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La Masonería ante la historia
La masonería es un fenómeno histórico que está presente
constantemente a lo largo de estos tres últimos siglos. Y,
sin embargo, pocos temas, incluso hoy día, se manifiestan
tan polémicos y controvertidos. Es curioso constatar que
cuando aparece en una conversación, tertulia o conferencia,
la reacción inmediata es una toma de posición en no pocos
casos apasionada. Ya en 1923, en la revista masónica
española Latomía, acusaban este defecto y afirmaban que si
los ataques eran triviales, las apologías no pasaban de
medianas. De ahí que ante la falta de una auténtica historia
de la masonería, pedían que se prescindiera de afirmaciones
dudosas y de hechos incomprobados una historia descargada de
mitos y limpia de tesis aventuradas, y sobre todo escrita
con verdad.
Lo cierto es que hasta hace poco, la masonería era algo que
se desconocía en España, aunque se hablaba mucho de ella. El
famoso «contubernio judeo-masónico-comunista» llegó a
hacerse familiar, si bien muy pocos sabían de hecho lo que
significaba o intentaba camuflar. La masonería se había
convertido en un recurso fácil sobre el que echar la culpa
de todo lo malo, tanto en el terreno político, como en el
religioso, social, e incluso histórico.
Hoy día —y en especial desde la creación del Centro de
Estudios Históricos de la Masonería Española, con sede en la
Universidad de Zaragoza— ya empiezan a ser numerosas las
publicaciones que se ocupan con criterio histórico y
objetivo de esta asociación más discreta que secreta, a
pesar de que la Real Academia de la Lengua la haya definido
en 1979 como una «asociación secreta de personas que
profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y
signos especiales y se agrupan en entidades llamadas
logias», definición que vino a sustituir la que —quizá
excesivamente simplista — se recogía en el Diccionario de la
misma Real Academia, donde la masonería se definía como una
«asociación Secreta en que se usan varios símbolos tomados
de la albañilería, como escuadras, niveles, etc.».
Pero. ¿es en realidad secreta?. ¿su fraternidad es
exclusiva?. ¿cuál es la ideología o el credo masónico? Y,
sobre todo, ¿cuál su verdadero impacto en nuestra historia?,
¿hasta dónde llega el mito, y dónde empieza la realidad? Se
habla poco de la masonería medieval operativa, constructora
de catedrales. y se ha novelado demasiado sobre la nueva
masonería especulativa o filosófica nacida en 1717. Se
insiste mucho en el anticlericalismo masónico y a veces se
olvida el antimasonismo clerical. Se repite hasta la
saciedad la vinculación masónica de los próceres de la
independencia de la América española, en especial la de
Bolívar, olvidando que en 1828 el mismo Bolívar prohibió la
masonería en Bogotá. Se confunden logias patrióticas, o si
se prefiere se identifican las sociedades patrióticas con
las sociedades secretas y a éstas, sin más, con la
masonería. Se ha equiparado la masonería con el comunismo,
cuando, hasta la reciente perestroika, los únicos países
donde estaba prohibida y perseguida la masonería eran
precisamente los comunistas.
Nos movemos, pues, en un terreno polémico y resbaladizo, en
muchos casos por hacer, donde los datos y las
contradicciones son frecuentes tanto en los apologistas de
la masonería como en sus detractores. La masonería, que
cuenta hoy en todo el mundo con más de cinco millones de
miembros, a la que han pertenecido y pertenecen grandes
figuras del campo de la historia mundial, de la milicia, de
la política, de la ciencia, etc., sigue siendo en gran
medida algo desconocido y misterioso —cuando no tenebroso
para el gran público. Frente a una asociación iniciática,
filantrópica y cultural, conocida y respetada en no pocas
naciones como Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia,
Holanda, Alemania, Suecia, etc., donde son públicos sus
miembros y sus obras, en otros países más típicamente
latinos la sola palabra masonería ya es casi sinónimo de mal
o insulto. Viene a ser una materialización de los poderes de
las tinieblas, algo demoníaco e infernal.
