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290708 -
El
Siglo de Torreón (110803) - Por
Carlos Fuentes
- General, ¿se parece el momento actual al que usted vivió en los años
treinta?
-Sí, se
parece en algo y se diferencia en mucho
-¿Las
similitudes?
-La agresión
desbocada de las potencias fascistas. Manchuria, Abisinia, Austria,
Checoslovaquia, la guerra de España, Polonia, la guerra mundial. Una cosa
condujo a la otra. Nadie impidió la catástrofe. Sí, vuelve a haber
violencia, incertidumbre...
-¿Había
manera de evitarla?
-De haber,
había. México condenó todos y cada uno de estos actos de agresión.
-¿Sirvió
de algo su actitud, presidente?
-En ese
momento no, porque no modificó los resultados. Ganaron
Hitler,
Mussolini
y Franco. Pero a la larga sí, porque perdieron Hitler y Mussolini.
-Franco no
perdió la guerra.
-No. La
perdió España. Franco derrotó a
España. La despojó de instituciones,
de inteligencias, de esperanzas. Franco convirtió a
España primero en
una lóbrega prisión y más tarde en socio secundario de los
norteamericanos, como había sido socio secundario de Hitler. En cambio,
México
ganó a España.
-Usted
recibió a un cuarto de millón de refugiados españoles en México a
partir de 1939.
-La pérdida
de España fue la ganancia de
México. La emigración republicana
multiplicó y fortaleció la vida cultural de México. Ciencias, artes,
derecho, filosofía. Me duele decirlo, México ganó la guerra de
España.
-Usted puso
los principios por delante de los intereses.
-No. Siempre
pensé que los principios lo son porque obedecen a los intereses. Y los
intereses se pierden si no encarnan en principios.
-Usted vivió
en una época de apogeos de los nacionalismos y del Estado-nación.
-Había que
distinguir entre nacionalismos ofensivos, como el alemán, y nacionalismos
defensivos, como el mexicano.
-Hoy se
habla de la muerte del Estado-nación y el triunfo de la globalización.
-Desde donde
estoy, lo que yo veo es la máxima afirmación de un solo Estado-nación,
los Estados Unidos de América. No se puede hablar de la muerte del
nacionalismo cuando un solo supernacionalismo se le impone al mundo
entero.
-¿Hay
manera de limitar ese supernacionalismo norteamericano?
-Sí,
creando instituciones de derecho internacional respaldadas por nuevas
alianzas, por ejemplo, entre Europa y Latinoamérica...
-Pero
Bush
se mofa de las instituciones y del derecho internacionales...
-¿Por cuánto
tiempo? ¿Cree usted que en un mundo globalizado los Estados Unidos lo
pueden todo? Ni militar ni económicamente se bastan a sí mismos. Pueden
provocar muchas guerras. Incluso pueden ganarlas. Pero, como se ha visto
en Irak, no están preparados para ganar la paz. Las victorias
norteamericanas pueden convertirse en victorias pírricas. Entonces, con
otro Gobierno, quizá redescubran las virtudes de algo que ellos mismos
crearon en 1945: las instituciones internacionales.
-A usted le
tocó un conflicto muy serio con los EE UU: la disputa por la
nacionalización del petróleo en 1938.
-Los
norteamericanos hostilizaron sin tregua a la
Revolución Mexicana. Desde
el asesinato del presidente Madero, en 1913, organizado por el embajador
de los EE UU Lane Wilson, pasando por la invasión de Veracruz en 1914, la
expedición punitiva de Pershing contra Pancho Villa en 1917, las amenazas
y presiones para que no aplicáramos la Constitución en materia agraria y
obrera. En 1938, las compañías extranjeras desobedecieron una orden de
la Suprema Corte y me obligaron a expropiar el petróleo.
-Hoy habría
represalias. ¿Por qué no las hubo entonces?
-Porque tuve la buena suerte de coincidir con la
presidencia de
Franklin D. Roosevelt. Las presiones contra México fueron brutales. Del boicot a la
amenaza de la invasión militar.
Roosevelt optó por negociar. Sabía que
se venía encima la guerra mundial y que EE UU necesitaba un amigo, no un
enemigo, en su frontera sur. Por eso establecimos un acuerdo que hasta
ahora se ha mantenido. Siempre habrá diferencias entre México y los
Estados Unidos. Pero siempre será posible resolverlas por vía de la
negociación.
-¿Sigue
valiendo su tesis? ¿Tiene límites la agresividad del Gobierno de Bush?
-Un México
convulso, agredido por los EE UU, es la peor amenaza para la seguridad de
los propios Estados Unidos. Tenemos una frontera común de casi 3.000 kilómetros
de largo. Y tenemos seis millones de trabajadores mexicanos en los EE UU.
Agredirnos sería, como ellos dicen, darse un tiro en el propio pie...
-Además, México
es hoy una democracia. En su época, y desde 1929 hasta 2000, fue una
dictablanda dominada por el PRI. Usted mismo fue candidato del partido
oficial, entonces llamado PRM, Partido de la Revolución Mexicana. El jefe
máximo de la Revolución, Plutarco Elías Calles, ponía y quitaba
presidentes. Todo el mundo creía que usted iba a ser un pelele más...
-Por eso mi
primera decisión fue restaurar la dignidad de la Presidencia. Expulsé a
Calles y afirmé la fuerza de la Presidencia de México.
-¿Sin límites?
-Con el límite
de la no reelección. En 1940 le entregué la presidencia a mi sucesor,
Manuel Ávila Camacho, y me convertí en un ciudadano más.
-¿Pudo
usted hacer más por la democracia? Se le acusa de haber creado un Estado
corporativo, sectorial y con una central obrera todopoderosa.
-El problema
de México en los treinta era crear instituciones que a su vez generaran
democracia. La revolución armada había devastado el país. Un millón de
muertos. Yo impulsé organizaciones obreras, campesinas y de la sociedad
civil, y les dije: "Ahí les dejo eso. A ver qué hacen con
ellas".
-Las
corrompieron, señor presidente.
-Entonces la
lucha social se salió de las organizaciones corporativas y se fue a la
calle. Hubo tres revoluciones en México: la armada, de 1910 a 1920; la
institucional, hasta 1940, y luego la social, hasta el día de hoy.
-Hoy hay
democracia en México.
-No la habría
sin las reformas revolucionarias de nuestra época.
-¿Pide
usted un neocardenismo?
-Mejor
dicho, creo que México necesita movilizar y vigorizar su base social, su
capital humano. Quizá yo lo hice sin democracia. ¿Por qué no habría de
repetirse ese fenómeno de ascenso social, desde abajo, potenciando los
recursos humanos con educación, infraestructura, fortalecimiento del
mercado interno, esta vez con democracia?
-¿Con
patriotismo en un mundo peligrosamente unipolar?
-Con
dignidad en un mundo potencialmente multipolar
Datos Biográficos
Lázaro Cárdenas del Río (1895-1970) fue presidente de México entre
1934 y 1940. Luchó en su juventud al lado de las fuerzas revolucionarias
contra el ejército del dictador Victoriano Huerta. Fue uno de los
principales organizadores del Partido de la Revolución Mexicana (PRM),
antiguo nombre del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Durante su
mandato se consolidaron los logros de la revolución mexicana y se
impulsó la nacionalización de sectores económicos clave como la
industria petrolífera. Cárdenas brindó una generosa acogida a los
refugiados españoles que huyeron de la Guerra Civil y la represión
posterior, y siguió siendo una figura de referencia para la izquierda
mexicana hasta su muerte.
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