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Tesina de Grado
Índice
1.- Abstract
1.1 Palabras claves
1.2 English abstract
1.3 English Keywords
2.- Justificación
3.- Esquema de
investigación
3.1 Tema
3.2 Problema
3.3 Hipótesis
3.4 Variable
independiente
3.5 Variable
dependiente 1
3.6 Variable
dependiente 2
4.- Objetivos
4.1 Objetivos
Generales
4.2 Objetivos
específicos
5.- Metodología de la
Investigación
6.- Definiciones
conceptuales
7.- definiciones
operacionales
7.1- Indicadores
Introducción
Parte I
La pareja como vínculo
vital
¿Que es la pareja?
Evolución histórica de
la familia y la pareja
Transformaciones de la familia actual
Cómo se transformó la
pareja
Del deseo al código
Parejas tradicionales
Parejas transicionales
Pareja contraculturales
o innovadoras
Parte II
Posmodernidad
¿A qué llamamos
posmodernidad?
Génesis de la cultura
posmoderna
¿Posmodernidad o
posmoralidad?
Perfil del individuo
posmoderno
Posmodernidad, cultura
de la imagen y del simulacro
Posmodernidad, el lugar
de los no lugares
La noción de pareja y
familia en la posmodernidad
Conclusión
Parte III
La clínica ante el
desafío actual
Psicoanálisis
Conductismo
Terapia
Familiar Sistémica
Terapias
posmodernas Constructivismo social, narrativas
Conclusión: Hacia una
nueva mirada del terapeuta
Parte IV
La Investigación realizada -
Método
a) Muestra
b) Instrumento
c) Procedimiento
d) Resultados
e) Respuestas acerca de
pareja
f) Respuestas acerca de
terapia
g) Opiniones promedio
sobre la terapia de pareja
h) Respuestas acerca de
valores/ creencias
i) Cruce de Variables
j) Discusión-
Interpretación de los resultados
k) Un caso porteño,
algunas conclusiones de mi investigación
Conclusión
Bibliografía
Protocolo de
investigación
Libro de Códigos
Matriz de datos
“¿DE
QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR?”
La noción de
pareja en la posmodernidad. Una visión pluralista para el abordaje terapéutico.
1.- Abstract:
He de considerar al
siguiente trabajo como una investigación de carácter
descriptivo-cuantitativo, efectuada con la finalidad de repensar la
terapia de pareja, analizando el marco de la posmodernidad en la que
ésta se inscribe en nuestros días, indagando en los cambios de
creencias que han afectado a los vínculos de pareja. Vivimos en un
mundo globalizado, en una época signada por la incertidumbre y por un
ritmo vertiginoso de cambios que afectan todos los órdenes de nuestra
vida.
Inmerso en la
posmodernidad, el de la pareja es un terreno en el que se manifiestan
profundas modificaciones, con respecto a los viejos modelos de la
modernidad. Asimismo, las formas del encuentro entre los sexos y,
seguramente, la propia definición de pareja necesitan ser
reformuladas.
Analizaré la
evolución histórica de la noción de pareja, incluyendo los nuevos
estilos en que las personas adultas deciden unir sus vidas. La
finalidad de este estudio es establecer una comprensión amplia de las
problemáticas que pueden originar la consulta terapéutica de la pareja
en la época actual, con el fin de repasar aquellos aportes que en los
últimos veinte años han resultado novedosos para la intervención
clínica, así como contribuir al diseño de otros recursos creativos que
permitan ayudar a cada pareja a resolver sus problemas, dentro de su
realidad particular y de su propio contexto de desarrollo.
1. 1 Palabras claves:
Pareja -
posmodernidad –creencias - terapia - diversidad - pluralismo
– multiplicidad
1.2
English Abstract:
I have
to consider to the following work like an investigation of
descriptive, quantitative and
qualitative character, carried out with
the purpose of rethink the couple´s therapy, analyzing it inside of
post modernity time, where this one is registered nowadays,
investigating
about
the changes on beliefs which have affected the couple bonds.
We
lived in a global world, a time signed by the uncertainty and signed
by a vertiginous rate of changes that affect all the areas of our
life.
The
couple´s land is immersed in the post modernity time where deep
modifications are pronounced, about the old models of modernity.
Also,
the forms of the meeting between sexes and surely, the definition of
couple needs to be reformulated.
I will
analyze the historical evolution about couple notion, including the
new styles which the adult people decide to join their lives.
The
purpose of this investigation, is to establish a large understanding
about the problematic which make possible the first therapeutic date
from the couple with the purpose of reviewing those contributions that
in the last twenty years have been novel for the clinical
intervention, as well as contributing to design other creative
resources which allow to help to each couple to solve their problems,
within their particular reality and within its own context of
development.
1.3 English Key words: Pair
– post modernity - beliefs - therapy - diversity - pluralism -
multiplicity
2.- Justificación
Hace apenas 50 años,
los matrimonios para toda la vida, eran, para la mayoría, la única
forma válida para que dos personas decidieran convivir y establecer un
proyecto en común.
En nuestros días, sin
embargo, para los más jóvenes, parecería estar aceptada la idea de que
cuando el amor se esfuma, las parejas pueden decidir emprender caminos
separados, sin que esto connote un estigma de fracaso ni de disolución
del vínculo familiar, en el caso de que tengan hijos.
Los divorcios y los
nuevos casamientos de los divorciados son un contraste notorio, con
respecto al modelo tradicional de pareja “hasta que la muerte los
separe”. Tanto se ha profundizado en el tema, que se acuñó un término
específico para dar cuenta de la versión que supone en las segundas
nupcias, el caso de parejas formadas por padres separados con hijos:
las familias ensambladas.
Pero estas familias
son apenas una de las tantas variantes en las que hoy se puede
constituir una pareja.
En tiempos en que
todas las certezas rectoras de la humanidad, están siendo
cuestionadas, las búsquedas y las necesidades reales de los individuos
confrontan a la psicología con el desafío de encontrar respuestas
comprehensivas y originales para poder satisfacer las consultas que
los llevan a la terapia. En ese sentido propongo definir a la
“pareja”: como el vínculo amoroso que establecen dos personas
adultas entre sí, el cual puede adoptar una diversidad de formas en
función del contexto histórico y sociocultural en el que ésta se
desenvuelva.
Esta definición
resulta lo suficientemente abarcativa como para incluir en ella a muy
distintas modalidades de unión adulta que, escapando a los patrones
clásicos del matrimonio, son igualmente válidas y significativas. Me
refiero a situaciones como la convivencia, que, ya sea como un estadio
previo a la unión conyugal o como instauración de la pareja
definitiva, es uno de los estilos actuales de pareja que ha ganado
adeptos y que, hasta tiene su figura legal, con equiparación de
derechos de los convivientes respecto a las uniones matrimoniales.
Asimismo, la unión civil para personas gays, celebrada por primera vez
el año pasado en el registro civil de la Capital Federal, constituye
otra modalidad vincular que comienza a ser aceptada y legitimada en
nuestra sociedad. Logros considerables, si tenemos en cuenta que en
nuestro país, el divorcio vincular no aparece sino hasta 1987, hace
apenas 18 años.
