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0102 - Entrevista a Gonzalo Rojas - Entrevistadores: Rodrigo Hidalgo, Jaime Pinos, Luis Valenzuela

"No pongan flores encima, pongan aire"

Nos lo encontramos antes de entrar al hotel. Faltan algunos minutos para las 9 de la mañana. Compra el diario. El poeta sale y compra el diario. Nos presentamos escuetamente. Entramos juntos y nos instalamos. De fondo una musiquilla cursi. Rec.

Uno escribe en el viento

... A mí, la poesía y la vida se me dan en una sola amarra, en una sola urdimbre. Y no sólo a mí; a todos los poetas de lengua romántica, pero no del romanticismo baratieri, sentimentoso, lamentable; sino del gran romanticismo, alemán por ejemplo, del siglo XVIII, que fue el punto de arranque de esa gran línea. No se trata de escribir versitos o escribir como poeta, sino de vivir como poeta. De repente hay personas iletradas, analfas si tú quieres; pero que tienen una gracia imaginativa, sensitiva, una luz, y, sobre todo un lenguaje fresco, lozano, vivísimo, intenso. Son verdaderos poetas. Además, los niños son poetas. Nosotros cretinizamos a los niños. Los podamos en su imaginación preciosa, en especial en el primer ciclo de la niñez, allá por los 3, 5 años. Los metemos en las escuelas, los tijereteamos y les exigimos que entren en la pauta, en la norma, famosa, de pensar racionalísticamente. Ahora, hay bastante academia porque opera el libro, operan las marcas de la escritura consagrada. Todo eso es divertido. Entonces alguien te dice: "Bueno, debes tener una formación". No es que te lo digan, se impone también. Tampoco se puede prescindir de lo que está dado, de lo que se da en la órbita de una escritura que tiene lo suyo. No es que esté defendiendo al animal poético iletrado. No, no, no. Uno tiene que, parejamente, en su ejercicio imaginativo sensitivo hondo fino lozano, tiene que leer necesariamente, porque para eso está metido en la órbita de la palabra. Los poetas ignorantosos se quedan a media vela o no hacen nada, o son unos reiterativos, que creen descubrir todo el universo y no han ido ni a la esquina. Hay que leer y leer por dentro, no leer por fuera. No académicamente, sino meterse dentro de la palabra, descifrar el juego. Ver que la palabra es una dinamicidad viva, una célula viva. Porque no se trata de amar a los poetas. Es muy bonito que se ame al señor Neruda o al señor Borges, pero hay que leerlos. Intraleerlos y releerlos.

-Hay una figura ahí en su vida, cuando en su juventud usted se acerca a La Mandrágora, que era un grupo muy letrado, y usted prefiere buscar el surrealismo no en esa experiencia letrada, de laboratorio, sino que prefiere vivir el surrealismo yéndose al norte.

