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PUBLICACIONES El diablo se llama incesto Isabel Monzón isamonzon@yahoo.com |
. ¿Qué es la locura? Lito Benvenuti |
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Fuente: Isabel
Monzón Francia,
ciudad de Le Mans, 2 de
febrero de 1933, las criadas Christine
y Léa Papin asesinan a sus patronas,
la señora Lancelin y su hija Geneviéve. Aunque
han pasado sesenta y siete años de una a otra historia, varios hechos las
tornan parecidas. En ambos casos se trata de dos hermanas que ejecutan un
crimen y, luego de ires y venires, la psiquiatría termina
diagnosticando "folie á deux". Un viejo término
psiquiátrico, [4]
no habitualmente usado en psicoanálisis y retomado, curiosamente, por el
muy moderno y medicamentoso DSM IV. Pareciera que la vigencia nosológica
de la "folié á deux" tiene relación con la frecuencia con la
que se presenta en la clínica. Pero hay un hecho notable: en general los
psicoanalistas no tenemos acceso a pacientes que sufren de esa dolencia.
¿O diagnosticaremos de manera equívoca, creyendo que estamos frente a
una vulgar esquizofrenia?
El
DSM IV me lo confirma: Existe
muy poca información sistemática disponible sobre la prevalencia del
delirio psicótico compartido. Aunque es raro en el marco clínico, se ha
señalado que algunos casos pasarían desapercibidos. Hay datos que
sugieren que este trastorno es algo más frecuente en las mujeres. El
pasaje al acto de las hermanas Papin ¿Cuál
es ese crimen tan grande que le hizo decir a Christine Papin:
"Mi crimen es lo bastante grande para que yo diga lo que es."?
No hay duda: se trata del
abuso sexual incestuoso, esa forma de apoderarse de un hijo para el
goce del padre. Paul Eluard lo
ha dicho por Viollete y por las hermanas Papin. Por mi parte, yo también
puedo decirlo, la clínica me acompaña. Asimismo, el caso de las hermanas
Vásquez hace, una vez más, que se vuelva
público el crimen del incesto. Pasaje al acto desmentido,
ignorado, descreído, consentido o cometido por adultos, siempre
responsables - para bien o
mal - de los menores. Hay
crímenes que no prescriben con el tiempo. Aunque la ley no lo diga, los
artistas saben de ello. De allí que ciertas historias sean narradas y
hasta filmadas, una y otra vez, como denuncia que insiste sin darse por
vencida. En la 16° edición del Festival de cine, realizada en Mar del
Plata en marzo de 2001, una de las películas
presentadas, Les Blessures
Assassines, [5]
recibió - con justicia - dos premios:
el Ombú de Plata al mejor director, Jean -Pierre Denis y otro para
la mejor actriz, Julie Marie Parmentier, que encarnó a Léa Papin.
Así, mientras muchos se espantan ante el asesinato de las Lancelin
y de Juan Carlos Vásquez, los cineastas, fotógrafos y escritores
transforman lo siniestro y sórdido en belleza,
como forma de encauzar causas que se quieren olvidar. De qué otra
forma, sino, se vuelve posible
escuchar a las víctimas. "Lo que intento hacer oír es una
palabra" dice Maud Mannoni. "Los analistas varones siempre se
han rebelado ante el carácter intransmisible de ciertas experiencias.
Intransmisible dentro del marco conceptual impuesto por ellos; pero
transmisible, sin duda, en un mundo en el que encontrase cabida la palabra
de los poetas, los indígenas, las mujeres y los locos".
[6]
Cuando
la palabra se niega a ser escuchada, el pasaje al acto puede decirlo de
otra manera. Como motivo desencadenante del crimen aparece un hecho nimio:
un corte de la corriente eléctrica había impedido a Christine terminar
el planchado. Cuando la Sra. Lancelin regresó con su hija de un paseo,
incriminó a Christine. La dama forcejeó con la criada, mientras
Genevieve trataba de defender a su madre y Léa a su hermana. La violencia
se desencadenó, las hermanas Papin arrancaron los ojos a las Lancelin,
destrozaron sus cuerpos con utensilios de cocina y toda la casa quedó
inundada en sangre. Luego, cerraron la
puerta de entrada con cerrojos y se acurrucaron juntas en la cama,
vestidas solamente con sus batas, esperando la llegada de la policía.
"Buena la hemos hecho", se dijeron. El
29 de septiembre de 1933, ante la audiencia de La Sarthe, varias opiniones
se enfrentaron. Para la Ley, las hermanas Papin eran monstruos,
sangrientas y resentidas mujeres desprovistas de toda humanidad. El
abogado de la familia Lancelin alegó responsabilidad e intentó incluso
que se admitiera la tesis de premeditación. Frente a él, la abogada
defensora, Germaine Briére, se apoyó en el diagnóstico de Benjamín
Logre: histero-epilepsia.[7]
Su intención era demostrar la locura de las acusadas. Logre había
sido llamado por Briére, que
necesitaba su opinión para la defensa. El respetable psiquiatra
contradijo a los tres expertos que, por el lado de la acusación, sostenían
la entera responsabilidad de las Papin. Para Logre, en cambio, las jóvenes
tenían varios antecedentes que demostraban su enfermedad mental: antes
del crimen "se habían sentido perseguidas y tenían una relación
sexual perversa". La homosexualidad, complicada con sadismo, se puso
en evidencia, porque, "mientras tajeaban con ferocidad a sus víctimas,
levantaban sus faldas".
La opinión de Logre tuvo poco peso, en tanto él ni siquiera tuvo, al
principio del proceso, el
derecho de examinar a las dos hermanas. Dicen que "hablaba de oídas".
Los tres expertos, en cambio, fueron comisionados por la Ley e
interrogaron largamente a las Papin. Uno de esos médicos alienistas era
el Dr. Truelle, jefe de clínica en el asilo de Sainte-Anne, comisionado
en esos momentos también para examinar a Violette Noziéres. (¿Casualidad
o revictimización deliberada?). Para
muchos, Christine y Léa eran consideradas víctimas expiatorias de una
despiadada sociedad burguesa. Paul Éluard, tal como hizo con Violette
Noziéres, las celebró como heroínas, invocando Los Cantos de
Maldoror, mientras Sartre denunciaba
la hipocresía social y Jean
Genet les dedicaba Las
criadas. Simone de Beauvoir decía: "Sólo la violencia del
crimen cometido nos da una medida del crimen invisible, en el que, como se
comprenderá, los verdaderos asesinos 'señalados' son los amos."
