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Motivación en la actividad física y deportiva
Enrique Cantón Chirivella
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Emoción: Breve reseña del papel de la cognición y el estado afectivo - Teorías psicológicas de la motivación - Marco conceptual e investigación de la motivación humana
Fuente REME
INTRODUCCIÓN

    El ámbito de los procesos psicológicos de motivación y emoción en la actividad física y el deporte, sigue siendo en la actualidad uno de los campos de interés más relevante y con un mayor volumen de trabajos publicados, tanto de carácter científico como aplicado. La importancia de estos aspectos psicológicos desde los mismos inicios de la psicología del deporte (Cantón, 1990, Cruz y Cantón, 1992), está íntimamente vinculada con algunas de las características propias de este campo de aplicación: se trata de actividades básicamente voluntarias, que requieren intensidades de esfuerzo progresivo y constante, y con un componente de resultados fácilmente visibles (en competición con otros, con uno mismo, o con un objetivo). Asimismo, la creciente profesionalización de la práctica de la actividad físico-deportiva ha convertido en objeto de interés creciente el desarrollo de estrategias motivacionales que faciliten la intervención, tanto si se trata de aumentar la adherencia a los diferentes programas deportivos, como si se pretenden una óptima preparación psicológica destinada a alcanzar máximos niveles de rendimiento en el deporte competitivo. Para el éxito profesional se requiere, por tanto, la comprensión profunda de los factores motivacionales que la afectan, así como de los procedimientos de intervención, para crear un clima adecuado que mejore la efectividad de los deportistas y equipos, e igualmente conocer los procesos emocionales para poder incidir en su manejo y propiciar el autocontrol.

    En cuanto a las distintas facetas de la actividad deportiva, el mayor volumen de investigación se ha centrado en el deporte competitivo y de alto rendimiento, individual y por equipos, así como en el deporte infantil y juvenil. De manera progresiva, se ha extendido a los agentes psicosociales que intervienen en el contexto deportivo, las diferencias sexuales y transculturales y a la actividad física, tanto recreativa como terapéutica. Asimismo, se vienen desarrollando trabajos centrados cada vez más en la práctica física y deportiva como vía de inserción y ajuste social, y sus aplicaciones a la salud y el bienestar (Cantón, Sánchez-Gombau y Mayor, 1995; Cantón y Sánchez-Gombau, 1999; Sánchez-Gombau y Cantón, 1999).

ASPECTOS CONCEPTUALES

    El desarrollo conceptual en este campo ha transcurrido paralelo al cambio de orientación respecto al objeto de estudio, desde un interés centrado inicialmente en el deportista y su motivación, hacia un planteamiento ecológicamente válido, centrado en la actividad que el sujeto desarrolla, ampliándose por lo tanto el número de elementos a tener en cuenta en su estudio y aplicación (público, entrenadores, compañeros de equipo y contrarios, árbitros, normativa, instalaciones, etc.).

    Ha permanecido constante el interés por el estudio de los motivos que inducen a las personas a iniciarse en la práctica físico-deportiva, a finalizarla, o a cambiar de actividad. Pese a que en ocasiones se ha producido una cierta confusión entre éstos y los propios procesos motivacionales (Cantón, 1999), se han podido establecer algunas conclusiones de alcance, sobretodo para orientar las intervenciones preventivas o paliativas enfocadas a la mejora de la motivación. Aunque las investigaciones utilizan variadas metodologías o sistemas de clasificación y recogida de información de grupos muy diferentes (por ejemplo, aficionados a un deporte por motivos recreativos y deportistas de élite), de su conjunto cabe extraer algunas conclusiones generales (Bakker, Whiting y van der Brug, 1993):

1. En la base de una práctica deportiva determinada puede haber muy diferentes motivos, si bien existen motivos relativamente específicos de alguna actividad, por ejemplo, el placer intrínseco de nadar.

2. La diversión y el placer aparecen como dos de los más importantes motivos. El motivo de afiliación y el deseo de logro y de excelencia aparecen también en muchas investigaciones. Los motivos de salud y la necesidad de compensar las cargas del estudio y el trabajo juegan asimismo un cierto papel.

3. La participación en el deporte parece tener un destacado valor intrínseco.

4. Además de los motivos específicos, los restantes son atribuibles en parte a la necesidad básica de demostrar competencia.

5. Las diferencias entre los deportistas y los no-deportistas en cuanto a los motivos para participar en el deporte parecen ser pequeñas, aunque el motivo de logro destaca en los primeros.

6. A menudo intervienen también motivos antagónicos de cuya relación va a depender la fuerza de la motivación en un momento determinado.

