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0705 -
Desde que Karol Wojtyla asumió el papado, en octubre de 1978, inició una
restauración de las tradiciones más conservadoras de la iglesia católica,
que se hace sentir con particular fuerza en América Latina. La tradicional
influencia de la Compañía de Jesús sobre el papado fue sustituida por la
del Opus Dei, punta de lanza para combatir a las corrientes modernizadoras
de la iglesia. En Argentina, la década menemista marca un resurgimiento
del integrismo católico, cuyo conflicto con el liberalismo político -que
en el siglo XIX sustentó la independencia respecto de la corona española y
después la organización nacional- recorrió todo el siglo XX, pero dejando
mayormente a salvo el liberalismo económico.
Por medio de una
política de designaciones episcopales que casi no tiene en cuenta los
deseos de las iglesias locales, Juan Pablo II lleva adelante su empresa de
restauración, utilizando todos los medios a su disposición: doctrinales,
disciplinarios y -sobre todo- autoritarios, con la ayuda de una cantidad
de movimientos tradicionalistas "duros", en general sectarios y
políticamente de derecha, que le son totalmente adictos.
Éstos forman parte de la "renovación carismática", o tienen por nombre: "Comunione
e Liberazione", organización italiana creada en los años 70; "Focolari",
movimiento fundado en 1943 en Trento; "Neocatechumenat", creado en Madrid
en 1964; "Legionarios de Cristo", grupo ultrasecreto formado en México en
los años 40 y, fundamentalmente, el Opus Dei (Obra de Dios), organización
creada en España por el padre José María Escrivá de Balaguer.
El Opus, que goza del apoyo incondicional del Obispo de Roma, se infiltra
en todos los escalones de la jerarquía católica. ¿Es el ejército secreto
del Papa en su tarea de reconquista católica? ¿O Juan Pablo II es un
prisionero inconsciente de esa "mafia blanca"?
El Opus cultiva el secreto desde sus orígenes. En su constitución
(secreta) redactada en 1950, el artículo 191 precisa que "los miembros
numerarios y supernumerarios sepan bien que deberán observar siempre un
prudente silencio sobre los nombres de los otros asociados y que no
deberán revelar nunca a nadie que ellos mismos pertenecen al Opus." Una
vez dada a conocer, la constitución desató tantas críticas que en 1982 se
redactaron nuevos estatutos, donde puede leerse (artículo 89): "(los
fieles de la Prelatura) no participarán de manera colectiva en las
manifestaciones públicas de culto, como las procesiones, sin por ello
ocultar que pertenecen a la Prelatura."
A pesar de esta aparente concesión a la transparencia, el Opus continúa
practicando el secreto y utilizando testaferros y sociedades pantalla,
bajo el pretexto de la "humildad colectiva" y de la "eficacia apostólica".
"Como se niega a cualquier tipo de transparencia, el Opus excita la
curiosidad y la hostilidad, despertando a veces hasta fantasmas de
complot", sostiene un biógrafo de Juan Pablo II . De muchas personas se
dice que son miembros o simpatizantes de la organización. La discreción,
que por una parte sirve para hacer proselitismo entre los jóvenes a
espaldas de su familia y por otra ayuda a tejer una red invisible en todos
los ámbitos de la sociedad, se explica en primer lugar por el contexto en
que nació el Opus, en la España franquista.
Esta "Obra de Dios" se parece en algunos de sus objetivos -santificar el
trabajo diario- a los movimientos de la Acción Católica nacidos en Francia
y en Bélgica en la misma época. Surgido en los años previos a la Guerra
Civil española, el Opus quedó muy marcado por esa coyuntura, lo que
explica su incondicional apego al aparato eclesiástico preconciliar, su
odio obsesivo al comunismo y su gusto desmedido por la clandestinidad.
A pesar de que Escrivá de Balaguer pretendía haber "descubierto" el
principio de la santificación de la vida cotidiana, esa idea es tan vieja
como el Evangelio. De todos modos, la inspiración inicial del Opus fue
rápidamente pervertida por la personalidad de su fundador: un pequeño
burgués ambicioso, colérico y vanidoso . El secreto de su éxito fueron su
fogosidad y su carisma personal, que subyugaban a quienes lo rodeaban.
