Psicología
Las primeras estrategias de inserción laboral de los psicólogos
Marcela Borinsky *

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Diccionario de sexualidad - El adulto joven - Siempre usa condón

Introducción

La indagación de las causas que concurrieron en la creación de las carreras de psicología en nuestro país hacia fines de la década del 50 nos conduce a afirmar que no es posible atribuir a la historia interna de la disciplina el peso suficiente para el logro de este objetivo

El análisis detallado de la historia previa de la disciplina durante la década y en especial de los acontecimientos institucionales más importantes que se registraron en ese período, desde los Congresos Internacionales, los proyectos de creación de carreras menores en la especialidad, los Centros de Psicología Aplicada a la educación, el trabajo y la medicina hasta el 1º Congreso Argentino de Psicología en 1954, no constituyeron factores que por sí mismos puedan explicar el surgimiento posterior de la carreras y el "boom" que las mismas provocaron

Por diversas razones que ya hemos desarrollado en otro lugar([1]), la historia de las prácticas psicólogicas en la Argentina no establece una serie de manera directa con los acontecimientos que se sucedieron a partir de la institucionalización profesional de la disciplina. Si bien esta historia de las prácticas va a ser incorporada a través de algunas de sus figuras representativas y de determinadas experiencias ya consolidadas  a la historia profesional posterior, la continuidad no es lineal sino que se trata más de una asimilación desde un centro de gravedad que se encuentra en otro lado.

 

Como corroboración de lo antedicho sirve también observar el perfil que fueron aquiriendo los nuevos graduados de la especialidad y la no visibilidad en este perfil de las coordenadas más importantes  que caracterizaron a las prácticas en los años anteriores.

 

Es precisamente en el terreno de la "historia externa" a la disciplina, en los cambios culturales y en la rápida transformación social que se produce en nuestro país luego de la caída del peronsimo y más especificamente en la articulación de esta historia con la historia de la universidad argentina, donde es posible leer algunos indicadores fuertes de la necesidad vaga y difusa de un nuevo especialista que sirva para entender e intervenir sobre estos cambios.

 

En tal sentido, en la Sesión del Consejo de la Universidad de Buenos Aires, en la cual se propone la creación de las carreras de Sociología, Psicología, Antropología y la reformulación de la vieja carrera de pedagogía en Ciencias de la Educación, no hay ninguna alusión a motivos de progreso científico o de necesidades profesionales concretas sino que la explicitación manifiesta es de índole muy general y se  refiere a demandas sociales poco específicas.

 

"el iniciar estos estudios (psicología y sociología) ha obedecido a un clamor del ambiente, a una exigencia cordial del ambiente"([2])

 

En esta misma dirección podemos entender, por ejemplo, por qué entre las actividades del Instituto de Psicología de Rosario, se destaca la importancia de contar con un programa de radio y abrir así un espacio de interlocución directa con la sociedad en su conjunto para colaborar desde los medios de comunicación de masas brindando un "hilo de Ariadna" que nos impida perdernos en el laberinto de la sociedad contemporánea.

 

“Estaremos siempre dispuestos a aclarar una duda, y responder a las preguntas  que se nos envíen sobre los asuntos de nuestra especialidad. Son tantos los problemas del comportamiento que se plantean en nuestra hora, tan angustiosas o apremiantes las situaciones cotidianas  en que se manifiesta un conflicto  de la personalidad, o tan curiosas las peripecias del drama onírico, que muchas veces estamos anhelando un intérprete de los psíquico –un hilo de Ariadna-  que nos ayude a comprendernos a nosotros mismos y nos permita asomarnos al “otro” o a “los demás””.([3])

 

La historia de la profesionalización de la psicología en nuestro país no puede ser entendida sin su articulación con la búsqueda de un público a través de los medios de comunicación de masas. En la Argentina, historia de la profesión y apelación a un público son dos caras de un mismo proceso y se dan de manera contemporánea. Es decir, este nuevo saber se propone al mismo tiempo como científico y popular, por lo tanto los límites entre el conocimiento experto y la divulgación popular no están predeterminados a priori sino que son móviles y dan cuenta de la especificidad del mismo.

 

Desde los comienzos de la institucionalización de la profesión, el ideal hacia el cual los psicólogos se orientan es el del cambio y la reforma en la vida cotidiana de la gente. Una mirada sobre las primeras producciones de los mismos los muestran muy lejos de una práctica de laboratorio o  de investigación cerrada sobre si misma sino que por el contrario es una apuesta a una intervención activa sobre la sociedad en su conjunto.

 

Las transformaciones culturales de los años 60, en especial en lo referente a la familia, las relaciones entre los sexos, los nuevos modos de abordaje de la infancia y la definición de un nuevo actor social -el adolescente-, son las temáticas que eligen los psicólogos para intervenir, promoviéndose como figuras que ayudan a comprender lo nuevo y que al validar el nuevo escenario legitimaron también su propia presencia.

