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"Las
"democracias" organizan una guerra
implacable contra todos los pobres del planeta"
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Clarín 1004 -
por Héctor Pavón
Alain Badiou sostiene que frente a la
permanente amenaza belicista los intelectuales deben tener más protagonismo.
Dice que EE.UU. exporta la democracia a Irak como la Conquista evangelizó a
los indios
Un militante de la
verdad, un combatiente". Así, dice Alain Badiou, debe ser el intelectual
contemporáneo. Así también se asume Badiou, quien siempre defendió el papel
activo del filósofo frente a los ataques de quienes cuestionan la validez de
la filosofía para analizar las problemáticas del tiempo presente. "No sólo
mantengo que la filosofía es hoy posible, sino que además esta posibilidad
no tiene la forma de la travesía de un final. Se trata, al contrario, de
saber lo que quiere decir: dar un paso más. Un solo paso. Un paso
en la configuración moderna, que vincula desde Descartes, a las condiciones
de la filosofía los tres conceptos nodales que son el ser, la verdad y el
sujeto", escribió en Manifiesto por la filosofía (Nueva Visión). Hoy
reivindica esa posición a través de un breve conjunto de ensayos titulado
simplemente Circunstancias (Libros del Zorzal) donde con sólo tres
artículos exhibe la contundencia de su pensamiento político reivindicando el
papel que le cabe al filósofo para el análisis coyuntural de la globalidad,
sus devenires y también de la situación francesa frente a un acto
eleccionario decisivo.
Badiou es uno de los más importantes referentes de la filosofía francesa
actual, un baluarte del pensamiento crítico formado en el marxismo, el
maoísmo y con los protagonistas del existencialismo, el estructuralismo y el
psicoanálisis. Hoy se lo denomina un pensador posmarxista que no ha
abandonado la idea de una política de liberación y emancipación de los
hombres y que lleva en su escritura y en su pensamiento la marca y la
"huella" de tres maestros fundamentales como lo han sido Jean-Paul Sartre,
Louis Althusser y el "antifilósofo" Jacques Lacan. Con ellos estableció
jóvenes relaciones de discípulo que luego se transformaron en vínculos entre
iguales. Y entre sus referencias canónicas se encuentran Platón, Hegel y
Husserl. Después compartió ideas y contradicciones con Gilles Deleuze,
Michel Foucault, Jean-Fran.ois Lyotard. Con Deleuze mantuvo algunos
enfrentamientos y una reconciliación materializada en el libro Deleuze
(Manantial): "Se trata más bien de acabar lo inacabable: una amistad
conflictiva que, en cierto sentido, jamás tuvo lugar", escribió. Allí Badiou
muestra diferencias y coincidencias con el autor de La lógica del sentido.
Entre las últimas rescata la postura contra los "nuevos filósofos": "El ve
muy bien que al pretender modificar la tradicional relación de libre reserva
de los filósofos con respecto a los medios de comunicación y a la opinión, y
al convertirse en portavoces de la 'crítica vulgar' del comunismo, atentan
contra el pensamiento mismo. Comienzo a decirme que cuando se abre una nueva
secuencia y otros adversarios entran en escena, las alianzas del pensamiento
se desplazan o cambian incluso completamente".
El cruce con estos pensadores y su formación en la Ecole Normal Supérieure
forjaron su pensamiento ligado estrechamente con el marxismo y el maoísmo.
El recorrido de un camino que se hacía cada vez más intenso e interesante lo
llevó a la Université de París VIII. Allí fue profesor desde 1969 hasta 1999
cuando fue nombrado director del departamento de filosofía de la Ecole.
Badiou, de familia francesa pero nacido en Marruecos, llegó a la conclusión
de que la filosofía "no es una práctica académica sino más bien una manera
de abordar los problemas" y se interesó en analizar aquellas condiciones en
las que un pensamiento se tornaba activo. Desde entonces su compromiso
político se fundió con la actividad académica. Dedicó parte de su obra a la
interpretación de las consecuencias del mayo del 68 y al planteo de su
teoría más importante: la filosofía del acontecimiento. "Un acontecimiento
es siempre localizable. ¿Qué significa esto? En primer lugar que ningún
acontecimiento concierne, de manera inmediata, la situación en su conjunto.
Un acontecimiento está siempre en un punto de la situación en su conjunto,
lo que quiere decir que 'concierne' un múltiple presentado en la situación,
cualquiera sea el significado del término 'concernir'", dice en El ser y
el acontecimiento (Manantial). El acontecimiento es un hecho o una suma
de hechos que no son naturales ni neutrales y que tiene una ubicación
histórica pero que no puede ser calculado ni es previsible. Para dar un
ejemplo local se puede afirmar que los hechos de diciembre de 2001 han sido
el "gran acontecimiento" que vivieron los argentinos.