También Man Ray se ocupó de ellas. Motivos del crimen paranoico: el
crimen de las hermanas Papin de
Jacques Lacan, fue publicado en diciembre de 1933, en el número 3 de la
revista surrealista Le Minotaure.[8]
El entonces psiquiatra, que nunca entrevistó a las Papin, se
siente llamado a escribir debido
a que el "caso" gira del registro penal al campo psiquiátrico.
Lacan observa que, mientras se hacían notar, durante el juicio, ciertas
rarezas de las jóvenes - un cariño singular las unía, mostrándose
inmunes a cualquier otro interés, pasando sus días de descanso
encerradas en la habitación- se omitía el dato de un padre alcohólico y
brutal, que había violado a una de sus hijas.[9]
Con
los surrealistas y desde una revista surrealista, Lacan tomó partido por
el peritaje psiquiátrico. No estaban solos en esto, los acompañaban la
abogada defensora Germaine Briére, algunos periodistas (como los hermanos
Jeróme y Jean Thauraud) y el
ya citado Benjamín Logre. Sin dejar de rendirle homenaje a la valentía
de Logre, Lacan empezó desistiendo
del diagnóstico de histerio-epilepsia. Es que, como señala Roudinesco,
allí había un crimen que se integraba perfectamente en el marco
teórico que había planteado Lacan en 1932: la homosexualidad femenina,
el delirio entre dos, el gesto asesino sin motivo aparente, la tensión
social, la paranoia y el auto castigo. El delirio había surgido,
según Lacan, al azar y por un incidente que parecía banal: un
corte de corriente eléctrica que había impedido el planchado. La furia, [10]
entonces, se desató. Lacan propone que ese "apagón"
significaba el silencio que
se había instaurado, desde hacía mucho, entre amas y criadas. No
"se pasaba la corriente", en tanto no se hablaba. Pero el
verdadero móvil del crimen no era el odio de clase, sino la estructura
paranoica a través de la cual el asesino hiere al ideal del amo que lleva
en sí. El
"mal de ser dos" que afecta a estos enfermos no los libera sino
apenas del mal de Narciso, sostiene Lacan. Pasión
mortal y que acaba por darse muerte. Aimée [11]
agrede al ser brillante a quien odia justamente porque representa el ideal
que ella tiene de sí misma. Esta necesidad de auto castigo, este enorme
sentimiento de culpabilidad se lee también en las acciones de las
hermanas Papin, aunque solo sea en el arrodillamiento de Christine al
escuchar su sentencia. Pero es como si las hermanas no hubieran podido
siquiera tomar, respecto la una de la otra, la distancia que habría sido
necesaria para hacerse daño. Verdaderas almas siamesas, forman un mundo
cerrado para siempre; cuando
se leen las declaraciones que hicieron después del crimen, dice el doctor
Logre, "uno cree estar leyendo doble". Sin más medios que los
de su islote, tienen que resolver su enigma, el enigma humano del sexo [12].
El
crimen de las Papin es trabajado también, 40 años después de sucedido,
por Jean Allouch, Erik
Porge y Mallete Viltaro en un texto que en su primera versión aparece
publicado con el heterónimo de Francis Dupré:[13]
El doble crimen de las hermanas Papin. En ese libro se presentan
todos los peritajes médicos y psiquiátricos del caso, y las
publicaciones de los principales diarios de la época. Un texto tan
interesante como arduo en su lectura, por la reiteración de ciertos
dichos. Queda en claro por qué motivos
el caso de Léa y Cristhine fue tomado desde diferentes posturas no
solamente psiquiátricas sino políticas. Y que también
una u otra postura psiquiátrica es siempre
política. El esclavo enfrenta al amo, dicen. En las hermanas
asesinas surge el sentimiento
de culpa y el auto castigo. Hay varias formas de entender este sentir, una
de ellas es tomando la perspectiva de Sándor Ferenczi cuando enfatiza el
mecanismo de identificación con el agresor. Desde ese punto de vista, se
trataría de un sentimiento de culpa inducido por el mismo victimario.
En el caso de las Papin tales agresores serían el padre , que violó
a Emilie; la madre,
que abandonó a sus
tres hijas en un orfanato y la sociedad entera,
que no las protegió siendo niñas
y las maltrató, desde sus instituciones, siendo adultas. Cuando Léa y
Christine se encontraban en
ocasión de trabajar, la madre las sacaba de prisión, las empleaba de domésticas
y se quedaba con sus salarios. Tal vez fuera por eso que, cuando, durante
el interrogatorio policial, le preguntaron a Christine por qué había
desnudado a la señorita Lancelin, ella respondió hoscamente:
"Buscaba algo cuya posesión me habría hecho más fuerte". Es
indudable que las hermanas vieron en las Lancelin a esa madre que no las
veía a ellas: por eso le arrancaron los ojos. Una vez internada,
Christine intenta repetir con ella misma ese
acto. Los ojos se vuelven centro de la mirada pero casi nadie ve en
esas acciones a Edipo castigándose a sí mismo por las consecuencias
del crimen de sus padres.[14]
De modo similar, en todos sus trabajos como sirvientas, incluso en casa de
los Lancelin, las Papin fueron
tratadas como era costumbre, no como seres humanos. La
postura que tomó la psiquiatría no se diferenció de la posición de los
abogados contratados por el
Sr. Lancelin. La agitación furiosa de Christine hizo necesaria el uso de
la camisa de fuerza. Parafraseando a Foucalt podríamos decir que siempre
hay un recurso para disfrazar el castigo. Vigilar, es uno de ellos, el uso
del chaleco de fuerza y de electroshocks son
otros. Dicen
que entre ellas había una relación lésbica y que en una de las
declaraciones Christine, en pleno delirio, exclamó: "Creo que en
otra vida yo deberia haber sido el marido de mi hermana".
¿Habrá sido ese vínculo incestuoso fraterno el único recurso
que las Papin encontraron para protegerse de un exterior siempre agresivo?
Lot
y sus hijas En
Lecciones psicoanalíticas sobre hermanos y hermanas - un texto de
1998 - el psicoanalista francés Paul-Laurent Assoun [15]
retoma el caso de las hermanas Papin, comparando esta unión fraterna con
la de las hijas de Lot.[16]
El texto bíblico es sobre La
corrupción de Sodoma. Los
únicos elegidos por Yahvé para salvarse de la lluvia de azufre y fuego
que, a modo de castigo, hará caer sobre Sodoma, son Lot, su mujer y sus
hijas. A través de sus dos
ángeles emisarios, Dios le había dicho a Lot
que huyera de Sodoma llevándoselas a ellas: "¡Vamos! Saca a
tu mujer y a tus dos hijas [17]
para que no seas aniquilado cuando la ciudad reciba su castigo(...) Huye
si quieres salvar tu vida. No mires hacia atrás, ni te detengas en ningún
lugar de la ciudad. Escapa a las montañas para no ser aniquilado".
