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Por
Pablo O Scholz -
La
voz del otro lado de la línea suena mucho más aguda, finita que la que
se escucha salir de los labios de Woody Allen en los cines. Es que es
Allan Konigsberg (67 años, nacido en Brooklyn) quien atiende el teléfono
en una oficina de producción en el centro de Nueva York. Mientras aquí
se acaba de estrenar La mirada de los otros, su opus número 33 —con el
que los argentinos son de los pocos privilegiados en conocer la filmografía
completa del director de Manhattan—, en menos de tres semanas inaugurará
Venecia con Anything Else, y ya está iniciando la preproducción de otra
nueva película.
El tono que mantendrá en la entrevista con Clarín será en todo momento
amable, con una extraña interrupción al mencionar desde este lado de la
línea dos palabras: Soon-Yi (ver No hay película...) Pero el
motivo por el que Allen aceptó mantener esta exclusiva fue el estreno
local de La mirada de los otros, comedia en la que vuelve a la carga con
su personaje neurótico. Esta vez, un director de cine —que termina
haciendo una película para un productor de Hollywood que le robó su
mujer—, quien, a poco de comenzar el rodaje, se queda ciego
¿Alguna vez pensó en la
posibilidad de la ceguera? Es la peor pesadilla para un director
cinematográfico, ¿no?
Hay algunas ocupaciones en que la ceguera es lo peor que puede pasar.
Y sí, me atemoriza. Originalmente, mientras escribía el guión de la película,
pensé que sería gracioso que el personaje fuera un cirujano. Pero eso
habría sido demasiado brutal, y entonces lo convertí en director de
cine. Sólo pensé en esa posibilidad
En La Mirada de los Otros compone a un director ciego y no fue nominado
al Oscar, cuando los personajes discapacitados casi siempre lo han sido.
¿Qué piensa de eso?
Vivo en Nueva York y me quedo en Nueva York. No me gusta mucho viajar
Lo que le pregunto es si le resulta sorprendente no haber recibido una
nominación al Oscar como actor...
¡Ah!, disculpe (utiliza ese tono de voz, entre aplicado y
nervioso). Soy la única persona en la historia del cine que interpretó
el papel de un ciego y no fue nominada a un premio de la Academia. Pero no
se preocupe. Este es uno de los pocos juicios acertados de la Academia
En La Mirada de los Otros incluyó un personaje femenino que dice que,
en el pasado, se podían ver muchas películas europeas en Nueva York. ¿Las
extraña?
Pienso que es algo triste. Cuando yo era joven, había muchas películas
extranjeras, no sólo europeas sino también japonesas, asiáticas,
sudamericanas. Ahora, se ven poquísimas. No hay casi nada. Y esto es
lamentable, porque las que se estrenan aquí siguen siendo mejores que
todos los demás estrenos de nuestra industria. Las pocas películas
extranjeras que se dan son mejores que el 99% o el 100% de las que se
hacen aquí, incluso, teniendo en cuenta la pequeñísima cantidad que
llega. Hace años, llegaba mucho más y, por supuesto, en el caso de
directores como Fellini, Bergman, Kurosawa, De Sica, no había comparación
posible con el cine estadounidense. Pero, repito, incluso ahora, cuando
llega una minúscula parte del cine mundial, las películas asiáticas,
sudamericanas, europeas o iraníes son todas más interesantes que las películas
procesadas y fabricadas en serie en los Estados Unidos
¿Cuál es la última película que vio en el cine?
He visto un par. Vi hace unos días una película española,
subtitulada en inglés y titulada Mondays in the Sun.
¿Qué le gustó de Los Lunes al Sol?
La disfruté mucho, es una muy buena película, realmente muy bien
interpretada. También vi un filme llamado Swimming Pool, del francés
Fran»cois Ozon, que fue muy interesante. La única película
estadounidense que me resultó interesante fue el documental Capturando
a los Friedmans, de Andrew Jarecki, sobre una familia judía de clase
media alta que se shockea cuando arrestan al padre y a uno de sus hijos y
los acusan de crímenes terribles. Pero no hubo en estos días ninguna película
estadounidense interesante que no fuera un documental
¿Recuerda alguna película argentina que haya visto?
Estoy seguro de haber visto alguna, pero no sé qué título puede
haber tenido. Si me nombra algunas estoy seguro de que podré reconocerlas
Nueve reinas, La Ciénaga, El Hijo de la Novia....
