Política y economía americanas
La deuda externa en cinco minutos ¿Qué es la deuda externa?
Dani Gòmez-Olivé

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Origen de la deuda externa - San Martín y la deuda externa - Deuda externa y auditoría La auditoría es un Derecho Humano fundamental

Fuente Observatorio de la deuda en la globalización
La deuda externa en el mundo

La deuda externa es el dinero que los países del Sur deben a los bancos, a los países del Norte y a las Instituciones Financieras Multilaterales (FMI, BM y Bancos Regionales) como consecuencia de los préstamos que sus gobiernos recibieron en el pasado y a los que no pueden hacer frente en la actualidad. La deuda del conjunto de los países empobrecidos, así como su pago (amortización del capital + intereses) crece constantemente desde hace casi 20 años, a pesar de que estos países han ido cumpliendo con el pago de la deuda a lo largo de estas dos décadas. Aunque parezca paradójico, el montante de la deuda no ha disminuido, sino que en 1999 (último año del que se tienen datos) era más de cuatro veces más alto que cuando estalló la crisis de la deuda en agosto de 1982. Hay dos factores que motivan este incremento constante. Por un lado, el aumento de los intereses que los países deudores se ven obligados a pagar. Por otro, la necesidad de solicitud, por parte de los países deudores, de nuevos créditos para devolver los anteriores, debido a los atrasos en los pagos, por problemas de solvencia.

Según los datos más recientes del Banco Mundial, en 1999 la deuda externa total de los países empobrecidos ascendía a casi 2,6 billones de dólares estadounidenses (Global Development Finance, 2001).

Año 1970 1980 1990 1994 1999
Importe de la deuda 73 587 1460 1969 2573

Fuente: GDF; datos en miles de millones de dólares estadounidenses

La deuda externa se puede desglosar en deuda a largo plazo y deuda a corto plazo:

1.1. La deuda a largo plazo, que es aquella que se concede para ser devuelta a más de un año, en 1999 ascendía a 2,09 billones de dólares. Esta deuda se divide en tres tipos diferentes:

DEUDA BILATERAL: es aquella deuda concedida por los estados del Norte a los estados del Sur y que está compuesta por créditos a la exportación en condiciones más favorables que las del mercado (créditos FAD, en el caso español) y por las operaciones de exportación con cobertura por cuenta del Estado (CESCE, en el caso español). Dicha deuda representa un 26% de la deuda a largo plazo. En 1999 se situó en un valor nominal de 542.464 millones de dólares.

DEUDA MULTILATERAL: es aquella concedida por las IFI-Instituciones Financieras Internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Bancos Regionales) y que en 1999 ascendía a 354.688 millones de dólares. Dicha deuda representó el 17% de la deuda a largo plazo en 1999. Después de la crisis desatada en la década de los 80, ésta es la única fuente de financiamiento a la que pueden acceder muchos países deudores. Ciertamente, muchos países y bancos acreedores tienen como política no conceder más créditos a países llamados mal pagadores, los cuales sólo pueden acudir a las IFI para obtener más financiamiento.

DEUDA PRIVADA: es la que procede de los mercados financieros, sobre todo de la banca internacional. En 1999 se situaba en 1.189.248 millones de dólares. La deuda privada ha ido ganando peso relativo en los últimos años, siendo la misma, en 1999, el 57% de la deuda a largo plazo. En la actualidad existe una progresiva traslación de la deuda privada de la banca a los mercados financieros, mediante la venta de deuda externa en el mercado bursátil. Así, en 1995 en los mercados financieros había bonos de deuda por valor de 133.000 millones de dólares, cifra que representaba el 38% de la deuda privada.

1.2. La deuda a corto plazo, es decir, aquella que vence durante los primeros 12 meses, en 1999 era de 407.400 millones de dólares, de los cuales más de un 40% representaban pagos atrasados de intereses. Aunque no se tengan datos fiables sobre la deuda a corto plazo, se cree que la misma se reparte a partes iguales entre la deuda privada y los créditos a la exportación.

