcionamiento del Sistema de la Reserva
Federal de USA. Detallado y explícito, es una lectura
maravillosa e informativa, con la excepción de la solución que
sugiere para un inmenso problema.
Fue, por lejos, demasiado tímido. Este artículo propone una
solución muy diferente. Greider llamó su libro “Secrets of the
Temple” [Secretos del Templo] con un subtítulo: “Cómo la Reserva
Federal maneja el país.” Un subtítulo mejor podría haber sido
como la Fed (y muchas otras bancas centrales esenciales) manejan
el mundo. Este artículo trata de resumir lo que hace, cómo lo
hace, a quien beneficia y a costa de quienes. Para los que no
están al tanto, prepárense para informaciones y comentarios
sorprendentes.
Aclaremos algo desde el inicio:
La Reserva Federal de USA, el Banco de Inglaterra, el Banco de
Japón y el Banco Central Europeo (de los 12 países europeos que
adoptaron la moneda común europea en 1999) son instituciones con
un poder enorme, mucho más allá de lo que puede imaginar la
gente en algún sitio del mundo. Estos bancos centrales, los más
dominantes de todos, así como la mayoría de los demás, tienen
una poderosa influencia en las condiciones financieras en casi
todos los países, incluyendo, desde luego, los suyos, en un
mundo financiero con cada vez menos fronteras, en el que un
evento económico importante en una nación puede afectar, para
bien o para mal, a la mayoría.
Otro poderoso banco forma también parte del mundo financiero
actual. Hay que mencionarlo por su importancia, aunque requiere
un artículo separado para explicar de modo más completo cómo
trabaja.
Es el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en
inglés), hermético, inviolable y sin responsabilidad ante nadie,
fundado en 1930 y basado en Basilea, Suiza.
Este banco, del que la mayor parte de la gente jamás ha oído
hablar, es el banco central para sus bancos centrales miembros –
una especie de “mandamás de mandamases” bancario, equivalente a
lo que al parecer existe en el mundo enigmático de los Dones de
la Mafia.
Como la mayoría de las demás bancos centrales, incluyendo a la
Reserva Federal (explicado más adelante), es de propiedad
privada de sus miembros.
Algunos académicos y otros que han estudiado el BIS creen que la
elite dominante del capitalismo financiero estableció este banco
de bancos para que esté en la cima del poder a fin de que ejerza
su autoridad sobre un sistema financiero mundial poseído y
controlado por ella. Se piensa que su plan era utilizar este
banco para dominar el sistema político de todos los países y
controlar la economía del mundo de un modo feudal.
En una palabra, la idea es que esa súper-elite quiere regir el
mundo controlando su dinero, y que estableció ese todopoderoso
banco de bancos supranacional para que así lo hiciera. Por
importante que sea, esa discusión quedará para otra ocasión, ya
que la intención de este artículo es concentrarse sólo en la
Reserva Federal de USA.
Los bancos centrales dominantes y el BIS, junto con la mayoría
de los otros, ejercen su influencia en una alianza mutua de tipo
cartel para asegurar que todos se beneficien más de lo que
harían sino fuera por ese confortable arreglo. Con su inmenso
poder no es jugar con palabras si uno dice que esas
instituciones financieras ciertamente gobiernan el mundo. Porque
pueden crear dinero, financian las necesidades de sus gobiernos,
sus fuerzas armadas y todas las actividades empresariales, que
no podrían funcionar sin un suministro expeditivo de esa
mercancía, la más necesaria de todas. Es el dinero, no el amor,
lo que hace que el mundo se mueva, y los banqueros centrales
tienen el poder de crear o sacar de la circulación mucho o poco,
según gusten y con la intención que se les ocurra. Es el tipo de
poder que puede mover o destruir montañas.
Ningún banco central nacional es más poderoso en la actualidad
que la Reserva Federal de USA, pero no fue siempre así, y ahora
enfrenta competencia por el primer lugar, lo que no había
conocido desde la Segunda Guerra Mundial. La Fed, como lo
llaman, ha existido desde que fue establecido originalmente por
una ley del Congreso en 1913. Pero el Banco de Inglaterra ha
existido desde que Bretaña controlaba los mares, desde 1694,
cuando el Rey William III necesitó ayuda para financiar el tipo
de aventura que requiere mucho dinero disponible, la guerra. En
aquel entonces fue contra Francia, y el rey necesitaba un banco
amigo que lo imprimiera para su uso, para ayudarle a combatir.
También necesitaba ayuda financiera para facilitar el comercio y
administrar la deuda del país que siempre aumenta cuando se
libran guerras.
El Banco de Inglaterra no fue el primer banco central, pero fue
el primer banco central de propiedad privada del mundo moderno
en un país poderoso. Se llamó el Banco de Inglaterra para
impedir que el público supiera que, igual que nuestra Reserva
Federal, era y sigue siendo de propiedad privada y no parte del
gobierno. También fue el modelo utilizado en la formación de
nuestro propio banco central y de la mayoría de los otros.
Los británicos podrán haber tenido una ventaja de 219 años sobre
la Fed, pero los banqueros centrales sólo son tan poderosos como
los países que representan y sus economías. En la actualidad los
otrora dominantes británicos tienen que aceptar el papel menor
de ser sólo uno de muchos socios inferiores de un hegemónico USA
que emergió después de la Segunda Guerra Mundial como el poder
económico dominante del mundo. Siguen siéndolo hoy en día,
aunque algunos expertos fiables creen que este país puede haber
llegado a la cumbre y se halla en decadencia. Algunos van más
lejos y afirman que nuestra decadencia ha sido acelerada por la
desastrosa política del gobierno
Bush que cree irracionalmente que librar la guerra sin fin
contra el mundo es la manera de gobernarlo, de impulsar un
crecimiento económico y una dominación sin fin, y de preservar
así la posición preeminente de la nación como el campeón
económico reinante.