La primera perversión fue la "clericarización" de la Obra, que sigue
diciéndose laica, aunque son los sacerdotes los que tienen el verdadero
poder y ocupan todos los puestos de mando. Los no religiosos, que
representan el 98% de los miembros, son presentados como "personas
corrientes que viven en el mundo", pero por sus "votos" de pobreza,
castidad y obediencia (rebautizados "lazos contractuales"), se parecen más
a religiosos que a laicos .
Mucho más preocupados por el derecho canónico que por la teología, Escrivá
de Balaguer y sus discípulos maniobraron permanentemente para lograr que
al Opus se le reconociese la condición jurídica que más le convenía.
Definida en un principio como "unión piadosa" de laicos, la organización
se transformó en 1947 en el primer "instituto secular" de la iglesia ,
antes de arrancarle a Juan Pablo II -mucho más favorable que sus
antecesores Juan XXIII y Pablo VI- el codiciado título de "prelatura
personal". Esta envidiable categoría, creada a medida para el Opus, le
concede los atributos de una verdadera diócesis sin limitación
territorial. El prelado del Opus depende directamente del Papa, escapando
así a la autoridad de los obispos diocesanos, a pesar de la ficción que
pretende que los miembros laicos de la organización siguen dependiendo
jurídicamente de su obispo.
La segunda perversión fue política. El joven Escrivá de Balaguer vivió la
Guerra Civil española como un combate entre católicos y comunistas, en
quienes veía la encarnación del mal. Su visión del mundo se vio así
deformada y del mismo modo que Pío XII, minimizó el horror del nazismo,
tomándolo como un muro de contención "providencial" contra el comunismo.
Vladimir Felzmann, ex miembro del Opus, da cuenta de una conversación con
Escrivá de Balaguer que resulta elocuente. Luego de sostener que el
cristianismo había sido salvado del comunismo gracias a la llegada al
poder del general Francisco Franco con el apoyo del canciller Adolf Hitler,
agregó: "Hitler contra los judíos, Hitler contra los eslavos, significaba
Hitler contra el comunismo."
Esta indulgencia para con el nazismo lleva al alineamiento del Opus con el
franquismo. En realidad, los sentimientos de Franco respecto de Escrivá de
Balaguer -al que había conocido como un joven cura- eran ambiguos. En su
biografía novelada de Franco Manuel Vázquez Montalbán hace decir al
Caudillo: "Habiendo frecuentado durante casi veinte años a los miembros de
esta institución, he podido comprobar la diversidad de sus elecciones
concretas, pero evidentemente, todos llevaban el sello de una secta
elegida para salvar el mundo desde lo alto de su sitial".
Para salir de la crisis económica, desde 1956 Franco se rodea
progresivamente de ministros pertenecientes al Opus. Cuando piensa en
restablecer la monarquía para que lo suceda en la persona de don Juan de
Borbón, el Opus apoya a su hijo, Juan Carlos, que está al cuidado de un
preceptor de la Obra: Anael López Amo. En 1969 Franco proclama a Juan
Carlos heredero de la corona. Pocos meses después se completa el triunfo
del Opus: de los diecinueve ministros del noveno gabinete de Franco, doce
son miembros de la organización. El giro político del Opus estaba en
marcha.
La tercera perversión fue teológica. En primer lugar, el acento exclusivo
puesto en la "santificación por el trabajo" favorece el culto del éxito
material y el reino del capitalismo liberal. Luego, el Opus cayó en la
trampa del integrismo. El teólogo Urs von Balthasar (uno de los pensadores
favoritos de Juan Pablo II, que no puede ser sospechado de progresista)
describió al Opus como "la más fuerte concentración integrista de la
iglesia (…) El integrismo se esfuerza en comenzar a asegurar el poder
político y social de la iglesia por todos los medios, visibles y ocultos,
públicos y secretos." .
Además de su falta de transparencia, otro rasgo distintivo del integrismo
es su pretensión de poseer la verdad. El Opus es descrito por Crónica, la
revista interna del movimiento, como "el resto santo, inmaculado, de la
verdadera iglesia", fundado para "salvar a la iglesia y al Papado". Cuatro
años después de terminado el concilio, el padre Escrivá de Balaguer
deploraba una época de errores en la iglesia: "El mal viene de dentro y de
lo alto. Hay una real pudrición, y actualmente parece que el cuerpo
místico de Cristo fuera un cadáver en descomposición, que apesta."
