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| EEUU Al día - ¿Qué es el terrorismo? - América latina no es colonia formal - Los Intelectuales (¿Críticos o servidores del poder?) - Fue una Guerra Ejemplificadora - La Prensa en USA - La Concentración de los Medios de Comunicación - "La gran idea" a Chomsky de Andrew Marr |
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Nadie habla del terrorismo de Bush
- De Andrés Hax -
Clarín 1004
Uno de los más feroces críticos de la política
norteamericana, el lingüista Noam Chomsky dialogó con Ñ sobre su último
libro, "Hegemonía o Supervivencia". El plan imperial de los Estados Unidos,
la militarización del espacio y la catástrofe ecológica global: "El peligro
—dice— alcanzó el nivel de una amenaza contra la supervivencia humana" |
"América latina no es Colonia Formal..." El pensador norteamericano
sostiene que hay que forzar a los gobiernos a aplicar medidas populares "No me importan las críticas. Las clases intelectuales siempre se van a comportar así. Es su rol histórico: apoyar la violencia de Estado y difamar a quienes tratan de no olvidar del todo las reglas morales más elementales", dice, en una entrevista con LA NACION Chomsky, de 73 años y profesor del MIT desde 1955, es alto y desgarbado, viste jeans arrugados y zapatillas viejas y tiene un ademán de gran timidez que no se condice con su status de celebridad académica Nacido en Filadelfia e hijo de inmigrantes rusos, alcanzó el doctorado en la Universidad de Pennsylvania y sobresale como feroz ensayista político. Entre otros libros, es autor de "Secretos, mentiras y democracia" y "Estados canallas" (de flamante aparición en la Argentina, editado por Paidós), donde formula una profunda crítica a la política exterior norteamericana Chomsky se interesa por la Argentina y por la recepción de sus libros en nuestro país. "Claro que a este último ¿quién lo va a poder comprar?", se lamenta. Su oficina está llena de alumnos que lo tratan como a un dios viviente y de recortes de diarios donde se hace referencia a su persona. Como el Boston Globe, por ejemplo, que lo trata de "reflexivamente antinorteamericano" "¡Es tan absurdo! ¿En la Argentina, si alguien critica la política exterior lo tildan de antiargentino? Puede ser en la época de los militares, pero no ahora, salvo por grupos que todos consideren de extrema derecha. En cambio, aquí cualquiera que no comparta la línea oficial automáticamente es antinorteamericano , y ni siquiera se dan las razones para la acusación. Eso es propio de una cultura totalitaria" -Después del 11 de septiembre usted comparó el accionar de Ben Laden con el de los Estados Unidos en el resto del mundo. Muchos interpretaron que sugería que "se la estaban buscando". ¿Fue así? -Por supuesto que no, es increíble que se haya interpretado así. Lo único que dije fue: esto es una atrocidad espantosa. Pero, desafortunadamente, el número de muertos no es inusual, lo único inusual es la dirección hacia la que apuntaron las armas. Si algo es un crimen cuando es cometido contra nosotros también lo es cuando nosotros lo cometemos. Y estuve en contra de la acción militar en Afganistán -¿La violencia nunca puede traer paz? -Sí, en la Segunda Guerra Mundial trajo paz. Yo era un niño, pero apoyaba la guerra y hoy, en retrospectiva, lo sigo haciendo -¿Detrás de todo hay objetivos imperialistas de Estados Unidos? -No creo que Estados Unidos tenga más objetivos imperialistas que cualquier otro país. Lo que ocurre es que Estados Unidos es tanto más poderoso, y lo ha sido por los últimos 50 años, que su alcance es incomparablemente mayor -¿Y qué hay del imperialismo económico? -Lo mismo se aplica. El Fondo Monetario Internacional es una subsidiaria de la Secretaría de Hacienda norteamericana. Si Estados Unidos se guiara por sus recomendaciones a países como la Argentina tendría que estar realizando enormes reformas estructurales porque su déficit es muy superior al admisible. Algo que jamás hará y que ningún país poderoso haría. Entonces, ¿por qué deberían aceptarlo los demás? Hasta la titular de la Comisión Económica para América latina reconoció que los países que habían seguido más de cerca las recomendaciones de Washington eran a los que peor les había ido -¿La Argentina tiene otra alternativa? -Una vez que uno cayó en la fosa puede no haber demasiadas alternativas a mano. Incluso puede ser que uno necesite pedirle ayuda al que le cavó la fosa. Pero hay que ser muy cuidadosos. Los estudiosos de las teorías del desarrollo más honestos concuerdan en que no hay remedios mágicos. Pero hay un solo punto claro: sólo les va bien a los países que logran ingresar en el mercado internacional en sus propios términos. América latina no es colonia formal desde el siglo XIX, pero lo es en términos económicos. Volviendo a la Argentina, nada sirve si se permite que los ricos no paguen impuestos y que salga el capital del país -¿No cree que sólo puede exigirse que no salga el capital del país