“La guerra contra Irak es un
paquete de mentiras”
Es el famoso autor de novelas de
espionaje y creador del inolvidable George Smiley. También es un furibundo
opositor a la guerra de Irak organizada por Bush y “sus lacayos” Blair y
Aznar. Quebrando todas sus propias reglas, su último libro, Amigos
absolutos, fue escrito a toda velocidad, sobre la actualidad, y expresando
sus duras, cortantes críticas a “esta aventura colonial”.
Los diarios todos los días traen noticias sobre
soldados norteamericanos muertos en Irak en acciones de la resistencia y
sobre iraquíes fallecidos o heridos en atentados terroristas y
enfrentamientos armados. Lo de Irak es un desastre, uno que había sido
augurado por muchos, incluido usted
–Sí. La actuación de Estados Unidos en Irak está extraordinariamente viciada
a causa de su chauvinismo y de la percepción que ese país tiene de los
árabes, que es a través de los israelíes. Estados Unidos cree que si se
golpea duramente a los árabes, éstos son mera basura humana. Pero en
realidad, y como ha podido comprobar Israel, ocurre todo lo contrario.Cuanto
más machacan los israelíes a los palestinos, cuanto más destruyen sus
infraestructuras, más fortalecen su espíritu nacional. Para mí es un
misterio absoluto el que los judíos, que han sufrido tantas historias de
terror y que han sobrevivido a todo tipo de opresión, crean que pueden
destruir a golpes el espíritu de un grupo étnico o nacional. Israel se creó
a partir de la opresión sufrida por el pueblo judío, pero el pueblo
palestino también se ha creado a partir de la opresión. Y ahora tenemos el
mismo proceso en Irak. La ocupación norteamericana está fortaleciendo el
espíritu de resistencia de las distintas comunidades iraquíes
–Hacia el final de Amigos absolutos hay un párrafo muy contundente sobre
este conflicto. Dice: “Esta guerra de Irak fue ilícita, señor Mundy. Fue una
conspiración criminal e inmoral. Sin provocación, sin vínculos con Al Qaida,
sin armas apocalípticas. (...) Fue una guerra colonial por el petróleo como
las de siempre, disfrazada de cruzada a favor de la libertad y la forma de
vida occidental, y la inició una camarilla de iluminados geopolíticos
judeocristianos sedientos de guerra que se apropiaron de los medios de
comunicación y aprovecharon la psicopatía norteamericana posterior al 11 de
septiembre”
–En enero del año pasado dije que Estados Unidos se ha vuelto loco. Me
parece que los norteamericanos están pasando por un período de democracia
muy cuestionable. Visto desde fuera, están tan sólo a una guerra o a unas
elecciones de convertirse en lo que nosotros entendemos por fascismo. Es
aterrador que allí no haya diferencias entre la clase política, la clase
empresarial y los medios de comunicación. Antes había grupos de presión
fuera de la Casa Blanca que ejercían su influencia para conseguir cambios en
las leyes que rigen las empresas farmacéuticas, las concesiones de petróleo,
la reducción de impuestos... Ahora todos esos grupos de presión están dentro
de la Casa Blanca, representados por miembros del gabinete ministerial
–Usted ha proclamado muchas veces que es una barbaridad afirmar que todo el
que se opone a Bush, como es su caso, es antiamericano
–Ese es el tipo de simplificaciones demagógicas que utilizan todos los
fanáticos en política y religión. Yo, además de tener muchos nietos de
nacionalidad norteamericana, siempre he admirado al Estados Unidos que va de
Jefferson a Kennedy. Considero a Estados Unidos como el lugar de nacimiento
de las ideas democráticas, pero pienso que en este momento las están
abandonando. Con la Ley del Patriotismo, con Guantánamo y despreciando la
ONU, y con una actitud hacia lo extranjero que es cruel, fundamentalista y
guiada por la religión y por los intereses de las corporaciones
empresariales. Para mí es vergonzoso el papel que mi propio país está
desempeñando en todo esto. Yo acogí a Blair con entusiasmo, pensaba que era
un hombre valiente, un tipo idealista, pero se ha convertido en un comparsa
de los estadounidenses. Utilizando lo que yo considero una oratoria
superficial, Blair ha pretendido dar legitimidad a los propósitos
imperialistas estadounidenses, y sin recibir nada a cambio. No creo que sea
un acto de valentía sacrificar la política exterior, la política de defensa
y la seguridad interna de tu país. No me parece que sea un acto de valentía
el unirse a la superpotencia sólo porque es la más fuerte. En este caso, lo
que de verdad es un acto de valor es desertar
–¿Aplica ese mismo análisis a Aznar?
