| Entendimiento
Los objetos actúan sobre los
sentidos; la sensación en el órgano tiene duración; los sentidos
actúan sobre el cerebro, esta acción tiene duración; ninguna
sensación es simple ni momentánea, pues, si se me permite
expresarme así, es un haz. De ahí nace el pensamiento, el juicio.
El juicio distingue las ideas,
el genio las coteja, el razonamiento las enlaza. Juicio,
razonamiento, formación de las lenguas. Tratemos de explicar estas
operaciones del entendimiento.
Juzgamos: ese es el hecho. ¿Cómo
se forma el juicio? Ese es el fenómeno que hay que explicar. Tal
vez ese fenómeno parezca a primera vista a los ignorantes mucho más
fácil, a los hombres instruidos mucho más difícil de lo que es.
Por la sencilla razón de que
toda sensación es compuesta, supone juicio o afirmación de varias
cualidades experimentadas a la vez.
Por la razón de que son
duraderas, se da coexistencia de sensaciones. El animal siente esa
coexistencia. Ahora bien, sentir dos seres coexistentes es juzgar.
Una vez formado el juicio, la voz lo articula. El hombre dice «pared
blanca», y ya está enunciado el juicio.
La cosa resulta mucho más fácil
de concebir si los objetos están presentes. He ahí una pared, y
digo pared, y mientras pronuncio esta palabra la veo blanca, y digo
blanco. Pero lo que se hace en presencia de los objetos, se produce
de la misma manera en su ausencia, cuando la imaginación los suple.
Sentimos una sensación;
tenemos una idea; producimos un sonido representativo de esta
sensación, o que recuerde esta idea. Si la sensación o la idea se
presenta de nuevo, la memoria recuerda, y el órgano emite el mismo
sonido. Con la experiencia las sensaciones, las ideas se
multiplican; pero ¿cómo se introduce la relación entre las
sensaciones, las ideas y los sonidos de tal manera que no formen un
caos de sensaciones, de ideas y de sonidos aislados e inconexos,
sino una serie que llamamos razonable, sensata u ordenada? De la
siguiente manera.
Existen en la naturaleza
relaciones entre los objetos y entre las partes de un objeto. Esta
relación es necesaria. Ocasiona una relación o una sucesión
necesaria de sonidos que corresponden a una sucesión necesaria de
las cosas percibidas, sentidas, vistas, olfateadas, o tocadas. Por
ejemplo, vemos un árbol, y la palabra árbol es inventada.
No vemos un árbol sin ver, inmediatamente y casi siempre a la vez,
ramas, hojas, flores, una corteza, nudos, un tronco, raíces, y he
aquí que al momento se inventa la palabra árbol, se inventan otros
signos, se encadenan y se ordenan. De ahí una sucesión de
sensaciones, de ideas, y de palabras unidas y ordenadas. Miramos y
olemos un clavel, y recibimos su olor fuerte o débil, agradable o
desagradable, y aparece otra serie de sensaciones, de ideas y de
palabras. De ahí nace la facultad de juzgar, de razonar, de hablar,
aunque no podamos ocuparnos de dos cosas a la vez.
El tipo de nuestros
razonamientos más extendidos, su relación, su consecuencia, es
necesaria en nuestro entendimiento, como el encadenamiento, la
relación de los efectos, de las causas, de los objetos, de las
cualidades de los objetos lo es en la naturaleza.
No se separan sin consecuencia
para el juicio los objetos cuyo encadenamiento existe de modo
natural. No se les une sin resultados extravagantes. Si por falta de
experiencia los fenómenos no se encadenan, si por falta de memoria
no pueden encadenarse, si por la pérdida de la memoria se vuelven
incoherentes, el hombre parece loco. Lo mismo ocurre si la pasión
se aplica a un solo fenómeno, si la pasión los separa, o si los
une. El niño parece loco por falta de experiencia, el viejo parece
estúpido por falta de memoria, el viejo violento parece loco.
Buen juicio, buen razonamiento
supone un buen estado de salud, o la ausencia de malestar y de
dolor, de interés y de pasión.
