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| Wilhelm Reich Vida y Obra | La familia autoritaria como aparato de educación |
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RESUMEN La clínica reichiana estuvo marcada desde sus inicios por una práctica responsable hacia la naturaleza y por un discurso comprometido con la sociedad. W. Reich desarrolló en su intensa vida una fuerte línea de investigación centrada en el amor. Más que un sistema prescriptivo, normativo o meramente ideológico, nos dejó una ciencia (de los cuerpos, de las emociones, de los afectos) que se sostiene en una ética libertaria. A continuación desarrollaré, algunos de los principios éticos que pueden orientar la clínica y la pedagogía reichiana y neo-reichiana en la actualidad, apoyándome en los aportes de autores contemporáneos como A. Lowen, D. Boadella, F. Guattari, M. Foucault, G. Deleuze, X. Serrano, y además en la producción reichiana de colegas latinoamericanos. Los primeros tópicos (ética y deseo, ética del encuentro, ética de lo cotidiano, ética del sentir) apuntan a fortalecer la epistemología reichiana, apoyándome en los aportes libertarios del esquizoanálisis y de las corrientes grupalistas e institucionalistas. En segundo lugar desarrollaré una línea ética en la psicoterapia corporal, que apunte a permitir pensar las dimensiones de la formación, la coordinación, el trabajo con grupos y la propia práctica clínica reichiana y neo-reichiana. INTRODUCCIÓN
Al descubrir W. Reich en 1927, la naturaleza bio-eléctrica de la sexualidad y de la angustia como direcciones opuestas de la excitación en el organismo biológico (expansión placentera y contracción angustiosa), se produce un nuevo cisma en el psicoanálisis. La fórmula del orgasmo, que dirigía la investigación económico-sexual de W. Reich (tensión-carga-descarga-relajación), demostraba ser la fórmula del funcionamiento vital en general. El psicoanálisis freudiano había dejado de lado la formulación original de que la neurosis resultaba del conflicto entre instinto y mundo exterior (libido-miedo al castigo) y sostenía que resultaba del conflicto entre instinto y necesidad de castigo (libido-deseo de castigo). Este concepto se basaba en la hipótesis de la antítesis entre Eros e instinto de muerte, haciendo pasar a un segundo plano la significación de la represión social. De ahí en más, para el psicoanálisis, existiría una voluntad biológica de autodestrucción. Se dejaba de lado entonces la crítica del orden social, en función de una compulsión biológica del hombre a repetir situaciones de displacer. En términos freudianos, la represión sexual sería luego inevitable y necesaria, para la construcción de cultura ("El malestar de la cultura"). W. Reich, por el contrario, llegaba a la conclusión de la relación existente entre represión sexual, propiedad privada y autoritarismo, a partir de sus estudios de la familia patriarcal, planteando al poder y al placer como dos valores opuestos donde el primero excluye al segundo ("Psicología de masas del fascismo"). Muchas de las ideas desarrolladas por W. Reich en su intensa vida profesional tienen una vigencia no sólo clínica, sino también social y política. Entre ellas, clínicamente, la de trabajar profesionalmente por la auto-regulación de los cuerpos. Este concepto se aplica a todas las dimensiones de la vida, ya que el ser humano tiene la capacidad autónoma para realizar equilibrios dinámicos y flexibles en sus modos de existencia: en el trabajo, en el amor, en sus relaciones con la comunidad, en su propio organismo. Políticamente, la de seguir trabajando por la construcción de una democracia real, directa, que Reich definió como la democracia del trabajo y que implica la responsabilidad real de cada persona por su propia existencia y función social.
"Si el amor, el trabajo y el conocimiento son las fuentes
de nuestra vida, también deberían gobernarla" (W. Reich)
En la actualidad las relaciones de disciplinamiento-represión del poder se sustituyeron en los cuerpos por relaciones de control-estimulación. Igualmente no ocurrió la liberación de la sexualidad esperada por Reich en la primera mitad del siglo. La "verdad" no nos hizo libres y nuestro erotismo sufre de una planificación industrial y medicalizada. El capitalismo mundial integrado y globalizado ha demostrado ser capaz de explotar cualquier nueva libertad recién obtenida. A través de las lógicas del mercado se ha logrado capturar y manipular las nuevas libertades en un nuevo registro de la producción deseante, convirtiendo su satisfacción en una empresa comercial rentable. Es interesante la hipótesis de Michel Foucault en relación a este tema: ¿cómo es posible que culturas como la India hayan producido un arte, una "ars erótica" y que nosotros, los hijos de la cultura científica, en vez de hacer de la sexualidad un arte hemos hecho una psicopatología? Tenemos una psicopatología sexual donde otras culturas tienen un arte. En el "arte erótico" se medicalizan medios para intensificar placeres. En la "ciencia sexual" se medicaliza la sexualidad en sí misma, constituyéndose así intermediarios y dispositivos de salud e higiene sobre el cuerpo. Quizás alguna vez, las telenovelas quedarán en la historia como el ejemplo monstruoso de la ruina sexual de una cultura. El kama-sutra por un lado y "Nano" y "María de nadie" por el otro. La clínica de hoy nos plantea nuevas interrogantes y nuevos desafíos: ya no nos confrontamos en el consultorio sólo con los pacientes acorazados que W. Reich estudió a principios del siglo. En la actualidad son comunes los déficits en el acorazamiento y la imposibilidad de ciertos pacientes en generar mínimos y necesarios mecanismos de control, a la par del surgimiento de nuevas defensas narcisísticas y de nuevas depresiones. Creo que estos cambios hacen necesario replantearse el tema de la corporalidad desde nuevos soportes éticos, para fortalecer la teoría y la práctica bioenergética: ¿Cómo pensar la inserción en los procesos psicoterapéuticos de los cuerpos actuales (con síndrome de pánico, con trastornos en los sistemas inmunológicos, con síndromes de disestrés y fatiga crónica, con trastornos en los ritmos internos básicos -en la alimentación, en el descanso, en la sexualidad-, que dan cuenta de nuevas producciones de sentido y de nuevos regímenes de afección entre los cuerpos y en los procesos de subjetivación? ¿Cómo pensar y ayudar a ese cuerpo asolado, emergente de las nuevas producciones sociales? ¿Cómo trabajar terapéuticamente para que los cuerpos puedan liberarse de las representaciones y los diagramas instituidos del cuerpo social?
