Psicología
Posmodernidad, pareja,
terapia de pareja

Ro
xana M Ramundo
roxiramundo@speedy.com.ar

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1.- Abstract

   1.1 Palabras claves

   1.2 English abstract

   1.3 English Keywords

2.- Justificación

3.- Esquema de investigación

   3.1 Tema

   3.2 Problema

   3.3 Hipótesis

   3.4 Variable independiente

   3.5 Variable dependiente 1

   3.6 Variable dependiente 2

4.- Objetivos

   4.1 Objetivos Generales

   4.2 Objetivos específicos

5.- Metodología de la Investigación

6.- Definiciones conceptuales

7.- definiciones  operacionales

7.1- Indicadores


Introducción

 

Parte I

La pareja como vínculo vital

¿Que es la pareja?

Evolución histórica de la familia y la pareja

Transformaciones de la familia actual

Cómo se transformó la pareja

Del deseo al código

Parejas tradicionales

Parejas transicionales

Pareja contraculturales o innovadoras

                                   

Parte II
Posmodernidad

¿A qué llamamos posmodernidad?

Génesis de la cultura posmoderna

¿Posmodernidad o posmoralidad?

Perfil del individuo posmoderno

Posmodernidad, cultura de la imagen y del simulacro

Posmodernidad, el lugar de los no lugares

La noción de pareja y familia en la posmodernidad

Conclusión

 

Parte III

La clínica ante el desafío actual

Psicoanálisis

Conductismo

Terapia Familiar Sistémica

Terapias posmodernas  Constructivismo social, narrativas

Conclusión: Hacia una nueva mirada del terapeuta

 

Parte IV

La Investigación realizada - Método

a) Muestra

b) Instrumento

c) Procedimiento

d) Resultados

e) Respuestas acerca de pareja

f) Respuestas acerca de terapia

g) Opiniones promedio sobre la terapia de pareja

h) Respuestas acerca de valores/ creencias

i) Cruce de Variables

j) Discusión- Interpretación de los resultados

k) Un caso porteño, algunas conclusiones de mi investigación

Conclusión


Bibliografía

Protocolo de investigación

Libro de Códigos

Matriz de datos

 

“¿DE QUÉ  HABLAMOS  CUANDO  HABLAMOS  DE  AMOR?”

La noción de pareja en la posmodernidad. Una visión pluralista para el abordaje terapéutico.

1.- Abstract:

He de considerar al siguiente trabajo como una investigación de carácter descriptivo-cuantitativo, efectuada con la finalidad de repensar la terapia de pareja, analizando el marco de la  posmodernidad en la que ésta se inscribe en nuestros días, indagando en los cambios de creencias que han afectado a los vínculos de pareja. Vivimos en un mundo globalizado, en una época signada por la incertidumbre y por un ritmo vertiginoso de cambios que afectan todos los órdenes de nuestra vida.

Inmerso en la posmodernidad, el de la pareja es un terreno en el que se manifiestan profundas modificaciones, con respecto a los viejos modelos de la modernidad. Asimismo, las formas del encuentro entre los sexos y, seguramente, la propia definición de pareja necesitan ser reformuladas.

Analizaré la evolución histórica de la noción de pareja, incluyendo los nuevos estilos en que las personas adultas deciden unir sus vidas. La finalidad de este estudio es establecer una comprensión amplia de las problemáticas que pueden originar la consulta terapéutica de la pareja en la época actual, con el fin de repasar aquellos aportes que en los últimos veinte años han resultado novedosos para la intervención clínica, así como contribuir al diseño de otros recursos creativos que permitan ayudar a cada pareja a resolver sus problemas, dentro de su realidad particular y de su propio contexto de desarrollo.

1. 1 Palabras claves: Pareja - posmodernidad –creencias - terapia - diversidad - pluralismo – multiplicidad

1.2 English Abstract:

I have to consider to the following work like an investigation of descriptive, quantitative and
qualitative character, carried out with the purpose of rethink the couple´s therapy, analyzing it inside of post modernity time, where this one is registered nowadays, investigating

about the changes on beliefs which have affected the couple bonds.

We lived in a global world, a time signed by the uncertainty and signed by a vertiginous rate of changes that affect all the areas of our life.

The couple´s land is immersed in the post modernity time where deep modifications are pronounced, about the old models of modernity.

Also, the forms of the meeting between sexes and surely, the definition of couple needs to be reformulated.

I will analyze the historical evolution about couple notion, including the new styles which the adult people decide to join their lives.

The purpose of this investigation, is to establish a large understanding about the problematic which make possible the first therapeutic date from the couple with the purpose of reviewing those contributions that in the last twenty years have been novel for the clinical intervention, as well as contributing to design other creative resources which allow to help to each couple to solve their problems, within their particular reality and within its own context of development.


1.3  English Key words: Pair – post modernity - beliefs - therapy - diversity - pluralism - multiplicity

2.- Justificación

Hace apenas 50 años, los matrimonios para toda la vida, eran, para la mayoría, la única forma válida para que dos personas decidieran convivir y establecer un proyecto en común.

En nuestros días, sin embargo, para los más jóvenes, parecería estar aceptada la idea de que cuando el amor se esfuma, las parejas pueden decidir emprender caminos separados, sin que esto connote un estigma de fracaso ni de disolución del vínculo familiar, en el caso de que tengan hijos.

Los divorcios y los nuevos casamientos de los divorciados son un contraste notorio, con respecto al modelo tradicional de pareja “hasta que la muerte los separe”. Tanto se ha profundizado en el tema, que se acuñó un término específico para dar cuenta de la versión que supone en las segundas nupcias, el caso de parejas formadas por padres separados con hijos: las familias ensambladas.

Pero estas familias son apenas una de las tantas variantes en las que hoy se puede constituir una pareja.

En tiempos en que todas las certezas rectoras de la humanidad, están siendo cuestionadas, las búsquedas y las necesidades reales de los individuos confrontan a la psicología con el desafío de encontrar respuestas comprehensivas y originales para poder satisfacer las consultas que los llevan a la terapia. En ese sentido propongo definir a la “pareja”: como el vínculo amoroso que establecen dos personas adultas entre sí, el cual puede adoptar una diversidad de formas en función del contexto histórico y sociocultural en el que ésta se desenvuelva.

Esta definición resulta lo suficientemente abarcativa como para incluir en ella a muy distintas modalidades de unión adulta que, escapando a los patrones clásicos del matrimonio, son igualmente válidas y significativas. Me refiero a situaciones como la convivencia, que, ya sea como un estadio previo a la unión conyugal o como instauración de la pareja definitiva, es uno de los estilos actuales de pareja que ha ganado adeptos y que, hasta tiene su figura legal, con equiparación de derechos de los convivientes respecto a las uniones matrimoniales. Asimismo, la unión civil para personas gays, celebrada por primera vez el año pasado en el registro civil de la Capital Federal, constituye otra modalidad vincular que comienza a ser aceptada y legitimada en nuestra sociedad. Logros considerables, si tenemos en cuenta que en nuestro país, el divorcio vincular no aparece sino hasta 1987, hace apenas 18 años.