Es fácil cuestionar este punto de vista y pensar que el campeón
se ha subido al cuadrilátero algunas veces de más, tiene planes
interminables de volver a repetir sus combates, y que
probablemente le pasará lo mismo que a muchos personajes
anteriores que no supieron cuándo abandonar y terminaron con un
daño cerebral crónico, conocido como demencia. La lección de la
historia es siempre la misma. El precio a pagar por una conducta
imprudente es elevado, doloroso e inevitable. Vale para los
países así como para los individuos, pero demasiado a menudo ni
los unos ni los otros lo ven hasta que es demasiado tarde. La
mayor diferencia entre USA de hoy y otras naciones del pasado
que pagaron caro por no ceder cuando ya era demasiado tarde es
que tenemos un arsenal todopoderoso, como los demás nunca
tuvieron. Si decidiéramos utilizarlo, probablemente no quedaría
gran cosa para un sucesor. No es un pensamiento agradable, pero
es muy real.
Todo comenzó en 1910 en la isla Jekyll
Suena como el título de una película de horror, pero los eventos
de la vida real que ocurrieron en 1910 en esta isla de propiedad
privada a poca distancia de la costa de Georgia habría sido un
reto hasta para la imaginación de la fábrica de pesadillas de
Hollywood.
En la isla Jekyll se reunieron en secreto durante nueve días
siete hombres muy acaudalados y poderosos y crearon el Sistema
de la Reserva Federal que nació tres años más tarde, el 23 de
diciembre de 1913 mediante una ley del Congreso. Desde entonces,
la nación y el mundo nunca volvieron a ser lo mismo, sólo se
beneficiaron los ricos y poderosos. De eso se trataba, y
funcionó tal como lo planificaron.
La Ley de la Reserva Federal que le dio origen es seguramente
una de las obras legislativas más desastrosas para el bien
público que jamás haya sido producida por un organismo
legislador. También puede haber sido y sigue siendo ilegal según
el Artículo 1, Sección 8, de la Constitución que casualmente es
la ley inviolable del país. El artículo indica que el Congreso
tendrá el poder de acuñar (crear) dinero y de regular su valor.
En 1935, la Corte Suprema de USA determinó que el Congreso no
puede delegar constitucionalmente su poder a otro grupo u
organismo. El Congreso actuó, por lo tanto, en violación de la
misma Constitución que juró preservar y al hacerlo creó el
Sistema de Reserva Federal que, como explicaremos más adelante,
es una corporación privada con fines de beneficio que opera a
costa del bien público. Mediante su acción, nuestros
legisladores cometieron fraude contra el pueblo del país y hasta
ahora se han salido con la suya sin que el público ni siquiera
conozca el daño que se ha infligido.
El vergonzoso resultado es que lo que jamás debería haber
llegado a ver la luz es ahora la institución más dominante del
mundo, y todo debido a lo que comenzó en una isla de propiedad
privada de nombre espeluznante. Pero, si el Congreso hubiese
actuado responsablemente, la ley de creación de la Fed jamás
habría sido promulgada. La legislación que la estableció fue tan
dañina para el interés público, que probablemente jamás habría
sido aprobada si no hubiera sido encauzada mediante una reunión
del Comité Parlamentario de Conferencia organizada en plena
noche entre las 1.30 y las 4.30 AM (mientras dormía la mayoría
de los miembros del Congreso) el 22 de diciembre de 1913. La Ley
fue votada al día siguiente y aprobada a pesar de que muchos
miembros del organismo habían partido para sus vacaciones de
Navidad y la mayoría de los que se quedaron no habían tenido el
tiempo necesario para leerla o conocer su contenido. ¿Suena
familiar? Pero la aprobaron (como un ladrón en la noche) y fue
convertida en ley por un Woodrow Wilson inconsciente o cómplice,
que admitió posteriormente que había cometido un terrible error,
diciendo “Arruiné inconscientemente a mi país.” Pero era
demasiado tarde para autopsias, y el pueblo usamericano lo ha
pagado caro desde entonces. Es hora de que el público lo
comprenda y comience a exigir que se termine con más de 90 años
de daño.
Eso casi ocurrió hace 43 años cuando un presidente decidió
actuar a favor de la gente que lo eligió. Ese hombre fue
John Kennedy, quien planificó antes de su muerte el fin del
Sistema de Reserva Federal para eliminar la deuda nacional que
un banco central crea al imprimir dinero y prestárselo al
gobierno. Esa deuda ha aumentado ahora a más de
8.400.000.000.000 dólares que tienen que ser pagados por todos
los contribuyentes, quienes lo han hecho por una suma que
asciende a casi 174.000.000.000 de dólares sólo en los tres
primeros meses de 2006.
Este servicio de la deuda es ahora un monto anualizado que
excede dos tercios de un billón de dólares. Ha enriquecido a los
banqueros (de eso se trataba) y ha empobrecido al público,
porque nos cobran impuestos para pagar la cuenta. No es
exagerado decir que se trata del mayor fraude financiero en la
historia del mundo que aumenta con cada día que pasa.
La deuda era menos onerosa hace 40 años, pero
Kennedy comprendió el peligro que representaba para el país
y la carga que imponía al público. Por lo tanto, el 4 de junio
de 1963, dictó la orden presidencial EO 11110 dando autoridad al
presidente para emitir moneda. Luego ordenó al Tesoro de USA que
imprimiera 4.000 millones de dólares en “Billetes de USA” para
reemplazar los de la Reserva Federal. Su intención era de
reemplazarlos todos cuando hubiera suficiente cantidad de la
nueva moneda en circulación para poder terminar con el Sistema
de la Reserva Federal y el control que daba a los banqueros
internacionales sobre el gobierno de USA y el público.
Sólo meses después de la entrada en vigencia del plan Kennedy,
fue asesinado en Dallas en lo que seguramente fue un golpe de
estado disfrazado para que pareciera otra cosa y que puede haber
sido realizado, por lo menos en parte, para salvar el Sistema de
la Fed y la concentración de poder que creó, tan beneficioso
para los poderosos banqueros del país. Los que se beneficiaban
tenían buenos motivos para involucrarse en la conspiración para
proteger el privilegio especial al que no estaban dispuestos a
renunciar sin lucha. Es una explicación plausible que podría
explicar quién puede haber estado tras el asesinato y por qué
motivo.
Sea cual sea la verdad, el cartel bancario sólo se vio afligido
por poco tiempo. Una vez que Lyndon Johnson se hizo cargo,
rescindió la orden presidencial de Kennedy y restauró el antiguo
poder del cartel. Lo ha mantenido desde entonces y ahora, por
cierto, es más poderoso que nunca. Ni siquiera los presidentes
son capaces de detenerlo y los que quisieran tratar de hacerlo,
tienen una lección que les da la historia para que reflexionen.
