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Fuente:
Web de Julián Antman
En
el comienzo de las indagaciones sobre diversas temáticas
relacionadas con el quehacer del psicólogo, para las observaciones
que describiremos a continuación, elegimos circunscribirnos a una
materia muy poco investigada: el trabajo ad-honorem El objetivo principal, entonces, es presentar el tema e intentar abrir visibilidad y problematización sobre el campo de la inserción del Psicólogo y su relación con las Representaciones de su práctica y la formación, en especial, en la Universidad de Buenos Aires
Sobre
las fuentes primarias
Las
entrevistas realizadas tuvieron lugar a mediados del mes de mayo en
el Salón de Actos del Colegio Bernasconi de la Ciudad de Buenos
Aires. Se celebraba la Adjudicación a Residencias y Concurrencias
de Salud mental, en la especialidad Psicología Clínica.
El
evento se desarrolló en dos partes, una primera muy breve, para la
adjudicación de los 26 puestos que se otorgan a las Residencias y
la segunda con una duración de aproximadamente 1:45 Hs. para los
302 lugares ofrecidos para Concurrencias.
La
elección de los entrevistados fue arbitraria, durante en transcurso
del evento, en el Hall del salón, circulaban permanentemente Psicólogos
(a veces en grupo, otras solos) y, grabador en mano, se les
planteaba el marco de la investigación y se efectuaba la
entrevista. Tres de los consultados (dos mujeres y un varón)
resultaron conocidos por el entrevistador.
La
intención fue realizar un sondeo de algunas temáticas a la mayor
cantidad de Psicólogos posible y no realizar indagaciones extensas,
por ello, a pesar de ser entrevistas semi-estructuradas, hubo
abundantes y ricas problemáticas que surgieron y no pudieron ser
trabajadas. Las preguntas fueron: 1. Porqué querés hacer la
Concurrencia?, 2. Sabés lo que tenés que hacer como concurrente?
Qué quisieras hacer?, 3. Te hace algún ruido el tema de no cobrar
durante los cinco años?, 4. Vos pensás que vas a poder terminar la
Concurrencia? Querés terminarla? La recepción en general fue muy buena, hubo disponibilidad para contestar las preguntas y solo en dos oportunidades no se aceptó la propuesta
Se
entrevistó a un total de 18 futuros Concurrentes, 15 mujeres, que
representa un 83% del total y 3 varones. El promedio de edad de la
muestra es de 26 años, siendo el mayor un varón de 32 y la menor
una psicóloga recién graduada de 24.
Se
efectuaron 8 entrevistas individuales, 3 en parejas y una grupal con
cuatro Psicólogos. No se pudo indagar acerca de con quién vive el profesional, pero a partir de algunas respuestas, se advierte que la mayoría de las mujeres entrevistadas vive con los padres o esposos y el sustento está garantizado por ellos
La
inserción profesional y el contexto histórico de los primeros
graduados en Psicología
Previo
al análisis de las Representaciones de los futuros Concurrentes,
indagaremos la prehistoria de este colectivo que comenzamos
problematizar.