La mujer de Lot, al desobedecer la orden divina de no mirar hacia
atrás, queda petrificada, convertida en estatua de sal. Lot se instala
con sus dos hijas en una caverna, ellos eran los únicos sobrevivientes de
Sodoma y Gomorra. Entonces, la mayor le dice a su hermana: " 'Nuestro
padre está viejo y no hay ningún otro varón
en el país para que se una con nosotras como lo hace todo el
mundo. Emborrachémoslo con vino y acostémonos con él, así, por medio
de nuestro padre tendremos
descendencia'. Esa noche dieron de beber a su
padre, y la mayor se acostó con él, sin que Lot se diera
cuenta". A la noche
siguiente, fue la menor la que copuló con el padre, utilizando la misma
estrategia. Y ambas quedaron encintas. Es
de hacer notar que no hay en las Sagradas Escrituras ninguna sanción por
este acto que hoy consideramos incestuoso. Todo lo contrario, a través de
él queda asegurada la pureza de una raza. [18]
En el capítulo 19 también se dice que, al llegar a Sodoma, los
dos ángeles enviados por Dios fueron invitados por Lot a alimentarse y
pernoctar en su hogar. Ellos aceptaron pero, cuando estaban por retirarse
a dormir, los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, desde los más
jóvenes hasta los más viejos, se agolparon alrededor de la casa: Entonces,
llamaron a Lot y le dijeron: "¿Dónde están esos forasteros que
vinieron a tu casa esta noche? Tráelos afuera para que tengamos
relaciones con ellos".
Lot se presentó ante esos hombres y, cerrando tras de sí la
puerta de su casa, les dijo: "Amigos, les suplico que no cometan esa
maldad. Son mis invitados y no puedo permitir que abuséis de ellos. Yo
tengo dos hijas que todavía no han conocido varón. Se las traeré y
ustedes podrán hacer con ellas lo que mejor les parezca."
[19]
Pero
los hombres no estaban interesados en las jóvenes, querían "sodomizar"
[20]
a los extranjeros. Ante la negativa de Lot de entregarlos, quisieron
forzar la puerta. Los ángeles lo impidieron, hiriéndoles los ojos con
una luz enceguecedora. En
su texto sobre las hijas de Lot, Assoun propone que "el padre es
puesto a dormir", en
tanto yo enfatizo, desde la clínica, que, en realidad, el padre "se
hace el dormido". [21]
El dios patriarcal hace alianza con Lot. Con su "no mires
hacia atrás", Yahvé tienta de curiosidad a la mujer de Lot, al
igual que ya lo hiciera con Eva. Sabemos
que el "no" se
borra porque, al no existir en el inconsciente,
lo que aparece como
verdad es el "si"
de la tentación o del mandato: "Mira hacia atrás", estaría
ordenando-invitando Dios. Y ella obedece, dejando a sus hijas en manos del
dueño, Lot. El derecho de pernada será ejercido una vez más.
Del mismo modo, cuando Lot quiere ceder la virginidad de sus hijas
a los varones de Sodoma, actúa como el amo que dispone, de manera
antojadiza, de sus hijas -
siervas. Es de hacer notar,
además, que Lot tenía dos
futuros yernos que pretendían a sus hijas. A ellos también se les
advierte que Sodoma y Gomorra serán destruidas, mas como
creen que se trata de una burla de Lot, deciden quedarse. De allí
que sea Lot el único varón que puede unirse
con sus hijas. Mientras
Assoun en algún momento insiste en que, tanto en el caso de las Papin
como en el de las hijas de Lot, se hace evidente la ausencia materna, yo
remarco que además de esa ausencia hay una existencia: la del abuso
sexual incestuoso llevado a cabo por iniciativa de un padre. En ambas
situaciones se presenta un cuadro
demasiado común, mientras el
padre abusa de las hijas, la madre mira para otro lado - es decir,
desmiente. El profesional que interpreta o trabaja directamente en el
caso, también reniega la
realidad cuando obvia llamar a las cosas por su nombre y poner sobre el
tapete todos los factores que estuvieron en juego. De una u otra manera,
todos se vuelven cómplices. Indirectamente también Assoun,
cuando no conecta el pasaje al acto
de las Papin con el otro pasaje al acto: el perpetrado por el
padre. El
Diablo habita en Saavedra La
noticia ocupó, durante
algunos días, la sección policial de los diarios argentinos: dos
hermanas, Silvina (21 años) y Gabriela (29), el lunes 27 de marzo de
2000, mataron a su padre, Juan Carlos Vásquez,
dándole más de cien puñaladas.[22]
El diario Clarín subtitula: "Tragedia en Saavedra: Un asesinato
vinculado al Satanismo". Mientras que, en su edición del 3 de abril,
La Nación nos recuerda: “El diablo vive en Saavedra. Lo dijo
Leopoldo Marechal en su novela Adán Buenosayres y hay quienes así lo
creen ahora. El asesinato de Juan Carlos Vásquez a manos de sus hijas,
con más de un centenar de puñaladas, es el motivo que resucita esa
creencia". En
variadas ocasiones los Vásquez habían comentado con sus vecinos que
escuchaban ruidos en su casa y que provenían de algo maligno que habitaba
con ellos, que en esa casa había espíritus.
Los vecinos le restaron importancia a esos comentarios. Pero
durante el fin de semana previo al crimen, se escucharon
rezos y cánticos. Por
la mañana del lunes 27 de marzo, los padrenuestros empezaron a
elevar su tono. El dueño de la casa alquilada por los Vázquez
decidió, entonces, llamar
a la policía. Es que los rezos caían sobre los oídos del
vecindario como "molestas goteras."
Cuando llegó la policía, el departamento de Manuela Pedraza 5873
tenía las persianas bajas. Escucharon gritos y voces roncas y, como nadie
les abría, tuvieron que
romper los vidrios de la puerta. "Faltaba luz y el ambiente estaba
cargado por el aroma de las velas que ardían desde hacía horas."
Allí estaban: el hombre y las dos jóvenes, los tres
desnudos. Silvina, mientras todavía
acuchillaba al padre, gritaba: "Esto no es real. Mamita, mamita,
ahora papito va a volver bueno."
Los policías quedaron anonadados,
había sangre por todos lados, mientras Vásquez caía al piso,
desangrado, con un
profundo corte en el cuello. Gabriela
había sufrido heridas en el rostro. Silvina, en la mano izquierda
y el muslo derecho. Como
medida de urgencia, ambas fueron internadas en calidad de detenidas en
el Hospital Pirovano, en donde la noche del lunes los peritos
intentaban determinar si
estaban o no en condiciones
de declarar. Internadas Las
hermanas Vásquez fueron evaluadas como presas de extrema peligrosidad.
