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240109 -
Helena Combariza
- El vocablo
resiliencia tiene su origen en el idioma latín , en el término
resilio que significa volver atrás,
volver de un salto, resaltar, rebotar. El término fue adaptado a las
ciencias sociales
para caracterizar aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de
alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos (Rutter,
1993).
A continuación, se
exponen algunas de las definiciones que, desde este campo, han
desarrollado diversos autores
en torno a este concepto:
Þ Habilidad para
surgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida
significativa y productiva. (ICCB,1994)
Þ Historia de
adaptaciones exitosas en el individuo que se ha visto expuesto a factores
biológicos de riesgo o
eventos de vida estresantes; además, implica la expectativa de continuar con una baja
susceptibilidad a futuros estresores (Luthar y Zingler, 1991; Masten y Garmezy, 1985;
Werner y Smith, 1982 en Werner y Smith, 1992).
Þ Enfrentamiento
efectivo ante eventos y circunstancias de la vida severamente estresantes y acumulativos (Lösel,
Blieneser y Köferl en Brambing et al., 1989).
Þ Capacidad humana
universal para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas o incluso ser
transformado por ellas. La resiliencia es parte del proceso evolutivo y debe ser promovido
desde la niñez (Grotberg, 1995).
Þ La resiliencia
distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, esto
es, la capacidad de
proteger la propia integridad bajo presión; por otra parte, más allá de la resistencia, la
capacidad para construir un conductismo vital positivo pese a
circunstancias difíciles (Vanistendael,
1994). Según este autor, el concepto incluye además, la capacidad
de una persona o sistema social de enfrentar adecuadamente las dificultades, de
una forma socialmente aceptable.
Þ La resiliencia
se ha caracterizado como un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos que posibilitan
tener una vida sana, viviendo en un medio insano. Estos
procesos tendrían lugar a
través del tiempo, dando afortunadas combinaciones entre atributos del niño y su ambiente
familiar, social y cultural. De este modo, la resiliencia no puede ser pensada como un
atributo con que los niños nacen, ni que los niños adquieren durante su desarrollo,
sino que se trataría de un proceso interactivo (Rutter, 1992) entre éstos
y su medio.
Þ La resiliencia
habla de una combinación de factores que permiten a un niño, a un ser humano, afrontar y
superar los problemas y adversidades de la vida (Suárez, 1995).
Þ Concepto
genérico que se refiere a una amplia gama de factores de riesgo y los
resultados de competencia.
Puede ser producto de una conjunción entre los factores ambientales, como el
temperamento y un tipo de habilidad cognitiva que tienen los niños cuando son muy pequeños (Osborn,
1993).
Þ Milgran y Palti
(1993) definen a los niños resilientes como aquellos que se enfrentan bien [cope well] a
pesar de los estresores ambientales a los que se ven sometidos en los
años más
formativos de su vida
¿Qué es la resiliencia?
El término resiliencia se refiere originalmente en
ingeniería a la capacidad de un material para adquirir su forma inicial
después de someterse a una presión que lo deforme. Al hablar de
resiliencia humana se afirma que es la capacidad de un individuo o de un
sistema social de vivir bien y desarrollarse positivamente, a pesar de las
difíciles condiciones de vida y más aún, de salir fortalecidos y ser
transformados por ellas. Posiblemente la resiliencia en cuanto realidad
humana sea tan antigua como la propia humanidad, sin embargo el interés
científico en ella es mucho más reciente. Aparecen entonces dos elementos
básicos de la resiliencia: la resistencia frente a la destrucción o la
capacidad de proteger la propia integridad a pesar de la presión, dicho en
otras palabras la superación de las crisis, el
dolor, la muerte, la pobreza, como situaciones límites ante las cuales se
resiste el ser humano, como luchador innato y sobreviviente de la
esperanza; y el otro elemento lo constituye la capacidad de construir o
reconstruir su propia vida a pesar de las circunstancias difíciles. Es el
concepto oriental
de las crisis: como dificultad y como oportunidad. Las crisis son
conflictos de alta intensidad y por lo tanto con un alto poder de
transformar individuos y sociedades. "Solo una sociedad madura para los
conflictos, es una sociedad preparada para la paz", recuerda el maestro
Estanislao Zuleta.
Se puede afirmar que se tiene una crisis cuando lo que se vive puede, en
la conciencia de cada ser humano, exceder su capacidad de respuesta o de
recuperación, se pierde la esperanza y el sentido de lucha.