Muchos
son los trabajos que versan sobre la Historia de la Carrera de
Psicología, su configuración, sus actores, la profesionalización
de los Psicólogos, la inserción Hospitalaria, etc. En particular
es muy fructífero (y la exposición que por estos días se
encuentra en la Facultad de Psicología de la UBA es la cabal
demostración de ello) el período que va del 57 al 66[2]. Lo que nos interesa remarcar de esta “época dorada” junto con el período siguiente, anterior a la dictadura del 76, es su fundante marca en lo que hace a la inserción de los Psicólogos
Transcribimos
textuales tres impresiones de aquel tiempo en relación con la
inserción profesional:
“Otra
forma de participación fue la de pasar a ser docentes de aquellas
materias que recién habíamos cursado (ad-honorem, por supuesto)”
(Langleib, 1983: 13). “Recuerdo que en 1962, aún no recibida, fui con una compañera a ver al Jefe de una Sala de Pediatría. Nos autorizó a trabajar dos horas, dos veces por semana; en 1965 formábamos un equipo de 15 psicólogos y médicos que atendía todos los días hasta las 18” (Cheja, 2002: 6)
Los
dos relatos anteriores corresponden a psicólogas graduadas en los años
60. El que sigue, tiene como autor a un Psiquiatra-psicoanalista,
pero resume las características de inserción en lo público de los
años 60 y 70.[3] “El clima exitista fue propicio al boom del psicoanálisis [...] se fue instaurando, en los actores de ‘lo psi’ una subjetividad, que fue costando cada vez más separar del entusiasmo que sentían por participar de un modelo social-profesional prometedor [...]. Todo esto encontró en los Servicios de Psiquiatría de los Hospitales Generales [...] una profesionalidad identificada con un porvenir sin obstáculos. En su perfil confluía el altruismo de una práctica que lucía ‘honoraria’ en lo hospitalario y provechosa en la consulta privada. Esa ecuación de popularidad matutina y prestigio vespertino, reproducía la tradicional imagen médica que la ‘peste’ freudiana había amenazado subvertir” (Blas de Santos, 1997: 122)
Lo
que se intenta referir con las citas precedentes es el escenario
(incompleto, por supuesto), en el cual se inscriben las primeras prácticas
e inserciones profesionales del reciente configurado campo de la
Salud Mental. La intención es recortar específicamente la temática de la inserción profesional, sabiendo que se deja como telón de fondo, una rica y compleja historia con múltiples determinantes: desde un particular contexto político y económico tanto local como global, hasta la configuración singular que va adquiriendo la formación y práctica en el campo “psi”
Entendemos
el espacio de las prácticas profesionales de los recientes
graduados como una bisagra, como el espacio fundante en el presente
que se articula con un pasado (la formación) y un futuro más o
menos lejano, complejo y por construir representado por la identidad
profesional.
Las
primeras camadas de psicólogos graduados poseían, en el auge de
esta ola “exitista” (creada y sostenida en gran parte por
ellos), una gran avidez por el nuevo conocimiento en un amplio
sentido y esto era notorio, precisamente, en su interés por la
calidad de la práctica y el nivel de compromiso de las primeras
inserciones.
La
apertura a nuevos campos, el pensamiento crítico, la creatividad,
la salida al ámbito público y el trabajo en y para la comunidad,
signaron, para la gran mayoría de los actores de aquella obra, los
primeros pasos en lo profesional. Hugo Vezzetti resume lo dicho hasta aquí: “Esa extensión inicial del psicoanálisis (la creciente intersección con discursos de las ciencias sociales, la penetración en la carrera de Psicología de la UBA y la inclusión "integradora" en zonas del dispositivo hospitalario) se caracterizaba por una notoria vocación pública en la definición de los problemas y las estrategias de intervención” (Vezzetti, 1998) |
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Esta
rica historia de inserciones y aperturas al ámbito público, que
continúo de alguna manera luego del 67, se termina de quebrar con
la dictadura militar del 76; los Servicios de Psicopatología son
devastados y la Facultad de Psicología es intervenida.
Si
hubo una explosión hacia lo público años atrás, los tiempos de
la dictadura representan el abroquelamiento en lo privado. Esta
necesidad de resguardarse del afuera, se plasma de manera palmaria
en la multiplicación de los grupos de estudio psicoanalíticos
(García, 1983).
En
la misma época, el Decreto N° 1499/977, publicado el 6 de mayo de
1977 en el Boletín Municipal N° 15.513, establece “el sistema de
concurrencia honoraria a los hospitales municipales para los
profesionales del arte de curar, médicos, bioquímicos y odontólogos
en el carácter de perfeccionamiento de postgrado de sus respectivas
carreras universitarias”.
Más
allá de esta institucionalización, en el contexto de finales de
los 70 y comienzos de los 80, no es lo mismo, sobre todo para los
Psicólogos, que ni siquiera son legítimamente reconocidos,
insertarse “por el honor”.
Luego
de 24 años de pelear por un título habilitante para practicar la
psicoterapia, de la mano de la Ley de Ejercicio Profesional de 1985,
el psicólogo es habilitado legalmente para “ejercer el arte de
curar”. Pero deberá esperar todavía un año más para que,
llegada la Resolución 45/986, se legalicen finalmente las
Concurrencias, y con ello cobre formalidad una situación que, de
hecho, venía ocurriendo en los Servicios de Psicopatología desde
hacía ya varios años.
Si
hasta ese momento, los psicólogos ejercían la profesión
clandestinamente y sin cobrar, pero a partir de una creencia de
apertura pública y comunitaria, ahora lo hacen legalmente, ad-honorem
y en pos de una formación oficial de postgrado que, lentamente,
comienza a sostener la Atención en Salud Mental de la Ciudad de
Buenos Aires.