Siempre trato de recordar los títulos de las películas europeas,
porque los estadounidenses siempre les ponen algún título que no
significa nada
¿Sabe que el título de su película en la Argentina es La Mirada de
los Otros? ¿Está de acuerdo con él?
(Se toma su tiempo para responder). La mirada de los otros... No está
mal. Es un poco largo
Recuerdo que hace años usted era muy específico con la traducción de
los títulos de sus películas. Y puso el grito en el cielo cuando Annie
Hall se tradujo Dos extraños Amantes...
Algunas han sido muy buenas, pero otras.... A veces, la gente de otros
países me asegura que la traducción del título es muy buena, pero yo no
la entiendo porque no soy nativo de ese país
Siempre quise saber cómo elige la música para sus películas.
Estoy pensando en una película argentina que comienza en una gran
tienda... La tengo en la punta de la lengua pero no puedo recordar el título...
El Allen persona mantiene con el Allen personaje de cine
algunas particularidades, como saltar de un tema a otro en la conversación,
desvariar un poco, utilizar el humor para rodear una pregunta y escaparse
de ella.
"En cuanto a elegir la música —vuelve a retomar la pregunta—, lo
hago de manera instintiva, pienso en lo que podría ser bueno para la película.
Voy a mi discoteca y elijo una grabación que me parece que encajaría. La
pruebo y, si me parece que funciona, la dejo. Si no, elijo otra grabación
y sigo adelante."
¿Lo hace por ensayo y error?
Exacto, por ensayo y error. Pero, en general, me manejo por instinto
con respecto a cómo debe ser la música
¿Sigue tipeando los guiones en su vieja máquina de escribir?
Sí, así es. Soy muy poco afecto a las máquinas. No tengo un
procesador de textos ni tampoco una computadora. No porque no me gusten,
sino porque nunca puedo entender cómo funcionan
¿También tiene problemas para escuchar
CDs?
La mayor parte de las grabaciones que escucho son grabaciones comunes
y no CDs. Por otra parte, soy muy buen mecanógrafo y escribo en la misma
máquina de escribir que compré cuando tenía dieciséis años. Todo lo mío
lo escribo allí, me resulta muy fácil
Imagino que tiene una importante colección de música. ¿Son todos
long plays?
Tengo los discos de 33 rpm, ¡¡¡que no son los de 78!!!.
Usted acepta ir a los festivales internacionales, pero nunca en
competencia. ¿Cuál es el motivo de esta decisión?
Me gusta la idea de los festivales, donde todo el mundo se junta y se
dan muchas películas, pero no me gusta la idea de competir, porque no
creo que deba haber competencia entre proyectos artísticos. ¿Quién
puede decir que una película es mejor que otra? Es ridículo
¿Qué opinión tiene de los críticos?
Son como cualquier otra profesión, como los directores de cine, los
agentes de policía, los neurocirujanos. En la mayoría de las
profesiones, hay unos pocos que son muy buenos, una gran cantidad de gente
común y algunos que son malos. Lo mismo puede decirse de los directores
de cine: hay unos pocos muy buenos, muchos que son mediocres y otros muy
malos. Entre los críticos, pasa lo mismo
¿Tiene amigos críticos? ¿Cuáles son los cineastas con los que
comparte...?
Una voz femenina se inmiscuye en la conversación. "Lo siento,
pero el tiempo se acabó", dice. "OK, OK, continúe sus
preguntas", ayuda Allen.
"En la habitación de al lado están los actores a los que les haré
una prueba de casting —continúa como si nada el neoyorquino— para mi
próxima película. Así que, mientras los puedan entretener..."
Viaja seguido a Venecia, la cantidad de horas de vuelo hacia la
Argentina no es muy diferente. Y Sabe que aquí su cine tiene muchos
adeptos. ¿Tiene pensado venir a la Argentina?
No tengo planeado un viaje allí por el momento. La única razón de
que vaya a Venecia es que la compañía cinematográfica que produjo mi
película me manda. Si me invitan de la Argentina, voy. Es tan sencillo
como eso
Quisiera hablar de lo que les pasó a los Knicks, pero quizá no
tengamos tiempo... ¿Escuchó hablar de Emanuel Ginóbili, el jugador de
los San Antonio Spurs?