La experiencia diaria de los
fenómenos forma la ilación de las ideas, de las sensaciones, de
los razonamientos, de los sonidos. Se une a ello una operación
propia de la facultad de imaginar. Imagináis un árbol. Su imagen
es simple en vuestro entendimiento; si vuestra atención se aplica a
toda la imagen, vuestra percepción es turbia, confusa, vaga, pero
es suficiente para vuestro razonamiento bueno o malo sobre el árbol
entero.
Los errores sobre los objetos
son fáciles. Sólo existe un medio de conocer la verdad, consiste
en proceder únicamente por partes, y no concluir más que tras una
enumeración exacta y entera, y aún así, este medio no es
infalible; la verdad puede depender hasta tal punto de la imagen
total que a partir del detalle más riguroso no pueda afirmarse ni
negarse de las partes.
Un efecto producido en la
naturaleza o en nosotros involuntariamente restablece una larga
sucesión de ideas. Lo que la razón tiene en común con la locura,
es que esos fenómenos tienen lugar en uno y otro estado, con la
diferencia de que el hombre sensato no considera lo que ocurre en su
cabeza como el escenario del mundo, y que el loco lo confunde. Cree
que lo que le parece, que lo que desea, es, existe realmente. El
funcionamiento del espíritu no es pues más que una serie de
experiencias.
Suspender su juicio, ¿qué es?
Esperar la experiencia.
El razonamiento se hace por
identidades sucesivas: Discursus series identificationum.
La organización, la memoria,
la imaginación son los medios de instituir la serie más segura y
extensa de las identificaciones. El tiempo y el tesón suplen a la
vivacidad.
La vivacidad es la característica
del genio. Este hombre es inepto en este estado, destaca en ese
otro.
Si uno ve la cosa tal como es
en la naturaleza, es filósofo.
Si uno forma el objeto a partir
de una selección de partes dispersas, que haga que la sensación
sea más fuerte en la imitación de lo que hubiera sido en la
naturaleza, es poeta.
La lógica, la retórica, la
poesía son tan antiguas como el hombre.
La analogía es la comparación
de las cosas que han sido o son para inferir de ellas las que serán.
¿Por qué la continuidad de la
sensación no mantiene la continuidad del juicio, del mismo modo que
en el ojo el objeto está siempre invertido? Por la misma causa que
si tocamos una bola con dos dedos cruzados, sentimos dos, y que
prosiguiendo la experiencia al poco tiempo sólo sentimos una.
Acciones intelectuales
interrumpidas y reanudadas tras un largo intervalo; fenómeno por
explicar. No sé si he mencionado a este hombre que recibe en la
sien el golpe del brazo de la palanca de un lagar; permanece seis
semanas sin conocimiento y, al cabo de este tiempo, vuelve de su
estado como de un sueño; se encuentra de nuevo en el momento del
accidente, y sigue dando órdenes a propósito de su vino. Es
conocida la historia de esa mujer que continúa su discurso
interrumpido por un ataque de catalepsia. ¿Cómo explican estos
hechos nuestros espiritualistas?
Si una parte considerable del
cerebro sufre presión por sangre, agua, un cirro, un hueso, o
alguna otra causa mecánica, las operaciones del cerebro resultan
viciadas: se produce delirio, manía, estupidez; si elimináis la
opresión, el mal cesa.
Nos turbamos por el torbellino,
por el deslumbramiento, por el espectáculo de las grandes
profundidades o de las alturas. Entonces todo el sistema es afectado
a la vez por una causa común, o por la violencia de una causa
particular (sensorium commune).
Aunque tengamos los ojos
abiertos y la mente distraída, no por ello se verán nuestros
sentidos menos impresionados por los objetos que de costumbre, pero
aunque el alma esté ocupada, dicen algunos metafísicos, no por eso
deja de recibir la imagen pero no la recuerda nunca. Es para ella, añaden,
como si nada hubiera afectado a la vista. No lo creo.
Cada sentido u órgano tiene su
nervio o su función. Sea cual sea la función del órgano o del
principio, o del origen de todos los nervios reunidos, en cualquier
lugar que nos situemos, tiene seguramente su función particular; ¿cuál
es?
El cerebro no piensa por sí
mismo, del mismo modo que ni los ojos ni los demás sentidos actúan
por sí mismos. El cerebro necesita objetos para pensar, como los
necesita el ojo para ver. Por mucho que este órgano ayudado por la
memoria vea, confunda, combine, cree seres fantásticos, estos seres
existen dispersos.