Contemplemos, igualmente, aquellas situaciones de “matrimonio a distancia” que atraviesan muchas parejas hoy en día, cuando uno de los miembros debe instalarse en otra ciudad o viajar varios meses al año a otros países por cuestiones laborales; estas uniones también presentan su especificidad y dejan de ser situaciones excepcionales para convertirse en la cotidianeidad y en el estilo de vida propio de esas parejas.

Las relaciones on line, que se establecen a través de Internet, muchas de las cuales desembocan en la consecución de parejas al estilo tradicional, nos enfrentan a otra de las formas en que se establecen las parejas hoy, con sus problemáticas específicas.

Teniendo en cuenta las mencionadas y muchas otras variantes posibles y, entendiendo que la pareja, al ser una relación amorosa entre diferentes realidades del yo, que está sometida también a las contingencias de los tiempos, considero que es una responsabilidad para quienes nos interesamos en el trabajo para la salud de las parejas y de sus familias, hacer una revisión de los modelos dominantes sobre la pareja y crear las condiciones favorables para que emerjan nuevas y múltiples posibilidades en las relaciones humanas. Tal vez se necesiten nuevas palabras que ayuden a acompañar este proceso de cambio hacia la construcción de nuevos modelos de pareja. Mi  compromiso es encontrar algunas de ellas.


3.- Esquema de Investigación
 

3.1.- Tema: Parejas, posmodernidad y terapia de pareja

3.2.- Problema: ¿Incide la posmodernidad en el modo cómo se vinculan las parejas y en los problemas que las llevan a terapia?

3.3.- Hipótesis: Los valores de la posmodernidad afectarían los modos de vinculación de  las parejas y sus problemáticas.

3.4.- Variable independiente: Posmodernidad

3.5.- Variable dependiente I: Pareja

3.6.- Variable dependiente II: terapia de pareja

 

4.- Objetivos
4. 1.- Objetivos generales:

Mi  objetivo es arribar a una comprensión acerca de la incidencia de los valores de laposmodernidad, para determinar de qué manera atraviesan la concepción de pareja existente en nuestros días.
Tomados como elementos, los pensamientos, indicadores de posmodernidad, que describe Gilles Lipovetsky, analizaré en que medida, estos están presentes, en la pareja argentina del 2005.

4.2.- Objetivos específicos:

Determinar, la incidencia de creencias posmodernas en la pareja argentina, para así contribuir al diseño de recursos terapéuticos que permitan abordar las problemáticas emergentes

5.- Metodología de la investigación:

La presente investigación es de carácter descriptivo-cuali- cuantitativa y, como tal, me basaré doblemente en la investigación bibliográfica y en la exploración en campo, mediante encuestas a una población representativa a la que se le aplicará un cuestionario cerrado.

En cuanto a la investigación bibliográfica consultaré preferentemente a los autores referentes del marco teórico en el que se inscribe el estudio (los nuevos paradigmas  en ciencias sociales), tanto los procedentes del campo de la psicología como a aquellos que provienen del campo de la sociología, la filosofía o la física. Asimismo estarán presentes las voces de aquellos otros autores de la psicología que han estudiado el tema de la pareja desde ópticas distintas a la de nuestro enfoque, como el psicoanálisis, la psicología cognitiva o las corrientes que integran el arte o la espiritualidad en la terapia, con el fin de encontrar similitudes y diferencias que puedan aportarnos nuevas vertientes para la reflexión y el diseño de herramientas de abordaje. Asimismo consultaré distintos papers científicos y artículos publicados en las revistas que editan las asociaciones de psicólogos de nuestro país y del exterior.

Con respecto al campo de estudio, estará circunscrito a la Capital Federal argentina, a personas de entre 25 y 45 años, hombres o mujeres, con o sin pareja, que acudan o no a la terapia, de nivel educativo terciario y/o universitario y de clase media, porque creemos que este grupo representa más acabadamente a los sujetos de nuestro estudio: aquellos atravesados por los valores de la posmodernidad.

6-Definiciones Conceptuales:

Posmodernidad:
“Se trata de una mutación sociológica global, que está en curso, una creación histórica próxima a lo que Castoriadis denomina ‘significación imaginaria central’, combinación sinérgica de organizaciones y de significaciones, de acciones y valores, iniciada a partir de los años veinte – sólo en las esferas artísticas y psicoanalíticas la anticiparon en algunos decenios-, y que no cesa de ampliar sus efectos desde la Segunda Guerra Mundial.” (página 6 de La era del vacío):

 

Parejas: Cuando hablamos de “pareja” nos referimos al vínculo amoroso que establecen dos personas adultas entre sí.

Conjunto de dos personas, que tienen entre sí alguna correlación o semejanza, y especialmente el formado por hombre y mujer.


Terapia de pareja: La terapia de pareja es una práctica específica de la psicología de las relaciones interpersonales. Si bien deben admitirse limitaciones de sus resultados, ha demostrado su eficacia de manera empírica

 

7.- Definiciones Operativas:

 

7.1 Indicadores

 

a) Sociedad posmoderna: aquella en la que reina la indiferencia de masa, donde domina el sentimiento de reiteración y estancamiento, en que la autonomía privada no se discute, donde lo nuevo se acoge como lo antiguo, donde se banaliza la innovación, en la que el futuro no se asimila ya a un progreso ineluctable.

b) Proceso de personalización: mutación sociológica global iniciada a partir de los años 20; nueva manera de la sociedad para organizarse; nueva lógica desarrollo de las sociedades democráticas avanzadas que remodela en profundidad el conjunto de los sectores de la vida social. Se manifiesta en lo movimientos neofeministas, en la libertad de las costumbres y la sexualidad, búsqueda de la propia identidad, vivir libremente sin represiones, escoger íntegramente el modo de existencia de cada uno.

c) Sociedad flexible: Por “sociedad flexible” se entiende claramente una sociedad donde han caducado los viejos y tradicionales valores. Se disuelven los valores absolutos. Ya no estamos en presencia de una moral absoluta, sino relativista, que parte del sentimiento, lo moral pasa a ser lo que cada uno siente

d) Sociedad de consumo: se entiende por sociedad de consumo aquel tipo de sociedad que se corresponde con una etapa avanzada de desarrollo industrial y que se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios, disponibles gracias a la producción masiva de los mismos.

e) Elecciones privadas. Esta visión es popular en los contextos que a precian como valor central la autonomía del sujeto individual. La familia y sus características no nacen de una dinámica natural propia, sino de la persona-en-relación sino del condicionamiento que sufren los ciclos vitales a causa de la amortización y monetarización de elecciones privadas que al sumarse se tornan en elección.

f) Deseo:. Movimiento enérgico de la voluntad hacia el conocimiento, posesión o disfrute. Acción y efecto de desear.

g) Comprensión: Acción de comprender. Capacidad para entender las cosas

h) Sexo. Libre elección de las identidades sexuales. Concebir a los hombres como sujetos de derechos sexuales y reproductivos, y no como agentes de riesgo hacia otros hombres y mujeres, significa redimensionar su capacidad afectiva, su derecho a amar, a sentir, a vivir plenamente y a ser responsables de sus decisiones sexuales y reproductivas.

i) Noción de “amor”: Conjunto de sentimientos positivos que ligan una persona a otra, o bien a las cosas, ideas, etc.

j) Uniformidad/Diversidad: La globalización significa un aumento en la interdependencia entre las sociedades, es el mundo de la diversidad y no de la uniformidad. Hoy, tenemos una estructura del sistema internacional basada en los estados, las empresas multinacionales y las sociedades que se involucran cada vez más en el mundo y que participan directamente en el cambio de un sistema interestatal hacia uno social mundial, es decir, las sociedades civiles se organizan y se comprometen cada vez más en el futuro del mundo y en el proceso de globalización.

k) Derecho a ser “Uno Mismo: Pareciera que todos son dueños de sus vidas. En cambio son pocos los que son verdaderamente dueños de sus propias vidas.