En esta entrevista Badiou analiza algunos "acontecimientos" como las últimas
elecciones francesas en las que el socialismo le dio el triunfo a la derecha
de Chirac, el terrorismo, la democracia (y la exportación militar que hace
Estados Unidos de ella), la revolución, entre otros temas, y por encima de
ellos, el papel que asumen, o que deben asumir, los filósofos en esta
coyuntura planetaria. "Cuando un acontecimiento es político, no hay
diferencia entre 'acontecimiento' y 'contexto social'. Por el simple hecho
de que un acontecimiento político concierne a masas humanas, concierne a la
dimensión infinita de la vida colectiva", sostiene Badiou desde su casa en
París.
- —Usted señala en "Circunstancias" que la crítica a los filósofos radica
en que: "el verdadero reproche es que, en definitiva, exclusivamente
preocupados por afirmar los caminos de la salvación que pretenden detentar,
ellos no muestran ningún interés por los sufrimientos de la humanidad ni se
preocupan por las víctimas. En suma: siguen filosofando como si no pasara
nada, 'después de Auschwitz'". Entonces, ¿Se puede seguir filosofando
después del 11 de septiembre, la invasión a Irak, las torturas y los
atentados en Rusia?
- —¡Pero esa pregunta no puede tener sentido! La filosofía existe porque
hay crisis, guerras, revoluciones y catástrofes. La filosofía existe siempre
en condiciones más o menos dramáticas. Trata, precisamente, de pensar el
drama, el horror, al mismo tiempo que la paz y la alegría. La filosofía no
tiene límites. Su único tema es la verdad, y ese tema no admite límite
alguno.
- —En "Circunstancias", usted cita al ensayista Alain Peyrefitte en la
ocasión en la que dijo a los socialistas franceses, que estaban en el poder
desde 1981, que ellos habían sido elegidos "para cambiar el gobierno y no la
sociedad." ¿Los intelectuales franceses, en particular, y del resto del
mundo en general, pueden desempeñar un papel de observadores activos de la
democracia y del funcionamiento de sus gobiernos?
- —No veo por qué el intelectual debería ser un "observador". Tiene que
ser un actor, un militante de la verdad, un combatiente. La ideología del
"espectador", que se encuentra en la filosofía política de Hannah Arendt, es
muy discutible. No somos testigos del mundo; tenemos que incorporarnos al
devenir, con frecuencia paradójico y violento, de las verdades, ya sea que
esas verdades sean políticas, artísticas, amorosas o científicas.
- —¿Pero usted cree que en la actualidad, la sociedad escucha al
intelectual? ¿Lo tiene en cuenta? ¿Los intelectuales van por el mismo camino
que transita la sociedad?
- —El intelectual forma parte de la sociedad; no es un elemento extraño
ni externo. Tiene que hablar, intervenir, actuar, según principios. Es
necesario decir sin reservas ni cálculos lo que se piensa. Una verdad
siempre hace su camino, aunque ese camino sea lento y tortuoso. No tenemos
que "calcular" nuestro público, como lo hace la televisión. No somos
comerciantes de ideas. Si los "intelectuales" quieren que su pensamiento sea
activo, deben seguir un viejo consejo de Mao Tse Tung: unirse a las masas,
organizar a los obreros, a los empleados, a los pobres. No hay que limitarse
a estar entre ellos, ni creer que las ideas de la pequeña burguesía son las
de todo el mundo.
Algunos de los acontecimientos franceses que Badiou ha analizado en este
libro son la democracia, las elecciones presidenciales francesas de 2002 y
la actitud de los socialistas que terminaron votando a Jacques Chirac para
evitar el ascenso del ultraderechista Jean Marie Le Pen. Además también ha
trabajado sobre el "cuestionable" valor simbólico y/o concreto del voto.
- —¿Los socialistas franceses se arrepienten de haber votado a Chirac?
- —¡Pregúnteselo a los socialistas! Yo combato al partido socialista
francés reaccionario desde mi juventud, cuando ese partido dirigía la guerra
colonial en Argelia. No me interesan los dilemas espirituales de los
socialistas.
- —¿Usted cree que hay una importante brecha entre el deseo del votante y
su correlato en la realidad, y que eso implica una desilusión para el que ha
sufragado y después no se siente representado por los elegidos?
- —El votante reemplaza a un equipo de gobierno por otro dentro de
límites muy estrechos. Debería saber que nunca en ningún lugar el voto
provocó un cambio radical. No se puede esperar del voto más de lo que puede
dar, que es muy poco.
