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Norberto Bobbio El Pensamiento de Norberto Bobbio |
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A LOS 94
AÑOS, MURIÓ AYER NORBERTO BOBBIO
El oráculo de la izquierda - Fernando D´addario
Página 12
10/01/2004 Fue uno de los grandes filósofos políticos de Europa en el siglo XX. Participó de la vida política de Italia desde su rol de “conciencia crítica de la izquierda” y se manifestó en contra de todos los dogmatismos. Era senador vitalicio de su país
Norberto Bobbio consideraba “poco apasionante”
cualquier acercamiento a su vida, que se apagó sin mucho ruido ayer a los
94 años, debido a una aguda crisis respiratoria. El pensador italiano, tal
vez por modestia, acaso por la obstinación de exponerse sólo a través de
sus ideas, minimizaba dos cuestiones que los demás –apologistas,
detractores, polemistas varios, profesores y estudiantes universitarios–
supieron apreciar: su condición de testigo lúcido y activo del Siglo XX, y
su presencia implícita, desde sus libros, en las discusiones académicas de
las últimas décadas. Bobbio fue un tipo apasionante sin quererlo, o sin
saberlo. El prefería preservarse de estos devaneos. Extrañaba, eso sí, a
muchos de sus viejos interlocutores, que se fueron muriendo antes que él y
dejaron en suspenso debates y polémicas que otros retomarán. En ese mundo
intelectual que se le escapaba, Bobbio reconocía los signos más visibles
de la vejez. "Comunismo y nazismo fueron reaccionarios" Norberto Bobbio (Turín, 1909) es uno de los pensadores y filósofos políticos más importantes de Europa. En 1975 inició en Italia el debate sobre socialismo, democracia, marxismo y comunismo, que ha influido en las nuevas generaciones de todo el continente. En esta entrevista Bobbio se une a la discusión sobre el significado actual del iluminismo y habla también de las tesis sobre la "utopía reaccionaria" del nazismo y el comunismo. Pregunta. En alguna enciclopedia he leído: Norberto Bobbio, "exponente del pensamiento neoilustrado". Por competencia formalmente reconocida debo darle la palabra en la discusión abierta en La Repubblica por un artículo de Eugenio Scalfari que plantea varias cuestiones, pero sobre todo ésta: Isaiah Berlin tituló su antología de ensayos sobre autores ilustrados Contracorriente, pero hoy qué va más contracorriente, ¿estar con los ilustrados o con sus adversarios? Respuesta. A juzgar por las filosofías dominantes hoy, y sobre todo por los dos grandes puntos de referencia de los filósofos contemporáneos, que son Nietzsche y Heidegger, debería decir que tiene razón Scalfari, que es la Ilustración la que va a contracorriente. Empecemos por Berlin: Scalfari sospecha que su corazón está del otro lado. Usted también sospechó en algún momento algo parecido, en un artículo de 1980 para la Rivista Storica Italiana [Revista Histórica Italiana], dedicado a ese mismo libro, que acababa de salir en Inglaterra. No cabe duda de que leyendo los libros de Berlin, y sobre todo a los autores que cuentan con sus simpatías, podría parecer que está de parte de los filósofos anti-ilustrados, tanto de los pre-ilustrados, como Vico, Herder y un completo reaccionario como Hamann, como de los pos-ilustrados, como Sorel, otro de sus preferidos. Vico es fundamental en la historia del pensamiento, según Berlin. Desde luego, es un típico representante de la anti-Ilustración. No es casualidad que Giambattista Vico haya sido un casi descubrimiento de Benedetto Croce, que desarrolló una de sus grandes batallas filosóficas contra la Ilustración considerándola una manifestación de lo que se daba en llamar "racionalismo abstracto", la expresión de una razón que no sabe reconocer la pluralidad de las situaciones históricas. Para él la razón ilustrada era una razón eminentemente antihistórica. Si tanto Croce como Berlin, ambos liberales, sienten tanta simpatía por Vico y por autores historicistas y antiilustrados, surge la pregunta: ¿hay cuentas pendientes entre liberalismo e Ilustración? La anti-Ilustración