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. Ansiado orgasmo femenino

221208 - La palabra "orgasmo" nos llega del griego "orgasmos ". Orgasmos tiene la raíz indoeuropea uerg (trabajo) y significa "hinchar"
La palabra órgano también tiene esa raíz y en el antiguo griego significaba "instrumento de trabajo", pero también tenia un doble sentido con relación al órgano sexual. De allí también la palabra orgía, la cuál se refería al "trabajo" (ritos o ceremonias) realizadas en honor al dios Baco.
Las palabras con la misma raíz indoeuropea incluyen: argón (inactivo, o sin trabajo), alergia, energía, y organizar (coordinar un trabajo)

Fisiológicamente, puede decirse que el orgasmo se produce a partir de cierto grado de excitación de los músculos vaginales, los cuales se contraen y provocan contracciones espasmódicas y rítmicas. Pero, además, participan otros músculos como los de cara, manos y hasta los de los pies. El ritmo cardíaco se acelera, el respiratorio también, la piel se enrojece y se cubre de sudor.

Como consecuencia del orgasmo, se libera esa tensión que lo provoca y aparece una profunda relajación acompañada por la sensación de plenitud y agotamiento placentero. Es probable que muchas mujeres tengan dificultad en alcanzarlo, o lo hagan muy esporádicamente. Esto depende de varios factores y, raramente, se debe a la mal llamada frigidez. Cada mujer tiene una capacidad orgásmica diferente: para muchas obtenerlo es casi un correlato impredecible de la relación sexual; para otras es más importante sentir el contacto corporal; para algunas un sólo orgasmo es suficiente y, en cambio, existen muchas mujeres que son multiorgásmicas.

Básicamente, en la mayoría de los casos, para alcanzar un orgasmo se necesita un tiempo prolongado de estimulación; de mimos, de caricias, de besos.... Y, aunque no debería ser así, a muchas les da vergüenza pedirlo. Sin embargo, es bueno recordar que a los hombres no les da vergüenza nada en lo que respecta al sexo... porqué no, entonces, reclamar nuestra parte. O, porqué no, orientar las manos masculinas a los lugares en los que deseamos ser acariciadas

El orgasmo obligatorio

Todas lo tienen o dicen tenerlo. Pero los sexólogos no opinan lo mismo: cada vez más mujeres consultan buscando sentir ese momento de placer

Sexo, sexo, sexo. Pasó el flower power, los corpiños se quemaron, las pastillas las toma tu mamá, tu amiga, tu vecina y los preservativos se llevan en la cartera. Todo muy lindo y moderno pero, en el momento propiamente dicho, siguen apareciendo problemas. Esa independencia lograda se traduce en obligaciones sexuales.

¿Cómo es esto? Pareciera que el rol de mujer maravilla llega hasta la cama y ahí no a todas le sale bien el papel... por eso pobrecita de aquella que no sea multiorgásmica. Las mujeres maravillas deben lucir muchos y seguidos, como trofeos de batallas.

Y aquí estamos, compitiendo otra vez en algo supuestamente tan íntimo y placentero como es el sexo, y encima entre nosotras. Porque así como existe la figura del tipo que cuenta sus hazañas sexuales en el bar –en su mayoría fruto de su febril y machista imaginación- también aparece su contrapartida, esas que hacen como Sally cuando Harry la conoció y solucionan ¿el problema? con una performance actoral brillante. Porque, qué vergüenza, vos acaso ¿no tuviste 10 orgasmos anoche? Mmmm, qué raro, yo sí, ¿te pasará algo?.

Afortunadamente, la sexología tiene, sino soluciones, información con la que explica y despeja algunas dudas sobre tanta confusión. Los terapeutas sexuales, como se llaman ahora, aseguran que la falta de orgasmo en una relación no impide que la mujer disfrute y goce del encuentro sexual. Un verdadero alivio, que no significa que haya que dormirse en los laureles. Sólo aclara por qué, para algunas, es difícil lograrlo. Y explica que el hombre tiene muchísimo que ver en la ausencia o presencia de orgasmo, no como ellos suelen suponer.