- —¿Es posible esperar de la democracia algunas soluciones concretas para
equilibrar un mundo tan desigual e inequitativo?
- —¿A qué llama "democracia"?
- —A la voluntad de un pueblo para elegir un gobierno, vivir en libertad,
protestar, ejercer sus derechos...
- —Me parece que es evidente que las "democracias" como la de los
Estados Unidos o la de Gran Bretaña, o también la de otros países europeos,
son los regímenes políticos del imperialismo contemporáneo. No se puede
esperar nada de la forma "democrática" de esos Estados que practican la
invasión, el bombardeo, el crimen de masas. En realidad, en la actualidad
las "democracias" organizan una guerra implacable contra todos los pobres
del planeta. El camino es crear una política completamente ajena a esa
presunta "democracia". Al ver la propaganda que hace el Estado de Israel, a
todas luces colonial y militarista, que se presenta como "el único Estado
democrático de Medio Oriente", la única idea posible es criticar a fondo
semejante "democracia".
- —¿Es posible que la democracia sea un bien exportable como han
pretendido los Estados Unidos llevándola a Irak o Afganistán con sus tropas
de ocupación?
- —Los Estados Unidos, y en última instancia todos los Estados
occidentales, quieren llevar la democracia a los pueblos del mundo
exactamente de la misma forma en que los conquistadores pretendían llevar
"la verdadera religión" a los indios. Detrás de los militares siempre hay
misioneros. Después de matar, se convierte. Que la religión actual sea la
"democracia" no cambia las cosas.
- —¿Cuando en la actualidad se usa la palabra terrorismo se lo hace para
incluir y excluir, para definir quién es amigo y quién enemigo?
- —La palabra "terrorismo" siempre se usó para designar a los enemigos
de los ejércitos de ocupación. Durante la ocupación nazi de Francia, se
calificaba de "terroristas" a los miembros de la resistencia. En la
actualidad se utiliza esa palabra para designar, por un lado, a los autores
de crímenes masivos (como en el caso de Nueva York o Madrid) y, por otro, a
los que resisten la invasión y la ocupación estadounidense (como en Bagdad o
Kabul), o también a la resistencia palestina. La palabra "terrorista",
entonces, es claramente una palabra de propaganda de los gobiernos y los
medios. Trato de no utilizar esa palabra.
- —Gobiernos e intelectuales, que trabajan para ellos, clasifican como
terroristas tanto a movimientos fundamentalistas como a los que luchan por
sus derechos en cualquier lugar del planeta. ¿Cuántas clasificaciones son
necesarias para entender qué es terrorismo y qué no lo es?
- —El análisis político no debe usar la palabra "terrorismo" sin una
referencia precisa a la situación. No hay que confundir "terrorismo" y
"resistencia" (en Irak, en Afganistán o en Palestina). Sólo puede
calificarse de "terroristas" a aquellos atentados que se cometen en las
zonas de paz civil, pero atacar a un ejército de ocupación en una situación
de invasión militar (Irak) o de ocupación colonial (Palestina) es un deber
político, de ningún modo una actividad "terrorista".
- —¿Cuál es la composición del "nosotros" que combate el terrorismo?
¿Comprende a los gobiernos? ¿O es una lucha de la sociedad civil?
- —No hay "un" enemigo, ni tampoco "un" terrorismo. Sólo hay situaciones
concretas. Nueva York, Madrid, Bagdad, Pristina, Jerusalén... Todas esas
situaciones políticas son distintas y exigen diferentes apreciaciones.
Palabras como "terrorismo", "islamismo" o "crímenes contra los derechos
humanos" sólo están destinadas a confundir todas las situaciones y a crear
una suerte de estupidez política internacional.
- —En su nuevo libro Michael Hardt y Antonio Negri ("Multitude, war and
democracy in the age of empire") sostienen que ésta es la era de la guerra
permanente. ¿Coincide con esa tesis? Si es así, entonces, ¿no hay paz
posible?
- —¡Pero si desde 1914 la guerra nunca terminó! Hubo guerras coloniales
terribles, como la de Marruecos en los años 20, guerras civiles como la
española, la larga guerra revolucionaria china, que se prolongó desde 1920
hasta 1949, una guerra mundial y también guerras incesantes en Corea,
Argelia, Vietnam, guerras revolucionarias en América latina, como en Cuba o
en Bolivia, o los años de "guerra sucia" que lanzaron las dictaduras contra
la sociedad política en Chile o en la Argentina, y también en Panamá,
Yugoslavia, Irak... Y eso sin tener en cuenta las horrendas guerras civiles
que tuvieron lugar en Africa durante décadas, así como una serie de otros
conflictos en todo el mundo. ¡Las guerras posteriores a la última guerra
mundial causaron muchas más muertes que esa guerra mundial! De hecho, la
afirmación de Jaurès "el imperialismo es la guerra" sigue siendo
completamente válida a pesar de que las formas de la guerra hayan cambiado
porque las formas de la política cambiaron.