–Sí, lo mismo pasó con Aznar en España
–Uno de los personajes de Amigos absolutos afirma que, aunque las mentiras y
las hipocresías de los políticos no son nuevas para él, lo de Irak es la
gota que desborda el vaso. Blair, dice ese personaje, se ha sumado a una
guerra “para sofocar a los nativos en virtud de un puñado de mentiras, a fin
de complacer a una hiperpotencia renegada que cree que puede tratar al resto
del mundo como si fuera su huerto”
–Esta guerra es un paquete de mentiras, y además mentiras que personajes
como Bush y Blair terminan creyéndose. Me indignan esas mentiras, pero lo
que más me indigna es el papel que mi país ha tenido en esto. Esperé toda mi
vida un acercamiento británico a Europa, algo a lo que nos pudiéramos unir.
Y también pensaba que por fin nos libraríamos de las fantasías militaristas.
Yo había esperado ver cómo se establecía en Gran Bretaña una humildad
colectiva que nos sacara de actitudes antediluvianas, que nos trajera algo
nuevo y fresco. Y Blair me ha decepcionado profundamente
–En una reciente entrevista, usted afirma que ahora se siente más europeo
que nunca
–Sí, es cierto. Aunque sé que Europa está desorganizada. No me engaño
creyendo que los franceses se opusieran a la guerra de Irak de una forma
altruista. Pero hicieron lo correcto por razones incorrectas, y eso me
parece suficiente. En este momento muchos deseamos tener una Europa unida,
con una Constitución europea. Por eso lo ocurrido en las elecciones de marzo
en España es tan emocionante. La mayoría de los europeos de buen criterio
tiene ahora los ojos puestos en España
–Veo que ha seguido de cerca la situación política española en los últimos
tiempos
–¡Como tanta gente! Para empezar, la victoria de Zapatero en las elecciones
españolas aterrorizó a Blair, que tiene a todos sus aliados en la derecha.
Aznar ya ha perdido en España, y si a esta derrota se le suman en el futuro
la de Howard en Australia y la de Bush en Estados Unidos se produciría un
efecto dominó que dejaría a Blair como un náufrago. Personalmente pienso que
las elecciones españolas fueron un gran triunfo de la voluntad popular.
Tengo entendido que mucha gente joven que no había votado nunca lo hizo en
las elecciones de marzo. Eso es magnífico: la gente confirmó con su voto que
fue injusto llevar al país a una guerra en contra de la voluntad popular.
Algo parecido pasó en mi país. En Gran Bretaña nunca ha habido
manifestaciones tan multitudinarias como las que hubo para protestar contra
la guerra de Irak. Un millón de personas en las calles de Londres, algo
increíble
–Algunos medios conservadores afirman que quienes ganaron las elecciones
españolas fueron los terroristas
–Eso es basura. Las personas juiciosas vimos las elecciones españolas como
un triunfo absoluto para la democracia, la manifestación clara de la
voluntad popular, del enfado y de la indignación. Y su resultado nos pareció
un acto de valor, no de cobardía. No creo que la gente votara por miedo a Al
Qaida. Más bien lo que el pueblo español dijo fue: “Aquí hay dos asuntos.