ÉTICA Y DESEO
Sobre estos puntos los terapeutas reichianos y neo-rechianos tenemos mucho para aportar. Ya desde los años 20 W. Reich desarrolló una fuerte lucha conceptual con los psicoanalistas de la época, a partir de la cual generó nuevas conceptualizaciones sobre el deseo, el placer y la represión, que derivaron en una ética libertaria y en una clínica social, sostenida a partir de los procesos vitales de pulsación. Mientras que para S. Freud la represión era moral y, en consecuencia necesaria culturalmente, Wilhelm Reich la combatía y trataba de eliminarla por medio del tratamiento terapéutico. Para W. Reich la represión bloqueaba inútilmente un fenómeno de crecimiento biológico del organismo, que pulsa permanentemente entre la expansión y la contracción. Este impulso de vida vinculado a la capacidad de expansión y de placer está deteriorado, mutilado, alterado y cercenado en la propia dinámica de las relaciones y producciones sociales. Desde esta perspectiva reichiana existe, por un lado, un cuerpo social natural fundado por el deseo, y por otro lado, el carácter social fundado en la represión (el cuerpo patológico). La clínica reichiana se sostiene entonces en una concepción ética, en donde el deseo y el placer tendrán una función biológica positiva, hacia los que tenderá el organismo en forma natural y espontánea. Sólo cuando esa corriente es perturbada, capturada o restringida, su flujo derivará en deseos o síntomas patológicos. La experiencia de placer es, por lo tanto, una experiencia de contacto e intercambio que pone en relación la energía del organismo con la del entorno humano y no humano. Es una experiencia unificadora que integra energías encerradas en diferentes partes del cuerpo en una totalidad, y pone a su vez al organismo en contacto consigo mismo. Por eso es importante visualizar la relación inmanente entre creatividad y placer. Sin placer no puede haber creatividad y sin una actitud creativa hacia la vida no habrá placer. En este agenciamiento entre creatividad y placer, la sexualidad, el trabajo y la cultura no se oponen, sino que forman parte de un mismo proceso deseante de expansión energética y de intercambio con el mundo. Para llegar a esta idea funcional es necesario superar el dualismo existente entre el "adentro psíquico" y el "afuera social", a través de la inmanencia entre la producción social y la producción deseante. Al estudiar las condiciones de producción de subjetividad de su época, W. Reich no llegó a dar una respuesta suficiente al problema de la relación entre el deseo y el campo social. Los procesos de subjetivación de su época estuvieron marcados por la escalada del fascismo en Europa y sus efectos: el hecho de que los hombres soportaran la explotación, la servidumbre y la humillación, hasta el punto de quererla no sólo para los demás, sino también desearla para sí mismos. Para G. Deleuze y F. Guattari a W. Reich le faltaba la categoría de producción deseante, al establecer un dualismo entre la producción social racional y el deseo irracional. Es decir, que si bien W. Reich fue el primer terapeuta que indicó con claridad que la represión "intrapsíquica" dependía de una represión "general", para generar sujetos dóciles y asegurar así la reproducción de las formaciones sociales, no llegó a determinar "la inserción del deseo en la misma infraestructura económica, la inserción de las pulsiones en la producción social", agregando estos autores que: "el deseo produce lo real, o la producción deseante no es más que la producción social. No es cuestión de reservar al deseo una forma de existencia particular, una realidad mental o psíquica que se opondría a la realidad material de la producción social" . Para G. Deleuze y para F. Guattari el deseo es el máximo creador social. Desde el deseo, y a partir de la capacidad de expansión y de pulsación rítmica de nuestros cuerpos (energéticos, vibratorios, sociales, etc.) existe la posibilidad de desplegar las corrientes vitales más creativas y placenteras a partir de procesos de conexión intensivos. Esta concepción de deseo contiene una definición abierta de lo corporal más allá del cuerpo producido/consumidor del capitalismo: atribuído y diagramado para el desarrollo en un espacio social productivo, industrializado, medicalizado y consumista. Implica, antropológicamente, la posibilidad de pensar los cuerpos como órganos no individuados, atravesados por los flujos sociales, las vibraciones rítmicas y las resonancias bioenergéticas, que pertenecen al conjunto de los agenciamientos colectivos. Y expresa, políticamente, la posibilidad de desterritorialización del deseo de los modos de inserción en la subjetividad dominante. En