El construccionismo social: la
opción ante el modernismo
La historia del conocimiento se
ha organizado de manera muy particular a través de la evolución del
tiempo. Los cánones del conocimiento vigente en cada época tienen un
momento de total dominación y éxito ya que se consideran los discursos
mas acertados sobre la realidad existente. Sin embargo, en algún momento
tal discurso empieza a desmoronarse y empiezan a encontrarse fallos
importantes que hacen que se generen discursos alternativos muy
antagónicos y competitivos con respecto al dominante, hasta que
finalmente le reemplazan, una tesis es reemplazada por una antítesis y
posteriormente sigue una especie de síntesis novedosa que a su vez
vuelve a generar una nueva antítesis y así sucesivamente. Sin lugar a
dudas esta forma de interpretar la evolución del conocimiento es muy
dialéctica y también puede leerse con algunas diferencias en la
propuesta kuhniana (Kuhn, 1981) del desarrollo de la ciencia a través de
paradigmas que luchan y se establecen durante periodos determinados.
A este respecto la organización
de la cultura a seguido patrones similares. Por ejemplo, hace algunos
siglos el movimiento vigente y dominante era la ilustración. La visión
del hombre ilustrado (siglos XVII y XVIII) era la de un hombre
observador y racional (Descartes, Spinoza, Hobbes y Newton) que
desafiaba el derecho divino (Gergen, 1992). Pero posteriormente fue
reemplazada por el romanticismo (siglo XIX), movimiento basado en los
sentimientos morales, la solidaridad y el goce interior de la vida, una
visión, sin lugar a dudas, más hedonista y menos pragmática que pone el
acento en lo que no se ve. Y a su vez este fue seguido por el
modernismo, que reunía características propias de la ilustración pero
desarrolladas de una forma muy distinta. La visión del hombre moderno
(propia del siglo XX) concibe que los elementos claves del
funcionamiento humano son la razón y la observación. Se ve en las
ciencias, las actividades de gobierno y empresariales. Esta convencida
de que las personas son agentes racionales que tras examinar los hechos
toman las decisiones que corresponden. Es un neoilustracionismo pero con
la fuerza que le aporta la ciencia y la tecnología. El avance es un
movimiento en permanente ascenso hacia la meta, a través del
perfeccionamiento, la conquista y los logros materiales. Los argumentos
centrales del modernismo son el progreso, la búsqueda de la esencia de
las cosas y el hombre máquina (funcional y productivo).
Pero al movimiento modernista del
siglo veinte que ha sido expresado en el arte, el folclore, la música,
la ciencia, la política, la moral y demás manifestaciones de la cultura
humana, le ha surgido una nueva antítesis, que pretende remover los
cimientos del modernismo y volver a reconstruir (o tal vez deberíamos
decir desconstruir) sobre sus ruinas una nueva forma de concebir la
realidad. El posmodernismo es una forma alternativa y por lo tanto,
rompe con los esquemas mas arraigados del modernismo en los diferentes
campos de la cultura, lo que lleva sin lugar a dudas a la generación en
el mundo modernista del miedo, la resistencia al cambio y la duda de que
exista otra forma de ver el mundo que no responda al patrón modernista.
El posmodernismo es el termino
con el cual se trata de agrupar a una variopinta manifestación de
diferentes autores en diferentes áreas que tratan de soltarse de la
camisa de fuerza que es, para ellos, el modernismo. El posmodernista se
enmarca en una conciencia generalizada del agotamiento de la razón,
tanto por su incapacidad para abrir nuevas vías de progreso humano como
por su debilidad teórica para sortear lo que se avecina. La
racionalización de la sociedad no conlleva ninguna perspectiva utópica,
sino que más bien conduce a un aprisionamiento progresivo del hombre
moderno en un sistema deshumanizado.
La modernidad creía que existía
un vínculo fuerte y necesario entre el desarrollo de la ciencia, la
racionalidad y la libertad humana, pero lo que sobrevino fue el triunfo
de la razón instrumental que no conduce a una realización concreta de la
libertad universal sino a la creación de una "jaula de hierro" de
racionalidad burocrática de la que nadie quiere escapar (Picó, 1992).
La posición posmoderna es
escépitca, duda de la capacidad de la razón, y por sobre todo del
lenguaje, para representarnos o para informarnos "cuál es la cuestión".
Si el lenguaje esta dominado por intereses ideológicos, si su uso esta
regido por convenciones sociales y su contenido por el estilo literario
en boga; no puede reflejar la realidad, por lo tanto no hay descripción
objetiva (Gergen, 1992). Tal conclusión es uno de los golpes mas
devastadores para la modernidad y sobre todo para su reina: "la
ciencia". En tal caso no hay motivo objetivo alguno para sostener que
una persona tenga pasiones, intencionalidad, razón, rasgos de
personalidad o cualquier otro elemento propuesto por las cosmovisiones
romántica o modernista. Todos estos conceptos están ligados a
circunstancias sociales e históricas, son el producto de fuerzas
ideológicas y políticas, de comunidades que se atrincheran y de las
modas estéticas o literarias.
