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Fuente
Conductismo
en la Web Esta sección tiene como finalidad reunir algunas reseñas sobre la historia del conductismo. Ello implica seleccionar los hechos que se consideran más relevantes y establecer relaciones entre ellos. En esa tarea, es posible que existan desacuerdos acerca de la importancia y la significación de los hechos. Por ejemplo, en la actualidad son varios los autores que cuestionan las versiones históricas que proclamaban que "el conductismo ha muerto" (ver Friman y otros 1993), que exitió una "revolución cognitiva" (ver Leahey 1992), o que "Chomsky refutó a Skinner" (ver Andresen 1990, De La Casa y otros 1993, Bayés 1977). Comenzamos por algunos hechos que nos parecen relevantes de la historia del conductismo, y los inicios de algunas revistas e instituciones, principalmente en EEUU. Pero nos gustaría que los lectores propongan lo que consideren necesario, y que nos aporten datos acerca de la historia del conductismo en sus propios países.
Referencias: Primeros años del conductismo (1910-1950). Thorndike (1898), en sus experimentos con gatos encerrados en jaulas, inició el estudio empírico de los efectos de eventos precedentes y subsiguientes en la conducta. Los eventos precedentes eran una deprivación leve de alimento y la presencia de comida fuera de la jaula, y los eventos subsiguientes eran la apertura de la jaula y la obtención del alimento. Thorndike encontró que los gatos hacían un gran número de respuestas ineficaces hasta lograr la respuesta correcta que producía la recompensa (salir de la jaula y comer). Luego de una serie de pruebas la respuesta recompensada ocurría más rápido, hasta ser la única respuesta emitida. Este fue el primer estudio sistemático del aprendizaje animal. Las variables del estudio de Thorndike son la deprivación previa de alimento como motivador y la presencia de comida como recompensa (es importante señalar que la conducta no se explica por "impulsos internos", "creencias" o "deseos", sino por variables externas y observables). Otro punto importante es que el modelo explicativo se relaciona con lo que mucho más tarde se denominaría "seleccionismo" (el mismo modelo que plantea Darwin para explicar un resultado aparentemente teleológico como las "funciones biológicas", a partir de principios no teleológicos: la variación-selección-retención de rasgos). El modelo seleccionista que Darwin aplica a los rasgos de una especie resulta análogo al modelo que Thorndike aplica a la conducta. Poco después y de manera independiente, Pavlov estudió sistemáticamente a los perros en otra situación de aprendizaje, el condicionamiento clásico, en el cual un estímulo neutro (EN, por ej. un tono) señalaba la presentación de un estímulo incondicionado (EI, por ej. comida), que elicitaba automáticamente una respuesta incondicionada (RI, por ej. la salivación). Luego de una serie de pruebas, el tono (EC) elicitaba la salivación (RC). Pavlov descubrió otros principios de este tipo de aprendizaje: la presentación inmediata del EI era más efectiva que la presentación demorada, la RC ocurre ante otros E similares (generalización), las pruebas sin presentación del EI debilitan progresivamente la RC (extinción), y el apareamiento del EI a un EN unido a la extinción de otro EN produce una discriminación. En base a esas investigaciones, Watson (1913) establece para la psicología un programa de investigación naturalista, en el cual el objeto de estudio principal de la psicología no es la "consciencia" o la "introspección", como habían planteado Wundt o Titchener, sino las conductas públicamente observables. Años más tarde, Skinner (1938) mejoró el procedimiento de Thorndike, manteniendo al animal en una caja en la cual una respuesta simple, como presionar una palanca o picotear una tecla, ocasionaba la entrega de alimento. Esto permitió investigar de manera precisa cómo una respuesta puede moldearse al reforzar aproximaciones sucesivas a la conducta deseada, y qué programas de reforzamiento permiten mantener una alta tasa de conducta sin necesidad de recompensar cada respuesta emitida. En los años 40, la psicoterapia estaba dominada por el psicoanálisis, que carecía de evidencia empírica. En 1950, Dollard y Miller utilizaron los principios de aprendizaje para explicar cómo se aprenden conductas disfuncionales y conceptualizaron la terapia como un proceso de aprendizaje de conductas más adaptativas. Skinner escribió "Ciencia y conducta humana" (1953), y "Conducta verbal" (1957), en los cuales aborda conductas humanas complejas, transpolando principios de aprendizaje establecidos experimentalmente. En la misma época, algunos estudiantes de Skinner comenzaron a aplicar técnicas operantes para modificar conductas humanas. En 1958, Wolpe introduce la técnica de desensibilización sistemática (DS), basada en varios principios de aprendizaje (reforzamiento, contracondicionamiento, extinción, generalización). Aplicación del conductismo a los problemas humanos (desde 1950). En los 50 y 60 surgió la terapia conductual, en los 70 y 80 surge una escisión entre el análisis conductual aplicado y la terapia cognitivo-conductual, en los 80 se consolida el análisis funcional en ciertas áreas y se abandona en otras, en los 90 surge el "análisis de la conducta clínica" y la tendencia hacia la investigación de la eficacia de los tratamientos no conductuales (los tratamientos conductuales tenían desde sus inicios investigación empírica). Décadas de 1950 y 1960: surgimiento de la terapia conductual. En 1950, Dollard y Miller utilizaron los principios de aprendizaje para explicar cómo se aprenden conductas disfuncionales y conceptualizaron la terapia como un proceso de aprendizaje de conductas más adaptativas. En 1952, Eysenck publicó un artículo titulado "Los efectos de la psicoterapia: Una evaluación", en el cual afirmó que en base a evidencia estadística, la psicoterapia psicoanalítica era completamente inefectiva. La terapia conductual nace en la misma década del 50 a partir de la aplicación de diversas teorías del aprendizaje (Pavlov, Watson, Guthrie, Hull, Mowrer, Miller, Skinner), y se presenta como una alternativa basada en el conocimiento adquirido por experimentación científica y abierta a la constante evaluación empírica de sus resultados. Skinner escribió "Ciencia y conducta humana" (1953), y "Conducta verbal" (1957), en los cuales aborda conductas humanas complejas, transpolando principios de aprendizaje establecidos experimentalmente. En la misma época, algunos estudiantes de Skinner comenzaron a aplicar técnicas operantes para modificar conductas humanas. En 1958, Wolpe introduce la técnica de desensibilización sistemática (DS), basada en varios principios de aprendizaje (reforzamiento, contracondicionamiento, extinción, generalización). También en 1958 se comienza a publicar la revista JEAB (sobre investigación básica), y una década más tarde comienza a publicarse la revista JABA (sobre aplicaciones del análisis conductual). En las décadas siguientes, Charles Ferster (1967/1972/1979) escribió varios artículos acerca de la psicoterapia, que tuvieron una escasa recepción pero constituyen un antecedente del "análisis de la conducta clínica" que surgirá en los 80. En 1966 se establece la AABT (Association for the Advancement of Behavior Therapy) y en 1969 se comienza a publicar su revista, Behavior Therapy. La modificación de la conducta se basaba en técnicas operantes (Ayllon y Azrin 1965, O'Leary y Becker 1967, Wolf et al 1964) y en técnicas basadas en el condicionamiento clásico y la desensibilización (Wolpe, 1958). Década de 1970. Escisión del análisis conductual y la terapia cognitivo-conductual. En los 70 y 80, la terapia conductual se separó
gradualmente de su fundamento teórico y filosófico en el conductismo, y
fue influenciada por términos cognitivos, que en su mayoría no provenían
de investigaciones empíricas (Ellis y Beck no iniciaron sus propuestas en
base a estudios experimentales sino a partir de sus propias prácticas
clínicas, aunque luego intentaron realizar investigaciones más controladas
sobre sus teorías). Los terapeutas conductuales se interesaron en esa
época en pacientes adultos externos con ciertos problemas típicos
(depresión, ansiedad, problemas del yo, dificultades en relaciones
interpersonales) mientras que los analistas conductuales aplicados
mostraban gran efectividad en contextos muy distintos al típico
consultorio de psicoterapia (en ambientes relativamente cerrados como
escuelas, hospitales, institutos de rehabilitación, empresas), y con
problemas tales como las conductas autolesivas, el bajo rendimiento
escolar, los tics, la ausencia de habilidades básicas de pacientes
institucionalizados, etc. Muchos terapeutas conductuales perdieron interés
en el análisis conductual aplicado y se interesaron en la terapia
cognitiva (Hawkins y otros 1992), con lo cual se origina lo que se
denominó terapia cognitivo-conductual. La psicología cognitiva ganó
terreno y muchos terapeutas conductuales pasaron de un marco conductual a
un marco cognitivo, desestimaron las influencias ambientales (antecedentes
y consecuentes de la conducta) y enfatizaron en su lugar los procesos
internos hipotéticos (el "procesamiento de información"). Hubo entonces
una división entre el análisis conductual aplicado (que mantenía la
tradición operante, trabajando principalmente con niños y adultos con
problemas severos o con intervenciones en sistemas relativamente cerrados
en ambientes educacionales, correccionales y organizacionales), y los
terapeutas cognitivo-conductuales (que trabajaban principalmente con
pacientes adultos no institucionalizados, y utilizaban una mezcla de
principios conductuales y conceptos cognitivos). Este cambio tuvo el
efecto nocivo de alejar la práctica clínica de la teoría básica. Pero esto
no implica que las intervenciones llamadas "cognitivas" (aquellas técnicas
basadas en el lenguaje y la imaginación) sean a priori inefectivas, o que
no debamos usarlas. Wolpe (1990) afirma que los procedimientos cognitivos
son fácilmente interpretables por la teoría conductual cuando se nota que