si existe algún nivel de confianza en el gobierno y las instituciones -Uno nunca debe confiar en el gobierno ni en las instituciones supranacionales. Lo único que hay que hacer es forzar al gobierno a implementar las medidas impuestas por el pueblo. En una tiranía, o con un rey carismático, se puede hablar de relaciones de confianza. No en una democracia -Hace poco, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz dijo que debería hacerse juicios por mala praxis a los asesores internacionales que dan malos consejos para un país, como un paciente puede hacer con un médico. ¿Coincide? -No creo que Stiglitz haya querido decir literalmente eso, pero en principio estoy de acuerdo. La gente debe ser responsable por acciones que afectan a terceros. Pero la forma en que se lo puede implementar cuando se trata de países es para discutir. Hay que tomar en cuenta, también, que es muy fácil para los políticos corruptos intentar lavarse las manos echándole la culpa de todos los males al FMI. Aunque las acusaciones sean correctas, América latina, y la Argentina en especial, tiene una serie de problemas internos que si no se abordan no puede existir solución alguna, con o sin FMI -Usted siempre fue muy crítico de los medios norteamericanos. ¿Cómo abordan a la Argentina? -La principal forma es ignorándola, salvo que haya una crisis. Lo mismo se aplica para el resto de América latina. Y una crisis no significa algo que afecte a la gente común, sino a los inversores, a los ricos y poderosos. Por supuesto, el enfoque que se les da a las noticias en Estados Unidos está diseñado pensando exclusivamente en ellos “Fue
una guerra ejemplificadora” 14/07/2003 El lingüista, polemista y duro opositor a las políticas de su gobierno, no tiene dudas: Irak fue elegido “por ser el país más débil de la región” y por “tener mucho petróleo” para enseñarle al mundo la nueva doctrina Bush. Esta indica que EE.UU. hará la guerra donde, cuando y con quien quiera, sin aceptar límites de la ONU. El objetivo profundo es cristalizar un sistema de gobierno interno que elimine todo rastro de políticas sociales –Examinando las recientes políticas de los Estados Unidos en relación a Irak, ¿cuál cree que ha sido el verdadero objetivo de esta guerra? –Podemos estar completamente seguros de una cosa: las razones que aducen no son las “verdaderas” razones. Lo sabemos porque son internamente contradictorias. Un día Bush y Powell afirman que la “única cuestión” es si Irak se desarma o no. Al día siguiente dicen que no importa el desarme de Irak porque invadirán de todos modos. Poco después dicen que si Saddam y su grupo abandonan Irak entonces el problema estaría resuelto. Y al día siguiente, en la Cumbre de las Azores, cuando lanzaron el ultimátum a las Naciones Unidas, dijeron que aun cuando Saddam y su pandilla salieran de Irak ellos invadirían de todas maneras. Y continuaron de este modo todo el tiempo. Creo que los verdaderos motivos no son demasiado oscuros o difíciles de comprender. En primer lugar, existe un interés de larga data en esa zona. Irak posee las segundas reservas de petróleo del mundo y, en este sentido, controlar el petróleo iraquí y, más aún, establecer bases militares en Irak, situaría a los Estados Unidos en una posición aún más fuerte que la actual para dominar el sistema energético internacional. Esto es por sí mismo extremadamente importante a los efectos del control mundial, y a ello habría que sumar las ganancias que se derivarían de tal predominio. Probablemente Estados Unidos no intente acceder al petróleo de Irak, tal vez use los recursos más seguros de las cuencas petrolíferas del Atlántico. Sin embargo, controlar el suministro mundial de petróleo ha sido un principio rector de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, e Irak es particularmente significativo en este aspecto. De modo que éste es el interés de largo plazo. Si queremos entender el momento, la oportunidad de la invasión, es preciso recordar que en septiembre de 2002 comenzó una masiva campaña de propaganda en favor de la guerra. Antes de esta fecha el régimen de Irak era acerbamente criticado pero no existía un proyecto de fomentar entre la población norteamericana una fiebre belicista. Es por eso que debemos preguntarnos qué más sucedió después de septiembre de 2002. Bien, dos cosas importantes tuvieron lugar. La primera fue la apertura de la campaña para las elecciones legislativas al promediar el mandato presidencial de George W. Bush. Karl Rove –su jefe de campaña– fue muy claro al explicar aquello que debería ser obvio para todo el mundo: que a los republicanos no les sería posible ingresar en la campaña con un programa cuyo foco estuviera concentrado en torno de temas sociales y económicos. La razón era que la administración Bush estaba llevando a cabo políticas absolutamente perjudiciales para la mayor parte de la población y favorables tan sólo para el estrecho grupo de grandes empresas y los sectores corruptos vinculados