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Biblioteca de salud
- Solum Dunas Burak (1)
Hoy estamos reunidos en esta sala personas de diversas
partes del mundo, que tenemos en común, además de nuestro interés en
mejorar las condiciones de vida y bienestar de niños, niñas y
adolescentes, un optimismo resiliente.
Estoy seguro que somos concientes que vivimos un momento
histórico en el mundo, en el cual, más allá de las guerras, de las
supercarreteras informáticas, de la realidad virtual, y de la
globalización, tenemos a nuestro lado, cada día, un mayor número de niños,
niñas y adolescentes que se gestan, nacen, viven y mueren en la pobreza,
el analfabetismo, el desempleo y la violencia; o sea, en condiciones de
adversidad psicosocial severa.
El concepto de resiliencia no es nuevo en la historia.
En la Biblia, Job, se sobrepone a la pérdida de todos sus bienes
materiales; la adolescente Ana Frank, logra continuar su desarrollo
adolescente aislada del mundo, durante la guerra nazi, hasta que la
asesinan.
Los pueblos en su sabiduría histórica lo han simbolizado
en ciertas frases como:
- Hacer de tripas corazón
- No hay mal que por bien no venga
- Sacar fuerzas de flaqueza
Y las diversas religiones apuestan a la resiliencia de
los creyentes cuando prometen que: de los pobres, será el reino de los
cielos.
En lengua anglosajona he podido encontrar una frase:
In every cloud there is a silver lining, que tiene el
mismo significado.
Diversos autores, durante la década de los 70 publican
observaciones señalando la variabilidad de respuestas (en su desarrollo
psicosocial) de niños y niñas expuestos a experiencias adversas de diversa
índole, tanto individuales, familiares o de su comunidad. Observan que un
cierto grupo de niños y adolescentes logran sobreponerse a esas
situaciones adversas, sin sufrir secuelas psicosociales graves y se
refieren a ellos como invulnerables.
A este fenómeno observado, Michael Rutter en 1978, lo
denomina resiliencia, (anglicismo por resilence o resiliency) cuyo
significado es: resistencia de los cuerpos a los choques: recuperar;
ajustar.
Este aporte de Rutter trae a la comunidad científica,
la esperanza de una prevención satisfactoria, o algo de esperanza
realista o promesa optimista, según escriben él mismo y otros autores.
Promesa, porque este fenómeno psicológico complejo que
existe latente, (¿ En todos los seres humanos?) puede ser estimulado y
lograr que los niños y jóvenes (y los adultos y las familias y las
comunidades: caso ejemplarízante: el pueblo judío), sobrevivan y se
sobrepongan (pasiva o activamente) al medio adverso.
El estímulo debe ser mantenido por cierto tiempo
(¿meses, años?) y la resiliencia medida ya que estamos frente a un proceso
psicológico que deben mantenerse por muchos años, sino toda la vida.
El esfuerzo (o inversión social) que debe realizarse es
grande (si lo aplicamos a la enorme población en condiciones de
adversidad) y los logros (en términos de impacto) no bien conocidos aún.
Desde el punto de vista moral y social quedan aún varias
preguntas:
1. ¿Será suficiente lograr que el niño/niña sobreviva
fortaleciendo su resistencia a la destrucción o será necesario conducirles
a crear la capacidad de construir una fuerza vital positiva pese a las
circunstancias difíciles?.
2. ¿cuál será nuestra posición ética si la resiliencia
conduce a una sobrevivencia por medios ilegales: por ejemplo robar o
vender drogas?. Los autores señalan que la supervivencia debe ser por
medios socialmente aceptables.
3. Desarrollar la resiliencia en el individuo no implica
necesariamente eliminar las condiciones adversas en la que la persona ha
vivido, vive y probablemente vivirá y se hace necesario crear ¨algunas¨
posibilidades de supervivencia socialmente aceptable. ¿ Estamos en
capacidad de hacerlo?
4. Desarrollar la resiliencia en el individuo no implica
necesariamente desarrollar todas sus potencialidades genéticas y
psicosociales.