El cerebro no es más que un órgano
como otro cualquiera. Incluso puede decirse que no es más que un órgano
secundario que nunca entraría en función sin la mediación de los
demás órganos. Es vivo u obtuso como ellos. Se halla paralizado en
los imbéciles, los testigos están sanos, el juez es nulo.
No siempre pensamos. No
pensamos en el sueño profundo. No pensamos cuando nos vemos
profundamente afectados. Cada vez que la sensación es violenta, o
que la impresión de un objeto es extremada, y que nos encontramos
ante ese objeto, sentimos, no pensamos, no podemos razonar; nuestro
entendimiento no es ya más que un órgano como otro cualquiera, y
no tal órgano. Es sensible, pero no pensante. Así es como nos
encontramos en la admiración, en la ternura, en la ira, en el
miedo, en el dolor, en el placer.
Ni juicio, ni razonamiento
cuando la sensación es única. Los animales en los cuales predomina
un sentido, sienten con fuerza, razonan poco. Las grandes pasiones
son mudas; ni siquiera encuentran modo de expresarse.
Se forman todo tipo de
impresiones pero sólo atendemos a una. El alma se halla en medio de
esas sensaciones como un convidado en una mesa tumultuosa que habla
con su vecino: no oye a los demás.
No podemos pensar, ver, oír,
saborear, oler, atender al tacto a la vez. Sólo podemos atender una
cosa a la vez. Sólo se ve claramente un objeto a la vez. El paso es
infinitamente rápido; no prestamos atención a ello; pero dejamos
de ver cuando escuchamos, de escuchar cuando tocamos, y lo mismo
ocurre con las otras sensaciones. Creemos lo contrario, pero pronto
nos desengaña la experiencia.
Lo que peor conocemos son los
sentidos íntimos, a nosotros mismos, el objeto, la impresión, la
representación, la atención.
La voluntad, la libertad, el
dolor que ampara al hombre; el placer que le pierde, el deseo que le
atormenta, la aversión, el temor, la crueldad, el terror, el valor,
el pesar, ¿qué son todas estas cosas?
¿Qué idea tiene el hombre
tranquilo de la ira, el viejo del amor? ¿Qué idea podemos tener de
un dolor que no hemos sentido? ¿Qué idea queda de un dolor cuando
ya ha pasado?
¿Qué es la memoria? ¿Qué es
la imaginación, dormir, soñar?
Memoria
Me inclino a creer que todo lo que
hemos visto, conocido, oído, percibido, hasta los árboles de un
gran bosque, qué digo, hasta la disposición de las ramas, la forma
de las hojas, y la variedad de los colores, de los verdes y de las
luces; hasta el aspecto de los granos de arena de la orilla del mar,
las desigualdades de la superficie de las aguas ya estén agitadas
por un soplo ligero, ya sean espumosas y levantadas por los vientos
de la tempestad, hasta la multitud de las voces humanas, de los
gritos de los animales y de los ruidos físicos, la melodía y la
armonía de todas las canciones, de todas las obras musicales, de
todos los conciertos, que hemos oído, todo eso existe en nosotros
sin que lo sepamos.
Vuelvo a ver, despierto en
estos momentos, los bosques de Westfalia, de Prusia, de Sajonia, y
de Polonia que he atravesado. Vuelvo a verlos en sueños tan
intensamente coloreados como lo estarían en un cuadro de Vernet.
Dormir me ha situado de nuevo en conciertos que han empezado
nuevamente, como cuando estaba presente. Se presentan de nuevo a mi
espíritu, después de treinta años, representaciones de obras cómicas
y trágicas; son los mismos actores, los mismos espectadores en el
patio de butacas, son los mismos hombres en los palcos, las mismas
mujeres, los mismos vestidos, los mismos ruidos de abucheos o de
aplausos. Un cuadro de Vandermeulen no me habría mostrado de nuevo
una revista en la llanura de Sablons un hermoso día de verano, con
tan gran cantidad de incidentes en esa muchedumbre reunida, como me
lo ha presentado de nuevo el sueño después de un gran número de años.
