Especial Avizora
Fenómenos del Cerebro
Diderot

(Traducción de Julián Mateo Ballorca)

Psicología


Entendimiento

Los objetos actúan sobre los sentidos; la sensación en el órgano tiene duración; los sentidos actúan sobre el cerebro, esta acción tiene duración; ninguna sensación es simple ni momentánea, pues, si se me permite expresarme así, es un haz. De ahí nace el pensamiento, el juicio.

El juicio distingue las ideas, el genio las coteja, el razonamiento las enlaza. Juicio, razonamiento, formación de las lenguas. Tratemos de explicar estas operaciones del entendimiento.

Juzgamos: ese es el hecho. ¿Cómo se forma el juicio? Ese es el fenómeno que hay que explicar. Tal vez ese fenómeno parezca a primera vista a los ignorantes mucho más fácil, a los hombres instruidos mucho más difícil de lo que es.

Por la sencilla razón de que toda sensación es compuesta, supone juicio o afirmación de varias cualidades experimentadas a la vez.

Por la razón de que son duraderas, se da coexistencia de sensaciones. El animal siente esa coexistencia. Ahora bien, sentir dos seres coexistentes es juzgar. Una vez formado el juicio, la voz lo articula. El hombre dice «pared blanca», y ya está enunciado el juicio.

La cosa resulta mucho más fácil de concebir si los objetos están presentes. He ahí una pared, y digo pared, y mientras pronuncio esta palabra la veo blanca, y digo blanco. Pero lo que se hace en presencia de los objetos, se produce de la misma manera en su ausencia, cuando la imaginación los suple.

Sentimos una sensación; tenemos una idea; producimos un sonido representativo de esta sensación, o que recuerde esta idea. Si la sensación o la idea se presenta de nuevo, la memoria recuerda, y el órgano emite el mismo sonido. Con la experiencia las sensaciones, las ideas se multiplican; pero ¿cómo se introduce la relación entre las sensaciones, las ideas y los sonidos de tal manera que no formen un caos de sensaciones, de ideas y de sonidos aislados e inconexos, sino una serie que llamamos razonable, sensata u ordenada? De la siguiente manera.

Existen en la naturaleza relaciones entre los objetos y entre las partes de un objeto. Esta relación es necesaria. Ocasiona una relación o una sucesión necesaria de sonidos que corresponden a una sucesión necesaria de las cosas percibidas, sentidas, vistas, olfateadas, o tocadas. Por ejemplo, vemos un árbol, y la palabra árbol es inventada. No vemos un árbol sin ver, inmediatamente y casi siempre a la vez, ramas, hojas, flores, una corteza, nudos, un tronco, raíces, y he aquí que al momento se inventa la palabra árbol, se inventan otros signos, se encadenan y se ordenan. De ahí una sucesión de sensaciones, de ideas, y de palabras unidas y ordenadas. Miramos y olemos un clavel, y recibimos su olor fuerte o débil, agradable o desagradable, y aparece otra serie de sensaciones, de ideas y de palabras. De ahí nace la facultad de juzgar, de razonar, de hablar, aunque no podamos ocuparnos de dos cosas a la vez.

El tipo de nuestros razonamientos más extendidos, su relación, su consecuencia, es necesaria en nuestro entendimiento, como el encadenamiento, la relación de los efectos, de las causas, de los objetos, de las cualidades de los objetos lo es en la naturaleza.

No se separan sin consecuencia para el juicio los objetos cuyo encadenamiento existe de modo natural. No se les une sin resultados extravagantes. Si por falta de experiencia los fenómenos no se encadenan, si por falta de memoria no pueden encadenarse, si por la pérdida de la memoria se vuelven incoherentes, el hombre parece loco. Lo mismo ocurre si la pasión se aplica a un solo fenómeno, si la pasión los separa, o si los une. El niño parece loco por falta de experiencia, el viejo parece estúpido por falta de memoria, el viejo violento parece loco.

Buen juicio, buen razonamiento supone un buen estado de salud, o la ausencia de malestar y de dolor, de interés y de pasión.

