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210208 - Este trabajo fue
premiado en el marco del
Concurso de contenidos de la
Comunidad Russell (2003-2004)
El ateísmo deja de ser optimista para
convertirse en trágico, su símbolo no es ya Prometeo, sino
Sísifo -
F Nietzsche
¿Qué liga el arte al artista? ¿Qué enlaza la emoción estética a
la forma En el libro El Banquete, de Platón; Aristófanes
invitado de Agatón en el tema propuesto por él sobre el amor, el
discurso de Aristófanes es muy distinto al de Eriximaco y
Pausanias que le habían precedido, su intervención versa en
llegar a conocer la naturaleza humana y sus vicisitudes, porque
según él nuestra primitiva naturaleza no era la misma de ahora,
sino diferente en la que existían tres géneros de los hombres, y
no dos -masculino y femenino-, había un tercero.
Era el Andrógino una sola cosa, partícipe de ambos sexos; Tenía
cuatro brazos e igual número de piernas, dos rostros semejantes
en todo colocados en sentido opuesto a lo igual que sus
genitales, una sola cabeza. Eran seres terribles por su vigor y
fuerza por lo cual, atentaron contra los dioses quienes no
podían darles muerte y extirpar su linaje.
Fulminándolos con el rayo de Zeus concibió una idea y dijo: "Me
parece tener una solución para que pueda haber hombres y para
que, por haber perdido fuerza, cese su desenfreno. Ahora mismo
voy a cortarlos en dos a cada uno de ellos y así serán a la vez
más débiles y más útiles para nosotros por haberse multiplicado
su número ..."
Una vez separada su naturaleza humana en dos Zeus los diseminó
por toda la tierra, añorando cada parte a su contraseña, al
encontrar una de ellas se rodeaban con sus brazos y se enlazaban
entre sí, deseosos de volver a su estado primitivo y estar
unidos como antes muriendo de inanición en general, por no
querer hacer nada los unos separados de los otros. De ahí que
busque siempre cada uno a su propia contraparte.
De está manera, en tanto que el sujeto ($) queda constituido en
la falta, y por la falta, por quererse igualar a los dioses, el
sujeto tiene que vivir cuando se produce dicha separación,
deseando encontrar la parte que lo complemente. El deseo queda
del lado de la castración del lado de la falta, sólo se desea lo
que no se tiene, de lo que se carece, de lo que se extraña. La
satisfacción absoluta del deseo es imposible, porque éste sólo
se sostiene en la insatisfacción.
Sin embargo, en ningún otro lugar, salvo el del amor, se
encuentra lo que ordena la verdad del inconsciente marcando con
su sello cada una de las representaciones que lo constituyen. Su
nombre es falo(Φ).
El falo no es el pene, es el significante de eso que no hay; es
lo que nos viene a representar, aquello que no existe, Lacan
indica la noción del falo como: "significante del deseo". Nunca
deja uno de desear, sólo estando muerto, de ahí de entender la
terrorífica palabra unheimlich* que nos viene en principio como
lo más agradable donde ya, no se desea, pero a la vez se
convierte en lo más siniestro. Para
Freud nada es más pavoroso, más siniestro que ver la imagen
del propio deseo hecha realidad.
El hombre por lo tanto vive contraviniendo la cultura que él
mismo fundo pues ha tenido que ceder ante su pulsión; funda un
nuevo estatuto: la culpa el principio de placer da paso al
principio de realidad a un más allá,
Freud en El malestar en la cultura de 1929 menciona que no
es la cultura la causa de la insatisfacción del deseo sino que,
al contrario, es la insatisfacción del deseo, el motor de la
cultura.
Se desprende entonces que la cultura por su estructura formal,
intrínsecamente heterogénea se funda en el falo que es falta y
fuente convirtiéndose de esta forma en falocentrica.
Puntualizando en que el falo es el significante de la
castración, de la carencia de lo que no hay, el centro; porque
promueve, pone en movimiento, es condición de existencia de la
cultura, engendrada por Poros y Penia.