al poder. Motivo éste suficiente, pues, para no poder enfrentar al electorado con propuestas de índole económica o social. Tal como Rove lo dijera, si pudiéramos hacer de la seguridad nacional el tema primordial de la campaña, entonces seremos capaces de ganar porque la gente se aglutina en torno del poder si se siente atemorizada. Todo eso quieren hacerlo no sólo para permanecer en sus cargos sino porque quieren institucionalizar, en la esfera doméstica, un programa de gobierno altamente regresivo que les permita suprimir todo vestigio de políticas socialdemócratas al estilo New Deal, convirtiendo al país en una sociedad no-democrática y pasiva, controlada casi por completo por un sector capitalista altamente concentrado y poderoso. Esto implicaría, por ejemplo, recortar el presupuesto público en salud, seguridad social, probablemente en educación, y al mismo tiempo un enorme aumento del poder estatal. Estos grupos dominantes no son conservadores; llevaron al país a contraer un déficit fiscal enorme gracias al mayor aumento en el gasto federal de los últimos 20 años y a los fabulosos recortes impositivos en favor de los ricos, y lo que quieren es precisamente institucionalizar este proyecto. Lo que buscan entonces es un descalabro fiscal que torne imposible continuar financiando los programas sociales. Saben que no pueden enfrentar una elección declarando que quieren destruir dichos programas de ayuda popular, pero sí pueden levantar sus manos con desesperación y decir “¡qué vamos a hacer, si no tenemos dinero!” una vez de que se cercioraron de tal cosa por las grandes reducciones impositivas otorgadas a los ricos y el fuerte incremento en los gastos militares (incluyendo a las industrias de alta tecnología) y en otros programas a favor de las grandes empresas y los ricos. Este es, por lo tanto, el segundo aspecto a tener en cuenta y que tiene que ver con los espectaculares logros de la campaña de propaganda lanzada por el gobierno. –Y la campaña funcionó. –Convenció muy rápidamente a la mayor parte de la población de que Irak era una amenaza inminente para la seguridad de los Estados Unidos e incluso de que era responsable por los atentados del 11 de septiembre. No existe un grano de verdad en todo esto, pero por ahora la mayoría de la población cree en estas historias y tales actitudes encuentran correlato en un fuerte compromiso con la guerra. Si la gente cree que hay un enemigo que pretende destruirla y ya los ha atacado, es muy probable que acepte ir a la guerra. Si mira la prensa de esos días, se describe a los soldados diciendo: “Estamos aquí por venganza, saben, porque volaron el World Trade Center, o porque nos atacarán”. Estas creencias son completamente únicas de los Estados Unidos: nadie en el mundo cree en algo siquiera parecido. No poca gente en Kuwait o Irán odia a Saddam Hussein, pero no le temen, porque saben que es el país más débil de la región. La campaña mediática gubernamental funcionó brillantemente, aterrorizando a la población hasta hacerle aceptar la guerra pese a que existía mucha oposición ante la opción bélica. Pero hubo un tercer factor, tal vez aún más importante que los anteriores. En septiembre de 2002 el gobierno anunció la nueva estrategia de seguridad nacional. Esta no es una medida sin precedentes por sus contenidos, pero sí lo es en tanto que formulación oficial de política de Estado. Lo que allí se anuncia es que Estados Unidos destruirá el sistema de derecho internacional en su totalidad, el fin de la Carta de las Naciones Unidas, y que los Estados Unidos llevará a cabo guerras en cualquier momento y lugar que nos parezca oportuno y que gobernaremos al mundo por la fuerza. Además, nos aseguraremos de que no exista desafío alguno a nuestra dominación, porque somos tan abrumadoramente superiores en materia militar que simplemente aniquilaríamos cualquier desafío potencial a nuestra primacía. Como se pueden imaginar, esta declaración produjo escalofríos en todo el mundo y estremeció a la elite diplomática norteamericana. Es decir, no es que cosas como estas no habían sido jamás escuchadas en el pasado. Pero nunca habían sido formuladas como la política oficial de los Estados Unidos. Sospecho que tendríamos que remontarnos hasta Hitler para encontrar una analogía. Cuando alguien propone nuevas reglas para el comportamiento internacional tiene que ilustrarlo, tiene que lograr que la gente entienda lo que se quiere decir. Debe haber lo que un historiador de Harvard denominó una “guerra ejemplar”, una guerra modelo, que demuestre que nosotros realmente hacemos lo que decimos. Para ello es preciso contar con una víctima apropiada, que debe reunir varios atributos. Debe ser un objetivo completamente indefenso. Nadie elegiría atacar un blanco capaz de defenderse, sería imprudente. Irak cumplía este requisito a la perfección, dado que es el país más débil de la región, fue devastado por sanciones y estaba casi completamente desarmado. Además, los Estados Unidos