La experiencia diaria de los fenómenos forma la ilación de las ideas, de las sensaciones, de los razonamientos, de los sonidos. Se une a ello una operación propia de la facultad de imaginar. Imagináis un árbol. Su imagen es simple en vuestro entendimiento; si vuestra atención se aplica a toda la imagen, vuestra percepción es turbia, confusa, vaga, pero es suficiente para vuestro razonamiento bueno o malo sobre el árbol entero.

Los errores sobre los objetos son fáciles. Sólo existe un medio de conocer la verdad, consiste en proceder únicamente por partes, y no concluir más que tras una enumeración exacta y entera, y aún así, este medio no es infalible; la verdad puede depender hasta tal punto de la imagen total que a partir del detalle más riguroso no pueda afirmarse ni negarse de las partes.

Un efecto producido en la naturaleza o en nosotros involuntariamente restablece una larga sucesión de ideas. Lo que la razón tiene en común con la locura, es que esos fenómenos tienen lugar en uno y otro estado, con la diferencia de que el hombre sensato no considera lo que ocurre en su cabeza como el escenario del mundo, y que el loco lo confunde. Cree que lo que le parece, que lo que desea, es, existe realmente. El funcionamiento del espíritu no es pues más que una serie de experiencias.

Suspender su juicio, ¿qué es? Esperar la experiencia.

El razonamiento se hace por identidades sucesivas: Discursus series identificationum.

La organización, la memoria, la imaginación son los medios de instituir la serie más segura y extensa de las identificaciones. El tiempo y el tesón suplen a la vivacidad.

La vivacidad es la característica del genio. Este hombre es inepto en este estado, destaca en ese otro.

Si uno ve la cosa tal como es en la naturaleza, es filósofo.

Si uno forma el objeto a partir de una selección de partes dispersas, que haga que la sensación sea más fuerte en la imitación de lo que hubiera sido en la naturaleza, es poeta.

La lógica, la retórica, la poesía son tan antiguas como el hombre.

La analogía es la comparación de las cosas que han sido o son para inferir de ellas las que serán.

¿Por qué la continuidad de la sensación no mantiene la continuidad del juicio, del mismo modo que en el ojo el objeto está siempre invertido? Por la misma causa que si tocamos una bola con dos dedos cruzados, sentimos dos, y que prosiguiendo la experiencia al poco tiempo sólo sentimos una.

Acciones intelectuales interrumpidas y reanudadas tras un largo intervalo; fenómeno por explicar. No sé si he mencionado a este hombre que recibe en la sien el golpe del brazo de la palanca de un lagar; permanece seis semanas sin conocimiento y, al cabo de este tiempo, vuelve de su estado como de un sueño; se encuentra de nuevo en el momento del accidente, y sigue dando órdenes a propósito de su vino. Es conocida la historia de esa mujer que continúa su discurso interrumpido por un ataque de catalepsia. ¿Cómo explican estos hechos nuestros espiritualistas?

Si una parte considerable del cerebro sufre presión por sangre, agua, un cirro, un hueso, o alguna otra causa mecánica, las operaciones del cerebro resultan viciadas: se produce delirio, manía, estupidez; si elimináis la opresión, el mal cesa.

Nos turbamos por el torbellino, por el deslumbramiento, por el espectáculo de las grandes profundidades o de las alturas. Entonces todo el sistema es afectado a la vez por una causa común, o por la violencia de una causa particular (sensorium commune).

Aunque tengamos los ojos abiertos y la mente distraída, no por ello se verán nuestros sentidos menos impresionados por los objetos que de costumbre, pero aunque el alma esté ocupada, dicen algunos metafísicos, no por eso deja de recibir la imagen pero no la recuerda nunca. Es para ella, añaden, como si nada hubiera afectado a la vista. No lo creo.

Cada sentido u órgano tiene su nervio o su función. Sea cual sea la función del órgano o del principio, o del origen de todos los nervios reunidos, en cualquier lugar que nos situemos, tiene seguramente su función particular; ¿cuál es?