la cognición es una categoría de conducta. Una pausa para definir qué es el análisis conductual. El análisis conductual es un abordaje científico para el estudio de la conducta. Se podría mencionar como sus características más usuales: interaccional (su objeto de estudio son las relaciones conducta-ambiente), analítico (busca identificar relaciones funcionales entre eventos conductuales y eventos ambientales), experimental (busca demostrar qué eventos son responsables por la ocurrencia o la no-ocurrencia de la conducta, mediante la manipulación de variables independientes ambientales y la medición de variables dependientes conductuales), seleccionista (considera que las relaciones conducta-ambiente son seleccionadas por el ambiente y cambian a lo largo de la historia del individuo), pragmático (consta de investigación básica y aplicada, y se propone como objetivo que la comprensión permita la predicción y el control de los eventos), énfasis en el principio de parsimonia (se evita postular principios o conceptos teóricos innecesarios, o reificar los conceptos postulados, o apelar a causas internas, ya que eso limita la efectividad), antidualista (no se niega que existan fenómenos que no son públicamente observables, como "imaginar" o "soñar", pero no hay razón para asumir que tales fenómenos sean de una naturaleza "mental", inmaterial, diferente a la naturaleza de los fenómenos observables). Podemos aclarar algunos malentendidos explicitando lo que no es: el análisis conductual no niega el valor de la investigación fisiológica (por ejemplo las neurociencias), no niega el origen genético de ciertas conductas, no propone una ideología manipuladora, no defiende el control por el castigo, no es asociacionista, no es una psicología de E-R, no rechaza como objetos de estudio a fenómenos como pensar, sentir e imaginar. Baer (1968) propone como requisitos del análisis conductual aplicado (ACA) las siguientes características: debe ser aplicado, conductual, analítico, tecnológico, conceptualmente sistemático, efectivo, y debe obtener la generalidad de los logros. Qué significa cada uno? Aplicado: a diferencia de la investigación básica, se elige como objetos de estudio a conductas, estímulos y organismos por su importancia social (conductas que ocasionan perjuicios a quien las realiza o a otros, ausencia de conductas socialmente relevantes, conductas de riesgo, condiciones de malestar individual, etc.) más que por su importancia para la teoría. Conductual: el objetivo es lograr que un individuo haga algo en forma efectiva (no alcanza con que la persona "diga" que ya no tiene el problema: debe haber evidencia de que ya no lo tiene), lo cual requiere la medición de conductas. Analítico: debe demostrarse qué eventos son responsables por la ocurrencia o la no-ocurrencia de la conducta, mediante el control experimental (por ej., técnica de reversión o técnica de línea de base múltiple). Tecnológico: hay que describir los procedimientos en forma detallada (un nombre general e inespecífico no puede considerarse como una tecnología), de modo que quien lea la descripción sea capaz de replicar el procedimiento y producir los mismos resultados. Conceptualmente sistemático: debe relacionarse con principios conductuales bien establecidos por la investigación básica, para no ser meramente una colección de trucos sino una disciplina científica cuyos principios puedan ser establecidos experimentalmente, y puedan ser enseñados en forma sistemática. Efectivo: la aplicación de técnicas conductuales debe producir efectos de valor práctico significativo (un efecto pequeño puede ser significativo para la teoría, pero aún no serlo en relación a la importancia social), el umbral para establecer si un cambio conductual representa una mejoría importante no es una cuestión que decida el científico, sino que depende de las personas que se relacionan con la conducta. General: un cambio conductual tiene generalidad cuando se mantiene en el tiempo, en distintos ambientes, o en distintas conductas relacionadas. En los 80 hay un gran desarrollo en la evaluación funcional de problemas severos de conducta. Esta línea se basa en las propuestas de Skinner (Science of Human Behavior, 1953), Sidman (Tactics of Scientific Research, 1960), y Carr (The motivation of self-injurious behavior, 1977), y fue utilizada por Iwata (1982) en un estudio sobre conductas autolesivas que tuvo luego gran influencia. Paradójicamente, mientras el análisis funcional mostraba cada vez mayores logros, la terapia conductual se alejaba del uso del análisis funcional, y ganaba adeptos el diagnóstico categorial ateórico del DSM. Uno de los puntos más enfatizados por el abordaje conductual ha sido la necesidad de realizar antes de la intervención un cuidadoso análisis en el cual se identifiquen las variables controladoras (antecedentes y consecuentes) de la conducta que se desea modificar (Kanfer y Saslow 1969, Wolpe 1969, Touchette et al 1985, Durand 1987, Lennox et al 1988, LaVigna y Donnellan 1986, Gardner y Cole 1983, Dunlap 1988, Kanfer 1985, Schulte 1992, Wolpe 1986). A pesar de este énfasis, el análisis funcional previo al tratamiento ha sido frecuentemente ignorado (Durand, Lennox), y el uso de categorías del DSM y de manuales de tratamiento ("tratamientos manualizados", Sanderson y Woody 1995) se ha opuesto a los tratamientos individualizados en base a la evaluación conductual previa. La evaluación se desplazó de las observaciones conductuales hacia medidas de auto-reporte, y de la medición de conductas a la medición de constructos (Nelson y Hayes 1986, Forsyth y Eifert 1996), lo cual implicó una pérdida de precisión en la evaluación. A fines de los 80 surge aplicación de