Todos los cuadros de un salón abierto hace veinte años, los he
vuelto a ver precisamente tal como los veía paseándome por la
galería. Pero añadamos un hecho público a mi experiencia, que
podría ser puesta en duda.
Un obrero, cuyo único
entretenimiento en sus días de descanso era el teatro, es atacado
por una fuerte fiebre, ocasionada por el jugo de una planta venenosa
que le habían administrado imprudentemente. Entonces, ese hombre se
pone a recitar escenas enteras de obras de las cuales no tenía el
menor recuerdo cuando se hallaba sano. Hay más. Y es que le ha
quedado una enojosa propensión a escribir versos. No recuerda ni el
primero de los versos que recitaba durante su fiebre, pero tiene la
manía de hacerlos.
Otro hecho notorio. Un niño
educado hasta los cinco años y medio en Rusia, olvida la lengua
rusa, la habla en el delirio, pero con tono de niño, y una vez
curado olvida el ruso.
Para explicar el mecanismo de
la memoria, hay que considerar la sustancia blanda del cerebro como
una masa de una cera sensible y viva, pero susceptible de todo tipo
de formas, sin perder ninguna de las que ha recibido, y recibiendo
incesantemente otras, que conserva. Ese es el libro. Pero, ¿dónde está
el lector? El lector es el libro mismo. Pues ese libro siente, vive,
habla o comunica por medio de sonidos, de letras el orden de sus
sensaciones, y ¿cómo se lee a sí mismo? Sintiendo lo que es, y
manifestándolo por medio de los sonidos.
O la cosa se encuentra escrita,
o no lo está. Si no está escrita, la ignoramos. En el momento en
que se escribe, la conocemos.
Según la manera en que se
hallaba escrita la conocíamos de nuevo, o desde hacía mucho
tiempo.
Si lo escrito se debilita, lo
olvidamos, si lo escrito se borra, es olvidado, si lo escrito se
reaviva, la recordamos.
Para explicar el olvido, veamos
lo que ocurre en nosotros; nos esforzamos en recordar las sílabas
del sonido, si se trata de una palabra; la índole de la cosa, si el
objeto es físico; la fisonomía, las funciones si se trata de una
persona.
Los signos son muy útiles para
la memoria. Un niño de diez años, criado entre los osos, se quedó
sin memoria.
Cada sentido tiene su carácter
y su buril. La memoria constituye la personalidad. La conciencia de
sí mismo y la conciencia de su existencia son diferentes.
Sensaciones continuas sin memoria darían como resultado la
conciencia interrumpida de su existencia: no producirían ninguna
conciencia de sí mismo.
Sin la memoria, en cada sensación
el ser sensible pasaría del sueño al despertar, y de la vigilia al
sueño. Apenas tendría tiempo de decirse a sí mismo que existe. Sólo
sentiría una sorpresa momentánea, en cada sensación saldría de
la nada, y a ella volvería a caer. Pero existen costumbres,
movimientos que se encadenan por actos reiterados, o sensaciones
reiteradas en los órganos sensibles y vivos. De este movimiento
producido en un órgano, resulta tal sensación, y tal serie. De
otros movimientos en ese órgano, o en otros, tales sensaciones y
tales series de sensaciones. El hábito une incluso las sensaciones
de los demás órganos. Así, la memoria inmensa es la conexión de
todo lo que hemos sido en un instante, con todo lo que hemos sido en
el momento siguiente, estados que ligados por el acto recordarán a
un hombre todo lo que ha sentido durante su vida. Creo que todo
hombre tiene esta memoria. Las conclusiones son fáciles de sacar.
Ley de continuidad de estados,
como existe ley de continuidad de sustancia. Ley de continuidad de
estados propios al ser sensible, viviente y organizado. Esta ley de
continuidad de estados se refuerza con el acto reiterado, se
debilita por falta de ejercicio, no se rompe nunca en el hombre
sano, sólo tiene saltos, y esos saltos se unen también por algunas
cualidades, por el lugar, el espacio, la duración.
Un fenómeno que sigue siendo
fenómeno, que indica ausencia de los demás. Estado total que
desaparece, diferentes estados que se embrollan, etc. (A meditar).
