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Diana Malamud |
0904 - "Que el Presidente (Kirchner) diga
cómo sucedieron los hechos"
Con esta sencilla frase, Diana
Malamud
expresa en forma contundente, que cualquier presidente que se precie de tal
tiene en sus manos las llaves de los secretos que esconde un estado. En este
caso, además, Néstor Kirchner no puede ignorar lo que pasó. Ningún político
y funcionario de alto rango ignora lo que sucede en los laberintos más
deshonrosos del poder. Responder con retórica
y con el acometimiento de una comisión especial para investigar los hechos,
no sólo es insuficiente y burla la paciencia de los familiares de las
víctimas y de toda la humanidad, sino que intenta postergar, una vez más, la
tan esperada voz oficial que exprese lo que todos sabemos que sabe: la
verdad - JTC
0904 -
Martín Granovsky
- Página 12
El 18 de julio de 1994 el arquitecto Andrés Malamud dirigía las refacciones
del edificio de la AMIA. La bomba lo mató. Diana tenía entonces 35 años y
dos nenas que ahora son adolescentes. Con otros familiares de víctimas formó
Memoria Activa, el organismo al que la Argentina le debe el recuerdo
permanente de los lunes por la mañana, con el sonido desgarrador del cuero
frente a Tribunales, pero también que la trama de encubrimiento haya quedado
al desnudo.
–¿Cuál fue su reacción el jueves, mientras los jueces leían el veredicto?
–Primero de sorpresa. De mucha sorpresa. Después de la sorpresa, de mucho
dolor. Me daba cuenta de que la causa AMIA y la muerte iban a quedar
definitivamente impunes.
–¿Impunes por el fallo?
–No. Impunes porque 10 años después no tenemos absolutamente nada. Lo que se
demostró el jueves es lo que venimos denunciando y lo que hemos denunciado
ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: el Estado argentino es
el responsable de que no hayamos podido llegar a la verdad.
–¿Por qué dice que se sorprendió al principio?
–Pensé que sería más fácil dejar a alguien preso. Así, en cambio, quedó
demostrado que todo el Estado fue trabajando en el armado de la causa luego
del atentado. También me sorprendió la actuación del tribunal oral.
–¿Qué la asombró?
–Actuaron con mucha valentía. Rompieron la corporación. Me sorprendió mucho
porque hasta ahora nadie desde el Estado se había animado a decir que el
propio Estado es responsable de lo que pasó.
–Usted habla de la segunda parte del veredicto, donde los jueces piden que
la Justicia y el Consejo de la Magistratura investiguen a Juan José Galeano,
Norberto Oyarbide, Gabriel Cavallo y ex funcionarios como Hugo Anzorreguy y
Carlos Corach.
–Imaginaba una parte: Galeano. Pero no pensaba que llegarían hasta Oyarbide,
Cavallo, la bicameral de seguimiento de la AMIA y la abogada de la DAIA,
Marta Nercellas. Fue una buena sorpresa. Lamento que todavía no estén los
fundamentos, porque eso hubiese esclarecido mucho la situación.
–¿Usted ve un panorama confuso?
–Sí, hay mucha confusión. Se repudia el veredicto y al mismo tiempo se dice
que con este fallo el Estado argentino fue responsable del encubrimiento y
la mentira. Pero precisamente lo que hicieron estos jueces fue decir que el
Estado argentino es el responsable. Seguir dejando que la gente siguiera
presa en proceso de instrucción hubiera sido lamentable. No hubiera servido.
Y lo que creo que verdaderamente no sirve es lo que hizo el Estado antes.
Todo mal y a propósito. Hubiera sido políticamente más fácil terminar el
proceso con tres presos, y todo bien.
–¿Cree en la inocencia de Juan José Ribelli o Carlos Telleldín?
–No importa lo que yo crea. Aun si esta gente fuese responsable del
atentado, ¿cómo saberlo? ¿Sobre la base de qué? ¿Usando el desastre que hizo
Galeano? Volver a fojas a cero es imposible. Diez años perdidos son
irrecuperables. Se perdieron pruebas, Se destruyeron pruebas. Esto es lo que
me da un odio terrible. ¿Cómo hace uno para vivir sintiendo que nunca más
sabrá nada?
–¿No ve ninguna posibilidad de saber qué pasó?
–Una en un millón. Que aparezca un arrepentido. Se perdió mucho tiempo.
Demasiado.
–¿Cuál es su mayor reproche a Galeano?
–Privarnos de justicia. Lo hizo delinquiendo. Le pagamos el sueldo. Y sigue
siendo juez de la Nación.
