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Los seis sabios de España

Fuente Página 12 Entrevista por Silvina Friera 0404
“Todos tenemos dudas filosóficas”
La ley primera en el mundo del filósofo Fernando Savater es su agnosticismo confeso y militante. Acaso por la impunidad que le otorga esta pertenencia, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid se desplaza de punta a punta por el decálogo divino, otrora eficaz regulador social, que en su tierna infancia debía respetar a pie juntillas. Lo que para otros podría representar una pérdida de tiempo o un anacronismo –¿tiene sentido preguntarse por la vigencia de los mandamientos?–, para él fue ordenar las barajas y poner las cosas en su lugar apelando a la ironía. Los diez mandamientos en el siglo XXI, publicado por Sudamericana, es la versión impresa de un programa de televisión en el que Savater desglosó emisión tras emisión el talón de Aquiles de cada uno de los tópicos culturales del decálogo. El libro y el ciclo no proponen un crucigrama intelectual temerario. El autor de Etica para amador ensambla las explicaciones históricas –la ambigua prohibición de robar o el deber de honrar a los progenitores– con las interpelaciones mordaces de su puño y letra.
 

“¿Estás seguro de que uno puede hablar sin mentir? Ya sabes lo que dijo Goethe, que tú nos concediste la palabra para que pudiéramos ocultar mejor nuestros pensamientos”, increpa el filósofo, escritor y periodista a Dios. Con los mismos lentes de marcos colorados que usaba en Savater 10 M (ciclo que emitió Canal (á) en octubre del año pasado), uno de los filósofos best seller de los últimos años se entrega al diálogo

 