Los predecesores de los posibles complotadores del golpe contra
Kennedy fueron los hombres que se reunieron en la isla Jekyll en
1910. Representaban a algunos de los hombres más poderosos del
mundo – los Morgan, Rockefeller, Rothschild de Europa (que
dominaron toda la banca europea a mediados del Siglo XIX y que
todavía podrían ser la familia más rica y poderosa de todas) y
otros de gran influencia y poder. Estaba también un senador de
USA, un alto funcionario del Tesoro, el presidente del mayor
banco del país en la época, un destacado personaje de Wall
Street y el hombre que más tarde llegaría a ser el primer
presidente del Sistema de la Reserva Federal. Fue una colección
extraordinaria y fueron para lograr una sola cosa. Querían
cambiar la ideología y el curso de los negocios usamericanos,
que hasta entonces se basaban en la competencia en el mercado y
reemplazarlos por el monopolio.
También sabían lo que quiso decir el barón M.A. Rothschild
cuando dijo: “Denme el control sobre la moneda de una nación y
no me importa quién haga sus leyes.” Conocían también la
sabiduría de lo que dice en Proverbios 22:7: ““El rico se
enseñorea de los pobres; y el que toma prestado es siervo del
que presta”.
Fue el alba de la era de los carteles poderosos, cuando los
siete titanes financieros reunidos en secreto en la casa del
club de la isla
decidieron no seguir compitiendo entre ellos y exigieron el
poder para arreglarlo. Ya estaban informalmente coludidos, pero
sabían que todo funcionaría mejor si se realizaba bajo un cartel
avalado legalmente. Querían un cartel bancario y obtuvieron uno
que hoy florece por debajo del radar público con el instrumento
que más deseaban – la capacidad de controlar el suministro de
dinero de la nación, que les dio un poder casi ilimitado. El
cartel trabaja ahora en cooperación con sus gobiernos y con
todas las demás poderosas corporaciones transnacionales en una
alianza global dominante que les permite controlar los mercados,
los recursos, la mano de obra barata del mundo, y nuestras
vidas.
El Sistema de Reserva Federal no es una agencia gubernamental
– es un cartel de propiedad privada de poderosos bancos
protegido por la ley.
Se cree común, pero erróneamente, que el Sistema de Reserva
Federal es una función gubernamental y sometida a su control. Es
falso. A menudo se habla de un banco central descentralizado,
casi-gubernamental, pero es sólo una cobertura para disfrazar lo
que es en realidad: un cartel de propiedad y operación privada
que es presentado como si el gobierno estuviera a cargo. El
hecho de que su central esté en Washington en el formidable e
impresionante edificio Eccles (bautizado con el nombre de un
antiguo presidente de la Fed) forma sólo parte del astuto
subterfugio. Funciona como sigue:
La Fed está compuesta de un Consejo de Gobernadores en
Washington y de 12 bancos regionales en las principales ciudades
de todo el país (incluyendo a mi propia ciudad de Chicago donde
cualquiera solía poder, pero ya no puede, ir a un cajero y
comprar valores del Tesoro de USA). El sistema también incluye a
numerosos y diversos bancos miembros, incluyendo a todos los
bancos nacionales que tienen que formar parte del sistema. Se
permite también que otros bancos se sumen y muchos lo hicieron.
La Reserva Federal comenzó sus operaciones en noviembre de 1914,
casi un año después de la ley parlamentaria que creó el sistema
el año anterior. Recibió mandato legal para poseer el mayor
poder de cualquier institución del país – el poder de crear y
controlar su suministro de dinero.
La mayoría de la gente sabe poco o nada sobre el dinero y la
banca, probablemente nunca piensa en el tema, y no tiene la
menor idea de cómo lo que hacen la Fed y los banqueros afecta
sus vidas. Antes de escribir este artículo, tenía un poco más de
los modestos conocimientos que aprendí en un curso obligatorio
sobre el tema y contabilidad básica como parte de mi plan de
estudios para la maestría de administración empresarial, hace 46
años. Esos cursos dejaron de lado las partes más importantes de
la historia y nunca dieron a entender que pudiera haber algo
siniestro en el funcionamiento real del sistema bancario. Pero
nadie debería imaginar que los bancos fueron establecidos para
funcionar en su beneficio o que se quisiera que lo hicieran.
Evidentemente no es así, y todo el que sugiriera que lo es,
debería leer lo que sigue. Son tan beneficiosos para el
bienestar público como lo fue el misil balístico
intercontinental MX Peacekeeper (el lenguaje ingenioso es
impresionante) que debía portar ojivas nucleares a mediados de
los años ochenta y que tenía el poder de destruir toda vida en
el planeta y que aún podría hacerlo en su forma antigua o
modernizada.
La Ley de la Reserva Federal (la ley del país) estipula que los
Bancos de Reserva Federal de cada región son de propiedad de sus
bancos miembros. Esos bancos de la Fed son corporaciones de
propiedad privada que hacen un gran esfuerzo por ocultar que
ellos, en realidad, son dueños de lo que gran parte del público
piensa que forma parte del tesoro y gobierno públicos. Es fácil
pensarlo ya que los presidentes de la Fed y siete de los doce
gobernadores son nombrados por el presidente y aprobados por el
Senado. Como tal, el BRF es una especie de entidad
casi-gubernamental, pero el hecho es que el Sistema es de
propiedad privada con fines de beneficio privado como cualquier
otra empresa. Tiene accionistas como otras corporaciones
públicas, que reciben un 6% de intereses libres de riesgo cada
año sobre su participación en el capital.
El público lo ignora, y probablemente no constituiría buenas
relaciones públicas si lo descubriera. La gente podría
molestarse aún más si supiera que algunos de los propietarios de
nuestra Reserva Federal son poderosos inversionistas extranjeros
en el Reino Unido, Francia, Alemana, Holanda e Italia. Son
socios de gigantescos bancos de USA como JP Morgan Chase y
Citibank así como de poderosas firmas de Wall Street como
Goldman Sachs en un cartel banquero del nuevo orden mundial que
influencia y afecta por doquier los negocios y nuestras vidas.