Los Knicks (el equipo de básquet de Nueva York del que Allen no se
pierde un partido, sentado en primera fila) no están en buen estado físico,
porque no se han preparado bien. No son un equipo muy carismático. Ginóbili
es magnífico, lo he visto jugar en las finales de la NBA. Tenía la
esperanza de que los Knicks lo consiguieran. Se dijo que quizá viniera a
Nueva York, pero no se concretó
¿Sigue tocando jazz todos los lunes?
Sí, sí, sigo. Ahora debo irme, porque los actores se están poniendo
inquietos. Estoy escuchando ruidos extraños, que me llaman la atención...
¿Su nuevo proyecto se trata de una comedia o es un drama? ¿Por qué
hace varios títulos que no aborda un drama, del estilo de Interiores?
Es mitad comedia, mitad drama. Lo tengo que dejar...
Ante el apuro, Allen elige despedirse de una manera más formal.
"Bueno, fue muy bueno hablar con usted, quién sabe, si me invitan,
podremos continuar la charla en Argentina." Entonces, tal vez, si
viene de una buena vez, aquí se acuerde de esa película que empieza en
una gran tienda
Fuente: Clarín. Buenos Aires
http://www.clarin.com
"No me veo como alguien
importante" -
Francoise Forestier La
Maga 05/05/1992
Woody Allen nació el primero de diciembre de 1935
en Brooklyn, Nueva York, y comenzó su carrera cinematográfica como doble
en un cabaret neoyorquino donde conoció a Shirley Mac Laine. Luego de
trabajar como cómico de televisión, debutó como actor y guionista en ¿Qué
hay de nuevo, Pussycat? (1964); más tarde comenzó a producir filmes como
Dont Drink the Water, de Howard Morris y finalmente, en 1968, realizó su
primer filme: Robó huyó y lo pescaron. A partir de ese momento filmó
veinte películas, entre las que se encuentran Manhatían, Zelig, La rosa
púrpura de El Cairo, Hannah y sus hermanas, La otra mujer, Alice y su última
realización, Sombras y niebla, principal motivo de este reportaje.
-¿Cómo eligió el seudónimo de Woody Allen?
-Tenía diecisiete años, estábamos en 1952 y Allan Stewart
Koenigsberg me parecía un poco largo. Ese año decidí que iba a ser
autor de comedias. Pero, como era tímido, no quería que me reconocieran;
mandé algunos articulitos a varios diarios fírmándolos "Woody
Allen". Era como un maquillaje, formaba parte de mi trabajo. Woody
era el nombre de uno de mis clarinetistas prefe-ridos, Woody Herman, y
Allen una pequeña deformación de mi nombre. Esa es la historia.
-En Días de radio se tiene la impresión de que usted no sabe lo que
hace su padre.
-Sí. es verdad. No me lo decía.
-Por qué?
-No sé. En esa época los padres no decían gran cosa a los hijos. En
cuanto a mi padre, quizá fuera porque cambiaba de empleo bastante
seguido... Yo no sabía que mi tía tenía una hermana gemela, que la
hermana de mi padre era divorciada... ¡Me enteré de todo eso cuando tenía
cuarenta años!
-¿Dónde nació su padre?
-En Brooklyn. Mis abuelos eran de Viena y Rusia. Yo visité los dos países.
Me gustó mucho Austria, salvo porque el antisemitismo es... Tengo la
fuerte impresión de que soy el producto de la cultura europea, de la
mentalidad europea.
-¿Se acuerda de su abuelo?
-Mi abuelo se fue de Rusia porque no quería servir en el ejército del
zar. También estaban las persecuciones contra los judíos... Creo que el
hecho de emigrar lo hizo feliz. Trabajó mucho tiempo para una empresa de
café y ganó bastante dinero. Luego, con el crac de 1929, se quedó sin
un peso. Hubo una segunda ola de emigración en mi familia cuando los
nazis empezaron a tomar el poder. Tengo tíos que se escaparon para venir
a los Estados Unidos. Odiaban Austria. Creo que en Sombras y niebla hay
algo de esa atmósfera asfixiante.
-Es una película en blanco y negro, visiblemente inspirador el
expresionismo alemán.