Podían atentar no sólo contra la vida de los que las rodeaban sino que
entre ellas mismas corría una furia incontenible ( Silvina había
intentado acuchillar a Gabriela para sacarle "el diablo de
adentro.") El
martes fueron internadas en
dos celdas aisladas de la
U27, dependiente del Servicio
Penitenciario Federal en el Hospital
Psiquiátrico Braulio Moyano.
Pese a que la U27 está reservada a mujeres, la custodia de las hermanas Vásquez
era, en los primeros momentos, masculina.
Muy
pronto la Justicia y la prensa
argentinas asociaron el
crimen con el hecho de que Silvina Vásquez
frecuentaba un centro de esoterismo llamado Transmutar. La primera hipótesis
de la policía fue que el
asesinato pudiera haber sido
inducido por el dueño de ese centro. El sábado 1º de abril, luego de
entrevistar al juez a cargo de la causa, una cronista del Clarín
informaba que, de comprobarse que las hermanas estaban psicóticas y que
el crimen no había sido inducido, según el Código Penal, el caso quedaría
rápidamente cerrado. Con
el diablo en el cuerpo A
los cuatro días de ese homicidio calificado de ritual, los periodistas
Alejandra Dandan y Horacio Cecchi, de Página 12, relatan que
las dos hermanas Vásquez
seguían encerradas "en
su propio mundo de satanismo y purificación".
Pese a que el parte oficial señala que ambas estaban "lúcidas y clínicamente
estables" Silvina, en repetidas ocasiones, impostando
la voz como si fuera la de
un hombre, repetía: “Soy el Purificador, soy el Purificador. Papito,
ahora estás bien”. Por su parte, Gabriela tenía frecuentes
alucinaciones. Decía ver a Satanás y escuchar
ruidos producidos por él. Silvina
la acusa de mantener al diablo en el cuerpo: “el muñeco saltó a tu
cuerpo”. Durante la noche del jueves 30 de marzo, Silvina despertó
repitiendo "Sergio, Sergio" nombre que alude a Etcheverry,
director de Transmutar. Allí, Silvina figura inscripta
en el curso "Gran Operador de Alquimia Fase 2". Además,
ella y Gabriela aparecen
registradas como alumnas de "Cómo Conocer a su Ángel de la
Guarda". El dato es uno de los que permiten a la fiscalía
sospechar vinculaciones de Etcheverry con el caso. Pero no es el único
dato: el triángulo encerrado dentro de un círculo grabado con el
cuchillo sobre el abdomen del padre es, según la pericia,
igual al símbolo de Transmutar.[23]
El
fiscal de instrucción, José
María Campagnoli, solicitó el procesamiento
del caso. De todos modos, formalmente la causa no continuaría avanzando
hasta que las dos hermanas Vásquez fueran evaluadas por una junta de
especialistas encargada de dictaminar, según el perfil psicológico, si
son o no imputables. De todos modos, los investigadores ya encontraban a
Silvina como la más activa
en el crimen de su padre. Los policías la vieron acuchillándolo e
intentando atacar a su hermana Por
su parte, en la nota que Página 12 publica el 29 de marzo, el periodista
testimonia que los investigadores estaban trabajando "sobre la hipótesis
de que, más que delirio místico, haya existido algún tipo de inducción.
Como quien dice, una manito de Satán". Sin embargo, Alejandro
Frigerio, investigador del
Conicet afirma que, en general, los grupos satánicos no existen. Son muy
raros y pocos. "Está sobreexagerada
la presencia de estos supuestos grupos”. Su colega
Pablo Semán expresa que el así llamado "problema de las
sectas" corre por la cuenta de los que inventaron ese nombre.
"Secta no es un vocablo inocente. Cualquier cosa religiosa fuera de
lo tradicional siempre es
vista críticamente”. En cuanto a los móviles del crimen, Frigerio
sostiene que matar a la gente para sacarle el demonio es típico de las
películas de Hollywood. No de un grupo religioso. "Un grupo
religioso, por lo general, aunque crea en Satán y que haya que
exorcizarlo, tiene rituales que nunca involucran matar. Cuando alguien
quiere hacerlo, ya es más
una cuestión de idiosincrasia y de personalidad que de creencias”. Semán
concluye: "Es más importante
la estructura psicológica de las chicas o de la familia que la del grupo.
El grupo cataliza algo. Pero la presión grupal nunca puede ser tanta. Así
como es difícil cambiar algo que uno cree, es difícil instaurar algo que
va muy en contra de lo que
uno podría ser". En este
caso, "hay algo
muy importante del lado psíquico de las chicas.
No negaría de ninguna manera la eficacia del grupo, pero no me
parece que la causa del crimen sea ni la trayectoria social de las
chicas, ni sus creencias religiosas".
Frigerio y Semán parecen saber del psiquismo de las chicas Vásquez
más que algunos psicólogos y psicoanalistas que opinaron sobre el caso.
El
delirio habla Freud
comparaba el trabajo del psicoanalista con el del arqueólogo. El arqueólogo
encuentra restos; por ejemplo, pequeños
pedazos de algo que, por su contextura y forma, pudo haber sido una
vasija. Es como armar un rompecabezas, sólo que, en el caso de las piezas
arqueológicas, son muchas las partes faltantes. La estructura que va
tomando esa incompleta vasija lleva al arqueólogo a suponer, no sin
cierto grado de incertidumbre, como podría haber sido la pieza completa.
De manera similar, el psicoanalista obtiene, del relato de su paciente,
recuerdos, sueños, delirios. O ante sus ojos se ponen en evidencia
síntomas. Son las pistas que llevan a suponer cómo puede ser la vida de
ese sufriente ser humano que se presenta en el consultorio. Alguien que
lleva a cuestas una historia que nunca pudo ser del todo escrita, narrada,
recordada. El psicoanalista, entonces, fabrica sus construcciones, busca
los sentidos que subyacen detrás de los síntomas, de los sueños, de los
delirios. Un delirio es como una pesadilla de la cual es difícil
despertar, y también es siempre un
relato de algo que pasó y que lastimó al alma.
Pero así como todo delirio es un discurso también es una
denuncia. Solamente hay que estar dispuesto a creer que quien delira dice
su verdad como puede, y animarse a descifrarla. Tal desciframiento se
vuelve imposible cuando el profesional que atiende a una persona que
delira considera que la psicosis tiene un origen genético. Según el
psicoanálisis, la psicosis consiste en una enfermedad mental sin
compromiso orgánico. A través del brote se rompe el vínculo con la
realidad exterior y se crea, con alucinaciones y delirios, otra nueva
realidad. Esta enfermedad del alma es producto, entre otras cosas,
de la desmentida, es decir aquella defensa psíquica por medio de
la cual se niega la percepción de la realidad y su significado. Realidad
y significados que tuvieron que ser, forzosamente, siniestros. El único
camino que encuentra ese yo desesperado,
es huir hacia la locura. Escuchemos
a Silvina, cuando pocos días después del crimen, pedía que "se
investigue el caso como corresponde para salvar a otras familias".