Nosotros lucharemos contra el terrorismo, lo hemos hecho antes y lo
volveremos a hacer. Pero lo que no haremos es unirnos a la ambición
imperialista estadounidense en nombre del terrorismo. Así que separaremos
completamente esos dos asuntos. No a la ambición estadounidense, no a su
juego de poder, no a los juegos del petróleo estadounidense, no al eje del
mal. Pero sí a la guerra contra el terrorismo, contra el que lucharemos
siempre”. Y está muy claro que los españoles no votaron con miedo, porque
cuando la gente se siente amenazada, se inclina hacia la derecha, va a pedir
socorro al policía de la esquina, se refugia en la autoridad. Y es
exactamente lo que los españoles no hicieron. No se fueron corriendo a Aznar
diciendo: “¡Protégenos, protégenos, por favor! ¡Nos da igual que sea ETA o
Al Qaida, tenemos miedo!” Al contrario: dijeron “basta” a Aznar. Dijeron:
“Somos nosotros los que vamos a decir cómo se afronta este problema de ahora
en adelante”
–Atacar Irak fue, más que una desviación en la lucha contra el terrorismo de
Al Qaida, un error descomunal. Irak era el sitio más equivocado para luchar
contra Al Qaida
–Por supuesto. No hay ningún vínculo entre Al Qaida y Saddam Hussein. Saddam
llegó al poder con el partido Baas, que es un partido laico. Odiaba a Al
Qaida y odiaba a Osama bin Laden. Los inspectores de armas de la ONU estaban
trabajando en Irak, y, al fin y al cabo, dentro de los parámetros de esa
dictadura existía una clase media sólida y próspera que trabajaba. No había
campos de entrenamiento de Al Qaida en el país, ni preparativos para lanzar
ataques terroristas o para proveer de armas a organizaciones terroristas.
Fue todo un completo espejismo, donde Blair hizo un pacto silencioso con
Bush para ir a la guerra en cualquier circunstancia, y ni siquiera informó
de ello a su propio Parlamento y a su electorado. Para mí, esa mentira lo
desacredita por completo
–¿Qué cree que se puede hacer para luchar contra el terrorismo?
–Muchas cosas, pero nunca una demostración de poder occidental que intimide
a otros países. Este no ha sido nunca el sistema correcto, y nunca lo será.
Todos los desastres que se pronosticaron han ocurrido, y todo por una
increíble ausencia de sentido común. Yo creo que Blair y Bush viven en una
cápsula, no tienen contacto con la realidad. El hombre que mandó a Gran
Bretaña a la guerra de Irak nunca se ha arrodillado al lado de un soldado
moribundo, nunca ha escuchado un disparo...
–En otra entrevista usted afirmó que estos personajes están “cegados por la
ideología”
–Lo están. Con este tipo de políticos tan ideologizados, los servicios
secretos no pueden desplegar el tipo de sentido común que utiliza un buen
diplomático, un buen periodista o un buen observador. Estos políticos están
encerrados en salas de conferencias bunkerizadas, recibiendo tan sólo los
informes de los servicios de inteligencia que ellos desean, los que parecen
confirmar sus tesis. Y así, por ejemplo, nadie les dice que en España hay
una indignación popular latente, una indignación democrática en la base de
la pirámide, que podría manifestarse en cualquier momento si hubiera un
ataque terrorista
–¿Qué está pasando con los servicios de inteligencia? Da la impresión de que
sólo proporcionan a los líderes la información que éstos quieren conocer. Y
además parece que ya no tienen agentes de campo, que sólo trabajan con
satélites y alta tecnología
–Ha puesto el dedo justo en las dos llagas. En mi país y en Estados Unidos
se tiene la sensación de que los políticos dicen a los servicios secretos:
“Esto es lo que tienen que buscar, esto es lo que tienen que encontrar, así
que esto tiene que estar ahí”. Por supuesto, no es la forma adecuada de
trabajar. Pero para los servicios de inteligencia es muy difícil decir que
no hay nada allí donde se supone que debería haberlo. Bajo la influencia
estadounidense, la tecnología ha sustituido a la inteligencia humana, y esto