El cerebro no piensa por sí mismo, del mismo modo que ni los ojos ni los demás sentidos actúan por sí mismos. El cerebro necesita objetos para pensar, como los necesita el ojo para ver. Por mucho que este órgano ayudado por la memoria vea, confunda, combine, cree seres fantásticos, estos seres existen dispersos.

El cerebro no es más que un órgano como otro cualquiera. Incluso puede decirse que no es más que un órgano secundario que nunca entraría en función sin la mediación de los demás órganos. Es vivo u obtuso como ellos. Se halla paralizado en los imbéciles, los testigos están sanos, el juez es nulo.

No siempre pensamos. No pensamos en el sueño profundo. No pensamos cuando nos vemos profundamente afectados. Cada vez que la sensación es violenta, o que la impresión de un objeto es extremada, y que nos encontramos ante ese objeto, sentimos, no pensamos, no podemos razonar; nuestro entendimiento no es ya más que un órgano como otro cualquiera, y no tal órgano. Es sensible, pero no pensante. Así es como nos encontramos en la admiración, en la ternura, en la ira, en el miedo, en el dolor, en el placer.

Ni juicio, ni razonamiento cuando la sensación es única. Los animales en los cuales predomina un sentido, sienten con fuerza, razonan poco. Las grandes pasiones son mudas; ni siquiera encuentran modo de expresarse.

Se forman todo tipo de impresiones pero sólo atendemos a una. El alma se halla en medio de esas sensaciones como un convidado en una mesa tumultuosa que habla con su vecino: no oye a los demás.

No podemos pensar, ver, oír, saborear, oler, atender al tacto a la vez. Sólo podemos atender una cosa a la vez. Sólo se ve claramente un objeto a la vez. El paso es infinitamente rápido; no prestamos atención a ello; pero dejamos de ver cuando escuchamos, de escuchar cuando tocamos, y lo mismo ocurre con las otras sensaciones. Creemos lo contrario, pero pronto nos desengaña la experiencia.

Lo que peor conocemos son los sentidos íntimos, a nosotros mismos, el objeto, la impresión, la representación, la atención.

La voluntad, la libertad, el dolor que ampara al hombre; el placer que le pierde, el deseo que le atormenta, la aversión, el temor, la crueldad, el terror, el valor, el pesar, ¿qué son todas estas cosas?

¿Qué idea tiene el hombre tranquilo de la ira, el viejo del amor? ¿Qué idea podemos tener de un dolor que no hemos sentido? ¿Qué idea queda de un dolor cuando ya ha pasado?

¿Qué es la memoria? ¿Qué es la imaginación, dormir, soñar?

Memoria

Me inclino a creer que todo lo que hemos visto, conocido, oído, percibido, hasta los árboles de un gran bosque, qué digo, hasta la disposición de las ramas, la forma de las hojas, y la variedad de los colores, de los verdes y de las luces; hasta el aspecto de los granos de arena de la orilla del mar, las desigualdades de la superficie de las aguas ya estén agitadas por un soplo ligero, ya sean espumosas y levantadas por los vientos de la tempestad, hasta la multitud de las voces humanas, de los gritos de los animales y de los ruidos físicos, la melodía y la armonía de todas las canciones, de todas las obras musicales, de todos los conciertos, que hemos oído, todo eso existe en nosotros sin que lo sepamos.

Vuelvo a ver, despierto en estos momentos, los bosques de Westfalia, de Prusia, de Sajonia, y de Polonia que he atravesado. Vuelvo a verlos en sueños tan intensamente coloreados como lo estarían en un cuadro de Vernet. Dormir me ha situado de nuevo en conciertos que han empezado nuevamente, como cuando estaba presente. Se presentan de nuevo a mi espíritu, después de treinta años, representaciones de obras cómicas y trágicas; son los mismos actores, los mismos espectadores en el patio de butacas, son los mismos hombres en los palcos, las mismas mujeres, los mismos vestidos, los mismos ruidos de abucheos o de aplausos. Un cuadro de Vandermeulen no me habría mostrado de nuevo una revista en la llanura de Sablons un hermoso día de verano, con tan gran cantidad de incidentes en esa muchedumbre reunida, como me lo ha presentado de nuevo el sueño después de un gran número de años. Todos los cuadros de un salón abierto hace veinte años, los he vuelto a ver precisamente tal como los veía paseándome por la galería. Pero añadamos un hecho público a mi experiencia, que podría ser puesta en duda.