Contemplemos,
igualmente, aquellas situaciones de “matrimonio a distancia” que
atraviesan muchas parejas hoy en día, cuando uno de los miembros debe
instalarse en otra ciudad o viajar varios meses al año a otros países
por cuestiones laborales; estas uniones también presentan su
especificidad y dejan de ser situaciones excepcionales para
convertirse en la cotidianeidad y en el estilo de vida propio de esas
parejas.
Las relaciones on
line, que se establecen a través de Internet, muchas de las cuales
desembocan en la consecución de parejas al estilo tradicional, nos
enfrentan a otra de las formas en que se establecen las parejas hoy,
con sus problemáticas específicas.
Teniendo en cuenta
las mencionadas y muchas otras variantes posibles y, entendiendo que
la pareja, al ser una relación amorosa entre diferentes realidades del
yo, que está sometida también a las contingencias de los tiempos,
considero que es una responsabilidad para quienes nos interesamos en
el trabajo para la salud de las parejas y de sus familias, hacer una
revisión de los modelos dominantes sobre la pareja y crear las
condiciones favorables para que emerjan nuevas y múltiples
posibilidades en las relaciones humanas. Tal vez se necesiten nuevas
palabras que ayuden a acompañar este proceso de cambio hacia la
construcción de nuevos modelos de pareja. Mi compromiso es encontrar
algunas de ellas.
3.- Esquema
de Investigación
3.1.- Tema:
Parejas, posmodernidad y terapia de pareja
3.2.-
Problema: ¿Incide la posmodernidad en el modo cómo se
vinculan las parejas y en los problemas que las llevan a terapia?
3.3.-
Hipótesis:
Los valores de la posmodernidad afectarían los modos de vinculación
de las parejas y sus problemáticas.
3.4.- Variable independiente:
Posmodernidad
3.5.- Variable dependiente I:
Pareja
3.6.-
Variable dependiente II:
terapia de pareja
4.- Objetivos
4. 1.- Objetivos generales:
Mi objetivo es
arribar a una comprensión acerca de la incidencia de los valores de laposmodernidad, para determinar de qué manera atraviesan la concepción
de pareja existente en nuestros días.
Tomados como
elementos, los pensamientos, indicadores de posmodernidad, que
describe Gilles Lipovetsky, analizaré en que medida, estos están
presentes, en la pareja argentina del 2005.
4.2.- Objetivos específicos:
Determinar, la
incidencia de creencias posmodernas en la pareja argentina, para así
contribuir al diseño de recursos terapéuticos que permitan abordar las
problemáticas emergentes
5.- Metodología de la investigación:
La presente
investigación es de carácter descriptivo-cuali- cuantitativa y,
como tal, me basaré doblemente en la investigación bibliográfica y en
la exploración en campo, mediante encuestas a una población
representativa a la que se le aplicará un cuestionario cerrado.
En cuanto a la
investigación bibliográfica consultaré preferentemente a los
autores referentes del marco teórico en el que se inscribe el estudio
(los nuevos paradigmas en ciencias sociales), tanto los procedentes
del campo de la psicología como a aquellos que provienen del campo de
la sociología, la filosofía o la física. Asimismo estarán presentes
las voces de aquellos otros autores de la psicología que han estudiado
el tema de la pareja desde ópticas distintas a la de nuestro enfoque,
como el psicoanálisis, la psicología cognitiva o las corrientes que
integran el arte o la espiritualidad en la terapia, con el fin de
encontrar similitudes y diferencias que puedan aportarnos nuevas
vertientes para la reflexión y el diseño de herramientas de abordaje.
Asimismo consultaré distintos papers científicos y artículos
publicados en las revistas que editan las asociaciones de psicólogos
de nuestro país y del exterior.
Con respecto al
campo de estudio, estará circunscrito a la Capital Federal
argentina, a personas de entre 25 y 45 años, hombres o mujeres, con o
sin pareja, que acudan o no a la terapia, de nivel educativo terciario
y/o universitario y de clase media, porque creemos que este grupo
representa más acabadamente a los sujetos de nuestro estudio: aquellos
atravesados por los valores de la posmodernidad.
6-Definiciones
Conceptuales:
Posmodernidad:
“Se trata de una mutación sociológica global, que está en curso, una
creación histórica próxima a lo que Castoriadis denomina
‘significación imaginaria central’, combinación sinérgica de
organizaciones y de significaciones, de acciones y valores, iniciada a
partir de los años veinte – sólo en las esferas artísticas y
psicoanalíticas la anticiparon en algunos decenios-, y que no cesa de
ampliar sus efectos desde la Segunda Guerra Mundial.” (página 6 de La
era del vacío):
Parejas: Cuando hablamos de “pareja” nos referimos al vínculo
amoroso que establecen dos personas adultas entre sí.
Conjunto de dos personas, que tienen entre sí alguna correlación o
semejanza, y especialmente el formado por hombre y mujer.
Terapia de
pareja:
La terapia de pareja es una práctica específica de la psicología de
las relaciones interpersonales. Si bien deben admitirse limitaciones
de sus resultados, ha demostrado su eficacia de manera empírica
7.-
Definiciones Operativas:
7.1 Indicadores
a) Sociedad
posmoderna:
aquella en la que reina la indiferencia de masa, donde domina el
sentimiento de reiteración y estancamiento, en que la autonomía
privada no se discute, donde lo nuevo se acoge como lo antiguo, donde
se banaliza la innovación, en la que el futuro no se asimila ya a un
progreso ineluctable.
b) Proceso de
personalización:
mutación sociológica global iniciada a partir de los años 20; nueva
manera de la sociedad para organizarse; nueva lógica desarrollo de las
sociedades democráticas avanzadas que remodela en profundidad el
conjunto de los sectores de la vida social. Se manifiesta en lo
movimientos neofeministas, en la libertad de las costumbres y la
sexualidad, búsqueda de la propia identidad, vivir libremente sin
represiones, escoger íntegramente el modo de existencia de cada uno.
c) Sociedad
flexible:
Por “sociedad flexible” se entiende claramente una sociedad donde han
caducado los viejos y tradicionales valores. Se disuelven los valores
absolutos. Ya no estamos en presencia de una moral absoluta, sino
relativista, que parte del sentimiento, lo moral pasa a ser lo que
cada uno siente
d) Sociedad de
consumo:
se entiende por sociedad de consumo aquel tipo de sociedad que se
corresponde con una etapa avanzada de desarrollo industrial y que se
caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios, disponibles
gracias a la producción masiva de los mismos.
e) Elecciones
privadas.
Esta visión es popular en los contextos que a precian como valor
central la autonomía del sujeto individual. La familia y sus
características no nacen de una dinámica natural propia, sino de la
persona-en-relación sino del condicionamiento que sufren los ciclos
vitales a causa de la amortización y monetarización de elecciones
privadas que al sumarse se tornan en elección.
f) Deseo:.
Movimiento enérgico de la voluntad hacia el conocimiento, posesión o
disfrute. Acción y efecto de desear.
g) Comprensión:
Acción de comprender. Capacidad para entender las cosas
h) Sexo. Libre
elección de las identidades sexuales.