La masonería no es un partido político, ni un sindicato;
tampoco es una religión, ni una secta, y ni siquiera es, en
la actualidad, una sociedad secreta, aunque, naturalmente,
tenga sus secretos como cualquier otra institución. Por
supuesto, tampoco tiene nada que ver con toda esa serie de
leyendas con las que en algunos países, como el nuestro, se
la ha rodeado.
Las páginas que siguen pretenden acercamos a esta parte de
la historia, no por ignorada menos interesante y real.
1. Orígenes medievales de la masonería
Si nos atuviéramos a lo que ciertos escritores han dicho
sobre el particular, nos encontraríamos con más de cuarenta
opiniones diversas sobre el origen de la masonería. Desde
las que hacen fundadores de la misma a Adán, Noé, Enoch,
Moisés, Julio César, Alejandro Magno, Jesucristo, Zoroastro,
Confucio, etc., hasta los que atribuyen dicha paternidad a
los jesuitas, rosa-cruces, templarios, judíos..., pasando
por los magos, maniqueos, albigenses, esenios, terapeutas,
etc.
Sin embargo la realidad, y en este caso la verdadera
historia, es mucho más sencilla. Las sociedades del orden
que sea, religiosas, políticas, profesionales, económicas o
comerciales. Observaban antaño un ritual durante sus
reuniones tenían símbolos, programas y palabras de orden o
contraseñas. En la Antigüedad, desde la Edad Media,
normalmente lo que se aprendía se tenía escondido. Así se
comprende por qué era tan difícil, si no imposible, pasar de
una clase a otra, o incluso cambiar de oficio. Estas
asociaciones o sociedades correspondían a grupos
o categorías sociales, y unos y otras, por interés o por
miedo, solían guardar celosamente sus secretos. Asociaciones
semejantes se formaron en todos los cuerpos de oficios. Y
asociaciones de este tipo han existido siempre, y siguen
existiendo en nuestros días, con gran variedad de colores,
matices e ideologías, tanto políticas como religiosas.
1. Los constructores de catedrales y la logia
Pero pocos gremios del Medievo tuvieron tanto influjo y
repercusión en la historia posterior como el de los
constructores, hoy día señalado de forma inequívoca como
originario de aquella masonería operativa, que
posteriormente, a comienzos del siglo XVIII, daría paso a la
actual masonería especulativa, tan distinta en sus fines,
pero tan igual en sus ritos y ceremonias de iniciación, en
su nomenclatura y organización.
El gremio de los albañiles era uno de los mejor organizados
y más exclusivos de la Edad Media. Alcanzar el puesto de
maestro albañil equivalía a convertirse en una de las
figuras más importantes del país. En Europa existió en
varias formas una organización sumamente desarrollada de
este oficio. |
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En sus orígenes, la logia parece haber servido para
designar a la vez un lugar geográfico y un tipo de organización.
Es decir, por una parte, el lugar donde los obreros trabajaban,
descansaban y comían, y por otra, bien el grupo de masones que
trabajaban en una obra concreta o el conjunto de masones de una
ciudad.
La logia era un obrador y un refugio y, en ocasiones, podía ser
incluso un edificio permanente. De ordinario era una casa de
madera o piedra donde los obreros trabajaban al abrigo de la
intemperie, pudiendo contener de doce a veinte canteros. En
realidad, desde el punto de vista laboral, era una oficina de
trabajo provista de mesas o tableros de dibujo, en la que había
un suelo de yeso para trazar los detalles de la obra. Desde el
punto de vista administrativo, la logia era también un tribunal,
en el que el grupo de hombres que en ella se reunía estaba bajo
la autoridad del maestro albañil, quien mantenía la disciplina y
aplicaba las normas del oficio de la arquitectura.
La construcción de grandes edificios públicos establecía
vínculos de estrecha relación entre los artistas y los operarios
durante el largo lapso de tiempo en que habían de convivir. Y
así surgía una comunidad de aspiraciones estable y un orden
necesario por medio de una subordinación completa e
indiscutible. La cofradía de los canteros estaba formada por
aquellos operarios hábiles que abarcaban, por una parte, los
obreros encargados de pulimentar los bloques cúbicos y. por
otra, los artistas que los tallaban y los maestros que eran los
que dibujaban los planos.
