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Publicaciones La Internacionalización Financiera en la Argentina
Alrededor del Concepto de Mercado Emergente |
. El Gran Caribe Norman Girvan | . San Martín y la deuda externa Jorge Francisco Cholvis |
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IntroducciónLa Argentina desde el plan de Convertibilidad participó del llamado boom de los mercados de capitales emergentes, denominación que abarca a un conjunto de economías que participaron del proceso de relocalización de fondos financieros provenientes de los países centrales. La causas centrales de este proceso fueron en su momento: a) el bajo rendimiento de los activos financieros de las principales plazas mundiales y b) la recesión que afectó a las economías centrales. El fenómeno a) fue consecuencia de la crisis especulativa que afectó a las Bolsas de Valores en el septiembre negro de 1987, que tuvo su epicentro en Wall Street pero que afectó en forma homogénea a las principales plazas accionarías tales como Londres, Tokio y Frankfurt. El fenómeno b) de gran caída de la actividad económica tuvo su mayor virulencia más adelante, finalizando la década del '80 y afectó en forma muy desigual a las economías de los países centrales. Quienes resultaron más afectadas fueron las economías que venían aplicando desde hace una década ajustes neoconservadores en sus economías. Con el cambio de gestión en las economías centrales y la recuperación de las principales plazas desde 1993 en adelante, se pasó de una etapa de veloz crecimiento a la decantación y maduración ‑no sin crisis previas‑ de aquellos supuestos booms económicos. La «división de trabajo» financiera. El concepto de mercado emergenteLa denominación de mercado emergente abarca a un conjunto de economías nacionales extremadamente heterogéneo en cuanto a estructura económica, tales como los tigres del sudeste asiático, especialmente Corea y Singapur, economías latinoamericanas que hicieron importantes ajustes productivos en la década del '80, como Chile y México, países europeos con grado desigual de desarrollo como España y Turquía, ex‑países socialistas como Hungría y Polonia, y, finalmente, países con grados diversos de avance en su ajuste estructural como Argentina, Perú, Brasil y Venezuela. El elemento común a todas esas economías fue el reordenamiento financiero y funcional de sus estados nacionales en el marco de políticas de ajustes de sus mercados interiores, lo que dio oportunidad de negocios tanto en el sector público, como privado. La diferencia con un proceso similar de canalización de fondos hacia economías que habitualmente no eran receptores de fondos especulativos externos, acaecido en la década del '70, es que ‑durante los '90‑ los bancos privados fueron reemplazados por las agencias internacionales del mercado de capitales. La forma de penetración del ahorro internacional a los circuitos internos fue a través de acciones, títulos públicos y títulos privados en lugar de créditos convencionales. Mas aún, los bancos redujeron su presencia y su grado de exposición en créditos convencionales a países del Tercer Mundo, participando ellos también del boom de los mercados de capitales emergentes. Este cambio de cartera, préstamos tradicionales por activos financieros no tradicionales, reconoce como causa principal el estado de situación de los propios bancos americanos en las economías centrales[2], además del reordenamiento financiero de los préstamos a los países del Tercer Mundo que se impuso vía el Plan Brady. A partir de la recuperación de las economías centrales, especialmente los EE. UU, con el consiguiente recupero de rentabilidad de los activos financieros, cambió la ecuación rendimiento‑riesgo de los emerging markets de la globalidad hacia la selectividad de las oportunidades de inversión. Al mismo tiempo que esto sucedía se acentuaba el monitoreo sobre las cuentas públicas y privadas de las antiguas áreas privilegiadas. Curiosamente, este proceso no implicó retaceo de fondos dirigidos hacia esos países dado que los principales actores del proceso de inversión ‑las agencias del mercado de capitales y conexas (fondos de inversión, compañías de seguros de retiro y entidades financieras)‑ tuvieron un veloz crecimiento de su capacidad de captación de recursos financieros con lo que se encuentran en situación casi permanente de recursos financieros sobrantes en relación a las oportunidades de inversión.[3] Lo que si produjo esta sobreoferta ‑combinado con aumento de desconfianza‑ son periódicas crisis de desvalorización que por la cantidad de fondos implicados y la dispersión de fondos alrededor del mundo tienen gran magnitud y alcance. Por cierto que la presencia de la inestabilidad refuerza la desconfianza y la selectividad de los operadores financieros. Los países afectados son ‑en líneas generales‑ aquellos con menor grado de regulación, con procesos de sobreinversión notorios o con crecimientos de valores demasiado vertiginosos, fenómenos que muchas veces van asociados tal como en México en 1994 o Hong Kong y Tailandia en 1997. El caso argentinoEn la Argentina, el gobierno hizo todo lo posible para impulsar el ingreso de capitales extranjeros, no sólo por la necesidad de fondos frescos y permanentes para el plan de Convertibilidad y para el déficit de la balanza comercial sino, también, por la presión de ciertos sectores del empresariado que necesitaban con mucha urgencia bajar el costo financiero de sus pasivos y de sus futuras inversiones, que abarcaban desde mejoras productivas con innovaciones tecnológicas hasta la compra de empresas públicas y privadas.