-Es verdad. Es una película muy extraña, una comedia, creo, que
transcurre aproximadamente -no lo preciso mucho a propósito- hacia
1920-1922, en algún lugar de Europa. ¿Hungría, Alemania,
Checoslovaquia? En todo caso, en Europa Central. Sí, un poco
expresionista...
-¡Los expresionistas no trabajan tanto lo cómico!
-¡Eh, ya lo sé!
-¿Qué significa el título?
-La acción del filme transcurre en una noche. Hay muchas sombras y
bastante niebla.
-¿ Cómo se le ocurrió la idea?
-Fue una idea que tuve hace algunos años. Traté de trabajarla, pero
no salió nada. Además, yo quería hacer con eso una obra de teatro...
Después un sketch, después una película. El concepto de base es que
cualquiera puede ser acosado, tratado como un culpable. Fíjese, durante
la guerra, los judíos fueron las víctimas designadas... Ahora bien,
trate de imaginar el planeta sin judíos, si sólo hubiera una sola
nacionalidad. Estoy seguro de que se inventarían nuevas razones para
exterminar al de al lado. Matarían a los zurdos, a las sopranos, a los
aficionados a los autos rosados.
-El héroe de Sombras y niebla tiene algún parecido con usted.
-Sí, es más fácil de escribir así. Tengo mi modelo delante de los
ojos.
-Usted trabaja a un ritmo infernal.
-No tanto. Escribo mis guiones, y después lo que me lleva un tiempo bárbaro
es filmar. En el intervalo, escribo algunas ideas que después guardo en
un cajón. Un poco de trabajo cada día, eso es todo. Es un esfuerzo
constan-te... que permite ser perezoso. Tennessee Williams, que era un
gran autor, se levantaba y trabajaba todas las mañanas. Es todo. Pero lo
hacía 365 días del año, y mire su obra.
-Como en la mayoría de sus filmes, en Sombras y niebla hay un
personaje femenino importante...
-Siempre preferí las mujeres a los hombres. Recientemente, escribí un
artículo para una revista judía donde explico que me encantó la idea de
Eva de probar la manzana. Ella sabía lo que hacía: los hombres y las
mujeres tuvieron que ir rápidamente a vestirse.
Lo que hace que el hecho de desvestirlos, sea infinitamente más
interesante... Y por suerte Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso
terrestre. Así se pusieron a crear cosas... Yo siempre me imaginé el Edén
como un lugar borroso, con vapor por todas partes, un poco como una foto
publicitaria para una marca de cerveza.
-¿Qué piensa de la decisión de un cineasta como Bergman que deja de
filmar de la noche a la mañana?
-No sé. Tiene una carrera imponente detrás y, ahora, se quiere
dedicar de lleno al teatro. ¿Porqué no? Pero lo extraño. Hay otros que
extraño: Truffaut, por ejemplo, De Sica... Ellos formaron mi
adolescencia, veíamos sus obras frecuentemente en Nueva York. Cada vez
que lo hacíamos, era un acontecimiento. Cada vez que uno de esos
realizadores deja de filmar, yo lo siento como una pérdida personal. Me
gustaría tanto ver un nuevo filme de Fellini, o de Antonioni, todos los años...
-Los años cincuenta, y después los sesenta, fueron decisivos. En ese
momento, el cine podía cambiar nuestra vida...
-Sigue siendo así, ¿no?
-No de la misma forma. En los años sesenta, uno se pasaba las noches
discutiendo de cine...
-Es verdad. Y el cine influía sobre nuestra vida cotidiana. En la
calle se veían personajes que nos hacían pensar en Fellini, escuchábamos
diálogos a la Godard...
-A menudo se dice: "Es como en una película de Woody Allen".
-Eso es sin duda la influencia de mis productores favoritos... No me
veo como alguien importante. Hago películas -norteamericanas e,
invariablemente, funcionan del mismo modo. A veces tengo suerte y mi película
tiene éxito. O las críticas son excelentes. O las dos cosas. El problema
es que hacer que la gente vaya al cine sigue siendo una lucha.
-Su influencia no se mide en cantidad de espectadores.
-En efecto, no se puede proceder así, ya que sin eso Bergman sería un
desconocido. Pero, en mi caso, funciona siempre así: la productora, Orion,
me llama por teléfono, me dice que las críticas son excelentes y que la
gente va a correr al cine. Tres semanas más tarde, me llaman otra vez
para decirme: "No sabemos lo que pasa, hay pocos espectadores. Sin
duda debido a una exposición, a un partido importante o a otra
cosa..."
