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El mundo actual globaliza bonanzas y crisis
Es un hecho ya conocido que la economía mundial está
globalizada. Esto es positivo ya que favorece el progreso de las naciones al
instaurar un escenario de elevada aptitud para que las ofertas y demandas
confluyan a una velocidad inimaginable hasta hace no mucho tiempo atrás,
cuando la economía internacional era compartimentada, sin conexiones fluídas
e inhibidora del aumento del comercio y las inversiones. El actual contexto
es más eficiente para producir bienes y servicios, genera mayor caudal de
información y transparencia y, por ende, apuntala el crecimiento económico.
Sumado a ello, las bonanzas logran ahora una mayor difusión, llegando sus
beneficios a un mayor número de países.
Pero la globalización también genera dificultades. En
este tipo de mundo, la aplicación de malas políticas y el consecuente
aumento en el nivel de incertidumbre en un país es reprimido con dureza por
los agentes económicos (retirando depósitos e inversiones). Esta situación,
además, se transmite -se "globaliza"-; hacia el resto, instalándose
recurrentemente el germen de una crisis más o menos difundida. La
globalización trajo consigo una mayor cantidad de actores en el juego del
comercio y las inversiones, los que responden casi instantáneamente a las
señales que emiten mercados cada vez más vinculados. En este contexto de
mayor número de actores y más elevada interacción, aumentan los beneficios
de generar mecanismos de coordinación entre los gobiernos pero, por otra
parte, ésta resulta más costosa -al existir más y variados intereses-,
transformándose en un objetivo no imposible, pero sí de difícil consecución.
En conclusión, la velocidad reflejada en las decisiones
de los agentes económicos sumada a los canales de vinculación ahora
existentes, hace hoy más probable que se desencadene una crisis en cualquier
país y que, además, ésta se propague -en mayor o menor medida- al resto. Al
mismo tiempo que, por falta de medios de coordinación, es más baja la
probabilidad que una crisis llegue a ser prevenida o bien neutralizada una
vez iniciada la misma.
En la actualidad, en los umbrales del siglo XXI, el mundo
se encuentra inmerso en una crisis de magnitud. Es en momentos de
incertidumbre como los que se viven en el presente cuando surge la sensación
que el sistema económico está construído sobre bases tan frágiles como
inestables y que la riqueza acumulada puede verse brusca y notoriamente
disminuida. Y es también en estos momentos cuando se toma conciencia acerca
de lo poco que se sabe acerca de las causas, efectos y vías de solución de
las crisis económicas. Lo único posible de afirmar es que:
i) toda crisis global modificará el statu-quo
preexistente. Caerán axiomas, se reformularán instituciones, se redefinirán
conceptos y políticas y cambiarán las relaciones de liderazgo entre los
países;
ii) las economías avanzadas se verán afectadas en menor
medida que el resto, a pesar que la actual crisis tiene como uno de sus
epicentros a Japón
Qué países emergentes "emergerán" de la crisis ?
Acerca de "mercados emergentes sólidos" y "mercados
emergentes débiles"
El término emergente proviene del latín emergo y
significa aquello que comienza a aparecer después de haber estado sumergido
y sin posibilidades de salir a la superficie. La idea de mercado emergente
fue utilizada por primera vez, a fines de los años 80, por la Baring
Brothers. Allí, se llamaba emergentes a aquellas economías que impulsaban
transformaciones tendientes a generar orden macroeconómico con crecimiento,
después de haber permanecido por décadas sumergidas en el estancamiento, a
pesar de poseer potencialidades ciertas de desarrollo. Los ejes centrales de
las reformas eran el disciplinamiento monetario y fiscal, la reformulación
del rol del Estado, la apertura de la economía al mundo y el mejoramiento
genuino de la competitividad. Como casos típicos de mercados emergentes (se
estiman en alrededor de 45 en el mundo) se mencionaba a China, India, Rusia,
Vietnam, Filipinas, Tailandia e Israel en Asia, Egipto, Sudáfrica y Zimbawe
en el continente africano, la República Checa, Polonia, Rumania e Hungría en
Europa del Este y México, Brasil, Argentina, Chile y Perú en Latinoamérica.