escrutaron cada pulgada del territorio iraquí con satélites, sobrevuelos de vigilancia y vuelos de U-2. En segundo término, debe ser un objetivo importante y valioso. Es decir, carecería de sentido invadir Burundi, el blanco debe ser un país que, por sus recursos y riquezas, valga la pena controlar. Irak también satisface esta segunda condición. Por lo tanto, es un caso ideal para la guerra ejemplificadora, cuya intención sería poner al mundo sobre aviso al explicitar concretamente que esto es lo que estamos dispuestos a hacer en cualquier momento. Tenemos el poder, y hemos declarado que nuestro objetivo es la dominación por la fuerza y que ningún desafío a nuestro dominio será admitido. Les hemos demostrado qué es aquello que nos proponemos hacer y estamos preparados para el siguiente. Procederemos, entonces, hacia nuestra próxima operación. Ante esta serie de condiciones, la guerra aparece como una muy razonable elección a los efectos de poner algunos principios a prueba. –De acuerdo con su análisis, ¿cuál podría ser el próximo objetivo? Porque de sus palabras infiero que no cree que los Estados Unidos se detendrán en Irak. ¿O sí? –No, ya lo han dejado muy en claro. Necesitan algo para la próxima elección presidencial y continuarán con sus aventuras bélicas. Durante sus primeros doce años de gobierno (1980-1992) así ocurrió y así seguirá ocurriendo hasta que logren institucionalizar las políticas domésticas aludidas más arriba y disponer de un sistema internacional congruente con sus planes. De modo que ¿cuál es el próximo blanco? El próximo objetivo elegido debe reunir condiciones similares a las anteriormente mencionadas. Debe ser suficientemente valioso e indefenso para ser atacado. Siria es una posibilidad. En ese caso Israel estaría encantado de participar. Si bien Israel es un país pequeño, desde el punto de vista de su poderío es una verdadera base militar “off shore” de los Estados Unidos, de modo que detenta una fuerza militar enorme, con cientos de armas nucleares y posiblemente algún tipo de armas químico-biológicas. Sus fuerzas de aire y tierra son mayores y más avanzadas que las que integran cualquiera de los países que forman parte de la OTAN, y Estados Unidos está por detrás de todo este enorme aparato militar. Irán es otra opción, aunque más difícil porque es un país más complicado para dominar y controlar. Sin embargo, existe una razón para creer que durante uno o dos años ha habido esfuerzos encaminados a tratar de desmantelar a Irán, a fracturarlo en grupos internamente irreconciliables. Estas iniciativas han estado en buena medida orquestadas desde las bases norteamericanas en las provincias orientales de Turquía, desde donde también han partido vuelos de reconocimiento y vigilancia sobre la frontera iraní. La tercera alternativa, que no puede ser considerada a la ligera, es la región andina. Se trata de una zona que posee muchos recursos y que está fuera de control en países como Colombia, Venezuela y probablemente Ecuador. Existen bases militares estadounidenses rodeando toda la región, y las fuerzas de los Estados Unidos ya están instaladas allí. El control de Latinoamérica es extremadamente importante, por supuesto, especialmente con los acontecimientos que tienen lugar en Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil y Bolivia. Está claro que la dominación de los Estados Unidos se ve amenazada y esto no puede ser aceptado, en particular en una región tan próxima y crucial debido a la riqueza de sus recursos naturales. Entonces esta es la otra posibilidad. –¿Esta situación en Irak, la invasión y sus secuelas, afectarán de una manera irreparable la estabilidad política de Medio Oriente? ¿Cuáles serían los probables efectos colaterales de esta invasión en países caracterizados por la fragilidad de su constitución política, como Arabia Saudita, Siria, Irán o incluso los territorios kurdos? ¿Qué podría suceder con el problema palestino, que continúa siendo crucial en la región? –Lo que sucederá en el mundo árabe es extremadamente difícil de
predecir. Es un mundo desorganizado y caótico, en donde existen regímenes
altamente autoritarios y brutales. Sabemos cuáles son las actitudes
populares que allí predominan. Quiero decir, Estados Unidos está muy
preocupado con las actitudes que prevalecen en la región y académicos
norteamericanos especializados en los países del Medio Oriente han
realizado investigaciones bastante buenas sobre el área y sus resultados
fueron dramáticos. Uno de los estudios más recientes, de la Universidad
de Maryland, cubrió desde Marruecos hasta el Golfo Pérsico y el Líbano.
Bien, en esa área una mayoría abrumadora de la población manifestó
desear que los líderes religiosos tuviesen un papel más importante en el
gobierno. Un porcentaje similar, cercano al 95 por ciento, cree que el único
interés norteamericano por la región es el acceso a sus reservas de petróleo,
el fortalecimiento de Israel y la posibilidad de humillar a los árabes.
