Entrevista a Ignacio Ramonet
El Nuevo Orden Imperial
Jorge Halperín

Del libro "El mundo en la nueva era imperial" del director del mensuario francés "Le Monde Diplomatique" Ignacio Ramonet; en diálogo con el investigador Jorge Halperín, en Brecha del 2 mayo de 2003

"¿Cómo analizás la llegada de un proletario al poder en Brasil? ¿Qué impacto puede tener la presidencia de Lula sobre Argentina y sobre la región en general?
—Mi primera reflexión es que, por la fuerza simbólica y por el impacto geopolítico que tiene Brasil en toda América Latina, esta elección permite imaginar que cambiamos de ciclo. No cabe duda de que el ciclo neoliberal estuvo fuertemente marcado —simbólicamente marcado— por el período de Menem en Argentina o el de Fujimori en Perú, y que, en definitiva, se extendió a muchos países. Desde luego que ya estaba puesto en cuestión por el subcomandante Marcos, en cierta medida, por la experiencia de Hugo Chávez en Venezuela, y también por la situación actual de Argentina después de esta crisis. Ya sabíamos que ese ciclo estaba en vías de extinción, o que, por lo menos, había llegado al final de su curso y no podía seguir así. Pero la elección de Lula tiene un valor simbólico en la medida en que instala una tercera solución. La primera solución era la respuesta militar, las dictaduras, la política de seguridad nacional para América Latina. La segunda solución fueron los regímenes democráticos, pero con políticas neoliberales. Por primera vez, desde el derrocamiento de Salvador Allende en el Chile de 1973, con Lula es posible que empiece un ciclo en el que la preocupación por la redistribución de la riqueza y por constituir sociedades más homogéneas —aunque esa palabra sea un poco usada—, digo, la perspectiva de reconstruir un Estado de bienestar puede empezar en este momento. Por lo menos, así se ve.
Por otra parte, tengamos en cuenta que Lula no sucede al más histéricamente neoliberaI de los dirigentes latinoamericanos. Aunque hay muchas críticas contra Fernando Henrique Cardoso, es interesante ver que Lula no llega después de una experiencia histéricamente neoliberal, o después de un frácaso estrepitoso de una experiencia neoliberal. No es el caso. Sin embargo, los electores brasileños traducen la exasperación del electorado latinoamericano. En definitiva, votan como si fueran argentinos, o como si fueran uruguayos.
Es interesante. Es decir, han visto en la experiencia de los demás lo que les podría ocurrir a ellos. Desde ese punto de vista, es una lección de madurez política importante. Lula, por otra, parte, sabe que tiene un margen de maniobra relativamente limitado, porque la situación financiera de Brasil es lo que es, el presupuesto de Brasil es lo que es. Brasil es un Estado federal: el Estado central puede cosas, pero los estados también pueden mucho en muchos aspectos. Es obvio que Lula sabe cuáles son sus límites.

¿Puede sufrir Lula un lavado de cerebro? ¿Podemos imaginar el peligro de un Lula manipulado por los grandes centros de poder y por los mercados, que concluye por aislarse de esa inmensa base social?
—Es un riesgo del que hablábamos antes. Es un riesgo real. Mucha gente, digamos en la izquierda o en la extrema izquierda, sostiene que Lula ya no es Lula, que ya es el dirigente que ha pactado un acuerdo con un empresario que es su vicepresidente y con una secta religiosa pentecostal para llegar al poder. Dicen que es un Lula que ya ha aceptado los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, etcétera. Yo digo: lo vamos a ver en el poder. Es posible que Lula defraude. Hay muchas posibilidades de que defraude, porque las esperanzas son inmensas. Pero, por otra parte, yo creo que Lula también es bastante modesto en lo que dice. Ha dicho: "Lo que yo estoy pidiendo para mi pueblo ya está en la Biblia. Es decir, estoy pidiendo que la gente tenga un alojamiento, que la gente tenga salud, que la gente tenga comida y que la gente tenga educación. Eso está en el Antiguo Testamento. Está en la Declaración de Derechos Universales de las Naciones Unidas. No estoy pidiendo algo que haya pedido un revolucionario delirante, sino que estoy pidiendo lo mínimo". Y por consiguiente, su demanda es una demanda relativamente modesta. Yo creo, para observadores internacionales como nosotros, que si Lula consigue reducir el grado de desigualdad de Brasil habrá ejecutado su misión principal.