De estas preguntas derivan las consideraciones sobre
desarrollo humano y social.
Entendemos como desarrollo humano, la capacidad de expresar las
potencialidades genéticas, biológicas y sociales que el ser humano posee,
(afectividad, inteligencia, creatividad, etc.), apoyado en condiciones
favorables desde punto de vista biológico, educativo, cultural, económico
y social.
La expresión de este potencial humano ha generado los
bienes físicos, culturales, intelectuales, tecnológicos, etc. que por
acúmulo sucesivo a lo largo de la historia de la humanidad, han producido
nuestras culturas.
Nuestro conocimiento del ser humano, nos muestra que no
hemos logrado, que ni siquiera una mínima parte de ese potencial se haya
podido desarrollar y expresar, a lo largo de la historia, incluyendo
nuestro presente.
¿No será éste un momento para replantear la necesidad de
evitar (o por menos reducir en forma muy importante) esta tremenda pérdida
de creatividad humana tanto de aquellos que viven, crecen y se desarrollan
en circunstancias adversas, como aquellos que viven, crecen y se
desarrollan en condiciones menos adversas?
¿No será éste el momento de replantear nuevas utopías
que significan una política social que brinde educación, empleo, salud y
bienestar para todos?
Una política social que conlleva grandes inversiones,
que reduzca y elimine los tugurios, que brinde una atención primaria de
calidad para la infancia y adolescencia desde la concepción, que
incremente el nivel educativo y la calidad de la educación, que genere
empleos adecuadamente renumerados, que permitan desarrollar y expresar
nuestra amplia capacidad creadora, etc.
Desarrollar la resiliencia (2) en un paliativo para algunos
de nuestros niños y niñas adolescentes ante la carencia de una política
social más justa. El enfoque de resiliencia podría llevar a centrar focos
específicos de esta política social pero nunca podrá sustituirla como
señala Stefan Vanistendael, en un documento publicado por la Oficina
Internacional Católica de la InfanciaEn la misma comenta para nosotros los interesados en la infancia y
adolescencia; el enfoque de resiliencia nos ayuda a distanciarnos:
a)del desánimo, en cuanto realismo sin esperanza
b)del cinismo, incapaz de ver el rostro positivo de la realidad.
c)de ilusiones poco realistas.
Obviamente, no concuerdo con estas últimas aseveraciones
desde mi punto de vista ético y social, porque implica aceptar que las
deprivaciones y grandes adversidades son normales en la vida humana y
que no podemos y debemos eliminarlas o reducirlas ostensiblemente.
Hace unos meses, un colega, me refería que ante la
incapacidad social de reducir la pobreza y la deprivación social y sus
efectos adversos en las sociedades desarrolladas, invertir en resiliencia
es más barato y seguramente se logrará a mediano plazo una reducción de
algunos de los efectos adversos delincuencia, prostitución, violencia,
drogadicción, pero queda la gran deuda pendiente: el desarrollo humano y
la justicia social.
En suma: la pregunta sería ¿ desarrollo humano y social
o enfoque de resiliencia?
Mi respuesta es: busquemos y trabajemos por el
desarrollo humano de nuestra infancia y juventud. Demos mayor educación,
mejores servicios de salud, más y mejores empleos, más paz social y más
afecto. Además fortalezcamos la resiliencia en los vulnerables.
Si no prevenimos la vulnerabilidad, el número de niños y
adolescentes en riesgo y dañados seguirá aumentando, y nuestro esfuerzo
será siquiera suficiente para poder intentar su recuperación individual y
social.
Y si no logramos recuperarlos ¿quedaremos a la espera de
otra esperanza más realista para actuar?
Muchas gracias
1. Consultor en Salud de la Mujer, Infancia y Adolescencia de la
Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud en
Costa Rica. Trabajo presentado en el Foro Mundial FIBI Hotel Fiesta –
Puntarenas, Costa Rica, 27 al 29 de setiembre de 1995.
2. Cómo crecer superando los percances. Resiliencia capitalizar las
fuerzas del individuo. Bice. Ginebra, Suiza, 1995
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