    En conjunto, en los trabajos publicados encontramos cierta tendencia a la integración de perspectivas teóricas y metodológicas y una propensión, igualmente clara, a analizar estos procesos en su interrelación con los restantes procesos psicológicos básicos y particularmente los de naturaleza cognitiva (Mayor y Cantón, 1995b). Por otra parte, la consideración interaccionista, global y multifacética del comportamiento humano, ha llevado a proponer a la acción como unidad de análisis y a la actividad como objeto de estudio de la psicología frente a cualquier reduccionismo conductual o fisiológico (Garrido, 1996). En un plano formal, hay que añadir el recurso a modelos explicativos enfocados como "programas de investigación" (Lakatos), que evitan la rigidez introducida por los modelos explicativos basados en la idea de la supervivencia del paradigma más fuerte y la desaparición de los restantes, y que suponen la convivencia durante tiempo entre distintos marcos teóricos. Por contra, parece posible establecer relaciones entre las distintas aportaciones conceptuales de manera complementaria e incluso integrables en un marco teórico explicativo común (Cantón, 1999).

    Como ocurre en otras parcelas de la psicología, las orientaciones cognitivas sobresalen entre la diversidad de enfoques teóricos, hasta tal punto que es frecuente hablar de los procesos "cognitivo-motivacionales y afectivos" que intervienen en la conducta. Así pues, el cambio fundamental puede concretarse en la progresiva sustitución de los enfoques mecanicistas, que habían reducido el sujeto psicológico a mero receptor de la estimulación y respondiente ante la misma, por las distintas teorías cognitivas, las cuales suponen un sujeto activo cuya acción se inicia obedeciendo, primordialmente, a la interpretación subjetiva del contexto de logro.

    Las numerosas líneas teóricas desarrolladas en el ámbito de la actividad física y el deporte, se concretan en una serie de teorías y modelos, habitualmente provenientes de otras áreas de aplicación, que pueden establecerse en las siguientes:

1. Teorías de la necesidad de logro (Atkinson, 1974; McClelland, 1961).

2. Teorías de la ansiedad de prueba (Mandler y Sarason, 1952).

3. Teorías de la expectativa de reforzamiento (Crandall, 1963).

4. Teorías de la atribución (Weiner, 1986).

5. Teorías de la auto-eficacia (Bandura, 1977).

6. Teorías de la competencia percibida (Harter, 1981).

7. Teorías de orientación de meta de logro (Duda, 1993).

8. Teorías de motivación intrínseca (Deci y Ryan, 1985)

9. Teorías de planificación de objetivos (Locke y Latham, 1990)

    De todas ellas, por su relevancia teórica y volumen de investigación generado, podemos destacar las orientaciones derivadas de la motivación de logro y las centradas en la relación entre el arousal, la ansiedad y la ejecución. Asimismo, en estos últimos años han ido cobrando importancia los trabajos que parten de las perspectivas de meta como eje explicativo, integrando contenidos derivados de las teorías de la autoeficacia, las expectativas, las orientaciones de meta y la perspectiva de logro (Martín-Albo, 1999).

    Son muchas las conclusiones que se van generando a partir de las diversas investigaciones sobre los componentes motivacionales y emocionales en el deporte, algunas de ellas con gran cantidad de evidencia empírica acumulada. A modo de ejemplos podríamos mencionar la afirmación de que los deportistas con niveles de motivación de logro elevados prefieren situaciones de riesgo de dificultad moderada, mientras que los que presentan un bajo nivel tienden a elegir tareas muy fáciles o muy difíciles (Mayor y Cantón, 1995a); que la tendencia a evitar el fracaso guarda relación con la ansiedad de los sujetos y a eludir situaciones de evaluación como las competiciones deportivas; que las recompensas extrínsecas pueden afectar a la motivación intrínseca de dos formas: disminuyéndola cuando los deportistas perciben un cambio en el locus de control de interno a externo, o incrementándola cuando proporciona información que permite aumentar el sentimiento de competencia; que la experiencia de situaciones anteriores afecta significativamente a las atribuciones causales de los éxitos y fracasos, de tal forma que si los resultados son consistentes con la experiencia pasada, las atribuciones tienden a ser estables, lo cual puede abocar a los sujetos a una situación de indefensión cuando las experiencias de fracaso se repiten, o bien que las atribuciones de los ganadores suelen ser más internas, estables y controlables que las de los perdedores; y un largo etcétera.

    El análisis de las principales orientaciones teóricas permite comprobar que en la psicología de la actividad física y el deporte prevalece, asimismo, un enfoque interactivo de la motivación y emoción. En este sentido, Weinberg y Gould (1995) establecen una serie de implicaciones: 1º Tanto las situaciones como los rasgos de personalidad son factores que motivan a las personas. 2º Las personas tienen múltiples motivos para implicarse en una actividad física o deportiva; estos motivos a veces se complementan y otras pueden entrar en conflicto. 3º Para aumentar la motivación ha de cambiarse el entorno de modo que se ajuste a las necesidades de los participantes. 4º Los líderes influencian la motivación, tanto por vías directas como indirectas. 5º Las técnicas de modificación de conducta son útiles para cambiar los motivos no deseados y fortalecer los positivos.