en los escritos de Berlin ha hecho que me plantee la cuestión de si el suyo es realmente un pensamiento liberal. A él, indudablemente, se le considera un gran pensador liberal, pero todos los autores que propone, revaloriza, destaca, pertenecen a la tradición opuesta, excepto uno: John Stuart Mill. Ahora bien, en la tradición liberal, además de Kant, son fundamentales John Locke y Benjamin Constant. La libertad liberal de los modernos es un desligarse, que pretende ser definitivo, de cualquier forma de organicismo. Ahora bien, si se toma esta libertad a lo Constant y se la va a buscar en los autores de Berlin no se encuentra, a pesar de que Berlin sea, como es sabido, el autor de Cuatro ensayos sobre el concepto de libertad y haya ligado su nombre precisamente a la distinción entre "libertad negativa" y "libertad positiva". La libertad positiva (la libertad "de", la capacidad de ser dueños de sí mismos, de hacer, de eliminar los obstáculos), a la que Berlin prefería la negativa (la libertad "desde"), más genuinamente liberal, mientras que la primera está emparentada con el socialismo y el comunismo, nos lleva aquí a medir las relaciones entre la Ilustración y el marxismo. Para Berlin el marxismo representaba la "exageración" de la parte opuesta al nacionalismo, el comunismo era un exceso de universalismo y de racionalismo, igualmente peligroso. Pero tampoco en esto me convence Berlin, porque respecto a la libertad de la democracia liberal y burguesa, nazismo y comunismo son hermanos: tienen el mismo enemigo. Me ha gustado mucho el libro que acaba de salir, de Paolo Bellinazzi - L'utopia reazionaria [La utopía reaccionaria], Editorial Name- que analiza los argumentos que nazismo y comunismo proponen como defensa de sus propias tesis y demuestra que el nazismo y el comunismo, contrariamente a la opinión común según la cual son ideologías opuestas tienen matrices comunes: los dos combaten el libre mundo burgués del mercado y de los estados parlamentarios, los dos casan con la Gemeinschaft contra la Gesellschaft, la comunidad arcaica (aquella en la que un individuo es sólo parte de un organismo) contra la sociedad moderna de los individuos singulares (y en cuanto tales, en libre relación entre ellos), los dos se oponen al individualismo y son partidarios del organicismo social. Usted está diciendo que comunismo y nazismo se presentan como enemigos de la modernidad. Sí, y Bellinazzi argumenta muy bien esta tesis. Cuando, por ejemplo, indaga en las relaciones entre los dos antagonistas Carl Schmit y György Lukacs, descubre que apoyan más o menos las mismas ideas, porque tienen el mismo enemigo, la burguesía y las filosofías del mercado; los dos se oponen a la misma producción de la riqueza, ambos son reaccionarios. ¿Usted está de acuerdo con las tesis de Bellinazzi? El libro está muy bien documentado desde el punto de vista histórico y filosófico, y me ha llamado la atención también por cierta correspondencia de ideas. Siempre he mantenido que la historia del siglo XX se caracteriza por tres protagonistas: fascismo, comunismo y democracia (y no sólo por los dos primeros). También he mantenido siempre que la victoria habría correspondido a los dos de los tres que se hubieran aliado. La Segunda Guerra Mundial fue vencida por la alianza entre democracia y comunismo, que fue fatal para el nazismo. Esto es indudable, pero también es verdad que esta alianza era una alianza de guerra, que se realizó en el momento en que estaba estallando la guerra mundial. Y en efecto, en cuanto se derrotó al nazismo, comenzó la guerra fría entre los dos vencedores, durante cincuenta años, una guerra que acabó sin necesidad de disparar, porque con Gorbachov los comunistas tiraron la toalla. ¿Por lo tanto, esa alianza no tenía raíces en una mayor afinidad o en una menor distancia entre comunismo y democracia? Porque, verá usted, estamos, en cierto sentido, acostumbrados a pensar en el marxismo como una "exageración", pero de la parte opuesta a la del nazismo, como un exceso del "racionalismo abstracto" más que como un exceso del "irracionalismo concreto". En resumidas cuentas, error sí, pero por parte de los ilustrados y más allá de ellos. Ésta es una de las ideas que los comunistas han cultivado para justificarse a sí mismos, ha sido un intento de autolegitimación. Sin embargo, el nazismo se declaraba enemigo de las Luces, mientras que el comunismo se quiso continuador y "superador". Esta valoración está destinada a cambiar. Nosotros, que hemos combatido el nazismo como aliados de los comunistas (y afortunadamente ha existido esta alianza, que ha determinado la victoria de la democracia), siempre hemos intentado legitimar y justificar en cierto modo a los comunistas. Era comprensible que intentáramos representarlo como un fenómeno progresivo y no regresivo. Éramos aliados en una guerra mortal, ¿entiende? Nos esforzábamos por ver los aspectos positivos, que después de la caída del comunismo ya no vemos. Después de su derrota definitiva nos hemos visto obligados a revisar la idea que nos habíamos hecho del comunismo. En 1989 usted hablaba de un célebre artículo aparecido en Stampa, de "utopía invertida"; ahora ésta se ha convertido en una "utopía retrógrada". Acepto la expresión del título del libro de Bellinazzi, utopía reaccionaria. En este diseño utópico de transformación radical de la sociedad está implícita una idea antiliberal, porque el liberalismo cree que la historia de la libertad es una historia de continuos pasos del bien al mal, de intentos logrados y fallidos. No hay un fin obligado en la sociedad perfecta. Liberalismo es igual a antiperfeccionismo, mientras que tanto el marxismo como el nazismo eran utopías perfeccionistas Biografía de Norberto Bobbio Norberto Bobbio nació en Turín el 18 de Octubre de 1909. Se graduó en Derecho y en Filosofía. Se desempeño toda su vida como profesor. Es un referente ineludible en lo concerniente a la filosofía política y a la teoría del Derecho. Es senador vitalicio de Italia desde 1984. En la primera semana de diciembre del 2000, a poco de haberse realizado el Jubileo de los Políticos, Bobbio cargó contra el Vaticano y acusó a Karol Wojtyla de ser un "perfecto Papa de la Contrarreforma". Sostuvo asimismo que es “un deber moral” impedir que la coalición de centroderecha de Silvio Berlusconi gane las próximas elecciones. El filósofo hizo estas consideraciones al defender el laicismo del Estado y criticar la designación de Tomás Moro como patrono de los políticos en el reciente Jubileo. "Al margen de que con esta familiaridad con los santos Juan Pablo II demuestra ser un perfecto Papa de la Contrarreforma -sentenció Bobbio-, el hecho de que haya elegido como santo protector de los parlamentarios a Tomás Moro, decapitado por haber condenado el cisma de Enrique VIII, tiene algo de macabro y burlón." Tomás Moro, en efecto, según apuntó Bobbio, "fue un mártir de la fe y no se entiende qué clase de modelo puede llegar a ser para los políticos, cuyos compromisos versan sobre otra clase de asuntos. Además, ¿no es pretender demasiado señalar como modelo ideal a un mártir?" Luego atacó a Berlusconi, candidato a jefe de gobierno del Polo de las Libertades, de centroderecha, y sostuvo que "es un deber moral usar todos los medios permitidos por la democracia para impedir que el Polo gane las próximas elecciones". La obra de Bobbio se caracteriza por la conjunción de dos valores que para él deben ir juntos, la libertad y la justicia. Se puede enmarcar su pensamiento dentro de la corriente denominada liberal-socialista que sostiene que son necesarios derechos sociales fundamentales como educación, trabajo y salud como condición previa para un mejor ejercicio de la libertad. Podemos decir que hay dos autores muy influyentes en su obra: el pensador austriaco Kelsen, especialmente en el área del Derecho y el autor del “Leviatán” Thomas Hobbes, especialmente en el área de la Teoría Política. Otros intelectuales influyentes en su obra son Benedetto Croce y Max Weber. Es interesante observar que a través