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Entrevistas a Arnold Schwarzenegger
. Reportajes y Entrevistas

Fuente: The Wall Street Journal

Del sueño del cine a la dura realidad

En lo que será su papel más desafiante -la Gobernación de California- el fisiculturista y actor ingresa al reducido club de los artistas que son conquistados por la política Arnold Alois Schwarzenegger vino al mundo a las 4:10 de la mañana del 30 de julio de 1947 en un pintoresco pueblo rural de Thal (con 1.200 habitantes) a pocos kilometros de Graz-Austria. Nació en el segundo piso de una casa de 300 años, situada en el número 145 de Thal-Linak, habitada por su madre Aurelia, de 25 años, su padre, Gustav, de 40 años, y su hermano Meinhard, de 1 año y 13 días.

A los 13 años, Arnold ya jugaba al fútbol y no estaba satisfecho con los deportes de equipo. "Me disgustaban cuando no conseguía un reconocimiento personal", dijo alguna vez como explicación de esa adversión. Probó entonces con otras actividades, como el atletismo, boxeo, lanzamiento de peso y de jabalina... pero sería Reg Park, Mr. Unverso de 1951, quién inspiraría a Arnold a convertirse en lo mismo que ese campeón: un gran culturista, hombre de negocios y estrella de Hollywood. Arnold soñaba con llegar a la "tierra de las oportunidades" y hacer su sueño realidad, pero para ello debía luchar y duro.

El hombre más fuerte

En febrero de 1962, Schwarzenegger compite en un deporte europeo de fuerza llamado Curling, quedando sexto. Se fue combinando los estudios, con el entrenamiento y los quehaceres del hogar sin ningún tipo de problema. En
cinco años acumuló sólo en Europa tres Mr.Universo, dos Mr.Europa y los títulos de segundo puesto en la competición de Graz (cuando solo tenía 16 años) y la del Hombre Mejor Desarrollado de Europa cuando contaba con 19 años.

Su gran fuerza de voluntad rompía con todos los esquemas conocidos, una fuerza férrea que llego a oidas del "Master Blaster" del culturismo norteamericano, Joe Weider. Cuando Schwarzenegger llegó en 1968 a Estados Unidos tenía 21 años, pesaba 106 kilos, medía 1,87 de altura, y exhibía unos brazos de 56 centímetros, un pecho de 142 cm, una cintura de 82 cm, unos cuádriceps de 71 cm y unos gemelos de 50 cm. Además traía, además de su equipaje, toneladas de ilusión y fuerza de voluntad.

Sus primeros pasos en EEUU fueron asociados a Joe Weider, su maestro. Pero con los años fue convirtiéndose en un mito viviente gracias a
su gran carisma con las personas, a su don de gente, y su éxito en el mundo
del culturismo, cinematográfico, de negocios y personal.

Después de ganar la competición de 1969 de Mr. Universo, asumió gradualmente la charla de la industria weightlifting. Esto lanzó su carrera weightlifting y en 1970, derrotó a Sergio Olivia para ganar el primero de sus seis títulos
consecutivos de Mr. Olympia (a partir la 1970 a 1975). Había realizado su
sueño de hacer el mejor bodybuilder del mundo. Dejó temporalmente de
competir, pero volvió en 1977

El actor
Su primer papel en una película fué en "Hércules va a Nueva York", en 1970, lo que le llevó a aparecer en el The Merv Griffin Show.

Schwarzenegger ganó un Globo de Oro para el actor revelación en 1975 con"Stay Hungry".

Posteriormente obtuvo el papel principal de la palícula "Conan, el bárbaro" en 1982. Su papel más memorable, sin embargo, sería como el implacable robot asesino en "The Terminator", en 1984 con James Cameron como director. Sus películas siguientes fueron también éxitos de taquilla: Commando (1986), Depredador (1987), Twins (1988), Total Recall (1990), y Kindergarten Cop (1990).

Luego vendrían "Terminator 2: El día del juicio final", que fue presentada en los cines en 1991 y resultó ser una de sus películas más acertadas. "El último gran héroe" había limitado su éxito y fue seguido con la, aún más decepcionante "Junior". "Mentiras verdaderas" (1994), "Eraser" (1996), y "Batman y Robin" (1997, junto a Uma Thurman ), sin embargo, dejaron ver un buen actor debajo de la mole de músculos.