    Otro aspecto que ocupa una gran cantidad de esfuerzo investigador y que forma parte habitual de cualquier programa de intervención profesional en el deporte, son las formulaciones que desde frentes diversos han replanteado los conceptos tradicionales acerca de la activación y su relación con variables de distinto tipo, incluyendo la calidad del rendimiento deportivo. En este sentido, se ha investigado profusamente sobre el nivel motivacional óptimo, situado en torno a si más allá del mismo se produce un deterioro en la ejecución o si, por el contrario, un incremento motivacional produce aumentos crecientes en la ejecución. Como consecuencias de los trabjos realizados, se han producido sugerentes variaciones de la teoría de la U-Invertida y formulado algunas hipótesis nuevas: las Zonas de Funcionamiento Óptimo (Hanin, 1986), la teoría del Fenómeno de la Catástrofe (Hardy, 1990) y la teoría de la Inversión o Reversal Theory (Apter, 1982; Kerr, 1993).

    En relación con los procesos emocionales, se han desarrollados trabajos centrados en aspectos muy concretos de los mismos, habitualmente empleando micromodelos y sin abordar de manera conjunta todos los factores implicados. Entre los tópicos más estudiados encontramos los relacionados con el estado emocional perturbador del rendimiento deportivo más ampliamente reconocido, el de ansiedad, y los procesos de estrés relacionados, así como las aportaciones dirigidas a determinar los perfiles emocionales adecuados para un buen rendimiento deportivo, mediante la aplicación del cuestionario de estados de ánimo –P.O.M.S.- (McNair, Lorr y Droppleman, 1971). Asimismo, por ciertas características que comporta la actividad físico-deportiva, como la exigencia de un elevado esfuerzo o la búsqueda de un resultado en competición con otros, ésta es un marco idóneo para la expresión de los componentes clásicos de las emociones: las vivencias emocionales (alegría, miedo, ira,...), el comportamiento emocional (agresión, abrazo a un compañero, simulación de una lesión,...) y las modificaciones fisiológicas (ritmo cardíaco, tensión muscular, actividad psicogalvánica de la piel,...). Por ello, en los últimos años, la investigación ha tenido como objetivo principal profundizar en temas como (Mayor y Cantón, 1995b): (a) los sentimientos desplegados con mayor frecuencia en el ámbito deportivo: el miedo al éxito y al fracaso, a lesionarse, al dolor y al ridículo social, entre otros procesos emocionales que como el orgullo, la tristeza o la alegría que influyen también, a veces decisivamente, en la motivación individual; (b) la agresividad en el deporte, que ofrece un marco natural de estudio accesible a la observación, sin demasiadas dificultades ni condicionamientos éticos; (c) el papel de las principales dimensiones emocionales (intensidad, tensión ante la incertidumbre de los resultados, el tono placentero o desagradable, o la complejidad situacional) y sus efectos sobre la acción y las vivencias en la práctica deportiva; y (d) los motivos que llevan a participar en deportes de riesgo (escalada, submarinismo, parapente, etc.), relacionado con la búsqueda de sensaciones y la experimentación de determinadas emociones, sin olvidar otros factores como la anticipación cognitiva o la flexibilización de la atención, la demostración de competencia, y el experimentar sentimientos de auto-confianza, o de control ante las reacciones de estrés.

RETOS Y PERSPECTIVAS FUTURAS

    Identificar la motivación con las causas totales de la conducta es un error común y muy perjudicial a la hora de estudiar la conducta motivada en el deporte. A pesar de que las variables motivacionales son clave en ésta área, tanto para el aprendizaje y formación como para el desempeño, es necesario admitir que los factores motivacionales no son los únicos que afectan la conducta y que no todas las variables motivacionales son igualmente fáciles de modificar.

    La vaguedad habitual de las definiciones de motivación al uso, hace que el término se aplique con significados distintos y contradictorios, lo que dificulta la fluida comunicación entre los psicólogos y entrenadores y los deportistas y la correcta interpretación de sus instrucciones; tampoco facilita la comprensión por unos y otros de cómo se interrelacionan las diversas estrategias y técnicas de motivación individual.