del estudio de la obra de Hobbes, Bobbio entró en contacto con el politólogo alemán Carl Schmitt (quien fue cuestionado por su posición cercana al nazismo) con el cual mantuvo una prolongada relación epistolar. Como intelectual enfatiza constantemente “la certeza de la duda”. Es un hombre abierto al debate de ideas y considera fundamental la lucha por los valores democráticos. La definición de democracia de Bobbio es bastante básica: “un conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos”. Esta concepción no está ligada básicamente a un contenido y esto es lo que por ejemplo critica Alain Touraine, puesto que para el francés si bien las reglas de procedimiento son necesarias e incluso indispensables para la existencia de la democracia, éstas no son más que un medio al servicio de fines, y allí es donde se produce la diferencia entre las democracias reales y el ideal de democracia. En su libro “El futuro de la democracia” Bobbio observa algunas características negativas de las actuales democracias: subordinación de los individuos a los grupos organizados que luchan por intereses particulares en detrimento de la representación política general; permanencia del poder invisible que actúa a espaldas y sin el conocimiento de la colectividad (negociaciones secretas); creciente poder de los técnicos y las burocracias e ingobernabilidad derivada de la incapacidad de las autoridades nacionales para procesar el conjunto de demandas sociales (entre otros problemas). Para el autor el tema de la democracia representativa es fundamental en las sociedades modernas puesto que se hace imposible una democracia sin mediaciones. Bobbio observa que la democracia representativa no se agota en el “estado parlamentario” y cuando se refiere al “proceso de democratización” lo piensa como la difusión de las reglas de representatividad en los espacios de la sociedad civil marcados por la organización jerárquica antes que pensarlo como un paso de la democracia representativa a la democracia directa. Otro tema sobre el cual reflexiona mucho el autor es el del rol del intelectual y se ocupa de diferenciarlo claramente del hombre de acción. En su obra “Los intelectuales y el Poder” establece una diferencia tajante entre los pensadores de la política y los políticos de profesión. Mientras los primeros se dedican a elaborar ideas, discutir problemas, los segundos se dedican a tomar decisiones. Aquí observamos la clara herencia del pensamiento weberiano en la separación de las esferas del conocimiento y de la acción. Los primeros pasos de Bobbio en la política fueron en la resistencia antifascista, lo cual según sus propias palabras marcó un antes y un después en su vida. Durante ese período sufrió el encarcelamiento. Sin embargo, hace poco tiempo se abrió una fuerte polémica cuando Norberto Bobbio aceptó debatir con un periodista su rol durante el fascismo. Allí confesó que su posición en el período en que fue perseguido no fue del todo valiente: hasta se conoció una carta que le envió a Mussolini en la cual resalta su “total devoción” por la causa. El autor considera actualmente que fue la experiencia mas humillante que le tocó vivir puesto que era un accionar común de la época el manifestarse adherente a la causa fascista para tratar de salvarse de las persecuciones. Pero sin dudas es en la resistencia contra el fascismo donde comienza su carrera política. Primero ligado a la corriente liberal-socialista a fines de los años 30. Luego, durante la Guerra Fría, adscribió al movimiento de la política de la cultura, opuesta a la política ordinaria de los políticos. Con respecto a la política internacional, Bobbio se dedicó activamente a los estudios sobre el problema de la guerra, los caminos de la paz y el pacifismo como actividad política. Para él es necesario frente a algunas manifestaciones de violencia, responder con violencia, bajo ese criterio se pronuncio en el momento de la ocupación de Kuwait por Irak, hecho que le valió una polémica muy fuerte con muchos de sus discípulos. Para