–Las sociedades occidentales siempre han necesitado un conjunto de leyes que las regulen, por ejemplo los mandamientos, que han ejercido un férreo control sobre las conciencias de los católicos. ¿Cómo ve este fenómeno un agnóstico?
–Las culturas pueden variar mucho a lo largo del tiempo, pero todas tienen una nítida distinción entre el bien y el mal. Los diez mandamientos son nuestra tradición, aunque evidentemente el catolicismo se ha basado en una interpretación eclesial de ese legado. Pero los mandamientos, aun sin tener la vigencia eclesiástica, han servido como referentes morales, como un cañamazo sobre el que se tejían las leyes divinas. Mal que bien, uno puede encontrar que todavía están ahí como trasfondo de nuestras leyes.
–¿Aunque huelen a viejo?
–Como los problemas que afrontan: que se maten unos a otros es tan viejo como la quijada del burro de Caín y sin embargo ahí están. La mayoría de los vicios humanos resultan viejos, incluso un poco más viejos que los mandamientos.
–La religión y la filosofía, más allá de las notables diferencias que las separan, aparecen como refugio frente a la desesperación, la soledad...
–Es que los seres humanos han vivido siempre así. Un ser que se sabe mortal y cuyos deseos son frustrados por la realidad tiene que buscar compensaciones en la religión, en la filosofía, en el deporte, para aliviar una vida cuya realidad es inferior a las expectativas.
–¿En qué sentido compensa la filosofía?
–Simplemente nos ayuda a convivir con nuestras preguntas irresolubles. Nosotros nos planteamos preguntas instrumentales, destinadas a ayudar o dejar hacer ciertas cosas, pero hay otras preguntas que no son instrumentales y que da igual que las contestemos porque no van a influir en nuestras vidas, como las preguntas sobre la muerte, el universo o el tiempo. Sin embargo, la filosofía contribuye a que nos entendamos mejor a nosotros mismos dentro de este mundo. A mí me gustaba la literatura antes que nada, pero cuando tenía 15 o 16 años descubrí autores como Bertrand Russell o Nietzsche y comencé a interesarme por esas cuestiones.
–En los últimos años, la filosofía ha ampliado su campo de recepción del mundo académico hacia el común de la gente.
–Es que los temas de la filosofía le interesan a todo el mundo. No he conocido nunca a nadie que no le interese la muerte, la libertad o el derecho a vivir. El problema es que la gente cuando se acerca a los libros de filosofía y no los comprende, los abandona, como sucede con la economía. A todos nos preocupan los problemas económicos porque tenemos que llegar a fin de mes, pero la mayoría de nosotros no sabemos ni leer las páginas económicas de los diarios.
–Si bien la filosofía plantea respuestas que ayudan a comprender lo que somos, ¿qué interrogantes se puede plantear ante problemas como el terrorismo?
–La filosofía pretende comprender, no resolver; por eso es lo contrario a un libro de autoayuda, en donde te dicen cómo podés conquistar a la vecina del quinto piso. La filosofía te hace entrar en nuevas dudas, y hace más compleja la realidad. Aunque el terror no podamos resolverlo, debemos plantearnos qué significa que el terror sea uno de los grandes instrumentos de domesticación del ser humano.
–Desde el punto de vista político, ¿cómo se enfrenta esta cuestión cuando para algunos grupos el valor de la vida es inferior al de sus ideas, cuando no dudan en inmolarse al mismo tiempo que matan a otros?
–Es una pregunta grave, porque una persona que no teme morir es invencible. Los seres humanos somos controlables porque todos tememos a la muerte. Pero a alguien que le da igual morir, contra ése, salvo destruirlo, no hay otra cosa. Ahí hay una nueva batalla en la que aparecen involucradas cuestiones religiosas, ideológicas y prácticas políticas. Fíjate que la mayoría de esos atentados no los han perpetrado personas desesperadas, como sucede en Medio Oriente, en donde la bomba en el autobús israelí la pone un chico de 17 o 18 años, que ha nacido en un contexto de campo de concentración, sin trabajo, sin expectativas de nada. Pero ni los atentados del 11 de septiembre ni los de Atocha fueron ejecutados por gente que estuviera en ese estado de desesperación. El cabecilla de los atentados de Atocha había recibido 50.000 euros en becas de estudio del gobierno español.
–¿Este es un momento de mucha intolerancia y de baja aceptación de otras culturas?
–No, creo que nuestras sociedades son más tolerantes que nunca. Las sociedades antiguas eran muchísimo más intolerantes. En primer lugar no tenían ningún complejo de ser intolerantes, en cambio, nosotros tenemos el complejo de que hay que ser tolerantes.
–Si las sociedades occidentales se fundaron a partir de los valores de la Revolución Francesa, la libertad, la igualdad y la fraternidad, ¿qué perdura de aquellos lemas? ¿Han sido reemplazados por otros valores?
–Deberían tener valor, pero de esa tríada que tú señalabas hay un caso muy curioso. Ahora se diría libertad, diversidad y fraternidad. La igualdad está mal vista, aunque es mucho más revolucionaria que la diversidad. Ha habido una corrupción de ese valor por trivialización de los contenidos. La verdadera riqueza humana es la de los parecidos, gracias a lo cual podemos hablar los seres de distintas culturas, de distintos sexos, de distintos países, de distintas razas. La riqueza humana es nuestra semejanza y no nuestra diversidad


Fuente Ñ Clarín 0404

Los seis sabios de España

E
n su último libro, titulado Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI, Fernando Savater increpa a Dios con gracia y con talento. A la manera del atribulado Tevye, el protagonista del célebre musical El violinista en el tejado de Scholem Aleijem, Savater guiña un ojo al lector mientras interroga al Supremo. Y Yahvé escucha en silencio las acusaciones del señor Savater: "Este es el mandamiento que menos vamos a discutir —se lee al comienzo del capítulo quinto—. Nadie rechaza este mandamiento: no matarás. Es imprescindible y necesario, pero reconoce que estamos frente a una gran contradicción. En tu nombre se ha matado más que en el de los demás dioses... Perdón, perdón, no te enfades, ya sabemos que no hay más dioses que tú y que los demás son falsos".

Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI, que será presentado por su autor en la próxima Feria del Libro porteña, surgió de un programa de la TV española, Savater 10M, un talk show en el cual los invitados debatían sobre temas divinos, ideado y conducido por el propio filósofo.

- —¿Cree que se puede hacer filosofía por TV? ¿En qué medida la TV puede colaborar con la tarea filosófica?