“El orgasmo es la fase más corta, pero también la más intensa, de la relación sexual porque es entonces cuando se alcanza el punto culminante del placer. El orgasmo femenino es mucho más vulnerable que el del hombre. Varía según la actitud de la pareja, las circunstancias del encuentro y los estímulos. Hay mujeres que no lo alcanzan, pero eso no significa que no disfruten de la relación. No lo logran
pero se excitan y se lubrican normalmente. Tal vez no se han relajado lo suficiente y, probablemente, tengan temor a la mirada de su compañero, quien espera con ansiedad el climax de ella para comprobar su capacidad sexual. Si ella no lo obtiene es probable que se sienta una suerte de discapacitada sexual. Luego de lo que consideran una experiencia insatisfactoria, tenderán a evitar nuevos encuentros por temor a fracasar”, explica la licenciada Diana Resnicoff

Auto estimulación: una llave para entrar al placer

La auto estimulación es fundamental en la vida sexual de las personas, en especial la de las mujeres. Sucede que, en muchas oportunidades, los hombres creen que sólo ellos son los que provocarán en la mujer el logro de la fase más alta de la excitación femenina. Sin embrago, todo el cúmulo de sensaciones placenteras y excitantes se localiza en el clítoris. “Para lograr que genere el orgasmo, la mujer debe conocer muy bien su cuerpo. Pero no es el hombre el que le tiene que decir cómo hacer la cosas, es ella y en su intimidad quien mejor puede disfrutar de su cuerpo”, aclara Resnicoff.

Buscar un momento de relax en la casa, puede ser en la habitación o luego de un baño de inmersión mientras cuidamos la piel con tantas cremas y aceites que compremos, ¿por qué no probar recorrer cada centímetro del cuerpo y encontrar los rincones más placenteros?. Sin duda, será una experiencia grata, placentera y relajante.

Acostumbrarse a conocerse ayudará, sin dudas, a alcanzar más plenitud y placer frente al otro, con más seguridad y menos inhibición que antes, porque tal vez ya se sepa lo que se desea.. Es bueno dejar de lado los tabúes y animarse a conocer el cuerpo y eso no tiene que ver con ser gordas, flacas, feas o lindas: se trata, más bien, de bucear en la propia sensibilidad, hallar rincones erógenos hasta ahora insospechados a los que, si nos comunicamos bien, el otro podrá encontrar y llegar así a que los dos logren una relación placentera y completa - Etimologías de Chile

Ansiado orgasmo femenino - La Página de la Vida - Verónica Kenigstein

El orgasmo es una pulsión natural del organismo. Todo cuerpo tiene potencialidad natural de vibrar, de sentir esta pulsión. La intensidad, la frecuencia y la sensibilidad, la forma en que se siente es individual y único en cada mujer. Marlene Curi, psicoterapeuta corporal biodinámica, miembro de la Asociación de Psicoterapia Biodinámica (con sede en París y Londres) explica: “haciendo una comparación burda: es como hacer pis, vos sentís la pulsión, pero ¿cómo sabés si es igual a la mía o a la de cualquier otra mujer? Es una necesidad que en algunos casos puede ser ácida, en otras ocasiones una pequeña vibración, en otros una pequeña inflamación, pero se siente igual. Todos terminamos en el baño”.La sexualidad es energía, vibración, que le pasa al organismo, proviene y se siente en el cuerpo. Esto ocurre a través de los 5 sentidos, que son las vías por las que el cuerpo se relaciona con el exterior. Para vivir plena e intensamente la sexualidad, es importante aprender a sentir corporalmente esta vibración. Curi continúa: “es necesario comprender que el orgasmo es una sensación de descarga energética involuntaria, no se puede fabricar. Uno puede permitir que venga, que aparezca en el cuerpo. Pero no es voluntaria, es al revés. Cuando el cuerpo se abre lo suficiente, a través de la relajación, es una sensación que nos viene, se nos aparece, porque la pulsión energética nos toma. La vibración sube de intensidad y el cuerpo es tomado por este latido”.

