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210208 -
Comunidad Russell -
Propuesta
Para el desarrollo del tema voy a proponer, el análisis de
una narración del Inca Garcilaso de la Vega. A través del
análisis de la misma, trataré de inferir los mecanismos que el
poder, saber mediante, fueron puestos en juego por el español y
las consecuencias patógenas que tuvieron en el psiquismo nativo.
La narración del Inca GARCILASO DE LA VEGA
"Un conquistador, apellidado Solar, avecindado en Los Reyes
(Lima), tenía una heredad en Pachacamac. El capataz español que
miraba por ella envió, por intermedio de dos aborígenes, diez
melones, fruto de las primeras semillas plantadas en esta
tierra, y una carta, advirtiendo a los nativos al entregársela
que no comieran ningún melón pues si lo hicieren, ésta lo habría
de decir. A media jornada uno de los aborígenes quiso saber a
que sabía la fruta del amo. El otro, temeroso, dijo que no
debían hacerlo porque la carta lo diría. El primero puso la
carta detrás de un paredón; así, al no ver lo que se disponían a
hacer, no podría decir nada. Garcilaso recuerda que los
aborígenes del Perú no sabían lo que eran las letras. Imaginaban
que las cartas que los españoles se escribían unos a otros eran
una suerte de mensajeros y espías que decían de palabra lo que
veían por el camino. Comido el primer melón decidieron que era
conveniente emparejar las cargas y para ocultar su delito
comieron un segundo melón. Llegados a la localidad de los Reyes
presentaron los ocho melones al encomendero. Este, luego de leer
la nota, preguntó por los melones que faltaban. Dado que negaron
la falta, les señaló que mentían pues la carta decía que fueron
diez los melones y que "habían comido dos". Al ver que el amo
les dijo lo que habían hecho a escondidas, no supieron
contradecirlo y salieron diciendo que con mucha razón llamaban a
los españoles con el nombre de Viracochas, "pues alcanzaban tan
grandes secretos".
El problema de la escritura
Freud decía en 1930 en "El malestar en la Cultura":"... la
escritura es el lenguaje del ausente". Esta ausencia en un
comienzo, es temporaria. Posteriormente, la complejización del
psiquismo, produce ausencias más radicales; y esta es saldada
por la escritura que consistió en una apropiación creciente de
la palabra oída. Los Incas estaban en un nivel fundado por la
lógica entre totémica y mítica, en el cual son suficientes los
pictogramas. En este nivel, leer, es lectura con la presencia
del objeto, no hay texto sustituto. Tal el caso de los
aborígenes de la narración que nos ocupa. El paso evolutivo
siguiente, consiste en leer no ya un objeto,,sino sus huellas.
Es la lectura en ausencia, y ya dejó su marca la pérdida. Tal el
caso de los conquistadores que envían la carta. Los aborígenes
de la narración, estarían en un pensamiento, en donde se van
intrincando dibujo y escritura, pero escritura no con letras
como las entiende el español, sino letras equivalentes a los
rasgos visuales del objeto graficado. Los objetos tienen
existencia en tanto son percibidos no hay marca para significar
ausencia. La agrupación de letras remite a rasgos del objeto y a
la posibilidad de la identificación. Al número, este proceso le
está prohibido (los 2 aborígenes sin nombre en la narración, son
sólo cantidad).
El problema del iniciador
¿Serían los españoles los iniciadores esperados, como
producto de la complejización anímica necesaria del Inca? ¿Un
fenómeno necesario y no contingente? ¿Traumático? -aunque no
deba serlo necesariamente-. ¿La plasmación social de un proceso
evolutivo del psiquismo? ¿El encuentro en el exterior, -ahí la
desgracia- de un corruptor y no el maestro esperado? Freud
mencionó fragmentariamente el concepto de iniciador (1905,
"Fragmento de análisis de un caso de histeria"; 1908, "El
creador literario y el fantaseo"; 1910, "Un recuerdo infantil de
Leonardo da Vinci"; 1918, "El tabú de la virginidad"; 1928, "Dostoievsky
y el parricidio"). Con la complejización de los ideales, se
generan intrapsíquicamente, funciones que se relacionan con un
iniciador. Este conduce al Yo, de un tipo de configuración
simple a otra más elaborada. Anterior al vínculo interpersonal,
se presenta como relación del Yo con las representaciones y solo
luego, por proyección, busca plasmarse en el mundo. Las
representaciones del iniciador son preconcientes. Es una
transacción entre los deseos edípicos y narcisistas por un lado;
y la imposición cultural de inscribirse en ámbitos exogámicos
por el otro. Existen iniciadores laborales, del lenguaje
comprensivo, de la sensualidad (masturbación, secretos del sexo
o la actividad erótica), iniciadores de la actividad sexual,
intelectuales. El Conquistador blanco, esperado, es tomado como
ideal (desmentida mediante).No puede ser reconocido como un
extranjero invasor, como sucedió por ejemplo con los mayas y los
aztecas. .Con el predominio de la desmentida, el proceso de
iniciación queda interferido. En lugar del iniciador esperado,
puede ponerse un salvador; y a veces el salvador puede
sustituirse por un corruptor social (como sucedió en el caso que
estudiamos). En los ideales, se advierte la eficacia de la marca
cultural y de las condiciones dominantes. Pero para que esto sea
operativo, requiere de la disposición psíquica previa que
genera, los ideales esperados en la exterioridad.