Mejor hubiera sido que monseñor Escrivá de Balaguer se ocupara de sus
ovejas descarriadas. Una serie de escándalos financieros que involucraron
a miembros del Opus sacó a la luz las actividades de "la santa mafia" o
"la masonería blanca", como comenzaron a llamarla sus detractores . Detrás
de la ficción de una organización puramente espiritual, de esa "familia
pobre, cuya única riqueza son sus hijos", gravita una nebulosa de
sociedades, bancos y fundaciones, dirigidas de manera anónima por miembros
del Opus.
En los años 70, mientras Escrivá de Balaguer vituperaba a la iglesia en
descomposición, sus amigos organizaban la red financiera que permitiría a
la Obra manejar millones de dólares. La institución más importante en ese
terreno es la fundación Limmat, creada en Zurich en 1972, vinculada con
bancos o fundaciones de España (Fundación General Mediterránea), de
Alemania (Fundación Rin-Danubio o el Instituto Lidenthal) y de América
Latina (Fundación General Latinoamericana, en Venezuela).
Hoy en día el Opus tiene un enorme poder en Roma. Su ascensión se vio
coronada en 1992 por la beatificación de Escrivá de Balaguer por parte de
Juan Pablo II -amigo de larga data de la organización- apenas diecisiete
años después de su muerte y luego de un proceso expeditivo, donde sólo se
tuvieron en cuenta los testimonios positivos. Siendo obispo de Cracovia,
monseñor Karol Wojtyla ya viajaba a Roma invitado por el Opus, que lo
alojaba en la bella residencia del viale Bruno-Bozzi N° 73, en un elegante
suburbio de Roma. El Opus siguió mostrándose generoso con el Papa polaco,
participando -por ejemplo- en la financiación del sindicato Solidaridad.
El cardenal Wojtyla era el candidato papal del Opus y en su elección
cumplió un papel determinante el cardenal König, arzobispo de Viena y
hombre cercano a la organización. Además de la categorización de la Obra y
de la beatificación de Escrivá de Balaguer -dos decisiones que levantaron
una ola de críticas en todo el mundo- el Papa se rodeó de miembros del
Opus. Entre sus más estrechos colaboradores se puede nombrar a cuatro
capellanes: Joachim Pacheco, Klaus Becker, Fernando Ocariz y Felipe
Rodríguez; su portavoz laico, numerario del Opus, Joaquín Navarro Valls y
el cardenal Martínez Somalo, ex substituto, cercano también a la
organización. Las congregaciones romanas tienen también numerosos miembros
"opusianos": la congregación encargada de la causa de los santos, que
había decidido la beatificación de Escrivá de Balaguer, tiene tres. El
cardenal Palazzini, amigo de la Obra, era su prefecto en 1981, cuando se
presentó la causa de Escrivá, mientras que monseñor Javier Echevarría
Rodríguez, sucesor de Escrivá, ¡era consultor!
Más aún. El Papa designó numerosos miembros del Opus como obispos en
América Latina (siete en Perú, cuatro en Chile, dos en Ecuador, uno en
Colombia, uno en Venezuela, uno en Argentina y uno en Brasil). Perú fue
elegido como cabeza de puente para la ofensiva del Opus en América Latina
para contrarrestar la influencia del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, el
"padre"de la Teología de la Liberación, maldecida por Escrivá y sus
discípulos. El presidente Alberto Fujimori, cercano al Opus, es amigo de
monseñor Luis Cipriani, arzobispo de Ayacucho, quien dirige la
organización en Perú.
En Europa, la operación más criticada fue la imposición del "opusiano"
Klaus Küng en Feldkirch, Austria. Pero la nominación de Fernando Saenz
Lacalle como arzobispo de San Salvador fue más chocante aún, pues se
trataba de la sede del mártir monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado por
la extrema derecha militar, mientras que el nuevo obispo -un español
además- no sólo pertenece al Opus: era el capellán de las Fuerzas Armadas
salvadoreñas.