Ella nos señala claramente el camino. Miremos hacia esas otras familias
en las que suceden cotidianamente abusos y maltratos. [24] Silvina
también declaró que había visto cómo
un muñeco entraba y salía del cuerpo de su padre y quería penetrar en
el de su hermana, asegurando que era el demonio. Silvina lo denuncia todo
el tiempo y claramente: "Esto no es real. Mamita, mamita, ahora
papito va a volver bueno". Suponiendo que Vásquez haya abusado
sexualmente de Gabriela, Silvina no podía aceptar a su padre como el
responsable de tal acto: todo
era culpa del Diablo, que se había posesionado de él para luego invadir
el cuerpo de su hermana. Con
su delirio, la joven podría estar hablando de un diabólico padre que
cometía abuso incestuoso contra Gabriela y,
tal vez, también contra ella misma. Aunque
la psicosis produce un sufrimiento indecible, en los casos que el trauma
psíquico es muy grande y/o cuando una persona, por su fragilidad psíquica,
no tiene capacidad suficiente para elaborarlo, opta por romper el vínculo
con la realidad en lugar de enfrentarla. Quienes
trabajamos con sobrevivientes de abusos sexuales sabemos que esos abusos
suelen iniciarse en la infancia. No es difícil, entonces,
elaborar la hipótesis
de que Vásquez abusaba de Gabriela ( y tal vez hasta de Silvina) desde
pequeña y que, como es frecuente, la madre veía con el rabillo de un ojo
lo que con el otro negaba. Entonces, de ser así, Silvina no haría más
que desmentir la realidad de
una madre cómplice. Ella
peleaba con Gabriela, la acusaba de ser la responsable de la muerte de
Aurora Gamarra. No cuestionaba a su madre. Desmentida
y sugestión En
la causa, uno de los policías relató que aquel lunes trágico, luego que
sus compañeros y él ingresaron en la casa "endiablada", le había
sucedido algo extraño: al intentar ponerle las esposas a Silvina,
salió despedido unos tres metros. “La menor no nos dejaba pasar,
amenazaba con un cuchillo. Pero yo no la escuché hablar a ella: escuché
a un hombre. Todo el tiempo decía ‘Satanás’ y ‘el diablo’, decía
que era el Purificador". El policía, hace notar un cronista,
no habla en potencial sino que afirma
que el sonido de una voz ronca emana de Silvina:
“no era una voz grave de mujer, era
un hombre. Yo escuché a un hombre”. Pero el único hombre de la
habitación estaba ya muerto,
tirado en el suelo. Entonces, ¿quien hablaba por boca de Silvina? ¿El
Diablo?. El trastorno no terminó allí para el policía. Más cosas extrañas
le siguieron pasando. Relata que cuando, en sus investigaciones,
intentaron entrar a la página web del
Centro Alquímico de Buenos Aires Transmutar, no podían hacerlo.
Habla de un embrujo: “Eran tres páginas y tardamos tres horas y media
en copiarlas. Primero no entrábamos, después no podíamos copiar el
disquete. Después intentamos en otra máquina, lo copiábamos y no
podíamos abrirlo”. El derrotero se extendió hacia nuevas computadoras
y más discos de copiado. Finalmente consiguieron tomar
los datos e insertarlos como prueba.
Evidentemente, la policía estuvo presa de la sugestión. Satán
andaría haciendo de las suyas. En este caso, la sugestión es un refugio
que no permite la probabilidad de un padre incestuoso. Como si fuera
inconcebible pensar que no el diablo sino un vulgar padre de familia, como
Juan Carlos Vásquez, pudiera ser capaz de
abusar de sus hijas. Entonces, como en la Edad Media, se demoniza a
una mujer y se ignora al verdadero culpable. [25] Margarita
Fernández, madre de una de las mejores amigas de Gabriela Vásquez,
parece tenerlo todo más claro cuando dice: "Silvina le gritaba a
Gabriela: 'Por tu culpa se murió mamá. Vos la mataste'. La insultaba, le
pegaba y la rasguñaba. Después Gabriela aparecía en mi casa, cuando venía
a visitar a mi hija. Yo creo que tiene que ver con que Gabriela dormía
con el padre". La
versión sobre esta relación incestuosa circula con fuerza, señala el
periodista Rolando Barbano en el Diario Clarín del 31 de marzo. Pero, a
pesar de las declaraciones de estos testigos
y de la sórdida escena que los policías describieron, en todas
las notas que el Diario La Nación, el Clarín y Página 12 publicaron
sobre el tema, la palabra incesto o el término relación incestuosa,
aparece una sola vez en el Clarín, dos
en Página 12 y también
dos en La Nación. Este último diario informa que el juez Campagnoli, a
cargo del caso, afirmó que no estaba claro aún si había una relación
entre el asesinato y el incesto. "No lo descarto", dijo. En el
pene de Vásquez había restos de semen. Ley
del Padre y prohibición del incesto Así
como las hermanas Papin remontaron a Assoun hasta Sodoma y Gomorra,
Silvina y Gabriela nos conducen al texto bíblico. Cuando los policías
entran a la casa de los Vásquez, encuentran una Biblia ensangrentada, con
los salmos 119 a 122 subrayados, y un cuadernillo de apuntes de
Transmutar, en el que se explica cómo hacer una "novena de
purificación". Interpelando al
salmo 119, “Elogio de la ley del Señor”, vemos que se
distingue de todos los demás. Es muy extenso y monótono, en tanto repite
incansablemente las mismas ideas y palabras.
En esa insistencia se recurre una y otra vez a la Ley del Señor,
Ley que es tanto fuente de consuelo y salvación para quienes la cumplen,
como de repudio para quienes la infringen. El salmo 120, muy breve, se
denomina “Súplica de aquel que sufre la traición y la mentira” y
refleja la situación de los humildes y desposeídos “que viven en una
sociedad dominada por la agresividad y la mentira”. Silvina y Gabriela,
una vez más, nos cuentan su historia, nos señalan el horror.