Las Contradicciones
¿Como podemos producir, desde el ejercicio despótico del poder,
efectos dañinos en la mente de las personas.? Para dar respuesta
a éste interrogante, me voy a referir al tema de las
contradicciones, D. Maldavsky, (1982). En éstas hay una
aceptación aparente de las normas consensuales, pero de hecho,
ya sea través del discurso o de actos, estas normas son en
verdad cuestionadas. Suelen decir una cosa y hacer otra, o decir
cosas opuestas simultáneamente. Tiene vigencia aquello de "haz
lo que yo digo pero no lo que yo hago".Podemos considerar los
siguientes tipos de contradicciones.
a. Contradicción orgánica : Suele darse en personas
hiperactivas, exigentes y sobreadapatados, D. Maldavsky, (op.cit).
Nunca se cansan, o mejor dicho no hay registro del cansancio
propio ni ajeno. Hasta que súbitamente se enferman
somáticamente. O inducen a la enfermedad ajena y de esta manera
se sostienen en un equilibrio precario a costa de la descarga en
una mente ajena. Hay contradicción entre el llamado corporal a
la suspensión del sobreesfuerzo vía síntoma, y la promesa
ilusoria de mayores triunfos y goces si continúa. Contradicción
entre autoconservación y narcisismo.
Expresiones discursivas coloquiales de éstas contradiccione son
por ejemplo: El riñón del gobierno, El pulmón de la institución.
b. Contradicción lógica : Hay una oposición entre una afirmación
específica y una más amplia. Contradicción entre dos registros
perceptuales, por ejemplo lo visto y lo oído. Cuando el que de-tenta
el poder da un mensaje desde el discurso o desde sus actos y a
la vez los desmiente. Entonces surge la duda ¿donde está la
verdad? ¿a quién se le debe creer? O bien órdenes opuestas entre
el gobernante y el contexto, lo que muestra la realidad y lo que
dicen los medios de difusión. ¿A quien creerle?. Se puede
reforzar con un impedimiento a cuestionar la contradicción. Para
ello se puede poner en práctica el recurso más sencillo de hacer
callar al interlocutor, a partir del uso autoritario de la
posición asimétrica. Otra medida más sofisticada, consiste en el
desvío del pensamiento. En éste recurso hay una aparente
respuesta a la pregunta que pudiera hacerse a quien ejerce el
poder, pero en realidad se lo desvía hacia otro tema. En la
contradicción lógica, ambos términos contradictorios están
presentes, y es posible contrastar la contradicción. Sin
embargo, a veces, un término se presenta bajo la forma de un
recuerdo de una frase dicha en otra oportunidad y opuesta a lo
dicho actualmente. O hay oposición entre lo dicho por el emisor
y el mensaje que da en los hechos, a través de algun gesto o de
actos que lo contradicen. Por ejemplo proclamar la honestidad y
protagonizar hechos corrup-tos. O contradicción entre las normas
morales que pueden proclamarse en público, y las que
verdaderamente se ponen en práctica en privado, o públicamente.
En la narración hay contradicción entre lo visto y lo oído, un
papel que no tiene significado para el aborígen y lo que este
dice según el amo español.
c. Contradicción semántica : Se afirma experimentar un afecto o
un deseo, pero la actitud correlativa es opuesta a lo que se
afirma. Por ejemplo, "te ordeno que seas feliz". Son exigencias
que imponen una sanción al incumplimiento y el que exige, sufre
si el exigido defrauda el anhelo del primero. El castigo es
inocular culpa por el incumplimiento. Con ello el que ordena
queda en la posición de víctima y ésta en la posición de
victimario, con lo cual se induce la confusión.
d. Contradicción pragmática : Son órdenes contradictorias,
paradojales que se refuerzan en el ambiente con otras dos
órdenes: prohibición del comentario, prohibición de alejarse del
campo. Por fin todos estos mecanismos, pueden ser reforzados con
discursos demagógicos y fascinantes, que apelan a los afectos y
a la adhesión al líder. Con ello tratan de convencer de la
"irracionalidad" de creer en lo que se ve, de creer en los
sentimientos o en la forma de pensar convencional. Solo se debe
creer al líder, que es el dueño de la verdad. En el caso que nos
ocupa, el predominio es el de la contradicción pragmática. Una
orden prohíbe otra estimula a través de la seducción.