    Por otra parte, también en esta área de aplicación de la psicología, aparecen la habituales confusiones en cuanto a considerar la motivación como una característica interna de personalidad o como un factor o variable externa, de forma excluyente. Considerar que la conducta motivada del deportista es una función primaria de sus características internas, lleva a ignorar en la práctica, o no valorar suficientemente, la influencia a veces decisiva que ejercen los factores situacionales sobre la motivación. Paralelamente, tampoco resulta adecuado estimar la incidencia de los factores ambientales sin considerar las características motivacionales individuales de los deportistas, cuando por ejemplo éstos mantienen un nivel elevado de motivación a pesar de alguna circunstancia especialmente adversa del entorno. Por eso, parece adecuado considerar la motivación resultante, como el producto de la interacción de factores internos (personales) y externos (situacionales).

    Otro reto por dilucidar parte de la insuficiente o nula diferenciación entre factores desencadenantes y consecuentes de la conducta motivada, lo que ha llevado en ocasiones a los profesionales a buscar la activación de los jugadores identificándola sin más con la motivación para mejorar la ejecución, como si fueran un mismo constructo, tratando de elicitar reiteradamente la "voluntad" del deportista. O bien juzgar la motivación de los deportistas como un rasgo ya dado, interno y estable, de su personalidad, lo que probablemente condicionará la propia motivación y el esfuerzo de modificación por parte de los técnicos y entrenadores.

    Otro elemento al que es necesario atender, dado que también contribuye a crear cierta confusión, es el uso generalizado en este ámbito científico de expresiones coloquiales como "no está motivado", "ha perdido la motivación", "carece de motivación", etc., como si se tratara de una entidad corpórea localizable (habitualmente en el "interior" de la persona) y que puede perderse. En realidad, se puede entender que estas expresiones describen comportamientos que cambian, en un sentido u otro, con modificaciones motivacionales (Cantón, 1999).

    En el plano empírico también podemos encontrar problemas por resolver de tipo metodológico, consecuencia -entre otras cosas- de la variedad en objetivos de investigación y niveles de análisis, así como a el habitual acotamiento del campo de trabajo, que si bien resulta útil para llevarlo a la practica, no debe hacernos olvidar la necesidad de encajarlo en marco comprensivo global común.

    Asimismo, puede ser un error importante el uso indiscriminado de la "ejecución" como medida dependiente. Como señala Roberts (1992), en ciertos contextos de logro puede ser apropiada, pero en la actividad física y el deporte la validez de la ejecución debe cuestionarse, puesto que al considerarla como medida dependiente, inferimos que los cambios en logro son el resultado del flujo o reflujo motivacional; lo que aun pudiendo ser cierto, tenemos que tener en cuenta como la ejecución se encuentra afectada por un conjunto de otros constructos, que también pueden fluir o refluir al mismo tiempo. Así pues, no podemos suponer que todos los casos de mejora de la ejecución sean resultado de cambios en la motivación.

    Otro factor que ha conducido en este campo a cierta confusión es la tendencia a asociar mejoras en el desempeño (ejecución o rendimiento) con la mejora motivacional, sin caer en la cuenta de que el éxito es subjetivo y que otras variables, además de la consecución, afectan a la percepción de éxito. En la misma dirección, se hace necesario establecer en términos más precisos la relación que guardan entre sí las distintas variables, como por ejemplo entre la auto-eficacia y otras variables socio-cognitivas tales como las atribuciones causales.

    Hay pues, diferentes retos y problemas por resolver, tanto desde una perspectiva investigadora como estrictamente profesional. En el plano conceptual, los modelos humanista y psicoanalítico, con poca implantación y circunscrita básicamente a los momentos iniciales de la disciplina, dejan paso al predominio de modelos de interacción de orientación cognitiva, que paulatinamente incorporan factores observables del entorno en su marco explicativo .

    Respecto a los procesos emocionales, el interés ha sido mayor al abordar su relación con comportamientos no deseables, como el abandono de la práctica o el deterioro del rendimiento competitivo, destacando como se ha dicho, emociones como ansiedad o los distintos tipos de miedos. En un sentido favorecedor se han estudiado variables emocionales como el disfrute o la diversión, especialmente en los niños y jóvenes; la búsqueda de sensaciones, con deportes de riesgo; y la experiencia de "flujo" que comporta sensaciones de control, relajación, bienestar, asociadas con especiales niveles de calidad en la ejecución (Csikszentmihalyi, 1992).

    Por último, en el estudio del arousal, como fenómeno multidimensional que incluye tanto la activación fisiológica como su interpretación subjetiva, se han ampliando las variables a considerar, tanto cognitivas como las vivencias subjetivas.

    Podemos concluir este somero análisis, planteando la necesidad de una convergencia conceptual, partiendo de un interconductual, que contemple el análisis conjunto de las interacciones presentes en las situaciones deportivas, y que permitan desarrollar un lenguaje común que facilite la comunicación entre investigadores y la integración, o al menos la puesta en relación, de los distintos constructos motivacionales y emocionales, para así no sólo ampliar nuestro conocimiento sino también poder orientar la práctica profesional de manera más consciente y eficaz.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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