Hoy es muy probable que el futuro presidente argentino sea un peronista. ¿ Cómo se explica que el peronismo pueda volver al poder al cabo de una década de gobierno de Menem, diez años de un peronismo que fue salvajemente neoliberal hasta un extremo que pareciera la negación de su doctrina, y que como decímos, precipitó al país al colapso?
—Esto forma parte de los mistrerios argentinos. En sí, el peronismo ya es misterio; para todo aquel que no es argentino, el peronismo es una cosa, como sabéis, porque os debéis pasar el tiempo tratando de explicar qué es el peronismo. Segundo, el hecho de que, efectivamente, después del. desastre de una experiencia peronista, se recurra como solución al peronismo, esto es misterio dentro del misterio. Si no, evidentemente una de las respuestas sería: el peronismo es todo, y por consiguiente, dentro del peronismo se encuentra todo. Se encuentra la derecha, se encuentra la izquierda, se encuentran los partidarios del Estado, los partidarios del mercado.

—¿Como una fuerza esponja?
—Efectivamente. Pero yo creo que mientras Argentina no salga del peronismo, sus problemas van a continuar. Quizá lo que digo es un crimen de pensamiento, pero creo que mientras Argentina piense, y en particular los argentinos, que el peronismo es la solución a los problemas del siglo XXI, realmente hay algo que no va. El peronismo ya era, y eso los politólogos lo explican, una especie de adaptación de un neofascismo mezclado con una voluntad soberanista, bien que en un contexto de lucha contra la neocolonización.

La visión de Joseph Stiglitz es un discurso que todavía no ha penetrado en la conciencia argentina. Pero, en materia de supervivencia, ¿no te preocupan las críticas que te hacen por apoyar a Fidel en Cuba y a Chávez en Venezuela, a quienes muchos sectores ven como líderes no democráticos, y autoritarios?
—Bueno, yo distinguiría la situación cubana de la venezolana. Chávez es un presidente que ha sido elegido democráticamente, varias veces. No se lo puede calificar de autoritario. Tiene una pequeña mayoría en su Congreso. No tiene una mayoría absoluta, siquiera. Nadie acusa a Chávez, por ejemplo, de encarcelar a oponentes políticos. Ninguna organización internacional lo acusa de haber faltado el respeto, digamos, a la libertad de prensa, o haber detenido a algún periodista, o cerrado algunos periódicos. Es decir que la acusación de déspota hacia Chávez —algunos directamente lo tratan de Hitler— viene de una oposición desquiciada, que ha perdido todo sentido de la medida en su crítica. No quiero decir con esto que Chávez sea un hombre perfecto. Digo: ha sido elegido legítimamente, gobierna democráticamente, con una oposición que ejerce su función de oposición y trata, sencillamente, de aplicar su programa, por el que ha sido elegido. Y que, además, ha introducido en la Constitución —una nueva Constitución que ha sido votada por el pueblo— un principio que permite a cualquier mandatario, desde un alcalde hasta el presidente de la República, a medio mandato someterse de nuevo a elección si hay una mayoría que lo pide. Y está dispuesto a hacerlo. Por consiguiente, nosotros apoyamos a Chávez cuando dice que "no es normal que este país, un gigantesco país, un millón y medio de quilómetros cuadrados, importe el 90 por ciento de su alimentación; aquí lo que sobra son tierras". No es normal que haya propietarios en Venezuela que posean cincuenta mil, cien mil hectáreas y que no las cultiven, cuando hay millones de campesinos sin tierra que acuden a las villas miseria de las grandes ciudades, a los ranchitos. No es normal que un país tan rico como es Venezuela, el segundo exportador de petróleo del mundo, siga teniendo una gran cantidad de población, en términos de centenares de miles, de niños no escolarizados, no alfabetizados. Todo eso no es normal. Globalmente, yo creo que ese proyecto de Chávez nadie lo puede criticar. Evidentemente, se nos puede criticar el apoyo a Chávez porque sobre tal o cual decisión, pues, toca el patrimonio de una pequeña oligarquía. Bueno, es necesario que esta oligarquía comprenda que los años pasan, la historia avanza y que la mayoría de los venezolanos está también esperando un poco de justicia social. Y que por el momento, Chávez no lo ha hecho utilizando métodos autoritarios.