 

La psicología en la Universidad

Volviendo al tema de la modernización de las universidades argentinas luego del 55 y luego de trabajar una parte importante del material que hay sobre el tema, resulta claro que la creación de las carreras de psicología en nuestro país se relacionó más con este proceso de renovación institucional y política que promovieron las elites reformistas en las universidades argentinas  que con un movimiento interno de la misma disciplina.

 

La transformación de la estructura curricular y académica de la universidad, se produjo en un contexto político nacional que otorgó un lugar de privilegio a la misma y fundamentalmente al desarrollo científico como condición del crecimiento del país y del nuevo modelo económico desarrollista.(Buchbinder, 1997)

 

La promoción de la investigación condujo a la creación a nivel nacional del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en la Universidad a la generalización de la dedicación exclusiva a la docencia, a la implementación de un programa de becas de investigación y estudios en el exterior para el perfeccionamiento de estudiantes y graduados y al apoyo a la labor de institutos y centros de investigación.

 

Los polos principales de este desarrollo universitario fueron las Facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en tanto constituían ámbitos  de estudio sin  objetivos profesionales específicos y donde las tareas de investigación ocupaban un rol central. (Buchbinder, 1997)

 

Esta nueva oferta universitaria recibió una aceptación muy alta por parte de los estudiantes. Entre 1959 y 1964 la Facultad de Ciencias Exactas aumentó su población en un 60.5% y la Facultad de Filosofía y Letras incrementó su población en un 146% mientras que la Facultad de Medicina sufrió para el mismo período una reducción del 9.1%. (Sigal, 1991)

 

En Filosofía y Letras este incremento tuvo una estrecha relación con la creación de las nuevas carreras: Sociología, Antropología, Ciencias de la Educación y Psicología –la más poblada de la Facultad-.

 

Estas nuevas carreras y en especial sociología y psicología dieron un nuevo perfil a la tradicional y académica Facultad de Filosofía y Letras:

 

“Los parámetros en materia de práctica científica, su apertura  a las novedades y la atención a la evolución de la disciplina en el exterior, los criterios para evaluar y seleccionar a su personal docente iban a incidir gradual, pero intensamente, sobre el resto de las secciones de la Facultad. El factor esencial que explica su dinamismo se debe probablemente, al carácter ‘ab nihilo’ que tuvo la creación de ambas carreras...Por otra parte, y aquí fue también esencial el impacto de la Sociología y la Psicología, los estudios adquirieron una impronta que privilegió la observación, el trabajo empírico y la labor de campo, en una Facultad donde había predominado, desde los años veinte, una fuerte tónica antipositivista”[4]

 

Transcribo textualmente las afirmaciones de Buchbinder porque si estas hipótesis pueden ser acertadas en relación a la carrera de sociología resultan al menos discutibles con respecto a la carrera de psicología.

 

Es cierto que el alumnado de ambas carreras dio un perfil diferente a la Facultad. Las entrevistas con los primeros graduados psicólogos dan cuenta de esto y de su apertura a lo nuevo. Sin embargo, en el caso de la carrera de Sociología es clara la orientación científica de la disciplina basada en la investigación empírica y en el ideal profesional del sociólogo como “experto en problemas sociales” encarnado por la figura de Gino Germani.

 

Esta nueva sociología se posiciona y discute contra una tradición específica de la sociología en manos de profanos, los pensadores sociales que a través del ensayo y la literatura exponían una visión impresionista y débilmente fundamentada de los fenómenos sociales. (Filippa, 1997)

 

Entonces, si la creación de la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires representa una fundación moderna de la disciplina con un proyecto definido, un  representante clave y organizador de este proyecto y un ideal profesional que contrasta con nitidez frente a una sociología tradicional o de “frac”[5], el  caso de la creación de la carrera de psicología brinda un panorama más complejo y heterogéneo.

 

En primer lugar, no  se encuentra una tradición definida frente a la cual posicionarse como modernos. Tampoco había un modelo científico dominante como en el caso de la sociología que brindara un marco metodológico y empírico para la investigación. En las estrevistas a los primeros graduados psicólogos, estos coinciden en señalar la importancia del intercambio con los alumnos de sociología, el cursado de materias comunes y la integración de ciertas problemáticas:

 

Con los alumnos de sociología éramos como hermanos, porque los departamentos de sociología y  de psicología estaban en un edificio muy nuevo en Florida entre Viamonte y Tucuman. Estaban uno frente a otro. Teníamos una comunicación constante, con gente como Eliseo Verón, Miguel Murmis, ellos venían de filosofía y hacian sociología”[6].