A su vez, existe un conjunto de países que fueron
emergentes en un pasado algo más lejano, pero ya no lo son como consecuencia
de haber logrado avances económicos significativos en las últimas décadas
(podría denominarse el grupo de los cuasi-avanzados). Este es el caso de,
por ejemplo, Irlanda, Nueva Zelanda, Australia, Corea, Malasia, Singapur o
Taiwán.
Ahora bien, una de las cuestiones que deberá ser
redefinida a raíz de la actual crisis internacional es, sin lugar a dudas,
el concepto de mercado emergente. Así, aquellos países que resistan la
crisis, respetando y/o profundizando las reformas estructurales emprendidas
y manteniendo el crecimiento de la producción y de las inversiones -aunque a
un ritmo más moderado-, se transformarán en los países que emergerán de la
crisis y serán las economías no avanzadas más sólidas, previsibles y con
mejores perspectivas de crecimiento en el mediano plazo (mercados emergentes
sólidos)(1) Por el contrario, aquellas economías que no resistan los embates
de la crisis -debiendo desviarse discrecionalmente del rumbo económico
prefijado y entren en un ciclo recesivo y de caída de inversiones-, pasarán
a ser los emergentes de menor solidez o con un futuro más incierto (mercados
emergentes débiles)-. En este último grupo, podrían aparecer también países
cuasi-avanzados, en la medida que el impacto de la crisis resienta las bases
mismas de su estructura económica, financiera e institucional.
Los mercados emergentes sólidos ganarán reputación, que
compensará parte de la reputación perdida en el pasado. De esta manera,
estas economías irán alcanzando, poco a poco, mayores grados de libertad
para recuperar el uso de las políticas monetarias, cambiarias y fiscales,
que debieron resignar después de haber abusado de las mismas durante
décadas. Una vez recobrada la confianza en las instituciones económicas,
éstas podrán implementar sus políticas en forma semejante a cómo lo hacen
las naciones avanzadas.
Los países emergentes y cuasi-avanzados en los años
previos a la crisis
El progreso económico de una economía en cualquier
momento del tiempo está sujeta a una dinámica de crecimiento sustentada en
la actualidad en tres consensos básicos:
1) crecer a ritmo elevado pero sin inflación
2) que la inversión se convierta en motor principal del
crecimiento (aunque la tasa de ahorro interno resulte insuficiente y se
requiera, por algunos años, de ahorro externo para financiarlo)
3) que la inversión fortalezca -en el largo plazo- el
sector externo, generando importantes aumentos de exportaciones y una
sustitución eficiente de importaciones(2).
La dinámica
"estabilidad-crecimiento-inversiones-exportaciones" asegura un proceso
sostenible en el tiempo. En la medida que las naciones no avanzadas ingresen
en esta dinámica -elevados y sostenidos ritmos de aumentos del ingreso, las
inversiones y las exportaciones-, irán reduciendo la brecha que los separa
de las naciones avanzadas(3).
Por otra parte, de la dinámica que hayan mostrado estas
economías en los últimos años, dependerá esencialmente el impacto que
provocará, en cada una de ellas, la crisis internacional. Aquellas economías
que hayan alcanzado elevadas tasas de crecimiento impulsadas basicamente por
inversiones que ampliaron la capacidad productiva y fortalecieron el sector
externo en un marco de orden monetario y fiscal, se verán afectadas por la
crisis de manera distinta, finalmente, a aquellas que se hubieran alejado
demasiado de alguna de estas premisas.
Durante los últimos años, la dinámica seguida, tanto por
las economías emergentes como por las cuasi-avanzadas fue muy heterogénea y,
en muchos casos, se aprecian apartamientos sustanciales de la lógica de los
tres consensos enunciados precedentemente. La muestra aquí utilizada está
conformada por los siguientes 26 países: Irlanda, Nueva Zelanda, Australia,
Corea, Malasia, Taiwán, Hong-Kong y Singapur entre los cuasi-avanzados y
China, México, Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Rusia, Sudáfrica, Indonesia,
Filipinas, Tailandia, Brasil, India, Turquía, Israel, Polonia, Hungría y
República Checa entre los emergentes.