Una de las herramientas fundamentales para dejarse llevar por la experiencias orgásmica se relaciona con abrirse al placer, al erotismo: “Para ello, sostiene la terapeuta, es muy importante poder decir ‘esto ‘no’me gusta, para poder decir esto ‘sí’ me gusta’. Esta sociedad no habilita el NO, el límite. Quisimos romper todos los límites y con ellos la habilitación del ‘no’. Por eso es muy importante habilitar el no. Lo que no me gusta, no me va a dar placer y mi cuerpo se cierra”.

Por otra parte, existen algunos estados emocionales que pueden conspirar contra el goce. Si tenemos rabia contenida en el cuerpo, no podemos sentir; es muy difícil sentir otra cosa que no sea la rabia o la parálisis o contracción que ésta produce. La mujer no puede tener un orgasmo si tiene rabia, mientras que el hombre no puede si tiene miedo. La mujer con miedo puede ser orgásmica; el hombre con miedo, eyacula rápido.

Esta explicación tiene sus bases en la biología. “La rabia, expresa la especialista, hace que el cuerpo se llene de adrenalina, que es la hormona de la actividad. Si la mujer está con adrenalina le resulta muy difícil, casi imposible, entrar en una experiencia orgásmica; tiene que relajarse, para poder producir y expandir noradrenalina, que es la hormona del placer relajado”.

La explicación científica continúa mediante la asociación de las emociones con los efectos de éstas en el cuerpo y las energías que movilizan. La rabia contrae los músculos externos (los del movimiento), mientras que el miedo contrae los órganos internos. En términos energéticos, la rabia descarga: entrega, penetra, sale, eyacula (es energía fundamentalmente masculina). El miedo, por su parte, contrae, chupa, tiene una energía receptiva, predominantemente femenina.

A diferencia de lo que ocurre en otras sociedades, en nuestra cultura la rabia es una de las emociones más castigadas; propone una dicotomía entre lo bueno y lo malo. Es necesario ponerse en contacto también con la agresión, la parte oscura, lo que se considera como ‘la maldad’ y poder transitarla, drenarla para que se canalice constructivamente. Hay otras sociedades donde la rabia o la agresión es aceptada (por ejemplo, entre los árabes) y si una persona puede exteriorizar su rabia, el comentario que se hace es ‘qué potencia tiene’.

Si una mujer tiene rabia no puede sentir placer. El placer femenino va de afuera hacia adentro (penetra), se relaciona con recibir algo de afuera. La rabia, por el contrario, va de adentro hacia fuera y cuando permanece adentro, no queda espacio para la energía del placer. Este sentimiento suele provenir de una etapa infantil y entonces a la mujer le pasa que ‘no siente nada en el cuerpo’ porque tiene la rabia atrapada, pero no necesariamente pasa por el vínculo con su pareja; es una rabia primaria.

Curi explica un mecanismo muy común que da cuenta de este funcionamiento y dice que a veces, para sacar la rabia, se necesita un acompañante que permita habilitarla. Hay parejas que se animan a pelearse porque el otro habilita la rabia. Muchas veces, se usa a la pareja como acompañante terapéutico, se llega a una pelea y se termina haciendo el amor. Esta forma permite funcionar pero no nutre a la pareja. En muchos casos, es la única forma funcional que las parejas encuentran para expresar su energía sexual. Si uno tolera la rabia del otro y viceversa, ‘se puede empezar a sentir’. El hombre termina y la mujer al descargarla también termina. Es un mecanismo funcional. “La descarga de la rabia, de la propia sombra, es una fuerza tan poderosa como el amor. No hay que asustarse. Es la misma fuerza de la construcción (el amor), que es necesario sentir en el cuerpo. Si una persona no siente la rabia en el cuerpo y la expresa, tampoco puede sentir el amor como vibración y su pico más alto, el orgasmo. Son dos caras de la misma moneda” sonríe tranquilizadora.

