PUBLICACIONES
Entrevistas a Carlos Fuentes
. "Me moriré escribiendo" Por Eduardo Villar Reportajes y Entrevistas

Fuente: La Lectura

"Una novela funda una realidad nueva. Es creadora de realidad, y no sólo reflejo de ella"
Por: Diego Barnabe

Se encuentra con nosotros el escritor mexicano Carlos Fuentes, quien sin embargo nació en Panamá, en 1928, y debido a los cargos que desempeñó su padre en el servicio diplomático, pasó parte de su infancia y su adolescencia en Estados Unidos, Chile y Argentina.

Autor de una vasta obra que incluye novelas como "La muerte de Artemio Cruz", "Cambio de piel", "Zona sagrada", "Terra nostra", "La cabeza de la hidra", "Gringo viejo", "Cristóbal nonato", escribió también guiones cinematográficos, obras de teatro y ensayos como "El espejo enterrado". En 1993 publicó "El naranjo", un texto con el que cierra el ciclo narrativo que llamó "La edad del tiempo", y en 1995 conocimos "La frontera de cristal", una novela en nueve cuentos, que analiza la separación entre México y Estados Unidos a lo largo de 200 años.


Fuentes llegó al Río de la Plata para presentar su última novela, "Los años con Laura Díaz", que publicó Alfaguara. ¿Dónde pasa la mayor parte de su tiempo: en México o en los aviones?

CARLOS FUENTES:
No, en México y en Londres. Paso la mitad del año en Londres porque allí escribo mucho: me levanto a las cinco de la mañana, escribo de seis a 12; tengo un día muy pleno para leer y escribir sin interrupciones... Miro hacia fuera y el clima es tan malo que no dan ganas de salir; la comida es muy mediocre y tampoco da ganas de salir; la gente es muy fría, ... Es perfecto para escribir. Llego a México, donde paso la mitad del año, y entonces me meto en las amistades, la política, las entrevistas, las conferencias ante el público, el contacto con los jóvenes... Son dos vidas distintas, aunque una es tan productiva como la otra.

DB - Y en México vive en el antiguo barrio de San Gerónimo, en los suburbios de Ciudad de México.

CF -
Sí, si es que se puede hablar de suburbios en esa gran mancha en que se ha convertido la Ciudad de México.

DB - Vivió también en París, cuando fue embajador. Usted dijo alguna vez que aceptó ese cargo como homenaje a su padre.

CF -
Sí, porque mi padre fue un diplomático de carrera. Entró a los 25 años, se jubiló a los 70; dedicó su vida a la diplomacia mexicana, y siempre había soñado con ser embajador en París. Cuando me lo ofrecieron dije: "En nombre de mi padre, lo voy a aceptar". Fue muy poco tiempo, dos años. Yo no estaba hecho para la carrera diplomática.

DB - ¿No volvería a hacerlo?

CF -
No, no lo volvería a hacer.

DB - Usted fue premio Cervantes 1987, y en 1994 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Este último, "por su aporte a la cultura y su contribución a la solidaridad internacional y al progreso de los pueblos". ¿Cómo se traduce ese fallo en usted como escritor?

CF -
No sé. Nunca he hecho más que lo que siento que debo hacer, independientemente de los premios. Ahora me acaban de otorgar un nuevo premio que me van a dar en Río de Janeiro el 1º de junio, que se concede por primera vez: el Premio de la Latinidad. Lo dan la Academia Francesa de las Letras y la Academia Brasileña de las Letras, "por servicios a la civilización latina"... Yo no sé qué servicios le he dado a la civilización latina, pero si ellos deciden que es así, yo encantado.

DB - Pero, de todas maneras, usted alguna vez definió el papel del escritor latinoamericano, recordando incluso los dichos de Pablo Neruda sobre la obligación del escritor latinoamericano.

CF - Sí: él decía que el escritor latinoamericano carga a su pueblo sobre su espalda. Creo que esto, en cierta manera, es menos cierto hoy en el sentido de que, hace 40 años, un escritor hablaba en nombre de los que no tenían voz y la sociedad civil era sumamente débil; hubo todos los regímenes represivos en América latina, entonces la responsabilidad del escritor era muy clara. Creo que hoy, a medida en que la sociedad civil va ganando espacios en América latina y se manifiesta con una voz propia, el escritor tiene menos representatividad que en el pasado. Pero le queda una enorme responsabilidad que es la de ser un buen ciudadano, la de ejercer su ciudadanía.

DB - ¿Fuera de lo que escribe?

CF - Creo que un escritor cumple con su obligación social mediante la imaginación y el lenguaje. Una sociedad sin lenguaje, sin imaginación, es una sociedad que perece presa de las peores catástrofes. Por algo Hitler y Stalin mandaban quemar libros, encarcelar escritores. Hay una función ahí que incluso el escritor más "apolítico" está cumpliendo al escribir bien. Ahora, aparte de eso, podemos tener (como lo tengo yo, como lo tiene García Márquez, como lo tiene Vargas Llosa, una inclinación ciudadana de acción política, de acción ciudadana; eso es otra cosa.


DB - Usted ha mencionado alguna vez novelas que cumplían la doble función: "Cien años de soledad", "Conversación en la catedral", "Rayuela"...


CF -
Yo creo que toda gran novela cumple esa doble función. Indudablemente refleja la realidad, pero funda una realidad nueva. Esto no hay que olvidarlo nunca: una novela es creadora de realidad y no sólo reflejo de ella.

DB - De todas maneras, la política es una de sus pasiones.

CF - Sí, sí; absolutamente. Más en un país como el mío, que está pasando de 70 años de monopartidismo con el Partido Revolucionario Institucional a una nueva realidad democrática, pluripartidista, que podemos decir que está bien asentada, porque ya el 53 por ciento de los mexicanos están gobernados por partidos de oposición al PRI.

DB - Usted ha dicho que la vive con pasión también como periodista.

CF -
Sí: escribo mucho. Me encanta el periodismo, escribo dos columnas al mes para el periódico Reforma, en México, para el sindicato de Los Angeles Times que las distribuye por varios países de habla española, en El País de Madrid... Me gusta estar muy cerca de la realidad cotidiana, de la política cotidiana en el mundo, porque creo que estamos en una época de una gran transición, de un siglo a otro, de un milenio a otro, con interrogantes terribles acerca del futuro. Tenemos que pensar muy seriamente en lo que está ocurriendo y lo que puede ocurrir.

DB - ¿Y no tuvo tentaciones políticas, no las tiene?

CF -
No. A veces hay grupos de estudiantes que me lanzan a Presidente, pero yo les contesto como contestó García Márquez, una vez que le dijeron "Bueno, Vargas Llosa se lanzó de presidente del Perú. Usted ¿por qué no hace lo mismo?". Y García Márquez respondió: "No, porque yo sí gano" (risas). Ese es el problema: ser escritor, ganar, convertirse en presidente y luego resultar que no es uno tan buen político.


DB - ¿Prefiere leer la política desde su tribuna de escritor?

CF - No: participar como ciudadano. Prefiero escribir, hablar y actuar, pero como ciudadano.


DB - De todas maneras, en diferentes reuniones, usted se ha codeado con algunos líderes del mundo: los presidentes Clinton, Mitterrand, Chirac, el rey de España y otros. ¿Qué le dejaron esos contactos?


CF -
Me dejan la convicción de que el poder y la cultura son dos cosas muy diferentes. Que cada una tiene sus virtudes y deber haber un respeto mutuo. Es siempre muy halagador como persona encontrar jefes de Estado inteligentes. Esto no es por echar un piropo, pero yo quisiera que Sanguinetti fuera presidente de toda América latina, ¿verdad? Creo que es el presidente más inteligente que hay en toda América latina, junto con Fernando Henrique Cardoso. Creo que son las dos personas más esclarecidas. Pero Clinton es un hombre extremadamente inteligente, culto; no se puede estar siempre de acuerdo con su política, pero él personalmente es un hombre que ha leído mucho y que es muy inteligente, François Mietterrand lo era también... Hay otros de los que prefiero no hablar.