realidad el deseo nunca sale de los caminos de la vida. En este punto los psicólogos que seguimos una línea de investigación y de intervención reichiana, tenemos una fuerte discrepancia con los psicoanalistas y su concepción de pulsión de muerte como instinto natural. Sólo cuando es adulterado, desviado y reprimido, el deseo y la pulsación cumplen con los rituales y los caminos de la muerte: el congelamiento, la burocratización, el acorazamiento. Libre es capaz de crear todas las organizaciones posibles de máquinas deseantes y de agenciamientos rizomáticos, es decir subjetivaciones que carecen de un núcleo que las centralice y un límite que las rodee: procesos de singularización sostenidos por una apertura del cuerpo al campo de las sensaciones, de las vibraciones y de los flujos vitales. Esta concepción deseante de la ética implica pensar la estructura del cuerpo biológico-psicológico descripta por W. Reich (la coraza somática, la coraza caracterial) desde un abordaje corporal de las intensidades (el cuerpo de intensidades) permitiendo desplegar una nueva coexistencia analítica: entre la dimensión de las afecciones, los pensamientos y las sensaciones, y la dimensión político-social
ÉTICA DE LO COTIDIANO
Las relaciones humanas afectivo-sexuales no se constituyen sin ética. Y tal como lo plantea la terapeuta reichiana (carioca) Frinea Brandao en su trabajo sobre "Ética y Terapia Reichiana", si la ética no es introyectada como un hábito, su brillo es falso y la promesa que conlleva es la de los dictadores. La ética de lo cotidiano exige una articulación micropolítica para la reapropiación de lo cotidiano en procesos de singularización y de subjetividad, que precisan reafirmarse solidariamente en cuatro niveles: el infrapersonal, el modo en que se viven las relaciones sociales, la presencia de las relaciones de fuerza políticas y la reinvención creativa con el medio ambiente. Esta concepción implica la necesidad de unir la lucha con el placer. El universo, nuestro ecosistema en particular, está formado por una gran lucha, presente en toda la naturaleza. Lo que nos diferencia de los animales es nuestra capacidad de escoger, de tomar opciones creativas en nuestra cotidianeidad. Esa lucha cotidiana implica una transformación en la percepción, una apertura de la conciencia hacia el pensamiento funcional. Como psicólogos clínicos elegimos luchar del lado pulsante de la vida para ayudar a las personas a encontrar su camino, para salir del sin sentido de las pequeñas muertes: las vidas sin placer que se transforman en una lucha por sobrevivir. Por lo cual ayudamos a nuestros pacientes a tomar conciencia de la realidad (mecanicista, unicista), asumiendo un compromiso conjunto para cambiarla. La didacta (gaúcha) Dra. Reolina Cardoso reafirma esta línea de investigación reichiana tomando partido por una práctica dinámica e integrativa en la dimensión clínica: ¿no ha llegado la hora de devenir más activas(os) y menos interpretativas(os)? Tal como lo plantea el orgonomista Xavier Serrano, esta tarea implica dos momentos importantes, en primer lugar: "la elaboración y el establecimiento de las formas bajo las que se manifiesta la incapacidad de libertad de los hombres", y en segundo lugar: "la elaboración de las herramientas médicas, pedagógicas y sociales para establecer la capacidad de libertad de modo cada vez más profundo y extensa" . La máxima reichiana sigue teniendo absoluta vigencia: la condición esencial para curar las perturbaciones del alma humana es restablecer la capacidad natural de amar (su potencia orgástica). ÉTICA DEL ENCUENTRO
Cada encuentro contiene un núcleo de incertidumbre: el entre medio incorporal. Este es nuestro capital más precioso. A partir de ese núcleo de incertidumbre, a la vez lleno de riesgos, de incertezas, de misterio y de azar, se puede constituir una mirada solidaria, una auténtica escucha del Otro, donde la producción de inconciente se genere en la singularidad, en la alteridad y en la polaridad inmanentes a cada encuentro. En la experimentación grupal se pone siempre en juego, la posibilidad de desarrollar una ética del encuentro. El cuerpo puede ser entendido como un pliegue (Deleuze) en donde se desarrollan determinados acontecimientos. Es decir, el cuerpo no sólo entendido como un cuerpo biológico, orgánico, fabricante de síntomas, sino como un cuerpo sin órganos (Deleuze) que puede afectar y ser afectado por distintas intensidades, oscilando entre superficies que lo estratifian y planos que lo liberan. Algunas veces los mismos grupos reterritorializan las segmentaridades duras a partir de suaves líneas de transversalización, en donde los propios dualismos (lejos-cerca, adentro-afuera, objetivo-subjetivo, personal-colectivo) son arrastrados por una pulsión mutante que posibilita la apertura y conexión en nuevas dimensiones (de formas moleculares lúdicas, expresivas, dinámicas, procesuales). Una de las posibles líneas de investigación que surge en el trabajo grupal corporal, es cómo la búsqueda individual que las personas hacen de su propio crecimiento se puede agenciar con movimientos de solidaridad grupal. Podemos percibir un régimen de afección narcisista en el despertar de la conciencia corporal de los 90, que tiene como efecto una tendencia marcadamente individualista, con una voluntad adaptativa que le es implícita. Quizás en forma acentuada a partir de uno de los regímenes de afección predominantes en la actualidad: el de los cuerposmodernos. W. Reich al hacer su profundo análisis de los mecanismos ideológicos de su época, ya nos advertía en "Psicología de masas del fascismo" de otro peligro: el de los endogrupos. El trabajo grupal, aunque enfrente a los narcisismos individuales, corre a su vez el riesgo de transformar a los grupos en narcisistas. ¿Es posible pensar desde o para el cuerpo grupal? Coordinando el seminario "El Cuerpo y los quehaceres del psicólogo" en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República del Uruguay, me resonaba una y otra vez la pregunta: ¿cómo pensar una mirada sobre lo grupal, sobre el ejercicio terapéutico, que produzca nuevos devenires individuales o colectivos cuando socialmente fallan los soportes vitales? Haciendo una referencia directa a las situaciones de crisis en latinoamérica la terapeuta neo-reichiana Dra. Liliana Acero afirma que "una situación de amenaza social a la subsistencia, que pone en juego la seguridad física mínima de los individuos, suele disminuir la capacidad de enraizamiento, de centramiento y de contacto cara a cara. ¿Qué raíz echar en un suelo movedizo? ¿Cómo permanecer en los ritmos internos profundos cuando la necesidad es de esconderse, huir, desarrollar falsas identidades, refrenar los mínimos impulsos de expresión? ¿Cómo discriminar entre fantasías persecutorias internas y externas, cuando el perseguidor es real y está a la vuelta de la esquina? Estos tiempos parecen haber pasado, pero no sus cicatrices profundas en el cuerpo social que, a su vez, inducen a comportamientos semejantes en situaciones disímiles" . Lo grupal no es un simple decorado para la realización de ejercicios o para el seguimiento de un caso. Cuando los vínculos humanos generan una trama social y política, lo grupal se vuelve también figura para la tarea. El grupo, en sus dimensiones instituidas, reproduce y representa a la familia y a la sociedad. Nos da la posibilidad de entender cómo una persona se relaciona con las figuras masculinas, con las figuras femeninas y con las figuras de autoridad; y por otra parte, el tipo de emociones y reacciones que se pueden producir, individual o colectivamente, en esas afecciones. En este régimen de afección que se produce en lo grupal es muy importante el uso del componente energético. Siempre hay una energía suplementaria en el cuerpo que no está siendo usada, porque está acorazada, bloqueada o porque escapa permanentemente hacia afuera. La grupalidad es un soporte para ayudar a las personas a sentir sus cuerpos y sus emociones en un camino real de autoconocimiento, de autoexpresión y de autoposesión, y posibilita, además, la emergencia de corrientes energéticas-emocionales individuales y grupales que pueden organizarse en un movimiento creativo. V.g.: la liberación de energía que se produce en los laboratorios clínicos, en donde se genera un calor contagioso, a partir del cual las vibraciones penetran los tejidos y derriten el pasado congelado, generando una apertura en los corazones de los participantes. El trabajo con el cuerpo desarrolla, inevitable e irreversiblemente, nuevas sensibilidades: cambios en las posturas corporales y caracteriales, modificaciones en la sexualidad y en la respiración. En el trabajo en grupo aprendemos a captar y operar sobre las corrientes de energía grupales: cómo mi presencia, mi cuerpo, mis movimientos, mi respiración, se relacionan con el cuerpo grupal. En este sentido creo que la solidaridad grupal es una función inherente a un cuerpo que busca su equilibrio. Es común escuchar en los grupos de trabajo corporal: "hoy me voy y no ví nada de lo que me pasa a mí", "ya me ocupé demasiado de los demás; ahora es mi turno", "hoy sí me toca el turno a mí". ¿Cómo pensar y generar un nuevo modo de ocuparse de sí mismo o del otro? En el trabajo grupal desde un abordaje psicocorporal, sabemos que el propio encuadre de la coordinación posibilita que los cuerpos estén