-¿ Conoce personalmente a Bergman?
-Sí, cenamos juntos en Nueva York, hace algunos años. De vez en
cuando nos hablamos por teléfono, incluso me invitó a su isla de Faro,
pero con mis hijos es demasiado complicado. Cuando lo vi, me pareció muy
prosaico, muy amistoso. Pero nada del tipo místico. Más bien un hombre
que tiene los mismos terrores que yo.
-¿Los mismos terrores que usted?
-Sí, por ejemplo: prepara un plan complicado para una película y todo
sale al revés. La luz no está en su lugar, los actores se olvidan el
texto, pierde el hilo de su puesta en escena... El miedo al bloqueo, también.
El miedo a estrenar una película sin que haya un solo espectador... Debo
confesar que me puse un poco nervioso delante de él. Me pasa. Durante el
rodaje de Hannah y sus hermanas, me acuerdo que hice una reunión en casa,
y habían venido los actores, entre los que estaba Max von Sydow... Y yo
lo miraba, estaba sentado en mi sofá y yo me decía: -Es el caballero de
El séptimo sello, está ahí, comiendo pavo con arándano". ¡Cuántas
veces fui al cine, en otros tiempos, sin sospechar ni por un segundo que
yo también filmaría!
-Para usted, el video no re-emplazó al ritual de ir al cine?
-No, no. El punto crucial será cuando tengamos pantalla grande en
nuestras casas. Cuando tengamos una definición de imagen perfecta, con
los colores que el propio realizador habrá tratado de obtener y no
necesitemos tocar los botones de la tele para ver verde o amarillo, ese
será un paso adelante. Quizás hasta una revolución cultural, en cierto
sentido.
-Otro aspecto benéfico del video es que vuelven a entrar en el mercado
un montón de películas olvidadas o desaparecidas...
-En efecto. No todo es negativo. Pero, por el momento, el video está
en su prehistoria.
-Parece reticente ante la nueva tecnología.
-No la necesito. En mis rodajes no uso video: escribo mis guiones con
mi vieja máquina portátil Olympia. La tengo desde los dieciséis años.
La llevé a cuestas por todo el mundo y nunca me dejó. La quiero. Escribí
todo gracias a ella.
-¿Reescribe mucho sus guiones?
-Sí, y también doy vuelta algunas escenas. No dudo en retocar. Cambio
muchas veces en función de los actores o del decorado ... Si el actor que
yo quería es alto con bigote mientras que yo lo quería bajo y gordo, no
es lo mismo. 0 mis actores me dicen que el diálogo es malo...
-¿Sucede?
-No de esa forma. Más bien me dicen: "Me siento un poco
artificial con esta réplica. ¿La puedo cambiar?” Me pasa que cambio la
escena completamente. Soy muy flexible con los actores. Los escucho. Los
incentivo para que cambien las palabras o improvisen.
-Pero usted tiene fama de ser un director meticuloso...
-En lo que respecta a la imagen, es verdad. Y soy un auténtico
obsesivo del sonido.
-¿Sus padres van a ver sus películas?
-Por supuesto. Mi padre tiene noventa y un años, mi madre ochenta y
cuatro. Ven todas mis películas, pero mí madre prefiere mis películas
serias; no es del tipo frívola. Prefiere Interiores o La otra mujer. En
cambio, nunca vio ¿Qué pasa, Tiger Lily? A mi padre le gusta ver la
colas delante de los cines donde se proyectan mis filmes. Entonces me
llama: “Hay cola para ver Alice, una cola inmensa...". Me pregunto
qué van a pensar de Sombras y niebla...
Traducción: María Valeria Battista
Esperamos
las elecciones
tratando de que alguien le gane a Bush
- Por Diego Lerer Clarín
010304
Woody Allen está
viejo. En el casi año y medio que pasó entre las dos entrevistas que
Clarín le realizó, en el rostro y en el cuerpo del cineasta neoyorquino
parecen haber pasado un lustro. El día caluroso ayuda a dar esa impresión,
cierto, y el cansancio también: desde que en agosto arribó al Festival de
Venecia, con su mujer Soon-Yi y el bebé de ambos a cuestas, Woody viene
dando entrevistas una tras otra, sacándose fotos sobre un vaporetto,
firmando autógrafos a cientos de personas, sonriendo, posando en la
alfombra roja, recibiendo honores, comentarios, aplausos y la adoración de
sus fanáticos italianos (admitámoslo: lo aman allá todavía más que en la
Argentina). Y el hombre luce cansado, fastidiado, acalorado.
