1003 - Fuente: * The Independent
"...Bach, en lo que a mí respecta, es Dios...."
Después de un año de descanso,
emerge con su nuevo álbum, “Sacred Love”, y una autobiografía lista
que cuenta su infancia y juventud hasta que formó The Police. Un tour de
su bijouterie religiosa, la devoción por Shiva y por Bach y la vida
diaria en su estancia italiana donde hace vino y cría a sus perros
Basta pedírselo, y Sting ofrece un tour de las joyas que lleva
puestas. La ancha pulsera de plata en su muñeca derecha es regalo de un
yogui. Tiene una inscripción en sánscrito: “Me inclino ante el Señor
Shiva”. Shiva es el dios del yoga. El brazalete más finito de la muñeca
izquierda se lo regalaron en un viaje reciente al Tíbet. “De hecho, en
Nepal –aclara Sting– con lo que políticamente no era el Tíbet pero
culturalmente sí.” El brazalete tiene también una inscripción en sánscrito,
y Sting la lee aunque no recuerda qué significa exactamente, “algo
sobre el loto”. Uno se pregunta si se trata de la flor o la posición,
pero no se anima a decirlo, para no parecer un ignorante. Sting, el
artista enormemente popular, el ex maestro y opinator pancultural, es
también un sabihondo.
El sánscrito, explica, es onomatopoético. Cuando se lo escucha o
pronuncia, tiene un significado, aunque uno no sepa hablarlo, por “sus
vibraciones”. A Sting le gusta hablarlo. ¿Y qué es ese colgante en el
cuello, que aparece entre los pelos agrisados del pecho revelados por la
camisa abierta hasta la mitad? “Es una piedra especial”, dice Sting
con orgullo, mientras la acaricia. “Tiene nueve círculos y me dijeron
que tiene una enorme fuerza protectora. La leyenda dice que un Bodhisatva
las hizo llover por todo Tíbet. Sólo se las encuentra allá. La llevo
puesta desde hace dos meses y me protege.” El diccionario dice que un
Bodhisatva es, en el budismo, “un ser divino, merecedor del nirvana, que
se queda en esta vida a ayudar a los hombres a llegar a la salvación”.
–¿Funciona la piedra?
–Bueno, no tengo que usar más condones. ¿No es fantástico?
Joyas, mantras New Age, pechos al descubierto y respuestas como éstas no
son lo que uno espera de un hombre de 51 años con seis hijos. Pero por
supuesto que Sting no es un hombre normal. Para algunos, y se diría que
para él también, es un ser divino, merecedor del nirvana, que se queda
en esta vida para llevarnos a la salvación con sus periódicos destellos
de música pop y baladas amables. El es Sting, miembro de la clase
dirigente del rock, flamante caballero de la Reina, par de Rod y Elton,
amigo de Madonna, siempre en escena. En breve, y por eso nos encontramos
en este pequeño club privado y exclusivo de Londres, Sting publicará su
décimo álbum de estudio, Sacred Love –Amor sagrado–, que escribió
en buena parte en su casa rural en la Toscana.
“Every Breath You Take” es un hit de veinte años, un standard mundial
que se calcula le hace ganar mil dólares por día sólo de derechos de
autor por las radios de EE.UU. Es uno de los 14 éxitos que compuso para
The Police, y tiene otros de sus 18 años como solista. Nuevas
generaciones conocieron sus temas por las versiones de Sugababes o Craig
David de canciones como “Shape of my Heart”, una pequeña joya –138
segundos– de la que está particularmente orgulloso. “Es porque lo que
uno creó evoluciona hacia otras cosas –sonríe–, especialmente con
Craig. Cantamos juntos en su disco y él me enseñó y dirigió de un modo
muy seguro.”
Sting se calla un instante, por efecto. “Con lo que gané, le pagué la
universidad a uno de mis chicos, o sea que bien puedo aprender algo...”
Este tipo de comentarios es lo que hace que tanta gente diga que Sting es
un snob: demasiado dinero, demasiada “conciencia”, demasiadas casas,
demasiadísimo yoga, una esposa hiperactiva y cansadora –actriz,
productora, filántropa, casamentera de Madonna, madre de cuatro
chicos–. Hasta el hecho de que su aspecto sea asombrosamente juvenil
para su edad, despierta sospechas. El dinero y los logros de Sting quedan
chicos frente a su aura de autosatisfacción confiada, adinerada, lujosa y
qué-me-importa.
Sting es flaco, musculoso y está tostado. Lleva puesta una camisa azul
clara, pantalones grises y mocasines claros. Tiene casi todo su pelo, usa
una suerte de barbita y no oculta las canas. Sus ojos brillan y son duros.
Parece Terence Stampl, digno y pesado. Con todo su yoga y serenidad, uno
no quisiera meterse con él.