Queda
claro que es fundamental indagar y observar los determinantes
contextuales. Los primeros psicólogos trabajaban gratis porque
estaban configurando un nuevo campo, todo estaba por hacerse. Los
“segundos”, los que salen a la luz con la democracia, luego de
varios años de clandestinidad, inician una nueva oleada de apertura
pero, definitivamente desde otro lugar; las marcas de la dictadura,
los años de secretos grupos de estudio, los exilios de las figuras
del pasado reciente, entre otros condicionantes[4],
configuran otra Salud Mental que determinará una particular
configuración de las relaciones Psicología-Psicoanálisis-Hospital-Formación-Comunidad.
Sobre este distintivo reordenamiento de fuerzas es que se instala la Concurrencia en Salud Mental
Los
entrevistados...
Lo
condensado en la frase de Blas de Santos para los 70, tiene su
contraparte, treinta años después, en la cita de una de nuestras
entrevistadas:
“[...]
pero necesito urgente gestionar otro trabajo económico... que me
rinda plata. Ahora la perspectiva es a la mañana dar la
Concurrencia y a la tarde Mc Donals, Telemarketer, lo que sea...”
(Mujer,
25 años).
¿Será
esta una retraducción posible de la frase “popularidad matutina y
prestigio vespertino” para los comienzos de siglo en el psicólogo
graduado recientemente?
Prácticamente
todos los psicólogos y psicólogas que pudimos entrevistar, desean
hacer la concurrencia por formación, experiencia, contactos; como
una forma de insertarse laboralmente, para aprender o atender
pacientes. En menor medida nombran la posibilidad de supervisión y
participar de ateneos.
La
mayoría de los futuros concurrentes dice no creer poder o no querer
terminar los cinco años que demanda la concurrencia.
En
lo específico del tema que nos convoca, la muestra obtenida no
parece totalmente homogénea en su posicionamiento frente al trabajo
ad-honorem en la Concurrencia.
Por
un lado se ubican las que tienen clarísimo su objetivo: “Lo
que yo quiero hacer, y por lo cual no agarraría otro cargo que no
sea eso es clínica, a mi siempre me intereso el Psicoanálisis de
adultos, no me voy a meter en familia, en niños ni nada por el
estilo, voy a hacer así, adultos, clínica por eso me interesa muchísimo
el Ameghino; que es un centro de Salud mental, no un hospital
general, con una posición psicoanalítica bastante lacaniana,
conocido por eso, ahí quiero ir yo”. (Mujer, 27 años)
Por
otra parte se encuentran fuertes críticas, en especial provenientes
de dos de los tres varones entrevistados: “Me jode, me jode
mucho, me jode mucho digamos, a partir de que das el examen y
comienza todo el proceso de averiguar puntaje, ranking, apelaciones,
venir a... es todo un proceso de bronca, para alguien que se preparó”
(Varón, 26 años). “Jode muchísimo, porque habiendo ñoquis
que por rascarse los pies digamos, cobren guita y que seamos
nosotros mas de 300 concurrentes laburando gratis en algo que se
necesita cuando hablamos de salud me parece nefasto...” (Varón,
32 años).
Tampoco
hay coincidencia frente a otro punto interesante de la discusión,
la Concurrencia, ¿es un trabajo?
“Considero
que es un trabajo, de todas maneras, aunque no haya retribución, lo
que pasa es que se complica en algún punto sostenerlo como trabajo
y al mismo tiempo porque no me parece que sea lo que yo me merezco
digamos, me parece que por la formación y por todo el trabajo que
yo estoy haciendo merecería cobrar por lo que hago, lógico...”
(Mujer,
25 años).
Otra
concurrente opina distinto: “[la concurrencia] me parece una
explotación por parte del Estado y un abuso, pero dada la situación
hoy en día es bastante complicado porque para entrar a una prepaga
por ejemplo necesitas 5 años de experiencia y palanca [...] es difícil
asociar la Concurrencia como un trabajo al no recibir remuneración”
(Mujer, 26 años).