El problema de la propiedad privada de los bancos de la Reserva
Federal ha sido cuestionado varias veces en los tribunales
federales, en vano. Cada vez los tribunales confirmaron el
actual sistema bajo el cual cada banco de la Reserva Federal es
una corporación separada de propiedad de los bancos comerciales
en su región. Un caso semejante fue el de Lewis contra USA que
fue decidido por el 9º Circuito de la Corte de Apelaciones que
dictaminó que los bancos de la Reserva son corporaciones
independientes, de propiedad privada y controladas localmente.
Los fundadores de la nación usamericana tenían diferentes ideas
que los poderosos que se reunieron en la isla Jekyll
A través de nuestra historia, hubo desacuerdo sobre quién debía
controlar el suministro de la moneda de la nación y el derecho
de emitirla. Los fundadores de la nación usamericana
comprendieron que el parlamento británico se vio obligado a
imponer impuestos injustos a sus colonias americanas y a sus
propios ciudadanos porque el Banco de Inglaterra había acumulado
tanta deuda que el gobierno necesitaba ingresos para reducirla.
Benjamin Franklin, de hecho, consideraba que fue la verdadera
causa de la Revolución Usamericana. La mayoría de los fundadores
de la nación también comprendieron el peligro que podía resultar
si los banqueros acumulaban demasiada riqueza y poder. James
Madison, el principal redactor de nuestra Constitución, los
llamó “cambistas”, refiriéndose a la Biblia que dice que Jesús
expulsó dos veces a los cambistas del Templo de Jerusalén hace
2.000 años. Madison dijo:
“La historia nos dice que los cambistas han utilizado todos los
medios posibles de abuso, intriga, engaño y violencia para
mantener su control sobre los gobiernos controlando el dinero y
su emisión.”
Thomas Jefferson utilizó la misma energía en su condena cuando
dijo:
“Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más
peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos
permanentes. Ya han creado una aristocracia del dinero que ha
desafiado al gobierno. El poder de emisión debería ser
arrebatado a los bancos y restaurado a aquellos a los que
pertenece como corresponde.”
Jefferson y Madison comprendían los peligros de los monopolios
comerciales de todo tipo y trataron de asegurar que nunca
existirían en la nueva nación. Ellos, de hecho, deseaban que se
agregaran dos enmiendas adicionales a la “Declaración de
Derechos” en la Constitución, pero nunca lo lograron. Creían que
para proteger la libertad de la gente la nación debería ser
“libre de monopolios en el comercio” (lo que ahora son las
corporaciones gigantes incluyendo a los grandes bancos
internacionales y las firmas de inversión de Wall Street) y
“libre de fuerzas armadas permanentes,” o ejércitos en pie de
fuerza. Tratemos de imaginar cómo sería el país en nuestros días
si Jefferson y Madison lo hubieran logrado – un país sin
gigantescas corporaciones depredadoras que explotan a todos para
obtener beneficios y sin fuerzas armadas desenfrenadas que hacen
guerra al mundo, amenazando con destruirlo, y que lo hacen para
que esos gigantes corporativos puedan obtener beneficios aún
mayores.
Nunca lo lograron, por cierto, y la gente lo ha pagado caro
desde entonces, incluyendo el gran daño causado porque el
gobierno renunció a su derecho a controlar el suministro de
moneda de la nación. Lo entregó secretamente sin que el público
lo supiera, ignorante del daño que se le había hecho. Ha sido
peor todavía desde los años ochenta, porque el poder de la Fed
aumentó bajo un presidente republicano amigo, y la algarabía
dirigida por los medios corporativos ocultó el efecto. Para
ellos, es inaceptable que la Fed sea degradada en público, así
como sus gigantescos bancos miembros o sus aliados de Wall
Street.
Las cosas se descontrolaron especialmente durante el ejercicio
de
Alan Greenspan. Sorprende que haya habido quien encontrara
muchos motivos para elogiar a semejante presidente de la Fed
antes de que dirigiera la Fed, cuando fue asesor presidencial, o
durante el período en el que la dirigió. Sólo entró al servicio
gubernamental después del fracaso de su firma de consultoría
financiera, probablemente porque necesitaba una nueva línea de
trabajo. Allí se las arregló para convertirse en un exuberante
profeta de la banca central que fue casi elevado a la santidad
por los expertos en los negocios que pensaron que bajo su
ejercicio los cielos fueron sólo azules y que las pocas nubes a
la vista siempre presagiaban que volvería a brillar el sol.
Ahora Alan se retiró a los horizontes más fértiles de los
contratos literarios y de las conferencias, lo que muestra que
si trabajas bien para los ricos y poderosos que te lo
permitieron, (a costa del resto de la gente) la recompensa final
valdrá la pena. Es probable que el nuevo presidente de la Fed
haya tomado nota y que tratará de continuar la tradición como
corresponde.
Pero tratemos de imaginar un tipo diferente de presidente de la
Fed, alguien que conociera, tuviera fe en y practicara las
palabras y la sabiduría de otro presidente usamericano de cierta
importancia:
Abraham Lincoln.
En 1886
Lincoln dijo: “Los poderes del dinero se alimentan de la
nación en tiempos de paz y conspiran contra ella en tiempos de
adversidad. Son más despóticos que un monarca, más insolentes
que la autocracia y más egoístas que una burocracia. Denuncian,
como enemigos públicos, a todos los que cuestionen sus métodos o
saquen a la luz pública sus crímenes. Tengo dos grandes
enemigos: el Ejército del Sur frente a mí y los banqueros
detrás. De los dos, el que está atrás es mi mayor enemigo.”
Parece que
Lincoln también dijo (aunque algunos lo disputan): “Veo que
se acerca en el futuro cercano una crisis que me inquieta y que
me hace temblar por la seguridad de mi país… han entronizado a
corporaciones y seguirá una era de corrupción en los cargos
importantes, y el poder del dinero del país se esforzará por
prolongar su reino utilizando los prejuicios de la gente hasta
que toda la riqueza se acumule en unas pocas manos y la
República sea destruida.” Imaginemos lo que Lincoln diría en
nuestros días.