Concebir a los hombres como sujetos de derechos sexuales y
reproductivos, y no como agentes de riesgo hacia otros hombres y
mujeres, significa redimensionar su capacidad afectiva, su derecho a
amar, a sentir, a vivir plenamente y a ser responsables de sus
decisiones sexuales y reproductivas.
i) Noción de
“amor”:
Conjunto de sentimientos positivos que ligan una persona a otra, o
bien a las cosas, ideas, etc.
j) Uniformidad/Diversidad:
La globalización significa un aumento en la interdependencia entre las
sociedades, es el mundo de la diversidad y no de la uniformidad. Hoy,
tenemos una estructura del sistema internacional basada en los
estados, las empresas multinacionales y las sociedades que se
involucran cada vez más en el mundo y que participan directamente en
el cambio de un sistema interestatal hacia uno social mundial, es
decir, las sociedades civiles se organizan y se comprometen cada vez
más en el futuro del mundo y en el proceso de globalización.
k) Derecho a
ser “Uno Mismo”:
Pareciera que todos son dueños de sus vidas. En cambio son pocos los
que son verdaderamente dueños de sus propias vidas.
Y
ésta es la causa de muchas tristezas, depresiones, descontentos,
ansiedades y angustias.
Tenemos la impresión de que no llevamos las riendas de nuestra propia
existencia. Y eso no nos gusta. Sentimos que nuestra vida está en
otras manos y que no la dirigimos como verdaderos dueños.
l) Revolución
del consumo:
Mientras la modernidad exaltaba el ahorro, la posmodernidad estimula
el crédito. Esto facilita el consumo, porque ante la antinomia tener o
ser, para la cultura posmoderna soy lo que tengo. El hombre posmoderno
se halla muy lejos de aquel sujeto que hacía de la conciencia y del
cultivo esforzado de una persona su mayor orgullo. Al contrario, la
publicidad nos invita a adelgazar sin esfuerzo, a estudiar un idioma
sin esfuerzo, a dejar de fumar sin esfuerzo. En la sociedad posmoderna
no hay lugar para la revolución, ni para fuertes compromisos
políticos, la sociedad es como es, y la idea de cambiar radicalmente a
la misma, ya no se le ocurre a nadie. El posmoderno consume, luego
existe. El consumo se presenta como una red que aprisiona a la vez que
da forma a nuestra manera de vivir. En la cual la vida se define por
la posibilidad o no de alcanzar ciertas cosas.
m) Terapia
de pareja/motivos de consulta:
La inestabilidad
es el mayor disparador de conflictos dentro de las familias.
Ese malestar está como exacerbado por la dificultad económica, la
inseguridad, la desazón social y por lo que cuesta vivir. Esto se suma
a la rapidez con la que todo se vive y el hedonismo, la satisfacción
propia: si algo no me gusta me voy", Muchos padres tardan en "soltar"
a sus hijos al mundo externo.
n) Divorcio: Disolver o
separar, por sentencia, el matrimonio, con cese efectivo de la
convivencia conyugal. Disolución del vínculo matrimonial.
El divorcio suele ser
visto como un peligro de desintegración familiar, pero también puede
ser una oportunidad para crecer, si la crisis se resuelve, ya que como
toda crisis, al resolverse, se pasa a otra etapa de cambio.
o
) Matrimonio para toda la vida:
Todos nos casamos
para toda la vida... cada vez que nos casamos. Esa es, justamente, la
premisa fundamental del matrimonio: una relación con vocación de
permanencia. Sin embargo, desde que se instituyó el divorcio, quedó
oficialmente reconocido que no siempre lo que se proyecta y promete se
llega a cumplir
p)
Parejas/creencias: Las
creencias son parte de la vida de las personas.
Si bien es cierto que
muchas de estas creencias y prácticas son completamente ineficaces,
algunas son incluso nocivas, algunos aspectos de estas creencias
pueden utilizarse para promover mejor la planificación familiar.
Los mitos familiares, a su vez, constituyen un número de creencias
bien sistematizadas y compartidas por todos los miembros de la
familia, respecto de sus roles mutuos y de la naturaleza de la
relación entre ellos. Estos mitos contienen muchas reglas secretas de
la relación, que se mantienen ocultas en los estereotipos y las
rutinas del hogar. (Juancito es inseguro y afeminado como su tío
Manuel, observa la tía Juana. Pero en la familia "de eso no se
habla".) A su vez, la asignación de un rol o lugar determinado dentro
de la familia a partir de determinados mitos juega un papel
fundamental en la elección de pareja
q) Proyecto
vital:
La falta de trabajo y la crisis económica son algunas
de las posibles causas de el divorcio si, hay mayores crisis dentro de
las parejas, y estas crisis pueden responder a una crisis externa. De
todas maneras, si la pareja esta bien ensamblada, bien fortalecida la
va a ser tambalear, pero no romper, aunque si puede modificar algunos
parámetros dentro de la pareja”, Una crisis económica que tiene como
producto el desempleo, o una desestabilización grande económica,
“puede hacer que ese proyecto vital compartido que lo iniciaron como
ilusorio, como un ideal, se rompa. Ahora, si toca sólo eso y todos los
demás parámetros están medianamente fortificados una pareja no se
rompe”.
r) Nuevas
formas de encuentro:
Hoy asistimos a una “liberación” sexual, ya que la
sociedad es más permisiva para las diversas formas de sexualidad,
lo que ha producido una variación en el concepto de identidad sexual.
Vamos hacia nuevas formas sociales que ocasionan y a su
vez son consecuencia de los avances científicos y tecnológicos
(anticonceptivos, fecundación artificial).
Como expresión de lo que se ha dado en llamar
posmodernidad se toma más en cuenta el relativismo social y cultural.
Se debaten ideas en relación al futuro de la humanidad.
s)
Noción de ciclo vital
La pareja, y la familia
que de ella se forme, constituyen un organismo vivo y en crecimiento
por lo que inevitablemente irá desarrollándose en ciclos vitales, es
decir en momentos particulares y determinantes para su normal
continuidad. Es posible que
ante la presencia de nuevas situaciones derivadas de la evolución
natural de la familia y de sus integrantes aquella no consiga
adaptarse y lo que a la larga puede resultar
disfuncional.
t)
Convivencia: Vivir en compañía de otro u
otros. Si bien para muchos siguen muy vigentes los modelos de
parejas tradicionales, hay cada vez más personas que eligen estilos
diferentes. Cada pareja es un mundo: y en cada una rigen reglas
diferentes. De acuerdo a las preferencias y necesidades de cada una se
forman, cada vez con mayor frecuencia, estilos variables. Son
relaciones simétricas en lo manifiesto en cuanto al ejercicio del
poder y a la posibilidad de trabajar, pero cuando tienen hijos, la
mujer se repliega en el hogar hasta que pueda retomar su actividad
años más tarde”. si bien la relación es diferente a la del modelo
tradicional, aún subsiste la división del trabajo anterior en el hogar
y el cuidado de los niños suele ser tarea prioritaria de la madre,
aunque el hombre colabore.
INTRODUCCIÓN
Vivimos en un mundo
globalizado, en una época signada por la incertidumbre y por un ritmo
vertiginoso de cambios que afectan todos los órdenes de nuestra vida.
Inmerso en la posmodernidad, el de la pareja es un terreno en el que
se manifiestan profundas modificaciones con respecto a los viejos
modelos de la modernidad. Asimismo, las formas del encuentro entre los
sexos y, seguramente, la propia definición de pareja necesitan ser
reformuladas.