Estamos ante una opinión casi unánime. Así, de existir alguna voz
popular que pudiese surgir en la región, o algún tipo de movimiento
democrático, podría convertirse en algo similar a lo conocido en Argelia
hace diez años. No sería necesariamente un gobierno islamista radical
sino uno con una corriente islamista más enérgica que la que actualmente
existe en muchos países. Creo que esto sería lo último que querría
Estados Unidos, de modo que muy probablemente toda alternativa de apertura
democrática tropezaría inmediatamente con una férrea oposición de la
Casa Blanca. Pero las voces en favor de una democracia secular tampoco serían
aceptadas por Estados Unidos. Si pudieran hablar libremente, por ejemplo,
sobre la violación de las resoluciones de las Naciones Unidas, esas voces
presentarían el caso de Israel, que tiene un record mucho peor que el de
Irak en esta materia. Pero, claro está, Israel goza de la protección de
los Estados Unidos. Esas voces también expresarían su preocupación por
la independencia, que los Estados Unidos no favorecen, de forma tal que
cabe esperar que Washington continuará apoyando regímenes opresivos y no
democráticos como en el pasado, y tal como lo hizo en América Latina por
muchos años, a menos que se le puedan dar garantías de que los nuevos
gobiernos de la región habrán de ajustarse estrictamente a las
prioridades de Washington. Por otro lado, estos movimientos populares del
mundo árabe son tan caóticos que resulta difícil predecirlos –es
decir, incluso quienes participan en ellos no saben o no pueden saber qué
es exactamente lo que quieren–; lo que sí conocemos es el tremendo
odio, el antagonismo y el miedo –probablemente como nunca antes–
existente en relación a Estados Unidos. El problema israelí-palestino
es, por supuesto, el tema central en el mundo árabe. La administración
Bush ha sido muy cuidadosa al respecto, y no ha tomado partido por ninguna
posición. Sus acciones, sin embargo, socavan las perspectivas de una
resolución pacífica del conflicto. Por ejemplo, al financiar nuevos
programas de asentamientos de los israelíes en los territorios árabes. –Un artículo reciente de Henry Kissinger, reproducido por la prensa Argentina, decía que el multilateralismo estaba terminado y que el mundo tenía que aceptar las condiciones derivadas de la superioridad absoluta de las fuerzas armadas norteamericanas, dado que el antiguo orden internacional está terminado. –Es la formulación más descarada de políticas que se inscriben en la misma tónica de siempre. El unilateralismo siempre existió en el marco de las Naciones Unidas y Henry Kissinger sabe esto perfectamente bien. Es algo que viene de muy atrás. Quiero decir: ¿hubo alguna autorización de las Naciones Unidas aprobando la invasión norteamericana a Vietnam del Sur hace 40 años? En realidad, el tema ni siquiera pudo instalarse en la agenda de discusión de las Naciones Unidas. La ONU y casi todos los países se oponían abrumadoramente a las operaciones de Estados Unidos en Vietnam, pero el tema nunca pudo aparecer y ser sometido a discusión porque todos sabían que si tal cosa ocurría las Naciones Unidas serían simplemente desmanteladas por Estados Unidos. Cuando la Corte Internacional de Justicia condenó a Washington por su ataque a Nicaragua la respuesta oficial de la administración Reagan –que, insisto, es la misma gente que actualmente está en el poder– cuando rechazaron la jurisdicción de la Corte Internacional fue que otras naciones no estaban de acuerdo con nosotros y por ende nos reservamos el derecho a determinar qué es lo que recae dentro o fuera de la jurisdicción interior de Estados Unidos. Estoy citándolo textualmente. En este caso se trató de un ataque a Nicaragua. Difícilmente podrían ustedes tener un unilateralismo más extremo que éste. Y las elites norteamericanas lo aceptaron, y lo aplaudieron y, en realidad, el asunto fue rápidamente olvidado. En su próximo viaje a Estados Unidos hable con sus colegas en cualquier Departamento de Ciencia Política y encontrará a gente que jamás escuchó hablar sobre este tema. Fue completamente barrido de la escena. Este es la razón por la cual Estados Unidos tuvo que vetar las resoluciones del Consejo de Seguridad en apoyo de la decisión de la Corte y exhortando a todos los países a acatar la legislación internacional. Bueno, esto es unilateralismo en su forma más extrema, y todavía se remonta mucho más atrás en el tiempo. Justo después de la crisis misilística de octubre de 1962, la cual prácticamente condujo al mundo al borde de una guerra nuclear terminal, la administración Kennedy reanudó sus actividades terroristas y su guerra económica contra Cuba, lo cual fue el antecedente para la crisis. Dean Acheson, un respetado hombre de Estado y consejero de Kennedy, del ala liberal del espectro político norteamericano, pronunció un importante discurso en la Sociedad Norteamericana de la Ley Internacional en el que enunció, en sus líneas principales, los contenidos de la Doctrina Bush de septiembre de 2002. Lo que dijo es que no hay ninguna “controversia legal” que pueda surgir en el caso de una respuesta norteamericana ante un desafío a su “poder, posición y prestigio”. Nada puede ser más extremo que esto. Las diferencias con septiembre de 2002 son que en lugar de ser una política operativa ahora se convirtió en la política oficial del gobierno norteamericano. Esta es la diferencia. Las Naciones Unidas han sido irrelevantes en la medida en que Estados Unidos les impidió funcionar. Es por esto que, desde mediados de 1960, cuando las Naciones Unidas se habían convertido en algo más