Y ésta es la causa de muchas tristezas, depresiones, descontentos, ansiedades y angustias.

Tenemos la impresión de que no llevamos las riendas de nuestra propia existencia. Y eso no nos gusta. Sentimos que nuestra vida está en otras manos y que no la dirigimos como verdaderos dueños.

l) Revolución del consumo: Mientras la modernidad exaltaba el ahorro, la posmodernidad estimula el crédito. Esto facilita el consumo, porque ante la antinomia tener o ser, para la cultura posmoderna soy lo que tengo. El hombre posmoderno se halla muy lejos de aquel sujeto que hacía de la conciencia y del cultivo esforzado de una persona su mayor orgullo. Al contrario, la publicidad nos invita a adelgazar sin esfuerzo, a estudiar un idioma sin esfuerzo, a dejar de fumar sin esfuerzo. En la sociedad posmoderna no hay lugar para la revolución, ni para fuertes compromisos políticos, la sociedad es como es, y la idea de cambiar radicalmente a la misma, ya no se le ocurre a nadie. El posmoderno consume, luego existe. El consumo se presenta como una red que aprisiona a la vez que da forma a nuestra manera de vivir. En la cual la vida se define por la posibilidad o no de alcanzar ciertas cosas. 

m) Terapia de pareja/motivos de consulta: La inestabilidad es el mayor disparador de conflictos dentro de las familias. Ese malestar está como exacerbado por la dificultad económica, la inseguridad, la desazón social y por lo que cuesta vivir. Esto se suma a la rapidez con la que todo se vive y el hedonismo, la satisfacción propia: si algo no me gusta me voy", Muchos padres tardan en "soltar" a sus hijos al mundo externo.

n) Divorcio: Disolver o separar, por sentencia, el matrimonio, con cese efectivo de la convivencia conyugal. Disolución del vínculo matrimonial.

El divorcio suele ser visto como un peligro de desintegración familiar, pero también puede ser una oportunidad para crecer, si la crisis se resuelve, ya que como toda crisis, al resolverse, se pasa a otra etapa de cambio.

o ) Matrimonio para toda la vida: Todos nos casamos para toda la vida... cada vez que nos casamos. Esa es, justamente, la premisa fundamental del matrimonio: una relación con vocación de permanencia. Sin embargo, desde que se instituyó el divorcio, quedó oficialmente reconocido que no siempre lo que se proyecta y promete se llega a cumplir

p) Parejas/creencias:  Las creencias son parte de la vida de las personas. Si bien es cierto que muchas de estas creencias y prácticas son completamente ineficaces, algunas son incluso nocivas, algunos aspectos de estas creencias  pueden utilizarse para promover mejor la planificación familiar. Los mitos familiares, a su vez, constituyen un número de creencias bien sistematizadas y compartidas por todos los miembros de la familia, respecto de sus roles mutuos y de la naturaleza de la relación entre ellos. Estos mitos contienen muchas reglas secretas de la relación, que se mantienen ocultas en los estereotipos y las rutinas del hogar. (Juancito es inseguro y afeminado como su tío Manuel, observa la tía Juana. Pero en la familia "de eso no se habla".) A su vez, la asignación de un rol o lugar determinado dentro de la familia a partir de determinados mitos juega un papel fundamental en la elección de pareja

q) Proyecto vital: La falta de trabajo  y la crisis económica son algunas de las posibles causas de el divorcio si, hay mayores crisis dentro de las parejas, y estas crisis pueden responder a una crisis externa. De todas maneras, si la pareja esta bien ensamblada, bien fortalecida la va a ser tambalear, pero no romper, aunque si puede modificar algunos parámetros dentro de la pareja”, Una crisis económica que tiene como producto el desempleo, o una desestabilización grande económica, “puede hacer que ese proyecto vital compartido que lo iniciaron como ilusorio, como un ideal, se rompa. Ahora, si toca sólo eso y todos los demás parámetros están medianamente fortificados una pareja no se rompe”.

r) Nuevas formas de encuentro:

Hoy asistimos a una “liberación” sexual, ya que la sociedad es más permisiva para las diversas formas de sexualidad, lo que ha producido una  variación en el concepto de identidad sexual.

Vamos hacia nuevas formas sociales que ocasionan y a su vez son consecuencia de los avances científicos y tecnológicos (anticonceptivos, fecundación artificial).

Como expresión de lo que se ha dado en llamar posmodernidad se toma más en cuenta el relativismo social y cultural. Se debaten ideas en relación al futuro de la humanidad.

s) Noción de ciclo vital La pareja, y la familia que de ella se forme, constituyen un organismo vivo y en crecimiento por lo que inevitablemente irá desarrollándose en ciclos vitales, es decir en momentos particulares y determinantes para su normal continuidad. Es posible que ante la presencia de nuevas situaciones derivadas de la evolución natural de la familia y de sus integrantes aquella no consiga adaptarse y lo que a la larga puede resultar disfuncional.

t) Convivencia: Vivir en compañía de otro u otros. Si bien para muchos siguen muy vigentes los modelos de parejas tradicionales, hay cada vez más personas que eligen estilos diferentes. Cada pareja es un mundo: y en cada una rigen reglas diferentes. De acuerdo a las preferencias y necesidades de cada una se forman, cada vez con mayor frecuencia, estilos variables. Son relaciones simétricas en lo manifiesto en cuanto al ejercicio del poder y a la posibilidad de trabajar, pero cuando tienen hijos, la mujer se repliega en el hogar hasta que pueda retomar su actividad años más tarde”. si bien la relación es diferente a la del modelo tradicional, aún subsiste la división del trabajo anterior en el hogar y el cuidado de los niños suele ser tarea prioritaria de la madre, aunque el hombre colabore.

INTRODUCCIÓN

 

Vivimos en un mundo globalizado, en una época signada por la incertidumbre y por un ritmo vertiginoso de cambios que afectan todos los órdenes de nuestra vida. Inmerso en la posmodernidad, el de la pareja es un terreno en el que se manifiestan profundas modificaciones con respecto a los viejos modelos de la modernidad. Asimismo, las formas del encuentro entre los sexos y, seguramente, la propia definición de pareja necesitan ser reformuladas.

