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Teólogos y especialistas en la atención de
niños, niñas y adolescentes, víctimas de diferentes tipos de abuso, están
convencidos que existe una implicación negativa de los discursos religiosos
vigentes para una resolución sana y segura de los conflictos producidos por
la violencia física, sicológica y sexual contra esta población.
Fue por ello, que la Escuela Ecuménica y de Ciencias de
la Religión de la Universidad Nacional (UNA), por iniciativa de Freddy Ulate
coordinador de los Comités de niños agredidos de la Caja Costarricense del
Seguro Social (CCSS), desarrolló una teoría teológica, la cual a partir de
una profunda deconstrucción de los discursos religiosos y teológicos, logre
articular nuevos discursos teológicos que acompañen y potencien acciones
contundentes contra el proceso de construcción social de la violencia
En otras palabras, según explicó Francisco Mena Oreamuno,
teólogo e investigador principal, el proyecto pretende ser un apoyo
teológico al proceso de prevención y atención del abuso de niños y niñas
llevado a cabo por la coordinación nacional de los comités de niños
agredidos de la CCSS.
Freddy Ulate reconoció que es obligación de la CCSS velar
por el cumplimiento de los derechos de los niños y las niñas, en especial en
casos de cualquier tipo de abuso, para ello se cuenta con la formación de
los Comités de Niños Agredidos en todos los establecimientos de salud de
Costa Rica.
Conciencia religiosa
Los especialistas en la atención de niños enfrentados a
algún tipo de abuso han llegado al convencimiento de que es en la
cotidianidad del proceso de atención donde surge un factor fundamental que
decide el éxito o el fracaso de la intervención con la familia. Este factor,
a juicio de los expertos, tiene que ver con la conciencia religiosa y la
forma de construcción de las relaciones sociales que ésta establece como
normas trascendentes.
Sobre este tema, Francisco Mena, teólogo de la UNA,
comenta que se pueden identificar tres ámbitos de acción del factor
religioso: las creencias construidas dentro de la familia, el manejo de la
problemática de violencia que hacen las estructuras religiosas, y el impacto
de estos dos ámbitos en la resolución del conflicto en el momento, así como
los traumas posteriores que tal manejo del abuso produce.
Incidencia religiosa
El factor religioso, explicó Mena, mantiene y preserva un
ciclo interminable de violencia sin que la víctima deje de ser víctima y la
persona victimaria deje, también, de serlo.
Para explicar la incidencia del factor religioso en la
resolución del conflicto y los traumas posteriores al abuso, el teólogo Mena
Oreamuno, brinda algunos ejemplos: una madre que ruega a las personas
encargadas no proseguir con el proceso de denuncia porque la persona
abusadora se confesó y ya está perdonada; el caso del perdón del sacerdote
como acceso al perdón divino bloquea el proceso de atención tanto a la
víctima como a la persona victimaria; el abuso contra el niño o la niña se
considera como una prueba de Dios no solo para la víctima sino también para
la familia misma; la abuela abusada indica: "esa es mi cruz", y pasa a su
hija la misma idea: "esa es tu cruz"; la persona abusadora, cuando entiende
que sus actos son pecado, también entiende que no por su propia causa, y
como último ejemplo, quizá particularmente paralizante de un proceso de
sanación del abuso, es la creencia de que recibir ayuda es falta de fe.
Nuevos lenguajes
Esta incidencia del factor religioso en las relaciones
sociales y particularmente en los procesos de violencia hacen urgente, a
juicio del investigador, desarrollar la construcción de nuevos lenguajes
teológicos que permitan trabajar con la realidad del abuso, en el marco de
una valoración desde los derechos humanos de la niñez.
Esto exige la reconstrucción de las bases de la teología
fundamental, cuya tarea es aportar los insumos teóricos tanto para el método
teológico propiamente dicho como para la producción de teología.
En ese sentido, dijo, se trata de trabajar, no solo con
los conceptos clave ya dados por la tradición teológica académica, sino
también, con la constitución de una nueva agenda temática que integre, de la
forma más clara e interdisciplinaria, las nuevas problemáticas humanas
producto del desarrollo cultural y científico.
Así, conceptos como autoridad (jerarquía, maternidad,
paternidad, disciplina, castigo, recompensa, y otros), pecado, culpa,
perdón, gracia, salvación, comunidad de fe, antropología teológica,
requieren de una profunda recomprensión tanto como la fe misma.
Para el investigador, con esta investigación se trata de
cumplir con el papel social de la teología académica universitaria como
aporte significativo en la cultura costarricense en pro de la construcción
de nuevas y más ricas relaciones humanas alimentadas por la paz y la equidad
como un proceso construido desde la infancia.
Desde la teología cristiana
Según explicó Mena Oreamuno, la teología cristiana ha
construido una estructura simbólica ordenada y jerárquica que sostiene
relaciones asimétricas de género, etáreas, raciales y sociales. Se trata de
la construcción social de una cultura basada en la violencia simbólica en
donde se da la victimización de las personas cultural y socialmente
marginalizadas, es decir, éstas deben someterse a procesos de violencia de
forma sistemática, asimilados de buena y propia voluntad.
A partir de este presupuesto,
crítico por demás, de las tradiciones cristianas, se puede retomar el
problema de estudio de una forma orgánica con la realidad cotidiana e
institucional del proceso de atención a la niñez abusada. Se entiende
orgánica como un aspecto propio de la cultura costarricense, que evita la
confrontación de los problemas por medio de la mediación necesaria de una
víctima expiatoria |
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