... -Claro. Se me dio. Son todas situaciones que se van dando. No es que los jóvenes de entusiasmo surrealístico, de ese año 38, del otro siglo que ya parece tan remoto, no es que ellos no tuvieran algún trato con el pensamiento de André Bretón, de Louis Aragón, en fin, de todas las figuras grandes. No, sabían eso. Pero yo, tal vez, por un vínculo más profundo o más próximo al viejo romanticismo alemán, que es progenitor del surrealismo, porque el surrealismo es de todos los movimientos, de todos los "ismos" del siglo XX, el más próximo, el más pariente, estoy hablando de Hölderlin, Novalis, Kleist, tanto escritor considerable en el plazo de Goethe; aunque no estoy hablando necesariamente de Goethe. Bueno. Ellos estaban informados, se leían las revistas que llegaban vía Huidobro: la revista "Minotauro", la revista "El Surrealismo al servicio de la Revolución", unas revistas lindísimas, y por ahí claro, salió algo de surrealismo. Pero ellos, se me dio a mí, como que estaban demasiado pegados a la letra, no al espíritu mismo que, como te digo, se funda en esta comunicación entre vida y poesía. Y yo me harté porque me sabía esa parte, o la obtuve muy rápidamente. Tampoco estoy en querella con ellos, simplemente me aparté. Me fui a las cumbres de Atacama en un mineral donde me ofrecieron la pega. Entonces yo le dije: "Y tú, ¿cómo estái?". Era una mocosita de como 15 años, linda, preciosa. "Mal, poh", me dijo, "porque me estoy descasando y no sé..." "¡¿Cómo que te estái descasando?!, una cabrita tan chica...", "Sí, poh". En fin, era un percance. Entonces le dije "Si estás en eso y si eres tan bonita, ándate conmigo". Eso es asumir la poesía como conducta, ése es mi juego. De eso se trataba. No de escribir como poeta, sino de vivir como poeta. Y me fui con la niña. Subimos por los cerros; vivimos ahí como 2 años entre los mineros del cobre; ella parió a un hijito mío que hoy es un gran médico que vive en Alemania. Yo viví eso y fue un prodigio. Los mineros del cobre, analfabetos, a los cuales les enseñé a leer, y no había ni libros ni cuadernos ni todavía el silabario, nada en esas cumbres cordilleranas, había puro viento y maravilla. Entonces esta muchacha me dice: "Oye ¿y por qué no les enseñamos a leer a estos mineros que llegan todos cansados y sudados después de los turnos?". Y yo dije a ver cómo lo hacemos. Me compré 20 botellas de pisco, era caro para mí. Gustaba mucho el pisco en esa zona. Sin curarnos, porque eran borrachos por naturaleza, proclives al trago. Les dije: "Hablemos aquí, debajo de las estrellas, ¿porqué no aprendemos a leer?" Unos dijeron sí; otros, no. Total, no tenía cuadernos ni nada, y ¿sabes tú lo que hice? De un libraco que andaba entre mis pobres maletas viejas que llevé saqué, más bien ella, María, sacó unas cuántas palabras y las dio a leer. Unas eran de Anaximandro, de Tales de Mileto, de los filósofos. Y los muchachos con sus patas al aire, oyendo hablar de todo esto y tomando trago, tienen que haberse divertido mucho. Y les gustó cuando les mostré a Heráclito. Dijeron: "¡Ese es bueno!" Fíjate el genio del pueblo, de la gente, es finísimo. Gente imaginativa que no tiene trato con los libros. Puse en unos tarjetones de papel, de ése con el que se envolvían los alimentos en las pulperías, cortamos con unas tijeras e hicimos unos silabarios. Y creo que soy el único o el primero en todo caso, poeta en América, que enseñó a leer a los mineros del cobre en el silabario de Heráclito. Dime si eso no es más surrealístico que toda la huevadita de andar leyendo revistas.
Pacto con Teillier

... Ahí en la Alameda, en la cuadra 26, encima de una botica, vivía un hombre en un departamento, un tipo que iba y venía hacia París, que era muy raro en esa época. Vicente, Vicente Huidobro. Era un pije transgresor. Un señorito, un niño bien, pero transgresor. Se divertía, le parecía un cretinismo todo este cuento chileno. Altanero. Muy díscolo con los tontos, con los viejos, y muy abierto con los nuevos, con los jóvenes. Ese pasó por mí temprano, sin prosternación por parte mía. Yo tampoco fui del círculo de ellos. El Volodia estaba más cerca, el Eduardo Anguita. Había otros. Pero yo lo veía y me parecía de interés. Otros con quienes dialogué en Chile fue... ¡El Rokha poh! Por afinidades de temple. Yo con De Rokha. No hay que limitar, pero a De Rokha yo le celebraba esa espontaneidad, ese desafío, esa ruralidad esencial que tenía, más que Mariano Latorre, que era el pontífice del ruralismo; más que don Lucho Durán, a quien quise mucho. Había muchos. Bueno. Y además me interesaron los poetas iberoamericanos, no sólo los poetas, había figuras de importancia. Entonces, nunca pensé chilenamente. Yo no soy chileno para nada. Me-a-bu-rre-ser-chi-le-no, mapochero. O de mi paraje precioso de la provincia de Arauco. No soy esencialmente o exclusivamente del país. Siempre, desde chico te estoy hablando, 8 años, cuando estudiaba la historia de las batallas, yo decía: "¿Por qué Brasil, aunque hable un idioma diferente, va a estar lejos?". Entonces se me dio lo iberoamericano. Tal vez porque en esos años había en Perú un movimiento que se llamaba el Apra, todas esas cosas influyen. Uno empezaba a pensar iberoamericanamente.