Los matrimonios para toda la vida han dejado de ser la única forma válida para que dos personas decidan convivir y establecer un proyecto en común. En nuestros días está ampliamente aceptada la idea de que cuando el amor se esfuma, las parejas pueden decidir emprender caminos separados, sin que esto connote un estigma de fracaso ni de disolución del vínculo familiar, en el caso de que tengan hijos. En ese sentido, es dable destacar que los divorcios y los nuevos casamientos de los divorciados son el contraste más ampliamente estudiado, de la mano de la psicología familiar sistémica, con respecto al modelo tradicional de pareja “hasta que la muerte los separe”. Tanto se ha profundizado en el tema, que se acuñó un término específico para dar cuenta de la versión “los míos, los tuyos y los nuestros” que suponen las segundas nupcias, en el caso de parejas formadas por padres separados con hijos: las familias ensambladas.

La psicología cuenta con abundante teorización y una larga casuística en el tratamiento de las problemáticas específicas de estas familias. Pero estas familias son apenas una de las tantas variantes en las que hoy se puede constituir una pareja. En los tiempos que nos toca vivir, existen nuevas y variadas modalidades de legitimar el amor entre dos seres adultos que dan cuenta de que no todo está escrito en la materia. Matrimonios entre personas del mismo sexo, parejas abiertas, matrimonios que viven en distintas ciudades o hasta países, uniones civiles, convivencias sin papeles, relaciones a largo plazo “sin compromisos”, etc.

En tiempos en que todas las certezas rectoras de la humanidad, están siendo cuestionadas, las búsquedas y las necesidades reales de los individuos confrontan a la psicología con el desafío de encontrar respuestas comprehensivas y originales para poder satisfacer las consultas que los llevan a la terapia.

Teniendo en cuenta las mencionadas y muchas otras variantes posibles y, entendiendo que la pareja, al ser una relación amorosa entre diferentes realidades del yo, que está sometida también a las contingencias de los tiempos, considero que es una responsabilidad para aquellos interesados en el trabajo para la salud de las parejas y de sus familias, hacer una revisión de los modelos dominantes sobre la pareja y crear las condiciones favorables para que emerjan nuevas y múltiples posibilidades en las relaciones humanas. Tal vez se necesiten nuevas palabras que ayuden a acompañar este proceso de cambio hacia la construcción de nuevos modelos de pareja. Mi compromiso es encontrar algunas de ellas.

Por eso nos abocamos a este trabajo, que ha sido encarado como una investigación de carácter descriptivo-cuanti-cualitativo, efectuada con la finalidad de repensar la terapia de pareja, analizando el marco de la  posmodernidad en la que ésta se inscribe en nuestros días, indagando en los recursos terapéuticos disponibles actualmente y teniendo en cuenta otras posibles herramientas que puedan ayudar a los consultantes a solucionar los problemas que atraviesan. Partimos de la evolución histórica de la noción de pareja, incluyendo los nuevos estilos en que las personas adultas deciden unir sus vidas. La finalidad de este estudio es establecer una comprensión amplia de las problemáticas que pueden originar la consulta terapéutica de la pareja en la época actual, con el fin de repasar aquellos aportes que en los últimos veinte años han resultado novedosos para la intervención clínica, así como contribuir al diseño de otros recursos creativos que permitan ayudar a cada pareja a resolver sus problemas, dentro de su realidad particular y de su propio contexto de desarrollo.

Parte I

La pareja como vínculo vital

¿Qué es la pareja?

Cuando hablamos de “pareja” nos referimos al vínculo amoroso que establecen dos personas
adultas entre sí, el cual puede adoptar una diversidad de formas en función del contexto histórico y
sociocultural en el que ésta se desenvuelva.

Creo que esta definición resulta lo suficientemente abarcadora como para incluir en ella a muy distintas modalidades de unión adulta que, escapando a los patrones clásicos del matrimonio, son igualmente válidas y significativas. Esto hace referencia a situaciones como la convivencia, que, ya sea como un estadio previo a la unión conyugal o como instauración de la pareja definitiva, es uno de los estilos actuales de pareja que ha ganado adeptos y que, hasta tiene su figura legal, con equiparación de derechos de los convivientes respecto a las uniones matrimoniales. Asimismo, la unión civil para personas gays, celebrada por primera vez en el 2003 en el registro civil de la Capital Federal, constituye otra modalidad vincular que comienza a ser aceptada y legitimada en nuestra sociedad.
Contemplemos, igualmente, aquellas situaciones de “matrimonio a distancia” que atraviesan muchas parejas hoy en día, cuando uno de los miembros debe instalarse en otra ciudad o viajar varios meses al año a otros países por cuestiones laborales; estas uniones también presentan su especificidad y dejan de ser situaciones excepcionales para convertirse en la cotidianeidad y en el estilo de vida propio de esas parejas.

Más características de nuestros tiempos, las relaciones on line, que se establecen a través de Internet, muchas de las cuales desembocan en la consecución de parejas al estilo tradicional, nos enfrentan a otra de las formas en que se establecen las parejas hoy, con sus problemáticas específicas.

Evolución histórica de la familia y de la pareja

El concepto de pareja está íntimamente relacionado con el de familia, y si bien no es esta unidad la que constituye el eje de la presente investigación, es necesario echar una mirada a la evolución que la noción de familia ha experimentado en el curso de los últimos siglos y no solo de la pareja en si misma.

Las configuraciones vinculares, lejos de ser un “orden natural” de la humanidad, responden al espíritu de la época. Y la familia, a lo largo de la historia ha respondido a los diferentes modos de producción económica u organización política que ha experimentado la sociedad occidental. A lo largo de sus transformaciones, sin embargo, ha mantenido en tanto matriz vincular primordial, su función esencial como núcleo en el que se constituye la subjetividad de los individuos.

Partiré de la modernidad, para analizar cómo se ha transformado, en los comienzos de este nuevo siglo, y cómo ha dado lugar a  nuevas formas de constitución de “yoes”, y por lo tanto, a nuevos modos de vincularse entre sí.

Según Gergen[1] nuestra concepción del yo está atravesando un profundo cambio constituyendo lo que él llama “un proceso de saturación social”. Según sus palabras “hemos heredado, principalmente del siglo XIX, una visión romántica del yo que atribuye a cada individuo rasgos de personalidad, pasión, alma, creatividad, temple moral. Este vocabulario es esencial para el establecimiento de relaciones comprometidas, amistades fieles y objetivos vitales pero desde que surgió, a comienzos del siglo XX, la cosmovisión modernista, las principales características del yo no son una cuestión de intensidad sino más bien una capacidad de raciocinio para desarrollar nuestros conceptos, opiniones e intenciones conscientes. Los modernistas creen en el sistema educativo, la vida familiar estable, la formación moral y la elección racional de determinada estructura matrimonial”.

Ya antes de nacer el niño está condicionado por el entorno. Alguien le dará un nombre y sentará las expectativas de lo que ese niño deberá ser, creando así el punto de partida para su constitución subjetiva. En qué momento nace, en dónde, en qué siglo, familia y clase social, son factores azarosos que no se eligen y que sin embargo son determinantes para el futuro desarrollo de cada ser, en tanto deviene humano y social.