Allí donde se acometían obras de alguna importancia se
construyeron logias, y a su alrededor habitaciones convertidas
en colonias o conventos, ya que los trabajos de edificación
duraban varios años. La vida de estos trabajadores estaba
reglamentada por estatutos, cuyo fin principal era lograr una
concordia completamente fraternal, porque para realizar una gran
obra era indispensable que convergiera la acción de las fuerzas
unidas.
De ahí la importancia de los primitivos rituales dirigidos a
conseguir de los neófitos una verdadera iniciación a la vez
profesional y espiritual. Basta recordar hasta qué punto la
religión penetraba e inspiraba todos los gestos de la vida. Y
los que tenían por misión levantar sobre el suelo de la
cristiandad iglesias, monasterios y catedrales, debían, más que
los demás, añadir a la destreza técnica un espíritu honesto y un
alma verdaderamente iluminada por la fe. Destreza y fe, no
exentas de libertad para criticar los abusos, excesos y faltas
que dichos masones operativos veían en algunos miembros del
clero de la época, y que de una forma tan magnífica plasmaron
esencialmente en los famosos juicios finales de no pocas
portadas de las catedrales europeas, como símbolo y testimonio
de una fe sincera no incompatible con el espíritu libre y
crítico de los creyentes escandalizados de las contradicciones
de ciertos clérigos, obispos e incluso papas.
2. Estatutos
El Canónigo Grandidier, uno de los mejores y más antiguos
historiadores de la catedral de Estrasburgo, en su ensayo
histórico y topográfico de dicha iglesia— catedral da un resumen
de los estatutos de los canteros medievales:
Enfrente de la Catedral y del Palacio Episcopal existe un
edificio contiguo a la capilla de Santa Catalina. Este edificio
es el Maurer-Hoff el taller de los masones (albañiles) y
canteros de la catedral. Su origen data de una antigua
confraternidad de masones libres de Alemania.
Esta confraternidad, compuesta de maestros, compañeros y
aprendices, poseía una jurisdicción particular, independiente
del cuerpo de los otros masones. La sociedad de Estrasburgo
abarcaba a todas las de Alemania. Tenía su tribunal en la logia,
y juzgaba sin apelación las causas, que eran tratadas según las
reglas y estatutos de la confraternidad.
Los miembros de esta Sociedad no tenían comunicación alguna con
los otros masones, que solamente sabían emplear el mortero y la
paleta (art. 2). Su principal trabajo consistía en el diseño de
edificios y en la talla de las piedras, lo que consideraban como
un arte muy superior al de los otros masones. La escuadra, el
nivel y el compás, se convirtieron en sus atributos y símbolos
característicos. Resueltos a formar un cuerpo independiente de
la masa de obreros, imaginaron entre ellos palabras de
contraseña, y toques para distinguirse. A esto llamaban la
consigna verbal, el saludo, la contraseña manual. Los
aprendices, los compañeros y los maestros eran recibidos con
ceremonias particulares y secretas. El aprendiz elevado al grado
de compañero prestaba juramento de no divulgar jamás de palabra
o por escrito las palabras secretas del saludo (art. 55). Estaba
prohibido a los maestros, así como a los compañeros, instruir a
los extranjeros en los estatutos constitutivos de la masonería
(art. 13).
