Entrevista a Mihail Gorbachov
Pilar Bonet

Suplemento "quépasa" de "El País", Montevideo, sábado 3 de mayo de 2003)

Terminó con el imperio soviético. Fue aliado de Bush padre en la primera guerra del Golfo. Pero Bush hijo es otra cosa. El País. Madrid

"No perece quien se fatiga, sino quien para". Mijaíl Gorbachov recuerda la frase que su esposa, Raisa, dejó escrita en uno de sus papeles. El mundo de la mujer con la que Gorbachov convivió casi medio siglo hasta su muerte, en 1999, sigue intacto en la dacha (casa de campo) de las afueras de Moscú y sobre todo en el apartamento urbano de los Gorbachov. El ex presidente de la Unión Soviética vive en la dacha, pero a menudo acude a una cita en el apartamento cerrado. Es una cita con ella. "Para mí es como tocar el mundo en el que vivimos", dice. "Allí todo está como si Raisa acabara de salir, como si acabara de marcharse hace un momento...".
Con 72 años, Gorbachov no es de los que paran. A su alrededor hay una familia que lo mima, una fundación política que lo necesita, un partido socialdemócrata que no acaba de arrancar, y un público interesado que lo contempla como si, en vez de ser un hombre, fuera una marca internacional.
El ex líder soviético se mueve con destreza entre sus distintos papeles. Escribe libros (uno de los cuales, Carta a la Tierra, acaba de aparecer en español), apadrina investigaciones, produce documentales y graba textos, como un prólogo para el cuento Pedro y el lobo en una serie musical pedagógica.
En la fundación trabajan sus fieles colaboradores, como su guardaespaldas, que lo siguieron desde el Kremlin. La fundación tiene un presupuesto mínimo de 800.000 dólares al año, que Gorbachov recauda a base de honorarios y donaciones. En cuanto al partido socialdemócrata que preside, lo más probable es que tenga que asociarse con otras fuerzas para competir en las elecciones parlamentarias rusas de diciembre.
Tras la guerra contra Irak, Gorbachov vuelve a estar muy solicitado. Políticos, analistas y periodistas lo interrogan con la esperanza de que desde su experiencia de estadista les dé claves que ayuden a entender mejor el presente y el futuro.

—Leí que calificó el ataque a Irak de "delictivo".
—No he usado esa palabra. Opino que es un gran error político, una acción injustificada, porque no nos han dado argumentos convincentes para la acción militar. Desencadenar una guerra en circunstancias tan difíciles, con tantas contradicciones, cuando aún no hemos construido el nuevo orden mundial, nos hace retroceder. Se podría tolerar en una situación clara como la de Afganistán, donde había un avispero; pero, en Irak, Estados Unidos ya estaba acumulando efectivos cuando los inspectores apenas comenzaban su trabajo. Han provocado una escisión en el Consejo de Seguridad de la ONU y en el mundo. Han despreciado la opinión de la mayoría. Esto ya no es democracia.
El asunto no se relaciona sólo con Sadam Hussein y la eventual amenaza de armas de destrucción masiva. Han hecho lo que les dio la gana y sentaron un precedente peligroso. Creo que la causa principal es el crudo, porque los estadounidenses, que son el 5% o el 6% de la población mundial, consumen el 42% del petróleo, y para ellos es muy importante mantener su nivel. La energía los preocupa, y decidieron aprovechar la existencia de un régimen dictatorial odiado. Pero Sadam no es tonto. Creo que sacó conclusiones de la guerra del Golfo y que no hay producción de armas químicas o de destrucción masiva en Irak. Otra cosa es encontrar algo en un hoyo.

—¿Cree que George W. Bush trata de concluir una tarea que su padre no acabó en 1991?
—No hay que echarle a Bush padre las culpas de esto, porque él logró lo importante. Echó a los iraquíes de Kuwait y los golpeó duramente, pero no ordenó tomar Bagdad para no destruir el Estado iraquí y para no verter ríos de sangre. De ese modo abrió el camino hacia la Conferencia de Madrid sobre el conflicto de Medio Oriente. Ahora circulan muchos mitos, pero la realidad es que resolvió la tarea importante de entonces. Cuando digo que el ataque a Irak es un gran error político me refiero a que perjudica al Consejo de Seguridad, a la ONU en general y a la relación con los aliados. Algunos, como el gobierno español, decidieron estar con Estados Unidos; otros, no menos importantes en la OTAN y en el Consejo de Seguridad, no pueden ir en contra de la verdad. Todos están de acuerdo en que no se debía permitir que Irak se convirtiera en una fuente de peligro, pero el problema era cómo impedirlo. Si la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad no tienen importancia para Estados Unidos y la mayoría del mundo tampoco, puede suceder que, al acabar con el totalitarismo en Irak, establezcamos un régimen totalitario en el mundo...
Ahora Washington vuelve a decir que el Consejo de Seguridad no funciona, pero Estados Unidos hace todo lo posible para que no funcione. La administración Bush entorpece el trabajo de la ONU porque quisiera que todos se pusieran firmes allí. Se equivocan quienes piensan que todos van a bailar alrededor del Tío Sam. Eso no sucederá. Vivimos en otro mundo. No hay que ser presa del pánico, y es necesario que el Consejo de Seguridad funcione para que la operación militar acabe lo antes posible o para minimizarla y para no permitir la escalada a otras zonas del mundo.