El deseo del falo para el otro es representado por objetos
imaginarios con valor fálico en un intento de sustituir la falta
a través del poder, de atributos estéticos, de la inteligencia,
del dinero, la danza, las artes, entre otras. El falo, referente
del orden inconsciente, no puede asirse en un concepto, escapa
por el corte de su unidad a toda inscripción. Es decir que no
existe ni imagen ni texto del falo. Su único concepto es
inconsciente: la castración. Es por esto, que lo único que el
sujeto soporta es la división, estar en falta y por la falta.
El culto al falo es estructural, aparece en todas las culturas y
ha estado siempre en unión permanente con las divinidades de
todas las civilizaciones, es un símbolo que entre los primitivos
adquirió poder curativo, instituyéndolo como tótem. Por ello no
es raro encontrar en muchos pueblos representaciones fálicas
incrustadas en las paredes de la entrada o en forma de
esculturas, para proteger a sus habitantes contra el posible
"mal de ojo" de los forasteros. Como por ejemplo entre los Akha,
un pueblo del norte de Tailandia, para protegerse de los
demonios al poblado, construyen en madera figuras de un hombre y
una mujer listos para copular.
El culto al falo es una de las prácticas religiosas más antiguas
que se conocen y probablemente estaba relacionada con el culto a
la fertilidad, recordemos que cuando Zeus (Supra) "separó" al
andrógino, también lo hizo con el fin de que se procrearan mayor
número de hombres y así, rendir más culto a sus templos.
El falo aparece ya representado en las pinturas paleolíticas,
por ejemplo en las cuevas de Altamira y de Lascaux. También
aparece en el arte parietal levantino: en Cogull (Lerida) se
conserva una pintura que representa una danza ritual de carácter
fálico, en la que nueve mujeres bailan alrededor de un hombre
totalmente desnudo con un gran pene. Así mismo, los menhires
paleolíticos se han interpretado como representaciones
megalíticas de penes.
En Trecia existía el culto a Priapo, hijo de Afrodita y de
Dionisio; era representado como un hombrecito en actitud
burlesca y provisto de un enorme pene, el cual pesa en una
balanza. El otro plato de dicha balanza, contiene una bolsa
repleta de monedas de oro, simbolizando no sólo el peso del
pene, sino además, su valor y estima. A él se le rendía culto,
en cuyo honor se celebraban grandes orgías fálicas.
En la antigua Roma, el culto fálico continuó. En las ruinas de
Pompeya se han conservado numerosas representaciones fálicas,
tanto en pinturas como en esculturas.
Críente fue otro adoratório de divinidades fálicas. La India es
uno de los mejores lugares donde las representaciones fálicas se
encuentran por doquier; el dios Siva era venerado como un pene
erecto (el linga), a veces combinado con una representación de
la vulva (el yoni). Incluso las torres de los templos indios
son, a veces, representaciones colosales de un pene como ocurre
en el famoso templo Lingaraja.
El menhir prehistórico o el obelisco historiado de un parque de
Oslo Noruega son claramente representativos del pene que se
mantiene erecto.
La erección del pene representa al padre primordial, el cual
puede tener a todas las mujeres y acoplarse con ellas
manteniendo esa erección que representa el poder de eyaculación
permanente, sin llegar a la detumescencia, pues él es un ser
completo que no desea, todo lo tiene, más sus hijos
estigmatizados por darle muerte, por querer poseer a dichas
mujeres siempre giramos en torno a buscar ese placer y deseo de
la erección permanente, buscando de objeto tras objeto sin
lograrlo, creando algo que represente lo que nos hace falta como
sujetos incompletos, tachados por la ley, edificamos templos y
disfrazamos nuestra carencia de poder absoluto haciendo
representaciones en bailes, pinturas, esculturas; añorando: "eso
que nos hace falta"
El exhibicionismo fálico se da en todas las culturas por la
necesidad, en la cual el pene erecto o sus símbolos representan
el poder y rango social, en algunas tribus son utilizadas
estratagemas para simular un gran pene erecto.
El culto fálico se encuentra también en toda la república
Mexicana en sus tradiciones, danzas, festividades, pinturas,
ceremonias, entre otras. A la llegada de los españoles (1520),
se maravillaron de dichas danzas en las cuales se representaban
hechos épicos, históricos, sus creencias, y otros tantas más.