 

"Lo interdisciplinario también era una marca de F&L, hicimos muchísimas materias con gente de sociología. Hasta el 66 las cosas marchaban así y todo se resolvía por asambleas. Después del 66 la carrera quedó vacía" [7]

 

No obstante, sociología es caracterizada por la mayoría como la carrera más “científica” de la Facultad mientras que psicología resultaba más difícil de definir y adquirió un perfil atípico en  relación al programa desarrollista instalado en la Universidad dirigido a la profesionalización de la docencia y de la investigación tanto en las ciencias "duras" como en la ciencias sociales. Cabe destacar también el poder de convocatoria que tuvo esta carrera y la masividad que caracterizó a sus claustros otorgándole así otro rasgo distintivo desde sus orígenes.[8]
 

La búsqueda de un perfil

 

Una mirada sobre la composición del cuerpo docente de la nueva carrera en la Universidad de Buenos Aires nos permite observar una fisonomía ecléctica  donde coexisten proyectos y perfiles académicos y profesionales diferentes.

 

En efecto, en este período conviven figuras como Marcos Victoria, representante de una psicología tradicional y académica de origen francés; Telma Reca pionera en la atención clínica psicólogica de niños con trastornos de conducta; Nuria Cortada de Kohan, psicóloga formada en Estados Unidos con una sólida formación estadística y experiencia en la estandarización de tests mentales; Enrique Butelman, docente en psicología y en sociología, valorado por su erudición y exigencias de formación cultural  y social; Jaime Bernstein, uno de los principales difusores de las técnicas proyectivas de evaluación de la personalidad y profundamente interesado en la problemática de la infancia desde una perspectiva psicológica; José Itzinshon introductor de la reflexología en nuestro país y de uno de sus principales promotores y García Badaraco, médico y psicoanalista, quien llevaba a los alumnos al Borda.

 

Los alumnos que tuvieron una participación activa en la carrera en este período inicial, buscaron también a nuevos docentes como José Bleger primero y Fernando Ulloa después, para sumar a este proyecto que no  tenía una orientación definida. De las entrevistas a los primeros graduados surgen como valores destacados: la interdisciplina, el compromiso personal con el saber y la voluntad de construir un espacio.

 

"Eramos un pequeño grupo y muy dinámico. Muchas veces la carrera estaba ahí tecleando (1957-1961) a veces no sabíamos si la íbamos a terminar, no estaban los profesores y las materias. Pero teníamos la voluntad de hacer la carrera".[9]

 

Espacio que define con claridad un lugar de enunciación -ser psicólogo- pero no los atributos específicos que definen ese lugar. Por eso, al principio era más importante aprender un poco de todo  e intervenir en todos los espacios donde los dejaran: escuelas, hospitales, clínicas. El eclectisismo de los orígenes era una virtud y uno de los atributos diferenciales era el compromiso personal con la formación.  En tal sentido, el tema de la profesión ocupaba un lugar secundario ya que lo que se ponía en juego estudiando psicología estaba más relacionado con el problema de la identidad personal que con el del "saber hacer" en el terreno de las prácticas.

 

Algunas comparaciones entre allá y acá: el egresado de psicología de allá es un buen técnico especialista. Pero el egresado de acá demuestra más compromiso personal. Me permito apreciar esta diferencia al decir que el psicólogo argentino ama su profesión y su carrera, mientras que el psicólogo alemán las estima. La formación ulterior en el Instituto de Psicoterapia para quienes quieren dedicarse a este tipo de trabajo psicológico promueve una mayor diversificación en el campo de la labor. Nuestro psicólogo de Buenos Aires es un poco de todo, universalista, autodidacta. Es menos especializado que su colega de Alemania pero es el más enterado en relaciones humanas[10]

Considero que en relación a este tema, se abren una serie de problemas ligados específicamente al campo de la psicología y su profesionalización  que en general no son trabajados en investigaciones sobre la conformación de una profesión para los psicólogos y es el de los efectos sobre la subjetividad que implica la elección de los estudios de psicología. Quizás a diferencia de otras profesiones, la formación en psicología involucra procesos internos de cambio y de autoaprendizaje sobre la propia dinámica de los conflictos intersubjetivos y de allí que, los problemas ligados a la inserción profesional pasaran necesariamente a un segundo plano. De este modo, se priorizan las cuestiones ligadas más a la identidad personal que aquellas relacionadas con la incorporación al mundo del trabajo.

 

En esta misma dirección, observamos como en nuestro país, si bien todavía no estaba claramente definido el perfil clínico de la profesión, el tema del psicoanálisis personal de los estudiantes de la carrera se convirtió rapidamente en un "deber ser" que no era cuestionado por sus protagonistas. La mayoría de los estudiantes de psicología -y este es un tema aún hoy vigente- comenzaron a analizarse al poco tiempo de comenzar sus estudios y este imperativo no dejaba de cumplirse más allá de las dificultades económicas que podía ocasionar el costo de los tratamientos:

 

"Yo me empecé a analizar y tenía dos vestidos para el verano. Lo pagué con mi sueldo. Creo que todos nos analizabamos"[11]

 

Clínica y psicoterpia: el lugar de los psicólogos en las instituciones de salud

 