el filósofo cuando existe una violación del derecho internacional por medio de la fuerza se vuelve legítimo el uso de la fuerza. Es necesario según el autor que exista una tercera fuerza neutral a la de los dos actores en pugna para garantizar la paz. Esta idea de un tercero (Estado supranacional, Estado universal) es pertinente también para el autor en las cuestiones referidas a las violaciones a los derechos humanos. Actualmente Bobbio declara que le interesan cada vez menos los problemas políticos coyunturales y se ocupa cada vez más de problemas mas generales como la vejez, la muerte, etc. Hace pocos años publico su “Autobiografía” con la colaboración del periodista de La Stampa Alberto Papuzzi. En ella, lamentándose de no haber escrito nunca un diario, se ocupa de hacer un repaso de sus vivencias, sus actividades a lo largo del siglo. Repasa desde su infancia en Turín, a sus primeras actuaciones en política. Recuerda también sus “batallas políticas” , sus discusiones con los comunistas, a los que, a pesar de no comulgar con su pensamiento, respetaba en el marco de su actitud de libre confrontación de ideas. Pero sin duda lo que mejor recuerda son sus años como profesor, la actividad que mas satisfacciones le dio. Libros publicados: “Diccionario de Política”, escrito junto a Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, “El futuro de la democracia”, “Autobiografía”, “Ni con Marx ni contra Marx”, “Liberalismo y Democracia”, “Los intelectuales y el poder” “Teoría General del Derecho”, “Thomas Hobbes”, “Derecha e Izquierda” y “De senectute” Entrevista por Otto Kallscheuer El filósofo italiano Norberto Bobbio
(Turín, 1909), uno de los grandes pensadores de este siglo, sigue
defendiendo el individualismo frente al Estado. A sus noventa años hace un
repaso por este siglo que, en su opinión, se ha caractizado por la
violencia. Sin embargo, para el pensador italiano, la constitución de los
tribunales por crímenes de guerra ha sido un enorme paso para la
protección del individuo, pero de un modo totalmente independiente del
Estado al que pertenezca. Bobbio se define como militante de la razón y
afirma que, pese a que el hombre moderno ha asimilado millones de hechos
de los que los antiguos no tenían conocimiento, el mundo de hoy nos
resulta cada vez más incomprensible, menos transparente arbitrariedades, en el oscurecimiento
de la claridad interior, en
cuyo lugar amenaza de nuevo el mito".
Respuesta. ¡Dios mío! ¡Qué estilo
más ampuloso!
Este texto fue escrito por usted en
1943 como crítica a la jerga de la antonomasia en Heidegger y Jaspers. Al
final abogaba usted por un "nuevo personalismo" como alternativa al
existencialismo "apolítico".
Bueno, entonces, cuando ya había
comenzado la lucha de liberación antifascista, el tema de los humanos se
presentaba dramáticamente a favor del orden neofascista. La situación
actual es completamente distinta, aunque exista un peligro de que vuelva a
plantearse. El final de nuestro siglo, un siglo en cuya primera mitad
hemos vivido tanta violencia, guerra y destrucción, indica un nuevo giro
hacia la violencia desde el final de la guerra fría, y no sólo en
conflictos internacionales. También, dentro de nuestras sociedades,
asistimos a un aumento insospechado de la violencia.
¿Qué opina de los análisis que
entienden el aumento de la criminalidad y la intolerancia como el
resultado del individualismo en avance permanente? La disolución de los
lazos tradicionales destruye el "sentido comunitario" y la confianza
social interna...
No, en contra de los comunitaristas, me
mantengo en la interpretación individualista según la cual la democracia
liberal se apoya en la prevalencia del individuo. El único avance real que
puedo observar en todo este siglo, el reconocimiento universal de los
derechos humanos, se refiere a los derechos del individuo, no como parte
de esta o aquella sociedad o ciudadano de aquel u otro Estado.
¿Y qué dice usted respecto a la
demanda de derechos culturales o religiosos para determinadas sociedades?