Cada cultura constituye sus propias subjetividades y modelos vinculares acordes con sus valores, ideologías y significaciones hegemónicas.

El grupo familiar es el transmisor de dichos valores, actuando como lazo entre el individuo y el macrocontexto en el primer momento de la vida. Es lo que Berger y Luckman llaman “proceso de socialización primaria”.[2]

Es difícil, incluso dentro de una misma época, hablar de “la familia” o de un modelo único de familia, puesto que las formas de funcionamiento, los estilos y las características especificas qué esta adquiere, varían en relación a diversos factores. Aún dentro de la cultura occidental, encontramos diferencias abruptas según el país en el que habite y según el grupo socioeconómico en el que ésta se desenvuelve. El mismo concepto de “niño” cambia dramáticamente si se alude a un pequeño habitante de una humilde población rural, a un chico de la calle o a un hijo de una familia de sectores pudientes, entrenado en computación, idiomas, deportes y viajes. Las percepciones acerca del mundo son extremadamente diferentes entre unos y otro.

El discurso familiar transmite los enunciados que darán identidad y ubicarán al niño en el mundo. Pero sus mensajes no están escindidos de los mensajes del entorno. La familia subraya ciertos aspectos de su transmisión, dosificando la oferta que desde el exterior, llegará al pequeño hasta que se inserte en la trama familiar y sociocultural. Se produce así el “proceso de socialización secundaria” en términos de Berger y Luckman. [3]

El niño no está simplemente influido por la cultura sino que su propia subjetividad se construye y está entramada en un tejido de redes socioculturales, en la medida que pertenece a grupos o instituciones. De este modo, el contexto sociocultural, al igual que la familia y la parentalidad, posee funciones de sostén narcisista e identificatorio.

La pertenencia a un grupo ofrece al individuo una apoyatura fundante, una verdad inicial que sostiene su ingreso a la historicidad, que le da identidad a través de la mirada de los otros.

El niño reclamará su autonomía, buscará ser él mismo, sin perder la pertenencia y el reconocimiento. Demandará, ante todo, amor.

En todas las sociedades este crecimiento se realiza a través de crisis y de ritos de pasaje que facilitan la resolución del conflicto psíquico que implica el crecimiento.  La autonomía trae aparejada separación y esto no se realiza sin algo de dolor.

En algunas familias, sin embargo, este proceso de crecimiento se ve muchas veces dificultado cuando los padres o los mandatos familiares muy rígidos no toleran el desprendimiento y la independización. Es entonces cuando las crisis de crecimientos dan lugar a síntomas, a diversas patologías, cuando el individuo no cuenta con recursos psíquicos para defenderse de la imposición del grupo familiar sin renunciar a sí mismo.

He ahí uno de los primeros motivos de consulta para la terapia. Y uno de los primeros desafíos para la terapia en esta época, signada por la posmodernidad, es precisamente dar respuestas a los principales motivos de consulta que llegan al consultorio. Señalan las psicoanalistas María Cristina Rojas y Susana Sternbach[4] que “Las familias con adolescentes consultan hoy por la desorientación de los jóvenes y sus dificultades para insertarse en el mundo. Las elecciones se postergan y también con ellas el ingreso a la adultez”. Y se preguntan “¿Cómo elegir en un mundo que no toma en cuenta el mañana? Por otra parte ¿ofrece acaso nuestro medio, marcado por los ajustes propios del neoliberalismo, oportunidades claras de inserción en el mundo productivo?”

Transformaciones de la familia actual

Conviven en nuestros días dos modelos de familia. Uno que conserva los valores y estilos de la modernidad, al que podríamos denominar como “familia tradicional”, y otro, que sería un “no modelo”, que expresa la multiplicidad de alternativas que existen en la posmodernidad.

Lo que para las personas adquiere sentido de familia hoy no es solamente aquella constituida por lazos sanguíneos directos, sino que incluye toda una red de afectos posibles, nacidos a partir de distintas clases de uniones de pareja.

Todos los modos posibles de relaciones que hoy se engloban bajo el término familia, presentan escenarios diversos, en su evolución, desarrollo y crecimiento. Y esto implica, al mismo tiempo, la existencia de conflictos, crisis y situaciones de angustia que pueden afectar a uno o varios de sus miembros, distintas de las que se conocen y se han estudiado. Al ser estas, por su complejidad, difíciles de tipificar, diagnosticar o prever, imponen a la clínica y a los terapeutas, el desafío de encontrar soluciones únicas, que den cuenta de la unicidad de cada situación familiar.  Esto implica la necesidad de reconocer la dimensión ideológica de la escucha de cada terapeuta, de poner en juego la propia subjetividad,  menos atada a teorías estancas y más flexibles en cuanto a la búsqueda de respuestas que permitan ayudar a los consultantes, entendiéndolos en su particularidad. Esto implica, entonces, estar abiertos lo nuevo y diferente, alejar prejuicios, y poder apartarnos de las pautas sociales y familiares en las que nosotros mismos nos formamos.

Algunos datos estadísticos nos informan de la situación de la pareja matrimonial vernácula.

De acuerdo a datos del Registro Civil de la Capital federal, los casamientos disminuyeron un 38% en los últimos seis años[5], tras el auge casamentero posterior a la ley de divorcio. La curva descendente comienza en los 50; desde entonces la cantidad de actos matrimoniales descendía un 46%.

Según datos del INDEC los hogares unipersonales aumentaron en los últimos catorce años del 4,7 % al 9 %[6],  En 1994 1.200.000 personas vivían solas. La opción por la soledad es señalada como una tendencia con un número creciente de adscriptos.

A pesar de ello, la sociedad sigue presionando sobre quienes no tienen pareja o hijos en nombre de la organización familiar.

Se buscan nuevas formas de pareja que no atenten contra el deseo. Un sondeo efectuado por la psicóloga Graciela Sibos para la OMS concluye que un 80% de las personas no hace el amor más que dos veces por semana. Y un 28% no lo hace ni siquiera con una frecuencia semanal.

Algunos ven en este descenso del erotismo un rasgo de la posmodernidad asediada por los medios.

En cuanto a la pareja podemos vislumbrar que crece el sexo interactivo, el erotismo en la pantalla de la computadora. El software pornográfico: un CD interactivo con escenas de alto contenido erótico. El flirteo en línea puede terminar con un noviazgo convencional o bien eternizarse sin que el cuerpo intervenga.

Las conclusiones de las encuestas realizadas por las naciones unidas a partir del Año Internacional de la familia (1994) señalan que los últimos treinta años, la familia sufrió un cambio radical En los 60 estaba constituida por madre, padre e hijos. Hoy se advierten otras formas: familias “monoparentales”, hijos de parejas no casadas, chicos que dejan el hogar, madres solteras, etcétera. Familias al fin, sólo que tienen diferentes características que la “familia moderna”.

Por ejemplo: el 30% de los matrimonios se divorcian pero reinciden No podemos llamar a esto un fracaso.