"En muchas salas hospitalarias se comienza  a solicitar la opinión de los psicólogos y algunos profesores introducen conceptos psicológicos en su enseñanza...En la Cátedra de Pediatría a mi cargo, en el Hospital Ricardo Gutierrez, funciona desde hace cinco años un Departamento de Psicología y Psicohigiene con tareas de docencia y asistencia en higiene mental institucional. Trabajan en él 12 médicos y 30 psicólogos"[12]

 

La constitución de la psicología como un campo profesional en nuestro país se da conjuntamente con la renovación del campo médico psiquiátrico y la expansión del psicoanálisis en la cultura y la sociedad. En el período que investigamos se producirán acontecimientos de envergadura en este campo, fundamentalmente por la necesidad de sacar a la psiquiatría del hospicio y reingresarla al seno de la medicina. Este proceso va de la mano  de la introducción de los psicofármacos y de la defensa de la salud mental a través de la prevención y la reevaluación de diversas técnicas psicoterapéuticas.

Las entrevistas a los primeros graduados de la carrera de psicología en la UBA realizadas por Martín Cremonte y Eduardo Sincofsky dan cuenta de la inserción temprana de los primeros graduados en tareas clínicas en ámbitos públicos –en general de manera gratuita- y en ámbitos privados a partir de la derivación de pacientes por los mismos psicoanalistas.

De esta convivencia inicial de la que habláramos anteriormente, se fue construyendo un proyecto profesional para los psicólogos que combinaba un ideal psicoterapeutico de raíz psicoanalítica con un interés político de reforma social. La psicología era una carrera humanística y social que a diferencia de las otras carreras de estas características proponía una aplicación práctica bajo el modelo de la psicoterapia.

 

“En mi caso yo entré a la carrera porque había leido un libro de Jung y me interesaba  la idea del inconsciente colectivo desde un punto de vista político. Yo había hecho Letras, me interesa la Lingüística, jamás pensé que me podía servir para ganarme la vida[13]

 

" Sabíamos que teníamos que construir un proyecto, que estaba en nuestras manos encontrar un espacio y eso es lo que se perdió hoy. Tuvimos una inserción muy temprana en la práctica ...para mí fue muy impactante cuando viajamos a Estados UNidos en el 68 tener profesores psicólogos, éramos absolutamene contemporáneos de nuestros compañeros en la New York University: metodológicamente eramos muchísimo más flojos pero mi experiencia clínica era mayor...fuimos nosotros quienes fuimos armando el perfil...creo que salimos más favorecidos los que elegimos un perfil clínico"[14].

 

"yo empecé a trabajar en un Hospital en la mitad de la carrera (el Hospital de Niños). Es más empecé a trabajar con pacientes antes de recibirme (derivados por Jefes del Hospital de Niños), no creo haber sido la única"[15]

 

Estos relatos de carácter personal se ven confirmados por los resultados de una primera encuesta sobre el ejercicio profesional de los psicólogos([16]) que utilizó como muestra a los profesionales egresados de las carreras de psicología entre el año 1961 y 1969 afiliados a la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. (APBA). Dicha muestra estaba conformada por un total de 695 psicólogos y, el primer dato absolutamente llamativo es la distinción por género de la misma: 600 mujeres y 95 hombres.

Por otra parte, siguiendo a los autores, desde la creación de la carrera de Psicología en la UBA hasta el año 1969, el número total de egresados fue de 911. En este sentido, y este es otro dato sorprendente en comparación con el período actual, la APBA era una asociación claramente representativa de los intereses de los psicólogos.

Los resultados de esta encuesta demuestran que la mayoría de los psicólogos se desempeñaba en el área clínica: 92% de la muestra. Sin embargo, resulta necesario agregar dos resultados que complejizan el análisis de estos datos. Por un lado, gran parte de los psicólogos trabajaba además de en la clínica en otras actividades psicológicas y por el otro, la jornada de trabajo del psicólogo era breve: el 15% de 11 a 20 horas de trabajo semanales, el 22% de 21 a 30 horas, el 22% de 31 a 40 horas y el 36% más de 40 horas. En relación a esto la valoración de los ingresos mensuales de los encuestados se distribuye en un 40% entre bajo y muy bajo, un 21% medio y un 38% entre alto y muy alto. ([17])

 

Por  lo tanto, si bien la orientación predominante del perfil profesional es la clínica, esta orientación no se corresponde estrechamente con una real inserción profesional en términos de ingresos económicos y de ocupación plena. Esta "subocupación" de los psicólogos puede ser pensada en dos direcciones. Por un lado, en términos de condiciones objetivas, los psicólogos como grupo eran nuevos en el mercado de trabajo y debían competir con profesiones ya consolidadas como los psicoanalistas médicos y los psiquiatras que contaban con mayor legitimidad social y habilitación legal para ejercer sus prácticas. Los psicólogos debían avanzar tanto en la búsqueda de aceptación y reconocimiento social como también en el terreno legal que les era adverso.