independiente a causa de la descolonización y de la recuperación de otros países del mundo luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió de lejos en el país que más resoluciones del Consejo de Seguridad ha vetado sobre un amplio rango de temas –Gran Bretaña está segunda– y ningún otro país está ni siquiera cerca de esta situación. Esto es lo que hace que las Naciones Unidas no sean efectivas. Esto equivale a decir que “o ustedes hacen lo que les decimos o les patearemos el trasero”. Actualmente es mucho más descarado. Lo único correcto que Kissinger está diciendo es que ahora no encubriremos las políticas que estamos llevando a cabo. –¿Cuál ha sido el impacto de la guerra iraquí sobre las libertades públicas de Estados Unidos? Escuchamos historias muy preocupantes sobre bibliotecarios forzados a indicar los nombres de gente que solicita libros considerados “subversivos”? ¿Cuál ha sido el verdadero impacto de la guerra en la política interior y en la vida cotidiana de los Estados Unidos? –Estas cosas están ocurriendo, pero pienso que no están específicamente conectadas con la guerra de Irak. La administración de Bush, me permito repetirlo, está integrada no por conservadores sino por estatistas reaccionarios. Ellos quieren un Estado muy poderoso, enorme, violento y que refuerce la obediencia y la sumisión de la población. Existe en ellos un tipo de espíritu cuasi-fascista, como telón de fondo, y por eso han estado tratando de socavar los derechos civiles de muchas maneras. Este es uno de sus objetivos de largo alcance, y tienen que hacerlo rápidamente porque en los Estados Unidos existe una tradición de protección muy fuerte de los derechos civiles. La clase de vigilancia que me comenta en relación a las bibliotecas es un paso más en esa dirección. Ellos han reivindicado también el derecho del gobierno a detener a un ciudadano estadounidense sin cargos –y sin acceso a abogados, ni a su familia– y mantenerlo detenido indefinidamente. Esto, además, ha sido avalado por la Corte, lo que de por sí es una atrocidad. Pero ahora tienen una nueva propuesta, en ocasiones denominada “Patriot Two”, un documento de unas ochenta páginas generado dentro del Departamento de Justicia y que alguien tuvo a bien filtrarlo a la prensa para su publicación. A raíz de esto se publicaron algunos artículos de profesores de leyes que se sentían ultrajados por el contenido de dicho documento. Esto hasta ahora sólo se encuentra en su fase de planeamiento, pero a más de uno le agradaría implementarlo tan secretamente como se pueda. Estas propuestas permitirían al fiscal general, por ejemplo, privar de la ciudadanía norteamericana a cualquier individuo sospechoso de estar involucrado en actos que de cualquier forma pudieran ser perjudiciales para los intereses de Estados Unidos. Es decir, todo esto va mucho más lejos que cualquier cosa contemplada en cualquier sociedad democrática. Un profesor de leyes de la Universidad de Nueva York escribió que esta administración evidentemente intentará eliminar o recortar los derechos civiles de los ciudadanos, y creo que básicamente está en lo cierto. Esto es congruente con sus políticas estatistas reaccionarias, que tienen manifestaciones en la vida internacional, la economía, la vida social y también en la vida política Sobre la Prensa en Estados Unidos - Entrevista a Noam Chomsky PREGUNTA: En una entrevista que le hicimos en 1986 usted se mostró bastante pesimista en cuanto a las posibilidades de desarrollar unos medios de comunicación alternativos. Sin embargo, desde entonces hemos presenciado la aparición de la revista Z Magazine, la proliferación de emisoras de radio de carácter vecinal, la televisión por cable, la organización Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR), tengo entendido que un equipo de filmación canadiense está haciendo un documental sobre usted, ha habido un montón de progresos. ¿Considera usted todo esto positivo? ¿Le sorprende? NOAM CHOMSKY: No recuerdo lo que dije en
aquella entrevista, pero siempre me ha parecido que esto sería algo muy
positivo y debería promoverse lo más posible. Me temo que va a ser muy
duro. Actualmente, la concentración de recursos y poder es tal que a los
medios alternativos se les va a plantear una dura batalla, aunque son muy
necesarios. Es verdad, hay cosas que constituyen pequeños éxitos, pero
esto se debe a que ciertas personas han realizado un esfuerzo increíble. P: Israel Shahak. N. CH.: Claro. Ésa es la gran
diferencia. Eso significa que dispongo de fuentes. Shahak es la principal,
y hay otras. Tengo otros amigos que hacen lo mismo. Yo y otros hacemos lo
mismo por ellos. Igual pasa en Australia y en Inglaterra, y en otros
lugares. De manera que se ha ido tejiendo una especie de red de
cooperación. Aquí, por ejemplo, hay una recopilación de material
procedente de un amigo mío que realiza un cuidadoso examen de toda la
prensa de Los Ángeles y de gran parte de la prensa británica que lee,
selección que me evita tener que leer las revistas de cine y del corazón
y todo eso. Así obtengo la pepita de oro oculta que tal vez pueda usted
encontrar si se lee una enorme cantidad de prensa con mucho cuidado, con
inteligencia y aplicando un criterio muy selectivo. Hay una considerable
cantidad de gente que hace esto, y nos intercambiamos la información. El
resultado final es que tienes acceso a fuentes por métodos que
seguramente ninguna central de inteligencia podría conseguir. Así que
sí hay maneras de subsanar esta falta de acceso a los recursos que posee