El 30 % de los matrimonios lo son en segundas nupcias.

El 33 % de los jóvenes (20/34 años) no lo creen indisolubles. Los núcleos monoparentales crecieron más que las familias. Entre el 60 y el 80 por ciento en los sectores medios y altos. De 1.200.000 hogares el 77% son maternos y 23 % paternos. En el 22 % de las familias el “jefe del hogar” es mujer: 2.000.000 de mujeres solteras, viudas o divorciadas. El índice de hijos extramatrimoniales creció un 30 %. La Argentina en 1960 tenía 4,5 miembros por hogar; hoy 3,9. En Dinamarca el 50% de los hijos son de madres solteras.

La cantidad de personas promedio por hogar no llega a 3 en los países centrales de Europa, Estados Unidos y Canadá.


¿Cómo se transformó la pareja?

Según Fridman y Gindin[7], la pareja no es una realidad que nos fue dada desde el origen de los tiempos. Fueron necesarios diecisiete siglos para que se impusiera nuestro actual modelo de familia y de pareja. Del II AC. al XV. En la Italia romana antes de nuestra era existían diferentes realidades, los esclavos que vivían en un estado de promiscuidad sexual y la clase aristocrática y plebeya con normas diferenciadas. El pueblo era más estricto que la aristocracia en su conducta moral. Será el cristianismo el que divulgará en la aristocracia esta moral del pueblo. Ya antes del cristianismo se pasa de una conducta bisexual a una heterosexual. El objetivo es incrementar la producción de ciudadanos libres. Se implementa el matrimonio como institución fundamental para todos. La pareja se elegía por conveniencia social y no por amor. Tenía como objetivo el asegurar la transmisión de la fortuna a los hijos reconocidos. Si se carecía de bienes no era necesario casarse. Augusto, emperador romano procuró el control de la fidelidad. El matrimonio era una ceremonia privada en el que sólo existía un contrato de dote. Sólo por los testigos se sabía que realmente se hubiesen casado. La mujer no era “ama de casa” ni dueña, sino una menor que el marido gobernaba. Aunque ella seguía dependiendo de su padre quien la prestaba junto con la dote al yerno. Si la mujer estaba descontenta podía divorciarse llevándose su dote. Dentro de este matrimonio todo lo que se espera es que la mujer sea fértil y tenga hijos y hasta se puede, para ello, intercambiar maridos.

El concepto de pareja más cercano al actual nace, en realidad en el siglo I antes de Cristo, cuando el matrimonio deja de ser una obligación moral cívica que garantiza más ciudadanos para convertirse en una moral de pareja que convierte a la mujer en una amiga, compañera del hombre de toda una vida, aunque en un nivel de inferioridad. No se puede tratar a esta esposa-amiga como a una amante. La historia de Mesalina descripta como una desvergonzada condenada a muerte por querer casarse por amor, da cuenta de cómo la base del matrimonio debía ser sólo social.

En la Edad Media se produce un importante cambio en la concepción de la pareja siendo que la vida privada se impone sobre la pública. El hombre vale por lo que tiene y no por lo que es. La relación más importante es la que se establece con Dios. No existe la intimidad entre hermanos. Para la Edad Media las virtudes femeninas eran la castidad, la humildad, modestia, sobriedad y laboriosidad. El matrimonio no une sólo a los dos esposos sino a dos familias, conservando la paz, celebrando alianzas. Se produce dentro de la pareja un verdadero desequilibrio afectivo, la mujer debe obedecer a su esposo. La fidelidad es requisito mutuo del matrimonio pero la esposa está más presionada a ejercerla. La mujer debía ser guía y consejera espiritual del marido. Debía tener aspecto mediocre, un justo término entre la belleza difícil de custodiar y la fealdad fastidiosa de soportar.

El marido tiene tres obligaciones: sustentación, instrucción y corrección (hasta el castigo físico cuando fuera necesario).

La mujer debe engendrar hasta la muerte, debe quedarse al cuidado de la casa. El varón produce, gana y acumula. La mujer tiene mucho trabajo y no dispone de dinero. Simultáneamente a esta degradación femenina aparece en el siglo XI el amor cortesano de culto a la mujer. Esta es ennoblecida y al deseo aparece como insaciable. Está basado en la belleza física, es un amor imposible, ideal.

El amor cortés promovió una actitud diferente del hombre hacia la mujer, elevándola de su condición de inferior.

En la Edad Moderna se pasa de la pareja feudal cerrada y atomizada a una pareja conectada con el mundo exterior construyendo así la idea de familia. La mujer aparece definida en relación a los hombres: hermana de, hija de, esposa de, nieta de, etcétera. No se encuentra más al margen de la cuestión económica. Debe procurarse su propia dote. El amor todavía no es motivo de unión matrimonial. La mayoría se organiza a partir de arreglos económicos. Para las clases altas y medias,  el contrato matrimonial era el negocio más importante que una familia hacía. La mujer de clase baja debía trabajar para mantenerse pero su dinero era aportado al contrato matrimonial. Se insistía en que la mujer debía casarse. La edad de casamiento se eleva. La mujer en general no se casaba por debajo de su estatus social.

Para la mujer el matrimonio es su destino. Para el hombre llega a ser un fenómeno que le facilita su accionar. El matrimonio tenía la finalidad de una reproducción en un marco protegido. El tamaño de las familias, debido al casamiento más tardío y a las altas tasas de mortalidad era pequeño. La infancia un período peligroso. La mujer era alfabetizadora de sus hijos. La unión matrimonial no sólo correspondía al legislador, sino también a médico, con la mirada sobre la mujer porque de ella dependía la fecundidad y la armonía familiar.

Al fin del Renacimiento la sexualidad aparece como legítima y necesaria. La unión armoniosa de los sexos depende de un acuerdo físico y espiritual. Pero si bien no como antes, los asuntos monetarios se anteponen a los deseos. A pesar de que la iglesia apoyaba la necesidad de un consentimiento mutuo, muchas parejas se veían obligadas a casarse con personas no elegidas por ellas.

Los escritores soñaban con matrimonios ideales. La pareja podría amarse pero era el marido quien mandaba. Casi todos los maridos eran mayores que sus esposas. Lo que permitía mezclar el papel de padre y marido. Existían manuales de confesión y guías matrimoniales donde se limitaban los actos sexuales. En caso de adulterio la mujer recibía mayor castigo. El marido tenía derecho a golpear a la mujer “en actitud de corrección”. En la sociedad europea el matrimonio fue siempre exogámico. A la mujer le pertenecía la dote pero el marido la usufructuaba. Entre los años 1500 y 1700 se produce un resurgimiento de la castidad y timidez. Hay una ola de moralidad, el erotismo sufre.

Se depende en tanto la entrega es en nombre del amor. La familia moderna quedó subordinada al matrimonio, el matrimonio al amor y el amor al deseo. La condición efímera del deseo produce el derrumbe de esta construcción, ya que el deseo se nutre de lo que no poseemos, de la falta, la pareja se une en un pacto de ilusión de completud al que le sigue la desilusión y es en este pasaje de la fascinación al desencanto que surge el conflicto en sus diferentes formas: indiferencia, violencia, infidelidad, etc. que no son otra cosa que intentos por apaciguar el dolor de esta desilusión.