DB - ¿Y cómo cree que salió parado Clinton del caso Lewinsky?


CF -
Creo que salió bien parado, porque fue obviamente una conjura de la extrema derecha norteamericana (podemos dar todos los nombres, sabemos quiénes son los actores de esta intriga, cuáles fueron los intereses) y creo que salió bien parado porque resistió esta inquisición digna de Torquemada. Vamos a ver cómo sale parado de Kosovo, que ese es otro problema: puede que de ahí no salga tan bien parado y su Presidencia salga muy, muy dañada por los problemas que el presidente Clinton no previó al meterse en esta aventura en Yugoslavia.


DB - Usted cree que, más allá de lo que tenga o no de cierto o de invención el affaire Lewinsky, cree que fue una campaña dirigida contra él.


CF -
No me cabe la menor duda. Le puedo dar todos los nombres, todas las conexiones... Ya son bien conocidas.


DB - El Carlos Fuentes que hemos leído más recientemente aquí es el analista de los temas internacionales, particularmente en las páginas de El País de Madrid. Y sobre el caso Pinochet y el proceso judicial que se le sigue en Londres ha escrito por lo menos dos artículos que leímos a través de Internet, el primero titulado "¡Viva Chile, mierda!", recogiendo la popular expresión chilena. En él cuenta su relación con Chile, y que usted define como "intensa, entrañable e inevitable". Porque vivió en Chile...

CF - Crecí en Chile entre los 10 y los 15 años, de manera que estoy muy ligado a ese país. Lo quiero muchísimo; es el país que me enseñó a leer, a escribir y a pensar en español.

DB - No es poca cosa para usted.

CF -
No es poca cosa.

DB - Y el caso Pinochet le movió a otras reflexiones en otro artículo, donde habla sobre una de las víctimas en particular, Orlando Letelier, asesinado en 1976 en Washington. Lo conoció personalmente.

CF -
Mucho, mucho. Lo conocí en Chile, lo traté mucho en Washington, y él me dio descripciones inolvidables del carácter del general Pinochet, de su sumisión, de su manía de halagar día y noche al presidente Allende y a los miembros de su gabinete para introducirse en las cenas del gabinete del Presidente, de cómo le pedía al ministro Letelier el derecho de cargarle su maletín, de cepillarle las espaldas... "Me daba la impresión", me dijo Letelier, "de que Pinochet era un ayudante de peluquería pidiendo eternamente una propina".

Era un hombre totalmente torcido: la mañana misma del golpe se presentó ante Letelier, ministro de la Defensa, a jurar la lealtad del Ejército a las instituciones, y esa noche, cuando entró Letelier a su oficina, los soldados lo agarraron a golpes, lo metieron a la cárcel, y ahí acabó la fidelidad proclamada del general Pinochet, el gran traidor a la democracia chilena.

DB - ¿Cómo evalúa usted el proceso seguido en Inglaterra, el pedido de extradición de España con el reclamo de Chile de juzgarlo en su país, de tener su propia jurisdicción para llevarlo a la Justicia?

CF - Por una parte, el general Pinochet mal puede alegar soberanía para ser juzgado en Chile, si él mismo entregó la soberanía de Chile a los Estados Unidos. No hubiera llegado al poder sin el apoyo de Henry Kissinger, del Departamento de Estado, de la CIA, del gobierno de Nixon en general. De manera que no tiene derecho a hablar de soberanía.
Lo importante en este caso -y es una de las cosas buenas de este fin de siglo- es que hemos sido testigos de la universalidad de los derechos humanos y la no prescripción de los delitos contra la humanidad que se haya cometido. Esto es algo sumamente importante en el caso Pinochet, es lo que resalto más, aparte del desagrado que me pueda causar la figura de este militar.

DB - Pero ¿considera que está bien que intervengan tribunales de otros países...

CF -
Por supuesto, por supuesto.

DB - ...para juzgar a chilenos?

CF - Por supuesto, por supuesto. Si uno lee todos los convenios sobre derechos humanos, contra la tortura, que se han venido firmando en los últimos años, un juez tiene derecho -por un solo caso- a invocar en otro país esas convenciones puesto que las han firmado todos los países. Todos son parte, sobre todo cuando se ha torturado o asesinado a ciudadanos de un país, un juez de ese país tiene la perfecta obligación de reclamar in toto la aparición del personaje implicado y reclamar in toto, nuevamente, la violación de derechos humanos.

DB - En ausencia de un tribunal internacional permanente para juzgar delitos contra los derechos humanos, y que usted cree que sería necesario, imprescindible.

CF -
Yo creo que está, y el que ha puesto la única objeción es Estados Unidos. El tribunal está ya previsto para establecerse en Roma, y no tiene más que un obstáculo que es que los Estados Unidos se niegan.

DB - Finalmente, a propósito de estos artículos que usted ha escrito, el miércoles pasado usted escribía sobre el conflicto en los Balcanes, en particular sobre el drama de Kosovo: "Kosovo y el nuevo orden internacional". ¿Cree que las causas de este conflicto encajan en un nuevo orden internacional?

CF - No, al contrario: impiden que se cree un nuevo orden internacional, pero revelan lo difícil que se va a ser crearlo. Parecía una cosa tan bella, tan justa, tan inmediata, tan accesible, cuando el presidente Bush proclamó el Nuevo Orden Internacional y el historiador norteamericano Francis Fukuyama proclamó el fin de la Historia. ¡Vaya orden y vaya fin de la Historia: estamos metidos más que nunca en la Historia, en conflictos terribles, y el fin de la Guerra Fría reveló la existencia de múltiples culturas en el mundo, con distintas aspiraciones, y hemos enfrentado a la aldea global con sus supuestas virtudes, y por otro lado la aldea local con sus retornos ancestrales, que habían sido escondidos debajo del tapete por el maniqueísmo de la Guerra Fría, y que ahora han reaparecido.

DB - Globalización que para usted tiene defectos y virtudes.

CF -
Y virtudes, cómo no.

DB - En ese artículo, usted dice que un estatuto de autonomía para Kosovo dentro de la unidad de la nación es una solución factible, como lo demuestran las autonomías españolas.

CF -
Creo que sí, que sería la solución lógica. Aunque, claro: Milosevic es un tirano intratable, sangriento, pero no se le puede responder con la violación del derecho internacional. Milosevic ha violado derechos dentro de Yugoslavia, pero no se puede responderle con una alianza que viola todos los principios del derecho internacional y hace a un lado totalmente a las Naciones Unidas. No me parece la respuesta justa. Creo que sólo se agranda el problema.

DB - Usted establecía en ese artículo algún tipo de comparación con la situación de Chiapas en su país. ¿Son situaciones comparables?

CF - No son comparables: el problema de Chiapas tiene una solución, el Ejército Zapatista que encabeza el Subcomandante Marcos es un ejército pequeñísimo, prácticamente desarmado, y no tiene más fuerza que la de la razón y la moral. No tiene otra fuerza, no podría liberar una batalla; el Ejército mexicano lo podría destruir en 24 horas. No es este el caso: el caso es cuál va a ser el estatuto de los pueblos y comunidades indígenas de México en el futuro.

DB - Usted insiste una y otra vez en que todo es posible, pero todo debe discutirse y resolverse en un ámbito de pleno ejercicio de la democracia.

CF -
Y de la diplomacia, diría también.

DB - ¿Por qué la diplomacia?

CF -
Porque creo que hay otros muchos problemas que no se resuelven por falta de pericia diplomática, entre ellos el de Yugoslavia.

DB - Sin embargo, la impresión que uno tiene es que la diplomacia no ha servido para mucho, ¿no?