Una interpretación posible de la narración
Nos encontramos ante dos tipos de lógicas. La del poderoso, que
ostenta su certeza acerca de sus verdades, y la de quién padece
el desamparo. Desamparo producido por la dependencia de la
palabra oral contradictoria y palabra escrita imposible de
comprender. Palabra del conquistador que no concuerda con las
necesidades vivenciales. No le da un nombre, solo un número (2
indios, 10 melones) con lo que promueve la ignorancia. No le da
espacio para la identificación, y el desarraigo queda marcado
por el andar del Inca (de Pachacamac a los Reyes). Hay un
poderoso, el español (¿un loco para el nativo?), de cuya palabra
se depende para ser. La palabra le da sentimiento de sí, júbilo
o futilidad. El amo es inflexible en su función desconocedora,
sólo le interesan los números, las ganancias. Suprime el
significado que sus actos tienen en el ánimo del otro; y el Inca
anhela un encuentro imposible con esas palabras. Que vienen
desde el ideal, pero que no llegan y sólo son desamparo y
descrédito. El blanco dice que "mentían...", que "habían comido
dos..." El ideal no cree, y no hay posibilidad de contradecirlo
ni de rectificar. Sólo le cabe al Yo dejarse morir por falta de
amor y de amparo ético (¿o sumirse en la droga?). La droga puede
ser la menor distancia que suprime el acto psíquico necesario
(pero inútil) que reclama una identificación con el amo. El acto
adictivo (el impulso irresistible de comer los melones) intenta
sustituir la identificación que el blanco no le da. Este
enmudece ante el reclamo, y el Yo del aborigen se siente víctima
de la desestimación, en lo anímico de ese Dios loco todopoderoso
(Viracocha). En el movimiento del nativo, mandado (es el
carretel del juego -Freud, "Más allá del principio del placer",
1920), se ve espacialmente la expulsión de que es objeto de la
memoria blanca. No queda en ésta marca alguna. El nombre del
nativo es sólo un número, tachado no por represión, sino por
expulsión del Yo del blanco. Queda el nativo en un estado de no
muerte y no vida, en que su cuerpo se doblega ante el castigo;
cuerpo que es sólo doble imperfecto de su espíritu indomable.
Desafiante y hasta vindicatorio. Espíritu que solo seudoaprende
(¿seudo evangelización?). A esta agonía eterna accede con la
droga, el alcohol, la promiscuidad, el hambre y los golpes. No
hay proyecto identificatorio, no hay posibilidad de tener un
nombre. ¿Qué posibilidades quedan? La libido narcisista no
encuentra su objeto, y en vez de consumarse en un acto
identificatorio, que le de el ser; se consume en actividad
autoerótica (droga). La libido estancada, dispone a la
enfermedad psicosomática (¿cólera?).La única manera que le queda
al nativo para sentirse con algún valor, para su ideal español,
ya no es con su nombre que le da cualidad, sino como cantidad. Y
esa cantidad termina por refrendar la agonía, reclamante, muda,
desafiante, lastimera y lastimante, vengativa y triste hasta el
infinito. El destino se vuelve implacable. La nostalgia de la
muerte una forma de vida. Nostalgia de la muerte como expresión
del conocimiento de ser sólo una cifra, insignificante, resto de
un pasado glorioso y despojado de vigencia. El horizonte del
nativo, sumido en la adicción, está poblado de poderosos y
calculadores, que lo suprimieron de su memoria. Un olvidado que
anhela una identificación, y en el que la adicción como recurso
tóxico, contiene el resto del melón anhelado y a la vez, la
supresión vengativa del deseo identificatorio. La vida del
aborigen carece de encanto, porque deriva de la falta de
significado anímico que le debe el blanco. Encanto y alegría de
vivir se hace encarnadura con significatividad. Ambos invisten
el mundo exterior. Pero despojado de ambos, se vuelve caótico,
no hay proyectos. Sólo magnitud pulsional que amenaza con
catástrofes, proyectadas en el porvenir. Se produce una
secuencia de euforia narcisista tóxica por la droga, dolor
orgánico que permite la conexión con el mundo sensible;
aturdimiento tóxico y entrega a la muerte por falta de amor.