El orgasmo es un diálogo entre dos, es necesario un contacto con el otro, aunque ‘el otro’ no necesariamente sea una persona. “Hay muchas opciones”, dice Curi, “puede ser un diálogo entre yo y la vida, entre yo y un objeto, entre yo y yo misma, algo que sube mi energía, algo que me erogeniza, ejerce el rol masculino (en el caso de la mujer), penetra por alguno de mis sentidos. Me dejo penetrar por ese algo, que me erotiza”.

“Siempre me llama la atención el uso de las películas para erotizarse. En esta situación, en realidad, el diálogo es de a 3, no uso mi energía sexual con mi compañero, sino con la película. Es como charlar con alguien pero estar pensando al mismo tiempo en una discusión con mi papá. La clave para una vivencia poderosa de la sexualidad es abrirse, estar totalmente presente en el contacto con el otro”, concluye la profesional

Ejercicios corporales para sacar la rabia

Primero es necesario darse cuenta de la presencia de la rabia. En segundo lugar, se trata de recordar cómo la sacaba siendo chico o chica (con gritos, golpes, pataletas). Hay dos posibles ejercicios para hacer:

1. Pataleta. En un lugar íntimo y seguro, por ejemplo, en la habitación, donde no haya objetos que puedan lastimar ni nadie alrededor, acostarse sobre la cama y comenzar moviendo suavemente los brazos, las piernas e ir subiendo la intensidad de los movimientos. Se trata de golpear la cama como si se estuviera haciendo una pataleta. Si se puede sacar sonido, mucho mejor. Mientras más intensos sean los movimientos, más fuerte es la vibración posterior de descarga que se siente.

2. Paliza con raqueta (o una escoba, puesta horizontalmente). Sobre una cama o sillón, colocar un almohadón. Pararse sobre ambas piernas, buscando un buen apoyo sobre el piso, el peso bien hacia abajo, las rodillas un poquito flexionadas. Tomar la raqueta o la escoba con ambas manos, por arriba de la cabeza llevar los brazos hacia atrás, dar un golpe fuerte al almohadón, con los brazos siempre estirados. Ayuda mucho imaginarse sobre el almohadón la cara de alguien (o algo) por quien (o que) sentimos rabia o una figura que nos atemoriza. Golpear muy fuerte con la raqueta o la escoba, emitiendo sonido (muchas veces sirve decir fuerte ¡FUERA!) y sacando la fuerza por los ojos y la boca.

Hacer cualquiera de los dos hasta que se vaya toda la rabia. Al finalizar cualquiera de estos ejercicios el cuerpo comienza a vibrar (puede sentirse como cosquilleo o como temblor o de cualquier otra forma individual). Esta es la misma vibración que recorre el cuerpo antes y durante el orgasmo, sólo que con otra polaridad. Por esto es tan importante conocerla

Sexualidad masculina, eyaculación y orgasmo

Todos los seres humanos deberíamos tener un profundo conocimiento sobre nuestra naturaleza sexual, pues esta es la fuente suprema de energía que sostiene la Vida. Nadie debería ignorar este conocimiento, pues todos estamos llamados a ser “maestros” en materia sexual

Existe una forma de sexualidad, diferente a la sexualidad ordinaria, que llena de vitalidad y energía al ser humano, que lo despierta y le aporta conciencia y sensibilidad. El hombre y la mujer no han sido creados iguales. La diferencia esencial entre la naturaleza sexual del hombre y de la mujer se encuentra en sus energías. Éstas producen diferentes sensaciones y orgasmos, el masculino y el femenino.

Cuando el hombre eyacula, expulsa su esencia/semen fuera de su cuerpo; cuando la mujer se excita y llega al orgasmo, también ella “eyacula" internamente determinadas secreciones sexuales, pero éstas permanecen dentro de su cuerpo. La esencia sexual, tanto la que se encuentra en el semen como en las secreciones sexuales de la mujer, es una importante “batería” que acumula energía vital. La esencia sexual es una poderosa fuente de salud e inmunidad, tanto en los hombres como en las mujeres. En las relaciones sexuales convencionales, el hombre eyacula cada vez que realiza el coito, tanto si su pareja ha llegado al orgasmo como si no ha llegado. Este hábito le va despojando gradualmente de su principal fuente de vitalidad e inmunidad, dejándolo debilitado y vulnerable a la enfermedad y acortando la duración de su vida.