CF -
Porque quizá falta imaginación y maneras de conducir hábilmente la diplomacia. Si se entrega todo el poder diplomático a un solo país, donde por ejemplo la señora Albright -muy respetable secretaria de Estado- tiene una serie de resentimientos y complejos por su origen checoslovaco, en contra de los regímenes comunistas del Este y toda la situación de la Europa central, pues esto colorea definitivamente la política de los Estados Unidos.

El presidente Clinton debería estar por encima de esto; creo que el mundo está muy arrepentido de lo que ha pasado y habría buscado otras maneras de negociar, y creo que estamos en la obligación -los latinoamericanos por un lado y los europeos por el otro- de incidir sobre los Estados Unidos lo más posible para hacerles ver los peligros que entraña su política. Porque bombardear desde el aire no va a resolver el problema de Kosovo, y entrar con tropas significa entrar a un callejón sin salida. Tito derrotó a la Wermacht, y nadie sale de la guerra de guerrillas desde las montañas de Yugoslavia. De manera que los Estados Unidos están en un brete.


DB - Para volver a México y a Chiapas, redondeando este capítulo político, usted decía hace cuatro años que era imprescindible completar la transición hacia la democracia en su país. ¿Cómo evalúa esa transición en la actualidad?

CF -
Estamos en la transición, en el sentido de que va a haber una elección en el año 2000, y va a ser muy interesante ver si, por primera vez, el PRI pierde el Poder Ejecutivo, el poder presidencial. Esto podría ocurrir, dependiendo de muchos factores. Ya se percibió un cambio porque el PRI ha estado en el poder durante 75 años, de manera que perder el poder ahora sería una novedad muy grande para México.

Segunda parte: la literatura

Carlos Fuentes: "No creo en las novelas flacas, anémicas: creo en las gordas, ricas, amorosas, comilonas..."


DIEGO BARNABE:
Nos acompaña a partir de ahora el periodista Ruben Cotelo.

RUBEN COTELO:
Estamos viviendo demasiado en la globalización, y a mí me gustaría volver a la aldea, a la aldea montevideana. ¿Estuvo en la playa Pocitos?

CARLOS FUENTES:
Sí, cómo no. De niño, yo viví aquí cuando tenía dos años...


RC - No: le pregunto si ahora estuvo.


CF -
No, todavía no. A ver si me dan tiempo: entre Alfaguara, el lanzamiento de mi novela, la conferencia que doy esta noche en la municipalidad con motivo del bicentenario de Balzac, voy a ver si tengo tiempo de ir a Pocitos y ...


RC - ...y pisar la arena.


CF -
Hacer mi primera obra, que no fue una novela sino un castillito de arena en Uruguay, ¿qué le parece?

RC - ¿Cuántos años dijo que tenía entonces?

CF -
Dos.

RC - Dos años es muy poco para tener recuerdos.

CF -
No, no tengo recuerdos. Tengo datos que me han proporcionado. Sé que el presidente de Uruguay se llamaba Gabriel Terra.

RC - Gabriel Terra, exactamente. Pero, de alguna manera, está vinculado con Montevideo. También con Buenos Aires, y usted ha recordado la calle Lavalle.

CF - Es que yo llegué a Buenos Aires después del golpe de Ramírez, Rawson y Farrell, y al Ministerio de Educación llegó un escritor fascista, Hugo Wast, y creó un sistema de educación totalmente a favor de las potencias del eje -Hitler, Mussolini, todo eso-; yo no estuve de acuerdo, en consecuencia viví un año sin ir a la escuela, y descubrí la librería El Ateneo. Empecé a leer mucha literatura argentina, luego descubrí el tango, sobre todo a Aníbal Troilo (me convertí en hincha de él, lo seguía por todas partes) y finalmente el cine en la calle Lavalle, donde veía cine argentino a borbotones: me lo sé de memoria.

RC - El cine argentino de aquel entonces, ¿y el cine mexicano de aquel entonces?

CF -
Sí: el mexicano llegaba al cine Suipacha. Y se veían algunas películas, pero empezaba a entrar el cine de Arturo de Córdoba, El Conde de Montecristo, las películas de Dolores del Río y Pedro Armendáriz, ...

RC - María Candelaria...

CF -
María Candelaria, Flor Silvestre, todo esto, pero básicamente yo veía las grandes películas argentinas que, ya le digo, me sé de memoria.

RC - Hay una manera de entrar a la literatura en este siglo XX que está muriendo, y es a través del cine. Todos lo hemos hecho, y vi que a usted le pasó lo mismo. Me ha llamado la atención ver algunas dedicatorias suyas: no sólo notas sobre determinadas películas, sino su admiración por Luis Buñuel, un día dedicó un libro a Shirley McLaine, muy lindo; encantadora otra dedicatoria que estuve mirando ayer "A la memoria de Conrad Veidt, Sidney Greenstreet, Peter Lorre y Claude Rains, los años 20 y 30 del expresionismo alemán...

CF -
Y también son los cuatro actores de Casablanca. Como yo estaba tratando de escribir una novela de espionaje, "La cabeza de la hidra", me pareció justo dedicársela a esos cuatro grandes actores "de carácter", como se decía entonces.

RC - Usted terminó escribiendo sobre Luis Buñuel.

CF -
Mucho. Lo quise mucho, éramos muy amigos; todos los viernes pasaba con él de cuatro a siete en México. Estar cerca de ser uno de los más grandes creadores del siglo XX... su conversación era maravillosa; sus recuerdos; era gracioso, inteligente, imaginativo, profundo, y sobre todo era un hombre cálido, muy cariñoso, muy cálido. Yo le tenía un enorme fervor, un enorme cariño, y siento mucho su desaparición.

RC - Sí, pero el Buñuel mexicano, posterior al español, ...

CF -
... y al francés de "La edad de oro", ...

RC - ... el surrealista de aquel entonces, fue a ganarse la vida a México haciendo algunos dramones -algunos- espantosos. Había que saber ver bien detrás de esas películas tan melodramáticas a la mexicana que había un gran talento de director.

CF -
Siempre hay un detalle en la peor película de Buñuel que revela su genio. Buñuel llegó a México con U$S 40 en el bolsillo, después de que Salvador Dalí lo delató como comunista, anarquista, anti-católico y veinte mil cosas en New York, por lo que tuvo que abandonar su empleo en el Museo de Arte Moderno. Según me contó, tuvo una cita con Dalí en un bar para reclamarle, pero, dijo, "Cuando vi a Dalí me ganó la emoción de nuestros años jóvenes, de nuestros años de amistad, y le dije: 'Venía a romperte la cara pero no puedo hacerlo, así que quiero decirte que eres un canalla'". Y Dalí le respondió: "Pero si yo no he hecho esto para hacerte daño a ti sino para hacerme publicidad a mí mismo, tú entiendes", lo cual lo pinta de cuerpo entero, claro.

RC - Sí, sí. En esos momentos eran los años 40, digamos, pero Buñuel hizo "Los olvidados" en los 50; recién entonces recuperó y tuvo resonancia internacional. Porque "Los olvidados" sería el primer olvidado internacionalmente si no fuera por Buñuel.

CF - Por el propio Buñuel, ¿verdad?

RC - Aquí daban las películas suyas, recuerdo, en un cine que gracias a Dios después se convirtió en teatro, y era interesantísimo ver detrás de esos melodramas mexicanos -como los considerábamos los muchachos revoltosos de esa época- que había una mano y una visión, como usted decía, reconocibles en un mal momento para su carrera cinematográfica. Felizmente, Buñuel fue a París y usted llegó a conversar con él, como narra en un artículo excelente que estuve mirando anoche. Pero es una parte lateral: con el cine usted ha tenido vinculaciones de todo orden, incluyendo "Gringo viejo", muy bien filmada por Puenzo...