–¿Cuál habría sido el mayor delito de Galeano?
–Pagarle a Telleldín. Frente a eso hasta parecen menores cosas tan graves
como las cámaras de video en su despacho, las causas anexas que tenía y a
las que nuestra parte no tenía acceso, el armado de pistas falsas, las
pinchaduras de teléfono...
–¿Por qué dice que pagar fue el mayor delito?
–Porque destruyó la posibilidad de llegar a la verdad.
–¿Distrajo?
–No necesariamente. Puso chivos expiatorios. Mire, no sé si los policías
están relacionados o no con el atentado. El problema es que no puedo
saberlo. Galeano logró que durante años se perdiera el tiempo.
–¿Es estupidez o plan?
–Estupidez no es. Bajo ningún punto de vista. Es el uso de unos por parte de
otros. Es soberbia. Es haber pensado que iban a transitar el camino de la
fama. Es dinero. Es tapar su propia ineptitud y su ineficacia. Era muy
sencillo en este país dejar las cosas como estaban. No les costó ningún
trabajo.
–¿Incluye a Corach y Anzorreguy?
–Estaban al tanto. En muchos casos directamente pergeñaron y encubrieron.
–¿Por qué cree que lo hicieron?
–Todo puede ser. El camino de lo posible es múltiple. El gobierno menemista
debía decir algo. Había presiones internacionales, sobre todo de los Estados
Unidos. Armar una causa era una forma sencilla determinar el tema. Una
respuesta a la sociedad argentina. Que los familiares nos dejáramos de
joder. Y tenían garantizada la impunidad. Nunca imaginaron que alguien iba a
ponerse a investigar.
–¿Tiene alguna hipótesis concreta de quién cometió el atentado y cuál era la
conexión local?
–No la tengo. La cambié a través de los años. Sé que les debo a todos ellos
no tener una hipótesis exacta de lo que pasó. Volaron un edificio. No es tan
sencillo volar un edificio. Acá sí lo fue.
–¿Cambió su forma de ser judía en estos 10 años?
–No podría definirlo. He tenido en los últimos años mucha mas relación con
la comunidad judía que anteriormente. Primero pensé que la comunidad me iba
a representar, que iban a trabajar por la verdad y la justicia. Imaginé que
habría avances. Hasta confié en Galeano, con eso le digo todo. Sé que los
dirigentes de las instituciones no son la gente, pero me avergüenzan como
judía. Recuerdo durante el juicio oral cuando los jueces quisieron que todas
las partes opinaran sobre si los miembros de la SIDE debían declarar en el
juicio y se abrieran los archivos. La única en contra fue la DAIA. Argumentó
sobre la defensa del secreto de Estado. Y era parte, no era el Estado. Fue
bochornoso. Eso habla de que ellos mismos tienen cosas para tapar. No les
convenía este fallo. A mí ellos no me representan. Y no solo ellos. ¿Dónde
están los que no se paran en la puerta de la DAIA a pedir la renuncia de la
conducción? Es una vergüenza. Es vergonzoso que la abogada de la DAIA en el
juicio sea la misma de Rubén Beraja. Y que quien ahora está a cargo de la
presidencia de la DAIA sea Jorge Kirzembaum, el ex abogado del Banco Mayo.
Una vez el Día del Perdón cayó un lunes, nuestro día del acto de Memoria
Activa. No sabíamos qué hacer. Después de discutir mucho, resolvimos que
habría acto, pero no micrófonos ni oradores. ¿Sabe quién vino y habló con un
megáfono? Kirzembaum.
–¿Qué hará Memoria Activa de ahora en adelante?
–Veremos en cuál de todas las causas vamos a ser querellantes. Eso es lo que
queda de todo esta basura, del encubrimiento y de la investigación que no se
hizo. Me imagino que muy pronto saldrá el dictamen de la CIDH. También
deberemos sentarnos a pensar qué vamos a pedir exactamente. Una cosa, sin
duda: tiene que haber cambios en la Justicia federal. El Estado es culpable.
Eso está claro. No tiene discusión. Por suerte en Memoria Activa hace muchos
años pedimos el apartamiento de Galeano. Calculo que ahora caerán muchas de
las causas en el juzgado de Claudio Bonadío, que lleva adelante la causa
contra Galeano por irregularidades. En la causa AMIA, exigir justicia ya
quedó obsoleto. Es doloroso decirlo, pero es así. Uno puede exigir otras
cosas, y prestar atención a lo que pase con las causas, con el trámite en el
Consejo de la Magistratura, con el jury a los fiscales. Va a ser arduo.