Todos con estallidos de afecto. A la vez obstinación por morir y
no morir, perpetuando el dolor como recurso para mantener el
vínculo con el mundo sensible. Pero la esperanza de que alguien
fije su mirada a este acto, se pierde en la indiferencia. No hay
quien le de significatividad y lo inscriba en su memoria. El
llamado, no concluye en la introyección de una huella mnémica en
la mente blanca. Concluye en una supresión de todo recuerdo. El
hambre y la droga, a pesar de que lo matan, le producen dolor, y
con ello la exis-tencia del mundo sensible, y la posibilidad de
ser recordado. Cuando esta alternativa queda suprimida, no queda
esperanza, sólo la alucinación como milagro que le proporciona
la tabla de salvación. Salvación identificatoria denegada una y
mil veces. Medida extrema, y vana, para preservar la existencia.
Conclusiones, ideas, problemas, de 1492. Aperturas, interro-gantes
para pensar en el umbral del milenio
a) El Inca, con su lógica entre totémica y mítica, sufre una
regresión anal primaria ante el infortunio. Se evidencia por el
desplazamiento motriz (es mandado de un lado a otro) y por la
paranoia. El pensamiento totémico implica una identificación
hombre-animal (eran vistos como bestias iletradas). El relato,
muestra un indio inculto, pero los líderes políticos e
intelectuales fueron ejecutados. Y con ello, los iniciadores
capaces de conducir la posibilidad de desarrollo.
b) El español, como iniciador esperado, aunque corrupto incluye
el concepto de "lo nuevo". Esto es, la capacidad psíquica de una
intelección que antes no tenía. Está generada por el incesante
pujar pulsional. La función anímica genera contradic-ciones y
diferencias, y luego las proyecta y capta en el mundo sensible.
La creación de "lo nuevo", frente a lo ya dado, genera cada vez
que muestra su eficacia, un desgarrón, una catástrofe, a la
manera que describe Freud en "Sobre la conquista del fuego"
(1932). Es que los dioses, que son los procesos pulsionales,
quedan postergados porque sólo así puede accederse a una
conquista anímica y cultural. Y luego regresan, como catástrofe
anunciada, proyectada y hecha venir desde la instancia paterna.
Este pensar, es capital en el desarrollo de la cultura, y da
tramitación anímica a los procesos pulsionales.
Esto nuevo, puede sufrir los siguientes viscicitudes:
1 Ser aceptado, como una complejización inevitable que tiene que
ver con el ser, y conquistado para asimilarse al Yo (como hizo
el Inca Garcilaso).
2 Puede ser rechazado, pero no por ello lo nuevo deja de
producirse. Queda fuera del Yo, exiliado, y no se accede a
lógicas más complejas. El ser, entonces, tiene una falla en su
identificación primaria y con ello queda fracturado; el
narcicismo se desmorona (¿sucederá algo semejante en el ser
nacional indígena, no integrado, que rechaza con violencia
supresora al blanco, mensajero de lo nuevo?). El aborigen
desestima al blanco y éste al aborigen, cada uno con violencia
expulsa al otro. La salida, sería aceptar al iniciador, al
blanco con su pensamiento, dejarse fecundar por su marca que
complejiza las propias estructuras.
c) En la narración, el Inca Garcilaso marca una oposición entre
el número y la letra. Las letras confieren un nombre, y con él,
la posibilidad de acceder mediante la identificación, a la
condición de sujeto. El número interfiere esta posibi-lidad. Y
el nativo es un número. El blanco es un especulador (piensa en
números, saca ganancias y extrae diferencias a costa del
aborigen), un aventurero que vino a "hacerse solo", una
"posición", un desmentidor de su padre. Es su propio padre; Yo y
padre se condensan. Pero, ¿no es el español también un número
para sus semejantes cultos? ¿Un bárbaro iletrado despojado de su
riqueza material e intelectual; y que encuentra en el aborigen a
su doble? ¿Un desmentidor del juicio de auto observación, que
afirma que ciertos actos le son perju-diciales pese a su
carácter placentero? ¿Un adicto al dinero, un adicto al nativo
que es su droga, porque lo calma? Los melones del cuento,
mestizos de simiente española y tierra americana ¿no
representarían al gran mestizaje que se dio en América, dónde
vienen y se transforman las adquisiciones culturales de la
humanidad? Pero el conquistador necesita desmentir su propia
adicción, para mantenerse en lugar de ideal, en un goce
autoerótico. Está sostenido por el aborigen en posición de
auxiliar; de doble (enfermo, drogadicto, un mero número). Doble
que puede volver desde lo siniestro, como droga y cólera, como
violencia y corrupción hacia los países "civilizados".
Aquello que durante la conquista, fue sepultado como iletrado,
vuelve. Vuelve como furia que unifica y marca.
Pasaron más de quinientos años.
Muchas cosas cambiaron. Otras parecen repetirse.
Estamos en la era de la globalización.
O sería mejor decir de ¿globalizadores y globalizados?
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