el sistema. Sobre la Concentración de los Medios de Comunicación - Anna Couey y Joshua Karliner de Corporate Watch Corporate Watch: ¿Cómo ve de significativas las recientes escaramuzas entre el Departamento de Justicia y Microsoft? ¿Lo ve como un cambio importante en esta espiral de acontecimientos? Noam Chomsky: Sí es significativo. Pero no deberíamos exagerarlo. Si hay tres grandes empresas controlando lo que son esencialmente propiedades y creaciones públicas, esto es, Internet, telecomunicaciones, etcétera, eso no es algo mucho mejor que el control de una sola empresa, pero quizás existe una pequeña diferencia. La pregunta es hasta qué punto parásitos como Microsoft deberían ser expulsados del sistema público, o si se les debería conceder absolutamente cualquier derecho. CW: Proporciónenos algo de contexto histórico. ¿Cómo encaja lo que está pasando con el creciente poder de Microsoft y cómo encaja su papel en la sociedad en la historia del poder de las corporaciones en Estados Unidos y en la evolución de las mismas? NC: Existen corporaciones desde hace tanto tiempo como en el siglo dieciocho, e incluso antes. En Estados Unidos, las corporaciones eran entes públicos. Básicamente, eran asociaciones. Un grupo de gente podía reunirse y decir "queremos construir un puente sobre éste río", y conseguir un permiso estatal que les permitiese hacerlo, necesitando eso y nada más. La corporación no tenía los derechos de las personas individuales. El modelo para la corporación volviendo a los tiempos de la redacción de la Constitución era un asunto constitucional. Durante el siglo diecinueve, esto empezó a cambiar. Es importante recordar que el sistema constitucional no
fue diseñado en primer lugar para defender los derechos de la gente. Más
bien, los derechos de los ciudadanos tenían que ser equilibrados, como
propuso Madison, con lo que él llamaba los "derechos de
propiedad". Por supuesto, la propiedad no tiene derechos: mi
bolígrafo no tiene derechos. Puede que yo tenga un derecho sobre él,
pero el bolígrafo no tiene ningún derecho. Así, esta es sólo una frase
codificada para favorecer los derechos de la gente con propiedades. El
sistema constitucional fue fundado sobre el principio de que los derechos
de la gente con propiedades tienen que ser privilegiados; ellos tienen
derechos porque son personas pero ellos también tienen derechos
especiales porque poseen la propiedad. Como Madison expuso en los debates
constitucionales, el objetivo del gobierno debe ser "proteger a la
minoría de opulentos frente a la mayoría". Esa es la vía por la
que el sistema fue establecido. CW: ¿Cuáles son los impactos sociales y culturales de permitir a no sólo un monopolio, sino incluso si es a no más que a unas pocas grandes corporaciones, dominar algo tan básico cómo el habla humana, la comunicación con el otro? NC: Es una forma de tiranía. Pero, ese
es el objetivo último de la corporación - intentar alejar lo público de
la toma de decisiones sobre aquello que pertenece a su misma esencia,
limitar los campos de discusión públicos, controlar la opinión,
asegurarse de que las decisiones fundamentales que determinan cómo va a
funcionar el mundo - lo cual incluye la producción, el comercio, la
distribución, el pensamiento, la política social, la política exterior,
todo - no está en manos públicas, sino más bien en manos de un
altamente concentrado poder privado. Y hay varias formas para hacer esto.
Una es tener el sistema de comunicación, también llamado sistema de
información, en manos de una red de, pocas o muchas no importa mucho,
tiranías privadas. CW: ¿Cómo se beneficiaría una compañía como Microsoft del AMI? NC: Podría mover libremente el capital.
Podría invertirlo dónde quisiera. No habría restricciones en nada de lo
que hiciera. Un país, o un pueblo, como por ejemplo Cambridge,
Massachusetts, donde yo vivo, donde trabajo, no podría imponer
condiciones en cuanto a la protección del consumidor, el control
medioambiental, las inversiones o los apartados para las minorías o las
mujeres. Menciónelo y no lo admitirán. CW: El economista Brian Arthur afirma que debido a la naturaleza rápidamente cambiante de la tecnología, nadie permanecerá en una posición del monopolio durante mucho tiempo, de modo que el poder monopolístico en la industria de la tecnología es diferente que el que se ha visto históricamente, y no hay nada de lo que preocuparse. NC: Pero nunca ha habido poder
monopolístico; o ha habido muy raramente poder monopolístico. Tomemos
los grupos de poder altamente concentrados, como en la industria de la
energía. No son en sentido estricto monopolios. Shell y Exxon son
competidores. Éste es un sistema de administración del mercado intensivo
en gestión, con un enorme poder estatal implicado en los intereses de una
pequeña colección de tiranías privadas. CW: ¿Piensa usted que todo el asunto de los monopolios es algo como para estar preocupado? NC: Éstos son oligopolios; son pequeños conjuntos de grupos de poder altamente concentrados en relación unos con otros. Si uno de ellos consiguiera control total sobre un cierto sistema, otros poderes probablemente no lo permitirían. De hecho, eso es lo que usted está viendo. CW: ¿Así pues, usted no piensa que Bill Gates es un nuevo John D. Rockefeller? NC: John D. Rockefeller no era un monopolista. Standard Oil no gobernaba toda la industria; aunque lo intentaban. Pero otros centros de poder simplemente no desean dejar tal cantidad de poder a uno de ellos. CW: ¿Entonces de hecho, quizás hay un paralelismo ahí entre Gates y Rockefeller, o no? NC: Piense en el sistema feudal. Usted tenía reyes, príncipes, obispos, señores, etc. La mayor parte de ellos no deseaban que el poder estuviese concentrado totalmente, ellos no querían tiranos absolutos. Cada uno de ellos tenía sus feudos que deseaban mantener en un sistema de poder altamente concentrado. Sólo querían cerciorarse de que la población, la llamada chusma, no sería parte de él. Es por esta razón la cuestión del monopolio -no quiero decir que no sea importante- sino que no es de ninguna manera el núcleo del asunto. CW: ¿Cómo esa transferencia de la esfera pública a la privada ha cambiado Internet? NC: Mientras Internet estaba bajo el