Entrevistar estrellas suele ser aburrido, pavo, cansador, lleno de
exageraciones. Pero a Sting le gusta hablar de política, es un lector de
diarios, fanático del columnista Robert Fisk, y sorprende con sus
conocimientos de Medio Oriente. “Lo que llaman la comunidad de
inteligencia, ya ni siquiera habla idiomas. Los espías solían parar en
los cafés y escuchar lo que la gente decía, qué pensaban”, cuenta con
confianza. Lo sabe porque Miles Copeland, padre del baterista y del
manager de The Police, fue miembro fundador de la CIA. “La OSS, semilla
de la CIA, era un grupo de intelectuales que sabía hablar cualquier
idioma. Durante la guerra de Vietnam, la inteligencia fue copada por los
militares, que echaron a todo el que hablara algún idioma. Dependían de
los medios electrónicos. Y se comieron a Al-Qaida.”
¿Y la guerra de Irak? “No creo que sea una buena idea. Ni por un minuto
creí que tuvieran armas de destrucción masiva”, dice. “No dudo que
Saddam quisiera tenerlas, pero nunca fue creíble. Es una felicidad que lo
hayan derrocado, el cerdo fascista. Pero mirá lo que pusimos en Irak:
caos. Lo bueno del fascismo es que los trenes llegan en hora... Ahora la
gente no tiene luz con días de 45 grados. Es un desastre. No estoy haciéndome
el complicado, sólo digo que sean realistas y arreglen los problemas. No
hay ningún éxito.”
El día del atentado a las torres gemelas, Sting estaba por tocar un
concierto en su campo en Italia. Ya estaban sus amigos, colegas y un grupo
de finalistas de un concurso internacional, y el show iba ser grabado para
un disco en vivo. Contra sus instintos y “por presión de la banda”,
cuenta, tocaron igual. “Para cuando terminamos, parecía un acto de
desafío a los terroristas, al miedo que nos quieren imponer.” Sting
sonríe. “No es que fuera un gran acto por la libertad, sino simplemente
que hicimos nuestro trabajo. Al día siguiente se fue todo el mundo, hasta
mi familia, y yo me quedé pensando cuál es mi parte en todo esto, qué
rol tengo como cantante y compositor en este nuevo mundo que apareció. Y
no tenía respuestas.”
Tardó, pero su respuesta es el álbum Sacred Love, que surge de la idea
de que siempre es más fácil declarar una guerra que un amor. “Debe ser
que nos asusta la idea del amor. Me puse a pensar en cómo traté el amor
en mi obra, en que el amor son flores, sol y mariposas. Entonces, traté
el amor como una fuerza devastadora, asustadora. Eso es el tema ‘Inside’.”
Es la canción que abre el álbum, con el típico “grito” Sting, un
coro al tope de su voz. Aunque Sting y su mujer perdieron un buen amigo
que trabajaba en las torres gemelas, él insiste que no es un disco amargo
sino positivo, como The Rising, de su amigo Bruce Springsteen. “Amo ese
disco, me inspiró.”
Después de un tour de dos años con 300 conciertos, Sting pasó el último
año básicamente en su casa rural en Toscana. Su rutina es levantarse
temprano y antes del desayuno tocar por un par de horas “en una habitación
muy bonita con muy buen eco”. Allí aflora su pasión por Bach, y toca
sus partituras para violín y sus suites para cello. “Suenan muy bien en
la guitarra”, se entusiasma. “Nadie pagaría una entrada para
escucharme tocarlas, pero para mí es como tener una conversación con el
maestro: Bach, en lo que a mí respecta, es Dios. Y supongo que
aprendo por ósmosis.”
Sting explica que esta rutina es como “una devoción diaria”. Una de
las canciones en su nuevo disco, admite con un brillo en la mirada, es un
plagio absoluto a Bach. ¿Cuál es? “¡No lo voy a decir! Es un
secreto”, se ríe. En los períodos en que escribe canciones, trabaja
“a horario”, empezando a eso de las once, cortando para el almuerzo,
siguiendo a la tarde. En otros momentos, la tarde se va en yoga,
inspecciones a sus viñedos, y caminatas con sus ocho perros. Su perro
personal es un retriever de pelo corto llamado Roux. Trudie, su mujer,
tiene algunos lebreles irlandeses, y por ahí andan algunos labradores y
un par de ovejeros turcos.
En Italia, Sting se puso a escribir su biografía, Broken Music: A Memoir,
que acaba de terminar antes de lo pactado. Es un primer volumen, que cubre
su vida hasta el momento en que formó The Police. ¿Por qué un libro? En
parte porque se cansó de leer biografías no autorizadas. “Son un
tedio, porque son todas notas de tabloide refritadas en cuentos con sexo y
drogas. Basura. Admito que no es una razón particularmente elevada para
escribir un libro, pero con el tiempo se transformó en una suerte de
terapia. Es porque uno termina recordando su vida y la gente que fue
importante y el camino recorrido. Tuve que pelearla y me parece que eso es
más interesante que un cuento de que fue a comer con Elton, Madonna o Guy.
Para eso está la Hola.”