CF - ... y muy bien mutilada por la Columbia. Porque la película de Puenzo tenía tres horas; Gregory Peck la vio y me dijo: "Es una gran película, es una película épica, en la que está toda la literatura mezclada con la Revolución Mexicana, es una película maravillosa que, recortada de tres horas a una hora y veinte, para reducirla a lo que le interesaba a la Columbia (el romance de una norteamericana y un general revolucionario mexicano, que en eso terminó la película) quedó muy mal".

RC - Esas compañías norteamericanas se reservan el "final cut".

CF -
Pues ahí está. Ojalá pudiéramos ver la película entera, que no sé si existe todavía.

RC - Apostemos al siglo XXI. Estamos en consecuencia en un momento en que el cine mexicano era de primera magnitud: Pedro Armendáriz, María Félix, el Indio Fernández, Gabriel Figueroa como fotógrafo, María Candelaria... Ese México que ellos fotografiaron, el México del Lago Patzcuaro, el de las iglesias con hachones, ¿todavía existe?

CF -
Sí, ese México está ahí, es inconmovible. El México de la cultura profunda del país, el México indígena, colonial, barroco, está siempre ahí por fortuna.

RC - Pero no es que esté en provincias: está todavía a tres cuadras del Zócalo, en pleno centro de México.

CF -
En pleno centro de México, donde se descubren ruinas aztecas, maravillosas esculturas, como las bases del Templo Mayor de los aztecas, todo lo que se ha descubierto mientras se construía el metro de Ciudad México.

Tenemos lo que resta de la Ciudad Azteca al lado de la ciudad colonial española. Demuestra la profundidad de la cultura mexicana, que es una cultura de capas superpuestas, habitada por fantasmas -además- como he insistido yo...

RC - Exactamente de eso quería hablar. La ciudad colonial construida arriba de la ciudad precolombina, y además la ciudad colonial y moderna se están hundiendo unos cuantos milímetros en la ciudad precolombina. Y eso me hace pensar, en algunas de sus novelas, tan alimentadas de mitos y leyendas precolombinas, de las distintas culturas que hubo en México, no sólo la azteca.

CF -
No, la azteca fue la última: eran los recién llegados ¿verdad? La cultura azteca se superpuso a la tolteca, y ésta a la cultura maya-quiché, que había venido antes, y antes aún la totonaca y olmeca del Golfo de México, que es la más antigua. De manera que estamos hablando de tres mil años de cultura en México.

Es una cosa muy impresionante y que nos da mucha fuerza. Diferente a los Estados Unidos, nuestro poderoso vecino, pues nos da una fuerza muy particular. Yo siempre les digo a los gringos: "Nosotros podemos montar una exposición que se llame 'Tres mil años de cultura mexicana', y ustedes no".

DB - Y en una relación que no ha sido del todo superada con relación a los españoles. En marzo viajé a México y me sorprendía porque, más allá de lo que uno pueda leer o le puedan contar, hay que vivirlo y verlo conversando con ellos, me sorprendía el orgullo de los mexicanos por su pasado indígena, y esa relación conflictiva, todavía no resuelta, con los españoles.

CF - Hay dos cosas. En México, como en el resto de América latina, tenemos la tendencia a admirar a los indios en los museos, pero tratarlos a patadas en las calles. Ahí hay un problema: hay que aprender a respetar a los indígenas de hoy, no sólo al del pasado.

Y respecto a los españoles, es necio negar que somos parte de una cultura que habla español, y en México especialmente la deuda que tenemos con la emigración republicana española que transformó, modernizó, enriqueció a un grado superior a la cultura mexicana, es una deuda que no podemos olvidar.

Yo soy un heterodoxo que boga por la presencia de una estatua de Hernán Cortés en México. No la hay, porque en México se celebra a los indios en armas, no a los españoles. Pero sí creo que una manera de ser más mexicanos, más completos, más iberoamericanos, es aceptar que el Atlántico no es una zanja sino una vía de comunicación, de galeones que van de ida y vuelta. Como se ha demostrado en literatura: no habría literatura española sin Rubén Darío y Neruda; no habría literatura iberoamericana si García Lorca, Neruda y Valle Inclán. De manera que creo que debemos superar esos atavismos que me parecen bastante necios.

DB - No está Cortés pero sí Colón.

CF -
Está Colón, sí.

RC - A todos los que estuvimos en México nos sorprende que esa ciudad se esté hundiendo -sobre todo la parte céntrica- y yo pensé de una manera un poco metafórica, simbólica, si no se está hundiendo en su pasado indígena, precolombino.

CF -
Se puede pensar en eso, sí.

RC - Y también lo veo en sus novelas. De alguna manera usted interpreta eso.

CF -
Sí, sí.

RC - No sé, incluso, hasta qué punto sus novelas son una interpretación de México. Las diferencias que usted conoce académicamente sobre lo que es un relato, corto o extenso, y un ensayo, creo que se han roto hace muchos años en usted. Se rompieron siempre...

CF -
Y en la novela misma, ¿verdad?

RC - Las novelas pasan a veces a ser tratados de sociología, de cultura. Usted mismo lo intentó una vez, y de qué manera, y con gran magnitud, en "Terra nostra": el diálogo entre México, España... Creo que de una manera un poco desmesurada, a mi entender.

CF -
No, para mí no.

RC - Para usted no, pero le llevó tiempo.

CF -
Diez años.

RC - Siempre me quedó en la cabeza: el fragmento que dedica a Juana la Loca, la viuda de Felipe II, viene de Ludwig Pffandl, el hispanista alemán.

CF -
De Ludwig Pffandl y de muchos otros autores de la trágica historia de Juana la Loca. Hay muchas emperatrices locas en nuestra Historia: Juana la Loca, la emperatriz Carlota en México...

RC - ¿Se acuerda de la película "Juárez", de William Dieterle?

CF -
Sí, con Bette Davies, Paul Muni, Claude Reims, Joseph Caleia...

RC - ¡Eso es erudición cinematográfica!

DB - En esta novela que viene a presentar a Montevideo, "Los años con Laura Díaz", un personaje que es testigo de los acontecimientos nacionales e internacionales, usted se propone escribir la Historia del siglo XX mexicano. Se apoya en hechos y personas que determinaron la conformación del México actual: entre otros están muy presentes los artistas Frida Kahlo, Diego Rivera, y aparecen momentos fundamentales de la Historia cultural y política de su país. Y a propósito de la Historia, usted dijo que "la novela es el único medio posible para profundizar en la realidad de los hechos"; que "el pasado es más real cuando está tocado por la poesía". ¿Cómo se traduce esa definición en "Los años con Laura Díaz"?

CF -
No sólo en esta novela sino en general, la Historia es texto, y la novela es texto. No olvidemos que lo que queda de la Historia es un texto. Pero cuando uno voltea por ejemplo el siglo XIX y quiere preguntar qué fue la Rusia de ese siglo, aunque hay excelentes historiadores rusos, creo que la imagen que uno tiene es la que nos dan Dostoievski, Gogol, Tolstoi; es lo que queda realmente.

¿Qué queda de la Historia francesa del siglo XIX, un siglo de grandes historiadores? Lo que finalmente permanece es la visión que nos ofrecen Balzac, Sténdhal, Flaubert, etcétera.

Entonces, la imaginación de la Historia es tan importante como la Historia misma. Más bien dicho: no habría Historia sin la imaginación de la Historia. El pasado es memoria pero también es un poco deseo, está previendo un deseo que se manifiesta a veces a través del arte, a través de la novela particularmente. Creo profundamente en ese poder que tiene la novela para crear Historia.