Cuando el hombre eyacula tira un verdadero tesoro por tierra. Enseguida siente el dolor de vivir, un fuerte vacío, no tarda en surgir la sensación de aislamiento, de agotamiento y un fuerte anhelo de dormir. El hombre se siente engañado, burlado por la ilusión. Lo cree tomar todo, lo mejor de la Vida y en realidad lo que hace es perderla. Y es que todo él ha descendido al nivel de la sexualidad animal. Eyaculando pierde también el equilibrio que debe haber entre hombre y su mujer, pues el hombre debe satisfacer plenamente a su pareja y no vivir como un saco vacío. Este desnivel es el principal motivo de la violencia que existe entre los dos sexos, la principal causa de separación de las parejas. La retención del semen, realizada de manera apropiada, es para algunos hombres imprescindible y para todos sumamente beneficiosa para la salud.

La mujer, a diferencia del hombre, viviendo la sexualidad sin necesidad de aplicar determinados conocimientos, se fortalece cada vez más. Se llena de vitalidad gracias a sus propias secreciones orgásmicas y a la asimilación de la potente esencia/semen que le deposita el hombre.

La naturaleza diferente del orgasmo femenino y de lo que se conoce como orgasmo masculino se refleja en las diversas expresiones coloquiales con las que se describe este momento mágico. El término chino más corriente para referirse al orgasmo femenino es gao chao, -marea alta-, una gráfica y poética imagen que proviene de la Naturaleza. Cuando el hombre eyacula, en cambio, los chinos dicen que ha “perdido su esencia”, que la ha “arrojado”, que ha sufrido una “fuga de semen” o que se ha "rendido". Si el hombre eyacula antes de que su compañera haya alcanzado el orgasmo, los chinos dicen que ella lo ha “matado”. Los franceses describen la eyaculación como una petite mort, o “pequeña muerte".

Pero existe una manera de vivir la sexualidad en la que los hombres pueden obtener un beneficio revitalizador de los impulsos sexuales, en lugar de hallarse siempre a su merced. En vez de agotar las preciosas reservas de esencia y de energía, precipitándose en la debilidad, pérdida de vitalidad, enfermedad, depresión, etc., el sexo puede realizarse de forma que incremente la vitalidad y el bienestar. El conocimiento que se necesita para ello se encuentra en la Naturaleza. Si la observamos veremos que el macho se excita fácilmente, pero también es rápido para retirarse. La hembra se excita con lentitud, y también es lenta para saciarse. En todo el mundo animal, incluso entre los insectos, la Naturaleza ha conformado a la hembra como un elemento superior, incomparablemente mejor equipada para la supervivencia y la propagación de la especie. Según la “ley de la selva”, el macho sólo existe para proporcionar la semilla de las futuras generaciones y proteger el nido mientras la hembra cría a los retoños hasta que alcanzan la madurez. En los animales, las relaciones sexuales son estacionales y, en tanto que todas las hembras entran en celo para ser fertilizadas, sólo una pequeña proporción de los machos más robustos se encarga de esta tarea. Incluso entre los primates, únicamente los machos más fuertes y dominantes pueden fertilizar a las hembras, mientras que los más débiles son excluidos o mantenidos al margen de la manada. En algunas especies de insectos, como la viuda negra y la mantis religiosa, la naturaleza concede al macho un brillo aún más fugaz; en el instante en que ha depositado su semilla en la hembra, ésta se apresura a matarlo y devorarlo como si de un refrigerio postcoital se tratara.