Los matrimonios para
toda la vida han dejado de ser la única forma válida para que dos
personas decidan convivir y establecer un proyecto en común. En
nuestros días está ampliamente aceptada la idea de que cuando el amor
se esfuma, las parejas pueden decidir emprender caminos separados, sin
que esto connote un estigma de fracaso ni de disolución del vínculo
familiar, en el caso de que tengan hijos. En ese sentido, es dable
destacar que los divorcios y los nuevos casamientos de los divorciados
son el contraste más ampliamente estudiado, de la mano de la
psicología familiar sistémica, con respecto al modelo tradicional de
pareja “hasta que la muerte los separe”. Tanto se ha profundizado en
el tema, que se acuñó un término específico para dar cuenta de la
versión “los míos, los tuyos y los nuestros” que suponen las segundas
nupcias, en el caso de parejas formadas por padres separados con
hijos: las familias ensambladas.
La psicología cuenta
con abundante teorización y una larga casuística en el tratamiento de
las problemáticas específicas de estas familias. Pero estas familias
son apenas una de las tantas variantes en las que hoy se puede
constituir una pareja. En los tiempos que nos toca vivir, existen
nuevas y variadas modalidades de legitimar el amor entre dos seres
adultos que dan cuenta de que no todo está escrito en la materia.
Matrimonios entre personas del mismo sexo, parejas abiertas,
matrimonios que viven en distintas ciudades o hasta países, uniones
civiles, convivencias sin papeles, relaciones a largo plazo “sin
compromisos”, etc.
En tiempos en que
todas las certezas rectoras de la humanidad, están siendo
cuestionadas, las búsquedas y las necesidades reales de los individuos
confrontan a la psicología con el desafío de encontrar respuestas
comprehensivas y originales para poder satisfacer las consultas que
los llevan a la terapia.
Teniendo en cuenta
las mencionadas y muchas otras variantes posibles y, entendiendo que
la pareja, al ser una relación amorosa entre diferentes realidades del
yo, que está sometida también a las contingencias de los tiempos,
considero que es una responsabilidad para aquellos interesados en el
trabajo para la salud de las parejas y de sus familias, hacer una
revisión de los modelos dominantes sobre la pareja y crear las
condiciones favorables para que emerjan nuevas y múltiples
posibilidades en las relaciones humanas. Tal vez se necesiten nuevas
palabras que ayuden a acompañar este proceso de cambio hacia la
construcción de nuevos modelos de pareja. Mi compromiso es encontrar
algunas de ellas.
Por eso nos abocamos
a este trabajo, que ha sido encarado como una investigación de
carácter descriptivo-cuanti-cualitativo, efectuada con la
finalidad de repensar la terapia de pareja, analizando el marco de la
posmodernidad en la que ésta se inscribe en nuestros días, indagando
en los recursos terapéuticos disponibles actualmente y teniendo en
cuenta otras posibles herramientas que puedan ayudar a los
consultantes a solucionar los problemas que atraviesan. Partimos de la
evolución histórica de la noción de pareja, incluyendo los nuevos
estilos en que las personas adultas deciden unir sus vidas. La
finalidad de este estudio es establecer una comprensión amplia de las
problemáticas que pueden originar la consulta terapéutica de la pareja
en la época actual, con el fin de repasar aquellos aportes que en los
últimos veinte años han resultado novedosos para la intervención
clínica, así como contribuir al diseño de otros recursos creativos que
permitan ayudar a cada pareja a resolver sus problemas, dentro de su
realidad particular y de su propio contexto de desarrollo.
Parte I
La pareja como vínculo vital
¿Qué es la pareja?
Cuando hablamos de
“pareja” nos referimos al vínculo amoroso que establecen dos personas
adultas entre sí, el cual puede adoptar una diversidad de formas en
función del contexto histórico y
sociocultural en el que ésta se
desenvuelva.
Creo que esta
definición resulta lo suficientemente abarcadora como para incluir en
ella a muy distintas modalidades de unión adulta que, escapando a los
patrones clásicos del matrimonio, son igualmente válidas y
significativas. Esto hace referencia a situaciones como la
convivencia, que, ya sea como un estadio previo a la unión conyugal o
como instauración de la pareja definitiva, es uno de los estilos
actuales de pareja que ha ganado adeptos y que, hasta tiene su figura
legal, con equiparación de derechos de los convivientes respecto a las
uniones matrimoniales. Asimismo, la unión civil para personas gays,
celebrada por primera vez en el 2003 en el registro civil de la
Capital Federal, constituye otra modalidad vincular que comienza a ser
aceptada y legitimada en nuestra sociedad.
Contemplemos,
igualmente, aquellas situaciones de “matrimonio a distancia” que
atraviesan muchas parejas hoy en día, cuando uno de los miembros debe
instalarse en otra ciudad o viajar varios meses al año a otros países
por cuestiones laborales; estas uniones también presentan su
especificidad y dejan de ser situaciones excepcionales para
convertirse en la cotidianeidad y en el estilo de vida propio de esas
parejas.
Más características
de nuestros tiempos, las relaciones on line, que se establecen
a través de Internet, muchas de las cuales desembocan en la
consecución de parejas al estilo tradicional, nos enfrentan a otra de
las formas en que se establecen las parejas hoy, con sus problemáticas
específicas.
Evolución histórica de la familia y de la pareja
El concepto de pareja
está íntimamente relacionado con el de familia, y si bien no es esta
unidad la que constituye el eje de la presente investigación, es
necesario echar una mirada a la evolución que la noción de familia ha
experimentado en el curso de los últimos siglos y no solo de la pareja
en si misma.
Las configuraciones
vinculares, lejos de ser un “orden natural” de la humanidad, responden
al espíritu de la época. Y la familia, a lo largo de la historia ha
respondido a los diferentes modos de producción económica u
organización política que ha experimentado la sociedad occidental. A
lo largo de sus transformaciones, sin embargo, ha mantenido en tanto
matriz vincular primordial, su función esencial como núcleo en el que
se constituye la subjetividad de los individuos.
Partiré de la
modernidad, para analizar cómo se ha transformado, en los comienzos de
este nuevo siglo, y cómo ha dado lugar a nuevas formas de
constitución de “yoes”, y por lo tanto, a nuevos modos de vincularse
entre sí.
Según Gergen
nuestra concepción del yo está atravesando un profundo cambio
constituyendo lo que él llama “un proceso de saturación social”. Según
sus palabras “hemos heredado, principalmente del siglo XIX, una visión
romántica del yo que atribuye a cada individuo rasgos de personalidad,
pasión, alma, creatividad, temple moral. Este vocabulario es esencial
para el establecimiento de relaciones comprometidas, amistades fieles
y objetivos vitales pero desde que surgió, a comienzos del siglo XX,
la cosmovisión modernista, las principales características del yo no
son una cuestión de intensidad sino más bien una capacidad de
raciocinio para desarrollar nuestros conceptos, opiniones e
intenciones conscientes. Los modernistas creen en el sistema
educativo, la vida familiar estable, la formación moral y la elección
racional de determinada estructura matrimonial”.
Ya antes de nacer el
niño está condicionado por el entorno. Alguien le dará un nombre y
sentará las expectativas de lo que ese niño deberá ser, creando así el
punto de partida para su constitución subjetiva. En qué momento nace,
en dónde, en qué siglo, familia y clase social, son factores azarosos
que no se eligen y que sin embargo son determinantes para el futuro
desarrollo de cada ser, en tanto deviene humano y social.