control del Pentágono, era libre. La gente podría utilizarla libremente
para compartir información. Esto ha seguido siendo verdad cuando
permanecía dentro del dominio estatal de la National Science Foundation. CW: ¿Qué es lo que parecería si estuviera bajo control público? NC: Parecería lo que era antes, excepto que sería mucho más accesible porque más gente tendría acceso. Y sin constricciones. La gente podría simplemente utilizarla de forma libre. Se ha hecho eso, mientras estaba bajo dominio público. No era perfecto, pero tenía más o menos el tipo correcto de estructura. Eso es lo que Microsoft y otros desean destruir. CW: ¿Y cuando usted dice eso, usted se está refiriendo a Internet tal como era hace 15 años?. NC: Estamos hablando específicamente de Internet, de momento. Pero más generalmente, los medios de comunicación durante la mayor parte de este siglo, y cada vez más en años recientes, han estado bajo poder corporativo. Pero ése no se es siempre el caso. No tiene que ser el caso. No tenemos que ir muy lejos atrás a encontrar diferencias. Bastante recientemente, en los años cincuenta, había cerca de 800 periódicos laboristas que alcanzaban a entre 20 y 30 millones de personas a la semana, con un punto de vista muy diferente. Remóntese usted más atrás, y a principios de siglo los medios comunitarios, laboristas y otros estaban básicamente al nivel de los medios corporativos. La eliminación de todo esto es consecuencia de la alta concentración del poder concedida por el estado con el activismo judicial y otras presiones privadas, que pueden ser invertidos y superados. CW: Tome la creciente concentración en la tecnología a la que estamos asistiendo con Microsoft y algunas de estas otras compañías, y compárela con fusiones recientes en los sectores de defensa, comunicaciones, seguros, y banca, y especialmente el contexto de la globalización. Estamos viendo una nueva etapa en el capitalismo global, o es simplemente una continuación de los negocios como siempre? NC: En líneas generales, la
globalización contemporánea está llevando el mundo de nuevo a lo que
era hace más o menos un siglo. A principios de siglo, bajo la dominación
básicamente británica y el patrón oro, si usted mira la cantidad de
comercio, de flujo financiero, etcétera, en relación con el tamaño de
la economía, estamos bastante cerca de volver a eso ahora, después de
una depresión entre las dos guerras mundiales. CW: ¿Qué tipo de cosas puede la gente hacer para intentar extender y exigir la democracia y el control público a las corporaciones? NC: Bien, lo primero que han de hacer es
averiguar que es lo que les está ocurriendo. Así pues, si usted no tiene
información sobre eso, no puede hacer mucho. Por ejemplo, es imposible
oponerse, pongamos, al Acuerdo Multilateral sobre Inversiones, si usted no
sabe que existe. Ese es el propósito del secretismo. Uno no puede
oponerse a la forma específica de globalización que está teniendo
lugar, a menos que la comprenda. Tendría no sólo que leer los titulares
que dicen que la economía de mercado ha triunfado, sino que tendría que
leer a Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal, cuando habla
internamente; cuando dice que el estado de la economía depende de una
maravillosa conquista que hemos conseguido, llamada "inseguridad
laboral". Ese es su término. Inseguridad laboral, que es no saber si
vas a tener un trabajo mañana. Es una gran bendición para la salud de la
economía porque mantiene los salarios bajos. Es estupendo: mantiene los
beneficios altos y los salarios bajos. CW: ¿Qué piensa acerca del potencial de todos los medios alternativos que están surgiendo en Internet, dadas las actuales tendencias? NC: Ese es un asunto para la acción, no para la especulación. Es como preguntar hace cuarenta años cuál era la probabilidad de que tuviéramos un sistema de salud como Medicare. Estas cosas ocurren si la gente lucha por ellas. El mundo de los negocios, Microsoft, tiene conciencia de clase alta. Son básicamente vulgares marxistas, que se ven a sí mismos metidos en una amarga lucha de clases. Por supuesto siempre van a continuar con ella. La cuestión es si tienen ese campo para ellos solos. Y la cuestión más profunda es si se les debería permitir participar; yo no creo que deban Los Intelectuales (¿Críticos o servidores del poder?) - De Heinz Dieterich Steffan El lingüista y ensayista norteamericano
reflexiona sobre el papel que sus colegas cumplen cuando, en lugar de
ejercer la crítica social y política, pasan a formar parte del gobierno
de un país. Cita como ejemplo experiencias que se desarrollaron en
distintas épocas en los Estados Unidos, entre ellas la administración de John Fitzgerald Kennedy, quien reunió a su alrededor
a brillantes figuras del mundo cultural y artístico. En general, los
resultados fueron negativos. Temerosos de equivocarse, cautivos de su
prestigio, los cerebros más destacados de una nación, convertidos en
funcionarios, demostraron una nociva rigidez. -¿Los intelectuales en el poder son
peligrosos? |
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