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¿Corrupción en Zambia contra los intereses de la población de unos los países más endeudados?

Parte 1 / Parte 2

. Caranchos
. Glosario

00207 -
El caso de Zambia

Un tribunal británico ordenó la semana pasada al gobierno de Zambia pagar más de US$ 40 millones a un "fondo buitre" que compró deuda de ese país por menos de US$4 millones.
- (Ver: La Unión Europea y los «hedge funds»)

En el caso de Zambia, el consejero presidencial Martin Kalunga-Banda, le dijo a la BBC que "esos US$40 millones equivalen al valor de toda la cancelación de la deuda que se nos otorgó el año pasado".

Al adoptar el fallo, el juez Andrew Smith aclaró que no se basaba en "juicios morales" sino en una interpretación estricta de la ley.

El juez calificó de "deshonesta" a la persona detrás de los "fondos buitres", Michael Sheehan, quien actuaba a nombre de la empresa Donegal International, y dijo que Sheehan ha "engañado" a los tribunales en tres países.

Este fallo se suma a una nueva demanda que dos fondos, Dart y Elliot, iniciaron contra Argentina ante tribunales estadounidenses.

Una decisión previa de la Corte Federal de Apelaciones de EE.UU. había fallado a favor de Argentina y en contra del financista Kenneth Dart, quien quería embargar las reservas que el Banco Central de Argentina tiene depositadas en la Reserva Federal estadounidense.

Un nuevo reclamo presentado ante el juez Thomas Griesa pone en juego la independencia del Banco Central argentino y sigue pujando por apoderarse de cuantiosas ganancias.

El salario promedio en Zambia roza un dólar al día.

Lo que sigue es un diálogo entre Greg Palast, de la BBC, y Michael Sheehan, de Debt Advisory International:

- ¿Por qué intenta extraer US$ 40 millones de una de las naciones más pobres del mundo?
- Sin comentarios. El caso está en litigio. Esa deuda no era mía.
- ¿No está tratando de lucrar a costa de la labor de quienes quieren salvar vidas por medio de la cancelación de la deuda de países pobres?
- Hubo una propuesta de inversión. Es todo cuando puedo decir.

"Burla"

En opinión de Caroline Pearce, de Jubilee Debt Campaign, organización británica que clama por una moratoria de la deuda de los países en desarrollo, estas prácticas de los "fondos buitres" constituyen una "burla" a los esfuerzos gubernamentales para aliviar sus cargas financieras.

"La obtención de provecho no puede llegar a mayores niveles de cinismo que en este caso. Zambia esperaba destinar los fondos por concepto de cancelación de la deuda a la formación de muy necesitados enfermeros, maestros y la creación de infraestructura", declaró Pearce.

La organización Debt Advisory International, creada por Michael Sheehan, maneja una serie de "fondos buitres" que adquirieron deudas subvaluadas de varios países pobres para reclamar en los tribunales el valor total de los adeudos más los intereses.

Zambia -donde el salario promedio roza un dólar al día- es uno de los países más endeudados del mundo y la comunidad internacional ha coincidido en la necesidad de que se le condone parte de su carga financiera.

Debt Advisory International declinó ofrecer entrevistas sobre el tema, pero el reportero de la BBC Greg Palast emplazó a Sheehan frente a su casa en Virginia, EE.UU.

A la pregunta de: "¿Por qué intenta extraer US$40 millones de una de las naciones más pobres del mundo?", Sheehan respondió: "Sin comentarios. El caso está en litigio. Esa deuda no era mía".

A otro interrogante del periodista: "¿No está tratando de lucrar a costa de la labor de quienes quieren salvar vidas por medio de la cancelación de la deuda de países pobres?", Sheehan agregó: "Hubo una propuesta de inversión. Es todo cuanto puedo decir".

"Nada que esconder"

La BBC también intentó entrevistar en Nueva York al elusivo multimillonario Paul Singer, a quien se le atribuye la idea originaria de los "fondos buitres".

En 1996, su fondo especulativo Elliott Associates, desembolsó US$11 millones por deuda peruana devaluada y en 2000 demandó a Lima por el pago completo de la deuda más los intereses capitalizados.