Pero también, resulta importante considerar los problemas ligados a la relación subjetiva que establecían los psicólogos con sus propias prácticas y las dificultades que encontraban como grupo para asumir una profesión en la cual las gratificaciones personales que  la misma les proveía podían ser más importantes que las gratificaciones económicas.

Por ello, resulta interesante contrastar los datos de la encuesta relacionados con los ingresos económicos con aquellos relacionados con la "gratificación con la tarea". El 83% de los entrevistados se encontraba satisfecho con la tarea realizada, mientras que sólo el 48% de los entrevistados lo estaba con  respecto a los ingresos percibidos:

"El psicólogo se encuentra más gratificado con la tarea que lleva a cabo que con los ingresos que percibe...Estos datos se ven confirmados por otra respuesta: aquella relacionada con la psible reelección de camino laboral. Vemos aquí que la amplía mayoría de los psicólogos reelegiría su camino profesional" [18]

Los psicólogos comenzaron a incorporarse en las instituciones de salud como "aprendices" y desde este rol no contemplaban la posibilidad de recibir una remuneración acorde a los servicios que prestaban en tanto privilegiaban la dimensión del aprendizaje  de una práctica.

 

Los espacios destacados para esta práctica fueron la Sala XVII del Hospital de Niños Juan María Gutierrez, el Dpto de Psicología y Psicopatología de la Edad Evolutiva en el Hospital de Clínicas en un comienzo y luego el Policlínico Gregorio Araóz Alfaro de Lanús. Sin embargo, no fueron los únicos y al final de este trabajo presentaremos un anexo con la información  recabada.

 

Tal como se desprende de las referencias consultadas, los psicólogos se integraron progresivamente en los Servicios de Psicopatología y Salud Mental en calidad de “aprendices” y de investigadores por un lado y por el otro, ofreciendo una serie de competencias ligadas a la evaluación y al diagnóstico de la personalidad que les permitieron incorporarse al terreno de las psicoterapias de manera gradual y más o menos controvertida según los ámbitos de inserción.

 

Los psicólogos se apropiaron de determinadas problemáticas psicopatológicas e iniciaron tareas de investigación empírico-clínicas en las que en general incluían técnicas proyectivas de diagnóstico y a modo de prueba, tratamientos psicoterapeuticos de orientación psicoanálitica. De este modo, buscaban demostrar la efectividad de las mismas en trastornos de acceso difícil para los médicos al mismo tiempo que insistir sobre el valor diferencial de una intervención  estrictamente psicológica.

 

Resulta interesante detenernos en una primera caracterización de este tipo de trastornos. Podemos clasificarlos fundamentalmente en dos clases:

 

1)      las patologías psicosomáticas que ya pertenecían al dominio del psicoanálisis y donde los psicólogos encontraban una tradición teórica y clínica para sostener sus investigaciones.

 

2)      las patologías ligadas más directamente a problemas vinculares o sociales que implicaban el desarrollo de nuevas perspectivas de abordaje diferentes al modelo psicoanálito clásico. El vínculo madre-hijo, las relaciones familiares, el intercambio grupal  y la puesta en práctica también de una mirada sobre la infancia que destacara los aspectos psicólogicos presente en toda intervención médica en los niños.

 

En esta dirección, el Departamento de Psicología y Psicopatología de la Edad Evolutiva del Hospital de Clínicas contaba desde 1959 con una Sección denominada Psicología y Educación, y la función del psicólogo comprendía por un lado el diagnóstico en base a una batería de tests y técnicas proyectivas y por el otro, la coordinación de grupos de madres y la eduación de las mismas, el tratamiento psicoterapeutico de las madres y de los niños.

 

El trabajo se realizaba en general en equipo: “el equipo diagnóstico está conformado por un psicólogo, un psiquiatra y un historiador. Funcionan en la actualidad 15 equipos. Antes de actuar como psicólogo de equipo, el licenciado comienza su aprendizaje en esta tarea como observador y auxiliar de un psicólogo ya entrenado, concurre a las reuniones de equipo y participa en ellas...Los grupos de orientación de madres son coordinados por médicos o psicólogos y un observador. Tienen un tiempo limitado de 6 reuniones y el programa de trabajo está destinado a cubrir aspectos fundamentales de la educación que si no surgen en el grupo son introducidos por el coordinador”[19]

 

El trabajo con grupos y la coordinación de esta nueva metodología terapeutica era en general una tarea para los psicólogos. De la descripción de funciones que hacen varios psicólogos que se desempeñaban en el Policlínico de Avellaneda surgen como roles principales, el diagnóstico y la conducción de grupos de diferentes características

 

“En la actualidad trabaja un grupo  numeroso de treinta licenciados y estudiantes de psicología adelantados en su carrera que realizan las siguientes tareas: estudios psicológicos individuales que incluyen entrevistas operativas, test mentales, estudios de personalidad, historias en pacientes de cualquiera de las secciones que lo requieran, organiza y/o participa de grupos de orientación para madres, grupos de expresión en niños, grupos de alcohólicos, en el estudio y tratamiento de familias, etc."[20]

 

Asimismo, la relación con los médicos no era sencilla y en muchos casos los psicólogos eran aceptados solamente como “testistas”. Por lo tanto, en los primeros 60 podemos observar como los psicólogos se apropian de estas técnicas para a partir de allí, definirlas como un instrumento más de su quehacer que se abría a una multiplicidad de funciones.