En este orden de ideas el centro
en torno al cual gira nuestra sociedad modernista que es el yo (yocentrista),
cae de su pedestal en la sociedad posmoderna, ya que el nuevo énfasis y
centro de acción son las "relaciones" (relaciocentrista), que serían el
principal producto que permitiría la construcción del yo en la
interacción social y no al revés. Un individuo nace dentro de una
relación y a la vez que es definido por ella, la define. Cuando uno
muere lo que perece es una pauta de relaciones. Precisamente el
movimiento que en ciencias sociales a tratado de leer y expresar las
ideas posmodernistas se denomina construccionismo social.
El construccionismo social (Hoffman,
1996) cree que las ideas, los conceptos y los recuerdos surgen del
intercambio social y son mediatizados por el lenguaje. Todo conocimiento
-sostienen los construccionistas- evoluciona en el espacio entre las
personas, en el ámbito del mundo común y corriente; y es sólo a través
de la permanente conversación con sus íntimos que el individuo
desarrolla un sentimiento de identidad o una voz interior.
Desde Wittgenstein hasta los
teóricos contemporáneos de la literatura, los estudiosos han establecido
que el lenguaje de la vida mental cobra significado a partir de su uso
social. El significado de "un buen razonamiento", de "malas intenciones"
o "memoria precisa", está determinado según se empleen tales expresiones
en las relaciones que entablamos. Los individuos por sí mismos no pueden
significar nada: sus actos carecen de sentido hasta que se coordinan con
los otros (Gergen, 1992).
El construccionismo, por lo tanto
apoya la idea de que no hay verdades sociales incontrovertibles, sino
sólo relatos del mundo, relatos que nos contamos a nosotros mismos y que
contamos a los otros. Y por ello, la mayoría de los psicoterapeutas
tienen un relato acerca de cómo los problemas se desarrollan y como se
resuelven o disuelven. Esta idea implica que el terapeuta entra en la
acción terapéutica con una idea preconcebida de la mejor intervención
posible (la teoría que sustenta su terapia) para enfrentar los problemas
y lo que se busca en la relación terapéutica de forma implícita es una
hipótesis que apoye el esquema ya preconcebido. Es decir, si se es
psicodinámico se buscará dentro de la narración del cliente algún trauma
o déficit en el desarrollo, mientras que si se es conductista la
explicación se centrara en patrones conductuales aprendidos que se deben
desaprender y reemplazar por otros más adaptativos. Si se es sistémico
se observará en las narraciones de los miembros de la familia patrones
de interrelación inadecuados que contribuyen a que el sistema este mal,
si se es logoterapeuta (un tipo de terapia existencial humanista) se
buscara un déficit en la posibilidad del paciente de encontrar un
sentido a su existencia que le permita abordar la problemática de forma
distinta y así sucesivamente. Esto expresaría que cuando el terapeuta se
casa con un esquema particular, éste empieza a constreñir su forma de
ver la terapia y termina encuadrando la realidad dentro del esquema.
Es necesario incorporar la duda,
y una forma de hacerlo en la terapia es estableciendo una situación en
la que se favorezca la presencia de una pluralidad de relatos y en la
que los formatos de construcción conjunta superen los discursos
individualistas y deterministas de un yo aislado y en medio de su
realidad. Para entender esto pasaremos al siguiente apartado.
Los principios del construccionismo
social aplicados a la psicoterapia.
Cuando observamos de cerca la
terapia psicológica, nos damos cuenta que en los últimos años dentro de
ella se están gestando manifestaciones contrarias al punto de vista
modernista de la terapia. Estas manifestaciones se empiezan a gestar
sobre todo en el ámbito de la terapia familiar sistémica y son
influenciadas por las obras seminales, llenas de ideas sugestivas, de
varios de los terapeutas que componían la llamada Escuela de Palo Alto,
personas como Watzlawick, Bateson, Haley entre otros inspiraron a
numerosos psicoterapeutas para desarrollar nuevos estilos de terapia
basados en nuevas filosofías "no modernas", que venían articulándose con
ideas provenientes de autores como Maturana, Varela o Gergen. Este
conjunto de propuestas que tratan de atacar los estandartes de la
psicoterapia científica moderna y que se agrupan o tratan de agrupar
dentro de la etiqueta de construccionismo social, representaría dentro
de las ciencias sociales al posmodernismo.
Los principios del
construccionismo social en la psicoterapia se expresan de diferentes
formas, vamos a tratar de agrupar aquí las más importantes o novedosas
desde el punto de vista del autor.
1. Ante todo el primer compromiso
construccionista propende por una ruptura tajante de la tradicional y
asimétrica relación entre terapeuta y paciente. Es más el término
paciente no debería ser utilizado en la nueva relación (se empieza a
masificar la utilización del termino cliente -que obviamente esta muy
cercana a la visión mercantilista del modernismo-) ya que su
connotación médica esta expresando una asimetría, entre el enfermo, el
que no sabe, y el sabio, el sano, el terapeuta. Este supuesto supone
la desaparición del poder-control unilateral del terapeuta y propone
una dinámica de co-construcción sistémica. Asume la responsabilidad de
su poder de construcción dentro de la relacional/social. El terapeuta
pierde su posición de experto, su estatus jerárquico desaparece.