La compañía reclamó un monto de $58 millones. Recibió los $58 millones, con lo cual Perú casi entra en moratoria en sus pagos de deuda.

Ahora, la firma demanda a Congo Brazzaville por US$400 millones por una deuda que adquirió por US$10 millones.

La respuesta del portavoz de Singer a la solicitud de entrevista de la BBC fue: "No tenemos nada que esconder. Sólo que no concedemos entrevistas".

¿Corrupción?

El caso de Zambia ha sacado a la luz acusaciones sobre presunta corrupción en ese país que habría conspirado en contra de los intereses nacionales y a favor de los "fondos buitres".

Se ha acusado a antiguas autoridades zambianas de haber recibido sobornos por US$2 millones para facilitar la labor de intereses financieros externos.

Un correo electrónico mostrado en el tribunal británico que siguió el caso establece que un pago a "la organización de caridad favorita del presidente" facilitó las cosas para "negociaciones favorables".

Michael Sheehan, al ser emplazado por la BBC a la salida de su casa, explicó que no se trató de un "soborno" sino de una "donación caritativa".

Según Sheehan, "ofrecimos hacer una donación a una iniciativa para construir hogares de bajo presupuesto, una iniciativa que construyó varios miles de casas".

Sheehan agregó: "Están distorsionando los hechos".

Una campaña de Jubilee Debt Campaign pretende que el caso de Zambia sea el último de su tipo que se presente en los tribunales británicos. - BBC

301203. Argentina. Caranchos - Fernando Krakowiak - Página 12

En el mundo financiero internacional se los conoce como fondos buitres: vuelan bajo para sacar provecho del animal herido, empresas o un país. La Argentina está padeciendo algunos ataques por su deuda en default, y a nivel de compañías el caso de CableVisión resulta el más evidente. Pero a nivel local operan financistas con características propias, que en la city fueron bautizados como fondos caranchos, con el espíritu de los buitres internacionales pero con sello argentino. En los ‘90 fueron Exxel, CEI, Newbridge y Farallón. Ahora son Coinvest, Southern Cross, Pegasus y DyG. Los fondos que administran inversiones extranjeras comenzaron a resurgir luego de la crisis. Pero a diferencia de la década pasada ya no compran empresas en expansión por cientos de millones de dólares. Ahora se dedican a adquirir compañías en convocatoria de acreedores haciéndose cargo de los pasivos y desembolsando poco o nada de efectivo. En el último año, seis fondos compraron once empresas con problemas y, según el relevamiento realizado por Cash, hay otros quince evaluando la posibilidad de concretar adquisiciones en los próximos meses. Norberto Morita, Martín Ruete y Woods Staton han sido los encargados de reemplazar a Juan Navarro, Raúl Moneta, Ricardo Han- dley, Santiago Soldati, entre otros, del centro de la escena. Sin embargo, la lógica es la misma. Acumular dinero fácil en plazos cortos con la compraventa de empresas productivas. Son inversiones fundamentalmente especulativas: compran compañías a precio de remate cuando la quiebra es inminente. Luego negocian con los acreedores una quita de la deuda y la obtención de un período de gracia para revalorizar el activo y poder venderlo en el corto plazo. La rentabilidad promedio del negocio es del 25 por ciento anual. Invierten en empresas de consumo masivo y en sectores que adquirieron interés luego de la devaluación como la agroindustria, el negocio inmobiliario, la informática y los productos químicos. La última operación la concretaron esta semana dos ex directivos del Citibank al quedarse con la tradicional empresa de alfajores Havanna.