 

Sin embargo, no dejan de utilizarlas pero desde otro marco referencial propuesto también, por el pasaje de las técnicas psicométricas más tradicionales a las técnicas proyectivas.

 

“El test sólo puede ser aplicado por un psicólogo, por la sencilla y definitva razón  que el test vale lo que que vale quien lo aplica y de que no existe ningún saber independiente que pueda denominarse de este modo (se refiere a la calificación de ‘testista’)....el test  proyectivo es un método de trabajo clínico.Pero, y ello es lo más importante, el psicólogo con él vale más que sin él. Después del clínico –psicólogo, psiquiatra o psicoanalista- el instrumento proyectivo constituye la herramienta de examen más perfecta disponible hasta el presente”[21]

 

Evidentemente este es un tema de discusión y polémica que implica un cambio en la relación médico- psicólogo:

 

"Los psicólogos son convocados como testistas: en la labor que cotidianamente realizamos en el Dpto de Psicología en donde con frecuencia somos consultados por médicos para que realicemos sobre pacientes tests psicodiagnósticos, tests proyectivos o tests de personalidad”[22]

 

De allí que, Guida Kagel en su artículo sobre la función del psicólogo clínico se ocupe también de aclarar este punto:

 

“Antes de seguir es conveniente aclarar una confusión corriente en el medio psiquiátrico, que es la de  calificar de testista a la persona que cumple funciones de psicólogo clínico.La función del testista sería la de un técnico psicológico y su tarea más limitada y mecánica”[23]

 

No obstante, la autora en lugar de aclarar este punto, continua el artículo con una enumeración exhaustiva de las técnicas utilizadas por el equipo de psicólogos en el servicio.

 

De este modo, podemos observar cómo al mismo tiempo que los psicólogos plantean sus discrepancias con la calificación reduccionista de su función de “testistas”, parten de esta función para demostrar en la práctica el alcance más amplio de su rol.

 

Encontramos entonces, en esta discusión acerca de la función del “testista” y en la práctica concreta de muchos psicólogos en los hospitales, un puente que nos permite conectar los intereses de los nuevos profesionales en el período estudiado con la tradición preprofesional de la disciplina. Problema que no es planteado en términos teóricos ni de rol ocupacional pero que define de manera positiva un “saber hacer” propio de los psicólogos y que es reconocido en estos términos por los médicos. 

 

Este tema también se hace presente en las Primeras Jornadas Argentinas de Psicoterapia realizadas en Córdoba en 1963 y presididas por Gregorio Berman. En una de las mesas redondas, el Director del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, Raúl Pierola se refiere a la confusión de los médicos que convocan a los psicólogos como “testistas” y que da cuenta a su entender de un problema serio de comunicación entre psicólogos y médicos. El eje de este conflicto es la disputa por el ejercicio de la psicoterapia: “¿puede realizarla exclusivamente el médico?; ¿o puede también realizarla, a partir del diagnóstico médico, el psicólogo clínico no médico?  No quiero desatar esta polémica que ha estado presente en casi todas las jornadas anteriores de psiquiatría y también en otras discusiones sobre psicoterapia  realizadas en el país”[24]

 

Por lo tanto, resulta evidente que esta búsqueda de un perfil clínico por parte de los psicólogos  encuentra resistencias importantes del lado de las profesiones ya constituidas en este terreno  y particularmente de los psiquiatras quienes se enfrentan a la paradoja de estar "legalmente habilitados" para curar pero al mismo tiempo no contar con la formación necesaria y las competencias técnicas específicas para ello. El  campo médico psiquiátrico no era homógeneo en sus posiciones sobre el tema pero desde aquellas posiciones explícitamente contrarias al ejercicio de la psicoterapia por parte de los psicólogos a aquellas más abiertas y permeables a la  realización de estas prácticas, puede visualizarse un consenso mínimo y tácito de defensa de los lugares establecidos. La solución de compromiso elegida por el Jefe del Servicio de Psicopatología del Políclinico de Lanus ejemplifica con claridad esta dificultad para reconocer un lugar a los psicólogos:

 

"En el organigrama de la Sala, figuraba como personal auxiliar, pero yo no me lo creía. Con Goldemberg tenía conversaciones sobre el tema. El me decía que los psicólogos no podían hacer psicoterapia pero que yo si. A mi me dejaba, porque tenía formación, pero en secreto. Tiempo después, cuando nos reuniamos las psicólogas del Lanús, para avanzar en ese terreno, descubrimos que a todas nos había dicho lo mismo"[25]

 

En este sentido, el tema del rol psicoterapeutico de los psicólogos en el hospital era problemático. De las descripciones de las tareas cumplidas por los psicólogos en diversas instituciones de salud, se observa un "dejar hacer" que no era reconocido publicamente y que tampoco "nombraba" en términos de profesión.