El deber de cada maestro de las logias era conservar
escrupulosamente los libros de la Sociedad, a fin de que nadie
pudiera copiar de ellos los reglamentos (art. 23). Tenía el
derecho de juzgar y castigar a todos los maestros, compañeros y
aprendices establecidos en su logia (Arts. 22 y 23). El aprendiz
que quería llegar a compañero era propuesto por un maestro que,
como padrino, daba testimonio de su vida y de sus costumbres
(art. 65). Prestaba juramento de obedecer todos los reglamentos
de la Sociedad (arts. 56 y 57). El compañero estaba sometido al
maestro hasta un tiempo fijado por los estatutos, que era de
cinco a siete años (arts. 43 y 45). Entonces podía ser admitido
a la Maestría (arts. 7 y 15). Todos aquellos que no cumplían los
deberes de su religión, que llevaban una vida libertina o poco
cristiana, o que eran reconocidos infieles a sus esposas, no
podían ser admitidos en la Sociedad o eran expulsados de ella,
con prohibición a todo maestro o compañero de tener ningún trato
con ellos (arts. 16 y 17). Ningún compañero podía salir de la
logia o hablar sin permiso del maestro (arts. 52 y 54). Cada
logia tenía una caja: allí se ponía el dinero que los maestros y
compañeros daban en su recepción. Este dinero era empleado para
las necesidades de los cofrades pobres o enfermos (arts. 23 y
24).
Al igual que en Estrasburgo. existían importantes logias en
Berna, Colonia, Viena, Zürich y Ratisbona, cuyos jefes eran
reconocidos como jueces supremos de las sociedades autónomas,
compuestas de maestros, aprendices y compañeros, siendo el
maestro de la logia principal de la catedral de Estrasburgo el
encargado de juzgar y resolver las diferencias surgidas entre
los afiliados. De hecho, pues —y aquí radica la importancia del
descubrimiento de Grandidier—, en todo el imperio, y en
realidad, más allá de éste, existió una amplia jurisdicción bajo
la autoridad del maestro de la logia de Estrasburgo, con zonas
subordinadas, regidas desde Berna, Colonia, Viena y Ratisbona,
cuyo dominio se extendía a toda Hungría, así como a los ducados
austriacos. Tras la ocupación de Estrasburgo por Luis XIV, la
logia quedó aislada de las demás. Las de Colonia y Viena fueron
disueltas en 1707.
3. Patronos protectores y Gran Arquitecto deL Universo
Como todos los gremios medievales, también los albañiles tenían
sus patronos protectores, que eran honrados con solemnes
fiestas. Estos eran los dos San Juan. el Bautista y el
Evangelista, más conocidos con el nombre de San Juan de verano y
San Juan de invierno, y en especial los cuatro Santos Coronados,
quienes figuran en lugar destacado en los correspondientes
Estatutos de los Canteros de la época. Así, por ejemplo, los
Estatutos de Ratisbona, de 1559, comienzan de esta forma: «En el
nombre del Padre, del Hijo. del Espíritu Santo, de la
bienaventurada Virgen Maria, así como de sus bienaventurados
siervos, los Cuatro Santos Coronados, a su memoria eterna».
El documento, tras mencionar la jerarquía corporativa de
maestros, compañeros y aprendices, precisa que para entrar en la
corporación es preciso haber nacido libre y ser de buenas
costumbres, no pudiendo, el masón, vivir en concubinato, ni
entregarse al juego. Es obligatoria la confesión y la comunión,
al menos una vez al año; los bastardos son excluidos; y los
masones itinerantes son objeto de previsiones particulares.
No cabe duda que los masones medievales disfrutaban de una
posición social relativamente elevada, y tendieron hacia la
creación de una profesión arquitectónica, cuyos miembros eran
considerados como individuos que ejercían un arte liberal, más
que un oficio básico. Su encumbrada posición se percibe también
en la iconografía medieval de Dios Padre, como Creador, trazando
el Universo con un gran compás (véase ilustración 1.1). El
concepto de «Gran Arquitecto del Universo» se remonta, por lo
tanto, mucho más allá de la moderna expresión de la idea.
Se suele reproducir en las Biblias ilustradas el gran compás con
el cual Dios traza el límite del universo. Compás, que es un
instrumento típicamente medieval, y no -como podría creerse a
primera vista- demasiado grande. Con él el maestro masón podía
trasladar el diseño de un croquis previo más pequeño al tamaño
real, en un suelo cubierto de yeso.
Fuente: http://es.geocities.com/cllavagnini/chave5.html |
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