Pero ahí no acaba todo: Woody —quien cumpliría 68 años unos meses después
de esta entrevista— se siente mal, tose varias veces a lo largo de los 40
minutos de charla, se sirve un vaso de agua tras otro, y para completar un
panorama decididamente woodyallenesco, está perdiendo la audición
en su oído izquierdo. Y el entrevistador no tuvo mejor idea que sentarse
de ese lado...
Difícil es sacar conclusiones en estos casos. Todos tenemos buenos y malos
días. Pero en esta etapa de su carrera, Woody no puede darse el lujo de
tener un día malo en privado. Sus películas ya no rinden como antes —ni
comercial ni artísticamente— y el creador de Manhattan, Crímenes y pecados
y Zelig debe salir a apoyarlas por el mundo con lo único que tiene para
vender: su propio mito. Y allí va, respondiendo preguntas sobre el ser y
la nada, el humor judío, la política de su país, el psicoanálisis, su
relación con Hollywood, su filosofía de vida, etc, etc.
Casi por piedad —y porque uno siente, después de todo, que lo conoce como
a un pariente o un amigo—, dan ganas de parar todo el circo y decirle que
vaya a dormir un rato, a tirarse a la pileta o a tocar el clarinete. Que
dejemos la entrevista para otro día. Pero es imposible, claro, y pese a
todo el hombre se dispone gallardo para hablar.
A diferencia de la entrevista anterior, en esta ocasión no habrá casi
chistes ni humoradas, sólo la serena reflexión de un hombre que trata de
explicar su cine y su particular visión del mundo en que vive.
Allen estaba en Venecia presentando en la apertura del festival su nueva
comedia, La vida y todo lo demás, protagonizada por Jason Biggs, Christina
Ricci, Danny DeVito y Stockard Channing (que se estrena aquí el jueves
11), y en la que tiene un personaje secundario. Es la primera vez que
visita la ciudad de los canales en la época de la Mostra.
"Siempre me gustó este país y esta ciudad, pero nunca había venido para el
festival —dice—. Me casé aquí y volví muchas veces, pero siempre con una
temperatura más fresca..."
No es lo mismo estar aquí de vacaciones que en el caos del festival...
Esta es una experiencia única, muy distinta. Venir a un evento como éste
no tiene nada que ver con el mundo real. Hay millones de paparazzi, te
siguen en botes, los fan te aplauden. Es algo muy inusual, que no me pasa
muy seguido en mi vida cotidiana. Igualmente, después de las entrevistas
salgo a caminar con mi esposa y los chicos, subo a un bote. Se puede
hacer.
Siempre fue famoso su disgusto por viajar, por salir fuera de Nueva
York. ¿Cómo aprendió a soportarlo?
Viajo más desde que estoy con mi esposa. Ella quiere viajar y a mí me
gusta hacerla feliz. Es por eso que viajo: ella me convence. Si fuera por
mí, me quedaría en un par de cuadras cerca de mi casa en Nueva York y a lo
sumo vendría a Venecia y a París una vez por año, para Navidad. Pero ella
quiere viajar. Le gusta ir a California por dos o tres días. A España,
Suiza, Bélgica.
¿Y cuando está tanto tiempo fuera, extraña Nueva York?
Cuando me quedo mucho tiempo, sí. Es divertido venir, pero después de dos
semanas empiezo a extrañar mi hogar. Vivo una vida con bastantes rituales.
Tengo todo lo que necesito allá. Me gusta trabajar en casa, estar asentado
en un lugar. Amo venir aquí y pasar unos días en Barcelona o París, pero
me encantaría estar en casa. Estoy empezando a filmar una película en muy
poco tiempo (ver Melinda y Melinda) y tengo mucho trabajo para
hacer. Cuando te acercás a la fecha de rodaje es más y más trabajo.
¿Por qué continúa haciendo un filme cada año?