Aparte de Italia, las regiones donde el Opus logra mayores éxitos son
España y América Latina, incluido México. En España, la Obra se mantuvo a
la expectativa durante los catorce años de gobierno socialista, aunque
debió eclipsarse en el plano político. Con el regreso al poder de la
derecha del Partido Popular de José María Aznar (otro amigo del Opus), la
organización tomó su revancha, ya que cuenta con varios de sus miembros
entre los ministros. Aunque el Opus haya encontrado mayor resistencia en
los países no latinos, sobre todo en los anglosajones, progresivamente va
implantándose en Estados Unidos, donde cuenta con más de tres mil miembros
repartidos en 64 centros, la mayoría de ellos instalados cerca de campus
universitarios. Varios capellanes universitarios se quejaron de los
"métodos clandestinos" utilizados por el movimiento, al igual que de su
"comportamiento sectario" .
En Gran Bretaña, el Opus se ve obligado a mantener un perfil bajo luego de
las revelaciones que hiciera John Roche, ex director de la organización y
profesor de la Universidad de Oxford. En 1981, Roche publicó en The Times
un duro alegato contra el Opus, junto a varios documentos secretos como
prueba. Calificándolo de "iglesia dentro de la iglesia"y
de"psicológicamente peligrosa para sus propios miembros", Roche cita
artículos de Crónica donde se proclama que "la iglesia Católica se ha
alejado de su camino original y que el deber del Opus Dei consiste en
difundirse por el mundo por todos los medios. No hay otra forma de
salvación". En Francia, el éxito de la organización es más limitado. A
pesar de las simpatías de varios políticos, nunca logró hallar un partido
que le sea adicto. Sin embargo, existen en ese país numerosos centros y
asociaciones que mantienen vínculos con el Opus.
Pero la nueva estrategia de la Obra consiste en infiltrarse en las
organizaciones internacionales, por ejemplo las Naciones Unidas, la Unesco
o la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico (OCDE,
integrada por los 21 países más ricos). El Parlamento Europeo en
Estrasburgo y la Comisión Europea en Bruselas son sus lugares preferidos.
Varios parlamentarios europeos son miembros del Opus. En Bruselas la
organización actúa clandestinamente, como es su costumbre. Un ejemplo: el
boletín semanal Europe Today -editado en español, francés e inglés- es
enviado desde la capital belga a todo el Tercer Mundo, principalmente a
América Latina, donde se distribuye gratuitamente. Presentándose como "una
agencia de prensa internacional, especializada en salud, problemas de
sociedad y educación", la publicación defiende las posiciones de la
derecha católica.
El nombre del Opus no aparece en ninguna parte de la revista, que goza de
una subvención de la Comisión Europea. Otros puntos estratégicos que el
Opus trató de ocupar en Bélgica son el Instituto Robert-Schuman y la
Universidad Católica de Lovaina. El primero es una escuela de periodismo
fundada por el empresario holandés Piet Derksen, cercano a la extrema
derecha católica.
Una dictadura espiritual
En Lovaina, en cambio, el Opus perdió la batalla, gracias a la tenacidad
del vicerrector, el padre Gabriel Ringlet. Este sacerdote se negó a
renovar el contrato de alquiler de dos residencias para estudiantes
abiertas en el campus por el Opus y le prohibió distribuir sus
publicaciones mientras siguiera ocultando su identidad. La decisión fue
tomada por unanimidad por el consejo administrativo de la Universidad. El
padre Ringlet explica que "el Opus apunta sólo a la élite de la sociedad,
lo que resulta inadmisible para nuestra Universidad. No reconozco en ella
mi fe. La búsqueda de la perfección encierra algo muy orgulloso y malsano.
No puedo aceptar una religión que lava más blanco que el blanco... ¡el
color de los sepulcros! Porque al final de ese camino encontramos siempre
la exclusión, el racismo. En estos tiempos de avance de la extrema
derecha, todas las precauciones son pocas contra las dictaduras
espirituales."
En efecto, se trata de una dictadura que puede tomar al Papado como rehén.
Esta "arma del Papa" es de doble filo, y podría volverse contra él.
François
Normand, periodista de Le Monde Diplomatique,
Número12, Septiembre 2001
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