2. Los trabajos
posmodernistas suelen centrarse en ideas vinculadas al texto y la
narración. En este contexto la narración es una unidad de significado
que brinda un marco para la experiencia vivida. A través de las
narraciones se interpreta la experiencia vivida, como lo expresa Bruner
(1986) citado por Epston y cols. (1996): "Creamos las unidades de
experiencia y significado a partir de una continuidad de la vida. Todo
relato es una imposición arbitraria de significado al fluir de la
memoria, porque destacamos ciertas causas y desestimamos otras, es
decir, todo relato es interpretativo".
El construccionismo apoya la idea de
moldeamos el mundo en el que vivimos y creamos nuestra propia
"realidad", dentro del contexto de una comunidad con otros individuos;
comunidad que por medio de sus posibilidades y restricciones económicas,
políticas, sociales y culturales fija los límites de nuestras
narraciones y limita nuestra posibilidad de elección a determinados
contextos. Volviendo al contexto terapéutico, la mayoría de los
terapeutas tienen un relato de cómo se desarrollan los problemas y cómo
se disuelven o resuelven. Lo mismo, sobra decirlo, sucede en los
clientes. Bajo esta perspectiva los relatos o narraciones en los que
situamos nuestra experiencia determinan el significado que damos a la
experiencia misma. Estos relatos son los que determinan la selección de
los aspectos de la experiencia que será expresada y la forma de dicha
expresión, determinando a su vez los efectos y orientaciones en la vida
y las relaciones de la persona.
El énfasis sobre la narración vincula
necesariamente la terapia posmoderna con las teorías de desconstrucción,
dentro de la cual uno de sus principales exponentes es Jacques Derrida.
La propuesta del análisis desconstruccionista nos obliga a mantenernos
distanciados y escépitcos respecto de las creencias concernientes a la
verdad, el poder, el yo y el lenguaje, creencias que casi siempre se dan
por sentadas pero que no son absolutas sino completamente relativas. La
Desconstrucción aboga por dejar a un lado los juicios absolutos de se es
una cosa o se es otra "o...o", mas bien nos propone Derrida buscar
siempre otra visión posible mas allá de "o...o" , con el fin de
desconstruir nuestro mundo tal y como lo conocemos, buscando siempre lo
inesperado que podría reemplazar esta visión. Gergen llama a la
construcción-desconstrucción, progresión-pregresión. Un análisis
progresivo de la utilización de un pesticida habla de sus efectos sobre
determinadas plantas como cocaína y amapola y su erradicación de la
naturaleza ya que generan la posibilidad de extraer drogas alucinógenas
y permite que una mafia organizada llamada narcotráfico construya su
imperio de ilegalidad, pero un análisis pregresivo permite ver que la
utilización de pesticidas también altera el desarrollo de otras cosechas
y las contamina e incluso envenena, produciendo a su vez alteraciones
congénitas en las personas que consumen dicha alimentación. Si seguimos
el análisis también vemos que el dañar otras cosechas impide que el
campesino pueda sobrevivir vendiendo los productos que cosecha lo que a
la larga genera mas pobreza y la necesidad de emigrar a la ciudad
aumentando el desempleo, etc... y el análisis puede seguir así mirando
diferentes aspectos político-socio-económicos que permiten desconstruir
el discurso inicialmente lineal de utilizar pesticidas contra la cocaína
y la amapola.
El análisis desconstruccionista es muy
importante para el proceso de reflexión en terapia posmoderna que
veremos más detenidamente en la siguiente sección.
3. El análisis del terapeuta a la
situación del cliente nunca se puede considerar objetivo. No hay
descripciones más correctas que otras para la realidad. La investigación
social objetiva no existe, ya que no podemos saber que es la realidad
social, no hay una verdad única, objetiva y absoluta. Por lo tanto la
relación terapéutica co-construye una descripción de la realidad del
cliente donde ambos son responsables y activos en el proceso de
solucionar el problema.
4. Los puntos de vista
individuales se transforman y amplían en la interacción social
terapeuta-cliente. De hecho se propende por la ruptura con la idea de un
individuo que construye un yo diferenciado, autónomo e inmutable que
maneja sus actuaciones. Gergen en su libro "el yo saturado" (Gergen,
1992), manifiesta que es una falacia que el yo sea una entidad autónoma
e independiente. La identidad individual es una ilusión modernista ya
que el yo no esta dentro de la persona sino que tiene un compuesto
temporal construido a partir de la interacción social, el yo no esta
separado del otro por que es sólo a través de la relación social donde
se construye la idea de una personalidad. El yo no se concibe como una
entidad cosificada e intrapsiquíca sino como una entidad narrativa que
se aborda dentro de un contexto de significado social. Como dice el
filósofo Emanuel Levinas (citado por Lax, 1996) "el yo no empieza a
existir en un momento puro de autoconciencia autónoma, sino en relación
con el otro, ante quien permanece siempre responsable". En la terapia no
se viene a imponer la realidad propuesta por un individuo (el terapeuta)
sino que se viene a co-construir entre terapeuta y cliente una nueva
forma de narrar la realidad del cliente.
5. Los terapeutas no
pueden dejar de afrontar la cuestión de la construcción social de
sistemas de creencias y que por lo tanto, no pueden renunciar al estudio
de esos procesos en los que ellos también están profundamente
involucrados.