Del deseo al código

La fuerza de la ley se construyó entonces para reglamentar y contener la fragilidad del deseo. Según el Código Civil Argentino[8] “los esposos se deben mutuamente fidelidad asistencia y alimentos y deben convivir en una misma casa. Además deberán fijar de común acuerdo el lugar de residencia de la familia”. Es así como la ley fue inscribiendo en nuestra práctica una suerte de costumbres en torno a la conyugalidad. El discurso que sobre la fidelidad, asistencia, alimentos y cohabitación se fue tejiendo construyó las bases de nuestra práctica social marital. El encuentro amoroso entre dos personas tenía que encajar en este formato si pretendía el reconocimiento y la aprobación social. Así es como la pareja ingresó en el marco de lo que Gergen llamó “una gran narración progresiva”.[9] Gergen presenta este concepto citando la investigación de Kelwood (1980) según la cual “las personas hacen uso especial de la narración progresiva en las primeras etapas de la relación, aparentemente invistiendo a la relación con más valor aún y con la promesa de futuro”.

Es así como la pareja va construyendo a través de sucesivos “cambios positivos” como el noviazgo, la convivencia, el casamiento, la paternidad, el envejecimiento juntos, los nietos, etc. una identidad que sigue comprometidamente desde su inicio con el riguroso cumplimiento de cada uno de sus paso y consiguientes ritos. A su vez, esta validez narrativa depende fuertemente de la afirmación de los demás. Es así que surgen los confidentes, los testigos de la ceremonia matrimonial, los padrinos y madrinas del bautismo que van legalizando y contextualizando el discurso amoroso.

Estas narraciones están a su vez “anidadas” dentro de otras mayores como macro narraciones que las contienen que pertenecen a la historia de pareja de las familias de cada integrante de la pareja, y a su vez a la de la familia de las familias de cada uno constituyendo el genograma de pareja. De acuerdo a estas macro narraciones es posible diferenciar generacionalmente diferentes modelos de pareja construidos en referencia a las anteriores y a su vez constructores de los siguientes. Estos modelos se imponen a cada generación bajo la forma de mandatos.

Según Janine Puget [10] “un mandato tiene el significado de delegación según el cual un sujeto ha sido dotado del poder de realizar algo en nombre del otro...Conlleva un premio: ser merecedor de la estima del otro o ser usado manipulado como objeto del deseo del otro”. Más adelante agrega: “tener una pareja desde el deseo del otro conlleva las fantasías de seguir una tradición, la de nuestros antepasados... Las brechas entre generaciones son necesarias para la continuidad no repetitiva de una sociedad”. Dice también que “si bien es posible no ocupar un lugar en una estructura matrimonial, la sociedad tal como es concebida tiene una representación para la pareja, por lo menos en lo que concierne a la continuidad histórica y a la transmisión. Ello se inscribe inconscientemente como imperativo. No tener pareja se torna factor desestabilizador de la ocupación de un lugar como sujeto social”. Esta paradoja entre el deseo y la obligación de ser incluido en la narración progresiva marital hizo que la pareja fuese adquiriendo diferentes formas.

Irene Meler [11] las describe como tres modalidades vinculares ordenadas según un eje conceptual tradicionalismo-innovación en forma progresiva.

 

1 - Parejas tradicionales, en su forma conyugal caracterizadas por una fuerte concentración del poder por parte del hombre y la consiguiente dependencia económica y emocional de la mujer. Existe en ella una división sexual del trabajo absoluta, no interviniendo la mujer en una actividad productiva y sin participación del varón en la crianza. Cuando entran en crisis difícilmente rompan el contrato. Los hombres se retiran de la relación, en ocasiones a través de relaciones paralelas que consideran lícitas aunque no legales. Las mujeres suelen deprimirse y se instalan en la queja. Se trata de una modalidad vincular en vías de desaparición al menos en los medios urbanos en función de los cambios sociales respecto de las relaciones entre los géneros.

 

2 - Parejas transicionales, son las que comienzan suscribiendo un contrato tradicional que va evolucionando paulatinamente hacia la posibilidad de compartir tanto la generación de ingresos como la atención de los niños pero el marido sigue siendo el proveedor económico principal. Aparecen, de todos modos, temores a la pérdida de las referencias de la identidad del género sexual. Expresiones del hombre tales como “yo acá de qué la juego?” o por parte de la mujer “no quiero parecer un macho cansado” son muestras de esta problemática. Aquí se ve la dilución de la división sexual del trabajo generando angustia por la desidentificación.

Son, a la hora del conflicto, los más renuentes a una renegociación del contrato conyugal. Las mujeres manifiestan un hambre de vínculos con un cónyuge más centrado en sus proyectos o intereses personales que en la relación.

3 - Parejas contraculturales o innovadoras formadas por mujeres que no aceptan la pasividad frente al marido. Suelen representar el rol de proveedoras económicas aunque el ideal de maternidad es manifiesto. Presentan a veces dificultades en conectarse con sus niños pequeños. Suelen presentar conflicto y muchas veces se disuelven. Se sienten despojadas de los emblemas identificatorios tradicionales para su género.

Lo que señala Meler es que escasean las parejas entre iguales. Concluye que, tal vez se trate de una modalidad vincular en construcción, dependiente del curso que sigan las políticas de las relaciones sociales entre los géneros sexuales.

El proceso que va desde el noviazgo al matrimonio avanza, como dijimos, en el curso de una narración progresiva en la que es posible diferenciar las siguientes etapas:

-El enamoramiento. Hugo Bianchi [12] lo describe como un fenómeno que posee un alto grado de complejidad emocional. Hay una idealización mutua perteneciente al registro del imaginario. La ilusión de completud a partir del estado de desamparo otorgan cualidades sobreestimadas al objeto.

“La construcción de una escena en la que se representa la completud a partir del otro característica de este aspecto imaginario del enamoramiento y su pesquisa pone de manifiesto no sólo el origen de la relación sino también la permanencia del estado afectivo que caracteriza dicho estado.

Es una experiencia repetida en la clínica de parejas que, ante la pregunta acerca de la escena en que se enamoraron, ésta se sonroje y la reviva aún cuando estén atravesando por un momento crítico.

Hay una disposición al retorno de aquella época en contradicción con el estado actual y que los trae a la consulta.

Rodolfo Moguilansky y Adolfo Seiguer[13] describen la escena de enamoramiento inicial como una escena única, relativamente inmóvil, casi como una fotografía en la que los dos se sienten separados del mundo, y que queda suspendida en el tiempo ya que empieza y termina en ella misma.

Sostienen que esta imagen se construye “a posteriori” al historiar la pareja y pasa a ser parte de sus formulaciones ideales. Es una escena vista desde afuera mirada desde un observador y es construida por la pareja como un recuerdo encubridor. Todo intento de revisionismo resulta sacrílego.

Se constituye en una narración fundante de futuras narraciones y su verosimilitud es absolutamente secundaria.