El "roble austriaco", como la gente le llama a menudo, apareció a finales de
1999 en "El fin de los días", como héroe enfrentándose a Satán en una
película sobre el fin del mundo. Como uno de los actores más respetados de
Hollywood, Arnold ahora está en la posición envidiable de poder seleccionar
los proyectos que él desea participar. Después de su papel en "El sexto día" de 2000, Arnold fue visto persiguiendo terroristas en "Daño colateral" de 2002. También ha protagonizado la secuela de "Mentiras verdaderas" y"Terminator 3: la rebelión de las máquinas.

Los negocios y la política
Su primer intento en el mundo de los negocios le llevó a montar una empresa
de construcción su amigo Franco Columbu. Los beneficios iban a financiar un negocio de venta por correo de libros y cassettes.

Su renta constante permitió que viviera la vida de una super-estrella y su subida al éxito lo llevó a invertir en las propiedades inmobiliarias, donde estuvo viviendo confortablemente en una casa de $200.000 en la costa del oeste.

Arnold, a sus 30 años, ya era un símbolo. Pero en la actualidad y con más de 25 películas a sus espaldas, varios negocios del ramo de la hoteleria, la construcción, el culturismo y el mundo del cine, con el máximo galardón de la Federación Internacional del Culturismo (IFBB) el Gold Order como el Mayor Culturista del Siglo XX, casado con Maria Owings Shiriver (miembro del clan Kennedy) y con cuatro preciosos hijos (Catherine, Christina, Patrick y Christian), con todo esto, ¿qué más puede desear este super-hombre? Pues, lo que siempre ha hecho, hacer realidad los sueños de muchos niños necesitados, de muchos fans del mundo entero y de muchas personas que necesitan de un ejemplo a seguir para llevar una vida recta y sana. Ese es el poder que Arnold Schwarzenegger supo explotar para la contienda electoral que lo acaba de convertir en Gobernador de California.

Ideas para gobernar a California
"He dicho con frecuencia que las dos personas que han ejercido una influencia más profunda en mi pensamiento económico son Milton Friedman y Adam Smith. En Navidad, a veces fastidio a algunos de mis amigos más progresistas de Hollywood regalándoles el libro clásico de economía de Friedman, Libertad para elegir. Lo que he aprendido de Friedman y Smith es una lección que ningún líder político debería olvidar jamás: cuando el pesado puño del Gobierno deviene demasiado autoritario e intervencionista, ahoga el ilimitado proceso de creación de riqueza de un pueblo libre que opera bajo un sistema de libre empresa. Y ésta es la esencia de la crisis económica y fiscal que actualmente afronta el estado de California. Durante los últimos cinco años, nuestro presupuesto estatal ha crecido aproximadamente el triple que el ritmo de la inflación.

El peso de nuestra deuda ha crecido más que en los otros 49 estados juntos. Las gravosas regulaciones que imponemos sobre los derechos de propiedad y las empresas han hecho que el coste de hacer negocios en California sea como mínimo el doble que en los estados vecinos. Nuestros tipos impositivos están entre los más altos de la nación. En Sacramento, el gobernador Gray Davis creó una cultura contraproducente, en la que los negocios y los emprendedores que se atrevían a generar beneficios eran tratados como si fueran enemigos. Decían que querían crear empleos, pero se ha hecho todo lo posible para ahuyentar a los creadores de empleo. Gracias a las políticas económicas de esa Administración, por primera vez en la historia de California son más las personas nacidas en EEUU que están abandonando este estado que las que se están trasladando aquí.

California, el Estado Dorado, no siempre ha sido así. Cuando vine a vivir a California como inmigrante sin dinero procedente de Austria y pasando una temporada bastante mala con el inglés, era la tierra prometida para todo el que quisiera trabajar duro para abrirse camino en la vida. Afortunadamente, en este gran estado mis sueños se hicieron realidad. Llegué a ser Mister Universo; he llegado a ser un hombre de negocios de éxito. Y aunque hay quien dice que sigo hablando con un ligero acento, he llegado a la cima en la profesión de actor. Para inmigrantes como yo, California es el símbolo contemporáneo del crisol estadounidense en acción. La combinación de la rica diversidad del talento de los inmigrantes de todo el mundo y el crecimiento del poder creativo de California hicieron que nos convirtiésemos en la capital mundial de la alta tecnología, del comercio internacional y, por supuesto, del entretenimiento. Hasta hace poco se solía decir que, según funcionase California, así funcionaría el país. Si siguiese cumpliéndose esta máxima, acabaríamos todos en la miseria.