- —Bueno, hombre, "filosofía" no sé si es una palabra muy grandilocuente... Yo creo que la televisión puede hacer cultura, puede hacer debates interesantes, y mantener un nivel no ya de mera información sino también de reflexión sobre temas históricos, morales y demás. Creo que en este sentido es importante lo que pueda ofrecer la TV.

- —¿Cómo pueden los medios audiovisuales, en estos tiempos vertiginosos de zapping, ser vehículos para la reflexión?

- —Eso es lo que hay que intentar: atraer a la persona que está haciendo zapping para que se quede en el momento en que uno esté hablando o polemizando. Es verdad también que hay una competencia muy grande pero, en fin, así como cuando hay una final de la Liga de fútbol la gente no hace zapping sino que se queda mirando el partido, del mismo modo hay que intentar que al menos cierta gente se interese por programas que tienen otro nivel de contenidos.

Los seis sabios

El escándalo de la manipulación de los medios de comunicación sacudió el final del gobierno de José María Aznar. El socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que desde el 17 de abril será presidente del nuevo gobierno, decidió hacer frente a la crisis de confianza creando un Consejo Independiente para la Reforma de los medios públicos de comunicación. Este Consejo estará integrado por seis "sabios" de intachable prestigio. Entre ellos figura Fernando Savater, catedrático en la Universidad Complutense de Madrid, quién tiene la responsabilidad de estudiar el problema y presentar una propuesta en seis meses que el gobierno socialista va a presentar como suya ante el parlamento. Un compromiso formidable para Savater porque Rodríguez Zapatero ha dicho que aceptará en bloque lo que los "sabios" propongan.

- —¿Teniendo en cuenta que todos los gobiernos han manipulado la radio y la televisión, qué reformas piensa plantear?

- —La televisión siempre ha sido utilizada por los gobiernos. Lo han hecho todos. Las enormes sumas de dinero que se gastan en los medios públicos, sobre todo en la TV, deben utilizarse con una visión de interés público no sectario ni partidista. En España hay muchos medios de comunicación que contrarrestan en muchos casos a los públicos que, por suerte, no son tan hipnóticos como para decidir por completo la conducta de los ciudadanos. El peligro es que no haya verdaderos debates en TV, que no haya discusiones sobre cuestiones de interés con diferentes personalidades informadas y plurales. Que no existan auténticos programas culturales. Que la TV pública no compita con las otras emisoras por la televisión basura. Ese problema cultural y de formación cívica es el más grave.

- —La manipulación es tan grande que al final no se les cree a los medios públicos...

- —Exactamente. Hay un momento en que el descrédito hace que no se le crean al ministro o al jefe de policía. La TV y la radio pueden ser elementos de redistribución de bienes culturales. De información, educación, para que se pueda acceder a bienes culturales, artísticos. Esto es importante y es una de las funciones que debería rescatarse. Recuerdo un responsable de la BBC de Londres al que se le pregunto si los programas que emitían le gustaban al público y respondió que no producían lo que quieren ver sino lo que el público debe ver.

- —Pero, puede producirse un rechazo del gran público, de la sacrosanta audiencia, a esos niveles de calidad.

- —Muchas veces el supuesto rechazo de la gente ante bienes culturales es porque llegan a horas indebidas o son insoportables. Francia y Gran Bretaña tienen una tradición de utilización inteligente y cívica de los medios públicos de información y en España no existe ninguna imposibilidad para que ocurra lo mismo.

- —Existe un contraste singular en España entre un fuerte aumento de la educación, de la oferta cultural de todo tipo, de una demanda creciente de bienes culturales de calidad y el éxito de audiencia, niveles asombrosos de envilecimiento, de lo que se llama la televisión basura. ¿Cómo lo explica?

- —Si a la gente se la priva de cultura, de razonamiento, de arte, de buena música, la sociedad se va encanallando. Lo mismo que una persona que abandona la cultura y se embrutece. La cultura no es una especie de adorno gratuito: es un elemento clave de humanización. La filosofía, la conversación, la música, el arte, la literatura son mecanismos fundamentales de humanización. Si los vas quitando se va produciendo un empobrecimiento que termina en una especie de chimpancé tecnológico, que son los espectadores de estas cosas. Afortunadamente, hay otras vías culturales. En España, hay un gran aumento de la oferta cultural y de la educación, que coexiste con la abyección de que hablamos. Si los medios potenciaran esa oferta cultural, ese fenómeno indudablemente se consolidaría. Esta realidad contrasta con que al ver muchos programas crees que estás viviendo en un zoológico. Es un contraste absurdo.