Es que pertenecemos simultáneamente a
comunidades totalmente distintas. A veces, la comunidad religiosa y la
étnica coinciden, pero a menudo esto no ocurre así, y uno pertenece a una
comunidad religiosa que no coincide con la religión de su pueblo, o al
contrario. Y se vuelve a hablar de la defensa de los derechos de los
pueblos. Pero ¿existe un pueblo como tal cuya existencia frente a los
individuos sea prioritaria? El pueblo es una abstracción a la que sólo se
puede enfrentar el individuo como ente individual. El núcleo de las
convicciones, esperanzas e ideales comunes que acertadamente se han dado
en denominar religión de los ciudadanos o "religión civil de la humanidad"
radica en que finalmente se reconocerá al individuo como tal portador de
los derechos fundamentales.
He desarrollado mis conceptos en los
años treinta y cuarenta. En aquella época, por un lado estaba la persona,
el individuo, y en el otro, la masa, o como se decía: el Estado de masas,
lo statomassa. Y sé exactamente de qué se trata; sólo tengo que
pensar en la situación que se producía cuando participábamos en las
multitudinarias marchas de masas. Por ejemplo, la de Roma, cuando el Ducce
[Mussolini] se dirigió a la masa desde el balcón del Palazzo Venezia. La
masa impetuosa que le aclamaba gritando "¡sí!" o "¡no, nunca!", ¡eso era
la masa! ¿Qué hubiera ocurrido si uno sólo se hubiera atrevido a
contradecir a la masa? No hubiera podido siquiera hacer oír su voz. El
valor que hace frente al Estado, que quiere serlo todo, es el individuo. Y
el derecho irrenunciable del individuo frente a cualquier tipo de
multitud, masa o comunidad pertenece, desde el final del fascismo, a mis
categorías éticas y políticas fundamentales.
En su libro La edad de los
derechos humanos hace suyo el pensamiento de un jus cosmopoliticum,
el derecho cosmopolita de Kant.
Exacto. Con la constitución de los
tribunales por crímenes de guerra, los derechos humanos son reconocidos
por primera vez en la historia en el sentido de jus causae: como
derecho para la apertura de un proceso, para la protección de un
individuo, pero de modo totalmente independiente del Estado al que
pertenezca. Así pues, por primera vez, estos derechos se consideran
derechos de vigencia universal, por lo que incluso prevalecen ante el
Estado. Ésta es, con certeza, sólo una posible tendencia de evolución de
las relaciones jurídicas internacionales; no obstante, veo en ella el
único avance posible.
Usted ha destacado repetidas veces el
nuevo hecho histórico: el que, por primera vez desde hace dos o tres
siglos, todas las confesiones cristianas están de acuerdo con el
pensamiento laico en lo relativo a derechos humanos. Incluso la Iglesia
católica.
El papa Juan Pablo II ha invocado la
libertad de religión en su viaje a la India en el mes de noviembre como
derecho básico de todas las personas, sin importar el territorio en el que
vivan o el Estado al que pertenezcan. En este sentido, se puede denominar
a los derechos humanos como la religión de los ciudadanos de la humanidad.
Naturalmente, esta nueva coincidencia
entre el personalismo universal y el cristiano sólo llega a un determinado
punto. Sólo recuerdo la cuestión del aborto.
Incluso cuando los derechos humanos se
aceptan por la jerarquía eclesiástica después de un largo periodo
histórico de desconfianza eclesiástica persiste una diferencia en cuanto a
prioridades: para el pensamiento de la Ilustración, sin duda el primero de
los derechos humanos era la libertad...
... Según Kant, en primer lugar, la
libertad "de hacer uso público de su razón en todo momento".
... Mientras que, sin duda, para la
jerarquía cristiana, en primer lugar se encuentra la defensa de la vida,
"regalo de Dios", y ello también se refiere a la vida no nacida.