El servicio de la deuda, que es el importe hecho efectivo por los deudores por los conceptos de amortización de capital e intereses de los créditos, no ha hecho sino que aumentar. Sin embargo, el esfuerzo no tiene la recompensa de una reducción significativa del total de la deuda. En 1998 los países del Sur transfirieron al Norte más de 350.000 millones de dólares en concepto del pago de la deuda, cifra que supone casi siete veces lo que los países del Norte les prestaron en concepto de ayuda Oficial para el Desarrollo, algo más de 50.000 millones de dólares (Informe sobre Desarrollo Humano, PNUD 2000) Casi la mitad de lo que se paga en concepto de servicio de la deuda son intereses. Así pues, los pagos realizados no consiguen en modo alguno frenar la tendencia al crecimiento del total de la deuda. Es por este motivo, que a pesar del esfuerzo que realizan los países empobrecidos para pagar la deuda, como los intereses son tan altos, éstos contrarrestan ese pago y hacen que la deuda siga creciendo sin posibilidad de que algún día se ponga fin a la bola de nieve que supone la deuda

Consecuencias para la población de los países deudores

Desde el punto de vista de los acreedores la deuda externa es tan sólo una cifra absoluta que los deudores han de hacer efectiva en un plazo de tiempo determinado. Así pues, el hecho de que aún no se haya saldado la deuda se ha sólido ver como un problema de liquidez de las cuentas de los países deudores pero difícilmente como un problema estructural. En cambio, para los países deudores, hacer frente a las exigencias de los pagos de la deuda supone un esfuerzo financiero extraordinario, ya que sus economías son cada vez más débiles y dependientes de los capitales extranjeros.

Sin embargo, lo más grave para muchos países es el hecho que el pago de la deuda supone la imposibilidad de invertir y llevar a cabo políticas adecuadas en servicios básicos esenciales para la población, tal y como son la seguridad alimentaria, la potabilización del agua, la salud, la vivienda, la educación, las infraestructuras,… En efecto, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en nueve países los pagos del servicio de la deuda superaron el gasto anual en salud y educación, y también se sobrepasó el gasto en salud en 29 países más, incluidos 23 del África subsahariana, la región más castigada del planeta. En Tanzania, los pagos del servicio de la deuda en el año 1998 supusieron un gasto nueve veces superior al gasto en atención primaria de salud y cuatro veces la educación primaria (PNUD, 1999).

Por otro lado, el pago de la deuda ha incentivado la explotación indiscriminada de los recursos naturales, ya que su explotación es una de las pocas formas que tienen estos países para hacerse con suficientes divisas para poder pagar el servicio de la deuda. Este hecho, como es de suponer, ha afectado y está afectando gravemente la sostenibilidad de los recursos del planeta.

Asimismo, es muy importante no olvidar que muchos de los países que hoy acarrean grandes deudas fueron gobernados por dictadores civiles y/o militares que desviaron los créditos prestados par la compra de armas, con el fin de silenciar las protestas civiles, o para la compra de bienes de lujos de las élites de sus países, o para hacer obras faraónicas que pretendían ensalzar la figura del líder y que no reportaron ningún beneficio a la población, o que directamente nunca llegaron al país, ya que depositaron el dinero en sus cuentas corrientes de paraísos fiscales. Casos como los regímenes militares de Argelia, Argentina, Bolivia, Brasil, El Salvador, Talilandia o de dictadores tales como Pinochet en Chile, Duvalier en Haití, Stroessner en Paraguay, la saga de los Somoza en Nicaragua, Suharto en Indonesia, Marcos en Filipinas, Zia-il-Haq en Pakistán, el Sha en Irán, Assad en Siria, Mariam en Etiopía, Siad Barre en Somalia, Moi en Kenia, Nimiery y al-Mahdi en Sudán, el rey Hassan II en Marruecos, Buhari y Abacha en Nigeria, Doe en Liberia, Mobutu al Congo, Banda en Malawi, o el régimen del apartheid en Sudáfrica, entre otros, son claros ejemplos de que en estos países lo población careció de toda posibilidad de elegir y de decidir qué se hacía con el dinero que se recibía.

La gran injusticia que se comete al exigir el pago de la deuda sin más es no pensar en esa gran mayoría de población que, además de tener que sufrir las terribles represiones que protagonizaron sus mandatarios sobre ellos, nunca se beneficiaron de esos créditos, ya que éstos fueron indebidamente usados en beneficio de unos pocos y para mal de muchos. Es por esto que se puede afirmar con rotundidad que todavía hoy las poblaciones del Sur continúan pagando el coste de oportunidad que supone, en términos de desarrollo, el pago del servicio de la deuda.


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