La memoria inmensa o total es
un estado de unidad completo. La memoria parcial, estado de unidad
incompleto.
Memoria de la vista, memoria
del oído, memoria del gusto; hábitos que vinculan una larga sucesión
de sensaciones y de palabras, y de movimientos sucesivos y
encadenados de órganos. La prueba es que aquellos cuyas ocupaciones
son interrumpidas con demasiada frecuencia, y que pasan rápidamente
de un objeto a otro, pierden la memoria.
Impresiones que se producen en
nosotros por los ojos sin que nos demos cuenta; después,
reminiscencia en los sueños, o en la fiebre.
Los ojos cerrados despiertan en
nosotros un larga sucesión de colores, los oídos una larga sucesión
de sonidos. Este despertar puede llevarse a cabo por sí mismo, con
el simple movimiento del órgano que se pone en disposición espontáneamente,
como cuando era afectado por la presencia del objeto
Si existe algún orden en ese
despertar de las sensaciones, el sueño se parece a la vigilia si
estamos dormidos; existe memoria fiel si estamos despiertos.
Así la memoria puede, pues,
ser considerada como un encadenamiento fiel de sensaciones, que se
despiertan sucesivamente, tal como han sido recibidas. Propiedad del
órgano.
Se destruye la memoria en
aquellos que la tienen, rompiendo el hilo ente las sensaciones, por
sensaciones deshilvanadas.
El órgano de la memoria me
parece siempre pasivo; no me recuerda nada de sí mismo; es
necesaria una causa que lo ponga en juego.
Memorias ágiles, lentas,
afortunadas o fieles, infieles, con ilación de ideas, sin ilación
de ideas como sonidos puros de una lengua desconocida, y sonidos
puros de una lengua conocida, no son más que sucesiones de
movimientos autómatas.
La representación de un
paisaje que hemos visto, si nos fijamos bien, es un fenómeno
instantáneo tan sorprendente como el recuerdo sucesivo de palabras
que componen una larga obra que sólo hemos leído una vez.
Tenemos un recuerdo más
duradero y fiel de cosas que nos han afectado con más fuerza que de
otras.
La memoria varía con la edad.
El cerebro se endurece y la memoria se borra.
Los niños aprenden deprisa
pero no recuerdan: los viejos se acuerdan del pasado olvidando el
presente.
Treinta y seis mil nombres
repetidos por el joven corso en el orden en que los había oído una
sola vez. Este hecho explicaría cómo Cardano pudo aprender griego
de la noche a la mañana, y levantarse con ese conocimiento.
Pascal no olvidó nada de lo
que había hecho, leído o pensado desde que tuvo uso de razón. He
oído decir a varias personas que nunca habían olvidado nada de lo
que habían aprendido.
Hay fenómenos de memoria que
han llevado a la estupidez, a la locura. Volveríamos imbécil a un
niño mostrándole continuamente objetos nuevos, lo habría visto
todo y no recordaría nada.
Medio técnico de quitar la
memoria: leer un diccionario, cambiar a menudo de objeto de atención.
Los microcéfalos suelen tener
poca memoria, poca penetración, y poca vivacidad; es el efecto de
la compresión de las fibras blancas, principio de los nervios.
Dulce al paladar, agradable al olfato, bueno para comer: así se encadena en la memoria.
El imperio de la memoria sobre
la razón no ha sido nunca lo suficientemente examinado
La memoria es una fuente de
vicios y de virtudes. Va acompañada por pena y placer. Un sonido de
voz, la presencia de un objeto, un lugar determinado, y he ahí un
objeto, qué digo, un largo intervalo de mi vida recordado; heme aquí
hundido en el placer, el pesar o la aflicción. Este dominio se
ejerce ya sea en el abandono de sí mismo, ya sea en plena distracción.
¿Es la memoria fuente de la
imaginación, de la sagacidad, de la agudeza, del genio? ¿La
variedad de la memoria determina la variedad de los espíritus? Por
mucho que veamos, oigamos, saboreemos, olfateemos, toquemos, si no
recordamos nada, hemos recibido inútilmente
Imaginación
Facultad de representarse los
objetos ausentes como si estuvieran presentes, de tomar de los
objetos sensibles imágenes que sirvan de comparación, de vincular
a una palabra
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