Lo que
Lincoln pensaba sobre los banqueros y el poder del dinero en
el país, parece provocar la pregunta obvia: ¿Tuvieron algo que
ver, o fueron la razón de su prematura muerte a manos de John
Wilkes Booth? Los banqueros internacionales detestaban
evidentemente a
Lincoln después de que logró que el Congreso aprobara la Ley
de la Moneda de Curso Legal que autorizó al Tesoro de USA a
emitir papel moneda llamado “greenbacks” [verdes].
Lincoln necesitaba esa legislación después de que renunció a
pagar a los banqueros las tasas usureras de interés de entre un
24 y un 30% que exigían por los préstamos que necesitaba para
financiar su guerra con el sur. Con la nueva ley bancaria,
Lincoln pudo imprimir los millones de dólares necesarios,
libres de deuda y de intereses. Esto no era, evidentemente, lo
que deseaban los codiciosos banqueros, ya que sólo pueden sacar
beneficios cuando arrebatan su trozo de carroña de las
transacciones financieras que controlan.
Lincoln fue asesinado poco después del fin de la guerra, y
un poco más tarde rescindieron la así llamada ley “Greenback”
[verde], aprobaron una nueva ley bancaria, y todo el dinero
volvió a producir intereses.
Cómo funciona el Sistema de la Reserva Federal.
El Sistema de la Reserva Federal resulta de que el Congreso y el
Presidente aceptaron privatizar el sistema monetario de la
nación y renunciar al poder que debería hacer seguido siendo el
derecho exclusivo del gobierno. Esa ley fue tan escandalosa que
la Fed tuvo que ser estructurada deliberadamente para que
pareciera una delegación del gobierno federal a fin de ocultar
que en realidad es un cartel bancario todopoderoso de propiedad
privada cuyos bancos miembros (incluyendo todos los nacionales)
comparten los vastos beneficios obtenidos de poseer la licencia
más importante que debiera ser exclusiva de los gobiernos– el
derecho a imprimir dinero en cualquier cantidad, controlar su
suministro y precio, y beneficiarse inmensamente de prestarlo a
cambio de un beneficio, incluyendo al propio gobierno que debe
pagar intereses por el dinero, lo que nunca sería necesario si
simplemente lo imprimiera. Pensemos en lo que ocurriría si el
gobierno legalizara el derecho a falsificar la moneda nacional
para beneficio privado.
No es una exageración afirmar que es la mayor estafa financiera
de todos los tiempos, que causa un daño incomprensible a un
público que sigue sin enterarse.
Funciona como sigue:
La Fed recibió la autoridad de dirigir la política monetaria de
la nación con el poder de controlar el suministro y el precio de
la moneda. Tiene tres maneras de hacerlo – mediante operaciones
abiertas de mercado, la tasa de referencia que cobra a los
bancos miembros, y el requerimiento del porcentaje de reserva de
los activos de los bancos miembros que se les exige que
mantengan en su poder y no sea prestado. El Consejo de
Gobernadores tiene la responsabilidad del manejo de la tasa de
referencia y de los requerimientos de reserva, mientras que el
Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en
inglés) está a cargo de las operaciones de mercado abierto de
compra o venta de obligaciones que explicamos más adelante.
Mediante el uso de estos instrumentos, la Fed puede influenciar
el suministro y la demanda de dinero y así controla directamente
la tasa a corto plazo de los fondos federales que es siempre
fija a menos que la Fed desee elevarla o bajarla. Las tasas a
mayor plazo son controladas por los poderosos negociantes
institucionales en el mercado de obligaciones.
El FOMC y cómo funciona
El Comité Federal de Mercados Abiertos es realmente la clave de
todo el proceso de creación o contracción de dinero. Consiste de
12 miembros – siete miembros del Consejo de Gobernadores de la
Fed, el presidente del New York Fed Bank (el más importante de
todos) y cuatro de los restantes 11 presidentes del Banco de la
Reserva que sirven por turnos períodos de un año.
El FOMC realiza ocho reuniones regularmente programadas por año
para evaluar las condiciones económicas y decidir lo holgada o
estricta que ha de ser la política monetaria para impulsar su
objetivo declarado de un crecimiento económico sostenible y de
estabilidad de los precios.
Literalmente, el FOMC tiene el poder de crear dinero de la nada.
Lo hace mediante un proceso de cuatro etapas:
Primera etapa: El FOMC aprueba la compra de obligaciones del
gobierno de USA en el mercado abierto.
Segunda etapa: El New York Fed Bank adquiere las obligaciones a
los vendedores (los mercados financieros siempre tienen un
número idéntico de compradores y vendedores).
Tercera etapa: La Fed paga por sus compras con créditos
electrónicos a los bancos vendedores que, por su parte,
acreditan las cuentas bancarias de los vendedores. Estos
créditos son literalmente creados de la nada.
Cuarta etapa: Los bancos que reciben los créditos pueden
entonces utilizarlos como reservas para posibilitar que presten
hasta 10 veces su suma (si su requerimiento de reserva es de un
10%) mediante la magia (que sólo poseen los bancos) de la banca
de reserva fraccional y, por cierto, cobran intereses por el
total. ¡Qué negocio! y todo es legal. Imaginemos cuán ricos
podríamos ser todos si pudiésemos hacer lo mismo como individuos
privados:
Pedimos prestado un millón a la Fed, como por arte de magia lo
multiplicamos por 10, y cobramos intereses sobre el total, con
la excepción de un 10% que debemos mantener en reserva. Es la
magia de la creación de dinero de la reserva fraccional y
explica cuán poderoso es el estímulo económico cuando la Fed
quiere realzar el crecimiento económico.
Cuando la Fed desea contraer la economía reduciendo el
suministro de dinero, simplemente invierte el proceso
mencionado. En lugar de comprar obligaciones, las vende de
manera que el dinero sale de las cuentas de los bancos
compradores en lugar de ingresar en ellas. Entonces, los
préstamos bancarios tienen que ser reducidos 10 veces si el
requerimiento de reserva es de un 10%.