- —Acabamos de vivir, con una conmoción extraordinaria, los cuatro días que conmovieron a España. Primero los atentados, espantosos, y poco después un cambio político inesperado en las urnas que ha dado vuelta la situación española.

- —Un aspecto que me parece muy importante es que los españoles han vivido la tragedia cercana de lo que sucedió con los inmigrantes. Es conmovedor que esos trenes iban llenos de gente de todas partes: rumanos, ecuatorianos. Es la verdad de nuestra sociedad moderna, plural, frente a todos los integrismos de los nacionalismos. Nos enfrentamos a uno de esos extremos de nuestra modernidad que es el terrorismo a gran escala, masivo e indiscriminado, al que no estabamos acostumbrados. Estamos frente a unas redes criminales que van más allá de lo ideológico. Tienen una especie de fanatismo mezcla de religión y conversión de la religión en ideología política. No tienen límite ninguno porque no responden a planteamientos políticos reconocibles. Un grupo terrorista tiene que intentar considerar límites no por escrúpulo moral sino para no distanciarse de quienes lo sustentan.

- —Es un terrorismo vengativo, con un público diferente.

- —Un público que detesta a Occidente. Un terrorismo que parece decir "no disfrutaréis de vuestra prosperidad, de vuestra tranquilidad". Y por lo tanto, lo impactante no es que muera éste o el otro sino destrozar la normalidad. A eso va a haber que enfrentarse. Esto pasó en Nueva York, Balí, Turquía. Y le quita un poco de peso a la idea ingenua de que la culpa de los atentados lo tiene Irak. Muchos de estos lugares no tenían nada que ver con la guerra de Irak. Lo que hay es una campaña contra un modelo de democracia occidental, un modelo económico. Es una realidad terrorista que no se puede resolver con el mecanismo simplista de bombardear a un país.

Las manipulaciones

- —¿Cree que el resultado de las elecciones fue producto de la manipulación de la información durante los atentados?

- —Luego de los atentados, y de cara a las elecciones, la gente revivió el fantasma de la guerra de Irak. Sin mucha razón, probablemente. Se intenta presentar como lógica la vinculación entre la guerra de Irak y los atentados los terroristas pero no lo es. La campaña del terrorismo es anterior a la guerra. Seguirán con los atentados aunque termine la guerra.

- —Estos ataques crean una penosa sensación de vulnerabilidad.

- —Es que nuestras sociedades son muy vulnerables de por sí. Nos juntamos en recintos cerrados, verdaderas ratoneras, lo que facilita el objetivo del terrorista de provocar ataques indiscriminados. Cuando las sociedades se van haciendo más complejas se hacen más vulnerables. Dependemos de instrumentos técnicos que, si desaparecen, nos crean situaciones graves. Son sociedades ricas en servicios esenciales como la electricidad, el agua, los transportes, que son vulnerables.

- —Volviendo a su libro sobre las tablas de Moisés ¿por qué, en esta era de globalización, se aceptaría la validez universal de leyes que nacieron para una sociedad específica?
- —Deberían tener esa validez universal. Nosotros luchamos por que los derechos humanos y una serie de principios como ellos valgan para toda la humanidad. Ojalá hubiera en algún momento algunos principios fundamentales, una Constitución Universal que tuviera en los derechos humanos el embrión y que todo el mundo pudiera acogerse a ella. Ojalá existiera. Hoy vivimos en un mundo en el cual el asesinato y la explotación resultan malos en algunos países y en otros, en cambio, son abiertamente practicados a la luz del día. Lo perfecto sería que lográsemos unos principios válidos en todo el planeta y no solamente en algunas regiones afortunadas.

- —Estaba pensando en que la universalidad del "No Matarás" es limitada por quienes justifican la lucha armada.