Todos estos países, con la única excepción de Rusia,
registraron, en los últimos cuatro años, aumentos del PBI. Pero no en todos
los casos se cumplió el primero de los consensos, o sea que estos aumentos
del producto estuvieran acompañados de estabilidad en el nivel general de
precios. Los procesos de crecimiento sin inflación se dieron solamente en
Irlanda, Singapur, Malasia, Argentina, N. Zelanda, Australia y Taiwán. Un
segundo grupo de países mostró altas tasas de crecimiento del producto pero
niveles de inflación más elevados, que oscilaron entre 22% y 70% acumulados
en los últimos años (Tailandia, Corea, Indonesia, Filipinas, Chile, India,
China, Perú, Hong-Kong e Israel). Finalmente, hubo países que mostraron
aumentos del PBI pero junto a tasas de inflación elevadas aunque en algunos
casos decrecientes -más del 100% acumulada en 4 años- (son los casos de
Polonia, Turquía, Ecuador, México, Hungría y Brasil).
Fueron muy pocas -apenas seis- las economías que
cumplieron con el segundo de los consensos -crecimiento impulsado por la
inversión productiva-. La relación Inversión / PBI mostró aumentos
significativos a lo largo de la década (o sea, que la inversión haya crecido
a un ritmo notoriamente más elevado que el producto) sólo en Argentina(4),
Perú, Malasia, China, Hong Kong e Israel.
Además del ritmo de crecimiento de la inversión, debe
tenerse en cuenta aquí el nivel de la misma en cada economía. Así, no
presenta un rasgo tan negativo que la inversión en Tailandia haya caído del
41% del PBI al 35% a lo largo de esta década como que en Taiwán lo haya
hecho del 27% al 23% o que la misma disminuyera en Rusia del 26% en 1990 al
19% en 1997.
En los años 90, se registraron caídas en la relación
inversión / producto, además que en los casos de Rusia, Tailandia y Taiwán
arriba mencionados, en Indonesia, Corea, México, Australia, Chile, India e
Irlanda. Por otra parte, los niveles más bajos de inversión -por debajo o en
torno al 20% del PBI, lo que puede resultar insuficiente para países no
maduros- se observaron en México, Ecuador, Rusia, Sudáfrica, Australia, N.
Zelanda, Irlanda, Polonia y Hungría.
Es importante señalar que todos los países, tanto los que
aumentaron considerablemente la inversión como los que no lo hicieron,
registraron, en los últimos años, déficits en sus cuentas corrientes (en
1997, estos montos -como porcentajes del PBI- se ubicaron desde un exiguo
0,3% en Rusia hasta un impactante 8% en Nueva Zelanda). Pero hubo cuatro
casos excepcionales: China, Singapur, Taiwán e Irlanda, que reflejaron
superávit. Singapur es un caso muy particular, ya que es una economía
eminentemente de intermediación de servicios. Taiwán presenta uno de los
niveles de ahorro interno más elevados del mundo, siendo un país exportador
de capitales. Irlanda muestra superávit en su cuenta corriente desde hace
más de diez años aunque no presenta aumentos sustanciales de la inversión en
términos del PBI en los 90. China, por último, mostró déficit durante
principios de la presente década, que fue corregido rápidamente a través del
logro de importantes superávits comerciales (fuerte aumento de las
exportaciones junto a una eficaz regulación de sus importaciones).
Finalmente, en relación al tercero de los consensos
-fortalecimiento del sector externo a través del aumento sostenido de
exportaciones-, se aprecian diferentes evoluciones a lo largo de los últimos
cinco años (1994-98). Los países que muestran los mayores aumentos son
México, Filipinas, Hungría, Polonia, Irlanda, Argentina, Ecuador, Perú y R.
Checa, economías que han, al menos, duplicado el valor de sus exportaciones
en estos años. Sin embargo, es importante señalar que, en el caso de México,
la dinámica de sus exportaciones se vio muy influída por la devaluación y
posterior recesión derivada del "tequila", situación que también, aunque en
menor medida, influyó en el comportamiento de las exportaciones argentinas y
peruanas en 1995. Hungría y Ecuador fueron dos de las economías que
registraron menores tasas de crecimiento económico y, además, caídas o leves
mejoras de su productividad.