expuestos a la mirada y al encuentro con los demás integrantes, por lo cual se potencia su capacidad de significación, aumentando su grado de expresividad y exposición. Este hecho refuerza la posibilidad de conceptualizar un inconciente productivo, en oposición a la noción de inconciente representativo y/o restrictivo (dada la intensidad afectiva que se despliega en el trabajo grupal y corporal). El cuerpo en situación grupal desarrolla una potencia inventiva, creativa, que posibilita no reducir al inconciente a una sola forma de expresión. Es importante tener claro que el poder del inconciente se manifiesta no sólo en el lenguaje verbal, sino también en el lenguaje corporal (el movimiento), en las expresiones artísticas (la música, el ritmo, la plástica por donde pasan intensos regímenes afectivos), etc. El inconciente no pre-existe estructurado, sino que se manifiesta en los propios agenciamientos en donde se produce un proceso inmanente. V.g.: la gran fuerza que tiene una experiencia estética (un ritual de pajeranza, una roda de capoeira, las llamadas del candombe, etc.) para romper los universos de orden que los distintos estratos de poder nos imponen. En este sentido el cuerpo es un instrumento (estético, erótico, ritual, vibratorio), tal como lo trabaja en sus talleres la música y compositora uruguaya Berta Pereira. Y si la palabra oficia de vehículo que nos relaciona, el cuerpo se trasforma, a su vez, en vehículo de la palabra. En este sentido el lugar del entre cuerpos, que engendra siempre la potencia del devenir y de la mutación, nos conecta, no sólo con lo tuyo, con lo mío, o con lo de él (el registro transferencial personológico), sino además con lo que está fluyendo y circulando. De ahí la importancia cuasi-antropológica del coordinador de grupos de captar los climas: la potencia invisible de las corrientes energéticas de la grupalidad y de la propia naturaleza. El entre cuerpos va a ser entonces una noción de conexión y de diferenciación a desplegar desde la potencia de la multiplicidad. De ahí la conexión posible entre solidaridad y grupalidad, a través del régimen de incertidumbre que se genera en el entre cuerpos: sus regímenes de afección y conexión con otros cuerpos, que son inmanentes a todo proceso grupal. La inmanencia ético-estética que se despliega en los procesos de aprendizaje nos ubica críticamente en un plano de apertura del pensamiento y del cuerpo en general. Apertura a la eventualidad y al riesgo de inventar nuevas posibilidades de vida, en la que no nos aterroricen las rupturas de sentido (S. Rolnik). La posibilidad de escuchar al extraño en nosotros, de acoger al extraño en la propia subjetividad, funciona (desde una ética deleuziana del aprendizaje) como el soporte de los movimientos de creación existencial. Si la esencia de la vida consiste en diferenciarse, el acoger al extraño (como condición imprescindible para la efectuación de la vida) nos permite desarrollar una alternativa al modo de subjetivación neurótico capitalista, basado en el terror al Otro y en el miedo a la autoridad.
ÉTICA DEL SENTIR
Haciendo una paráfrasis de Descartes, "somos lo que sentimos". Nuestros afectos son la ligazón inmediata que tenemos con la vida. Sabemos por S. Freud que los afectos mueven y animan pero además aglutinan y organizan. Nuestra cultura narcisista está orientada a nuestra cabeza (nuestra conciencia, nuestro ego, nuestro rostro, etc.) y de esta manera perdemos contacto con el resto del cuerpo (nuestro inconciente, nuestros movimientos involuntarios, nuestra conexión con los universos incorporales, etc.). La desterritorialización de los procesos naturales del cuerpo deriva, en nuestra sociedad, en una reterritorialización en el rostro (rostridad); la descodificación de los flujos energéticos del cuerpo implica, de esta manera, una sobrecodificación por la hegemonía de la imagen. En nuestras cabezas estamos escindidos y separados de la naturaleza. Pero en nuestros cuerpos seguimos siendo parte de la naturaleza y del universo. Esta ética del sentir es inmanente a una ética del movimiento: se puede sentir sólo lo que se mueve. Como psicólogos clínicos podemos ayudar a las personas a volver a sus propios sentimientos. Cuando se para de sentir se detienen las corrientes vitales: sin amor en los cuerpos se pasa a vivir en las cabezas. Recuperar el cuerpo implica disminuir la idea egotista de que somos superiores de la naturaleza y que podemos controlarla: idea que nos lleva a la escisión de nuestros principios femeninos y nos dirige hacia la destrucción irreversible del ecosistema. La ética del sentir implica, por lo tanto, un proceso de singularización y de subjetivación del entorno.