Mi amigo García Márquez leyó "El día del chacal", que trata de un atentado contra el general De Gaulle que no se llevó a cabo. García Márquez le dijo al autor, Fréderick Forsyth: "La novela es buena pero hubiera sido mejor si al final el Chacal matara al general De Gaulle". El autor le dijo, muy sorprendido: "¡Pero es que no lo mató! ¡Pasó así!". Y García Márquez le respondió: "Pero si usted lo escribe y lo pone en la novela, dentro de 100 años todo el mundo creerá que sí asesinaron a De Gaulle en esa ocasión". Esa es la fuerza de la ficción.


DB - Usted dijo también que "la novela es la posibilidad de explicar todos los sentimientos que andan en nosotros". Para usted, entrar en ese terreno es imposible para la Historia.

CF - Es muy difícil, muy difícil. Yo siempre he tratado de colocar mis novelas en este crucero donde el destino personal y el destino histórico se encuentran, chocan, se entienden, se enamoran, se odian, etcétera. Pero sí creo que hay una dimensión que sólo puede dar la novela.

Hablábamos hace un momento de cine y novela, de la posibilidad de meter tantas cosas en la novela, y no es nada nuevo. Porque hace poco estaba releyendo "Los miserables", de Víctor Hugo, y dedica por ejemplo 100 páginas a la batalla de Waterloo que no tienen nada que ver con el resto de la novela, salvo que hay un robo al final...

RC - Esas 100 páginas son una obra de maravilla.

CF -
Son excelentes: entra a un convento y describe la vida de los conventos durante 100 páginas, nada más para situar a la niña Cosette ¿verdad? De manera que siempre ha habido esas salidas de la novela, ese convocar... El género de la novela es muy amplio, generoso, abraza, abarca mucho, es su cariño. Yo no creo en las novelas flacas, anémicas: creo en las novelas gordas, ricas, amorosas, comilonas...

(Risas)

DB - ¿Y podemos entender mejor la Historia a través de una novela?

CF -
Sin la novela, sin el texto literario, no se entiende el texto histórico. El texto histórico se muere, se queda en datos, se seca sin la animación que le puede dar la novela. No entenderíamos la batalla de Waterloo sin Sténdhal y Víctor Hugo.

RC - Sténdhal, que vio la retirada.

CF -
Cuando Fabrizio del Dongo se va retirando sin saber dónde está la batalla.

RC - Hemingway lo recordaba mucho. Hay algo que me llamó la atención, y también a Octavio Paz: las máscaras. En su novela, simbólica y mitológicamente, ¿es consciente, deliberado?

CF - Sí es una forma de realismo mexicano. México ha usado muchas máscaras; somos artesanos de las máscaras. Las que se venden en los mercados mexicanos son de una variedad y belleza increíbles, y en el México indígena, para hacer el viaje al Infierno, se le ponía al muerto una máscara que era el rostro con el cual debía presentarse ante los dioses a la Eternidad.

RC - ¿Recuerda el fin de "Que viva México"?

CF -
De Einsenstein.

RC - Yo vinculo esa máscara que aparece, se la quita y aparece un niño sonriente. ¿Es exagerado pensar que la presencia de las máscaras ...? Incluso hay una institución política mexicana que se llama "El tapado". ¿Es también una forma de máscara?

CF -
Es una forma de máscara. También el Subcomandante Marcos usa una capucha que es una máscara, ¿verdad? Por lo visto hay esta tradición de disimular, de esconderse, de defenderse...

El lenguaje mexicano está lleno de diminutivos y de subjuntivos a fin de defenderse. Es un lenguaje muy defensivo, porque ha sido un país conquistado, humillado, avasallado demasiadas veces. Si usted cuenta las invasiones extranjeras que ha tenido México son innumerables; quizá sólo Rusia nos gane en ese aspecto. De manera que hay que crearse organismos de defensa: corazas, máscaras en última instancia.

RC - Y un lenguaje.

CF -
Un lenguaje, sobre todo.

RC - Ese lenguaje aparece en su novela.

CF - Sí, sí, porque como mexicano estoy obligado a usar mucho el diminutivo, el "chiquititito", el "ahorita", que es una forma de apaciguar el lenguaje. El subjuntivo: el "fuera" o "fuese", "quisiera" o "quisiese", que suaviza las cosas y, si las cosas no se suavizan, inmediatamente aparecen la rija y el puñal, y una gran violencia. Es una forma de aplazar la violencia latente que puede haber. Que existe en todas las sociedades, no es propio sólo de México.

RC - El hecho de abrazar y palmear al amigo, a la persona con quien se encuentra, es simplemente palpar de armas...
(risas)

RC - Usted mismo lo ha dicho.

CF -
Sí: ver si no viene con pistolas.

DB - Volviendo al papel que usted asigna a la novela, ¿le cabe la etiqueta muy en boga hoy en día de "novela histórica"?

CF -
Yo creo que toda novela es histórica, porque toda novela ocurre en el tiempo. Ha habido tiempo sin novelas; lo que nunca ha habido es una novela sin tiempo: toda novela está situada históricamente. Incluso cuando rechaza la Historia o cuando la aparta, como hace Borges en tantas ocasiones, es una forma de responderle a la Historia.

DB - Usted define a la literatura como un género de géneros que lo abarca todo y que puede basarse en la ficción y en la mentira totales para decir la verdad.

CF -
Sí. Es como definió Dostoiewski a El Quijote: dijo que es una obra donde la verdad es salvada por una mentira. Toda la ficción de El Quijote revela finalmente una verdad.

DB - Cervantes es el más grande novelista para usted.

CF -
Para mí, sí.

DB - Todos los años, en Pascua. Hago una especie de ejercicio espiritual y me leo El Quijote. En abril, más o menos.

RC - Pero de la primera a la última página.

CF -
Sí, y ¿sabe qué? Lo leo como si fuera la primera vez. Es siempre una novedad: soy siempre el primer lector de El Quijote, tengo ese privilegio cada vez.

DB - ¿Es su manual de estilo?

CF -
No, no. Es una obra tan maravillosa y tan rica que reanima la imaginación, la vitalidad, las ideas, que nos vuelve más amorosos por su sentido del humor y el respeto hacia la persona humana.

RC - Un libro lleno de misterios, por lo demás.

CF -
Lleno de misterios. Por eso se puede leer tantas veces.

RC - No sólo aparece la parodia sino la contra-novela, la discusión misma de qué es la novela...

CF -
Entra Don Quijote a una imprenta, en Barcelona, y descubre que lo que se está imprimiendo es el libro "Don Quijote de la Mancha". Sabe que él es un personaje de novela. Es la novela más radicalmente moderna que se haya escrito jamás.

RC - Con la belleza, sin embargo, de las novelas medievales de caballería.

CF -
Mantiene el encanto de lo mismo que está criticando.

DB - Decíamos hace un instante que usted elige un personaje en particular para viajar a través del siglo XX americano que es esta mujer "Laura Díaz". ¿Existió?

CF -
No, no. No existió. La novela tiene una base familiar; la de mi familia en Veracruz. Partí de esos hechos: esa abuela que aparece al principio a la que un bandido -para robarle los anillos- le corta los dedos de un machetazo...

DB - Cósima.

CF -
...es mi bisabuela Clotilde Vélez. Hay cosas reales, pero una vez que Laura Díaz deja la provincia y se va a la Ciudad de México ya es un personaje muy autónomo de mi familia, muy aparte, que agarra su camino propio y que incide mucho con la Historia de México en este siglo, pero también con muchos hechos internacionales que tuvieron una presencia muy importante en la vida mexicana: la guerra civil española, por ejemplo, el maccarthysmo (los refugiados de McCarthy, "los diez de Hollywood", se fueron a vivir en México y yo los conocí), de manera que yo quería también recordar que México está en el mundo, que no es un planeta aparte.

DB - Y además, inevitablemente, encuentra a ese personaje en un mural, un mural de Diego Rivera.

CF -
Naturalmente.

DB - Y además, inevitablemente, eso personajes (Diego Rivera, Frida Kahlo) están muy presentes en la obra. Para usted son muy queridos.