-¿Y con Vallejo?

... -Bueno, ése es entrañable. A ése no lo leí tan temprano, porque en ese tiempo era bien difícil la comunicación de un paraje a otro, de un pueblo a otro. Fíjate que lo vine a leer el año 42, cuando yo era un hombrecillo ya. Y me conmovió eso de descuajeringar el lenguaje y la sintaxis, que él había hecho en Trilce, sobre todo su segundo volumen; se parecía a lo que yo estaba haciendo. Es decir, el juego no sólo con los neologismos, que son necesarios cuando son necesarios, no hay que abusar de ellos, pero esa irreverencia respecto del lenguaje de los españoles aburridos, con sus normas de no sé cuantas cosas, con Academia de la Lengua y todo. Ese tipo me encantó. Aparte era un vidente. Vallejo era enorme. Entre los peruanos hay gente muy valiosa. Vallejo, el primero. Eguren, que era anterior a él, otro prodigio. ¡Los cronistas! Españoles, pero de allí. ¡Y los cronistas de nosotros! Huy, ésos me fascinaron desde siempre. El padre Rosales, el padre Olivares, el Lacunza, que era loco, un fraile jesuítico, que tenía telescopio y miraba las estrellas, y lo desterraron como a todos los jesuítas, los devolvieron a Italia. Y, mirando las estrellas para arriba, se cayó en un hoyo y se murió. Tipos preciosos. Eso sí que, les aseguro, lo tuve yo: apertura. Fui de mundo. Y no presumo. Se me dió así. Por eso alguna vez tuve pequeñas diferencias con este niño maravilloso que se nos ha muerto hace poco, Jorge Teillier. Jorge tenía un gran sentido de la poesía. Un sentido del límite. Cuando hablo de poesía del límite quiero decir rigor. Pero él le daba con la idea de los lugares, de los lugareños, lo que llamaban los lares; creía que estaba descubriendo el mundo con mostrar aquello. No caía en el paisajismo, yo sería un falsario si dijera eso. No era un costumbrista ni un paisajero. Pero él quería hablar de esa infancia y remitirse a los trenes de Chile, y a los juegos así, de lo muy inmediato. Muy importante. Casi lo vernacular, y algo trascendido. En cambio yo, que era tan de pueblo, y más bajo que él de clase social, yo era más del pobrerío, a mí se me dio el mundo desde temprano. Yo fui poeta mundano. Mundano de mundanidad real. Y los dioses me ayudaron en eso.
Desde mi infancia vengo mirándolas, oliéndolas...

... Mi visión erótica no tiene que ver para nada con lo porno. No es que les tenga miedo a la sensualidad ni a la sexualidad. Todo lo contrario. Me parecen de maravilla siempre esas pulsiones eróticas, como decía Freud. La pulsión erótica es fundamental. Desde que un niño ya está mirando a las cabras chicas. O viéndose los genitales o viendo a la madre eróticamente. El Eros está transido por el Thánatos, que es la muerte. Lo erótico se te da en instantes, y la muerte, igual, y la vida, igual. Todos somos instantes. No hay que ser ningún sabio para decir eso. El prodigio del orgasmo, por ejemplo, es Eros y Thánatos al mismo tiempo. Estoy amando con adoración a una, la mancho con la hermosura seminal y sucede que ahí mismo hay una parálisis fisiológica en el macho: la que llaman tristeza después del coito. A la muchacha le pasa un poco distinto. Bueno, pero afuera de eso, en una sola urdimbre, se me da lo enigmático, lo que no alcanzo a saber, eso es a lo que llamo numinoso, en el sentido sagrado. El cuerpo es sagrado. No es sólo un animal reproductor. Digo en algún verso: Ay cuerpo! Quién fuera eternamente cuerpo! O como decía Luis Cernuda, de quien se cumplían 100 años de vida, ya está muerto, era de la generación de Lorca, decía: Pobre cuerpo, inocente animal tan calumniado; tratar de bestiales sus impulsos cuando la bestialidad es cosa del espíritu. Eso somos los poetas. Amamos la palabra y la vivacidad erótica. Cuando uno quiere leer poesía erótica, debe empezar leyendo a los místicos. A los místicos orientales, los sufíes del siglo IX de nuestra era, antes de leerse al mismo Juan de la Cruz, que es el rey de toda la poesía española, con esos 17 humildes textos. Hay que leer a la Teresa de Avila, que habla de la obsesión erótica.