6. Se define
socialmente a la psicoterapia como un contexto para la resolución de
problemas, la evolución y el cambio. Los problemas son acciones que
expresan nuestras narraciones humanas, existen en el lenguaje y son
propios del contexto narrativo del que derivan su significado (Anderson
y Goolishian,1996). El cambio en la terapia por lo tanto es la creación
dialogal de la nueva narración.
7. La patología en el
construccionismo desaparece como tal. El meollo del asunto no es la
etiología de los síntomas sino los procesos sociales e interpersonales y
la dinámica que mantiene esos síntomas. El terapeuta podrá desencadenar
un proceso de cambio si logra interferir la repetición de la misma
experiencia que llevó al cliente a la terapia.
8. Del diagnóstico y
la cura a la responsabilidad cultural. Gergen (1996) considera que a
medida que el acento se desplaza a la construcción lingüística de la
realidad, las enfermedades y los problemas pierden su privilegio
ontológico ya que no son independientes sino construcciones culturales.
No hay problemas más allá del modo en que una cultura los constituye
como tales.
9. Desaparecen los
niveles y capas jerárquicas estructurales. No existen capas jerárquicas
donde unas son más importantes que otras y por lo tanto detentan en
última instancia la causa de la situación considerada "problema" (Hoffman,
1996). Se propone un análisis de configuración lateral u horizontal que
rompe con las dualidades síntoma superficial vs causa subyacente,
contenido manifiesto vs contenido latente, comunicación abierta vs
comunicación encubierta, etc. La configuración horizontal permite
entender que existen formas de análisis todas de igual valor y que serán
validadas y utilizadas para la intervención en la media en que el
contexto social lo exija.
10. El lenguaje cambia
en el contexto de la terapia posmoderna, su aplicación y utilización ya
no son iguales a la que existía en la terapia modernista; ya que
manifiesta un cumulo de ideales filosóficos que deben hallar su
expresión en la relación terapeuta/cliente por medio de un nuevo
lenguaje. Por ejemplo, La entrevista hecha por el terapeuta consiste en
recoger y dar información simultáneamente con su cliente. Donde
preguntas como: ¿Cuál es su problema? se reemplazan por ¿cómo ve ud. la
situación?. El lenguaje es menos directivo y jerárquico, pretende
convertir la situación relacional en democrática, basada en una
configuración de igualdad de poder y expresión del mismo. Sobre este
punto profundizaremos en la siguiente sección cuando hablemos de la
terapia a partir de la ignorancia.
¿Existe una terapia
construccionista/posmoderna?
Después de lo expuesto surge la
pregunta anterior, pues aunque se ve un gran bagaje filosófico y
epistemológico para ver la terapia, la práctica misma de la terapia no
se ve nada claro cuando cada autor trata de exponerla o termina viéndose
que se utilizan herramientas y técnicas psicológicas similares a las
utilizadas en otros marcos conceptuales. Pareciera que la visión
posmoderna solo quedará en el "bla bla bla".
Veamos que podemos poner en claro de
las diferentes propuestas prácticas.
Empecemos por ver la opción
terapéutica de Goolishian y Anderson (1996): "La ignorancia como enfoque
terapéutico". Estos autores plantean como núcleo de su enfoque la
posición no de experto del psicólogo sino de ignorante. El terapeuta
parte de una ignorancia deliberada, ignorancia que es entendida como "no
saber", ya que creen que no hay esencias que captar en las narrativas
del cliente y por lo tanto el terapeuta tampoco puede ofrecer al cliente
el secreto infame de su problema para que este pueda reemplazar sus
viejas e ilusorias narraciones. Como no hay significados previos
escondidos, sólo en la medida que se narra e interactúa en la terapia se
forjan esos significados. El interrogatorio por lo tanto parte de una
genuina curiosidad no determinada por hipótesis previas. Un elemento
importante de la conversación terapéutica es los silencios y el manejo
de preguntas a medio hacer, la propuesta es que el terapeuta a veces no
hable o formule preguntas vacilantes a medio hacer y abiertas con largos
períodos de silencio, con el fin de fomentar la participación y la
invención dialógica del cliente.
Esta propuesta implica
introducirse en la narración del cliente sin prejuzgar, analizar o
dictaminar teórica o a priori el problema del cliente, implica meterse
en su relato, preguntar y dialogar para saber su historia, no para
dictaminar si es falsa o verdadera. Los autores narran como un paciente
que había pasado por numerosos terapeutas y no había superado su
problema, entra en un nuevo contexto cuando el terapeuta simple y
llanamente atiende a su narración sin prejuzgarla como falsa. El cliente
temía tener una enfermedad contagiosa, cosa que medicamente no había
sido probado y que todos los terapeutas le negaban, por lo tanto la
terapia se centraba en hacer que dejara de creer en su supuesta
enfermedad. El terapeuta que partía de la ignorancia simplemente
consideró que su narración era válida en si misma y ello permitió
generar un proceso altamente empático que poco a poco fue redundando en
una mejoría del paciente con respecto, no tanto a su enfermedad, sino a
su temor de estar gravemente enfermo.
