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Brecha 151103 -De
Lautaro Ortíz
"Lo que nos falta son ideas claras, propuestas políticas
con valores, con sentido de identidad, con principios. El Mercosur es
fundamental, no podemos llegar a ningún acuerdo con EEUU desde una
posición de debilidad"
"—A casi un año del estallido social en Argentina, que tuvo
repercusiones en el resto de América del Sur, ¿qué cambios advierte
usted en la sociedad y en la dirigencia política?
—En la dirigencia política, ninguno. En la sociedad muchos. Aquel
20 de diciembre sirvió para despertamos y para que comenzáramos a
plantear las cosas desde otra perspectiva. Primero hubo mucha bronca, pero
más tarde la sociedad comenzó a pelear desde otro lugar, formando
organizaciones populares: asambleas barriales, trueques, fábricas
abandonadas que se abrieron a través de sistemas cooperativos... Si bien
en este momento la sociedad no se manifiesta en forma masiva y brutal,
todos los días se hace presente en las calles de cualquier país de
América Latina. En Argentina, como en otros pueblos, se está produciendo
un fenómeno muy particular: gente de la clase media que pensaba que este
sistema no la iba a tocar y al final lo hizo, comenzó a revisar sus
posiciones. En este momento hay una relación muy interesante entre los
sectores que siempre vivieron en la pobreza y los nuevos pobres de la
clase media. Ambos están trabajando en conjunto para ver si pueden abrir
espacios. Pero insisto en que el planteo de base es la necesidad de
encontrar una respuesta a la pregunta de qué tipo de democracia queremos.
No es posible seguir delegando el mando a quienes después hacen lo que
quieren y no lo que deben. Hoy es patente la necesidad de construir una
democracia participativa que tenga control de la gestión y poder para
supervisar a los que dirigen el Estado.
—¿El problema, entonces, es estructural?
—Claro. Podemos discutir horas acerca de cómo la gente trata de
sobrevivir y cómo elabora mecanismos de supervivencia, pero no podemos
dejar de ver el problema político estructural que padecemos. A la
Argentina la han saqueado, le han destruido su industria nacional y aún
continúan entregando el país a mano llena, esa manga de corruptos
dirigentes políticos, de gobiernos cómplices e incapaces. El peor
problema radica en la estructura que se nos impone, y no sólo lo padece
Argentina, sino toda América Latina. Uruguay está sufriendo la misma
consecuencia, lo mismo pasa en Centroamérica, donde la situación es
caótica. Ahí está Venezuela resistiendo los embates a Chávez y ahí
está Ecuador, que dolarizó y ahora tiene una inflación en dólares que
no le permite exportar ni una banana. En este sentido no tenemos que
perder de vista a Estados Unidos, que intenta por todos los medios anexar
América Latina para satisfacer sus propios intereses. Fíjese en la
cantidad de hipótesis de conflictos que imponen a nuestros pueblos: el
Plan Puebla-Panamá, el Plan Colombia y el entrenamiento de tropas en
suelo argentino y uruguayo. Esto nos da la pauta de las políticas de
anexión que tiene Estados Unidos. Porque no hay que engañarse, la
supervivencia de Norteamérica depende de nuestras, riquezas, y en este
proceso no les interesa el costo humano. Mientras tanto, nosotros seguimos
discutiendo asuntos que pertenecen a la superficie del problema. Si los
países de América Latina no encaran políticas estructurales comunes,
estamos perdidos. Todos somos víctimas de las mismas estrategias mafiosas
internacionales, todos estamos bajo este neoliberalismo que lo único que
pretende es concentrar poder y excluir a la mayoría del pueblo. Aquí
tenemos que hablar de tecnologías, de nuevos, conceptos de desarrollo,
tenemos que analizar las alternativas posibles, si queremos que se
produzca un cambio real. El Foro Social es uno de esos caminos posibles
que tenemos que vislumbrar. Además es tiempo de comenzar a revisar
profundamente qué nos pasó; cómo nos saquearon y quiénes fueron,
porque aquí hay responsables. La fuga de capitales en Argentina y en
Uruguay es monstruosa, pero todavía no hemos podido encontrar ningún
mecanismo de control. Estamos metidos hasta la cabeza en una política
financiera y no en una política productiva. La única forma que tiene
América Latina de sobrevivir —sobre todo los países del MERCOSUR— es
uniendo fuerzas, porque de otra forma el problema se va a profundizar
más. En todo esto hay tres conflictos mayores: el ALCA, el FMI y la deuda
externa. Estados Unidos nos ha llevado a esta situación para que después
tengamos que aceptar esa área de libre comercio, que tiene como fin
alimentarlos a ellos y a Canadá. Cómo vamos a competir con un país que
subvenciona su producción agrícola con 190 mil millones de dólares y
que pone barreras a nuestros productos. Me parece muy importante que los
obreros sin trabajo tomen las fábricas y las reactiven por sistemas
cooperativos, pero hay que discutir no sólo el tipo de democracia y de
gobierno que queremos sino también cómo vamos a enfrentar al FMI, al
Banco Mundial y la deuda externa. La raíz del mal en América Latina es
que no somos países solidarios. ¿Cómo puede ser que los gobiernos
latinoamericanos no se unan para tratar conjuntamente el problema de la
deuda, una sangría total y absoluta de nuestros recursos? ¿Cómo es
posible que cada uno quiera negociar por separado con el Fondo Monetario?