Un obrero, cuyo único entretenimiento en sus días de descanso era el teatro, es atacado por una fuerte fiebre, ocasionada por el jugo de una planta venenosa que le habían administrado imprudentemente. Entonces, ese hombre se pone a recitar escenas enteras de obras de las cuales no tenía el menor recuerdo cuando se hallaba sano. Hay más. Y es que le ha quedado una enojosa propensión a escribir versos. No recuerda ni el primero de los versos que recitaba durante su fiebre, pero tiene la manía de hacerlos.

Otro hecho notorio. Un niño educado hasta los cinco años y medio en Rusia, olvida la lengua rusa, la habla en el delirio, pero con tono de niño, y una vez curado olvida el ruso.

Para explicar el mecanismo de la memoria, hay que considerar la sustancia blanda del cerebro como una masa de una cera sensible y viva, pero susceptible de todo tipo de formas, sin perder ninguna de las que ha recibido, y recibiendo incesantemente otras, que conserva. Ese es el libro. Pero, ¿dónde está el lector? El lector es el libro mismo. Pues ese libro siente, vive, habla o comunica por medio de sonidos, de letras el orden de sus sensaciones, y ¿cómo se lee a sí mismo? Sintiendo lo que es, y manifestándolo por medio de los sonidos.

O la cosa se encuentra escrita, o no lo está. Si no está escrita, la ignoramos. En el momento en que se escribe, la conocemos.

Según la manera en que se hallaba escrita la conocíamos de nuevo, o desde hacía mucho tiempo.

Si lo escrito se debilita, lo olvidamos, si lo escrito se borra, es olvidado, si lo escrito se reaviva, la recordamos.

Para explicar el olvido, veamos lo que ocurre en nosotros; nos esforzamos en recordar las sílabas del sonido, si se trata de una palabra; la índole de la cosa, si el objeto es físico; la fisonomía, las funciones si se trata de una persona.

Los signos son muy útiles para la memoria. Un niño de diez años, criado entre los osos, se quedó sin memoria.

Cada sentido tiene su carácter y su buril. La memoria constituye la personalidad. La conciencia de sí mismo y la conciencia de su existencia son diferentes. Sensaciones continuas sin memoria darían como resultado la conciencia interrumpida de su existencia: no producirían ninguna conciencia de sí mismo.

Sin la memoria, en cada sensación el ser sensible pasaría del sueño al despertar, y de la vigilia al sueño. Apenas tendría tiempo de decirse a sí mismo que existe. Sólo sentiría una sorpresa momentánea, en cada sensación saldría de la nada, y a ella volvería a caer. Pero existen costumbres, movimientos que se encadenan por actos reiterados, o sensaciones reiteradas en los órganos sensibles y vivos. De este movimiento producido en un órgano, resulta tal sensación, y tal serie. De otros movimientos en ese órgano, o en otros, tales sensaciones y tales series de sensaciones. El hábito une incluso las sensaciones de los demás órganos. Así, la memoria inmensa es la conexión de todo lo que hemos sido en un instante, con todo lo que hemos sido en el momento siguiente, estados que ligados por el acto recordarán a un hombre todo lo que ha sentido durante su vida. Creo que todo hombre tiene esta memoria. Las conclusiones son fáciles de sacar.

Ley de continuidad de estados, como existe ley de continuidad de sustancia. Ley de continuidad de estados propios al ser sensible, viviente y organizado. Esta ley de continuidad de estados se refuerza con el acto reiterado, se debilita por falta de ejercicio, no se rompe nunca en el hombre sano, sólo tiene saltos, y esos saltos se unen también por algunas cualidades, por el lugar, el espacio, la duración.

Un fenómeno que sigue siendo fenómeno, que indica ausencia de los demás. Estado total que desaparece, diferentes estados que se embrollan, etc. (A meditar).