principios derivados de la teoría de Skinner y de los trabajos de Hayes (Zettle y Hayes 1982, Hayes 1987) al campo del tratamiento de pacientes externos. Este área suele denominarse "análisis de la conducta clínica", y consiste en las propuestas de la Terapia de Aceptación y Compromiso (TAC, Hayes 1987) y la Psicoterapia Analítico Funcional (PAF, Kohlenberg y Tsai 1987/1991). La aparición de estas propuestas intenta cerrar la brecha entre la investigación básica y la práctica clínica que se había abierto desde la década del 70. El abandono de los principios operantes fue desafortunado y se basó en la idea errónea de que los problemas presentados por pacientes adultos externos (tales como depresión o problemas interpersonales) sólo ocurren fuera de sesión (mientras que las técnicas operantes requieren la ocurrencia de la conducta problema durante la sesión). Pero en realidad, las conductas problemáticas de los pacientes adultos externos sí ocurren dentro de la sesión, y es posible aplicar las técnicas operantes. Los mismos problemas interpersonales que el paciente tiene en la vida cotidiana ocurren en la relación con el terapeuta, quien puede aplicar en el consultorio las técnicas operantes. La "reestructuración cognitiva" puede entenderse como un caso particular del moldeamiento de conductas verbales (en particular, de la formulación de auto-reglas). La TAC define la "evitación experiencial" como los esfuerzos disfuncionales para alterar la forma o frecuencia de ciertos pensamientos, sentimientos o sensaciones, y busca reducir esa evitación mediante ejercicios y metáforas para que, al eliminar el seguimiento de reglas destructivas, los pacientes puedan cambiar sus conductas a pesar de lo que piensan o sienten. La PAF utiliza reforzadores naturales en lugar de artificiales para modificar las conductas problema y las conductas objetivo que el paciente realiza en la sesión. Estas terapias mostraron resultados prometedores, pero queda mucho por investigar. Además ambas propuestas intentan alterar un campo que está aún fuertemente influido por el modelo médico, a tal punto que resulta difícil distanciarse de las connotaciones de ciertos términos tradicionales (clínica, paciente, síntoma, enfermedad mental, salud mental, trastorno, diagnóstico, tratamiento, cura), y de sus restricciones implícitas (sesiones semanales de cierta duración, en un contexto de cierto tipo, con interacciones de tipo verbal, con limitaciones en cuanto a las posibilidades de variación). En ese sentido, quedan muchos supuestos que merecen ser cuestionados. Un modelo alternativo es el "abordaje construccional" de Goldiamond (1974, Toward a constructional approach to social problems), que se focaliza en el presente y hacia el futuro, en los contextos cotidianos (en lugar de privilegiar el contexto del consultorio), buscando generar soluciones y construir habilidades (en lugar de "eliminar síntomas"). En la década del 90 también surgieron varios factores (la presión de las empresas que proveen servicios de salud para seleccionar sus prestadores, los avances en los tratamientos farmacológicos como alternativa a la psicoterapia, la proliferación de tratamientos sin base empírica que deterioran la confianza del público en la eficacia de la disciplina) que llevaron a una mayor exigencia pruebas de eficacia a las diversas propuestas psicoterapéuticas. De ese modo, distintos investigadores buscaron establecer los "tratamientos con apoyo empírico" y estandarizar manuales de tratamiento. Esta exigencia de testeo empírico es positiva para discriminar qué hay de eficaz en las diferentes propuestas (psicoanálisis, gestalt, terapias sistémicas, etc.) que hasta ahora fueron escasamente investigadas, y para frenar la promoción de las que carezcan de evidencia positiva o que presenten evidencia negativa. El tema de la estandarización de tratamientos es más cuestionable, así como la asignación de "un tratamiento estadísticamente eficaz para cada trastorno", ya que precisamos tener un conocimiento a un nivel aún más específico y saber qué procedimientos utilizar en cada caso (no sólo lo que "suele funcionar", sino lo que funciona para esta persona en esta situación), y ese es precisamente uno de los objetivos del análisis funcional. Historia de las revistas JEAB y JABA
Las revistas más representativas del análisis conductual son: JEAB (Journal
of the Experimental Analysis of Behavior) y JABA (Journal of Applied
Behavior Analysis). La primera publica investigación básica, la segunda
publica investigación aplicada. Ambas son publicadas por la SEAB (Society