En una polémica en Alemania alrededor
del filósofo Peter Sloterdijk, que quería provocar tanto al humanismo
ilustrado como el pensamiento católico del derecho natural con el tema de
las futuras "antropotécnicas" genéticas, la izquierda ilustrada se
encontró también del lado del cristianismo en un enfrentamiento contra
ideas neoheidnischianas de la experimentación humana. ¿La tradición
monoteísta pertenece al código genético de la Ilustración?
¿Podemos avanzar hasta el punto de
transformar completamente al hombre, clonar a los hombres del futuro o
programarlos? Se trata de un tema antiquísimo de utopía. Ya en el
Estado del Sol , de Tommaso Campanella, se establece con precisión
cuándo se pueden aparear hombres y mujeres, y quién se puede aparear con
quién, según las peculiaridades del organismo de cada uno.
¿Existe, pues, un concepto de la
norma humana autoimpuesta en la religión civil de la Ilustración? El papa
Juan Pablo II ha afirmado que el nihilismo antihumano está anclado en el
"drama de la separación entre creencia y razón" de la edad moderna.
Si me pregunta por criterios en razón de
los cuales podamos decidir en qué punto tenemos que parar la investigación
científica y cuándo debemos continuar, no tengo ninguna respuesta. En lo
que se refiere a la encíclica Fides et ratio , el Papa se muestra
preocupado por las filosofías del racionalismo, pero curiosamente no le
inquieta el verdadero oponente, ¡el avance tecnológico! Si hemos de
preocuparnos por el futuro de la humanidad debemos ocuparnos del
conocimiento científico, no de las filosofías. Éstas son absolutamente
irrelevantes. El que aquí se defienda una "débil corriente de pensamiento"
de acuerdo con Heidegger o allí otra con tendencias nietzscheanas, no me
preocupa. Siempre han existido esas disputas filosóficas; sólo tiene usted
que recordar la gran lucha entre empiristas y racionalistas. ¡Lo que hoy
pudiera representar un peligro para la humanidad es la evolución
científica y tecnológica! En primer lugar, ya hace tiempo que ha superado
todos los límites, su velocidad no tiene freno. En segundo lugar, es
imparable. Ya no hay columnas de Hércules más allá de las cuales tuvo que
naufragar la curiosa Odisea. Y en tercer lugar, el avance
científico-tecnológico es irreversible. No hay marcha atrás: ¡una vez que
se ha inventado la bomba atómica, no se puede ignorar este invento! ¡Una
vez que se ha descubierto el código genético del hombre, ya no se puede
echar marcha atrás en el conocimiento! ¡Y todo ello da miedo! ¿Qué puede
decir la Iglesia a todas estas innovaciones? La secularización de nuestra
imagen universal descansa sobre la evolución científica. La Ilustración
irreversible no comienza con Kant, sino con Galileo, y no tiene nada que
ver con la filosofía o con la teología, sino con la evolución científica.
La lucha de Roma con Lutero y Calvino se prolonga durante siglos, pero a
Galileo hasta el Papa tuvo que darle la razón.
... Por mucho que últimamente se haya
llegado a un compromiso entre católicos y luteranos en lo relacionado con
la doctrina de la exculpación.
... Claro: si son las obras, o
únicamente la fe, las que proporcionan al hombre la salvación eterna.
¡Cómo es posible que el mundo se rompiera la cabeza durante siglos por la
exclusividad de la gracia divina!
Muchos teólogos protestantes
bautizaron este compromiso como "rebajas en Roma".