La memoria inmensa o total es un estado de unidad completo. La memoria parcial, estado de unidad incompleto.

Memoria de la vista, memoria del oído, memoria del gusto; hábitos que vinculan una larga sucesión de sensaciones y de palabras, y de movimientos sucesivos y encadenados de órganos. La prueba es que aquellos cuyas ocupaciones son interrumpidas con demasiada frecuencia, y que pasan rápidamente de un objeto a otro, pierden la memoria.

Impresiones que se producen en nosotros por los ojos sin que nos demos cuenta; después, reminiscencia en los sueños, o en la fiebre.

Los ojos cerrados despiertan en nosotros un larga sucesión de colores, los oídos una larga sucesión de sonidos. Este despertar puede llevarse a cabo por sí mismo, con el simple movimiento del órgano que se pone en disposición espontáneamente, como cuando era afectado por la presencia del objeto

Si existe algún orden en ese despertar de las sensaciones, el sueño se parece a la vigilia si estamos dormidos; existe memoria fiel si estamos despiertos.

Así la memoria puede, pues, ser considerada como un encadenamiento fiel de sensaciones, que se despiertan sucesivamente, tal como han sido recibidas. Propiedad del órgano.

Se destruye la memoria en aquellos que la tienen, rompiendo el hilo ente las sensaciones, por sensaciones deshilvanadas.

El órgano de la memoria me parece siempre pasivo; no me recuerda nada de sí mismo; es necesaria una causa que lo ponga en juego.

Memorias ágiles, lentas, afortunadas o fieles, infieles, con ilación de ideas, sin ilación de ideas como sonidos puros de una lengua desconocida, y sonidos puros de una lengua conocida, no son más que sucesiones de movimientos autómatas.

La representación de un paisaje que hemos visto, si nos fijamos bien, es un fenómeno instantáneo tan sorprendente como el recuerdo sucesivo de palabras que componen una larga obra que sólo hemos leído una vez.

Tenemos un recuerdo más duradero y fiel de cosas que nos han afectado con más fuerza que de otras.

La memoria varía con la edad. El cerebro se endurece y la memoria se borra.

Los niños aprenden deprisa pero no recuerdan: los viejos se acuerdan del pasado olvidando el presente.

Treinta y seis mil nombres repetidos por el joven corso en el orden en que los había oído una sola vez. Este hecho explicaría cómo Cardano pudo aprender griego de la noche a la mañana, y levantarse con ese conocimiento.

Pascal no olvidó nada de lo que había hecho, leído o pensado desde que tuvo uso de razón. He oído decir a varias personas que nunca habían olvidado nada de lo que habían aprendido.

Hay fenómenos de memoria que han llevado a la estupidez, a la locura. Volveríamos imbécil a un niño mostrándole continuamente objetos nuevos, lo habría visto todo y no recordaría nada.

Medio técnico de quitar la memoria: leer un diccionario, cambiar a menudo de objeto de atención.

Los microcéfalos suelen tener poca memoria, poca penetración, y poca vivacidad; es el efecto de la compresión de las fibras blancas, principio de los nervios.

Dulce al paladar, agradable al olfato, bueno para comer: así se encadena en la memoria.

El imperio de la memoria sobre la razón no ha sido nunca lo suficientemente examinado

La memoria es una fuente de vicios y de virtudes. Va acompañada por pena y placer. Un sonido de voz, la presencia de un objeto, un lugar determinado, y he ahí un objeto, qué digo, un largo intervalo de mi vida recordado; heme aquí hundido en el placer, el pesar o la aflicción. Este dominio se ejerce ya sea en el abandono de sí mismo, ya sea en plena distracción.

¿Es la memoria fuente de la imaginación, de la sagacidad, de la agudeza, del genio? ¿La variedad de la memoria determina la variedad de los espíritus? Por mucho que veamos, oigamos, saboreemos, olfateemos, toquemos, si no recordamos nada, hemos recibido inútilmente

Imaginación

Facultad de representarse los objetos ausentes como si estuvieran presentes, de tomar de los objetos sensibles imágenes que sirvan de comparación, de vincular a una palabra

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