No lo hago como un plan. Cuando termino uno, pasan unos días, no hago
nada, y empiezo a aburrirme. Eso es lo que hago: escribo guiones para
filmes. Cuando no pasa nada, empiezo a escribir. Me toma unos dos meses
escribir un guión y después lo filmo. Para mí es más fácil que para otros.
Tengo una oficina armada en Nueva York, trabajo siempre con la misma
gente. No es tan complicado como para otros directores, no necesito dos
años para hacer una película. Algunos pasan mucho tiempo almorzando con
productores, con estrellas, y tardan varios años en poder hacer una
película. Yo la escribo en mi máquina de escribir, se la doy a la gente de
producción y sale rápido. No se pierde tiempo.
Woody Allen afirmará luego "no ser una persona política", sin embargo
estos tiempos lo son, fuertemente, y el hombre no está lejano a lo que
pasa en el mundo ni a las extremas decisiones del gobierno de su país. De
hecho, cada vez que está en Europa es inevitable que responda preguntas
acerca de la situación mundial. "Entiendo que la gente mire mal a los
Estados Unidos ahora porque muchos de nosotros pensamos lo mismo —dice—.
Muchos esperamos las elecciones tratando de que alguien le gane a Bush.
No estamos contentos con el gobierno, ni cómo le responde al terrorismo,
su política en Oriente Medio o su manejo de la economía. Y siento que cada
vez más gente se está dando cuenta. Desde mi lugar yo trato de hacer lo
que pueda para que haya un cambio. Sacar a esta gente y tener en su lugar
a personas más confiables y responsables."
¿Hasta qué punto está atento a las cuestiones políticas?
No mucho. No soy un "hombre político". Soy un ciudadano común. Nunca trato
temas políticos en mi trabajo. Hago lo que puedo para ayudar, pero no
estoy tan metido como otros actores que militan y que hacen de la política
algo central en sus vidas. Yo tengo sentimientos políticos y trato de
hacer cosas, pero no tanto...
En esta nueva película, su personaje es un hombre paranoico,
obsesionado por el terrorismo... ¿Se volvió más político con esta
situación?
No necesariamente. Esto fue por la película. El personaje que interpreto
es un paranoico y es difícil ser paranoico y no extenderlo a lo político y
lo social. Pero esto era la idea sólo para este filme. El que empiezo
ahora es muy diferente: tiene ideas muy serias pero no políticas.
¿Será una comedia?
Sí, pero una comedia bastante seria.
Dice no ser un "hombre político". ¿Por qué motivo? ¿No lo considera un
tema importante?
Nunca me interesó la política. Nunca sentí que los problemas del mundo
sean, en lo profundo, de carácter político. Siempre pensé que desde hace
miles de años han cambiado los sistemas políticos y todavía la gente sigue
sufriendo. Aunque todos los políticos hicieran las cosas bien y no hubiera
injusticia social ni económica, sufriríamos igual, porque hay problemas
existenciales que son más profundos que los políticos. Y eso es lo que me
interesa.
Pero ambos temas están ligados...
Si no tenés nada para comer, eso es muy importante. Pero cuando resolvés
eso, te das cuenta de que aún no sos feliz. Tengo dinero, tengo trabajo,
estoy casado, tengo hijos y todavía no soy feliz. ¿Por qué? Esos son los
temas que me interesan. La condición humana. No saber por qué estás acá,
qué propósito tiene la vida, si es que tiene alguno. Si te morís y te vas
para siempre y no queda nada, ¿qué sentido tiene todo? Vivir, morir. Esas
cuestiones son más profundas e interesantes que las políticas. Lo político
puede mejorar o empeorar, pero igual la gente sufre. Lo único que tenemos
es nuestra propia vida, sí, pero eso también se termina. ¿Y entonces? La
ambición, el esfuerzo, ¿para qué?
¿Alguna vez pensó en retirarse?
No, nunca. Si escribís, nunca te retirás. No trabajo en un banco, en cuyo
caso sería un placer no ir a trabajar. No escribo como un trabajo. Me
gusta y es mi trabajo porque me pagan. Es como si jugás al béisbol y
después te pagan por hacerlo profesionalmente. Es lo mismo. No pienso
retirarme nunca. Si estuviera ahora en casa, escribiría.
¿Y retirarse de dirigir o de actuar?