 

Por eso, la Lic. Adela Duarte afirma que en el año 1967 con la promulgación de la Ley de Ejercicio de la Medicina los psicólogos son por primera vez y al mismo tiempo reconocidos e ignorados:

 

"Digo esto porque hasta ese momento no aparecíamos mencionados en ninguna reglamentación profesional y nosotros buscábamos el reconocimiento legal. Con esta ley, en un solo acto, se nos denominaba psicólogos y simultáneamente se restringe y cercena nuestra actividad profesional" [26]

 

Asimismo, podemos situar a partir del año 1967 una serie de acontecimientos que dan cuenta de un cambio cualitativo en la definición del grupo profesional  de los psicólogos y que nos perrmiten señalar el cierre de una proceso y la apertura de uno nuevo en esta historia profesional.

 

Se trata por un lado, de cambios en el interior del grupo profesional ligados a la consolidación de espacios dirigidos por los mismos psicólogos: instituciones privadas de asistencia, revistas y ámbitos de formación. Por el otro, de un reconocimiento externo de instituciones sociales significativas como la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en la creación de las primeras Residencias en Psicología Clínica y de la Universidad de Buenos Aires al convocar a los psicólogos como grupo para cubrir cargos docentes en la Carrera de Psicología. Más adelante volveremos sobre este tema.

 

 

La Orientación Vocacional

 

Un lugar destacado dentro de estas consideraciones merece la orientación vocacional. El ejercicio de esta tarea derivó rápidamente en la constitución de un ámbito autónomo y diferenciado de acción para el psicólogo con sus propias instituciones y su propio desarrollo teorico y programático.

 

La importancia que obtuvo la orientación vocacional como modelo paradigmático de acción para los jóvenes profesionales puede ser leida en su progresivo afianzamiento como aglutinador de experiencias provenientes de campos diversos: el laboral, el educacional y el clínico.

 

En este sentido, podemos decir que se conformó un ámbito nuevo de acción en base a tradiciones previas que se entrecruzaron formando un entramado original que dio pie a un rol específico para los psicólogos.

 

“...existe una dimensión de la  tarea   en la que el campo es privativo del psicólogo: el del diagnóstico y la resolución de los problemas  que  los individuos tienen en relación  con su  futuro como estudiantes  y productores  en el sistema económico de la sociedad  a  la que pertenecen”[27]

 

La orientación vocacional condensa por un lado los antecedentes de los Institutos de Orientación Profesional creados bajo el peronismo,  por el otro la posibilidad de intervenir en el ámbito educativo desde un paradigma clínico de evaluación de la personalidad a través de la apelación a recursos “objetivos” como los tests mentales y las técnicas proyectivas.

 

En este sentido, con anterioridad a la creación de la carrera de psicología en la UBA se comenzó a organizar un dispositivo para la orientación vocacional que se consolidó dos años más tarde bajo la dirección de Jaime Bernstein y que funcionó como un ámbito de capacitación “informal” para los estudiantes de psicología y luego graduados de la disciplina: El Departamento de Orientación Vocacional de la UBA.

 

“Cuando se creó el Dpto de Orientación Vocacional en la UBA no había ningún centro en la Argentina ni en Sud América que pudiera servir de modelo para sus fines. Todas las experiencias anteriores en orientación vocacional o profesional en nuestro país eran muy precarias y con enfoques más limitados”[28]

 

Creado en 1956 con la colaboración de la Unesco, terminó su organización y equipamiento en 1958 prestando un servicio regular a los estudiantes que buscaban asesoramiento en su elección profesional. Los datos para el año 1961, señalan que desde su organización se habían realizado 3.484 entrevistas y 2887 exámenes psicológicos para fines de orientación vocacional. (Tavella, 1961)

 

¿Quiénes se hicieron cargo de esta tarea? Resulta difícil responder a esta pregunta en tanto para 1961 recién se estaban graduando los primeros psicólogos de la carrera y la demanda de atención según estos datos era alta.