Sólo los seres humanos -y algunos de los primates superiores, como el orangután- sostienen relaciones sexuales durante todo el año, de día o de noche, en cualquier estación y bajo cualquier clima, y solamente los humanos lo hacen principalmente por placer antes que por procreación. Sin embargo, el macho humano, a pesar de su ego súper inflado, está sometido a las mismas limitaciones que la Naturaleza ha impuesto a su género en todas las especies.

Debido a su potencia sexual natural, la mujer es poseedora de grandes reservas de energía. De hecho, en todo el mundo, las mujeres suelen vivir entre cinco y diez años más que los hombres. La mujer precivilizada disfrutaba de plena libertad sexual y a menudo era totalmente incapaz de controlar sus impulsos sexuales. Hasta que tales impulsos no fueron gradualmente sometidos a control mediante unos códigos sociales estrictamente aplicados, la vida “familiar” que conocemos, creadora de moldes y cómplice del Poder en la programación de las mentes, no pudo surgir.

Aunque el hombre asumió el control de la familia, la aldea, la economía, la religión y el estado, en la cama, debido a la ignorancia, siguió encontrándose en un nivel inferior al de la mujer. Ningún artificio humano puede enmascarar o modificar los hechos fundamentales de la Naturaleza. De ahí que surgiera una profunda contradicción entre la artificial superioridad social del hombre y su auténtica inferioridad sexual frente a la mujer, contradicción que dio lugar a esa guerra de los sexos que aún hoy sigue librándose en muchas alcobas. Esto también explica el profundo miedo y el rencor que muchos hombres experimentan ante las mujeres, a pesar de la supuesta “inferioridad” femenina. El típico hombre -macho- es incapaz de afrontar el hecho de que las mujeres son sexualmente superiores, y no se atreve a admitir la realidad de su propia e inherente debilidad sexual. Este lamentable estado de cosas se debe principalmente a la ignorancia sexual. Cualquier hombre inteligente, lo bastante amplio de miras como para estudiar y reflexionar sobre ello y lo bastante disciplinado como para practicarlo, descubrirá que una realización sexual adecuada elimina completamente la desigualdad fundamental que existe entre la potencia sexual masculina y la femenina. Una adecuada realización sexual posibilita que el miembro sexual masculino se convierta en un instrumento para toda ocasión, tan competente como su equivalente femenino, que hombre y mujer hagan el amor, y no la guerra, al tiempo que la práctica sexual les protege la salud, les prolonga la vida y les permite, a ambos, disfrutar de múltiples, profundos y prolongados orgasmos.

Pocas personas han percibido plenamente cómo la eyaculación masculina debilita al hombre, pero tampoco se dan cuenta que unas relaciones sexuales apropiadas mejoran su estado, su nivel de energía vital y el rendimiento en sus actividades, aún más que si se abstuvieran por completo. Los artistas, los atletas y los filósofos necesitan unos niveles óptimos de vitalidad física y mental para lograr sus objetivos, y por eso son más sensibles que la mayoría de los hombres a la pérdida de semen y de energía vital a través de la eyaculación. Sin embargo, muchos otros hombres padecen con igual intensidad las consecuencias de esta pérdida, aunque no lleguen a ser plenamente conscientes de ello. Así, por ejemplo, la tendencia masculina a quedarse dormido como un tronco después de eyacular es un claro síntoma de agotamiento. Si el orgasmo en sí fuese tan agotador, también las mujeres experimentarían el mismo efecto, pero es la pérdida física de semen -no el orgasmo en si mismo- lo que perjudica al hombre.

El hombre puede vivenciar múltiples orgasmos, al igual que lo puede experimentar la mujer, y llenarse de vitalidad. La eyaculación es una cosa y el orgasmo otra totalmente distinta. Casi ningún hombre conoce en realidad lo que es el orgasmo. El hombre está convencido de que el punto culminante de su experiencia sexual, el orgasmo masculino, es la eyaculación y los pocos segundos que la preceden. Pero es precisamente la eyaculación la que aparta al hombre del orgasmo verdadero, del éxtasis sexual que lleva a los niveles de conciencia superiores, cósmicos. La eyaculación para en seco la experiencia, tanto para él como para ella.