- —A lo largo de los siglos ha habido una cantidad de justificaciones para invalidar este principio. No Matarás es una piadosa afirmación pero en el propio mandamiento hay excepciones: No Matarás a quien no debes, No Matarás cuando no debes y demás. Desgraciadamente no ha sido un mandamiento sin ningún tipo de excepción, sino todo lo contrario. En realidad, hay buenas razones para evitar el asesinato y el crimen sin necesidad de fundarse en razones teológicas.

- —¿Los Mandamientos fueron tratados por televisión en el mismo orden en el que aparecen en el libro?

- —No, porque como teníanos muchos invitados al programa, muchas personas que tenían que intervenir, pues lo hacíamos un poco supeditados a la persona que estaba disponible en cada momento. Si iba a venir a tal hora una persona a hablar del cuarto Mandamiento, pues hacíamos el cuarto y luego el dos. Por otra parte, los Mandamientos son un acuñamiento de disposiciones que han surgido en sociedades determinadas y a nosotros nos llegan ya tamizados por nuestra propia experiencia histórica. Nosotros tenemos nuestro propio camino histórico y por eso reinterpretamos los mandamientos de manera que sorprendería enormemente a quienes los acuñaron en su momento.

Otras disquisiciones

- —¿Qué lugar le daría usted, en su propia tabla, al Mandamiento "No desearás a la mujer de tu prójimo"?

- —Bueno, creo que si la mujer del prójimo puede estar muy deseosa de que la deseen, entonces no cometería la descortesía de obligar a todo el mundo a no desearla, cuando puede llegar a ser una cosa muy halagadora.

- —El próximo presidente José Luis Rodríguez Zapatero dice que intentará concretar una visión laica, tolerante y progresista de la sociedad española. ¿Cómo evalúa esta perspectiva?

- —Es positivo que se alivie la impronta excesiva de lo eclesial, lo conservador, sobre la sociedad española. Que empiece a haber una sintonía mayor entre las disposiciones legales y lo que la mayor parte de la sociedad ve como asumible. Pero, todo tiene que ser sometido a un proceso crítico. Me refiero a la idea de que cualquier cosa que pida un grupo más o menos radical sea progresista. Cualquier cosa que vaya contra disposiciones tradicionales —que se fabriquen niños sin padre o sin madre porque satisface a una pareja— no me parece progreso alguno. Hay principios que nos urge mucho defender. Los fascismos y totalitarismos también surgieron como transgresiones a principios aceptados, pero no es necesario inventar prejuicios nuevos como que los nacionalismos como el catalán o el vasco son progresistas: han sido reaccionarios en todas partes.

- —¿Cómo enfrenta la sociedad española estos temas? El del progresismo, por ejemplo.
- —El clima ultraconservador que se había dado en los últimos años no corresponde a la sociedad española y hay que intentar difuminarlo, pero el pensamiento progresista no consiste en que pase todo sino discriminar aquello que verdaderamente significa una emancipación, un progreso social de lo que se supone es un sojuzgamiento de nuevo corte.

- —Ultimamente se ha puesto de moda invocar a la filosofía en auxilio de los problemas de la vida cotidiana. ¿Puede la filosofía ser una consolación, como decía el filósofo y teólogo latino Severino Boecio?

- —No, no creo que pueda ser una consolación pero puede ayudarnos a convivir racionalmente con nuestras perplejidades. Creo que todos tenemos la obligación, en cuanto somos seres pensantes, de reflexionar sobre lo real y lo real hoy, por desgracia, cuenta entre uno de sus ingredientes importantes con el terrorismo, la presencia de crímenes organizados. Sobre eso hay que reflexionar pero no solamente deben hacerlo los que son los filósofos —digamos— oficiales. Todos los seres humanos en el mundo tenemos que intentar reflexionar sobre estos nuevos tiempos en que el terrorismo masivo está alcanzando unas cuotas tan grandes y tan amenazantes. La filosofía no es una consolación; es la capacidad que tenemos de intentar plantearnos ese tipo de preguntas esenciales que no esperamos nunca resolver definitivamente, pero con las cuales tenemos que convivir y queremos convivir con ellas de una manera racional


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