Para Goolishian y Anderson los
problemas son acciones que expresan nuestras narraciones humanas,
existen en el lenguaje y son propios del contexto narrativo del que
derivan su significado. El cambio en la terapia es la creación dialogal
de la nueva narración. Vivimos en y a través de las identidades
narrativas que desarrollamos en la conversación, ya que nuestro "yo" es
siempre cambiante.
Por otro lado Hoffman (1996),
considera que la esencia de la nueva terapia posmoderna se centra en la
palabra "reflexivo". Ya que el enfoque trata de replegarse sobre sí
mismo, ya sea utilizando equipos de reflexión para la terapia,
conversaciones reflexivas entre los componentes de la terapia,
interrogatorios reflexivos, etc.; que junto con la preponderancia del
prefijo "co" describen la conversación terapéutica (co-creación, co-autoría,
co-evaluación), lo que indica un proceso de influencia mutua y no de
unidireccionalidad o jerarquía.
Veamos por ejemplo la propuesta
de los equipos de reflexión. Andersen (1996) y el grupo de Noruega crean
un grupo terapéutico que delibera sobre la familia y la familia ve como
hace dicha deliberación, aplicándose luego el papel inverso. Andersen y
sus colaboradores le llaman "el equipo de reflexión abierta".
El grupo de Milán (Selvini y cols.,
1980 en Andersen,1996) creo un procedimiento y era un equipo que se
reunía con la familia. Un miembro del equipo conversa con la familia
mientras los demás miembros los observan a través de un espejo de una
sola dirección. El terapeuta conversa con el equipo y luego trae a la
familia las ideas y aportes de intervención de estos para avanzar en la
terapia.
El grupo de reflexión abierta es
una variación de el grupo de Milán, con una serie de aportes en cuanto a
un lenguaje más democrático y co-creador que se debe utilizar, por
ejemplo: "además de lo que uds. entienden, nosotros entendemos
esto....". Y como vemos la diferencia sustancial es la bidireccionalidad
del proceso planteado inicialmente por los italianos. En la propuesta
noruega, no sólo el equipo tras el espejo ve a la familia con el
terapeuta, sino que posteriormente la familia con el terapeuta ven tras
el espejo o en la misma habitación la conversación del equipo de
reflexión y en una tercera etapa volverían al estado inicial pero para
conversar y discutir sobre los aportes del equipo de reflexión.
Andersen resume así sus normas de
acción lingüística para asumir la terapia posmoderna:
1. Las reflexiones del equipo deben
basarse en algo expresado durante la conversación "cuando escuche.... se
me ocurrió....."
2. Los miembros del equipo al hablar
públicamente deben tratar de no transmitir connotaciones negativas. En
vez de decir "no entiendo por que no intentan esto o aquello", se dice:
"me pregunto que pasaría sin intentarán hacer esto o aquello..."
3. Cuando familia y equipo están en la
misma habitación y el equipo esta reflexionando se pide a estos miembros
que se miren entre sí, es decir, que no miren a los que escuchan
(clientes), con el fin de permitir que los oyentes se sientan en
libertad de no escuchar.
Después la conversación se centra
en la familia y el entrevistador, y se ofrece la oportunidad de que está
discuta la charla del equipo. Conversar, ver conversaciones sobre lo
conversado y volver a conversar, abre posibilidades de ver diferentes
perspectivas de la misma situación. La conversación terapéutica en
última instancia busca nuevas definiciones de uno mismo, nuevas
descripciones, nuevos matices y comprensiones que permitan abordar el
problema de una forma distinta.
Como dice Cecchin (1996): "no hay
una verdad sobre el problema sino hipótesis que compiten en dar una
explicación". Las posibilidades terapéuticas no pueden predeterminarse
en virtud de la validez o la superioridad teórica de un modelo. Sin
embargo, el construccionista no entabla una relación terapéutica
despojado de ideas, experiencia o construcciones privilegiadas. El
terapeuta al igual que los clientes acuden a la terapia provistos de
ciertas versiones de la realidad. El desafío está en la negociación y la
construcción de maneras de ser viables y sostenibles, que convengan a la
familia, al terapeuta y a las formas de obrar culturalmente aceptadas.
Finalmente esta la propuesta de
Epston y sus colaboradores (1996), que se denomina "terapia de
re-escritura" y como su nombre lo indica es una terapia que esta basada
en sendas misivas escritas entre terapeuta y paciente, es decir, que las
posibilidades de reflexión después de la sesión personal donde se
conversa, se desarrollan por cartas escritas por el terapeuta y
contestadas por su cliente. La terapia centra su trabajo no tanto en la
narración sino en el relato, y considera que este es fundamental en la
organización de la experiencia de cada persona.
Para Epston y sus colegas, los
relatos en los que situamos nuestra experiencia determinan el
significado que damos a la experiencia. Estos relatos son los que
determinan la selección de los aspectos de la experiencia que se
expresarán; determinan la forma de la expresión que damos a esos
aspectos de la experiencia y finalmente determinan efectos y
orientaciones reales en nuestra vida y en nuestras relaciones.
Los autores ven la vida como una
representación de textos y la oferta terapéutica es diseñar nuevas
formas textuales para interpretar y afrontar la vida. Su terapia de
re-escritura sigue las siguientes premisas:
1. Permitir separar sus vidas y
relaciones de los conocimientos/relatos que sean empobrecedores,
2. Ayudándoles a cuestionar las
prácticas del yo y de las relaciones que sean opresoras, y
3. Alentando a las personas a
re-escribir sus vidas según conocimientos/historias y prácticas del yo y
de las relaciones alternativas, que tengan mejores desenlaces.