–¿La llamaron desde el exterior?
–Sí. Estaban sorprendidos e indignados. Es que hemos hecho un papelón
fenomenal como país. Pero hubo una buena respuesta. Muchos de los que atendí
por teléfono estaban confundidos con la absolución. Creían que era malo. Y
es malo no haber llegado a una situación de justicia, pero lo contrario no
era bueno. Porque la justicia tiene que ser real y verdadera.
–No apareció Carlos Menem entre los funcionarios a investigar según la
indicación del tribunal oral.
–Me asombra. Espero que alguna de las causas que se abran lleven hacia él.
–¿Habló con los jueces del tribunal oral?
–No, jamás. Ni nos propusimos hacerlo. Consideramos que ellos debían hacer
su trabajo y nosotros el nuestro como querellantes. Nosotros no haríamos
nada que nos moviera de ese lugar.
–¿Cuándo fue la última vez que hablaron con el presidente Kirchner?
–No bien asumió. Si me llamara ahora, le diría que el Gobierno debe tomar la
decisión política de que esto siga un curso de la Justicia. Porque
sinceramente lo que demuestra el veredicto es que la Justicia no funcionó. Y
cuando no funciona la Justicia otras cosas tampoco andan. Se habla de
inseguridad. Pero no puede haber seguridad sin justicia. Igual, tenemos en
claro las diferencias. El gobierno de Menem fue el que garantizó la
impunidad. Fue el constructor de la impunidad, y no sólo el garante. El
gobierno de Fernando de la Rúa siguió un camino idéntico. Kirchner dio
diferentes muestras de su oposición a la impunidad, pero no son suficientes.
–¿Qué debería hacer?
–El Estado tiene que hacerse cargo de que la desastrosa investigación fue su
responsabilidad. Y debe asumirla.
–¿De qué manera?
–Que el Estado diga cómo fue la investigación. Que el Presidente diga
cómo sucedieron los hechos. Que se acaben las corporaciones. Que se
ponga energía. Ahí es donde el Estado demostrará si tiene voluntad política
en la causa Amia. Por ejemplo, uno se imagina a Galeano renunciando. No
deben aceptarle la renuncia. A esta gente se la debe juzgar, no aceptar que
renuncien y se vayan. A Galeano hay que destituirlo. Expresar la voluntad
con mucha decisión política.
–El Gobierno estudia formar una Conadep para el encubrimiento en la causa
AMIA. ¿Qué opina?
–No sé bien de qué se trata. Todavía no lo tengo claro. Pero la Argentina de
hoy no es la Argentina de 1984. La democracia tiene que madurar y las
instituciones tienen que funcionar como corresponde. No estaría de acuerdo
con una comisión especial si así se deslindan responsabilidades
institucionales. El Poder Ejecutivo ahora tiene que impulsar con mucha
fuerza política la acción de la Justicia, y nada es más importante que esa
tarea.
–¿Tuvo contacto con los dirigentes de la DAIA después del fallo?
–Sí, pero ustedes no podrían reproducir lo que les dije.
–Podríamos.
–No. No se lo imagina. Es demasiado. Se fueron todos cabizbajos y
meditabundos. Se equivocaron. Yo no les perdono la equivocación diez años
después. Yo no lo perdono eso.
–¿Cuántos años tienen sus hijas?
–Una 15 y la otra 13.
–¿Cómo están?
–La verdad es que muy preocupadas, Muy shockeadas. Me preguntaban: “¿Cómo no
hay culpables?”. Es difícil de explicarles que no los hay y que no los
habrá. Difícil de explicar y difícil de digerir.
Retórica y
Comisión especial
El jefe de
Gabinete, Alberto Fernández, reafirmó “el fuerte compromiso” del Gobierno de
investigar a fondo las responsabilidades políticas del menemismo en el
encubrimiento del ataque a la AMIA. Y en esa línea, no descartó que la Casa
Rosada impulse una comisión independiente al estilo de la Conadep para
avanzar en el esclarecimiento del atentado que dejó 85 muertos en 1994. “El
Gobierno va a hacer todo lo que esté a su alcance para desentrañar la
verdad”, aseguró.
Se trataría de un cuerpo independiente y autónomo del poder político, con
amplias facultades y conformado por reconocidos y prestigiosos personajes de
la sociedad civil.
Con este proyecto en la mira, en el Gobierno recibieron de buen grado la
noticia del comienzo de acciones legales contra el ex ministro del Interior,
Carlos Corach, y el ex hombre fuerte de la Side durante el menemismo, Hugo
Anzorreguy
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