- Pero en nuestra realidad, la obsesión erótica pierde esa dimensión sagrada. Lo porno le gana terreno, lo erótico se basurea...

... Todo está referido ahora, y este ahora no es un ahora tan cercano a nosotros, es un ahora largo, a la frescura y a la gracia que tiene, al desafío que hay en la carnalidad, en la amarra, en la violación, en el baile. Yo tengo un verso donde dice en dos líneas: hombre es baile, mujer es igualmente baile. Y si tú lo piensas bien, la rotación y la traslación es baile. Todos somos baile. Y todos somos tierra, que es baile. Y eso tiene que ver con el ritmo, que es el eje mayor de mi poesía. Los demás hermanos míos, Nicanor y tantos grandes poetas, no son rítmicos ni les interesa. Creen que eso es arcaico y que es una lata. Pero no entienden lo que es el ritmo. El ritmo es una cosa de respiro, de movimiento sanguíneo. Ritmo es todo. Por eso me gustó tanto que los americanos me dieran, el otro día, el Premio Walt Whitman. Porque Whitman fue un animal que entendió lo que era el ritmo. Y eso que él practicó el versolibrismo. Un verso no de la medida, sino un verso desmedido. No un verso desmesurado; desmedido. Ese ritmo casi respiratorio del gran autor de Hojas de hierba, 1857, es el ritmo de toda la poesía moderna. Eso está hasta en Lorca. Whitman es serio. Dicen que era maricón. Y qué me importa a mí. No tiene nada que ver.

-Tal como Gabriela Mistral que era lesbiana...

... Y qué bueno que sea lesbiana. Es lo mismo. Pregúntales a los persas, a los griegos inmortales. Juegos hormonales y juegos suprahormonales. No hay lío con eso.
-Pero llama la atención cómo este país reacciona...

... ¡Cartucho! ¡Cartuchismo infinito! Eclesiástico o no, pero cartucho.
-Pero un cartuchismo curioso, que aloja cafés con piernas y toda una serie de salidas para la libido... es como un erotismo mal entendido. Como que al chileno le cuesta, justamente, el ritmo.

... Bueno, es un erotismo muy baratieri. Y además sinuosos. Como son los chilenos. Es nuestro talante. No tenemos que objetar a nuestra gente, somos así. Como solapados. En el lenguaje inclusive. Nunca decimos todo de modo inmediato o directo. Tampoco eso estan malo. Es interesante. Hay frases de campesinos, yo vivo entre campesinos,... tú les dices por ejemplo: "Yo creo que Lavín va a ser el gran gobernante de este siglo". Entonces el huaso te mira y te dice: "Patrón, se habría oído decir". Fíjate cómo te deja en la vuelta.
Música ligera