Por otra parte, India, Chile, China, Rusia y Turquía
muestran aumentos de exportaciones importantes, aunque menores a las
anteriores (el aumento de exportaciones en Rusia está relacionado a un ciclo
recesivo general y, en Turquía, influyó la fuerte recesión enfrentada en
1994). Los menores crecimientos -por debajo del aumento de exportaciones
mundiales- se evidenciaron en Sudáfrica, N. Zelanda, Australia, Hong-Kong,
Indonesia y Taiwán.
De este rápido recorrido por la historia reciente de las
economías emergentes y cuasi-avanzadas, se deducen los siguientes
corolarios:
-
son muy pocas las economías que lograron sostener alto ritmo de
crecimiento con tasas de inflación en línea con las observadas en las
naciones avanzadas (Irlanda, Argentina, Singapur, Nueva Zelanda, Australia
y Taiwán)
-
son pocos los casos donde se aprecia que la inversión fue motor
importante del crecimiento en los 90 (Argentina, Perú , Malasia, China,
Hong Kong e Israel)
-
la mitad de las economías analizadas registran déficits en su cuenta
corriente -en muchos casos mayores al 3% del PBI- con caídas o leves
aumentos en los niveles de inversión (México, Chile, Ecuador, Sudáfrica,
Tailandia, Indonesia, Filipinas, Corea, India, Australia, N. Zelanda,
Polonia y Hungría)
-
casi la mitad de los países muestran aumentos de exportaciones por
debajo o en torno al crecimiento mundial de exportaciones, lo que implica
que están perdiendo participación en los mercados internacionales. Otros
siete casos muestran aumentos de exportaciones superiores al crecimiento
mundial pero se verifica la influencia de episodios recesivos puntuales o
tasas de crecimiento del producto entre las más bajas de la muestra
En conclusión, no resulta una tarea sencilla encontrar en
los años 90 economías que hayan cumplido con los tres consensos. Los países
cuasi-avanzados han logrado crecer a ritmo elevado sin inflación pero, en la
mayoría de los casos, la inversión no fue motor principal del crecimiento
-aún cuando se acumularon déficits en cuenta corriente de consideración- y,
casi todos, perdieron participación en los mercados mundiales. En el caso de
los países emergentes, éstos no han logrado todavía mantener elevadas tasas
de crecimiento con niveles de inflación en línea con los de las naciones
avanzadas (la única excepción es Argentina) y fueron muy pocos los que
crecieron impulsados en una proporción importante por la inversión, a pesar
de presentar -salvo en el caso excepcional de China- importantes déficits en
sus cuentas corrientes. La respuesta exportadora de los emergentes fue
positiva, obteniendo, casi todos ellos, mayor participación en los mercados
mundiales durante los últimos años. Sin embargo, el sostenimiento de esta
tendencia en el tiempo no pareciera estar asegurada en todos los casos.
La crisis: mucho ruido y muchas nueces
La crisis internacional, que tuvo como epicentros, hasta
el momento, al Sudeste Asiático, Rusia y Japón, ya ha generado una
desaceleración del crecimiento y del comercio mundial, que se prevé se
profundice durante 1999 en la medida que la situación continúe agravándose.
La crisis, como se analizó en párrafos anteriores, encontró a los países
cuasi-avanzados con cierto debilitamiento en sus procesos de inversión y
acumulación de capital y en sus niveles de competitividad. Y, a la vez, a
los países emergentes, concentrados aún en consolidar su ordenamiento
monetario y fiscal, intentando -en la mayoría de los casos sin éxito- que el
crecimiento económico se sustente en la inversión y mostrando aumentos de
exportaciones no necesariamente sostenibles en el tiempo.
Antes que nada, debe señalarse que la crisis impactó, en
mayor o menor medida. en todas las economías -ya sean estas avanzadas, cuasi-avanzadas,
emergentes y las demás-.Sin embargo, en el conjunto de países aquí
analizados, los efectos de la crisis sobre la economía real se han
manifestado, hasta ahora, de manera diferente, independientemente que se
trate de economías cuasi-avanzadas o emergentes. En este sentido, es posible
identificar cuatro situaciones diferentes, en función de la evolución que
han mostrado la producción industrial y las exportaciones en cada uno de los
países seleccionados en lo que va de 1998(5).