LA ÉTICA EN LA PSICOTERAPIA CORPORAL:
ÉTICA Y FORMACIÓN
Cuando uno comienza su proceso de formación en psicoterapia corporal (proceso esencialmente marcado por lo grupal) surgen inevitablemente las primeras preguntas: las propias necesidades son disparadoras del trabajo en la tarea, pero ¿cuáles serán los medios que me facilitarán estar atento, relacionarme e integrarme con mis propias necesidades epistemológicas y conceptuales, pero además vivenciales y terapéuticas? ¿Cómo trabajar con el deseo del otro sin tener que perderme en la indiscriminación? ¿Cuáles serán los medios operativos a ejercer éticamente, para permitirme desplegar y agenciar mis líneas estéticas con la del resto del grupo? ¿Cuáles fortifican y consolidan la solidaridad? ¿Cuáles, por el contrario, refuerzan los narcisismos individuales o grupales? Creo que la formación es inseparable de una ética de la responsabilidad. Por ejemplo, es necesario poder desarrollar una ética de la enunciación: el poder sostener lo que se enuncia y que la palabra venga del corazón. Junto a la necesidad de construir y apropiarse del lugar de trabajo como un sitio confiable, es importante el poder fomentar hábitos de responsabilidad colectivos. La formación es un ejercicio constante de pedagogía abierta: prepararse para la receptividad, para escucharse, para aprender de sí mismos y de los otros. En este proceso se deben garantizar, por parte de la coordinación, las posibilidades corporales (físicas, psicológicas, etc.) de quien se pone a asistir o a formar. Es importante que los coordinadores de grupos de formación puedan desarrollar un perfil didáctico que se sostenga, por un lado, en sus propias condiciones para ejercer la tarea y, por el otro, en una vocación de enseñanza que permita ayudar a los formandos para apropiarse y desplegar discriminadamente su propio deseo. Una coordinación discriminada podrá ser así discriminante. Muchos coordinadores de formación técnicamente capacitados, igualmente tienen problemas al trabajar en grupos, en función de la interferencia de sus necesidades personales. Por ejemplo, al quedar atrapados en juegos de seducción y competencia con los demás coordinadores o con integrantes de los grupos: deseos de agradar o de resultar sexualmente atractivos, etc. Llaman también poderosamente la atención, por lo inauténtico de sus propuestas, los docentes que convocan al trabajo con el cuerpo, pero donde los mismos no asisten con su propia "novela" sino simplemente desde un lugar de poder, respaldado por una imagen diagramada a priori, que por lo general está escindida de su vida personal y de su propio carácter. Por eso es muy importante en todo proceso de formación corporal, darse el lugar y el tiempo necesarios para pensar y trabajar su propio proceso terapéutico, desde su propia corporalidad. Nadie tiene derecho a imponerle a los demás algo que no está preparado para imponerse a sí mismo. En otros términos uno no es capaz de hacer por los demás lo que uno no puede hacer por sí mismo. V.g.: Es muy común ver trabajadores corporales (médicos, legos, etc.) que no tienen una sólida formación académica psicológica que los sostengan, sin embargo movilizan formaciones caracteriales y aspectos dinámicos sin tener un soporte teórico-conceptual para poder analizar lo que emerge en una sesión, aunque sí muchas veces tengan un fuerte backgroud empírico o un potente desarrollo intuitivo. En este sentido es importante también tener presente desde dónde se da, desde dónde se recibe. V.g.: un coordinador puede pensar que está dando, cuando en realidad se está llenando de energía para inflar su ego en forma omnipotente y narcisista. El proceso terapéutico y el aprendizaje vivencial de los laboratorios clínicos no puede reemplazarse por ningún otro recurso en la formación. Es importante que el psicoterapeuta corporal conozca y además practique permanentemente, la técnica que administra como condición conveniente y necesaria para el desarrollo de una praxis productiva y eficiente, pero además vital y vibrante. Desde mi punto de vista es necesario que desarrollemos estéticamente (como modo de existencia) una ética del placer, en oposición a una moral del poder. V.g.: como terapeutas bioenergéticos es importante, en el proceso de formación, el hecho de construir una personalidad integrada, lo que implica enraizar al yo en el cuerpo. Un terapeuta desconectado de la tierra, de su naturaleza animal o de sus sentimientos, puede ser soberbio, egoísta, descuidado e incluso deshonesto, y puede no estar interesado en sanar como su meta principal y perderse así en el laberinto de sus propias abstracciones. Bioenergéticamente este movimiento de apertura corporal, que implica necesariamente la unión entre el pensamiento, el corazón y la pelvis, entre lo pre-genital y lo genital, es el resultado de la excitación que fluye libremente por el cuerpo y está relacionado al grado de apertura y flexibilidad de nuestro centro CORE (nuestro centro de la pulsación). En el proceso de formación entrenamos a nuestro cuerpo a confrontar su coraza caracterial y muscular, aumentando su capacidad de pulsación, buscando un equilibrio entre la carga y la descarga, entre la tensión y la relajación, y analizando la relación entre la producción y el uso de la energía. La formación, entendida de esta manera, es un proceso que se sostiene por su propia existencia artística: cada persona con la que trabajamos es un misterio y no un cuadro psicopatológico, un apriori conceptual, un caso clínico al que debemos disecar a través de lecturas corporales, señalamientos e interpretaciones. Informar y formar humanamente implica, a la vez, una línea ética y estética. Ética, porque es necesario tratar al otro como a mí mismo: resolver los bloqueos que como sujetos nos confrontamos, antes de señalarlos y levantar preguntas o dudas en otra persona, que no se puedan sostener. V.g.: un psicoterapeuta sólo puede llevar a un paciente al lugar emocional al que previamente ya concurrió. Estética, porque el coordinador de un grupo de formación, o el terapeuta, tienen que poder desarrollar una coordinación lindante con el arte más expresivo, que les permita prevenir o manejar los conflictos desde vías creativas aportando a la salud de los formandos y de los pacientes.