Sabemos
que, desde el punto de vista psicoanalítico, la sociedad humana se funda
sobre una ley: la prohibición del incesto. Ley que, si se ha instaurado,
es porque se la transgrede. Las jóvenes Vásquez tenían que
acudir a la Ley Divina solicitando que el Señor cuidara de ellas: su
humano padre, al transgredir la Ley,
de padre tenia sólo el nombre. Y la madre, Aurora Gamarra, las había
abandonado hacía ya mucho tiempo. Primero, con su enfermedad y segundo,
con el maltrato que ejercía hacia Gabriela. Un maltrato que tenía como
excusas la drogadicción y promiscuidad sexual de su hija mayor. ¿Qué
hizo Aurora ante el abuso sexual de Juan Carlos hacia su hija? Aurora
desmentía la trasgresión de la ley.
También ella, como madre, tenía
sólo el nombre. Además, acusaba a
Gabriela de promiscua y la echaba de la casa. Una madre y un padre que no
obran como tales, no existen
ni aunque estén vivos. O, peor aun, enloquecen a sus hijos. Es factible
que, para esta madre, la responsabilidad
del incesto recayera sobre Gabriela, su hija mayor. Silvina, por su parte,
se identificaba con Aurora, considerando a Gabriela la culpable de su
muerte. Mientras que, en su
delirio, no era su amado padre el autor de esta tragedia sino el mismísimo
diablo. La
mirada de la madre Los
vecinos de Lomas del Mirador, en donde habitaron los Vásquez desde 1971
hasta la muerte de
Aurora, declaran ante la prensa que ella tenía
15 años cuando nació Gabriela.
Enfermó de diabetes siendo muy joven. Primero tuvieron que cortarle una
pierna, fue empeorando y murió en 1995. Tenia solamente 38 años,
mientras que Silvina tenía
16 y Gabriela 24. En vida de Aurora ya existían problemas de familia,
dicen. Gabriela "andaba en la droga". Juan Przepiora (84 años)
declara ante un cronista: “La mayor era una bandolera. Aurora venía
trabajando muy bien, pero cuando ella murió todo se vino abajo. Las
chicas estaban muy pegadas al padre. Yo creo que había algún tipo de
relación. Creo que el papá dormía con ellas". Para
algunos -vecinos y periodistas- la muerte de Aurora es el elemento
desencadenante de la historia. Los investigadores consideraron como muy
posible una relación incestuosa entre Juan Carlos y Gabriela, su hija
mayor: “fue como si Silvina, la hermana menor, no hubiera resistido más
y haya dicho basta con este acto”. Por otra parte, cuando recorrieron la
casa, comprobaron que todos los espejos estaban rotos. No había en donde
mirarse. Recordemos, junto
con Winnicott, que el rostro de la madre es un precursor del espejo y que
su mirada es esencial para el proceso de subjetivación. Una
señal que suele anticipar la entrada en la psicosis es el "signo del
espejo": el yo que se está, quebrando
necesita ir, una y
otra vez, a mirarse en el
espejo, en un último intento desesperado de conectarse consigo mismo y
con la realidad. En la casa de los Vásquez tal vez nunca hubo para
Silvina y Gabriela un espejo en donde
mirarse ni por quienes ser vistas. Los espejos fueron destruidos,
no tenían razón de ser. Rubén,
el dueño del negocio en donde trabajó Vásquez durante 16 años, hizo un
comentario curioso: "Cuando llegué a la casa de Juan Carlos, me
hicieron pasar a reconocer el cuerpo. No le sacaron los
ojos, no hubo nada de eso”. Aunque las hermanas Vásquez no
actuaron en este sentido como las Papin, hicieron algo similar: en lugar
de arrancar esos ojos que
nunca las reconocieron, rompieron
los espejos que nunca las miraron. Caso
cerrado El
26 de julio, Clarín nos comunica que un juez dictaminó que las hermanas
Vásquez son inimputables. "Las chicas que mataron a su padre no irán
presas". En su crónica, la periodista Virginia Messi informa que el
juez Julio Corvalán de la Molina, a cargo del caso, resolvió considerar
a Silvina y Gabriela Vásquez no imputables. "Las sobreseyó y le dio
intervención a la justicia
civil para que las declare insanas y cuide de sus bienes. La causa, sin
embargo, no quedará cerrada: se seguirá investigando si hubo un
instigador. La decisión del juez sería avalada por el fiscal y la
defensora oficial del caso". Esto implica que las hermanas Vásquez
no fueron acusadas por el crimen de su padre. No irán a juicio pero
tampoco quedan en libertad, debido al "concluyente y unánime diagnóstico
de los médicos psiquiatras": las consideran peligrosas para sí y
para terceros. Silvina, de 21 años y Gabriela, de 29, deberán seguir
viviendo por mucho años o tal vez para siempre, en la unidad psiquiátrica
que el Servicio Penitenciario Federal tiene en el Hospital Braulio Moyano
o en alguna otra institución psiquiátrica. Los psiquiatras y psicólogos
que hablaron con las hermanas Vásquez
durante semanas, determinaron que Silvina es esquizofrénica. Lo reveló
su falta de contacto con la realidad, sus delirios y alucinaciones.
Gabriela, por su parte, muestra, según opinión de estos especialistas,
rasgos parecidos a los de Silvina, pero de menor intensidad. Por eso creen
que tiene más posibilidades de recuperarse. A partir del sobreseimiento,
el control de las hermanas
quedará a cargo de un juez de Ejecución Penal. Aproximadamente cada tres
meses éste deberá convocar a los profesionales del cuerpo médico
forense para que examine a Gabriela y Silvina. Sólo si el cuadro mejora y
no fueran consideradas
peligrosas, podrían recuperar la libertad. [26]
Por otro lado, un juez civil iniciará un expediente para
declararlas insanas. El paso siguiente será nombrar un
"curador" particular o de oficio para que las represente y
administre sus bienes. Aunque a diferencia de Léa y Christine Papin, el
caso Vásquez enseguida tomó el camino del peritaje psiquiátrico,
considerándolas en consecuencia como no imputables,
la revictimización de la víctima lo mismo se produjo. Pero
el caso se cerró nomás. Parece que ninguno de los psiquiatras
entrevistados le dio a la prensa una explicación acerca de lo que es la
psicosis y qué significado específico tendría en las hermanas Vásquez
esa terrible y dolorosa enfermedad psíquica. Además, aunque la crónica
no desmintió la existencia del incesto, parece haber provocado más
horror el crimen y todos los rituales satánicos que lo rodearon que la
realidad de ese pasaje al acto
cometido por Vásquez. . Tanto
el periodismo, como la ley, dieron el caso por cerrado. Es probable que
nadie haya hablado de la responsabilidad del padre. ¿Es que acaso puede
acusarse a un muerto? La noticia quedó en la crónica policial. No hubo
lugar para la reflexión ni para continuar, a partir de la tragedia en
Saavedra, con el tema de la frecuencia con que las criaturas sufren abusos
sexuales, la mayoría de las veces incestuosos y de las graves
consecuencias físicas y psíquicas que el abuso provoca en sus víctimas.