Un punto importante que resaltan
los autores es que el nuevo relato debe expresarse en la cotidianidad
para permitir superar el problema, no basta con cambiar privadamente
nuestra propia imagen personal, además debe desarrollarse una
descripción convincente para exhibirla ante los demás, el nuevo relato
debe hallar expresión en la interacción con el otro de lo contrario no
hay un verdadero cambio.
Estas serían algunas de las
técnicas terapéuticas que distinguen el nuevo movimiento en psicología
clínica. Ahora veamos un análisis más detallado de las mismas y sus
posibilidades.
Críticas, preguntas y
posibilidades
Pero ¿es esto todo?, ¿realmente
si es la terapia posmoderna una nueva opción?, o ¿es acaso la antigua
terapia con un nuevo ropaje, supuestamente más democrático y activo por
parte de los clientes? Podría simplemente ser una rebuscada técnica
llena de "chachara" epistemológica y nada más. ¿Acaso la utilización de
cartas, las preguntas vacilantes, la supuesta ignorancia del terapeuta y
los equipos de reflexión marcan en sí la nueva terapia del posmodernismo?
En resumen, podríamos decir que
más allá de sí el ejercicio terapéutico se desarrolla dentro de
narración/conversación, o en el relato/escritura o por medio de equipos
de reflexión, hay algunas generalidades que siempre se mantienen y que
son las que traté de expresar en el tercer apartado, las diez
características de la terapia construccionista o posmoderna, que
finalmente no hablan de una técnica en particular sino de unas formas
básicamente comunicativas para enfrentar la terapia, recapitulando: el
lenguaje cambia de uno con expresión de poder y autoridad a uno
altamente democrático, se dejan de lado las descripciones personales
como verdades absolutas y se invita a discutir diferentes descripciones
válidas para afrontar el problema. El terapeuta no propone soluciones,
sólo ofrece alternativas pero invitando siempre a los clientes para que
participen activamente en la generación de las mismas. Las preguntas del
terapeuta no están ya hechas ni parten de un estricto marco
preconcebido, sino que utilizan vacilaciones y silencios para fomentar
la participación activa.
En este orden de ideas es
importante aclarar que la terapia posmoderna no es una técnica en si o
una serie de técnicas altamente especializadas reunidas en un contexto
terapéutico, sino más bien, es una filosofía que contextualiza la forma
de hacer terapia. Esta definición le da mayor flexibilidad y libertad al
enfoque terapéutico.
Veamos lo que a este respecto nos
aportan Efran y Clarfield (1996). Ante todo esta la crítica obvia del
argumento construccionista y es que nunca surgiría un método
construccionista "aprobado", ya que en el espíritu mismo del
construcccionismo está considerar todas las posturas igualmente válidas,
y si acaso se diera primacía a una sobre otra estarían traicionando su
principio de no realidad-objetiva. Crítica contundente que en apariencia
explicaría las dispares técnicas ya enseñadas en el apartado anterior. A
esto Efran y Clarfield contestan que es un error tal crítica, puesto que
en honor a la verdad nunca ningún terapeuta por más construccionista que
sea puede dejar de tener ciertas convicciones acerca de los problemas
que tiene la gente y que puede hacer la terapia por ellos.
Tal postura no quiere decir que
este traicionando su principio de que no hay objetividad o que una
postura sea más valida que otra, simplemente todas las personas tienen
preferencias personales, y tiene derecho también a expresar dichas
preferencias y esas elecciones no deben "disfrazarse" de realidades o
verdades objetivas, puesto que una "verdad" es un conjunto de opiniones
ampliamente compartidas. Con ello lo que el construccionista no puede
olvidar es que sus puntos de partida no son más verdaderos que otros; y
en tal sentido tiene derecho a expresar preferencias por ciertas
alternativas terapéuticas y no por otras, y expresar clara preferencia
acerca de lo que considera que esta "bien" o "mal". Sin embargo, sus
preferencias no tiene por que ser superiores a las de los demás -y esto
nos deja ante una relativización, que personalmente me parece
desgastante-. Para el movimiento construccionista es muy difícil crear
una unísona posición y forma de articular la terapia. Sin embargo, lo
que sí es rescatable de esta posición es la responsabilidad que tanto
terapeuta como cliente deben asumir por sus elecciones o preferencia
personales y sus consecuencias.
Sigamos con las ideas de Efran y
Clarfield. Es un error para el psicoterapeuta construccionista/posmoderno
pretender que la terapia no tiene una suerte de influencia sobre el
cliente, es decir, trata de huir de la producción de efectos en la idea
de obviar objetivos que determinen a priori su actuar. Esto es un error,
ya que por su ambivalencia con respecto a producir efectos, su
asesoramiento termina siendo vago, abstracto y desvaído. Atrincherarse
en una niebla de abstracciones prácticamente impenetrable no sirve para
construir la terapia. Hablar de "múltiples conversaciones, "producir
situaciones imprevistas" o "elaborar lo inexpresado", puede llenar mas
de confusión que de aclaración. Además, se convierten en listas de
principios que supuestamente sigue el terapeuta, como si ellas
delinearan su accionar, cosa que puede ser muy lejana de la realidad,
una cosa es lo que hace el terapeuta y otra lo que dice que estuvo
haciendo. Esta confusión en su terminología y en su accionar hace que
muchos clínicos desestimen aprender un enfoque de este tipo y prefieran
otros enfoques altamente operacionalizados y muchos más sencillos en su
exposición, como la terapia cognitivo- conductual, por ejemplo.