¿Y por qué apoyás a Fidel Castro? (Esta entrevista fue realizada en octubre de 2002, bastante antes de los últimos acontecimientos en Cuba)
—El caso de Cuba se me ha reprochado mucho y es muy diferente. He estado en Cuba, y entonces algunos dicen: "Cómo Ramonet, que defiende la democracia, que es un defensor intransigente de la democracia, va ahí y habla con Fidel". Yo pienso que, primero, hay que analizar la situación cubana de manera muy particular. Es un caso singular en la geopolítica internacional. Cuba no es cualquier país. Uno no puede hacer como si Cuba fuese Honduras, El Salvador o Burkina Faso. Es un país particular. Que en un momento dado, a finales de los años cincuenta, hace una revolución, lleva a cabo un proyecto de transformación social que va a encontrarse en enfrentamiento con Estados Unidos y va a ser objeto de una presión permanente por parte de Washington. Y en esas condiciones, evidentemente, este proyecto se ha visto dificultado para dar lo que podía haber dado de sí en otras circunstancias. Estados Unidos, por una parte por razones prácticas, porque en Cuba se habían nacionalizado y estatizado bienes que pertenecían a ciudadanos y a empresas norteamericanas sin indemnización, ha considerado que esto era un crimen. Segundo, ha considerado que este proyecto político, en un momento de tipo socialista y luego aliado con la Unión Soviética, constituía, dentro del marco de la Guerra Fría, una especie de quinta columna en el hemisferio norteamericano que ellos controlan sin reparto desde siempre. Por consiguiente, Cuba es un país que ha atraído su presión. En las últimas semanas estuvimos celebrando, o conmemorando, la crisis de octubre del ‘62. Fue hace cuarenta años, y el mundo nunca ha estado tan cerca de una guerra atómica, como en ese momento, por la causa cubana. Entonces, dadas estas circunstancias, el régimen cubano se ha organizado como un régimen en guerra, porque ha estado en guerra.
Lo que le confiere un carácter muy particular. ¿Es verdad, está en guerra, o es puramente un argumento de la retórica del régimen? No, es una realidad. Ha habido sabotajes, comandos, atentados, bombas; todo lo que se denuncia ahora del terrorismo internacional, Cuba lo ha padecido. Ha habido aviones cubanos que han saltado por los aires, con pasajeros y tripulación cubana. Todo esto se ha hecho contra Cuba. Se ha tratado de asesinar a Fidel decenas de veces. Hoy en día, nosotros estamos desarrollando una reflexión importante sobre el terrorismo. ¿Qué podríamos decir del terrorismo? Yo distingo terrorismo y violencia política. Pienso que hay circunstancias en las cuales la violencia política es legítima. Cuando un país se ve sometido, invadido, cuando su soberanía se ve mancillada, y su cultura oprimida, es legítimo que se use la violencia política para resistir y para liberarse, si es necesario. Ahora, ¿la violencia política autoriza el terrorismo? ¿Qué entiendo yo por terrorismo? ¿Cualquier violencia es legítima en la medida en que se usa para defender la independencia, y oponerse al ocupante? Yo digo que no, cualquier violencia no es legítima. ¿Por qué? Porque precisamente esta liberación debe hacerse en nombre de valores que son valores superiores, y el respeto de la vida humana, el respeto de los inocentes, forman parte de los valores. Ésta es la gran enseñanza, últimamente, del subcomandante Marcos. Marcos no ha disparado un tiro desde el ‘94. Dice que él no quiere el poder. ¿Y qué otra cosa dice?: "Cualquier régimen que llega al poder utilizando la violencia de cualquier manera, es decir, despreciando al ser humano, cuando llega al poder practica ese tipo de canibalismo político, de antropofagia política, destruyendo a sus adversarios". La guerrilla latinoamericana, y en particular la guerrilla cubana, practicó una lucha armada de ejército contra ejército. Pero la lucha de los cubanos, y luego la del Che Guevara, nunca comportó... puede haber excepciones, pero nunca comportó como normal los atentados contra inocentes, la tortura de los prisioneros o la ejecución de prisioneros, la violación de las mujeres, el saqueo de los campesinos. En ese sentido, siempre hubo un comportamiento responsable. Yo pienso que el régimen cubano está muy marcado por eso. Y a pesar de lo que se dice, es un régimen en el que yo no conozco —es posible que yo cometa errores— que practicara nunca la desaparición de personas, como se practicó en Argentina, en Guatemala y en muchos otros países. No ha practicado nunca la ejecución extra judicial de adversarios. No ha practicado la tortura, en el sentido tradicional de la tortura, es decir, hacer sufrir el cuerpo. Se puede acusarlos de juzgar a gente ilegítimamente, de tener a alguien en la cárcel ilegítimamente; pero no ha practicado aquel tipo de aberraciones".


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