for the Experimental Analysis of Behavior), y tienen artículos online en: La SEAB se formó en 1957 con el fin de publicar la revista JEAB, pues hasta entonces no existía una revista especializada en el abordaje analítico conductual. La JEAB tiene como finalidad "la publicación original de experimentos relevantes a la conducta de organismos individuales". Comenzó a publicarse en 1958 (en forma trimestral hasta 1964, y bimestral desde entonces). En la década de 1950, los investigadores que estudiaban el condicionamiento operante no encontraban revistas que valoraran sus trabajos. El Journal of Experimental Psychology y el Journal of Comparative and Physiological Psychology publicaban sus estudios, pero los editores tenían poca simpatía hacia un abordaje interesado en la conducta de organismos individuales y que desechaba el diseño formal y el testeo de hipótesis (rasgos típicos de los trabajos que se publicaban hasta entonces). El primer editor de JEAB fue Charles B. Ferster, que distribuyó entre sus amigos un documento titulado "propuesta para una nueva revista" justo antes del encuentro de la EPA (Eastern Psychological Association) en 1957, donde decía que: "Debido a que las políticas editoriales de las revistas existentes hacen cada vez más dificil publicar el trabajo experimental de un creciente número de psicólogos, y debido al largo retraso en la publicación, hay un considerable interés en establecer una nueva revista para satisfacer las necesidades de este grupo. Propongo que quienes requieren un nuevo medio de publicación deberían discutir: el formato de la revista, el método de financiación, la selección de individuos para su dirección, los criterios de aceptación de trabajos, y la política respecto al número y extensión de los reportes experimentales que pueden ser publicados". El condicionamiento operante era una actividad principal en las universidades de Harvard y Columbia, por lo cual quienes iniciaron JEAB estaban relacionados con una u otra. Los directores de la SEAB fueron a la vez editores de la JEAB. La política editorial fue propuesta por Peter B. Dews, Charles B. Ferster, W. N. Schoenfeld y Murray Sidman En 1968 se comenzó a publicar la revista JABA, que tiene como finalidad "la publicación original de reportes de investigación experimental que involucran aplicaciones del análisis experimental de la conducta para problemas de importancia social", y aparece en forma trimestral. Ya en 1959 (apenas 18 meses después del primer número de JEAB), Murray Sidman había sugerido a Charles Fester (primer editor de JEAB) que publicara esta nota: "Con este número, JEAB inaugura una nueva sección, Aplicaciones de tecnología y principios conductuales. Hemos recibido un creciente número de artículos, experimentales, clínicos, o combinaciones de ambos, que no agregan nueva información o sistematización, pero que demuestran o investigan nuevas aplicaciones de las técnicas y conocimientos existentes. Sentimos que tales artículos representan una tendencia saludable. Constituyen un signo de que nuestra ciencia es algo más que un ejercicio de laboratorio. Más aún, proporcionan una fuente de validación de técnicas y principios derivados del laboratorio. La publicación de esos artículos representa una consecuencia lógica de nuestro principal criterio editorial: el interés actual o potencial de parte de nuestros lectores". Esa nota no apareció, aunque ocasionalmente se publicaron artículos sobre temas aplicados (Lindsley sobre psicóticos, Goldiamond sobre tartamudez, Ferster sobre autistas, Ayllon sobre psicóticos, Long sobre niños, Sidman sobre afasia). En 1967 se discutió la aparición de una nueva revista sobre estudios conductuales aplicados, estaban presentes Charles Catania (Editor de JEAB), Azrin, Boren, Dews, Ferster, Holz, Laties, Pliskoff, Sidman, Skinner, Verhave, y Weiss. Se eligió a Montrose M. Wolf como primer editor de JABA (le seguirían Baer, Risley, y Agras). JABA distribuyó 1000 copias gratuitas en el encuentro de la EPA de 1968, y terminó ese año con 4271 suscriptores (JEAB tenía 3005). Las suscripciones a JABA aumentaron de 1500 (antes del primer número en 1968) a 7097 (en 1975), y desde entonces se redujo cada año (así como fue disminuyendo en general el apoyo a la investigación en ciencias sociales). Por ejemplo, en el período 1979-1992, la circulación total de JABA cayó un 26% (de 6290 a 4636 suscriptores), Behavior Therapy cayó un 14% (3276 a 2731), Behavior Modification cayó un 41% (2232 a 1322), JEAB un 23% (3062 a 2357), y Psychological Bulletin un 23% (9887 a 7572). Sin embargo el Journal of Applied Psychology cayó sólo un 9% (6153 a 5647) y el Journal of Consulting and Clinical Psychology aumentó (9741 a 10488). La circulación institucional (es decir, considerando sólo las instituciones, y no los individuos) de JABA en 1992 (1923 suscriptores) se aproxima a algunas revistas de la American Psychological Association (Dev Psych, J of Couns Psych), pero es inferior a otras (PB: 2778, JAP: 2726, JCCP: 2599, J Educ Psych: 2912, J Ab Psych: 2935) que podrían considerarse las cifras máximas para las revistas de psicología Las revistas más citadas por quienes publican en JABA (en el período 1988-1992, medido por número de citas por año) fueron: JABA (268), JEAB (29), Journal of the Association for Persons with Severe Handicaps (25), American Journal on Mental Retardation (18), Behavior Therapy (17), Analysis & Intervention in Developmental Disabilities* (17), Behavior Modification (17), Journal of Autism & Developmental Disorders (15), Behavioural Analysis & Modification** (14), Education & Training in Mental Retardation (12), Journal of Organizational Behavior Management (12), American Psychologist (11), Mental Retardation (9), Applied Research in Mental Retardation* (8), Behavioral Assessment*** (8), Journal of Behavior Therapy & Experimenal Psychiatry (8), Behaviour Research & Therapy 7), Journal of Experimental Child Psychology (7), Psychological Bulletin (6).