CF -
Sí, cómo no. El destino de los murales mexicanos en los Estados Unidos me interesaba particularmente, porque es muy llamativo que a lo largo de este siglo los millonarios norteamericanos encargan murales a los pintores mexicanos, y luego -como los llenan de símbolos comunistas- los mandan retirar, pintar, destruir, y resulta una historia prácticamente cómica porque le tocó a Rivera, a Siqueiros, a Orozco... Todos han sido censurados por las mismas personas que les comisionaron los murales.

RC - Es que era un acto de provocación.

CF -
Pues ellos ya sabían quiénes eran. Y lo de Siqueiros es muy cómico, porque una señora muy rica en Los Angeles le encarga un mural al aire libre, en la calle Olveda, la calle mexicana de Los Angeles. Y le pregunta: "¿Cuál va a ser su tema, señor Siqueiros?". El le contesta: "La América tropical". "¡Aaaah! -le dice la señora. ¡How beautiful! ¡Carmen Miranda, la samba, la conga!". Y lo que le pinta Siqueiros es la América latina crucificada por los Estados Unidos. Entonces la señora manda blanquear rápidamente el mural, sacarlo. Fue restaurado hace tres años, apenas.

RC - Releyéndolo muy apresuradamente esta semana, me llamó la atención que usted, hijo de embajador, trashumante como todos los embajadores (Montevideo, Rio, Buenos Aires, Santiago, Lima, todo una especie de rosario sureño) parece que cuando escribe se está dirigiendo a los "gringos".

CF - No: me dirijo en primer lugar a los mexicanos. Si los libros llegan a los americanos, qué suerte; pero resulta que llegan mucho a los franceses. "Terra nostra" está en el currículum de estudio de los liceos franceses, y no en los americanos. Tengo muchos lectores en Alemania, en Inglaterra, de manera que no siento que estoy escribiendo para los americanos. Estoy tratando de escribirle en primer lugar a un señor que se llama Carlos Fuentes, luego a mis posibles lectores mexicanos y latinoamericanos: estoy escribiendo en español, en una lengua que, aunque sea bien traducida, no tiene nunca la resonancia que el original. Ulteriormente vendrá el regalo de las traducciones, y si vienen, vienen; y si no, también.

RC - Es un siglo de traducciones.

CF -
Sí, pero ya vienen muy en tercer grado.

DB - ¿Cómo se siente en este mundo de la imagen, de lo audiovisual, que predomina cada vez más? Porque usted ha insistido mucho en la importancia de la palabra y del escritor, y por lo tanto en la defensa de la imaginación. ¿Lo audiovisual avasalla al papel de la palabra y de los escritores?

CF -
Tanto como lo pudo avasallar el disco, el cine o la radio en el pasado. Creo que la literatura coexiste perfectamente con otros medios de comunicación. Creo que se pueden utilizar los medios modernos de comunicación para crear más lectores, más lectura. Y así sucede: los CD Rom en Estados Unidos han servido mucho para que la biblioteca de autores clásicos americanos. Por ejemplo, para que The Library of America haya vendido tres millones de ejemplares de Jefferson en los últimos 10 años. Ha sido muy útil, en la clase es muy útil. Lo que le hace falta a la televisión es la crítica de la televisión: hay crítica de cine, de arte, de libros, no hay crítica de televisión. La imagen resulta demasiado pasiva, es recibida de una manera totalmente pasiva. Creo que está haciendo falta es una estructura crítica frente a la imagen moderna, que la tienen todas las artes, la requieren todas las artes, y si un medio de comunicación no tiene su propia crítica está destinado a perecer.

DB - Ya en la despedida, quería preguntarle sobre su relación con algunos escritores. Sin lugar a dudas, García Márquez es su gran compinche, ¿no?

CF -
Soy uno de sus grandes hinchas.

DB - Leí algo curioso que hicieron ambos cuando el gobierno mexicano les concedió una pensión honorífica de tres mil dólares mensuales, y decidieron dar ese dinero para crear algo que fue una Cátedra Julio Cortázar.

CF -
Es la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, en la Universidad de Guadalajara. Recibimos estas becas permanentes del gobierno de México, decidimos no tocarlas, no rechazarlas, sino entregarlas directamente a la Universidad de Guadalajara para que creara una cátedra en honor de nuestro queridísimo, inolvidable, gran escritor.

DB - Octavio Paz, muerto hace poco tiempo. Tengo la sensación, por cosas que usted ha dicho, de que lo respeta mucho, respeta mucho su obra, pero no tuvo relación con él.

CF -
Tuve relación muy intensa con él hasta que él decidió romperla a finales de los ochentas. Sus razones tendría, pero ya no nos vimos más.

DB - Su obra es importante para usted.

RC - Hay una frase que dicen en México, cuyo autor nunca logré descubrir: "La literatura mexicana descansa en Paz".

CF -
(Risas) Yo sé quién es el autor...

RC - ¿Quién es?

CF - ...pero no voy a repetir su nombre.

DB -
¿Mario Vargas Llosa?

CF -
Nos tratamos bastante en los años sesentas, pero luego no nos hemos visto. No porque yo no simpatice o no lo admire, sino por otros motivos. Supongo que la política tiene algo que ver: tenemos posiciones políticas diversas, su pleito con García Márquez tiene algo que ver, pero lo respeto y lo leo con mucho interés: aún cuando las posiciones políticas sean diversas, siempre leo lo que él tiene para decir porque siempre es inteligente.

DB - ¿Conoció a Onetti?

CF -
Lo conocí aquí, iba de casa en casa leyendo libros y bebiendo whisky. Era muy simpático, lo recuerdo como un ser muy querible, muy irónico, terriblemente irónico, pero uno de los grandes fundadores de la literatura moderna de América latina.

DB - Volviendo al comienzo, a su visión sobre el mundo, usted decía: "Estamos en un mundo muy peligroso y anárquico. Llegamos al siglo XXI en medio de la perplejidad y el caos, sin saber muy bien adónde vamos". Ahora que, con esta novela "Los años con Laura Díaz" se ha propuesto repasar el siglo XX mexicano, su visión de lo que se viene -cuando estamos tan cerca del 2000- ¿es tan apocalíptica?

CF -
Hemos vivido un siglo que nos tiene que dejar un sabor muy amargo, porque nunca fue tan grande el adelanto técnico y científico en la Historia de la humanidad, pero nunca fue tan grande también el retraso moral y político, el abismo y la ciencia y la tecnología respecto a la política y la moral. Ha sido verdaderamente abismal, verdaderamente horrible: en el siglo XX, el siglo de los mayores adelantos, ha sido el siglo de los Gulags, del Holocausto, de la bomba atómica, de los genocidios más horribles.
De manera que uno quisiera pensar a la Rousseau en un nuevo contrato social para el siglo XXI, con una preponderancia de los valores morales y de convivencia, pero por el otro lado está el hombre lobo del hombre, los terribles impulsos de los seres humanos a destruirse entre sí. No sé cómo se va a resolver esto, pero digo que debemos entrar al siglo XXI con una mente crítica, muy alerta, con muchas antenas para evitar nuevas catástrofes, para evitar nuevos holocaustos. Sé que va a ser muy difícil pero ahí están a la puerta, ya.

 


Fuente: Clarín Buenos Aires

"Me moriré escribiendo"
Eduardo Villar


Carlos Fuentes (75), uno de los grandes escritores latinoamericanos, habló con Ñ. Sus próximos libros, sus recuerdos argentinos y sus temores sobre el futuro de un mundo dominado por EE.UU.