Cada cultura
constituye sus propias subjetividades y modelos vinculares acordes con
sus valores, ideologías y significaciones hegemónicas.
El grupo familiar es
el transmisor de dichos valores, actuando como lazo entre el individuo
y el macrocontexto en el primer momento de la vida. Es lo que Berger y
Luckman llaman “proceso de socialización primaria”.
Es difícil, incluso
dentro de una misma época, hablar de “la familia” o de un modelo único
de familia, puesto que las formas de funcionamiento, los estilos y las
características especificas qué esta adquiere, varían en relación a
diversos factores. Aún dentro de la cultura occidental, encontramos
diferencias abruptas según el país en el que habite y según el grupo
socioeconómico en el que ésta se desenvuelve. El mismo concepto de
“niño” cambia dramáticamente si se alude a un pequeño habitante de una
humilde población rural, a un chico de la calle o a un hijo de una
familia de sectores pudientes, entrenado en computación, idiomas,
deportes y viajes. Las percepciones acerca del mundo son
extremadamente diferentes entre unos y otro.
El discurso familiar
transmite los enunciados que darán identidad y ubicarán al niño en el
mundo. Pero sus mensajes no están escindidos de los mensajes del
entorno. La familia subraya ciertos aspectos de su transmisión,
dosificando la oferta que desde el exterior, llegará al pequeño hasta
que se inserte en la trama familiar y sociocultural. Se produce así el
“proceso de socialización secundaria” en términos de Berger y Luckman.
El niño no está
simplemente influido por la cultura sino que su propia subjetividad se
construye y está entramada en un tejido de redes socioculturales, en
la medida que pertenece a grupos o instituciones. De este modo, el
contexto sociocultural, al igual que la familia y la parentalidad,
posee funciones de sostén narcisista e identificatorio.
La pertenencia a un
grupo ofrece al individuo una apoyatura fundante, una verdad inicial
que sostiene su ingreso a la historicidad, que le da identidad a
través de la mirada de los otros.
El niño reclamará su
autonomía, buscará ser él mismo, sin perder la pertenencia y el
reconocimiento. Demandará, ante todo, amor.
En todas las
sociedades este crecimiento se realiza a través de crisis y de ritos
de pasaje que facilitan la resolución del conflicto psíquico que
implica el crecimiento. La autonomía trae aparejada separación y esto
no se realiza sin algo de dolor.
En algunas familias,
sin embargo, este proceso de crecimiento se ve muchas veces
dificultado cuando los padres o los mandatos familiares muy rígidos no
toleran el desprendimiento y la independización. Es entonces cuando
las crisis de crecimientos dan lugar a síntomas, a diversas
patologías, cuando el individuo no cuenta con recursos psíquicos para
defenderse de la imposición del grupo familiar sin renunciar a sí
mismo.
He ahí uno de los
primeros motivos de consulta para la terapia. Y uno de los primeros
desafíos para la terapia en esta época, signada por la posmodernidad,
es precisamente dar respuestas a los principales motivos de consulta
que llegan al consultorio. Señalan las psicoanalistas María Cristina
Rojas y Susana Sternbach
que “Las familias con adolescentes consultan hoy por la desorientación
de los jóvenes y sus dificultades para insertarse en el mundo. Las
elecciones se postergan y también con ellas el ingreso a la adultez”.
Y se preguntan “¿Cómo elegir en un mundo que no toma en cuenta el
mañana? Por otra parte ¿ofrece acaso nuestro medio, marcado por los
ajustes propios del neoliberalismo, oportunidades claras de inserción
en el mundo productivo?”
Transformaciones de la familia actual
Conviven en nuestros
días dos modelos de familia. Uno que conserva los valores y estilos de
la modernidad, al que podríamos denominar como “familia tradicional”,
y otro, que sería un “no modelo”, que expresa la multiplicidad de
alternativas que existen en la posmodernidad.
Lo que para las
personas adquiere sentido de familia hoy no es solamente aquella
constituida por lazos sanguíneos directos, sino que incluye toda una
red de afectos posibles, nacidos a partir de distintas clases de
uniones de pareja.
Todos los modos
posibles de relaciones que hoy se engloban bajo el término familia,
presentan escenarios diversos, en su evolución, desarrollo y
crecimiento. Y esto implica, al mismo tiempo, la existencia de
conflictos, crisis y situaciones de angustia que pueden afectar a uno
o varios de sus miembros, distintas de las que se conocen y se han
estudiado. Al ser estas, por su complejidad, difíciles de tipificar,
diagnosticar o prever, imponen a la clínica y a los terapeutas, el
desafío de encontrar soluciones únicas, que den cuenta de la unicidad
de cada situación familiar. Esto implica la necesidad de reconocer la
dimensión ideológica de la escucha de cada terapeuta, de poner en
juego la propia subjetividad, menos atada a teorías estancas y más
flexibles en cuanto a la búsqueda de respuestas que permitan ayudar a
los consultantes, entendiéndolos en su particularidad. Esto implica,
entonces, estar abiertos lo nuevo y diferente, alejar prejuicios, y
poder apartarnos de las pautas sociales y familiares en las que
nosotros mismos nos formamos.
Algunos datos
estadísticos nos informan de la situación de la pareja matrimonial
vernácula.
De acuerdo a datos
del Registro Civil de
la Capital
federal, los casamientos disminuyeron un 38% en los últimos seis años,
tras el auge casamentero posterior a la ley de divorcio. La curva
descendente comienza en los 50; desde entonces la cantidad de actos
matrimoniales descendía un 46%.
Según datos del INDEC
los hogares unipersonales aumentaron en los últimos catorce años del
4,7 % al 9 %,
En 1994 1.200.000 personas vivían solas. La opción por la soledad es
señalada como una tendencia con un número creciente de adscriptos.
A pesar de ello, la
sociedad sigue presionando sobre quienes no tienen pareja o hijos en
nombre de la organización familiar.
Se buscan nuevas
formas de pareja que no atenten contra el deseo. Un sondeo efectuado
por la psicóloga Graciela Sibos para
la OMS
concluye que un 80% de las personas no hace el amor más que dos veces
por semana. Y un 28% no lo hace ni siquiera con una frecuencia
semanal.
Algunos ven en este
descenso del erotismo un rasgo de la posmodernidad asediada por los
medios.
En cuanto a la pareja
podemos vislumbrar que crece el sexo interactivo, el erotismo en la
pantalla de la computadora. El software pornográfico: un CD
interactivo con escenas de alto contenido erótico. El flirteo en línea
puede terminar con un noviazgo convencional o bien eternizarse sin que
el cuerpo intervenga.
Las conclusiones de
las encuestas realizadas por las naciones unidas a partir del Año
Internacional de la familia (1994) señalan que los últimos treinta
años, la familia sufrió un cambio radical En los 60 estaba constituida
por madre, padre e hijos. Hoy se advierten otras formas: familias
“monoparentales”, hijos de parejas no casadas, chicos que dejan el
hogar, madres solteras, etcétera. Familias al fin, sólo que tienen
diferentes características que la “familia moderna”.
Por ejemplo: el 30%
de los matrimonios se divorcian pero reinciden No podemos llamar a
esto un fracaso.
El 30 % de los
matrimonios lo son en segundas nupcias.