En la óptica de la resiliencia en cambio, los conflictos son la base del
desarrollo, cuando aparecen están anunciando crecimiento, transformación,
buenas noticias. Se trata entonces de un potencial humano activado que
logra muy buenos resultados a pesar de un alto riesgo, que mantiene
competencias
bajo la amenaza, que sigue creciendo en armonía, que es capaz de superar
el miedo, que tiene la fortaleza de convertir el trauma en una oportunidad
de crecimiento. Sin embargo las crisis, vistas como oportunidades de
crecimiento, implican el desarrollo y fortalecimiento de factores que
dinamicen y activen el potencial humano, de superar las dificultades y
salir fortalecidos de ellas.
Entre estos factores pueden destacarse: La capacidad de crear sentidos y
significaciones, o un profundo entendimiento, a pesar de las dificultades,
de que hay algo positivo en la vida que es capaz de dar coherencia y
orientación a la misma.
Víctor Frank, psicoanalista austriaco, quien sobrevivió en un campo de
concentración, fue capaz de llegar a la libertad, después de la guerra,
mediante la búsqueda de un sentido, lo que llamó posteriormente la
logoterapia. Jairo Aníbal Niño, con su voz de poeta aporta el sentido y la
significación a través de la palabra: "Los humanos han sabido cultivar el
bosque de las palabras; con ellas se hermanan, se comunican, se consuelan,
cantan y sueñan. A veces se les olvida que tienen ese milagro instalado en
la cabeza, en el corazón y la lengua; entonces creen que solo la violencia
resuelve sus contradicciones y conflictos. No se dan cuenta, entonces, que
la violencia es la más triste e inhumana ausencia de pensamiento"
La vincularidad. Son las redes de apoyo incondicional que un ser humano
requiere para sentirse parte del mundo, de la sociedad, del país, de la
familia. El vínculo según Jung es la misma unidad humana, lo individual es
una ilusión. Implica entonces intercomunicación afectiva que es la base de
todo crecimiento humano. Crear lazos, como lo afirma Antoine de Saint
Exupery en su libro El Principito es la base de la amistad y el amor, pero
también crear lazos es acompañar en el dolor, unirse en la angustia del
sin
sentido para dar esperanza.
Los seres humanos en circunstancias especialmente difíciles requieren una
mano amiga, un acompañante un "cómplice significativo" que les permita
crear lazos y vínculos consigo mismos, con los otros y con su entorno.
Todos estos enunciados son caminos de vincularidad que suscitan el
potencial humano de
la resiliencia.
El sentido del humor. Las personas que son capaces de reírse de sus males
llevan la mitad del camino recorrido. La base del sentido del humor es el
mismo sufrimiento. La gracia suele implicar el reconocimiento y la ternura
ante lo imperfecto, el fracaso, la capacidad de admiración ante lo
inesperado, y cuando la respuesta es una sonrisa, tal vez no acabe con el
sufrimiento, pero tampoco éste acabará con quien lo padece. Quien logra
reírse de sí mismo ganará en libertad interior y fuerza. Con el humor se
dinamiza el potencial humano en situaciones límites. Valoración de la
diferencia. La ternura que implica no solo el respeto sino el amor a la
diferencia, se convierte sin duda en un factor protector por excelencia de
la superación humana.
En la base se encuentra el crecimiento de la autoestima, en lo diverso que
tiene cada persona como tesoro escondido con el cual puede acrecentar su
esperanza y enriquecer su autoestima. Darle la oportunidad a cada ser
humano de descubrirse único e irrepetible en su diferencia, se convierte
en la
clave de la aceptación personal y social.
En el "Libro de los Abrazos" de Eduardo Galeano (URUGUAYO) hay una
descripción hermosa de la diferencia como generadora de luz y claridad:
"Cada persona brilla con luz propia entre los demás. No hay dos fuegos
iguales, Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos colores. Hay
gente de fuego sereno, que ni siquiera se entera del viento, y gente de
fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos bobos que no
alumbran ni queman: pero otros arden la vida con tantas ganas que no se
puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende"
El enfoque de resiliencia puede aportar significativamente al cultivo de
una esperanza realista, porque sin negar los problemas, centra la atención
en las fuerzas y potencial humano que se pueden capitalizar.
La esperanza real no es una vía de escape, sino que descubre un potencial
positivo real pero escondido a una mirada superficial y pesimista del
valor humano. Esto viene al caso de la persona, pero también de las
sociedades, de los países y en general del género humano.
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