—Usted se ha pronunciado a favor de reformar el Consejo de Seguridad. ¿Qué habría que cambiar?
—Hay que hacer que sea más eficaz y representativo. Japón, Alemania, Africa y Asia deberían estar representados, y el organismo debería modernizarse para adaptarlo a la actualidad. Destruir a la ONU es condenar al resto de los países a ser un feudo de Estados Unidos.

—Pero usted mismo admitía que la ONU ya tenía problemas de prestigio desde antes.
—En esta situación, lo más importante es que funcione el Consejo de Seguridad. Hay que lograr que se interrumpan las acciones militares y que haya un mandato del Consejo de Seguridad para la reconstrucción de Irak. Por mucho que refunfuñen los estadounidenses, no se puede crear un régimen de ocupación. El Consejo de Seguridad debe tener un proyecto para restablecer el orden y para crear estructuras de dirección del país. Con ayuda del Consejo de Seguridad, los soldados pueden estar un cierto tiempo para que haya garantías, pero también se pueden enviar fuerzas de paz, y no sólo de Estados Unidos y el Reino Unido, los países que desencadenaron la guerra.

—Uno de sus colaboradores contó que usted intentó evitar el ataque estadounidense a Irak en 1991, pero Bush padre le colgó el teléfono.
—Como negociador, Sadam Hussein fue demasiado testarudo y poco intuitivo sobre lo que se avecinaba. Yo le había dicho que debía abandonar inmediatamente Kuwait, porque de lo contrario habría acciones militares apoyadas por el Consejo de Seguridad. Ésa es una gran diferencia, porque entonces había una agresión, había una ocupación de Kuwait, pero ahora se resuelven problemas de política interior. A Sadam le daban prórrogas, y él se hacía el remolón, pese a que le advertíamos de que nadie le iba a hacer de niñera. Cuando por fin, junto con Francia, conseguimos que aceptara retirarse de Kuwait sin condiciones, yo llamé a la Casa Blanca, y entonces me dijeron que era demasiado tarde porque hacía dos horas que se había dado la orden de ataque.

—Usted mantiene relaciones con Bush padre, e incluso ha hecho un documental sobre él.
—Hace poco recibí una carta suya en la que me decía que tenía ganas de volver a verme para hablar sin prisas y sin formalismos. Bush padre es una persona constructiva. Puede abordar cualquier dificultad.

—¿Más que su hijo?
—No me quiero meter en eso... Son dos personas distintas en dos épocas distintas. Pero el padre podía resolver cualquier cuestión complicada.
Bush hijo se ha formado ya como presidente, pero está demasiado vinculado a los intereses de los grupos que lo llevaron al poder: la industria militar y el sector petrolero y de materias primas. Creo que en las decisiones del actual presidente de Estados Unidos hay una presión y una influencia excesiva de estos círculos, y esto debe preocuparnos a todos. Los estadounidenses deben estar también preocupados cuando ven que, apenas se acaba de destruir algo en Irak, ya está en marcha un encargo de reconstrucción para empresas con las que estuvo vinculado su vicepresidente. Estados Unidos es una sociedad enferma si debe recurrir a estos métodos para salir de la crisis. Temen que si el complejo de la industria militar baja su productividad, el Producto Bruto Interno norteamericano caerá, y con él el número de puestos de trabajo. Se trata de una mentalidad militarizada, a diferencia de los europeos, aunque ellos, en parte, han seguido la corriente a Estados Unidos. Podrían no hacerlo, pero quieren ganar dinero.

—Usted ha dicho que la familia Bush también se ha dividido en torno a la guerra.
—No conozco todos los detalles, pero se han publicado sus opiniones. Bush padre ha dicho que él podría haber bombardeado Bagdad y no lo hizo. Yo lo comprendo. Su situación es muy difícil. Ni el hijo responde por el padre, ni el padre por el hijo.