Cómo la Fed daña el interés público
El sistema de la Reserva Federal existe sólo para servir a sus
propietarios y a los bancos miembros y al hacerlo es hostil al
interés público. Eso, porque es un cartel bancario con el poder
de restringir la competencia por mayores beneficios obtenidos a
nuestra costa. Sale de nuestros bolsillos, a los de ellos, y el
público pierde de cuatro maneras:
Primera:
A través del impuesto invisible de la inflación que resulta
de la dilución del poder adquisitivo causado por el ingreso al
sistema de dinero recién creado, lo que reduce el valor de los
dólares que ya están presentes. La Fed de Greenspan fue
especialmente expansiva, nunca fue responsabilizada por sus
excesos y pudo legar el serio problema que creó a un futuro
presidente de la Fed y a la sociedad, para que lo encararan. El
hombre al que ahora ensalzamos como mago monetario comenzó de
modo sensato. Desde 1982, antes de que llegara en 1987, hasta
1992, el suministro de dinero aumentó en un promedio de un 8%
por año. Pero de 1992 a 2002, las imprentas trabajaron horas
extra en sincronización con la desregulación y el crecimiento de
los mercados globales, expandiendo la moneda en más de un 12%
por año. Se hizo aún más extremo después del 11-S y desde 2002
creció a una tasa de un 15%. Ahora se ha más que duplicado en
menos de una década. Parece que el nuevo presidente de la Fed
tomó nota y ha comenzado a reducir el ritmo de expansión
monetaria ya que sigue aumentando la tasa de los fondos
federales a cualquier nivel que tenga en mente.
Los operadores cambiarios también parecen haber tomado nota del
ritmo de la expansión general del suministro de dinero. Con la
excepción de un descanso en 2005, es bastante probable que la
debilidad del dólar desde 2002 sea el resultado del exceso
creado por los gastos derrochadores del gobierno de
George W Bush para financiar sus interminables guerras y sus
insensatos recortes tributarios para los ricos. El problema se
complica aún más ya que desde 1964 hasta la actualidad, el
servicio de la deuda ha crecido de un 9 a un 16,5% del
presupuesto federal, y sigue aumentando, y el actual déficit ha
pasado de un superávit de un 1% a casi un 7% de déficit; el
endeudamiento federal ha crecido en un 40% sólo desde 2001 y ha
sido financiado en gran parte por “la gentileza de extranjeros”
que podrían estar perdiendo los nervios. Además, desde marzo de
2006, la Fed dejó de publicar la suma M-3 del monto total de
dólares en circulación.
Sin esa transparencia, ahora los grandes compradores de
obligaciones del Tesoro de USA tienen que calcular el valor del
dólar basándose en la especulación y la inseguridad en lugar de
datos seguros – no es algo que inspire confianza en los mercados
financieros que funcionan mejor en una atmósfera de franqueza y
claridad.
Segunda:
El público también pierde porque el cartel bancario puede
practicar la usura – por su poder sobre una moneda flexible para
aumentar o bajar artificialmente las tasas a cualquier nivel que
escoja lo que muchos pequeños prestamistas no pueden hacer en un
mercado verdaderamente libre y abierto. Además, la dominación
sobre el mercado por el cartel fuerza a la mayoría de los
prestatarios (especialmente los más pequeños que están en menos
condiciones de emitir sus propios instrumentos de deuda) a
pedirle préstamos que luego puede hacer utilizando lo que
debería ser el dinero de la gente, puesto a su disposición al
coste más bajo posible por numerosos pequeños prestamistas
fuertemente regulados por el gobierno, que competirían en busca
de clientes.
Tercera:
Mediante los impuestos, nosotros, el público, tenemos que
pagar para cubrir los intereses de la inmensa deuda nacional
(actualmente de más de 8,4 billones de dólares) acumulada del
dinero imprimido por la Fed y prestado al gobierno. Como dijera
anteriormente, totaliza ahora un monto anualizado que excede dos
tercios de un billón de dólares y aumenta a diario. Ha
enriquecido a los banqueros, empobrecido a la gente de a pie, y
el público todavía no se entera de que está siendo esquilmado en
grande.
Cuarta:
Exacerbando el abuso mencionado, el cartel puede hacer que
el público saque de apuros al sistema con más dólares del
contribuyente. Esto sucede cada vez que alguno de los bancos
demasiado grandes para que se permita que fracasen necesita
ayuda financiera para sobrevivir. Lo mismo vale para grandes
corporaciones como Chrysler o Lockheed, grandes firmas
inversionistas o fondos hedge como Long-Term Capital Management
o incluso países como México. También vale cuando cierra un solo
banco y hay que compensar a los depositantes o, de modo más
serio, después de una crisis financiera sistémica como la que
acabó con muchos bancos de ahorros y préstamos en los años
ochenta. Sea un solo banco o muchas docenas al mismo tiempo, los
dólares tributarios del público son utilizados para salvar el
sistema o sólo para pagar la cuenta a fin de rembolsar a
depositantes asegurados contra pérdidas por el seguro de
protección gubernamental hasta un cierto monto por cuenta.
¿Cómo habría reaccionado
Adam Smith ante el Sistema de la
Reserva Federal?
Esta concentración de riqueza y poder del cartel bancario es lo
contrario de lo que
Adam Smith, el padrino ideológico del capitalismo de libre
mercado, propugnó en sus escritos, incluyendo su obra
fundamental “La Riqueza de las Naciones”.
Adam Smith escribió sobre una “mano invisible” que dijo
funcionaba mejor en un mercado libre con numerosos pequeños
negocios en competencia local los unos contra los otros. Se
opuso enérgicamente al mercantilismo concentrado de su época (lo
que haya sido) que actualmente sería el equivalente de nuestras
gigantescas corporaciones transnacionales y el cartel bancario
con el poder para restringir la competencia, mantener precios
más elevados de lo que hubiera sido posible de otro modo y, como
resultado, ganar mayores beneficios a expensas del público.
El tipo de cartel bancario que existe hoy en día es precisamente
lo que
Adam Smith habría condenado. Pero que haya un banco central
no es un mal de por sí siempre que el banco sea de propiedad del
gobierno, controlado y operado en función del bien público. Sólo
aparece un problema cuando establecen el banco mediante
subterfugios para que parezca como si fuera de propiedad del
gobierno y operado por éste, cuando en realidad, funciona en
función del interés privado como en nuestro caso y también en la
mayoría de los otros. Y en USA, para que funcione el amaño, el
Sistema es dirigido por un organismo rector nombrado en su
mayoría por el gobierno, que actúa como un alcahuete para los
miembros privados del codicioso cartel de la banca que fue el
primero en desear que existiera y que logró que un Congreso
corrupto lo pusiera a su disposición.