ha sido catastrófico. Irak fue sobrevolado por satélites y aviones espía,
fue escuchado y examinado desde todos los puntos de vista, pero la
información que se obtuvo era en gran medida falsa o defectuosa. Y ello
porque no había agentes en tierra. La excusa que dan los servicios
británicos es que Saddam destruía su séquito con tanta frecuencia que cuando
tenías a alguien cerca del líder, él ordenaba matarlo sin tan siquiera
enterarse de que había matado a un agente. Lo que también es posible
–Otra cosa que espanta es la incapacidad de los servicios de inteligencia
para analizar las previsibles reacciones a la ocupación de los iraquíes y,
en general, los árabes y musulmanes. Era fácil imaginar una feroz
resistencia a una prolongada presencia militar estadounidense. Como era
previsible un ascenso de violentos sentimientos antiamericanos y
antioccidentales en el mundo árabe y musulmán
–Por supuesto. Nadie tomó de verdad el pulso de lo que se decía en la calle
o en el mercado. Desde los satélites y los aviones no se puede tomar ese
pulso. Hay que pisar tierra y hay que escuchar a mucha gente
–¿No le parece desesperante la ineficacia de los servicios policiales y de
inteligencia en la lucha contra Al Qaida? Los miembros y asociados de esa
red de redes terrorista saben que los servicios occidentales pueden
interceptar conversaciones telefónicas o rastrear movimientos de dinero en
instituciones financieras, así que procuran hablar al oído de la otra
persona y enviar el dinero en metálico a través de correos humanos
–Lo que pasó en Madrid el 11 de marzo es un ejemplo perfecto. La red que
organizó los atentados vivía en la ciudad, pero no había sido identificada.
Se financió sobre el terreno, y sobre el terreno consiguió los explosivos y
los teléfonos móviles. Es una prueba más de lo difícil que resulta luchar
contra ese terrorismo. Sospecho que nos estamos enfrentando sólo a unos
cientos de personas divididas en grupos pequeños, tal vez unos pocos miles.
Pero creo que, además de identificar y detener a los terroristas, hay que
tratar las causas de este fenómeno. Hay unas estadísticas muy interesantes
que dicen que la mayoría de los reclutas de Al Qaida viene de países con un
nivel bajo de alfabetización. Creo que si dedicásemos una fracción de lo que
gastamos en guerras a mejorar las condiciones de vida, de trabajo, de salud,
de educación de una serie de países, eliminaríamos el problema en una
generación
–Si el enemigo es global, la lucha debe ser global. Hay que emplear policía,
espionaje e incluso la guerra en circunstancias excepcionales, pero también
la diplomacia, la ayuda económica, el fomento de la educación y la
cultura...
–Sí, y ésta es la gran diferencia entre Estados Unidos y Europa en este
momento. Por ejemplo, resulta increíble ver cómo cambiarían las cosas si se
permitiera la distribución de medicamentos genéricos. Con poco dinero se
podría contener la propagación del sida en el Africa subsahariana. Para mis
novelas hago un trabajo previo de periodista, y cuando preparaba El
jardinero fiel vi la cantidad de cosas simples y baratas que se pueden hacer
sobre el terreno para dar agua potable, medicinas, trabajo y vivienda a
millones de africanos pobres; para mantenerlos en sus pueblos en vez de
mandarlos a las megalópolis, donde surgen las enfermedades, la
insatisfacción y el terror. Es muy poco dinero si se compara con las
cantidades monstruosas que Estados Unidos se gasta en defensa
–En Amigos absolutos hay un momento en que un personaje dice: “Debemos
luchar contra el mal allí donde lo encontremos. Un mal no justifica el otro”
–Sí
–Me parece que éste es el centro de su posición moral en este momento: la
guerra contra el terrorismo islamista no justifica muchos de los disparates
y crímenes que se están cometiendo en su nombre
–No los justifica. De alguna forma debemos parar esta rueda infernal. W. H.