Carlos Fuentes se ríe con ganas, se ríe a las carcajadas, con una risa que puede ser de felicidad o de escándalo. Se ríe porque ha escuchado, ahora en boca del cronista, la frase que él ha dicho hace horas apenas. Quizá no había imaginado que tendría una repercusión tan instantánea ni en un lugar tan lejano. La frase, su frase, que ahora no ha dicho sino escuchado y que le produce esa risa, es la siguiente: "México es una prostituta que ha recuperado su virginidad y ahora no sabe cómo comportarse como una virgen". Se ríe Fuentes cuando se escucha, repetido, a miles de kilómetros de distancia. Y explica que sí, que lo ha dicho, pero que no hablaba de México sino de la política mexicana. Pero eso será más tarde, promediando la charla telefónica que - Ñ- mantuvo con el escritor mexicano.

Ahora no. Ahora ha llegado a su casa en el DF hace apenas una hora desde Tampico, donde participó en el encuentro Letras en el Golfo, con otros escritores mexicanos y extranjeros. Allí no ha hablado de prostitutas ni de vírgenes, sino de literatura. Y de eso mismo habla ahora Fuentes —es decir, la voz de Fuentes— al comenzar la entrevista telefónica: de su trabajo de escritor y sus próximos libros.

—Pues estoy por publicar un libro de relatos , "Angeles, demonios y fantasmas", que incluye "Vlad", una historia de vampiros en México. El libro incluye esa historia de unas 100 páginas y otros cinco relatos fantásticos.

—¿Podría leerse "Vlad" como una alegoría de la actualidad política y social del mundo?

—No, de ninguna manera, "Vlad" y los otros relatos son producto de la imaginación y no pueden leerse como una alegoría de nada. Yo siempre he escrito ficciones fantásticas. Es algo que está en mi obra. Y, en alguna medida, en la realidad: esta semana me encontré con la tapa de la revista "The Economist" que dice, refiriéndose a Putin, el presidente ruso, "Vlad, the impaler" que es el personaje de mi relato.

Fuentes y la tapa de la revista se refieren a Vladimir, el empalador, personaje histórico que inspiró la novela "Drácula", de Bram Stoker, que Fuentes considera "genial". En "Vlad", Fuentes recrea el mito. Dice, con una voz clara que rompe las distancias:

—La historia transcurre en la ciudad de México, en el presente. Imagínese lo que es para Drácula llegar, ávido de sangre, a una ciudad como México, de 20 millones de habitantes. Ahí le ocurren una serie de cosas que no voy a contarle a usted ahora porque mataría toda sorpresa.

—Hay una moda de lo gótico y el vampirismo en el mundo.

—¿Ah, sí?—. La voz en el teléfono se apaga, suena distante, indiferente, ya aburrida de vampiros.

—¿Qué puede adelantar sobre la novela que está escribiendo sobre un guerrillero colombiano?

—Bueno, verá usted. Es la historia de Carlos Pizarro, un líder guerrillero del M-19, que estuvo en armas hasta que se dio cuenta de que inevitablemente la guerrilla y el narcotráfico se iban a unir.

La voz se recobra, no parece una voz de 75 años que aterrizó hace una hora después de asistir a un encuentro de escritores. Se entusiasma:

—Cuando tuvo esa certeza, en 1990, Pizarro llamó a su gente a abandonar las armas y se lanzó como candidato a la presidencia de Colombia. Pero durante un vuelo de Bogotá a Medellín, en plena campaña, un sicario salió del baño del avión y lo asesinó a tiros. En el tiroteo con los guardaespaldas de Pizarro, cayó muerto también el asesino. En el zapato del sicario encontraron una carta: "No se olviden de pagarle los dos mil dólares a mi mamacita". Es una buena historia, ¿no?

—Sí, y usted sabrá contarla. ¿Ya terminó de escribirla?

—No, voy por la mitad de la novela, que se llama "Aquiles o el guerrillero y el asesino". En realidad, más allá de la historia, lo que me interesó de la vida de Pizarro es que tiene muchos elementos novelísticos. El pertenecía a una familia burguesa, era hijo de un almirante de la marina de guerra, educado por los jesuitas y, como muchos otros jóvenes latinoamericanos en su situación, sintió la necesidad de luchar por la justiciay se lanzó a la lucha revolucionaria. Igual que Simón Bolívar y Fidel Castro, Pizarro es un producto de la educación jesuítica, que produjo muchos rebeldes.

—¿La escritura de este libro supuso cierto trabajo de investigación periodística?

—Sí, me ayudaron mucho mis charlas con Gabo García Márquez y Alvaro Mutis. También he hablado con la familia de Pizarro, con sus hermanos, que me han dado mucha información.

Carlos Fuentes, su voz, se mueve con comodidad del pasado al futuro, de México a Colombia, de un libro y de un tema a otro.

—El martes que viene (por el martes pasado) cumple 75 años. ¿Qué ve cuando mira hacia atrás y se ve a los 30 o 40?

—Pues veo a alguien con muchísima energía para escribir y al mismo tiempo para otras actividades. Viajar, leer, ir a fiestas, jugar, hacer amigos...

—¿Cómo se imagina dentro de unos años?

—Pues vea usted, yo voy a caerme muerto escribiendo. Yo soy discípulo de Balzac. Balzac ha sido siempre mi modelo, y Balzac se murió escribiendo.

Lo dice uno de los protagonistas —con García Márquez, Vargas LLosa, Cortázar— del boom que en los años 60 universalizó la literatura latinoamericana. De él ha dicho el español Juan Goytisolo: "Una de las grandes figuras de la literatura mundial, uno de los novelistas más importantes de nuestras letras". De su novela "La región más transparente", ha escrito el cubano José Lezama Lima: "No creo que en México ni en ninguna otra parte de América se hayan escrito muchas novelas mejores que la suya".

—Usted vivió parte de su adolescencia en Buenos Aires. ¿Qué recuerdos tiene de esos años?

—Mire, yo le debo mucho a Buenos Aires... Llegué días después de asumir la presidencia el general Farrell y el ministro de Educación era Hugo Wast. Entonces yo tenía 16 años y me negué a ir a la escuela porque era una educación francamente fascistoide y me parecía insoportable. Mi padre lo entendió. Y eso me permitió descubrir tres cosas fundamentales: Borges, el tango y el sexo. De modo que mi gratitud hacia Buenos Aires es infinita.

—Alguna vez dijo que los argentinos tienen la necesidad de llenar un vacío; no sé si se refería a un vacío territorial o cultural...

—No, me refería a una relación con el pasado. Nosotros, los mexicanos, descendemos de los aztecas; ustedes los argentinos descienden de los barcos. Ya que es un país migratorio reciente, la Argentina no tiene el espectacular pasado mexicano que se remonta a los mayas y a los aztecas. De modo que la Argentina ha tenido por eso el desafío de crear una cultura para llenar grandes vacíos históricos y culturales. Por ese gran esfuerzo la literatura argentina, pues, es la mejor de América latina.

—¿Le parece, realmente?

—Sí, absolutamente. Bueno, en primer lugar debo aclarar una cosa, que yo veo la literatura en lengua española como un todo. No me gusta dividirla en parcelas nacionales. Pero si lo hiciéramos, yo creo que las obras que ha producido la Argentina, de Sarmiento para acá, son realmente las estrellas de la literatura latinoamericana. No hay otro país que tenga un Borges, un Bioy, un Cortázar, bueno, Arlt, Macedonio... Es una riqueza absolutamente extraordinaria.

—No es por competir en gentilezas, pero México lo tiene a usted, a Paz, a Rulfo, a Reyes.