- —Quienes defienden las virtudes de los procesos de globalización
económica y cultural dicen que esta situación conecta y puede igualar a todo
el mundo democráticamente. ¿Acaso Africa y América latina viven en el mismo
mundo que lideran Estados Unidos y Europa?
- —El problema no pasa por saber si hay un mundo, dos o tres. El
problema es: ¿qué mundo? Los pueblos del mundo deben unirse contra el (o
los) mundo (s) que el capitalismo desenfrenado y su cómplice ideológico, la
"democracia", instalan en todo el planeta por la fuerza de las armas o el
poder de la mercancía.
- —¿Todavía se puede esperar una situación que pueda calificarse como
revolucionaria? ¿Puede existir una instancia de cambio profundo en la
sociedad mundial? ¿O vivimos en la era posmoderna del vacío, del
escepticismo donde ya todo ha sido dicho y se hizo y no hay nada que pueda
hacerse para generar el cambio?
- —Existe una nueva política, y también existe el pensamiento de esa
política. La palabra "revolución" no es más que una de las palabras de la
política. Lo que importa es la unión de las masas, la organización de las
fuerzas populares en torno de principios, la independencia total del
pensamiento, lo que llamamos política sin partido, y una acción política
prolongada, paciente, completamente ajena a los mecanismos oficiales de la
democracia.
En el libro ¿Se puede pensar la política? (Nueva Visión), Badiou
sostenía la necesidad de que la filosofía recuperara el espacio de la
reflexión política. El texto, de 1985, avizora, en alguna medida, los
cambios que se advertían en el horizonte socialista. Allí escribió: "Lo que
está en juego no es nada menos que la posibilidad de la filosofía de
contribuir al mantenimiento de la política en el orden de lo pensable, y a
la salvación de la imagen de ser que tiene, contra los automatismos de lo
indiferenciado. El movimiento consiste en proponer, contra el registro
simple del abandono, mi propia vía en cuanto a la destrucción del marxismo,
y de tal modo entrar, preservado de una decadencia, en los axiomas de la
recomposición política".
- —¿Los movimientos de resistencia global y sus nuevas formas de lucha
constituyen el comienzo de un proceso revolucionario que pueda alterar el
orden capitalista?
- —Ninguna política de liberación puede ni debe definirse por la
negativa. No me gusta la palabra resistencia. Nosotros no "resistimos", sino
que creamos otra cosa, otro pensamiento, otra práctica, organizada y
perdurable, que controla sus propios tiempos. ¿A qué se refiere usted con el
nombre de resistencia global? ¿A los movimientos "altermundialistas"? ¿A la
visión de Negri? Todo eso, a mis ojos, es muy débil en términos políticos.
Es la vieja idea de los movimientos de revuelta. Ni siquiera son capaces de
generar sus propios encuentros. ¡Van adonde se reúnen los poderosos para
protestar! ¡Todo eso es viejo y no tiene verdadera poesía! ¿Dónde ve usted
nuevas formas de lucha?
- —Hay grandes movimientos unidos por redes internacionales que intentan
contraponerse al poder del capital...
- —Las manifestaciones más o menos violentas que protagonizan sobre todo
jóvenes marginales son algo tan viejo como el mundo político. La idea de
"resistencia" significa que la política (a menudo llamada biopolítica) no es
sino el principio constitutivo oculto de la propia innovación capitalista.
En el fondo, Negri y sus seguidores ven la nueva política en todas partes,
nuevas formas de lucha en la más mínima reunión reformista, porque creen que
la resistencia es el reverso inevitable del desarrollo. Es evidente que no
hay más que una fuerza vital, y el que cree que la política es la vida, o
las "nuevas formas de vida", es porque tiene una doctrina unitaria del
Capital y de la resistencia al Capital. Toda invención política nunca es
"global" sino que, por el contrario, está situada, es local, experimental.
Hay que proteger y profundizar constantemente su exterioridad a las leyes
"democráticas". Dado que es la esencia de la política de liberación, no es
del todo "la vida"; es un pensamiento que toma un cuerpo popular. En
realidad, toda invención política es una ruptura subjetiva |
Alain Badiou - Filósofo
francés nacido en 1937
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