Del enamoramiento la pareja pasa al noviazgo caracterizado por la confrontación sucesiva de las respectivas narraciones familiares.

Aparecen las diferencias culturales y se manifiestan las posibles aprobaciones o desaprobaciones por parte de las respectivas familias a la futura unión de la pareja. Celia Falicov[14] alerta sobre los problemas que pueden introducirse en a constitución del matrimonio, la falta de apoyo familiar y considera que la aprobación parental es de gran importancia psicológica para la mayoría de los individuos.

“Cada fase del ciclo vital de la pareja se ve afectada por la respuesta de la familia extendida hacia el casamiento”.

“Las diferencias raciales, religiosas o étnicas seguramente podrían aumentar la probabilidad de desaprobación parental, especialmente en familias donde se espera continuidad a través de las generaciones y la endogamia es la regla.

Para Friedman (1982) las dificultades de ciertas familias para aceptar en su lugar a matrimonios mixtos radica más en procesos emocionales que culturales. La falta de permiso para casarse puede tener repercusiones sobre el éxito marital. Stanlon 1981 sostiene que el 80% de los que fallan es por falta de permiso para el éxito (fragmento de Paseo por la nubes). Meses o años llevan las parejas hasta la convivencia sea esta mediatizada o no por la unión legal.

Adela García[15] recalca la importancia que le atribuye a la diferencia en la relación de pareja cuando se trata de una convivencia con o sin compromiso legal ya que muchas parejas que consulta se muestran sorprendidas por el cambio en la relación a partir de la institucionalización de la misma.

La unión matrimonial desde un punto de vista sociológico consiste en una unión formal sexual aprobada socialmente de intento permanente y marcado por una serie de obligaciones y derechos.

Para Elina Aguiar y Marta Nusimovich[16], el primer matrimonio es una experiencia inaugural y los hijos habidos de ese vínculo inauguran a los padres en la parentalidad.

La fundación de la conyugalidad y de la parentalidad dejan una marca en cada uno de los cónyuges que atraviesa los posibles matrimonios siguientes y las familias que estos constituyen. Su peculiaridad reside en colocar al sujeto en la experiencia exogámica.

La fuerza del objeto inaugural conyugal y su conjunción con el objeto inaugural parental hacen que, aunque la pareja se divorcie, en un aspecto siguen estando juntos “hasta que la muerte los separe” ya que la parentalidad no desaparece.

Lino Guevara habla de la elección de pareja basada en las características deseadas del otro:

“Cada participante efectúa una fantástica proyección de cualidades en el otro. En diferentes grados la ilusión de completud está presente y la identidad de cada uno se hace más o menos dependiente de la relación. Cada uno valora en el otro las características de las que carece pero por marcadamente opuestas, también las teme. La persona afectada llega a combatir los mismos rasgos que elige.

 

Parte II

Posmodernidad

¿A qué llamamos posmodernidad?

Hemos hecho referencia a la posmodernidad y a su incidencia en las transformaciones vinculares actuales.

Pero ¿a qué me refiero exactamente cuando hablo de posmodernidad? En esta segunda parte de la investigación, dilucidaré esta pregunta mediante una aproximación teórica-descriptiva a este fenómeno y luego, analizaré los resultados de mi investigación en un grupo de habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

El primer paso resulta indispensable para comprender las coyunturas actuales que influyen en la clínica de pareja en nuestros días. El segundo, aunque de alcances acotados, nos dará un panorama más específico sobre un determinado grupo poblacional, que fue sujeto de nuestro análisis.

Por tal motivo, en primer lugar pretendo realizar una breve descripción de la posmodernidad, concebida como fenómeno social, desde su perspectiva filosófica, como así también la caracterización del “hombre posmoderno”, que no es otra cosa que el sujeto que vive, concientemente, o no, “a la manera posmoderna”. También dedico algunos párrafos a la descripción de algunos ejes temáticos propios de la posmodernidad, tales como la cultura de la imagen, el simulacro y los denominados “no lugares”.

 

Génesis de la cultura posmoderna

En una primera aproximación, y considerada negativamente, la cultura posmoderna, que se corresponde con las sociedades posindustriales, como contrapuesta a la modernidad, sería la cultura del desencanto, del fin de las utopías, de la ausencia de los grandes proyectos que descansaban en la idea del progreso moderno.

Esta idea está en la base de las grandes filosofías hegemónicas, de los sistemas de ideas que han tenido gran influencia en la sociedad, durante los siglos XVIII, XIX y XX, a saber; el iluminismo, el positivismo y el marxismo, junto a sus expresiones políticas principales, desde el conservadurismo democrático hasta el comunismo, pasando por el liberalismo, el socialismo y aun los populismos. El mencionado desencanto se produce porque se considera que los ideales de la modernidad no se cumplieron, menos aun si se entiende que dichos ideales eran universalistas, es decir, debían ser válidos para toda la humanidad. En palabras de Esther Díaz, profesora de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires: “el proyecto de la modernidad apostaba al progreso. Se creía que la ciencia avanzaba hacia la verdad, el arte se expandiría como forma de vida y la ética encontraría la universalidad de normas fundamentadas racionalmente. No obstante, las conmociones sociales y culturales de los últimos decenios, parecen contradecir los ideales modernos. La modernidad, preñada de utopías, se dirigía hacia un mañana mejor. Nuestra época, desencantada, de desembaraza de utopías”[17]. Lyotard, por su parte, denomina peyorativamente “grandes relatos” [18]a los proyectos o utopías cuya finalidad era legitimar, dar unidad y fundamentar las instituciones y las prácticas sociales y políticas, las legislaciones, las éticas, y las maneras de pensar. Uno de los “grandes relatos”, hoy derribados, tiene su origen en la filosofía de Hegel; según la cual la historia humana es concebida como la marcha del espíritu hacia la libertad, todo lo real es racional y todo lo racional es real. Otro de los “grandes relatos”, también derribado, es el de la emancipación de los trabajadores y la lucha por la sociedad sin clases, obviamente, de origen marxista. Un tercer “gran relato”, derivado del positivismo, promete un mundo de bienestar para todos basado en el desarrollo de la ciencia y la industria.

Pero hoy, todos los grandes relatos han entrado en crisis. Han sido invalidados en el curso de los últimos sesenta años, por diferentes acontecimientos; que van desde los campos de concentración y las bombas atómicas (donde se observa claramente que no todo lo real es racional), hasta la crisis del marxismo en los países del Este. Estas diferentes maneras de contar una historia universal de la humanidad que conducen a la emancipación de la misma han fracasado. Y ante este fracaso, estos ideales están perdiendo vigencia.

No fue la ausencia del progreso sino, por el contrario, el desarrollo tecnocientífico, artístico, económico y político, lo que ha hecho posible el estallido de las guerras mundiales, los totalitarismos tanto de izquierda como de derecha, la brecha creciente entre la riqueza del Norte y la pobreza del Sur, el desempleo y la “nueva pobreza” en los países en vías de desarrollo. Por otra parte, en terreno político, el surgimiento de candidatos ajenos por sus antecedente