Situación i: aumento de producción y de exportaciones
Esta es la situación menos comprometida. Las economías
aquí ubicadas evidencian los efectos negativos de la crisis, pero éstas no
han dejado por el momento y a pesar del contexto internacional desfavorable,
de mantener sus procesos de expansión. Son 9 las naciones que califican en
la Situación I, sobre las 26 de la muestra seleccionada. Ellas son: Irlanda,
Polonia, Hungría, R. Checa, México, Argentina, Israel, China y N. Zelanda.
Todas estas economías habían mostrado aumentos -en algunos casos muy
fuertes- en la producción industrial y las exportaciones en 1997 y, en los
primeros siete meses de 1998 han mantenido esta dinámica positiva pero
reflejando desaceleraciones -en algunos casos marcadas- en las tasas de
crecimiento.
Es posible argumentar que una desaceleración más
pronunciada en el aumento de la producción que en las exportaciones estaría
reflejando una situación más comprometida, ya que la primera estaría más
relacionada con factores internos o endógenos a las economías mientras que
la segunda -en la medida que el ratio exportaciones / producción no sea
demasiado elevado y no existan problemas estructurales serios de falta de
competitividad- podría estar vinculada a factores exógenos como caídas de
precios internacionales o disminuciones en la demanda de otros países. En
México, Argentina, China, Israel e Irlanda el impacto de la crisis sobre las
exportaciones es mayor que el observado sobre la producción; contrariamente
a lo que está sucediendo en Polonia, Hungría, R. Checa y N. Zelanda.
Situación ii: aumento de producción con caída de
exportaciones
Esta es la situación que están pasando India, Australia y
Taiwán. Estas tres economías muestran, hasta julio pasado, niveles
acumulados de producción industrial superiores a los de igual período de
1997. Más aún, Australia e India presentan tasas de incremento mayores a las
registradas en 1997. Sin embargo, las exportaciones de estos países
presentan caídas que, en el caso de Australia, llega al 9%. Esta situación
reflejaría problemas vinculados con menores precios internacionales, caídas
de demanda o problemas estructurales de competitividad que se manifiestan
con mayor crudeza en un contexto de crisis, como puede ser el caso de
Australia, donde ya sus ventas externas habían disminuido casi un 5% en
1997.
Situación iii: caída de producción con aumentos de
exportaciones
Es la situación que atraviesan hoy Brasil, Sudáfrica y
Filipinas. Las tasas de aumento de las exportaciones alcanzaron, en los
primeros siete meses de 1998, al 3%, 9% y 19%, respectivamente. Pero éstas
están acompañadas de caídas, de mayor o menor magnitud, en la producción
industrial. En estos casos, el impacto de la crisis ya se ha hecho notar en
los niveles de actividad, pero las exportaciones mantienen una tendencia
positiva, ya sea como consecuencia del escenario recesivo, de presentar
estos países canastas de baja sensibilidad a la caída de precios o, en menor
medida, de políticas específicas o devaluaciones nominales que puedan haber
tenido algún efecto real (Filipinas y, en alguna medida, Sudáfrica).
Situación iv: caídas de producción y de exportaciones
Esta es la situación más complicada. Son los casos donde
es posible apreciar que la crisis ha impactado en mayor medida. Aquí se
ubican once de los países seleccionados: Chile, Perú y Ecuador en
Sudamérica; Singapur, Malasia, Tailandia, Indonesia, Hong-Kong y Corea
(epicentros de la crisis en el Sudeste Asiático), Rusia (otro de los centros
críticos) y Turquía. Las tres economías de la región, aunque no forman parte
del nudo central de la crisis, están vinculadas en mayor o menor medida al
Sudeste Asiático y a Brasil y presentan una estructura industrial y
exportadora muy expuesta a caídas de precios internacionales (por ejemplo,
más de la mitad de las exportaciones chilenas provienen del sector del
cobre, producto que lleva acumulado una caída en su precio internacional
mayor al 30% desde el inicio de la crisis).