* Se combinaron en 1987 para formar Research in Developmental Disabilities. (Tomado del sitio de JEAB y JABA, el cual a su vez realizó una adaptación de Laties, V. G. & Mace, F. C. (1993). Taking stock: The first 25 years of the Journal of Applied Behavior Analysis. Journal of Applied Behavior Analysis, 26, 513-525). Otras revistas de análisis conductual La revista The Behavior Analyst se publica desde 1978. El proyecto fue iniciado por Scott Wood, quien pensó que MABA debía tener una revista propia, no del estilo de JABA o JEAB, sino una revista organizacional y teórica (como American Psychologist de la APA). La revista Behaviorism comenzó a publicarse en 1972, y desde 1990 pasó a llamarse Behavior and Philosophy. La revista Behaviour Analysis Letters se publicó de 1981 a 1983. La revista The Analysis of Verbal Behavior se publica desde 1982. La revista Behavior and Social Issues se publica desde 1991. Es la continuación de la revista del grupo de interés Behaviorists for Social Action (luego sería Behaviorists for Social Responsibility), que había sido iniciado por Harry Kent y otros (Marie Greening, Gary Gant y Elizabeth de la Ossa). Historia de la ABA (Association for Behavior Analysis) A principios de la década de 1970, la MPA (Midwestern Psychological Association) tenía como política explícita el rechazo de las presentaciones analítico-conductuales. Para ganar aceptación del análisis conductual, Jerry Mertens e Israel Goldiamond organizaron en 1974 una conferencia alternativa paralela a la conferencia de la MPA en Chicago. Asistieron casi 100 personas, y así nació MABA (Midwestern Association of Behavior Analysis), con el objetivo de organizar una alternativa más formal a la conferencia de MPA de 1975. Entre los iniciadores del proyecto estaban Jerry Mertens, Neil Kent, Richard Malott, Marge Peterson y Linda Parrot. Como MABA era desconocida, Richard Malott envió invitaciones a personas de la costa este de conocido prestigio (por ejemplo, Charles Catania), y la mayoría aceptó. El crecimiento fue mayor que lo esperado: la conferencia MABA de 1975 tuvo unos 20 invitados, y una concurrencia de 1100 personas. Pero, contrariamente al objetivo de Jerry Mertens, el encuentro no tuvo impacto sobre MPA: los asistentes a MPA no asistieron a MABA, y los asistentes a MABA no asistieron a MPA. Por ello, el comité de MABA decidió que los encuentros se organicen cuando y donde fuese conveniente para MABA. Mertens objetó ese cambio, y abandonó MABA para continuar su objetivo de "conductualizar" a la MPA. Si bien logró algunos cambios temporarios en MPA (distintos cargos fueron obtenidos por Dinsmoor, Azrin, Bijou y MacCorquodale), luego los grupos contrarios al análisis conductual se reorganizaron y volvieron a ocupar los cargos. En 1988, Mertens regresó a ABA. Esta alternativa (integración o separación respecto a la psicología) fue una constante en la historia del análisis conductual (en la sección [conceptual] intentaremos analizar los argumentos de ambas posiciones). El objetivo de Malott era organizar conferencias a nivel regional, pues consideraba que ya existía una organización nacional (la división 25 de la American Psychological Association), pero de hecho MABA comenzó a funcionar como una organización nacional y por ello se cambió su nombre por ABA. La asociación tenía su base en la University of Western Michigan (UWM), y su misión consistía en "desarrollar, incrementar y apoyar el crecimiento y la vitalidad del análisis conductual, mediante la investigación, la educación y la práctica". Mertens había iniciado el proyecto para ganar la aceptación de la MPA, pero ABA resultó un logro mucho mayor que inicialmente no estaba en los planes de los involucrados. En 1992, ABA se unió a la Federation of Behavioral, Psychological and Cognitive Sciences. De 1993 a 2002, la cantidad de miembros de ABA subió un 63% (2409 a 3923). Fuera de EEUU, la cantidad de miembros se ha triplicado (659 en el 2002). Instituciones afiliadas (Chapters) Actualmente ABA tiene 39 instituciones afiliadas, de las cuales 15 son internacionales. Las instituciones con más cantidad de miembros son: la Asociación Latinoamericana de Análisis y Modificación del Comportamiento (ALAMOC, 1000 miembros), la Australian Association for Cognitive Behaviour Therapy (1000 miembros), y la Florida Association of Behavior Analysis (830 miembros). Las instituciones actuales tienen unos 9700 miembros. La EABA (European Association for Behavior Analysis) ha unificado varias asociaciones conductuales. La asistencia a convenciones anuales subió un 75% (1650 a 2891). A las convenciones anuales de ABA, se agregaron las conferencias internacionales: la primera fue en Venecia, Italia, en noviembre de 2001 (asistieron 264 personas de 26 países), la próxima será en China en noviembre de 2004.