Los fondos se nutren con el dinero de inversores extranjeros que apuestan al riesgo en un contexto de caída de la tasa de interés internacional. Pero también con los recursos de empresarios locales que vendieron sus compañías durante la Convertibilidad, depositaron los dólares en el exterior y ahora se ven tentados por las altas tasas de ganancia que se pueden obtener aprovechando la asfixia financiera de las compañías endeudadas en dólares.
Luego de la devaluación, un elevado porcentaje de empresas privadas quedó a merced de sus acreedores por haber financiado las inversiones con deuda contraída en el exterior. Esa situación llevó a más de 70 compañías a declarar el default o intentar reestructurar su deuda. Algunas pudieron acordar un plan de pagos, pero las que no lo hicieron se expusieron a que sus acreedores se queden con la compañía. La legislación nacional establece que para evitar la quiebra se debe llegar a un acuerdo con los poseedores del 66 por ciento de la deuda y con el 51 por ciento de los acreedores individuales. Fernando Muñoz de Toro, representante del estudio Muñoz de Toro, aseguró a Cash que “esta situación vuelve muy difícil acordar con los acreedores”.

Los private equity funds, como se los conoce en la jerga financiera, han aprovechado la delicada coyuntura para presentarse ante los dueños de las compañías y los acreedores ofreciendo dinero fresco y capacidad de management a cambio de un porcentaje de las acciones, que en la mayoría de las ocasiones se traduce en el control de la sociedad. En muchos casos hacen jugar a su favor la presión que ejercen los fondos buitres, propiamente dichos, como Huff o Templeton. Sociedades que han estado comprando Obligaciones Negociables de empresas en problemas para luego intentar quedarse con las mismas torciéndole la voluntad al síndico a través del ejercicio de los derechos que les da la deuda. El efecto pinzas que ejercen los distintos fondos quedó en evidencia en el caso de CableVisión.

El fondo Huff compró un porcentaje importante de ON y empezó a presionar sobre la compañía de cable para asumir su control. Justo en ese momento Martín Ruete, ex vicepresidente del CEI y actual directivo del fondo de inversión Coinvest, se acercó a la empresa para negociar la posibilidad de aportar dinero a cambio de tener el control de la compañía, iniciativa que por el momento no prosperó. Coinvest es uno de los principales equity funds que adquirió empresas endeudadas en el último año junto con Southern Cross, Pegasus Capital, HSBC Private Equity Latin America, DyG y la empresa Promotora Mexicana de Capitales, que lo hizo a través de los fondos Bismark y Pierre.

La gran diferencia con la década del 90 es que entonces los fondos invirtieron cifras millonarias en grandes compañías en expansión. El Exxel Group, principal exponente de la época, compró Casa Tía por 630 millones de dólares, Musimundo por 240 millones y Fargo por 220 millones, entre otras empresas. Los recursos los obtuvo de inversionistas extranjeros que aportaron capital, y de créditos bancarios que canceló endeudando a las propias empresas que había comprado. De esa forma, se lograron deducir los pagos de intereses del Impuesto a las Ganancias al mismo tiempo que se apalancaban nuevas inversiones. Entre 1993 y 2000 el Exxel llegó a comprar 60 empresas.

En la actualidad, los fondos seleccionan las compras detenidamente de acuerdo con el endeudamiento de las compañías y en la mayoría de los casos el pasivo es tan grande que les alcanza con hacerse cargo del mismo para controlar la firma. Lo que se valora es el know how financiero para sentarse a discutir la deuda con los acreedores y obtener rápidos beneficios.

La búsqueda de la ganancia fácil y de corto plazo es un punto en común con la experiencia de los ‘90 aunque los montos que están en juego sean menores. A diferencia de las grandes multinacionales que se especializan en alguna rama, a los fondos les da lo mismo cualquier tipo de negocio. Salvo excepciones, la vinculación con lo productivo se plantea como efímera. Hay que saber entrar y salir de las empresas en el menor tiempo y con la mayor renta posible. Por eso varios de los nuevos fondos cuentan entre sus filas con directivos de larga experiencia en el mundo de las finanzas, provenientes del Citibank, el CEI y el Exxel.

Las empresas con las que negocian terminan acordando cuando ven que es la única alternativa que les queda antes de la quiebra. Felipe De la Balze, señaló a Cash que “en muchos casos los acreedores y los accionistas prefieren acordar con los equity funds para que la empresa no interrumpa su actividad y deje de desvalorizarse”.
En el caso de Compañía General de Combustibles, el fondo Southern Cross, de capitales suizos y norteamericanos, le compró el 81 por ciento a la familia Soldati luego de comprometerse a absorber una deuda de 200 millones de dólares con los acreedores. Pegasus Capital, fondo que combina capitales locales, regionales y norteamericanos, procedió de un modo similar. Cuando parecía que Musimundo iba inevitablemente a la quiebra les ofreció a los acreedores pagar el 40 por ciento de la deuda de 196 millones de dólares, luego de un período de gracia de siete años, a cambio de reflotar la compañía.