Auden tiene un poema que dice: “El público y yo sabemos lo que aprenden
todos los niños en el colegio: aquellos a los que se les hace el mal, hacen
el mal a cambio”. Y eso es exactamente lo que está pasando con los
palestinos. Para contestar a su pregunta, le diré que en Estados Unidos late
un enorme deseo de venganza: venganza en el sistema judicial, venganza en la
guerra... Una de las cosas que separan a Estados Unidos de Europa es que
nosotros ya no tenemos estos sentimientos de venganza. Ya no. La maquinaria
norteamericana exige además que todas las guerras se personalicen, así que
Saddam Hussein y Osama bin Laden son el eje del mal que hay que atacar. Pero
nunca se dice que el hambre, la intrusión industrial, la inestabilidad de la
población rural o la falta de agua lo sean. Y lo son, son males contra los
que hay que luchar tanto como contra estos villanos teatrales. Para mí, tan
importante o más que la guerra contra Saddam o contra Osama es la guerra
contra la pobreza, la escasez, el colonialismo, el imperialismo o la
explotación
–Usted es consciente de que el que dice algo así corre el riesgo de ser
acusado de “amigo de los terroristas”. De hecho, su artículo de enero de
2003 contra la guerra de Irak se titulaba así
–Sí, “Confesiones de un terrorista”. Blair dice que si no estamos a favor de
su política en Irak, estamos ayudando a los terroristas. Una auténtica
basura simplista. Pero él lo dice con tanta elocuencia de púlpito que la
gente se lo cree. Los políticos hacen todo lo que pueden para vender sus
mentiras a la prensa, después leen sus propias mentiras en la prensa y
piensan que es la opinión popular
–Eso pasó en España el 11 de marzo, cuando Aznar llamó a los directores de
periódicos para decirles que ETA era la responsable de los atentados
–Exacto. Mienten, ven sus mentiras impresas y se las creen
–Amigos absolutos es también un libro sobre la amistad. ¿Ha conocido en su
vida el tipo de amistad que tienen Ted Mundy y Sasha?
–No. A los 33 o 34 años tuve una relación muy estrecha, una amistad, con un
escritor británico. Pero cometí el error de tener una aventura con su mujer,
y todo se deterioró. Ese amigo era alguien fascinante, pero era adicto al
caos, como Sasha. El recuerdo de ese amigo, que murió a los 40 años, ha
permanecido en mi mente. Yo creo que ustedes los periodistas también conocen
a alguien así, a un tipo alocado, que siempre va más lejos que los demás,
que nunca descansa. Usted estuvo en Beirut y debió de conocer a alguien así.
Ese escritor que yo conocí era así, y Sasha es así. Sasha siente las cosas
de forma muy intensa, arriesga todo constantemente y tiene un carácter
temerario. Mundy, que no es así, queda fascinado por esta persona que se
arriesga tanto
–Cuando terminó la Guerra Fría y algunos hablaron del fin de la historia,
usted afirmó: “Qué tontería, ahora es cuando comienzan los verdaderos
problemas”. Y así ha sido. Ahora, a través de uno de los personajes de
Amigos absolutos, usted hace un llamamiento a la guerrilla intelectual. Este
libro es el que ha escrito más rápidamente y de todos los suyos el que está
más pegado a la actualidad
–Sí. Escribir y publicar este libro ha sido una experiencia muy interesante.