ÉTICA Y COORDINACIÓN
Como en cualquier otro trabajo académico las relaciones entre poder y saber no serán para nada ingenuas. En el trabajo en psicología corporal, fundamentalmente en el trabajo con grupos, se delega en el coordinador un cierto poder sobre los cuerpos de los participantes. Poder que implica, por un lado, la posibilidad de ordenar, consignar y direccionar la acción y el trabajo de los integrantes de los grupos; y por otro lado, deposita sobre sí un cierto saber acerca de los cuerpos. Uno de los problemas de la coordinación, especialmente en el trabajo con grupos supernumerarios donde se produce un efecto-masa, es cómo posibilitar que las consignas no sean percibidas y actuadas como órdenes. En los grupos de bioenergética nos preocupamos especialmente por generar un clima donde los integrantes del grupo puedan hacer suyas las consignas como una sugerencia, recreándolas a partir del trabajo y del propio movimiento expresivo y emocional. El caldeamiento si bien implica una presentación (presentificarse corporalmente, hacerse presente con el cuerpo) por lo general deriva en una movilización del capital libidinal como disparador de intensidades, lo que permite una conexión más activa y flexible con el espacio y los demás integrantes del grupo. El caldeamiento no es sólo un trabajo preparatorio sino también un disparador para pensar, sentir y conectar relaciones heterogéneas y complejas (v.g.: cuerpos-temporalidades, espacio-lugar, personas-ritmos, etc.). Una postura ética como coordinación implica el poder favorecer los procesos de singularización, que posibiliten el análisis de la implicación de cada uno de los actores institucionales. El análisis de la implicación y su puesta en ejercicio, es un acto dinamizador de la emergencia y el despliegue de los analizadores (las situaciones construidas o espontáneas que convocan, a la institución y a sus grupos, a asumir sus conflictos e intervenir en ellos). V.g.: E. Pavlovsky, H. Kesselman y L. Frydlewsky en su ensayo "Las escenas temidas del coordinador de grupos" (y no casualmente, un año antes del golpe de estado de 1976 en la Argentina) marcaron una línea de trabajo en el psicodrama psicoanalítico, planteando que todo coordinador de grupos debería entrenarse para aprender a entrar y salir profesionalmente de aquellas escenas que le provocaran temor en su práctica. Es importante desarrollar un (auto)conocimiento y un entrenamiento que permita reconocer en nosotros mismos nuestras capacidades y aceptar nuestras limitaciones. Reconocer cuándo se puede y cuándo no se puede; reconocer cuándo no alcanza lo que se sabe, o directamente reconocer el hecho de que no se sabe tanto y que no podemos ayudar a "todo el mundo"; desarrollar la capacidad de admitir que uno se puede haber equivocado; recurrir a la reflexión solidaria de otro pensar con compañeros del colectivo de trabajo, etc. Y, por sobre todas las cosas, intervenir terapéuticamente con mucha prudencia para disminuir al mínimo la posibilidad de que se generen efectos iatrogénicos.
ÉTICA Y MOVIMIENTO
Desde la clínica bioenergética sabemos que la sensibilidad está determinada por el movimiento y por la respiración. Así como las emociones fuertes estimulan y profundizan la respiración, la estimulación y la profundización de la respiración pueden causar emociones fuertes. Esto implica necesariamente, en el trabajo psicocorporal, un profundo conocimiento y una gran cautela por parte de los terapeutas, a la hora de trabajar con la respiración y sus funciones emocionales. Tal como lo plantea D. Boadella el equilibrio entre la contención emocional y la descarga emocional es también el equilibrio entre la inhalación y la exhalación. En este sentido W. Reich "conocía los peligros potenciales de liberar demasiado rápidamente una respiración inhibida, inundando el organismo con más sensaciones que las que pudiera manejar, sin cerrarles de algún modo el paso a las reacciones psicóticas que la práctica respiratoria pudiera precipitar". De lo cual podemos inferir que la práctica terapéutica reichiana y neo-reichiana exige un trabajo de mucha prudencia, mientras se construye, edifica y/o fortalece el yo de los pacientes. Si bien en los principios de la terapia reichiana se ayudó a los pacientes a trabajar con su respiración, profundizando en la espiración (en el trabajo con pacientes que desarrollaban básicamente defensas masoquistas o rígidas), los cuerpos de los pacientes actuales no son los mismos cuerpos acorazados que trabajó W. Reich. Actualmente observamos en la consulta, pacientes con déficit en el acorazamiento y que no han desarrollado los mecanismos de control necesarios para su vida. Estos pacientes necesitan aprender a profundizar su respiración en su fase inspiratoria (depresivos, orales, impulsivos, personas con una disposición excesiva a caer en la descarga emocional, hiperventilados, etc.) y en la pausa de retención de aire (borders, esquizoides, etc.). Muchos terapeutas reichianos (¿mal entrenados?) han generalizado el uso de las técnicas de respiración en situaciones grupales (v.g.: dinámicas de hiperventilación) incitando expresiones emocionales en personas que requerían precisamente el tipo inverso de ayuda.