Gabriela y Silvina son claros ejemplos. Pero el caso está cerrado, como
si el horror de cada día no continuara en las puertas cerradas de tantos
hogares compuestos por familias "normales". Como si no llegaran,
a los servicios de pediatría de los hospitales, criaturas
lastimadas en sus cuerpos y en sus almas. Pero el caso está cerrado. Las
jóvenes Vásquez han perdido el futuro. Como el hospital Moyano es, salvo
honrosas excepciones, un depósito de locas, difícilmente las internadas
puedan salir de allí. También es posible que ocurra el milagro de que
sean atendidas de manera idónea, o de que, tal vez, Silvina y Gabriela no
deseen regresar nunca a esa realidad siniestra con la que rompieron y
prefieran seguir refugiadas en la psicosis.
Sin Ley paterna que las protegiera, sin Ley penal que haga
justicia, sin atención psiquiátrica que llame las cosas por su nombre,
podrían preferir el refugio de la psicosis.
El
"caso" está cerrado. Algún día
otras hijas matarán a
un padre para librarlo del Diablo que lleva adentro. Un Diablo que, digámoslo
con todas las palabras, simplemente se llama incesto. Bibliografía: Allouch,
Jean; Porge, E.; Viltard, M.: El doble crimen de las hermanas Papin.
Editorial Pele. México, 1995. Este ensayo revisa, a partir del crimen de Juan Carlos Vásquez en manos de sus hijas, un caso similar ocurrido en Francia en el año 1933, cuando las hermanas Cristhine y Léa Papin asesinan a sus empleadoras, las Lancelin. Ambas situaciones conducen al texto bíblico y a la postura que la psiquiatría y la Ley toman ante el maltrato y el abuso sexual hacia menores. Casos similares se dan en la clínica aunque no siempre llegan al límite del asesinato. Entre 1933 y el año 2000 no parece haber demasiada diferencia: la víctima sigue siendo victimizada. La sociedad y La Ley que la representa, continúan sin hacer justicia, no brindando amparo a los menores. La psiquiatría actual no se diferencia tampoco tanto de aquella de principios del siglo pasado, que recurría a la camisa de fuerza y al elecroshock. para no escuchar el dolor de los que tienen herida el alma. La autora llama a la reflexión a los psicoanalistas, que también suelen desmentir la realidad del abuso y el maltrato de menores. [1]Una primera y muy breve versión de este trabajo se publicó en la revista Tertulia el 29 de abril de 2000. Internet: Editora Laura Asturias. La segunda versión fue editada en la revista Brujas, por ATEM. [3] En su Antología de la poesía surrealista, Aldo Pellegrini relata que en Francia, por los años 30, Violette Noziéres mató al padre envenándolo con Veronal. Al descubrirse el crimen, dijo que él había querido violarla. El surrealismo hizo de ella una heroína anticonvencional, publicando un famoso volumen de homenaje que contiene textos de casi todos los surrealistas: Violette Noziéres. Editions Nicolas Flamel, Bruselas, 1934. Paul Eluar escribió El atreverse y la esperanza, poema del cual extracté este verso. [4]
En su ya legendario Diccionario Enciclopédico de la Psique, Béla
Székely define la "folié á deux" como un fenómeno patológico
que se conoció con diferentes nombres: locura inducida o doble, según
Tuke, locura simultánea para Régis, locura comunicada o impuesta
para Lasége y Fairet, folie induite, según Lehmann. La
sugestibilidad, dice Székely, tiene, entre otros factores, una gran
participación en la génesis de la folié á deux. Se aplica cuando
dos personas estrechamente unidas sufren simultáneamente una psicosis
y cuando una de las dos parece haber influenciado a la otra. No está
necesariamente restringida a dos personas, puede envolver a tres o aún
más (folies á troix, etc). "Sucede
que ciertos pacientes paranoides y rara vez los hipomaníacos no sólo
pueden hacer creer en sus ilusiones a aquellos en cuya cercana compañía
viven, sino que también los infectan de tal manera que éstos, bajo
condiciones adecuadas, continúan ellos mismos la construcción de la
ilusión". (Bleuler,
Lehrbuch der Psyquiatric.)
[5] Se traduce textualmente como Las heridas asesinas. ¿Una metáfora para designar la marca que deja en el alma de una niña el abuso sexual del padre? [6] Del prólogo a De un imposible al otro. [7] Según Székely se trata de un término creado por Charcot en 1872. Designa una forma de histeria en la que predominan síntomas motores: convulsiones, temblores y tics violentos. [8]
Este ensayo está actualmente publicado en De las psicosis
paranoica en sus relaciones con la homosexualidad. [9] Los testimonios dicen que la abusada por el padre fue la mayor de las hermanas Papin, Emilie, quien más tarde, huyendo del horror de esa familia, se hizo monja. [10] Curiosamente, en los peritajes e interrogatorios realizados por los abogados y psiquiatras a Christine y a Léa, la palabra furia aparece con llamativa frecuencia. También es curioso que los romanos llamaran Furias a sus diosas de la venganza, correspondientes a las Erinias griegas. (María Moliner.) Etimológicamente, furia deriva del latín furia: delirio furioso, violento. (Joan Corominas.) [11] Aimée (Amada) es el seudónimo que Lacan eligió para Marguerite Pantaine Anzieu. Con ella - o más bien a pesar de ella - y su teoría de la paranoia femenina entró Lacan al mundo del psicoanálisis, tal como Freud hizo con sus histéricas. Cuando elaboró su tesis, se la envió a Freud. Según relata Roudinesco, el padre del psicoanálisis respondió con un simple "recibido, gracias". Las intrincadas y conflictivas relaciones entre Marguerite y Lacan se encuentran relatadas en la en la biografía de Roudinesco sobre Lacan. A esta conflictiva se suma la de Didier Anzier, hijo de Marguerite y paciente de Lacan. Él hace un relato de lo sucedido en el epílogo al libro de Jean Allouch: Marguerite, Lacan la llamaba Aimée. [12]
Lacan. Op.cit.