Otro punto a tener en cuenta es
que la "terapia como conversación" es una metáfora descripitva de lo que
es la terapia, no un mandato o prescripción. La conversación no es un
instrumento que el terapeuta se vea obligado a utilizar, ya que todas
las terapias, sean del tipo que sean, son analizadas como procesos
conversacionales con algún nivel de co-construcción. Al construccionista
se le puede distinguir por su preferencia por la metáfora
conversacional, pero otras preferencias terapéuticas se pueden utilizar
dependiendo del contexto de la situación, y en algunos momentos es
deseable utilizar foros de opinión, equipos de reflexión, diagnósticos
del DSM-IV, tener en cuenta las explicaciones genéticas del alcoholismo
o de la esquizofrenia o hacer predicciones sobre ciertas problemáticas,
sin que por ello se deje de ser construccionista.
El otro elemento es el cuidado
que implica no caer en lo contrario que se quiere profesar, generando
tantas dificultades como las que se critican. Por ejemplo, al romper con
la imagen jerarquizada del terapeuta como experto, muchos terapeutas
están cayendo en una postura tan antidirectiva que pueden generar mas
problemas que soluciones. Pero lo esencial para Efran y Clarfield, es
que esta posición blanda antidirectiva, defendible como todas, no puede
ser identificada como la esencia del enfoque construccionista. Lo
esencial de la terapia construccionista no es la pasividad y la
celebración del cambio imprevisto y azaroso, sino su epistemología
participativa; que requiere obviamente de la participación tanto de
terapeuta como paciente asumiendo la responsabilidad de las elecciones
tomadas, puesto que todo construccionista no debe concebir que tiene
prohibido tener o expresar preferencias, esperanzas u opiniones, lo que
no debe pretender es que sus elecciones deriven de un acceso
privilegiado a una realidad objetiva externa.
Un terapeuta construccionista no
puede obviar que su rol de por sí, le determina con un nivel de experto
y con una cierta jerarquía, el hecho de que el encuentro terapéutico
tiene lugar en el terreno del terapeuta y sea pagado, implica de por si
el establecimiento de una cierta jerarquía en nuestra sociedad.
Finalmente, los terapeutas
quieren huir de la jerarquía generando una postura totalmente neutra,
idea falaz por si misma, ya que no existe la neutralidad, y el hecho de
asumir que su cliente quiere un terapeuta neutral sin consultar esto
nunca con el cliente, esta dejando ver a todas luces una posición
jerarquizada, no habitual, distinta pero nuevamente jerarquizada. La
pretensión de neutralidad ya obvia toda neutralidad. La neutralidad es
una quimera y actuar como si todas las opiniones son iguales y como si
los terapeutas no tuvieran preferencias es socavar la base misma del
intercambio franco que debe existir con los clientes.
Y aquí volvemos a la idea
expuesta en el tercer párrafo con el que inicie esta sección. Las
técnicas utilizadas son tangenciales, no se puede prescribir que la
terapia construccionista tenga un numero determinado de observadores,
que sea esencial que haya un equipo de reflexión, o que siempre se deba
utilizar cartas para desarrollar el proceso de reflexión o que siempre
sea útil el interrogatorio circular o reflexivo -donde cada persona de
la familia por riguroso turno tiene que comentar las reacciones de los
otros-. Todo ello sólo indicaría el triste triunfo de la técnica sobre
el contenido. La terapia para ser eficaz debe continuamente recrearse
dentro del contexto de interacción, la técnica o pregunta que en una
ocasión funciona triunfalmente, en otra ocasión -por desgracia- no sirve
para nada (Efran y Clarfield, 1996). El construccionismo para Efran y
Clarfield no es ni un nuevo tipo de terapia, ni un conjunto de técnicas
caprichosamente reunidas, sino un contexto dentro del cual aprehender y
moldear el contrato terapéutico, elaborando diseños mejores y más claros
para la interacción cliente-terapeuta.
Pero sobre todo, y aquí me parece
particularmente importante la postura de Efran y Clarfield, la
psicoterapia no es un conjunto específico de procedimientos sino
una forma de educación, que difiere de las empresas
tradicionales educativas en nuestra cultura, pero esencialmente persigue
el mismo fin. Los objetivistas estipularían que la terapia repara el
motor emocional, mejora la salud mental o elimina el pensamiento
irracional, pero los construccionistas en cambio, piensan que están
cumpliendo simplemente tareas educacionales en los términos estipulados
en un contrato entre maestro y alumno, donde el énfasis de la
instrucción se pone en la organización de la manera de vivir y en las
satisfacciones de la vida. El medio natural de la terapia -como en la
mayoría de las actividades educativas- es el lenguaje. El contexto es
básicamente filosófico, no médico, y constructivo en vez de meramente
curativo.