Las sucursales son: Alabama ABA, Argentina ABA, Asociación Latinoamericana
de Análisis y Modificación del Comportamiento (ALAMOC), ALAMOC-Colombia,
Australian Association for Cognitive Behaviour Therapy, Behavior Analysis
Association of Michigan, Behavior Analysis Society of Illinois, Behaviour
Analysis in Ireland, Berkshire Association for Behavior Analysis and
Therapy, California ABA, Chicago ABA, Delaware Valley ABA, Experimental
Analysis of Behaviour Group-UK and Europe, Florida ABA, German Society for
Behavioral Medicine and Behavior Modification, Italian Association for the
Analysis and Modification of Behavior, Japanese ABA, Kansas ABA, Maryland
ABA, Midwestern Association of Behavior Analysis and Therapy, Mississippi
ABA, Missouri ABA, New England Society of Behavior Analysis and Therapy,
New York State ABA, North Carolina ABA, Northwestern ABA, Ontario ABA,
Pennsylvania ABA, Russian ABA, Sociedad Mexicana de Análisis de la
Conducta, Southeastern ABA, Swedish ABA, Tennessee ABA, Texas ABA,
Venezuelan ABA Los grupos de interés especial (SIGs) se dedican al desarrollo de un tema específico. Hay unos 1300 miembros en los SIG, los que tienen más cantidad de miembros son DEV (Development and Behavior Analysis, 250 miembros) y SQAB (Society for the Quantitative Analysis of Behavior, 225 miembros). Cada grupo organiza sus propios encuentros y distribuye un boletín entre sus miembros. Algunos tienen su propia revista, sitio web, y lista de correo, y organizan concursos anuales para los trabajos de los estudiantes. Los grupos de interés son: Animal Trainer's Forum, Autism (AUT), BALANCE, Behavioral Gerontology, Behavioral Safety Network, Behaviorists for Social Responsibility, Clinical Behavior Analysis, Crime and Deliquency, Development and Behavior Analysis, Direct Instruction, Experimental Analysis of Human Behavior (EAHB), Health, Sports and Fitness (B-FIT), Interbehaviorists in ABA (IB), OBM Network, Rehabilitation and Independent Living, Society for the Quantitative Analysis of Behavior (SQAB), Standard Celeration Charters (SCC), Teaching Behavior Analysis (TBA), Verbal Behavior (VB).
La primera Conference of the European ABA
se realizará en Parma/Italia en julio del 2003. El séptimo
International Congress on Behaviorism and the Sciences of Behavior se
realizará en el 2004 en Estambul/Turquía (los anteriores fueron:
sexto en Auburn 2002, cuarto en Sevilla/España 1998, tercero en Yokohama/
Japón 1996, segundo en Palermo/Italia 1994, primero en Guadalajara/México
1992). En 1959, Chomsky escribió una crítica del libro (A review of B. F. Skinner's Verbal Behavior. Language, 35, 26-58), en la cual desvalorizaba las propuestas skinnerianas. La reseña fue muy difundida, son muchos los que leyeron la crítica sin haber leído el texto original (y por ello sólo tienen un conocimiento sesgado del libro). Skinner no respondió a esa crítica (en general no solía responder a sus críticos, con la excepción del número 7 de Behavioral and Brain Sciences, al cual Chomsky estuvo invitado pero no asistió). Recién varios años más tarde, diversos autores respondieron a esa crítica. Por otro lado, el libro Conducta verbal no tuvo un impacto inmediato en la investigación básica y aplicada sobre el lenguaje. En esa época, tanto el análisis experimental como el aplicado se dedicaban a temas más simples, y tardarían varios años en abordar en forma sistemática el campo de la conducta verbal. Esos factores (la ausencia de respuesta a la crítica de Chomsky y de un impacto inmediato en la investigación básica y aplicada) hicieron que se difundiera la idea de que el programa de investigación sobre la conducta verbal no era viable. Sin embargo, con el tiempo aparecieron varias respuestas a Chomsky, y las propuestas del libro empezaron a ser investigadas en forma empírica. Uno de los puntos planteados por MacCorquodale refería a que las críticas de Chomsky eran más relevantes para las teorías del aprendizaje de Hull que para las de Skinner. Skinner plantea que la unidad funcional no es necesariamente la oración, sino que puede ir de fonemas a discursos enteros, y ciertos grupos de palabras conforman unidades funcionales. Considera las respuestas verbales atribuíbles a un encadenamiento (a las cuales llama intraverbales, como completar una línea de poesía a partir de las primeras palabras, o responder "cuatro" a la frase "dos más dos") como sólo una de muchas clases funcionales. Skinner muestra de qué forma las respuestas novedosas pueden emerger a