El 33 % de los
jóvenes (20/34 años) no lo creen indisolubles. Los núcleos
monoparentales crecieron más que las familias. Entre el 60 y el 80 por
ciento en los sectores medios y altos. De 1.200.000 hogares el 77% son
maternos y 23 % paternos. En el 22 % de las familias el “jefe del
hogar” es mujer: 2.000.000 de mujeres solteras, viudas o divorciadas.
El índice de hijos extramatrimoniales creció un 30 %. La Argentina en
1960 tenía 4,5 miembros por hogar; hoy 3,9. En Dinamarca el 50% de los
hijos son de madres solteras.
La cantidad de
personas promedio por hogar no llega a 3 en los países centrales de
Europa, Estados Unidos y Canadá.
¿Cómo se
transformó la pareja?
Según Fridman y
Gindin,
la pareja no es una realidad que nos fue dada desde el origen de los
tiempos. Fueron necesarios diecisiete siglos para que se impusiera
nuestro actual modelo de familia y de pareja. Del II AC. al XV. En la
Italia romana antes de nuestra era existían diferentes realidades, los
esclavos que vivían en un estado de promiscuidad sexual y la clase
aristocrática y plebeya con normas diferenciadas. El pueblo era más
estricto que la aristocracia en su conducta moral. Será el
cristianismo el que divulgará en la aristocracia esta moral del
pueblo. Ya antes del cristianismo se pasa de una conducta bisexual a
una heterosexual. El objetivo es incrementar la producción de
ciudadanos libres. Se implementa el matrimonio como institución
fundamental para todos. La pareja se elegía por conveniencia social y
no por amor. Tenía como objetivo el asegurar la transmisión de la
fortuna a los hijos reconocidos. Si se carecía de bienes no era
necesario casarse. Augusto, emperador romano procuró el control de la
fidelidad. El matrimonio era una ceremonia privada en el que sólo
existía un contrato de dote. Sólo por los testigos se sabía que
realmente se hubiesen casado. La mujer no era “ama de casa” ni dueña,
sino una menor que el marido gobernaba. Aunque ella seguía dependiendo
de su padre quien la prestaba junto con la dote al yerno. Si la mujer
estaba descontenta podía divorciarse llevándose su dote. Dentro de
este matrimonio todo lo que se espera es que la mujer sea fértil y
tenga hijos y hasta se puede, para ello, intercambiar maridos.
El concepto de pareja
más cercano al actual nace, en realidad en el siglo I antes de Cristo,
cuando el matrimonio deja de ser una obligación moral cívica que
garantiza más ciudadanos para convertirse en una moral de pareja que
convierte a la mujer en una amiga, compañera del hombre de toda una
vida, aunque en un nivel de inferioridad. No se puede tratar a esta
esposa-amiga como a una amante. La historia de Mesalina descripta como
una desvergonzada condenada a muerte por querer casarse por amor, da
cuenta de cómo la base del matrimonio debía ser sólo social.
En la Edad Media se
produce un importante cambio en la concepción de la pareja siendo que
la vida privada se impone sobre la pública. El hombre vale por lo que
tiene y no por lo que es. La relación más importante es la que se
establece con Dios. No existe la intimidad entre hermanos. Para la
Edad Media las virtudes femeninas eran la castidad, la humildad,
modestia, sobriedad y laboriosidad. El matrimonio no une sólo a los
dos esposos sino a dos familias, conservando la paz, celebrando
alianzas. Se produce dentro de la pareja un verdadero desequilibrio
afectivo, la mujer debe obedecer a su esposo. La fidelidad es
requisito mutuo del matrimonio pero la esposa está más presionada a
ejercerla. La mujer debía ser guía y consejera espiritual del marido.
Debía tener aspecto mediocre, un justo término entre la belleza
difícil de custodiar y la fealdad fastidiosa de soportar.
El marido tiene tres
obligaciones: sustentación, instrucción y corrección (hasta el castigo
físico cuando fuera necesario).
La mujer debe
engendrar hasta la muerte, debe quedarse al cuidado de la casa. El
varón produce, gana y acumula. La mujer tiene mucho trabajo y no
dispone de dinero. Simultáneamente a esta degradación femenina aparece
en el siglo XI el amor cortesano de culto a la mujer. Esta es
ennoblecida y al deseo aparece como insaciable. Está basado en la
belleza física, es un amor imposible, ideal.
El amor cortés
promovió una actitud diferente del hombre hacia la mujer, elevándola
de su condición de inferior.
En la Edad Moderna se
pasa de la pareja feudal cerrada y atomizada a una pareja conectada
con el mundo exterior construyendo así la idea de familia. La mujer
aparece definida en relación a los hombres: hermana de, hija de,
esposa de, nieta de, etcétera. No se encuentra más al margen de la
cuestión económica. Debe procurarse su propia dote. El amor todavía no
es motivo de unión matrimonial. La mayoría se organiza a partir de
arreglos económicos. Para las clases altas y medias, el contrato
matrimonial era el negocio más importante que una familia hacía. La
mujer de clase baja debía trabajar para mantenerse pero su dinero era
aportado al contrato matrimonial. Se insistía en que la mujer debía
casarse. La edad de casamiento se eleva. La mujer en general no se
casaba por debajo de su estatus social.
Para la mujer el
matrimonio es su destino. Para el hombre llega a ser un fenómeno que
le facilita su accionar. El matrimonio tenía la finalidad de una
reproducción en un marco protegido. El tamaño de las familias, debido
al casamiento más tardío y a las altas tasas de mortalidad era
pequeño. La infancia un período peligroso. La mujer era alfabetizadora
de sus hijos. La unión matrimonial no sólo correspondía al legislador,
sino también a médico, con la mirada sobre la mujer porque de ella
dependía la fecundidad y la armonía familiar.
Al fin del
Renacimiento la sexualidad aparece como legítima y necesaria. La unión
armoniosa de los sexos depende de un acuerdo físico y espiritual. Pero
si bien no como antes, los asuntos monetarios se anteponen a los
deseos. A pesar de que la iglesia apoyaba la necesidad de un
consentimiento mutuo, muchas parejas se veían obligadas a casarse con
personas no elegidas por ellas.
Los escritores
soñaban con matrimonios ideales. La pareja podría amarse pero era el
marido quien mandaba. Casi todos los maridos eran mayores que sus
esposas. Lo que permitía mezclar el papel de padre y marido. Existían
manuales de confesión y guías matrimoniales donde se limitaban los
actos sexuales. En caso de adulterio la mujer recibía mayor castigo.
El marido tenía derecho a golpear a la mujer “en actitud de
corrección”. En la sociedad europea el matrimonio fue siempre
exogámico. A la mujer le pertenecía la dote pero el marido la
usufructuaba. Entre los años 1500 y 1700 se produce un resurgimiento
de la castidad y timidez. Hay una ola de moralidad, el erotismo sufre.
Se depende en tanto
la entrega es en nombre del amor. La familia moderna quedó subordinada
al matrimonio, el matrimonio al amor y el amor al deseo. La condición
efímera del deseo produce el derrumbe de esta construcción, ya que el
deseo se nutre de lo que no poseemos, de la falta, la pareja se une en
un pacto de ilusión de completud al que le sigue la desilusión y es en
este pasaje de la fascinación al desencanto que surge el conflicto en
sus diferentes formas: indiferencia, violencia, infidelidad, etc. que
no son otra cosa que intentos por apaciguar el dolor de esta
desilusión.