La eyaculación corta en seco la ascensión hacia el orgasmo masculino y mata el deseo, ese magnetismo encantado que, en la pareja, debería ser una música ambiental permanente, incluso fuera de los contactos sexuales concretos. Con la eyaculación y la desentumescencia del pene, el magnetismo y el hechizo de la unión hombre/mujer se desvanecen; la pareja se separa para reencontrarse en una situación lamentable, en la vulgaridad. La existencia se experimenta entonces como algo triste y trivial.

El hombre que conserva su semen y vivencia el orgasmo interior suele vivir apacible, feliz, con buena salud y siempre son ganas de hacer el amor. El acto sexual sin eyaculación representa también la eliminación de una tensión, pero sin explosión. Es un placer que se traduce por un apaciguamiento y no por violencia, es una fusión voluptuosa, sensual, y prolongada en algo más amplio y más trascendente que uno mismo. Es una vivencia de comunión en un Todo, no una separación; es un sentimiento de unión estrecha y de participación, y no un espasmo individual y solitario que excluye a la pareja. Todo contacto sexual sin eyaculación es una “ganancia erótica neta” para la pareja. Cuanto más economiza el hombre su semen más se incrementa su potencial de deseo y su potencia sexual, hasta llegar al nivel femenino, y este equilibrio es un factor de armonía para la pareja.

En la experiencia ordinaria, los últimos segundos antes del único movimiento «de más» que desencadena el espasmo eyaculatorio constituyen el tiempo de máximo placer masculino. Luego sobreviene el espasmo que termina con todo, para la decepción de la pareja. Ahora bien, el breve goce eyaculatorio es ya menor que el del punto límite. La solución es de una gran sencillez: prolongar la franja última, la más intensa y la más interesante, y para eso inhibir el espasmo eyaculatorio. El arte consiste acceder al conocimiento que permite permanecer indefinidamente en el punto límite, la puerta que da acceso al "paraíso sexual cerebral" y el verdadero orgasmo masculino.

El hombre realiza su plenitud intercambiando su energía con la energía femenina, y la sexualidad superior es un intercambio entre las energías masculinas y las femeninas. Cuando el hombre y la mujer se entregan libremente a la sexualidad y fluyen en el coito en armonía con la Naturaleza pueden seguir, durante horas y horas, alimentando y preservando constantemente su preciosa esencia vital, curando todos los males y favoreciendo una larga vida. Sin esta armonía básica de las energías masculinas y femeninas, ni las mejores medicinas ni los más potentes afrodisíacos servirán de nada. Si las esencias vitales se agotan y se secan debido a un exceso de emisión o a una completa negligencia, ya no podrán reavivarse.

Salvo en el caso de que uno sea un iniciado consumado que haya conseguido dominar la transmutación de la energía sexual en pura energía espiritual, el celibato resultará tan perjudicial para la propia salud como los excesos desordenados. Como seres humanos, no debemos hacer nada que contradiga la Naturaleza, y abstenerse de las relaciones sexuales va completamente en contra de la Naturaleza.

Muy frecuentemente, en la Naturaleza, lo mismo que da vida puede quitarla, y la manera en la que uno lo utilice depende del conocimiento. Si un hombre posee conocimiento, cuanto más haga el amor más se beneficiará su salud. Si es ignorante derrochará su semen y apresurará su viaje hacia la tumba. Sólo el conocimiento nos enseña cómo utilizar la sexualidad para llegar a la salud, al bienestar y a la longevidad y no caer en el sufrimiento y en la perdición.

Cuando la sexualidad es practicada según los principios de la Naturaleza, más que ser una prueba agotadora, se conviene en una fuente inagotable de energía. Se convierte en lo que es, en un pozo de aguas vivas que jamás se seca. Sin embargo, las aguas que brotan del manantial del sexo también puede “ahogar” cuando se ignora cómo realizar este tipo de sexualidad superior. Por ello, uno debe investigar, discernir, aprender y obrar adecuadamente.
 


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