¿California puede recuperar sus días de gloria? Confío en que sí; en que volverá a ser la envidia de la nación y del mundo. Creo en ello, aunque hoy nos enfrentamos en California a la peor crisis económica y financiera desde la Gran Depresión. Se ha llevado a nuestro estado de un superávit de 12.000 millones de dólares a un agujero presupuestario de 38.000 millones de dólares. Así pues, ¿cómo puedo ser optimista respecto de California en vista de esta evolución tan poco prometedora? Lo soy porque la culpa de nuestros problemas económicos no es de nuestro pueblo, sino de los políticos que ha tenido.

Recientemente, el Cato Institute calificó a Davis como el segundo peor gobernador de EEUU. Su gobernador adjunto, Cruz Bustamante, aspiraba a sucederlo ofreciendo a los californianos Gray Davis 2, recaudando varios miles de millones de dólares más de impuestos entre los individuos y las empresas de California con ingresos elevados. Con esa interminable letanía me recuerdan a los androides con los que luché en las películas de Terminator, que no paraban de volver a la vida por más que les tirase a matar.

Mi plan para rescatar la economía en California se basa en los valores opuestos: quiero reducir drásticamente el coste de hacer negocios en California; quiero aligerar las regulaciones que estrangulan el crecimiento económico; quiero bajar los impuestos hasta niveles competitivos con nuestros estados vecinos; quiero que dentro de tres años los grupos empresariales pregonen que California vuelve a ser uno de los mejores lugares del país para hacer negocios. Para lograrlo, creo que hay cuatro conjuntos de políticas que son vitales y urgentes.

En primer lugar, respecto a los impuestos, no sólo creo que en California no deberíamos subir los tipos impositivos a nadie, sino que tenemos que reducir los impuestos que impidan que nuestro estado sea competitivo. Me casé con
una Kennedy y siempre he creído que el presidente John F. Kennedy tenía toda la razón cuando, en 1962, dijo que "cuando los impuestos son demasiado altos, nunca habrá suficiente empleo o suficientes ingresos para equilibrar el presupuesto". El sistema fiscal californiano, como me comentó hace poco Arthur Laffer, parece diseñado para hacer más pobres a los ricos de California, no para hacer más ricos a los pobres. Mediante la reestructuración de nuestro sistema impositivo, estoy convencido de que podremos crear más empresas y empleos, y que ésta es la mejor manera de reequilibrar el presupuesto.

El presupuesto del estado de California no debería crecer con mayor rapidez que el presupuesto de las familias californianas. Necesitamos que se promulgue una ley de limitación del gasto público a través de una reforma constitucional que ponga un tope al crecimiento del presupuesto estatal. California no tiene un problema fiscal, tiene un problema de gasto. También crearé ahorro a partir de las agencias gubernamentales anacrónicas e ineficaces. Ha llegado el momento de vivir según la norma básica de comportamiento en los buenos negocios: no puedes gastar el dinero que no tienes. Además, el sistema de remuneración de los trabajadores necesita una
revisión. Cuando he preguntado a los empresarios de todo el estado qué es lo que está constriñendo su capacidad para expandirse aquí, ellos citan los elevados impuestos y los insoportables costes salariales. En California, las empresas pagan unas indemnizaciones a los trabajadores que son más del doble que en otros estados.

Soy un fanático de la reforma escolar. Para atraer a las empresas de nivel mundial del siglo XXI necesitamos un sistema educativo de nivel mundial. Mantendré el programa estatal de pruebas, daré autoridad a las escuelas, y el gasto redundará más en los estudiantes, los padres y los contribuyentes locales, aunque para ello tenga que quitárselo a los burócratas de Sacramento. Puesto que las escuelas están dando sistemáticamente resultados por debajo de lo esperado, ampliaremos las opciones de elección para los padres e impondremos disposiciones de elección de escuela pública en la ley federal No Child Left Behind (Ningún niño rezagado).

Nuestro estado volverá a prosperar cuando en California nos comprometamos en la libertad para elegir en la economía. Ello significa eliminar, uno a uno, los innumerables obstáculos que nos impiden crecer: impuestos excesivos, regulaciones y déficit provocado por el gasto. Si lo hacemos, California volverá a resplandecer como el Estado Dorado.

Fuente: The Wall Street Journal


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