La expansión y el salto cualitativo del mercado de capitales argentino fue notorio en la última década. Sin embargo, también fue destacado su involucramiento en las crisis debido a la notoria ausencia de instrumentos de regulación explícita. Para dar una idea cuantitativa, desde abril de 1991 hasta diciembre de 1994, el volumen de transacciones se triplicó, el índice de capitalización de las empresas cotizantes se duplicó donde la aparición en escena de los papeles de empresas privatizadas jugó un papel fundamental. En los -entonces- nuevos instrumentos comerciales, las cifras de crecimiento son todavía más impresionantes, entre treinta y cien veces de acuerdo al instrumento. La gran mayoría de ellos fueron títulos de deuda privada tomada a tasa fija en el exterior cuyo objetivo era el abaratamiento del costo financiero afrontado por grandes empresas con capacidad organizacional y gimnasia institucional en la ímproba tarea de alocar recursos dinerarios, introduciendo de este modo, una notable ‑e irritante diferencia con el resto del sistema productivo. El único instrumento de carácter contracíclico concebido por la política económica ‑la constitución de fondos de inversión locales ‑a través de las AFJIPL está en manos de decisores privados, aunque su composición de cartera está fuertemente regulada, lo que impide la fuga de activos locales en forma desenfrenada. El carácter procíclico de la política económica y el descuido sobre la orientación de las inversiones fue una característica que produjo efectos no deseados sobre la economía real. El más notorio fue la desprotección frente a las crisis de 1992, 1994 y 1997. La segunda de las mencionadas estuvo asociada con la caída de entidades financieras, 60 de 200, la desvalorización de los activos y una profunda recesión, 4,4% de caída del PBI. Sin embargo, el efecto que puede dejar huellas más profundas sobre la economía es la mala asignación de los recursos en términos de competitividad. Los sectores que fueron líderes en la recepción de títulos de deuda privada y que más favorecidos se vieron por la valorización de activos financieros fueron el sector petrolero, el sector financiero y las empresas privatizadas, cuyos atributos en materia de eficiencia ‑medidos en términos internacionales es todavía escasa, como en el caso de los dos primeros o se deriva de posiciones monopólicas, como el último. En cambio, el sector alimenticio, la siderúrgica o algunas ramas de la química fina o de la producción de bienes de capital, con ventajas competitivas de base natural y/o consolidadas a lo largo de años de procesos de inversión tuvieron mayores dificultades en alocar recursos financieros o de capital de bajo costo. Este defasaje entre competitividad en el sector real y ventajas competitivas financieras afecta el potencial productivo de Argentina de largo plazo, impactando en variables tales como empleo o volumen de exportaciones. Las alternativasLa mejora en la eficiencia de la asignación de capitales no es un proceso espontáneo. El desafío para el caso argentino consiste en mejorar la forma de intervención sin caer en un proceso de estatismo o discrecionalidad que pueda aumentar la ya tradicional desconfianza de los inversores internacionales con el consiguiente reflujo o huida de los recursos financieros. Para ello la mejor alternativa es la implementación de un sistema de premios y castigos que ‑sin intervención directa en el mercado de capitales contribuya a reducir el desfasaje. Al mismo tiempo, se deberá inducir a los agentes económicos intervinientes en sectores con ventajas competitivas a que igualen en competitividad financiera a las empresas o sectores líderes en la materia. Esto es especialmente importante para el caso de las Pymes vinculadas a los sectores competitivos ‑con mucha presencia sobre todo en el ramo alimenticio‑. Las oportunidades las pintan calvas. No sea cosa que una eventual futura crisis haga reflexionar a los policy makers argentino sobre como se podría haber aprovechado mejor la oportunidad presente de disponibilidad de capitales. Referencias:[1] ADRIAN ROJIDE es Asesor Economista del FREPASO [2] Desde finales de la década del '80, los bancos americanos quedaron expuestos por la quiebra masiva de las compañías de ahorro y préstamo para la vivienda (savings and loans) que le costó ala economía americana alrededor de 500 mil millones de dólares. No es casual que los bancos presionasen entonces para mejorar la cobrabilidad de sus carteras de préstamos hacia los países del Tercer Mundo. [3] Según estimaciones privadas realizadas las agencias de inversión, el crecimiento del stock de ahorros manejados por estos sectores en EE. UU es de entre 10% y 12% anual. [4] . Para dar una idea de la magnitud del fenómeno debe destacarse que, del valor total del mercado de las empresas que cotizan en Bolsa, aproximadamente el 60% corresponden a las empresas privatizadas. [5] Mediante una serie de resoluciones, la Comisión Nacional de Valores redujo sustancialmente ‑de 90 a 30 días‑ los trámites de autorización de emisiones de papeles de deuda privada y de acciones para oferta pública. Al mismo tiempo, implementó una reglamentación mediante la cual se elaboró un formulario de presentación de balances para aquellas empresas que tienen la obligación trimestral de publicación. [6] La ley de Reforma del Sistema Previsional prevé que las AFJP integren con títulos públicos hasta un máximo del 50% de la cartera, por lejos, el activo con mayor autorización. La ecuación de política fiscal del plan prevé que, una vez terminadas las privatizaciones los futuros déficits fiscales se financien con estos títulos. |
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