 

“El Dpto de Orientación Vocacional ha sido informalmente un centro docente, de formación de expertos en orientación vocacional. Muchos de sus auxiliares que entraron a trabajar en el Departamento siendo alumnos de la carrera han egresado y son ahora los psicólogos más especializados del país”[29]

 

Entre estos alumnos, se encontraban algunos de los primeros profesionales que egresarían de la carrera: Adela Duarte quien realizó allí su primera experiencia laboral  “ingresé allí primero como auxiliar y seguí hasta que renuncié en el 66. Gané varios concursos y terminé dirigiendo un Sector: Admisión de los Alumnos”[30];Clelia Ca quien inició su práctica profesional en el DOV para luego continuar en la práctica privada (Ca, 1971); las licenciadas Irene Orlando, Elvira Nicolini, Estela Stilman y Sara Slapak quienes presentaron un trabajo específicamente psicológico sobre orientación vocacional en un evento homogeneizado claramente por la presencia de profesionales médicos: Las Segundas Jornadas Argentinas de Psicoterapia.[31]

 

En el 2º Congreso Argentino de Psicología, encontramos una variedad interesante de trabajos sobre la orientación vocacional y la  referencia a una serie de instituciones –además del DOV- que se abocaban específicamente a ello. De allí que, podemos visualizar como la orientación vocacional de ser originalmente una orientación psicológica dentro del campo de las aplicaciones educativas se va desarrollando progresivamente en pos de una creciente autonomía y de su identificación con el perfil profesional del psicólogo.

 

Asimismo, en el año 1965 se realizaron las Primeras Jornadas Argentinas de Orientación Vocacional en la Universidad de Buenos Aires donde intervinieron desde un rol muy activo varios de los psicólogos recién egresados de la carrera. Participaron también varias figuras destacadas del campo "psi" como José Bleger y Fernando Ulloa conjuntamente con figuras importantes del período preprofesional de la disciplina como Plácido Horas, Horacio Rimoldi y Nicolás Tavella.

 

Revisando las Actas de las Jornadas, resulta clara la convivencia entre al menos dos modos de entender la orientación vocacional. Una, más clásica ligada al período anterior a la creación de las carreras y centrada en los conocimientos pedagógicos y cognitivos que se encuentra a mitad de camino entre los saberes escolares y los saberes psicológicos. La otra tendencia, más propiamente psicológica acentúa los recursos relacionados con la formación clínica y en especial el uso de la entrevista psicológica.

 

En tal sentido, es dable observar una disputa, en general no explícita entre el campo educativo y el campo psicológico. En relación a este punto, Nicolás Tavella se plantea una serie de interrogantes que dan cuenta de este desplazamiento de problemas de un campo a otro:

 

"¿Es correcto trasladar a los objetivos y prácticas de la orientación vocacional institucional, los objetivos y las prácticas de la psicología clínica?...¿la desorientación voacional es un síntoma de desadaptación personal?¿O una manifestación de un proceso evolutivo que no encuentra en el medio social las condiciones para pasar naturalmente de un nivel a otro de madureción?...¿El enfoque exclusivamente psicológico de la orientación voacional no ha contribuído, acaso, a desaprovechar la participación activa del cuerpo docente en tareas de fundamentales vinculadas con la orientación vocacional? Tal enfoque, ¿no impide el desarrollo de una concepción más realista, práctica y productiva de la orientación vocacional?"[32]

 

Estos interrogantes plantean claramente un avance en este espacio de los psicólogos y sus saberes más abstractos y teóricos en detrimento de los saberes más productivos de los conocedores por excelencia de la escuela: los docentes.

 

En este mismo sentido, Plácido Horas evalúa como un fracaso el Proyecto de Carrera Menor en Orientación Vocacional que se desarrolló por única vez en un ciclo de dos años en la Universidad de Cuyo en el año 1958. El propósito original de la carrera era formar "auxiliares" y estaba pensado para un público de docentes. Pero, para sorpresa de los organizadores, la mayor cantidad de inscriptos estaban  cursando paralelamente la carrera de psicología:

 

"Los propósitos del curso fracasaron ya que la mayor parte de los graduados fueron simultáneamente titulados en psicología, vale decir, superaban por sus conocimientos el objetivo de formar auxiliares y se transformaban en personas dotadas de un saber más enriquecido que resultaba antieconómico encasillar en tareas de subordinación" [33]

 

La conclusión a la que arriba Horas es que finalmente son los psicólogos, los únicos profesionales capacitados para ejercer la tarea de orientador vocacional y por lo tanto se trataría más que de formar auxiliares en la materia de organizar la especialización dentro de la carrera de grado en psicología.

 

Por lo tanto, si durante las décadas del 40 y del 50, el ejercicio de la orientación profesional o vocacional podía corresponder a profesionales provenientes de distintos campos, de la medicina en algunos caso pero en general del ámbito educativo y en esta dirección se llegó a pensar en una instancia de especialización para los mismos, es claro que ya a mediados de los 60 el panorama es completamente otro.

 

Son los psicólogos quienes logran ganar esta batalla y las Conclusiones de estas Jornadas, que nuclean a figuras destacadas de todo el país y donde están representadas a través de sus rectores los principales centros universitarios de la Argentina, dan testimonio de esto.

 

La primera y la segunda conclusión aprobadas en la Sesión Plenaria de Clausura de las Jornadas proponen lo siguiente:

 

"1- La tarea formal y técnica de Orientación Vocacional en cualquier ámbito (educacional, industrial o sanitario) corresponde específicamente al psicólogo.