Para que funcione, el cartel precisa de la cobertura que
consigue como resultado de su asociación con el gobierno, pero
perjudica al interés público gracias a esa estructura en
provecho de sus propias ganancias privadas.
Y así llegamos al quid del problema:
El Congreso elegido para servir al pueblo, lo traicionó en lugar
de cumplir con su deber al crear un cartel bancario todopoderoso
y otorgarle la autoridad para practicar la banca de reserva
fraccional con el poder de obtener dinero libre creándolo de la
nada.
Luego permitió a sus miembros un derecho de casi-monopolio para
establecer las tasas de interés que deseen cobrar a los
prestatarios.
Todo el proceso equivale a un atraco legalmente sancionado por
parte de los poderosos bancos que operan confabulados con el
gobierno para obtener sus propios beneficios. Forma también
parte de un proceso más amplio organizado por el gobierno para
transferir riqueza del pueblo a los bolsillos de las grandes
corporaciones y de los ricos, y lo hace mientras los afectados
desconocen que siquiera ocurre.
El Sistema de Reserva Federal también daña al público de otra
manera:
La Fed daña el bien público de otra manera importante, y de
nuevo la mayoría de la gente no tiene la menor idea. El Sistema
de Reserva Federal fue supuestamente establecido para
estabilizar la economía, limar asperezas de los ciclos de la
coyuntura, mantener una tasa saludable de crecimiento
sustentable mientras conserva la estabilidad de los precios y
beneficia a todos. ¿Ha hecho bien su trabajo?
Desde su creación en 1913, hemos tenido los cracks de 1921 y el
más importante y recordado de 1929. Fue seguido por la Gran
Depresión que duró hasta el comienzo de la Segunda Guerra
Mundial, la que según el destacado economista conservador Milton
Friedman fue causada y exacerbada porque la Reserva Federal
decidió sorprendentemente la reducción del suministro de dinero
en tiempos de contracción económica, en lugar de aumentarlo.
Luego tuvimos recesiones en 1953, 1957, 1969, 1975, 1981, 1990 y
2001. También tuvimos comienzos de inflación en los años
sesenta. Ésta fue bastante severa durante gran parte de los años
setenta y a comienzos de los ochenta. Y tuvimos una importante
crisis bancaria en los años ochenta en la que quebraron más
bancos y asociaciones de ahorro y préstamos que nunca antes en
nuestra historia. Sucedió después de la desregulación del
mercado financiero, al permitirse que los bancos persiguieran
sus propios intereses sin supervisión gubernamental que
controlara su inclinación a correr riesgos excesivos o que
impidiera que trataran de salirse con la suya mediante fraudes
deliberados.
Junto con la estabilidad económica que la Fed nunca logró,
también se ha disparado la deuda de los consumidores; déficits
presupuestarios y comerciales de nivel récord; una cantidad
elevada de bancarrotas personales y crecientes delitos con
préstamos hipotecarios; un interés sobre una creciente deuda
nacional que representa un porcentaje grande y creciente del
presupuesto federal; la pérdida de nuestra base manufacturera y
de puestos de trabajo con salarios elevados porque son
exportados a países de baja remuneración; una economía en la que
los servicios acaparan ahora cerca de un 80% de todos los
negocios que en su mayoría pagan mal, con trabajos menos
capacitados con poca o ninguna prestación; y una brecha en el
aumento de los ingresos y la riqueza que sigue dañando a las
personas de bajos o medianos ingresos para beneficiar a los
pocos ricos y acomodados, así como un gobierno que impulsa esta
situación.
Todo se sintetiza en una conclusión:
La Fed no cumplió, por sobre todo, la tarea esencial para la que
fue establecida para comenzar. Pero es mucho peor todavía, si
comprendemos los verdaderos motivos de un cartel. No es servir
el interés público. Es abusar de él, porque así aumentan los
beneficios. Puede hacerlo con la concentración de su poder,
legalmente sancionado, y un gobierno amigo aliado con sus socios
o facilitadores. Se sale con la suya cuando comete los más
espléndidos de los robos gracias a este amaño oculto de la vista
del público.
Una solución necesaria para un problema inmenso.
Se desprende de la información presentada que el Sistema de la
Reserva Federal fue establecido mediante el sigilo y el engaño
por un puñado de políticos corruptos al servicio de sus
poderosos aliados de la banca y de Wall Street. Lo hicieron para
defraudar al público y sin que éste haya tenido la menor idea de
lo que sucedía, y de lo dañino que era para su bienestar e
interés. Los que estaban en el Congreso y el presidente Wilson
(un hombre formado en derecho, ex abogado practicante, antiguo
académico apreciado y presidente de la Universidad Princeton) o
sabían o deberían haber sabido que la ley que él y ellos
aprobaron al establecer la Fed estaba en violación directa de la
Constitución que habían jurado defender. No lo hicieron, y
violaron la ley, y el público pagó caro su crimen desde entonces
hasta la actualidad.
De manera que, ¿qué recurso queda, y es posible movilizar a la
gente para darle seguimiento? Hay una sola solución sensata y
justa para deshacer el daño que se ha hecho a tantos durante
tanto tiempo: abolir el Sistema de la Reserva Federal y
restaurar el poder que tiene actualmente a un Gobierno Federal
que trabaje por el bien público. Recuperarlo del poderoso cartel
bancario que trabaja en su contra y no volver a permitir jamás
que vuelva a caer en sus manos. Es el único camino. El gran
poeta y dramaturgo alemán
Bertolt Brecht habría estado de acuerdo cuando dijo que “es
más fácil robar estableciendo un banco que asaltarlo.”
La liberación del poder de esos poderosos “cambistas” traería
enormes beneficios para todos. Establecería una política
prudente de creación de dinero que minimizaría nuestro impuesto
más injusto – la inflación que es causada por banqueros privados
en busca de beneficios que manipulan el suministro de dinero de
la nación para aumentarlos. Estabilizaría la economía y
suavizaría los extremos en el ciclo de la coyuntura agudizados
por el cartel que trabaja para su propio beneficio y contra el
nuestro. Reduciría el coste del dinero para los prestatarios
porque terminaría con el poder monopolista que tiene actualmente
el cartel de establecer las tasas que prefiere, abriendo el
mercado a más competencia.