partir de las interacciones de unos pocos principios básicos (consecuencias reforzantes o punitivas, estímulos discriminativos, motivación). El reforzamiento no sólo ocurre con objetos tangibles como el alimento, sino en formas más sutiles, ya que cualquier consecuencia de la conducta que mantenga la conducta funciona como reforzador (por ejemplo, la oportunidad de entrar en otra habitación puede reforzar el abrir la puerta, la sonrisa del oyente puede reforzar la conducta del hablante). Skinner difiere de los teorizadores E-R en su concepto de "contingencia de 3 términos", en la cual un estímulo discriminativo establece la ocasión en la cual una respuesta tiene cierta probabilidad de producir ciertas consecuencias. La gramática, uno de los temas que más interesan a Chomsky, no es el interés central del planteo de Skinner. Aunque lo menciona ocasionalmente, el interés central está en las funciones de la conducta verbal, más que en la estructura de lenguajes particulares o del lenguaje en general. Incluso si fuese cierta la propuesta de Chomsky acerca de una "gramática universal" que determina características estructurales del lenguaje, quedarían por responder las cuestiones funcionales que plantea Skinner acerca de las circunstancias en que ocurre cada conducta verbal y los efectos de ella. Una explicación limitada a la estructura gramatical nos dice muy poco de tales funciones. Las propuestas de Chomsky atribuyen la competencia
lingüística a una facultad innata. Chomsky postula un "dispositivo de
adquisición del lenguaje" (LAD), y minimiza el rol del aprendizaje en la
adquisición del lenguaje. Su preocupación se centró en la sintaxis, y no
comenzó siquiera a dar cuenta de cómo el ambiente y la historia controlan
la conducta verbal, ni de cómo las conductas verbales controlan la
conducta del oyente o del mismo hablante. Al apelar al innatismo extremo y
la imposibilidad de modificar por el aprendizaje, se llega a la conclusión
fatalista de que podemos hacer muy poco para prevenir las conductas
indeseables y generar otras más deseables. Una de las críticas de Chomsky
consistía en indicar que el hablante construye oraciones nuevas, que nunca
antes ha oído. Esa crítica afectaría a un modelo mecanicista, que no
admitiera la novedad. Pero el planteo de Skinner se basa precisamente en
la creatividad (la variación de respuestas y la selección a partir de las
consecuencias). Además, la unidad funcional no es necesariamente la
oración (hay unidades funcionales menores que la frase, como las palabras,
grupos de palabras, y marcos oracionales), y la combinación de unidades
menores permite la aparición de frases nuevas. En la actualidad puede decirse que el pesimismo respecto al programa de investigación planteado por Verbal behavior ha sido infundado. Es posible que la investigación empírica sobre la conducta verbal se haya demorado debido a la complejidad del tema, ya que en la época en que se publicó el libro se estaban investigando fenómenos más simples de conducta animal, y recién se empezaba a intentar aplicaciones en la modificación de conductas humanas relativamente simples. La investigación básica y aplicada abordó progresivamente temas más complejos, y en la actualidad existe una considerable producción en el área de la conducta verbal. La revista The Analysis of Verbal Behavior se dedica por entero a este tema. Otras revistas que publican artículos sobre el análisis de la conducta verbal son: Journal of the Experimental Analysis of Behavior, Journal of Applied Behavior Analysis, The Behavior Analyst, The Psychological Record, Revista Mexicana de Analisis de la Conducta, Acta Comportamentalia, European Journal of Behavior Analysis. En los Congresos de ABA, el tema también ocupa un lugar destacado. De los temas investigados, tal vez las áreas más prolíficas son las relaciones de equivalencia y la enseñanza del lenguaje a niños autistas, mientras que hay diversas áreas que recién comienzan a ser exploradas. Es importante recordar que el análisis conductual no equivale al conjunto de las propuestas teóricas de Skinner, sino que es un campo en constante desarrollo. En la actualidad, algunos investigadores utilizan el marco teórico propuesto por el libro de Skinner (por ejemplo, Sundberg, Lowenkron, Horne y Lowe), mientras que otros cuestionan en mayor o menor grado las propuestas skinnerianas (por ejemplo, quienes siguen las propuestas de Kantor, Ribes, Verplanck, o Hayes). |
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