En tales casos, siempre hay que volver a
Voltaire. Cuántas veces ridiculizó estas batallas en las cuales un
cristiano quiere que los sacerdotes se vistan de rojo y otro sólo admite
sotanas negras. Voltaire, el ilustrado por excelencia, deja claro que la
gran mayoría de estas confrontaciones dogmáticas giran en torno a
cuestiones sin importancia. Sin embargo, cuando la religión interviene en
conflictos políticos y las partes se atienen "al dogma", el libro sagrado,
la publicación divina, aparece de inmediato el problema de la violencia:
en Argelia, los fanáticos de la religión asesinan de la manera más
repugnante a cientos de personas. Por ese motivo opino que el dicho de las
personas religiosas "si no hay Dios, todo está permitido" debería
formularse al contrario: sólo si hay Dios, todo está permitido. Si hay
Dios, y Dios es todopoderoso, Él lo puede todo, y creo en Él y le
obedezco, todo será factible: si hay Dios, ¡a Abraham se le permite matar
a su hijo! ¡Cuántos crímenes se han cometido en nombre de Dios a lo largo
de la historia de la humanidad: Dios lo quiere!
"Deus lo vult", gritaban los
cruzados...
Ése es el lado opuesto del nihilismo; si
Dios existe y yo estoy del lado de Dios, toda crueldad es posible.
Incluso usted, que es un ilustrado
reconocido, habla de "una religiosidad sin Dios".
Yo, que nunca me he sentido más mortal
que en este momento -por decirlo así, ya estoy muerto-, siempre he tenido
un concepto de mí mismo como militante de la razón, no como hombre de
creencia. Pero precisamente como hombre de la razón conozco los límites de
ésta, que sólo puede aclararnos una mínima parte de la oscuridad que nos
rodea.
La isla de la razón, de Kant,
encerrada en un "vasto y tormentoso océano"...
... Una isla rodeada de misterio. Sé que
estamos rodeados de misterio. A eso es a lo que yo llamo el sentido
religioso del hombre, la sensación de que estamos rodeados por un misterio
impenetrable. Hoy día tenemos el apoyo de las ciencias para comprender el
sistema solar y las galaxias: hemos asimilado miles, millones de hechos de
los que los antiguos no tenían conocimiento. No obstante, el mundo nos
resulta cada vez más incomprensible, menos transparente. Cuanto más
sabemos, más conscientes somos de nuestra ignorancia. Toda la historia de
la ciencia se compone, al fin y al cabo, de tímidas hipótesis. Por ello
hablo del sentido religioso del hombre: de una postura religiosa frente a
lo inabarcable, lo indescifrable, de lo infinito. Aunque no sea posible
transformar este sentido en una doctrina, un catecismo, un sistema.
El problema no radica en las
hipótesis que, como dice Popper, se pueden "dejar morir". Otra cosa es
cuando se ha llegado a la fisión nuclear, a la "antropotécnica". El
sentido religioso del misterio del que usted habla, ¿no podría constituir
la inhibición necesaria al avance tecnológico?
No, dudo de que el remedio se halle
imprescindiblemente en la fe religiosa. Al fin y al cabo, no existe una
sola religión, sino cientos de ellas, y hoy día el fanatismo
interreligioso, el terrorismo contra los seguidores de otras corrientes
religiosas, vuelve a tomar dimensiones amenazadoras en todo el mundo. Deje
que lea una cita del libro que más me ha impresionado este año pasado,
Errata en el balance de la vida, de George Steiners. Dice: "La
respuesta a la pregunta que se plantea ante la tortura y linchamiento de
un niño malnutrido en Auschwitz: ¿dónde estaba Dios? Dios es este niño",
es un ejemplo más o menos desagradable del pathos antropomórfico.
Exigimos un testigo de nuestra pequeña basura, aunque se proceda duramente
contra ella. Ante la enfermedad, ante el espanto psíquico o material,
cuando nuestros niños aparecen muertos ante nuestros ojos, gritamos. El
que esos gritos caigan en el vacío... casi no se puede soportar".
El Papa puede condenar la guerra, pero
no puede sentenciar un terremoto. Sólo un brujo podría hacerlo. ¿Existe
alguien que pueda dar respuesta al eterno padecimiento de las epidemias,
catástrofes naturales, inundaciones, erupciones de volcanes, etcétera, que
no dependen de nosotros? Pero ¿quién responde a un malum passionis,
a la mala acción sin resultado que es un malum actionis sin
consecuencia? |
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