Reduciría la creciente y opresora deuda nacional al ser por fin
liberada del aumento del suministro de dinero requerido para
pagarla.
Reduciría la carga tributaria para el público ya que se
necesitarían menos ingresos para el servicio de la deuda. Sería
un paso trascendental hacia la reducción del poder abrumador de
todos los gigantes corporativos depredadores que nos explotan
para poder crecer y prosperar, y ojalá termine por eliminarlo.
Podría incluso servir de disuasión para evitar guerras que sólo
se libran para obtener riqueza y poder – nunca por la gloria o
para que el mundo sea más seguro para la democracia u otros
motivos falsos. Sin un poderoso cartel bancario y otros gigantes
de la industria que viven de la miseria humana que generan,
habría menos necesidad de guerra alguna.
Tratemos de imaginar ese tipo de mundo y un gobierno que trabaje
por el bien público en lugar de dañarlo como lo hace ahora para
servir al capital.
Ese mundo es posible, y la gente responsable tiene que trabajar
por él, porque el que tenemos actualmente ha fracasado y debe
ser cambiado antes de que sea demasiado tarde.
Una visión del mundo creada por los intereses del capital y por
nuestro gobierno que lo apoya.
En el inquietante, corrupto mundo del capitalismo neoliberal de
“libre mercado” controlado por gigantescas corporaciones; que
beneficia sólo a los pocos privilegiados y causa tanta miseria y
desesperación; un mundo despótico que no puede durar, ni debemos
permitir que dure mucho más; en el que interminables guerras por
el poder y los beneficios; en el que la gente es una mercancía
utilizada según se la necesita y descartada como basura cuando
no es así; sin preocupación por la preservación de una ecología
capaz de sustentarnos, que no lo seguirá haciendo por mucho
tiempo más porque la estamos destruyendo, y a nosotros mismos,
por ganancias; en el que las necesidades humanas básicas no
tienen importancia bajo un modelo económico en el que sólo vale
el beneficio privado; en el que la democracia es incompatible
con el capitalismo depredador; en el que nadie debiera querer
vivir o tener que hacerlo; en el que debemos cambiar o morir. En
el lenguaje del capital, es el balance final. Sólo un movimiento
de masas de gente comprometida puede cambiar el mundo. Debe
acabar o acabaremos todos.
A menos que podamos pasar de nuestro modelo económico fracasado
a una alternativa mejor, terminará cuando le llegue el día de
una u otra manera. Pero podría ser un desenlace que nadie puede
desear – su autodestrucción que se lleve todo consigo, sea por
un holocausto nuclear o por un medio ambiente tan inhóspito que
no permita que vivamos en él. Nuestra única posibilidad es
trabajar por el cambio mientras quede tiempo.
Una visión de un mundo diferente
La historia prueba que un mundo mejor es posible cuando hay
gente comprometida que trabaja lo suficiente para lograrlo. Así
terminó la esclavitud; los trabajadores conquistaron el derecho
a organizarse y a la negociación colectiva; las mujeres lograron
el mismo derecho a voto que los hombres, el control sobre sus
propios cuerpos, y más derecho y condición en la fuerza laboral;
los negros y otras minorías obtuvieron importantes derechos
cívicos; y los políticos estatuyeron importantes leyes sociales
aunque haya sido sólo por temor a lo que podría suceder si no lo
hacían.
Thomas Jefferson explicó que “el precio de la libertad es la
vigilancia eterna.” Es el mismo precio a pagar para mantener
nuestras conquistas sociales logradas con tanta dificultad. En
la generación pasada esas conquistas se erosionaron mientras no
prestábamos atención y sólo una acción de masas del pueblo puede
rescatarlas. El objetivo debería ser un mundo humanitario de
participación en el que las vidas de la gente mejoran porque
todos trabajamos juntos para lograrlo; un mundo de paz y no de
guerras interminables en beneficio de los ricos y poderosos a
nuestras expensas; en el que todas las necesidades humanas
esenciales son satisfechas porque los gobiernos trabajan por el
bien común para asegurarlo; con una democracia participativa
real en la que los funcionarios públicos y elegidos trabajan
juntos para mantenerla fuerte y vibrante; sin gigantes opresores
corporativos o carteles bancarios porque la ley no los permite;
en el que la nutrición ecológica y la preservación constituyan
una preocupación central; en el que haya aire, agua, suelos
puros y una alimentación adecuada y segura; un mundo mucho más
simple, con una base más local que la actual, en la que nociones
como la globalización ni siquiera formen parte del vocabulario;
un mundo basado en la equidad social y la justicia para todos,
con gobiernos, el mantenimiento del orden y los tribunales
trabajando para asegurar que siga siendo así; un mundo en el que
todos queramos vivir y ojalá algún día lo podamos; un mundo que
queramos legar a futuras generaciones; un mundo que no podamos
dejar de lograr porque la alternativa puede ser la nada.
Puede que nos encontremos en un momento crucial en el que
nuestro destino está en juego. O trabajamos juntos por un mundo
mejor, sustentable o probablemente nos convertiremos en la
primera especie que se autodestruye. Si sucede, probablemente
nos llevaremos a la mayoría de las demás con nosotros y no
dejaremos gran cosa para los pocos que queden. Ya no nos queda
el lujo de discutir el tipo de mundo que necesitamos para
sobrevivir. Los bancos gigantes y las corporaciones no nos lo
brindarán, ni lo hará un gobierno hostil aliado con ellos.
Depende de nosotros que lo logremos o probablemente sucumbiremos
si fracasamos. Sería un buen comienzo si expulsáramos de nuestro
templo a los “cambistas” de la Reserva Federal y con ellos a las
corporaciones gigantes. Un mundo mejor es posible si recordamos
y vivimos según las palabras inspiradoras de Antonio Gramsci
sobre “el optimismo de la voluntad.” Con su ayuda, el pueblo
organizado puede encontrar un camino para derrotar al dinero
organizado.
Stephen Lendman vive en Chicago.
Para contactos:
lendmanstephen@sbcglobal.net
http://www.therebel.org/index.php?name=News&file=article&sid=6353
Germán Leyens, traductor; es
miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala (www.tlaxcala.es),
la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta
traducción es copyleft.
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