El fondo Coinvest siguió el mismo camino al obtener el control de la bodega Suter, la curtiembre GRD y la empresa de telecomunicaciones Metrored, que adquirió junto con el fondo del HSBC. También se quedó con la empresa CTI en marzo, pero luego de negociar una quita con los acreedores le terminó cediendo el control a Techtel, propiedad del grupo mexicano Slim y Techint. Fuentes de la city aseguraron a Cash que en realidad Techtel fue la verdadera interesada desde el comienzo, pero prefirió delegar en Coinvest el “trabajo sucio” para simplificar latransacción. Otra de las operaciones de magnitud la protagonizó el magnate mexicano Fernando Chico Pardo de Promecap, quien se quedó con la panificadora Fargo en sociedad con la multinacional Bimbo, operación que deberá ser puesta bajo la lupa por la Secretaría de Defensa de la Competencia, ya que entre Fargo y Bimbo controlan el 72 por ciento del mercado de pan industrial.

Entre los fondos que están a la expectativa se destacan el norteamericano JP Morgan Partners Latin America, Dolphin Interventures de IRSA, GIP Group, el fondo de capitales suizos Swiss Wine Fund y Zeus Capital, un emprendimiento gerenciado por ex directivos del Exxel Group. Hasta el momento, se concretó un puñado de operaciones. Pero si la situación financiera de las empresas no se regulariza, los “caranchos” aprovecharán para sacar la mejor tajada del mercado en el menor tiempo posible. Por ahora continúan volando en círculos a la espera de una nueva oportunidad.

Glosario

Private Equity Fund.
Son fondos que invierten en empresas con trayectoria consolidada. Buscan obtener altas rentabilidades en períodos que suelen ir de 3 a 7 años. Están compuestos por socios que aportan capital y limitan su responsabilidad a la contribución que efectúan (limited partners), y gerentes que administran el dinero (general partners). Los inversores reciben el 80 por ciento de las utilidades anuales. El 20 por ciento restante queda para los gerentes, más un porcentaje fijo de las inversiones que oscila el 2 por ciento. Los fondos cerrados son producto de un acuerdo entre partes y no realizan oferta pública, mientras que en los fondos abiertos la cuota parte se puede comprar y vender. En la actualidad, se están dedicando en la Argentina a comprar empresas con problemas financieros.

Ventures Capital.
A diferencia de los equity funds, son capitalistas de riesgo que invierten en empresas nuevas con altas probabilidades de crecimiento. El riesgo es mayor, pero las ganancias también suelen ser más altas. Apuntan a obtener una rentabilidad promedio anual superior al 30 por ciento en un período de 3 a 5 años. Cuando deciden retirarse venden la compañía o recurren a una oferta pública inicial (OPI) para capitalizar su ganancia. Este tipo de fondos tuvo un desarrollo local incipiente a mediados de los ‘90 junto con el boom de la burbuja de Internet, pero es muy difícil encontrar actualmente en el país fondos que financien la creación de empresas nuevas.

Angels Investors.
Son empresarios exitosos o ejecutivos de grandes empresas que deciden invertir parte de su dinero en proyectos embrionarios (start up) con la expectativa de obtener ganancias futuras. Suelen aportar en promedio cifras cercanas a los 100 mil dólares. Participan de la gestión de la empresa y tratan de interesar a inversores más grandes. Los “ángeles” suelen ser una condición de base para la llegada de los fondos institucionales de riesgo. El término que los define se utilizaba en Estados Unidos a principios de 1900 para denominar a las personas que arriesgaban su dinero en las producciones teatrales de Broadway. En la Argentina hubo algunos casos a mediados de los ‘90, pero la crisis los llevó a resguardarse.

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