—Al sacar conclusiones para Rusia, algunos analistas hablan de aumentar su poder militar, y otros de fortalecer su relación con la Unión Europea.
—Rusia debe seguir transmitiendo su punto de vista a la superpotencia que se ha quedado sola y que ha fracasado desde el punto de vista político, diplomático y moral. En el aspecto militar, hubiera sido extraño que Estados Unidos, que concentra el 50% del potencial bélico mundial y cuenta con el Reino Unido, no pudiera vencer a Irak. Creo que es necesario analizar este conflicto en el Consejo de Seguridad, en el Grupo de los Ocho y en todos los foros posibles. En el Consejo de Seguridad hay que tratar de minimizar la acción militar, y en ningún caso hay que cortar las relaciones con Estados Unidos o incitar a otros a hacerlo. Al contrario, debemos mantener más que nunca el diálogo, pero es necesario que Estados Unidos entienda que no todos vamos a bailar al son de la melodía que ellos toquen. Esto se aplica también a Rusia y, a propósito, creo que Putin resistirá hasta el final, aunque veo que los estadounidenses buscan algo para acusar a nuestro país, y esto no es serio. Quieren acusarnos de venta de armas e ignoran su propio informe, según el cual una veintena de empresas estadounidenses abastecían a Irak de armas. Nuestros dirigentes dicen que Rusia no comercia armas con Irak. Si nos hubiéramos callado, ahora recogeríamos los laureles; pero no nos callamos, sino que insistimos en que no se debía desatar una guerra.
En cuanto a la idea de aumentar el potencial militar de Rusia, está bien que se piense en la reforma militar, porque nuestro país necesita un ejército moderno, no muy numeroso y bien pertrechado. Sin embargo, creo que debe examinarse la colaboración con la OTAN. Prácticamente, Rusia tiene una posición de miembro asociado de la Alianza Atlántica por lo menos en diez puntos relacionados con el terrorismo, en los cuales tiene derecho a debatir y tomar decisiones. La provocación de las peleas de chicos o los ajustes de cuentas mafiosos no son tolerables en la política, porque hay fines más serios y responsabilidades más importantes frente al propio pueblo y al mundo. Sobre todo en esta época, cuando el mundo cambia y nosotros queríamos estos cambios. ¿Y ahora, qué? ¿Acaso vamos a aprovechar cada dificultad para comenzar una guerra local? Esto puede acabar en una catástrofe. Debemos decir que, por primera vez, Europa, con Rusia incluida, ha adoptado su propia posición y no ha ido a remolque. Es cierto que ha habido una división, pero mire qué opinión pública, incluso en los países que apoyaron la intervención. La opinión pública va a desempeñar un papel cada vez mayor.

—¿No le parece que Estados Unidos esperaba un mayor apoyo de Rusia?
—Rusia apoya a Estados Unidos cuando su acción está justificada y responde también a sus propios intereses, pero no puede apoyarlo descuidando sus intereses, sobre todo ahora que aún no salió de la crisis. Tras el 11 de setiembre de 2001, Rusia fue uno de los primeros países en solidarizarse con Estados Unidos, y eso fue importante. En ocasiones, Estados Unidos debería confiar en la experiencia de Rusia, porque nuestro país tiene más experiencia tanto política como cultural.

—¿Qué opina de la política exterior de Putin?
—Putin todo lo hace correctamente. En política internacional ha actuado de forma meditada, concreta y activa. Con él, Rusia se ha hecho más estable, más gobernable y se ha comenzado la reforma administrativa. La política de Putin responde a los intereses de la mayoría de los rusos. Rusia necesita condiciones para realizar sus planes y necesita estabilidad y previsibilidad para su reforma. Dos tercios de la población están en la miseria, y Putin hace bien insistiendo en una solución diplomática de los problemas internacionales, porque necesita colaboración y todavía tiene mucho por resolver. Pero no puede haber un cambio radical con el Parlamento y el gobierno que tenemos, donde aún se refleja la inercia de la época de Yeltsin. Rusia necesita que las rentas de la naturaleza vayan a su presupuesto y no a un bolsillo particular. Los mecanismos pueden ser diferentes, pero es importante que la renta de la naturaleza beneficie a todo el país.

—Hojeando su libro Carta a la Tierra, me preguntaba si en lugar de ser un socialdemócrata debería usted ser un "verde".
—Como socialdemócrata entiendo que la política no sólo debe ser social, sino también ecológica. Seguramente soy un rojiverde.


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