Del deseo al código
La fuerza de la ley
se construyó entonces para reglamentar y contener la fragilidad del
deseo. Según el Código Civil Argentino
“los esposos se deben mutuamente fidelidad asistencia y alimentos y
deben convivir en una misma casa. Además deberán fijar de común
acuerdo el lugar de residencia de la familia”. Es así como la ley fue
inscribiendo en nuestra práctica una suerte de costumbres en torno a
la conyugalidad. El discurso que sobre la fidelidad, asistencia,
alimentos y cohabitación se fue tejiendo construyó las bases de
nuestra práctica social marital. El encuentro amoroso entre dos
personas tenía que encajar en este formato si pretendía el
reconocimiento y la aprobación social. Así es como la pareja ingresó
en el marco de lo que Gergen llamó “una gran narración progresiva”.
Gergen presenta este concepto citando la investigación de Kelwood
(1980) según la cual “las personas hacen uso especial de la narración
progresiva en las primeras etapas de la relación, aparentemente
invistiendo a la relación con más valor aún y con la promesa de
futuro”.
Es así como la pareja
va construyendo a través de sucesivos “cambios positivos” como el
noviazgo, la convivencia, el casamiento, la paternidad, el
envejecimiento juntos, los nietos, etc. una identidad que sigue
comprometidamente desde su inicio con el riguroso cumplimiento de cada
uno de sus paso y consiguientes ritos. A su vez, esta validez
narrativa depende fuertemente de la afirmación de los demás. Es así
que surgen los confidentes, los testigos de la ceremonia matrimonial,
los padrinos y madrinas del bautismo que van legalizando y
contextualizando el discurso amoroso.
Estas narraciones
están a su vez “anidadas” dentro de otras mayores como macro
narraciones que las contienen que pertenecen a la historia de pareja
de las familias de cada integrante de la pareja, y a su vez a la de la
familia de las familias de cada uno constituyendo el genograma de
pareja. De acuerdo a estas macro narraciones es posible diferenciar
generacionalmente diferentes modelos de pareja construidos en
referencia a las anteriores y a su vez constructores de los
siguientes. Estos modelos se imponen a cada generación bajo la forma
de mandatos.
Según Janine Puget
“un mandato tiene el significado de delegación según el cual un sujeto
ha sido dotado del poder de realizar algo en nombre del
otro...Conlleva un premio: ser merecedor de la estima del otro o ser
usado manipulado como objeto del deseo del otro”. Más adelante agrega:
“tener una pareja desde el deseo del otro conlleva las fantasías de
seguir una tradición, la de nuestros antepasados... Las brechas entre
generaciones son necesarias para la continuidad no repetitiva de una
sociedad”. Dice también que “si bien es posible no ocupar un lugar en
una estructura matrimonial, la sociedad tal como es concebida tiene
una representación para la pareja, por lo menos en lo que concierne a
la continuidad histórica y a la transmisión. Ello se inscribe
inconscientemente como imperativo. No tener pareja se torna factor
desestabilizador de la ocupación de un lugar como sujeto social”. Esta
paradoja entre el deseo y la obligación de ser incluido en la
narración progresiva marital hizo que la pareja fuese adquiriendo
diferentes formas.
Irene Meler
las describe como tres modalidades vinculares ordenadas según un eje
conceptual tradicionalismo-innovación en forma progresiva.
1 - Parejas tradicionales, en su forma conyugal caracterizadas por
una fuerte concentración del poder por parte del hombre y la
consiguiente dependencia económica y emocional de la mujer. Existe en
ella una división sexual del trabajo absoluta, no interviniendo la
mujer en una actividad productiva y sin participación del varón en la
crianza. Cuando entran en crisis difícilmente rompan el contrato. Los
hombres se retiran de la relación, en ocasiones a través de relaciones
paralelas que consideran lícitas aunque no legales. Las mujeres suelen
deprimirse y se instalan en la queja. Se trata de una modalidad
vincular en vías de desaparición al menos en los medios urbanos en
función de los cambios sociales respecto de las relaciones entre los
géneros.
2 - Parejas
transicionales, son las que comienzan suscribiendo un contrato
tradicional que va evolucionando paulatinamente hacia la posibilidad
de compartir tanto la generación de ingresos como la atención de los
niños pero el marido sigue siendo el proveedor económico principal.
Aparecen, de todos modos, temores a la pérdida de las referencias de
la identidad del género sexual. Expresiones del hombre tales como “yo
acá de qué la juego?” o por parte de la mujer “no quiero parecer un
macho cansado” son muestras de esta problemática. Aquí se ve la
dilución de la división sexual del trabajo generando angustia por la
desidentificación.
Son, a la hora del
conflicto, los más renuentes a una renegociación del contrato
conyugal. Las mujeres manifiestan un hambre de vínculos con un cónyuge
más centrado en sus proyectos o intereses personales que en la
relación.
3 - Parejas
contraculturales o innovadoras formadas por mujeres que no aceptan
la pasividad frente al marido. Suelen representar el rol de
proveedoras económicas aunque el ideal de maternidad es manifiesto.
Presentan a veces dificultades en conectarse con sus niños pequeños.
Suelen presentar conflicto y muchas veces se disuelven. Se sienten
despojadas de los emblemas identificatorios tradicionales para su
género.
Lo que señala Meler
es que escasean las parejas entre iguales. Concluye que, tal vez se
trate de una modalidad vincular en construcción, dependiente del curso
que sigan las políticas de las relaciones sociales entre los géneros
sexuales.
El proceso que va
desde el noviazgo al matrimonio avanza, como dijimos, en el curso de
una narración progresiva en la que es posible diferenciar las
siguientes etapas:
-El enamoramiento.
Hugo Bianchi
lo describe como un fenómeno que posee un alto grado de complejidad
emocional. Hay una idealización mutua perteneciente al registro del
imaginario. La ilusión de completud a partir del estado de desamparo
otorgan cualidades sobreestimadas al objeto.
“La construcción de
una escena en la que se representa la completud a partir del otro característica de este aspecto imaginario del enamoramiento y su
pesquisa pone de manifiesto no sólo el origen de la relación sino
también la permanencia del estado afectivo que caracteriza dicho
estado.
Es una experiencia
repetida en la clínica de parejas que, ante la pregunta acerca de la
escena en que se enamoraron, ésta se sonroje y la reviva aún cuando
estén atravesando por un momento crítico.
Hay una disposición
al retorno de aquella época en contradicción con el estado actual y
que los trae a la consulta.
Rodolfo Moguilansky y
Adolfo Seiguer
describen la escena de enamoramiento inicial como una escena única,
relativamente inmóvil, casi como una fotografía en la que los dos se
sienten separados del mundo, y que queda suspendida en el tiempo ya
que empieza y termina en ella misma.
Sostienen que esta
imagen se construye “a posteriori” al historiar la pareja y pasa a ser
parte de sus formulaciones ideales. Es una escena vista desde afuera
mirada desde un observador y es construida por la pareja como un
recuerdo encubridor. Todo intento de revisionismo resulta sacrílego.
Se constituye en una
narración fundante de futuras narraciones y su verosimilitud es
absolutamente secundaria.
Del
enamoramiento la pareja pasa al noviazgo caracterizado por la
confrontación sucesiva de las respectivas narraciones familiares.