Lo que disfrutó fue escribir sobre su Newcastle natal en los cincuenta y
sesenta, sobre sus abuelos. No tuvo que volver al barrio para recordar,
porque en esa época escribía diarios muy detallados. No se decide a
escribir o descartar más tomos. “Cuanto más me acerco al presente, más
turbio se pone. Me acuerdo perfectamente bien de mis primeros 25 años,
pero no tanto de los siguientes 25...” ¿Y los viajes al Amazonas? ¿El
sexo tántrico? ¿Los derechos humanos y el ecologismo? Serán las cosas públicamente
más importantes, pero parece que no son los peldaños con que se define
Sting.
Al terminar el libro, Sting confiesa que se quedó deprimido, con ciertos
“sedimentos” revueltos y pensando en la familia. ¿Qué puede faltarle
al superpapi millonario? La respuesta es simple: evolucionar como músico.
“Tengo 51 años y es tentador sentirme satisfecho. Ya hice bastante, ya
nadé bastante. Pero creo que no se puede parar de nadar sin retroceder,
por lo que soy el eterno estudiante. Sé que me critican por ser demasiado
serio, pero así soy.
Fuente
Todo Música -
Biografía
Sting, cuyo nombre verdadero es Gordon Matthew
Summoner, nació en 1951 en Inglaterra.
Desde sus inicios profesionales, simultaneaba su trabajo como profesor de
español en un instituto con el de entrenador de fútbol, a la vez que
tocaba por las noches en una orquesta de jazz de su ciudad.
Tras conocer en Londres a Stewart Copeland, crean en 1977 el fabuloso
grupo llamado "The Police"
El grupo se convierte en un auténtico fenómeno de éxitos y de ventas,
cautivando a millones de personas por todo el mundo con temas como 'Roxanne',
'Every Breath you take', 'Message in a Bottle' y muchos más.
Pero todo lo bueno se acaba, y cuando una relación termina hay que
iniciar un camino en solitario.
El de Sting comienza con su participación en varias películas, entre las
que se cuentan 'Quadrophenia', Radio On'y 'Dune', con éxitos dispares.
En el aspecto musical, que es el que más nos interesa, ha publicado
varios discos, comenzando por 'The Dream Of The Blue Turtles' y 'Bring On
The Night', mezclando el estilo de Police con su propio aire.
En 1987 publica el álbum 'Nothing Like a Sun' y una versión reducida en
español titulada 'Nada como el sol', con clarírimos temas de denuncia y
solidaridad, como la canción titulada en español 'Ellas danzas solas',
en clara alusión a las dictaduras chilenas y argentinas.
En 1993 publica 'Ten Summer Tales' y en 1996 'Mercury Falling. Su
siguiente álbum de estudio fue 'Brand New Day'.
El 11 de septiembre del 2001 ofreció un concierto ante un selecto público
de 200 personas en su casa italiana de la Toscana. En dicho recital ofreció
un repaso a toda su carrera, tanto en solitario como con el grupo 'Police'
El resultado fue un nuevo disco, titulado 'All This Time'
"The Police"
Police comienza su historia en Londres, en 1976. En la capital británica
se unieron tres jóvenes músicos: el guitarrista francés Henry
Padovani, Sting (que tocaba el contrabajo en un modesto grupo de jazz) y
Stewart Copeland.
Comienzan subiéndose al carro del 'punk', de moda en aquella época, pera
tanto Sting como Stewart odiaban la falta de calidad de aquel movimiento.
Para mejorar en su propio estilo contratan a un conocido guitarrista, Andy
Summers
Su siguiente paso hacia el estrellato lo dieron al teñirse el pelo de
rubio para un anuncio de chicles. Aquel sería su look durante varios años.
Poco después sacan su primer gran éxito, 'Roxanne', una desesperada
canción de amor a una prostituta, un tema que fue censurado en todas las
emisoras de habla inglesa, al igual que su siguiente tema, 'Can't Stand
Losing You'.
En 1978 publican su primer álbum, 'Outlandos
D'Amour', que se convirtió en un gran éxito de ventas. En este disco
se mezclaban aires de jazz, reggae y rock.
Al año siguiente sacan su segundo disco, 'Regatta
De Blanc', tras el que inician su primera gran gira. Un año después
editan 'Zenyatta
Mondatta', un disco que hicieron a disgusto y por presiones de la
compañía, a pesar de que contenía algún tema de calidad.
En 1981 publican 'Ghost
In The Machine' y en 1983 'Sinchronicity',
su último disco y que contenía el mayor éxito de la banda, 'Every
Breath You Take'. Este disco fue grabado en Canadá y fue número uno en
Inglaterra y en Estados Unidos durante 17 semanas, consiguiendo tres
premios Grammy.
Después de este último disco los componentes del grupo se han ido
alejando paulatinamente. El que mejor parado ha salido ha sido Sting,
quien ha participado en varias películas y ha continuado su carrera
musical en solitario con la publicación de varios discos, uno de ellos en
español. El resto de los miembros de Police se han ido integrando en
otras bandas o trabajando en solitario en ocasiones
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