Tres escenarios posibles para 1999
Escenario Pesimista: la Crisis se Agrava
En este contexto, la mayoria de los países aquí
seleccionados, pasaría a enfrentar la Situación IV (caída de producción y de
exportaciones), lo que significará, obviamente, un empeoramiento sustancial
de estas economías y el surgimiento de presiones para modificar los
consensos económicos alcanzados, hecho que puede potenciar aún más los
efectos negativos de la crisis e introducir un manto de seria incertidumbre
acerca del futuro de todos estos países.
Escenario Intermedio: la Crisis se "Administra"
De ser así, es factible que varias de las economías que
hoy están pasando por la Situación I (desaceleración en el crecimiento de la
producción y las exportaciones), caigan en algunos casos en la Situación II
(aumento, aunque cada vez menor de la producción, pero ya con caídas de
exportaciones) o en la Situación III (escenario recesivo con incremento de
exportaciones derivado del mismo); y en pocos casos, se ubicarían en la
Situación IV.
Un número no menor de países que actualmente están
atravesando por la Situación II o III, podrán caer en la Situación IV
(recesión con caída de exportaciones). Es probable que algunas de las
economías que hoy enfrentan esta última situación, comiencen a aumentar sus
exportaciones, como consecuencia de profundizarse el escenario recesivo y
tener algún efecto medidas de apoyo que están recibiendo los exportadores en
muchos países, pasando las mismas a la Situación III.
Queda claro que el escenario de "administración" de la
crisis no es neutro para los países emergentes y cuasi-avanzados, sino que
provocará un empeoramiento de la situación general.
Escenario Optimista: la Crisis Comienza a Superarse
En este caso, es probable que algunos países que están
hoy en las Situaciones II o III pasen a la Situación I, aunque con tasas
moderadas de crecimiento de la producción y las exportaciones. Para aquellas
economías que están actualmente en I, aumentará la probabilidad de que 1999
pueda resultar similar a 1998. Será menor aunque no cero, el número de
economías que seguirán atravesando por la Situación IV. En este escenario,
la crisis dejará de ser global y se focalizará en los países o regiones que
son hoy el epicentro de la misma y en otros que terminen resultando
estructuralmente afectados.
O sea que, lo mejor que puede esperarse en 1999 para la
mayoría de las economías cuasi-avanzadas y emergentes, es que logren
mantener una performance económica relativamente similar a la de este año
(que es, de por sí, menos favorable que la alcanzada en 1997). Pero para que
ello suceda, la situación internacional deberá mostrar signos ciertos de
mejoría y mayor certidumbre. Cualquier otro escenario, aún el de
mantenimiento de la crisis en una situación de status-quo, sin que la misma
empeorase sustancialmente, implicará que estas economías presenten un 1999
peor o mucho peor a 1998, dependiendo de la solidez estructural que
manifieste y las políticas de coyuntura que aplique cada una de ellas.
Los países emergentes y cuasi-avanzados en los años
previos a la crisis
Impacto de la crisis internacional sobre la economía real
Notas al Pie
1Es probable que si la crisis financiera se prolongase,
se genere un menor caudal de financiamiento externo que leve a los países
emergentes a incrementar mas rápidamente su ahorro interno. Es posible
pensar, entonces, que aquellos que sean mas exitosos para combinar
crecimiento con aumentos de ahorro interno quedaran en una situación
relativamente ventajosa
2 La sustitución eficiente de importaciones surge a
partir de la incorporación de inversiones en sectores que, actualmente,
presentan excesos de demanda que son satisfechas con importaciones. Este
fenómeno es diferente al proceso de sustitución ineficiente de importaciones
impulsado en el pasado, a través del aumento de producción local promovida
artificialmente a través de barreras arancelarias que aumentaban la
rentabilidad de los productores nacionales.
3 Las naciones cuasi-avanzadas ya alcanzaron esta
dinámica de crecimiento, lo que les permitió lograr notorios progresos. Sin
embargo, un sustancial apartamiento de estos principios, aun sólo por
algunos años, puede derivar hoy en desequilibrios y retrocesos importantes.
4 Debe tenerse en cuenta que el año 1990 registró el
nivel de inversión en términos de producto más bajo de la serie que se
inicia en 1980.
5 Una de las razones que justifica la selección de los
países aquí realizada, está relacionada con la disponibilidad de información
actualizada acerca de la coyuntura económica de los mismos.
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