ÉTICA, TOQUE Y TRANSFERENCIA
¿Enseñamos más a aumentar la sensibilidad que a ponerle un límite? ¿A tocar los cuerpos que a no tocarlos? ¿A poner el cuerpo más que a sacarlo? Así como existen distintos grados de sensibilidad existen diferentes formas de poner el cuerpo y diferentes formas de tocar. Los terapeutas reichianos y neo-reichianos trabajamos con toques, presiones controladas y masajes. Es importante saber que la mano que "intuitivamente colocamos en el lugar adecuado" instala un discurso. La intensidad del toque, la velocidad del ritmo, no es casual. Responde a una sistematización del pensamiento psicocorporal. Por medio del contacto físico se puede realizar un diagnóstico estructural: discriminación entre bloqueos y tensiones, entre tensiones actuales y crónicas, lectura del tono muscular, de la vitalidad de la piel y de los tejidos, de la presencia o ausencia de generación de calor, del tipo de energía, etc. Pero tocar a un paciente en la psicoterapia no es una panacea. Esto es muy importante tenerlo claro éticamente. Cuando tocamos a un paciente estamos reactualizando su historia, por lo tanto pueden revivirse sentimientos reprimidos: al igual que puede desinhibirse placer y deseo, puede también desbloquearse rabia, dolor y desesperación. Estos sentimientos pueden venir a la conciencia, con sensaciones e imágenes marcadas por un tipo de contacto anterior deprivador, abusivo, descuidado, manipulativo, y/o seductor. Cuando se toca a un paciente se está trayendo una carga adicional en el sistema energético de la persona, estimulándose una particular respuesta en su cuerpo, que por otra parte, puede estar altamente defendido y no queriendo reabrirse para no volver a sentir el dolor original de una traición a su amor, por ejemplo. Esas defensas que el paciente creó durante tantos años implican un delicado equilibrio que desarrolló para sobrevivir, por lo cual tanto el paciente como el terapeuta necesitan preguntarse si están prontos para lo que pueda emerger del toque. El toque adiciona calor a un área contracturada, pero al mismo tiempo que puede ayudar a devolver vitalidad en una zona congelada, puede revivir mucho dolor emocional. Al cambiar el equilibrio energético en el cuerpo se lo devuelve a la rabia, la pena, el amor y el miedo que habían sido acorazados y anudados. La expresión de estos u otros sentimientos reprimidos adquiere una cualidad regresiva. Es que no estamos haciendo otra cosa que pedirle al niño interno del paciente que se ajuste al mundo adulto. Pero en ese movimiento muchas veces se reviven esperanzas que no pueden ser satisfechas. Por lo tanto es muy importante saber cuándo y cómo tocar (y, eventualmente, no tocar). El toque siempre tiene que ser pensado, entendido y realizado en el contexto de la transferencia. Para lo cual el terapeuta deberá conocer exhaustivamente la historia del paciente, de manera de poder conectarse responsablemente con los afectos emergentes, desarrollando además una congruencia entre el tipo de toque y el sentimiento que se está transmitiendo a través de él. En este sentido, tocar a un paciente supone más que una técnica, ya que a veces la técnica invalida el espíritu que se quiere transmitir. Desde hace tiempo que los psicoterapeutas corporales se han liberado del tabú que sobrecodificaba a los psicoanalistas, de establecer cualquier contacto físico cálido, inclusive la mirada, con las personas que trataban de ayudar. Actualmente en el trabajo reichiano y neo-reichiano se sigue utilizando el toque como elemento diagnóstico, como forma de manipulación para ablandar rigideces corporales, o para ayudar al paciente en su proceso de construcción de bordes, límites y edificación del yo. Este tipo de toques favorecen por lo general, un mayor contacto con su flujo energético interno. Pero no está de más repetir que cuando un terapeuta siente que sus sentimientos personales pueden interferir en la relación transferencial, es preferible no tocar al analizando. V.g.: cualquier insinuación sexual es una traición a la confianza depositada en la relación terapéutica y puede someter al analizando a un trauma similar al que pueda haber experimentado en su niñez. Por lo tanto todo toque debe ser un apoyo terapéutico, estar libre de todo interés personal y no tener ninguna connotación sexual. A través de un toque cálido y lleno de afecto, el niño en nosotros aprende a integrar y a confiar en sus sentimientos. Probablemente fue el abuso en el toque (mecánico, frío, sofocante, sobreestimulante) lo que creó nuestro dolor y nos forzó a desarrollar nuestras estructuras defensivas. Es con la esperanza de liberarnos del dolor, descongelar nuestros corazones y recuperar nuestra vitalidad que nos hemos arriesgado (como terapeutas, como pacientes) a tocar y a ser tocados nuevamente. Porque sabemos que vivir sin un contacto es como vivir en el desierto o en el infierno. En este sentido tanto la terapia reichiana como las neo-reichianas poseen una capacidad terapéutica para recuperar el cuerpo, su capacidad natural de amar, y su deseo de tocar y de ser tocado. Bibliografía: Acero, Liliana: "Prevención para la salud a través de la psicoterapia en Biosíntesis"; Publicaciones Fundación Centro de Biosíntesis, Buenos Aires, 1996. Boadella, David: "Corrientes de vida. Una introducción a la Biosíntesis", Paidós, Buenos Aires, 1993. 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