—No, claro, ha habido muy buenos escritores. Y no se olvide de Sor Juana Inés de la Cruz. Pero yo creo que como continuidad y abundancia y calidad de literatura, si la consideramos nacionalmente, la argentina es la número uno. Ahora, por fortuna, sentimos que los escritores argentinos son mexicanos, son nuestros, ¿no? Y son españoles también y nos pertenecen a todos. Porque tenemos una gran ventaja —una de las pocas que tenemos sobre el mundo anglosajón— y es que ellos tienden a dividir, a separar las literaturas. Recordará usted el famoso dicho de Bernard Shaw: Inglaterra y Estados Unidos son dos países unidos por el mismo océano y separados por dos lenguas distintas. Y el fenómeno se repite si ve usted a Nigeria y a Canadá y a Africa del Sur y a Nueva Zelanda. Siempre son literaturas nacionales, no hay una constelación de la lengua inglesa. En tanto que en nuestro caso, sí. Rubén Darío le pertenece a la América latina y a España. García Lorca le pertenece a España y a la América latina. En ese sentido, abarcamos mucho más, nos consideramos mucho más solidarios de nuestras culturas que los anglosajones.

La de Carlos Fuentes es una voz inusualmente amable. Sabe disculpar cortésmente, con silenciosa paciencia, cualquier vacilación de quien pregunta. Sólo una vez durante la charla se volverá tensa y se pondrá en guardia. Es cuando se le pide que elija uno y sólo uno entre sus libros.

—No, no. No me haga esa pregunta porque todos son mis hijos. Y de repente, un hijo es tuerto o al otro le falta una pierna, pero uno los ve bonitos y los quiere a todos. Lo que sí puedo decirle es que yo siempre he sido fiel a lo que me interesa escribir, sin pensar si va a tener éxito comercial o no, si va a gustar o no, nunca me ha interesado eso, siempre he escrito lo que yo quería.

—¿Usted cree que muchos escritores piensan de esa forma cuando escriben?

—Yo creo que los buenos escritores piensan así. Luego hay escritores comerciales que escriben para satisfacer al mercado, eso no me interesa. La fidelidad del escritor debe ser a la escritura misma, al hecho de escribir, sin pensar que se pueda publicar siquiera. Es difícil, todos pensamos que vamos a ser publicados y quisiéramos ser leídos y aplaudidos, pero a veces no es así y lo que importa no es eso, sino la fidelidad a la literatura y a la imaginación propia.

—Ya que habla de aplausos, ¿esperaba el Nobel este año?

—Nooo, para nada —dice la voz entre risas—. El Nobel ya me lo dieron cuando se lo dieron a García Márquez, se lo dieron a mi generación, todos nos sentimos premiados con Gabo. Ahora se ha otorgado uno de los mejores premios Nobel de la historia, a J.M. Coetzee, algo que yo celebro enormemente. Es realmente un premio bien dado, que no nos queda sino aplaudir.

—Acá aún se lamentan de que no se lo hayan dado a Borges.

—Pues sí, pero Borges puede dormir en paz porque está en buena compañía; está en la compañía de Joyce, de Proust, de Kafka, de Virginia Woolf, que tampoco recibieron el Nobel.

Ahora sí, después de escuchar su frase sobre México y la prostituta que ha recuperado su virginidad, la voz de Fuentes se ríe y explica, divertida:

—No hababa del país sino de la política mexicana, ¿no?, que fue un poco prostibularia durante el largo régimen del PRI (el partido que gobernó México durante más de 70 años) y de repente pues esta señora de la calle resulta que ha recobrado la virginidad sin necesidad de una Celestina que intervenga para coserla, ¿no? Pero estamos aprendiendo a ser un país demócrata. Lentamente y con muchos escollos a ejercer una democracia que en realidad nunca hemos ejercido en México; éste es un país con una larga tradición autoritaria desde Moctezuma hasta los señores presidentes, ha sido un país autoritario. Y mire usted: lo que es muy grave es que empieza a haber una nostalgia autoritaria en muchas partes de la América latina. porque se le concede a los gobiernos autoritarios la capacidad de hacer cosas.

—Desde "La región más transparente", en 1958, hasta "La silla del águila", el año pasado, sus novelas han explorado la identidad cultural de México. ¿Cómo ha cambiado su idea de México desde entonces hasta hoy?

—En nuestra cultura, la búsqueda de identidad ha sido una constante. Pero ya la tenemos. Todo mexicano sabe lo que es ser mexicano y todo argentino, lo que es ser argentino. En América latina ya sabemos quiénes somos. Hay que salir del discurso de la identidad para entrar en el de la diversidad. Debemos descubrir lo que todavía no somos. Estamos en un cruce de caminos: tenemos que movernos de la identidad adquirida a la diversidad por adquirir. La identidad es importante pero se puede pervertir en chauvinismo y odio hacia los grupos que no la comparten. Necesitamos respeto a la diversidad política, religiosa, sexual y cultural.

- —Su última novela, "La silla del águila", transcurre en el futuro.

—En el 2020, sí.

—¿Por qué eligió ese tiempo?

—Mire, porque me daba mucha más libertad para evadir la caracterización actual de la política mexicana y para inventar personajes. Es también un acto de exorcismo, porque a veces los escritores quisiéramos ser profetas y acabamos en exorcistas. Yo he querido exorcizar la posibilidad de que Condoleezza Rice sea presidente de los Estados Unidos. Aparece como presidente en mi novela y capaz que se me convierte en profecía en vez de exorcismo, Dios nos libre.

—Si fuera así, quién nos salvaría de la guerra preventiva. ¿Qué le parece esa doctrina?

—El unilateralismo, la guerra preventiva son un portento de catástrofe, una profecía de apocalipsis. Desde el momento en que una sola nación se arroga el derecho de ir a la guerra preventiva, crea una situación en la que todos los vecinos pueden sospechar del vecino, en la que se pueden iniciar guerras catastróficas a partir de la simple sospecha o de la mala información, como sucedió en el caso de Irak. Se puede haber invocado la existencia de armas de destrucción masiva, pero resulta que no están en ninguna parte. Ahora se ha cambiado el tema a "no no no, fuimos allí para liberar a Irak de un terrible tirano, Sadam Hussein, un tirano armado y apapachado y amamantado por los Estados Unidos desde hace 20 años. Bueno, pasemos por alto eso pero veamos una realidad extraordinaria, terrible, y es que Hussein, un feroz tirano, un tipo despreciable y horrible, mantenía a Irak a salvo del terrorismo, era un bastión contra el terrorismo. Ahora, sin Saddam, Irak se ha convertido en el centro mundial del terrorismo, ahí se están reuniendo todos y por eso los EE.UU. no pueden controlar la situación. Bush le dio luz verde al terrorismo internacional con la guerra de Irak. Es una paradoja extaordinaria.

—¿Cuál es el futuro de esto?

— Soy muy pesimista. Creo que los EE.UU. ganaron la guerra y están perdiendo la paz. Y a veces uno siente hasta compasión por ellos. Quizá hay que ayudarlos para que no nos arrastren a un mayor desastre. El hecho es que después de haber despreciado a las Naciones Unidas, de haber violado el derecho internacional, han tenido que regresar con la cola entre las piernas, a pedir auxilio de las Naciones Unidas para tratar de establecer un mínimo de seguridad y de estabilidad en Irak. Están fracasando pero lo que pasa es que ya no van a poder emprender otras aventuras. Antes se hablaba del eje del mal: vamos a ir a Corea y vamos a Irán y vamos a ir a todas partes. Hoy ya no se atreverían a hacer lo. La mayoría de los efectivos militares de los EE.UU, están comprometidos en Irak y no pueden controlar a ese país.

Ahora, Carlos Fuentes, la voz, abandona el tono amable. A 7.400 km de distancia, suena grave, dramática, final.


Principal-|-Consulta a Avizora-|-Titulares-| Clima-|-Sugiera su Sitio
Temas Que Queman | Periodísticos Selectos | Libros Gratis | Publicaciones | Glosario   
Desarrollo Web | Libro de Visitas |-Chat-|- Horóscopo


AVIZORA
Tel: +54 (3492) 434313 /+54 (3492) 452494 / +54 (3492) 421382 /
+54 (3492) 15 612463 ARGENTINA
webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m. Avizora.com