Actuar es algo que nunca me preocupó. Lo hacía porque era más fácil
interpretar un rol directamente yo. Pero me encantaría no volver a actuar
en mis películas. No me considero un actor. Puedo interpretarme muy bien a
mí mismo, pero no puedo hacer un Chekhov u otro personaje. Hago lo que
soy. Pero sí me gusta escribir, y mientras haya gente que financie las
películas, me hace feliz hacerlas. Cuando no haya más financistas,
escribiré y publicaré libros, obras.
Esta más volcado al teatro últimamente, tras su experiencia en Broadway...
Me gusta, tuve una experiencia muy placentera con las obras que escribí y
dirigí. Siento que algo está pasando en el teatro. Hace muchos años, el
teatro era maduro y sofisticado y el cine era infantil. Después el cine
creció y la gente dejó de ir un poco al teatro y el énfasis se puso en el
cine, porque había directores interesantes y películas maravillosas. Pero
siento que ahora el énfasis volvió a ponerse en el teatro.
El cine volvió a ser infantil...
La mayoría de los filmes que se hacen son dirigidos a los adolescentes y
no son muy interesantes ni te hacen pensar. El teatro está volviendo a ser
sofisticado e intelectual. Los escritores serios se frustran porque a los
estudios no les interesan sus propuestas para películas. Allí sólo piensan
en grandes superproducciones y no en películas complejas.
Sin embargo, usted eligió a Jason Biggs, de American Pie, para su nueva
película...
No había visto American Pie cuando lo contratamos. Me parece una
película muy estúpida. Yo necesitaba un actor de 25 años y no conozco a
ninguno. Me dijeron que lo viera a él, me mostraron un minuto de la
película y él es maravilloso, era exactamente lo que necesitaba.
¿Escribe papeles con los actores en la cabeza?
A veces sí, pero el problema es que si tenés un actor en la cabeza y
despues no está disponible, ¿qué hacés? Podría escribir un papel para Jack
Nicholson, pero después lo llamo y me dice que está ocupado por los
próximos cinco años. Ahí tenés un problema. Es mejor escribir y salir a
buscar a los actores. A veces sé cuáles serán porque sé que puedo contar
con algunos amigos, como Diane Keaton. Le puedo pedir que me ayude...
Le critican que, en sus películas, sus personajes viven romances con
mujeres mucho más jóvenes. ¿Es por eso que decidió que el protagonista
esta vez sea otro y no usted?
No es por eso. Cuando es una historia sobre jóvenes, evidentemente no
puedo hacerla yo. Pero no tengo ningún sentimiento en particular sobre las
relaciones amorosas, no creo que deban obedecer a ninguna regla externa.
Blancos con negros, asiáticos con blancos, hombres con hombres, mujeres
con mujeres, viejos con jóvenes. Cuando dos personas se aman, todo lo
demás no importa. Eso es lo que yo siento, personalmente, y no tengo
problemas en mostrarlo en mis películas.
Sus películas funcionan mejor fuera de los Estados Unidos que allí.
¿Usted tiene en mente el público extranjero a la hora de hacer sus filmes?
No, no hay nada que puedas hacer para eso. Es, sí, algo de lo que estoy
agradecido. Siempre digo: "Gracias a Dios que está el resto del mundo".
Si tuviera que depender de los estadounidenses, no hubiese podido hacer
películas en los últimos veinte años.
¿Sigue gustándole el cine del resto del mundo tanto como antes?
Siempre amé el cine europeo, siempre sentí que era un cine de
confrontación, adulto. Aún las mejores películas norteamericanas siempre
tienen un pie en el entretenimiento, alguna concesión popular. En el cine
europeo eso no pasa. Sus filmes son artísticos, no tienen compromisos y a
la gente le gustan. Los clásicos: El séptimo sello, El año pasado en
Marienbad, los de Antonioni. No tenían concesiones. Hacían lo que
querían. Aún hoy, cuando voy al cine un fin de semana, casi siempre vemos
películas que no son norteamericanas: europeas, mexicanas, españolas, de
América latina, de Asia.
¿Sigue yendo mucho al cine?
Sí, voy, pero si tuviera que depender de cine norteamericano iría una vez
cada seis meses. Nunca hay nada para ver. Con mi grupo de amigos, cada vez
que vamos al cine vemos una pequeña película iraní o una francesa. Es lo
mejor que hay |