Finalmente, Efran y Clarfield
sugieren que la clave para el cambio terapéutico esta en un proceso
denominado Interacción Ortogonal, término originario de Maturana y que
se ejemplifica de la siguiente manera: Si un mecánico advierte que el
coche que conduce no funciona bien, se detiene, saca la bujía, ajusta la
abertura con una herramienta y vuelve a ponerla en el motor. Como
consecuencia de ese leve cambio en la estructura de la bujía, ésta
desempeña su papel de un modo diferente y todo el sistema funciona
mejor. La interacción entre el mecánico y la bujía era ortogonal
(perpendicular) respecto a lo que habitualmente sucede con la bujía como
elemento constitutivo del motor. Una vez modificada, la bujía se
relaciona de un modo distinto con los otros componentes del sistema y
éste funciona mejor. Los terapeutas y otros educadores están en
situación de actuar ortogonalmente sobre los sistemas de sus clientes y
de modificar las formas de interrelación de sus sistemas. Como podemos
intuir la interacción ortogonal implica un nivel de jerarquización, un
objetivo y una capacidad de influencia del terapeuta, que los
construccionistas radicales no estarían dispuestos a aceptar, pero para
estos autores, ello no impide que sigan siendo construccionsitas.
Como vemos este modelo es muy
sistémico, pues la solución siempre implica una contradicción aparente y
la única forma de salir de ella es abarcando un contexto más amplio para
ver el problema desde afuera, con un nuevo marco -más amplio que permita
incorporar antiguos elementos positivos a las nuevas organizaciones de
la relación. Por ejemplo, muchas veces una persona se muda para vivir
separada de su familia, pero vuelve a su hogar todos los domingos para
la cena familiar como de costumbre.
En definitiva, a pesar de lo
sugerente de las ideas de Efran y Clarfield, muchos construccionsitas
consideraría que ellas no hacen justicia al movimiento en gestación, y
con ello sólo queda algo patentemente claro: el movimiento posmodernista
ha incursionado ya en las esferas de las ciencias sociales y aplicadas
-como la psicoterapia- pero es todavía prematuro considerar que se
encuentre ya articulado como una postura totalmente coherente y clara.
Es tan cierta esta afirmación que Gergen, uno de los teóricos más
importantes del construccionismo social llama la atención a muchos de
los terapeutas que se autodenominan construccionistas. El último desafío
para la terapia no es tanto sustituir una narración impracticable por
otra útil, sino permitir a los clientes participar en el proceso
continuo de creación y transformación del significado, y una vez logrado
este objetivo tener cuidado para no quedarse, en lo que Gergen llama la
reconstrucción narrativa individual.
La terapia posmoderna debe ir más
allá de la reconstrucción narrativa individual, ya que la narración
alcanza su utilidad en el seno del intercambio social. Elemento clave
dentro del construccionismo, por lo tanto; las narraciones actúan para
crear, sostener, o modificar mundos de relación social. Resulta
insuficiente que cliente y terapeuta gestionen en una urna virtual de
cristal (contexto terapéutico) una nueva forma de autocomprensión que
parezca realista, estética e inspirada en el seno de la díada. No es la
danza del nuevo significado en el contexto terapéutico lo que esta en
juego, sino más bien si la nueva forma de significación es útil en el
ámbito social fuera de esos confines. Es decir, esa narración sólo es
eficaz en la medida que se traduzca en acciones nuevas para enfrentar
antiguas relaciones generando un cambio en el sistema y superando la
situación considerada antes como problema.
El discurso construccionista/posmoderno
es provocativo, nos llama a la reflexión sobre antiguas supuestas
verdades en el accionar de la psicoterapia y esto debe ser tenido en
cuenta por todos los que en verdad se preocupan por saber si su accionar
profesional es realmente eficaz o solamente responde a necesidades
puntuales y respuestas miopes, vestidas del ropaje del lenguaje
intrincado y objetivo que supuestamente la defienden de toda invalidez.
¿Tiene algún sentido la terapia?.
La terapia debe generar resultados, resultados reales en el accionar de
las personas y de los sistemas sociales a los cuales pertenecen, de lo
contrario no estamos mas que perpetuando los males de los cuales nos
quejamos todos los días. El discurso provocativo del construccionismo
social es importante tenerlo en cuenta, aun no sabemos si ganara la
batalla de los paradigmas, aun no sabemos que consecuencias trae para
nuestra cultura y para la ciencia, pero sin lugar a dudas, esta ahí y
vale la pena escuchar unas cuantas "verdades" que no queremos oír y
rascarnos la comezón que no queremos sentir. Tal vez todos en el fondo
nos ilusionamos con saber que la realidad no es tan real como lo
pensábamos..., pero por sobre todo el discurso de la terapia posmoderna
basado en la ética de la participación, favorece la creación de una
postura crítica que nos permita tomar conciencia de las relaciones de
poder que se ocultan dentro de los "supuestos de verdad" de todo
discurso social, incluso la terapia misma. Tal vez la paradójica frase
de Whitehead tenga mas de cierto que cualquier otra: "todas las
verdades son verdades a medias".
Referencias
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