Nunca he estado tanto en el punto de mira, pero a la vez nunca lo había
deseado tanto. Quería que la gente se enfadara. En Gran Bretaña y en Estados
Unidos, los críticos se han polarizado totalmente. Unos se han abonado a una
teoría que, en mi opinión, tiene su origen muy cerca de Downing Street,
según la cual Le Carré se ha vuelto loco, y esto es algo muy triste. The
Telegraph escribió: “Es trágico ver a un gran talento descendiendo a estos
niveles. A todos nos encantaban sus primeras obras, George Smiley era un
personaje fantástico; pero es tan triste ver a este viejo demente buscando
dejar su huella en el mundo”. En cambio, los del otro lado han dicho:
“Brillante, fantástico”. En Estados Unidos, las críticas de la derecha con
prejuicios hicieron que las ventas del libro bajaran mucho, pero, por
suerte, después volvieron a subir. También he aprendido una lección: yo
creía que el libro iba a tener muchísimo éxito en Alemania, porque dice todo
lo que los alemanes quieren oír: que tenían razón en la guerra de Irak y que
la historia se hace orgánica a través de su propia experiencia. Lo malo es
que decía a los alemanes un montón de cosas que ya sabían, así que no les
interesó mucho. Tuve unas críticas excelentes, pero, desgraciadamente, nadie
lo compró. ¿Para qué lo iban a comprar? Y ahora acaba de salir en Francia,
también con unas críticas fabulosas. Pero no sé si los franceses van a estar
tan interesados, porque van a decir: “¡Por supuesto!”. Así que va a ser muy
interesante ver cómo va la cosa en castellano
–Pues ya veremos
–Y mientras terminan de preparar la comida, voy a llevarlo a dar un paseo
porque quiero enseñarle el otro lado de Wengen. ¡Hay una vista del valle que
es tan bonita! Probablemente usted no lee a Goethe, yo ya tampoco; pero
cuando Goethe terminó la primera parte de Fausto vino a este valle, tuvo una
desafortunada aventura amorosa y estuvo cerca del suicidio. Pero entonces
vio la catarata que hay en el valle, la que quiero enseñarle, y volvió a
desear vivir. La segunda parte de Fausto empieza ahí, con la descripción de
la naturaleza reafirmándose a sí misma
Quién es Le Carre
Fue agente secreto, diplomático y autor de libros
memorables que protagonizaba su “alter ego”, Smiley. Le Carré publica en
castellano su libro más político, Amigos absolutos (Areté), un alegato
contra los excesos de Estados Unidos y el “eje del mal” tras el ataque a
Irak.
A John Le Carré le encanta vivir en lugares remotos. Su hogar en el Reino
Unido es una finca llamada Treffigian, en el Finisterre. Pero hoy el maestro
de la novela de espionaje y su esposa, Jane, no están allí, sino en su
segundo refugio, un chalet de la aldea alpina suiza de Wengen. A Wengen se
accede por una ruta muy propia del mundo de Le Carré: primero hay que llegar
en avión al aeropuerto de Zurich y luego hay que tomar cuatro trenes.
Rodeada de un círculo de montañas nevadas, Wengen es de una belleza
indescriptible.
Le Carré, quien en realidad se llama David Cornwell, es un hombre cordial,
con un excelente sentido del humor y, a sus 72 años, en buena forma física y
aun mejor forma mental. Tiene una cabeza patricia, con cabellos blancos y
abundantes, rostro curtido y mirada penetrante. Su voz es firme y clara, y
sus espesas cejas expresan sus pasiones, a veces ocultando los ojos y a
veces alzándose o juntándose para subrayar algo. Lleva un sello de oro en el
dedo meñique de la mano derecha.
Le Carré está indignado y entusiasmado por partes iguales. El autor de
libros tan perfectos como El espía que llegó del frío, El topo, La chica del
tambor, La Casa Rusia, El sastre de Panamá y El jardinero fiel lleva más de
un año terriblemente enfadado con el seguidismo ovejuno respecto a Estados
Unidos de Blair y Aznar, dos dirigentes a los que acusa de sacrificar los
intereses nacionales de sus respectivos países y arruinar el proyecto común
europeo a cambio de fotografiarse con Bush en las Azores. A Le Carré, que en
sus años mozos fue agente de los servicios secretos británicos, también le
indigna el que, hoy día, políticos como éstos dicten de antemano a los
espías el contenido de sus informes, y le preocupa que los servicios de
inteligencia hayan abandonado el viejo, laborioso y eficaz trabajo de a pie
y en terreno enemigo, por el culto a los satélites y la alta tecnología.
Esa rabia ha rejuvenecido al escritor, que apela con energía a la
resistencia y la guerrilla intelectuales. También ha producido su última
novela, Amigos absolutos, que cuenta la historia de un británico, Ted Mundy,
y un alemán, Sasha, visceralmente idealistas, y enfrentados a lo largo de
décadas a diferentes totalitarismos. Pero Le Carré ve motivos para la
esperanza en las protestas populares contra la guerra de Irak y se regocija
abiertamente con la victoria del socialista Zapatero en España. Los
españoles, afirma, no se rindieron ante ningún terrorismo en las elecciones
del 14 de mayo sino, al contrario, dieron una lección de democracia y de
valor |