... Aparentemente es una cosa sin salida. Pero eso ha ocurrido mucho en el planeta. En el historial clínico mayor del planeta. ¿Cuántas veces no se dijo? A la salida del milenio, del primer milenio, se acaba todo, apocalípticamente, se acaba, se termina, triunfa el sinsentido sobre el sentido, si es que hubiera sentido. Entonces, claro, aparece temible, y sobre todo la circunstancia de que no haya bipolaridad, sino un sólo polo, ¿cómo va a ser eso? Unos reyezuelos, los americanos, que tienen unas platas, un fulgor tecnológico. Ahora, la tecnología que es un prodigio por cierto, se ha convertido también en una trampa tecnolátrica, hay una idolatría de la técnica. La gente no sabe escribir ni quiere escribir. Dice para qué voy a escribir con la mano si tengo la máquina. Pero no saben que cuando baja del seso esta especie de vibración preciosa fisiológica y mental, entonces tú como que recibes, te pasa por aquí, por el sistema muscular, sanguíneo, arterial, te baja ese impulso por la mano, el brazo, el antebrazo, los dedos, los carpios y metacarpios, estoy hablando bien físicamente, entonces tú pintas tu pensamiento. A mí se me da así no por viejo, sino porque lo veo bien válido. Pienso en mis chinos inmortales. Los chinos hacen esos ideogramas. Hay que pintar, hay que mover las manos, no podemos pensar que todo lo pueden hacer unas máquinas tramposas y sigilosas. Tú les haces un toque, un clic, y te borran lo anterior. Pero no hay que borrar del todo. El borrador mismo es muy bueno tenerlo. Ver cómo se equivocó uno, cómo se borró con una línea algo y se cree que eso no es válido, y después lo mira y no, pues, era bueno. En fin, en fin, lo que quiero decir, para responder de un modo más coherente, es que, claro, parecería que la amenaza es tanta, que no hay opciones de salida de esta confusión, de este marasmo en el cual uno vive por ahora. Pero, ¡hay salida, hombre! Y la palabra no va a ser cancelada por nada, nunca. Tendría que ser cancelado el silencio también. O sea, cancelado todo. No se puede.

-Pero en la coyuntura, lo que vemos es su frase de hace un rato, que estamos ante un enfrentamiento entre dos temporalidades, dos visiones de la vida, dos culturas, oriente y occidente...

... Se está dando eso. Y es bien importante que, a costa de las crueldades y penas y penurias involucradas, los musulmanes, desde esa línea, que se atrevan en la contienda con nada menos que los otros. Ahí en El Sur o en El Mercurio, una señorita copió una cosa que yo le dije de un poeta del siglo XVI: las torres que desprecio al aire fueron, a su gran pesadumbre se rindieron. Y como la palabra poética es bien premonitoria, parece vaticinio, entonces es curioso, es bien curioso, es divertido. No hay que desesperar pienso yo. Todo es así, como ha de ser. Como es.

Dos poemas nuevos

(De cómo lee del Réquiem de la mariposa, editado por la Dibam, 2001)
"Cuerdas inmóviles", ésta es la visión mía de la muerte. Está dedicado a Carlitos Droguett, que la gente lo desprecia, que el cura de El Mercurio, Ignacio Valente, dice que es pésimo. Droguett es un buen autor. Bueno, cuando se murió Carlitos, que era muy locazo, yo escribí este poema:
En primer lugar no pongan flores encima, pongan aire,
aire fresco, a ver si esa transparencia ayuda al ocioso
que ya no duerme ahí y sin embargo duerme
vestido con este traje que en 3 meses más será pura desnudez,
(Y aquí está el verso bueno:)
puro caballo sin hueso corriendo en ninguna dirección,
y además no lloren, ¿qué sacan con llorar?,
con ser, ¿qué sacan?, el resurrecto es otra cosa
y ahí va remando despacito.

... Es un poema distinto. Pero hay un poema más divertido. Yo los pongo en orden de nada. Este por ejemplo, "Olfato", es completamente divertido, parecería más del Eros que del Thánatos, fijense cómo funcionan los blancos.
Hombre es baile, mujer
es igualmente baile, duran
60, (que es lo que dura aproximadamente la vida)
tiran (mira la palabra procaz, el lenguaje chileno)
diez mil
noches,
echan 10
hijos y en cuanto
al semen ella
se lava el corazón
con semen, huele a los hijos,
(mira el poder del olfato en la mujer preciosa)
a su hombre remoto lo
huele con nariz caliente, ya difunto.
(Y aquí está la iluminación de la poesía)
Con nariz de loca lo huele.
... ¿Ves tú? En esa exigüidad, en esa pobreza expresiva está la idea de que hay que decir lo máximo con lo mínimo. La palabra


 

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