Entre los bailes había uno muy curioso, que se encontró en uso
en los pueblos mayas. Se plantaba un madero de quince o veinte
píes, y de su punta se ataban treinta o más cordeles, según el
número de danzantes, todos de pueblos diferentes. Cada uno
tomaba la extremidad del suyo, y comenzaban a bailar al son de
los instrumentos, cruzándose con tal destreza que hacían sobre
el madero un hermoso tejido. En éste ejemplo de uno de tantos
similares en el cual los danzantes bailan al compás del
teponaztli o chirimia a un mismo paso que señala los cuatro
puntos cardinales, se deja ver entrever el cuidado conque es
envuelto el xócotl o tronco para "protegerlo" y así
embellecerlo. El madero o xócotl vendría a representar el órgano
sexual del dios que debe ser cuidado y adornado con mil colores.
Salió entonces Ezuauácatl con los prisioneros; mandóles poner un
huéhuetl en medio, y a su música bailaron todos alrededor.
Recomendóles después que muriesen como valientes, y subió al
madero, en donde volvió a bailar y cantar. Enseguida se arrojó
desde lo alto. La guerra en los pueblos prehispánicos tenía un
significado místico, a la vez que morir en honor a sus dioses
les prometía llegar a alcanzar un goce.
La décima veintena era Xocohuezti, y empezaba el 28 de agosto;
significaba cuando madura la fruta, los sacerdotes levantaban
con gran solemnidad y reverencia un madero Xócotl y lo
enhestaban en el patio del templo. Ponían sobre el madero un
gran pájaro hecho de masa de bledos, tzoalli, haciéndole su
cabeza con pico dorado, las alas y la cola con plumas, a su
rededor cuatro piñas, de la misma masa. Seguíase después la
danza sagrada; formaban la rueda interior los mancebos y
doncellas del Calmecac, y la exterior los señores y principales.
Terminaba ésta una hora antes de ponerse el sol, lanzabance los
mancebos a subir al palo xócotl, hasta que el primero llegaba a
lo alto y arrancaba la cabeza del pájaro. Enseguida el pueblo
derribaba el madero, y todos se lanzaban sobre él arrancándole
un pedazo o astilla que, como reliquia, guardaban; teniéndose
por muy feliz al que había alcanzado a tomar una pequeña parte
de la masa del cuerpo del pájaro.
Conclusión
La cultura, como podemos ver, es significada en tanto falta que
es la causa y efecto de una ley que tiene como significante al
falo que es fundamento del orden simbólico, condición
estructural para que haya sujeto que en tanto castrado vuelve
eje a su insatisfacción.
Foucault y
Derrida hacen la distinción de la complementariedad que no
puede existir porque nunca hablamos de sujetos iguales así
mismos, más no diferentes, menos, aún idénticos, pero sí
representables. Por lo que tendremos que distinguir también que
la cultura es diferente de la civilización pues en la primera el
hombre ejerce poder para modificar el medio; en la segunda sólo
el que tiene el poder puede decir el estado de las cosas, la
palabra es vuelta precentificación de la cosa; el deseo,
entonces no es un anhelo, si no una nostalgia, por ello, el
sujeto es evanescente por lo que tenemos que organizar nuestro
mundo gramaticalmente. El hombre nombra para separarse de sí,
esta estructura que nos subyace conocida como lenguaje, nos
instalará siempre en la falta. La castración no es cortar nada,
sino prohibir, por lo que buscaremos desde siempre el falo de
objeto en objeto y de cultura en cultura.
Víctor Gutiérrez Olivares
México DF. Maestro en Psicología de la
Educación - Perspectiva Psicoanalítica. Diplomado en Exclusión
social y encierro. Profesor adjunto de Psicología Educativa y
Psicología de la Infancia. Profesor del Area Criminológica,
Instituto de Capacitación de la Procuraduría General de la
República e Instituto Nacional de Ciencias Penales. Algunas
publicaciones: "Trascendencia del pensamiento del niño hacia el
adulto", "¿Dónde está el poder?". Columna periodística semanal:
Psicoment@rio
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