Pero
en este tema, no todo es resignación o espera por un merecimiento,
aparecen también contradicciones: “Para mi trabajar significa
cobrar por un trabajo, si no se termina haciendo asistencialismo o
algo parecido, [...] la actividad que se desarrolla, o que yo aspiro
a desarrollar me interesa porque quiero aprender... yo estoy en
contradicción permanente... yo se que si... el sistema en el que yo
me meto, en parte está, el sistema quiero decir, que hay tanta
gente que labura sin cobrar, está porque hay tantos que nos metemos
y lo sostenemos, esto es así...” (Varón, 26 años).
Este
último comentario aparece también en otra de las entrevistadas. En
relación con esto se indagó acerca de las posibilidades de cambio:
“hay posibilidad de cambiarlo, nosotros lo hablamos, por
supuesto, las charlas con los amigos, con los compañeros comienzan
diciendo, bueno, que todos los estudiantes vayan y tomen los
hospitales, que se logra?, nada, se logra una manifestación simbólica
de un descontento respecto de cómo funcionan... de los mecanismos,
si, yo no creo que haya nada inamovible, lo que pasa es que salir de
la facultad... yo me encontré muy solo, no hubo... yo no me sentí,
pero tampoco lo hice porque quizás tampoco lo busqué, digamos, venís
de una institución muy totalizadora, como era una facultad, y salís
a la nada, vos profesional recibido a ver que podes hacer, y es difícil,
te tenés que juntar con gente” (Varón, 26 años).
En
una de las entrevistas a dos Psicólogas, en el diálogo aparecen
puntos interesantes para retomar a partir de la participación y la
visualización de ciertos aspectos de la representación del
quehacer del psicólogo:
“Muchos
servicios y muchas instituciones estatales se mantienen por gente
que no cobra nada [...] si nadie lo haría, no existiría tanta
gente que labure gratis... si nadie labura gratis, no sé... o no
habría ningún Servicio...creo nosotros como profesionales capaz
que deberíamos, no se, organizarnos de algún modo para valorarnos
nuestro trabajo...[...] reunirnos y hablarlo, lo que pasa que cómo
hacés... bah, yo no tengo así una cosa tan política, me parece
que tiene que ser alguien con iniciativa y que quizás mucha gente
se engancharía, pero yo no me siento con ganas de ponerme a
organizar eso pero...”
(Mujer,
24 años).
Si,
pero además a los psicólogos nos cuesta ponernos en nuestro lugar
y decir “nosotros cobramos”, y creo que es una de las pocas
profesiones que laburan tanto tiempo sin ganar nada, y que además
es como el único modo de insertarse laboralmente es empezar a
trabajar sin cobrar, gratis...
(Mujer, 26 años). Como señalábamos anteriormente, no hay un acuerdo general en relación con la totalidad de las temáticas indagadas; si bien en la mayoría se percibe un malestar en relación al no cobro, las valoraciones son muy diferentes: “A mi se me ocurre que el Estado nos dio la posibilidad de cursar la carrera ad-honorem también, entonces nosotros es como retribuir en cierta forma lo que uno usó y que uno transcurrió y también es a nivel formación te estás capacitando, así que me parece que desde todo punto de vista ganás, más allá de que obviamente sería bárbaro poder cobrar, pero si podes organizarte los horarios para trabajar y para poder cursar la Concurrencia... y bueno..” (Mujer, 28 años). Lo que llama la atención de esta cita es la clara diferencia que se hace entre trabajar, por un lado y Cursar la Concurrencia por el otro, como si fuera una materia más
Problematizando...
Son
varios los posibles interrogantes que dejan los recortes de las
entrevistas y la historia de la inserción profesional.
Queda
claro que existe cierto malestar actual frente al trabajo ad-honorem,
pero... ¿Existe posibilidad de hacer algo con esto? ¿Cuál es el
grado de determinación de la formación del psicólogo? ¿Se
relaciona el trabajo ad-honorem y la imposibilidad de ver una salida
con la representación clínica hegemónica? Esperamos poder
promover la indagación y la construcción de éstos y otros
interrogantes, intentando profundizar en la formación, inserción e
identidad del psicólogo. Concluimos con una cita de una de las entrevistadas que hace un comentario nodal: “a mi me inquieta digamos, [...] lo que me inquieta más que nada es después de la Concurrencia qué... porque no veo inserción...” (Mujer, 25 años)
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presente investigación se obtuvo en la Biblioteca de la Facultad de
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“Crónica de la Creación de la carrera de Psicología” en Revista
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Julián Antman (*) |
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