Pag.345. [13] No es habitual que los psicoanalistas publiquemos con un nombre que no es el propio. Cambiamos, como es lógico, el nombre de un paciente,. El heterónimo de Allouch nos hizo pensar más bien en un alias. [14] Antes de refugiarse en Tebas y unirse a Yocasta, Layo fue preceptor del hijo de un rey. Cuando éste se enteró que Layo abusaba sexualmente de su hijo lo maldijo, prediciéndole que, cuando fuera padre, Layo sería asesinado por su propio hijo, y además desposaría a su madre, Yocasta. Cuando Edipo nace, Layo lo manda a matar. La historia de Edipo comienza, entonces, con el abuso de Layo y su intento de filicidio. El parricidio de Edipo es una consecuencia. [15] Capítulo XIII, La comunidad sororal: la ley petrificada. [16] La historia de Lot está incluida en el capítulo 12 del Génesis Los orígenes del pueblo de Dios: la época patriarcal. Los principales elegidos por Dios para iniciar la gesta patriarcal son Abraham, Isaac y Jacob. El Señor elige, de este modo, a un pueblo que estará por entero dedicado a él, sin rivalidades con las diosas y dioses paganos. [17] Nótese que estas mujeres no tienen nombre, son solamente la "esposa de " y las "hijas de". Ellas no tienen identidad, son propiedades. [18] En un pie de página de la Biblia de Ediciones Paulinas se dice que este relato "utiliza probablemente una tradición de los moabitas y amonitas, según la cual no constituía vituperio sino un motivo de orgullo: ellos podían glorificarse de un origen, que mostraba la heroica decisión de sus madres y aseguraba la pureza de su raza." Pero aunque el incesto de Lot con sus hijas no aparezca ni mencionado ni condenado, como en todo acto incestuoso corre sangre. En este caso, la muerte de los futuros yernos y de la mujer de Lot, además de las ciudades de Sodoma y Gomorra que son destruidas. El dios patriarcal gana la guerra contra los dioses paganos, y así se cumple el mandato de "No amarás a otro Dios más que a mí". [19] Sabemos que las Sagradas Escrituras tienen la impronta patriarcal y que fueron, de cabo a rabo, escritas por varones. No cabe duda en el caso de los Evangelios, firmados por los apóstoles. También el Antiguo Testamento, texto compartido por judíos y cristianos, está a merced de los varones: las judías no tienen acceso a la Torá mientras que las cristianas no pueden ser "ministras" del Señor sino solamente sus esposas o siervas. [20] Tomando como palabra de origen la ciudad de Sodoma, se llamará desde entonces sodomía a la relación libidinosa entre personas del mismo sexo, o contraria a cualquier forma a la naturaleza y a la perversión sexual: bestialidad, masoquismo, masturbación, sadismo, sodomía, inversión (María Moliner.) [21] Una paciente adolescente relata, con mucho dolor y miedo, que un día su padre, con la excusa de dormir la siesta, se acostó a su lado. En un momento, comenzó a tocarla sexualmente. La joven se despertó asustada, interpelando al padre, quien respondió. "Es que estaba dormido y te confundí con mamá." [22] Para informarme sobre el caso, trabajé con las notas publicadas por los Diarios Clarín, Nación Página 12 y la revista Gente. De modo similar a Lacan y Logre con las hermanas Papin, yo también hablo "de oídas". Nunca tuve ocasión de entrevistar a Silvina y Gabriela Vásquez ni de acceder a las declaraciones en Tribunales. Pero , al fin de cuentas, siempre los psicoanalistas de un modo otro hablamos de oídas. No somos testigos del hecho cuando sucede. Escuchamos, de boca de nuestros pacientes, la crónica de una historia, siempre con baches, inconclusa y muchas veces incoherente. Hacemos construcciones, para que esas historias se tornen coherentes mientras nos constituimos en co-narradores de una vida, acompañando en el camino a ese paciente para el que Piera Aulagnier acuñó el más que atinado término de "aprendiz de historiador." [23]Leyendo
a Chevallier y Gheerbrant
( Diccionario de símbolos) nos
enteramos que ese círculo podría representar a un mandala. Para
distintas religiones, es un espacio sagrado, de protección. Por su
parte, Carl Jung recurre al mandala para designar una representación
simbólica de la psique y pasa señalar que la contemplación de ese círculo
inspira serenidad y el
sentimiento de que la vida ha vuelto a encontrar su
sentido y orden. El triángulo simboliza algo similar:
divinidad, armonía y proporción. Según
Manuela Drunn Mascetti, el triángulo simboliza
a Kali,
la diosa que derrota a los demonios. Es
la madre buena y terrible, la creadora y destructora, en su
grandiosa forma de vida, amor, muerte y destrucción. La sangre es una
parte importante en el culto de Kali, mito hindú sobrevive en
nuestros días. Para
el psicoanálisis, lo circular conduce a la madre y el triángulo al
mito de Edipo, mito que señala la trasgresión al tabú del incesto. [24] Una paciente a la que en su oportunidad bauticé "Mora" (27 años), me pidió en varias sesiones que relatara su historia, para que "a ningún otro chico" le volviera a pasar lo de ella. Así lo hice en Mora, la enfermedad de la muerte. Ella fue encerrada desde los cinco hasta los quince años en una escuela para niños con discapacidad mental, una institución en donde fue muy maltratada. Había sufrido una psicosis infantil y los padres creían que el lugar más adecuado era ese depósito de niños. Cuando Silvina pide que se investigue su caso "como corresponde para salvar a otras familias", resuena en mí la solicitud de Mora. [25] En este punto me parece atinado citar las palabras de la Dra.Catalina Moccia de Heilbron, defensora oficial de las hermanas Vásquez cuando, apenas cometido el crimen, solicitó al juez "se ordene la extracción de testimonios" de su presentación "a fin de que se investigue la posible comisión de delitos de acción pública por parte de personal del Servicio Penitenciario Federal y de sus facultativos." Esta presentación de la defensora se suma a un pedido anterior ante el juez para que se resguarde el secreto del sumario. "El daño psicológico y social que se les ocasiona resulta enorme, debiéndose recordar que las nombradas se encuentran amparadas por el principio de inocencia". Además, por lo que en sus inicios constaba en la causa, decía la defensora: "no sabemos si fueron ellas; y si lo fueron que conducta típica cometieron (culposa – dolosa); si obraron justificadamente (ejemplo: legítima defensa); finalmente ignoramos si son imputables y si lo fueron si son culpables". Destaca en su escrito que cuando el expediente se encuentra en estado embrionario, el dar a conocer supuestos dichos de las acusadas, son actitudes que responden al "ansia de protagonismo personal de quienes revelan los secretos, ansia que decididamente opera en perjuicio de mis asistidas, por cuyas garantías me corresponde velar". A pesar del secreto de sumario y de lo cerrado del caso, la abogada no pudo evitar que se filtrara información y que la prensa tomara, en ciertas ocasiones, un sesgo amarillista. [26] Actualmente, Gabriela está en libertad. Pareciera que vive con un tío paterno. Desconozco si está o no en tratamiento psicoterapéutico, tampoco sé si ha logrado reinsertarse en la sociedad. No le será fácil conseguir trabajo, nuestra sociedad discrimina a las personas que han estado presas en prisiones o manicomios |
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AVIZORA |