Esto es suicida. Si los países latinoamericanos se unieran podrían
llevar estos temas a una opinión consultiva a la Corte Internacional de
La Haya para determinar lo legítimo de lo ilegítimo y a partir de esa
presentación suspender el pago de la deuda. ¿Qué puede hacer la banca
internacional ante un continente unido? Pero esto no sucede porque
nuestros gobiernos no poseen un plan en serio para nuestros países y
mucho menos para el resto. Nos guste o no, el único país que tiene un
proyecto para América Latina es Estados Unidos.
—La manera entonces de salir de esta situación de debilidad
sería fortalecer el MERCOSUR.
—Es fundamental. No podemos llegar a ningún acuerdo con Estados
Unidos desde una posición de debilidad. A la Unión Europea le llevó
más de 40 años la construcción de un espacio que le posibilitara
enfrentar a su enemigo irreconciliable de igual a igual. Hoy el euro es
tan fuerte como el dólar.
—¿Quiénes son los que deberían discutir los grandes temas para
no caer en la superficialidad del conflicto? ¿Los intelectuales?
—Tal vez. Pero estamos viviendo una situación social de
desintegración. La gran crisis, de la que mucho se habla, no es sólo
económica sino de valores. Los intelectuales no ven claramente que
estamos frente a situaciones que son definitivas, decisorias en muchos
aspectos. Además estamos dominados por un pensamiento único y tenemos
que lograr un pensamiento propio, acercamos a nuestros valores, examinar
nuestra identidad y recuperar la memoria como construcción social. Eso lo
perdimos. Hay que reconocer que existen intelectuales más perdidos que
perro en cancha de bochas. Entonces, ¿cómo comenzar a recrear esto, si
nos falta la creatividad? La dominación no comienza por lo económico,
sino por lo cultural y si nos dominan culturalmente estamos perdidos. Si
tuviéramos una resistencia cultural podríamos enfrentar esto que nos
pasa.
—¿Debemos esperar algunos años más?
—Hay que tener en cuenta que en varios países, sobre todo en
Argentina, nos faltan dos generaciones. Esa fractura generacional ahora se
está sintiendo. Estamos parados, pero nos falta una pata, esa que venía
desarrollando un pensamiento, una resistencia cultural, social y
política. Los militares nos la han quebrado. Recién ahora los jóvenes
están despertando y comenzando a tener memoria; están tratando de
reconstruir el tejido social. Porque los que quedamos, somos
sobrevivientes.
—Es curioso que sus opiniones tengan relevancia en muchos países
latinoamericanos y no en Argentina. ¿ Usted siente que está prohibido en
su propio país?
—Sí. En Argentina estoy prohibido, no tengo espacios para publicar
nada. Mis opiniones trato de difundidas por correo. electrónico y otros
medios, como en México y Brasil; pero aquí nada. Recién en estos días
voy a estar en un programa de televisión, yo jamás fui invitado durante
los años de democracia a debatir ideas. No me quejo, tengo opciones. Me
hubiese sido muy fácil conciliar con el gobierno de turno, pero en la
vida hay que saber de qué lado está uno. Yo busco los medios
alternativos, esa es mi capacidad de resistencia, de construcción de
nuevos espacios.
—Usted hablaba de recuperar la memoria. ¿Juzgar debidamente a los
culpables es una solución?
—Tratamos de encontrar la verdad y la justicia, el derecho de un
pueblo a saber, a tener una reparación ante el daño hecho, pero a
través de la justicia. Aquí en Argentina los partidos que dicen ser
democráticos son los que generan la impunidad. Lo mismo sucede en
Uruguay, Brasil y Chile. Aquellos a quienes votamos terminan luego
generando un ámbito de impunidad jurídica. Tiene que haber una reforma
en este sentido, porque sobre la impunidad es imposible construir un
proceso democrático. Si hubo impunidad antes, existirá hoy. Cuando uno
habla de la memoria no habla del pasado, sino de hallar luz en el presente
para saber a dónde ir, porque el futuro se construye de acuerdo al coraje
que se tenga para hacer el presente.
—Después de tantos golpes y humillaciones, ¿el pueblo
latinoamericano está preparado para dar pelea?
—Sí, ahí están nuestros muertos. Lo que nos falta son ideas
claras, propuestas políticas con valores, con sentido de identidad, con
principios. Un proyecto real de lo que deseamos. Es un desafío que
tenemos todos. En Argentina, además de los militares, hubo y hay una
persona nefasta: Carlos Menem. Él ha pateado al país, ha privatizado
todo en forma irracional, cosa que no hicieron los uruguayos ni se hizo en
Brasil. Este señor se consideró el dueño del país y nadie le puso
límites. La sociedad se lo permitió, y esto es lo que tenemos que
analizar los latinoamericanos en conjunto. No considero que todo esté
perdido, siento que hay una necesidad de abrir espacios y ver si
encontramos caminos comunes. En eso también consiste el Foro Social que
se desarrollará en Uruguay" |
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