Aparecen las
diferencias culturales y se manifiestan las posibles aprobaciones o
desaprobaciones por parte de las respectivas familias a la futura
unión de la pareja. Celia Falicov
alerta sobre los problemas que pueden introducirse en a constitución
del matrimonio, la falta de apoyo familiar y considera que la
aprobación parental es de gran importancia psicológica para la mayoría
de los individuos.
“Cada fase del ciclo
vital de la pareja se ve afectada por la respuesta de la familia
extendida hacia el casamiento”.
“Las diferencias
raciales, religiosas o étnicas seguramente podrían aumentar la
probabilidad de desaprobación parental, especialmente en familias
donde se espera continuidad a través de las generaciones y la
endogamia es la regla.
Para Friedman (1982)
las dificultades de ciertas familias para aceptar en su lugar a
matrimonios mixtos radica más en procesos emocionales que culturales.
La falta de permiso para casarse puede tener repercusiones sobre el
éxito marital. Stanlon 1981 sostiene que el 80% de los que fallan es
por falta de permiso para el éxito (fragmento de Paseo por la nubes).
Meses o años llevan las parejas hasta la convivencia sea esta
mediatizada o no por la unión legal.
Adela García
recalca la importancia que le atribuye a la diferencia en la relación
de pareja cuando se trata de una convivencia con o sin compromiso
legal ya que muchas parejas que consulta se muestran sorprendidas por
el cambio en la relación a partir de la institucionalización de la
misma.
La unión matrimonial
desde un punto de vista sociológico consiste en una unión formal
sexual aprobada socialmente de intento permanente y marcado por una
serie de obligaciones y derechos.
Para Elina Aguiar y
Marta Nusimovich,
el primer matrimonio es una experiencia inaugural y los hijos habidos
de ese vínculo inauguran a los padres en la parentalidad.
La fundación de la
conyugalidad y de la parentalidad dejan una marca en cada uno de los
cónyuges que atraviesa los posibles matrimonios siguientes y las
familias que estos constituyen. Su peculiaridad reside en colocar al
sujeto en la experiencia exogámica.
La fuerza del objeto
inaugural conyugal y su conjunción con el objeto inaugural parental
hacen que, aunque la pareja se divorcie, en un aspecto siguen estando
juntos “hasta que la muerte los separe” ya que la parentalidad no
desaparece.
Lino Guevara habla de
la elección de pareja basada en las características deseadas del otro:
“Cada participante
efectúa una fantástica proyección de cualidades en el otro. En
diferentes grados la ilusión de completud está presente y la identidad
de cada uno se hace más o menos dependiente de la relación. Cada uno
valora en el otro las características de las que carece pero por
marcadamente opuestas, también las teme. La persona afectada llega a
combatir los mismos rasgos que elige.
Parte II
Posmodernidad
¿A qué llamamos
posmodernidad?
Hemos hecho
referencia a la posmodernidad y a su incidencia en las
transformaciones vinculares actuales.
Pero ¿a qué me
refiero exactamente cuando hablo de posmodernidad? En esta segunda
parte de la investigación, dilucidaré esta pregunta mediante una
aproximación teórica-descriptiva a este fenómeno y luego, analizaré
los resultados de mi investigación en un grupo de habitantes de la
ciudad de Buenos Aires.
El primer paso
resulta indispensable para comprender las coyunturas actuales que
influyen en la clínica de pareja en nuestros días. El segundo, aunque
de alcances acotados, nos dará un panorama más específico sobre un
determinado grupo poblacional, que fue sujeto de nuestro análisis.
Por tal motivo, en
primer lugar pretendo realizar una breve descripción de la
posmodernidad, concebida como fenómeno social, desde su perspectiva
filosófica, como así también la caracterización del “hombre
posmoderno”, que no es otra cosa que el sujeto que vive,
concientemente, o no, “a la manera posmoderna”. También dedico algunos
párrafos a la descripción de algunos ejes temáticos propios de la
posmodernidad, tales como la cultura de la imagen, el simulacro y los
denominados “no lugares”.
Génesis de la
cultura posmoderna
En una primera
aproximación, y considerada negativamente, la cultura posmoderna, que
se corresponde con las sociedades posindustriales, como contrapuesta a
la modernidad, sería la cultura del desencanto, del fin de las
utopías, de la ausencia de los grandes proyectos que descansaban en la
idea del progreso moderno.
Esta idea está en la
base de las grandes filosofías hegemónicas, de los sistemas de ideas
que han tenido gran influencia en la sociedad, durante los siglos
XVIII, XIX y XX, a saber; el iluminismo, el positivismo y el marxismo,
junto a sus expresiones políticas principales, desde el
conservadurismo democrático hasta el comunismo, pasando por el
liberalismo, el socialismo y aun los populismos. El mencionado
desencanto se produce porque se considera que los ideales de la
modernidad no se cumplieron, menos aun si se entiende que dichos
ideales eran universalistas, es decir, debían ser válidos para toda la
humanidad. En palabras de Esther Díaz, profesora de Filosofía de la
Universidad de Buenos Aires: “el proyecto de la modernidad apostaba al
progreso. Se creía que la ciencia avanzaba hacia la verdad, el arte se
expandiría como forma de vida y la ética encontraría la universalidad
de normas fundamentadas racionalmente. No obstante, las conmociones
sociales y culturales de los últimos decenios, parecen contradecir los
ideales modernos. La modernidad, preñada de utopías, se dirigía hacia
un mañana mejor. Nuestra época, desencantada, de desembaraza de
utopías”.
Lyotard, por su parte, denomina peyorativamente “grandes relatos”
a
los proyectos o utopías cuya finalidad era legitimar, dar unidad y
fundamentar las instituciones y las prácticas sociales y políticas,
las legislaciones, las éticas, y las maneras de pensar. Uno de los
“grandes relatos”, hoy derribados, tiene su origen en la filosofía de
Hegel; según la cual la historia humana es concebida como la marcha
del espíritu hacia la libertad, todo lo real es racional y todo lo
racional es real. Otro de los “grandes relatos”, también derribado, es
el de la emancipación de los trabajadores y la lucha por la sociedad
sin clases, obviamente, de origen marxista. Un tercer “gran relato”,
derivado del positivismo, promete un mundo de bienestar para todos
basado en el desarrollo de la ciencia y la industria.
Pero hoy, todos los
grandes relatos han entrado en crisis. Han sido invalidados en el
curso de los últimos sesenta años, por diferentes acontecimientos; que
van desde los campos de concentración y las bombas atómicas (donde se
observa claramente que no todo lo real es racional), hasta la crisis
del marxismo en los países del Este. Estas diferentes maneras de
contar una historia universal de la humanidad que conducen a la
emancipación de la misma han fracasado. Y ante este fracaso, estos
ideales están perdiendo vigencia.
No fue la ausencia
del progreso sino, por el contrario, el desarrollo tecnocientífico,
artístico, económico y político, lo que ha hecho posible el estallido
de las guerras mundiales, los totalitarismos tanto de izquierda como
de derecha, la brecha creciente entre la riqueza del Norte y la
pobreza del Sur, el desempleo y la “nueva pobreza” en los países en
vías de desarrollo. Por otra parte, en terreno político, el
surgimiento de candidatos ajenos por sus antecedente |