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Por Diego Lerer "Esperamos que alguien le gane a Bush" - Por Francoise Forestier "No me veo como alguien importante" "La rosa púrpura del Cairo" de Woody Allen Análisis crítico - Vida de W Allen - El cine de Woody Allen -

Por Pablo O Scholz - La voz del otro lado de la línea suena mucho más aguda, finita que la que se escucha salir de los labios de Woody Allen en los cines. Es que es Allan Konigsberg (67 años, nacido en Brooklyn) quien atiende el teléfono en una oficina de producción en el centro de Nueva York. Mientras aquí se acaba de estrenar La mirada de los otros, su opus número 33 —con el que los argentinos son de los pocos privilegiados en conocer la filmografía completa del director de Manhattan—, en menos de tres semanas inaugurará Venecia con Anything Else, y ya está iniciando la preproducción de otra nueva película.

El tono que mantendrá en la entrevista con Clarín será en todo momento amable, con una extraña interrupción al mencionar desde este lado de la línea dos palabras: Soon-Yi (ver No hay película...) Pero el motivo por el que Allen aceptó mantener esta exclusiva fue el estreno local de La mirada de los otros, comedia en la que vuelve a la carga con su personaje neurótico. Esta vez, un director de cine —que termina haciendo una película para un productor
de Hollywood que le robó su mujer—, quien, a poco de comenzar el rodaje, se queda ciego

¿Alguna vez pensó en la posibilidad de la ceguera? Es la peor pesadilla para un director cinematográfico, ¿no?

Hay algunas ocupaciones en que la ceguera es lo peor que puede pasar. Y sí, me atemoriza. Originalmente, mientras escribía el guión de la película, pensé que sería gracioso que el personaje fuera un cirujano. Pero eso habría sido demasiado brutal, y entonces lo convertí en director de cine. Sólo pensé en esa posibilidad

En La Mirada de los Otros compone a un director ciego y no fue nominado al Oscar, cuando los personajes discapacitados casi siempre lo han sido. ¿Qué piensa de eso?

Vivo en Nueva York y me quedo en Nueva York. No me gusta mucho viajar

Lo que le pregunto es si le resulta sorprendente no haber recibido una nominación al Oscar como actor...

¡Ah!, disculpe (utiliza ese tono de voz, entre aplicado y nervioso). Soy la única persona en la historia del cine que interpretó el papel de un ciego y no fue nominada a un premio de la Academia. Pero no se preocupe. Este es uno de los pocos juicios acertados de la Academia

En La Mirada de los Otros incluyó un personaje femenino que dice que, en el pasado, se podían ver muchas películas europeas en Nueva York. ¿Las extraña?

Pienso que es algo triste. Cuando yo era joven, había muchas películas extranjeras, no sólo europeas sino también japonesas, asiáticas, sudamericanas. Ahora, se ven poquísimas. No hay casi nada. Y esto es lamentable, porque las que se estrenan aquí siguen siendo mejores que todos los demás estrenos de nuestra industria. Las pocas películas extranjeras que se dan son mejores que el 99% o el 100% de las que se hacen aquí, incluso, teniendo en cuenta la pequeñísima cantidad que llega. Hace años, llegaba mucho más y, por supuesto, en el caso de directores como Fellini, Bergman, Kurosawa, De Sica, no había comparación posible con el cine estadounidense. Pero, repito, incluso ahora, cuando llega una minúscula parte del cine mundial, las películas asiáticas, sudamericanas, europeas o iraníes son todas más interesantes que las películas procesadas y fabricadas en serie en los Estados Unidos

¿Cuál es la última película que vio en el cine?

He visto un par. Vi hace unos días una película española, subtitulada en inglés y titulada Mondays in the Sun.

¿Qué le gustó de Los Lunes al Sol?

La disfruté mucho, es una muy buena película, realmente muy bien interpretada. También vi un filme llamado Swimming Pool, del francés Fran»cois Ozon, que fue muy interesante. La única película estadounidense que me resultó interesante fue el documental Capturando a los Friedmans, de Andrew Jarecki, sobre una familia judía de clase media alta que se shockea cuando arrestan al padre y a uno de sus hijos y los acusan de crímenes terribles. Pero no hubo en estos días ninguna película estadounidense interesante que no fuera un documental

¿Recuerda alguna película argentina que haya visto?

Estoy seguro de haber visto alguna, pero no sé qué título puede haber tenido. Si me nombra algunas estoy seguro de que podré reconocerlas

Nueve reinas, La Ciénaga, El Hijo de la Novia....

Siempre trato de recordar los títulos de las películas europeas, porque los estadounidenses siempre les ponen algún título que no significa nada

¿Sabe que el título de su película en la Argentina es La Mirada de los Otros? ¿Está de acuerdo con él?

(Se toma su tiempo para responder). La mirada de los otros... No está mal. Es un poco largo

Recuerdo que hace años usted era muy específico con la traducción de los títulos de sus películas. Y puso el grito en el cielo cuando Annie Hall se tradujo Dos extraños Amantes...

Algunas han sido muy buenas, pero otras.... A veces, la gente de otros países me asegura que la traducción del título es muy buena, pero yo no la entiendo porque no soy nativo de ese país

Siempre quise saber cómo elige la música para sus películas.

Estoy pensando en una película argentina que comienza en una gran tienda... La tengo en la punta de la lengua pero no puedo recordar el título...

El Allen persona mantiene con el Allen personaje de cine algunas particularidades, como saltar de un tema a otro en la conversación, desvariar un poco, utilizar el humor para rodear una pregunta y escaparse de ella.

"En cuanto a elegir la música —vuelve a retomar la pregunta—, lo hago de manera instintiva, pienso en lo que podría ser bueno para la película. Voy a mi discoteca y elijo una grabación que me parece que encajaría. La pruebo y, si me parece que funciona, la dejo. Si no, elijo otra grabación y sigo adelante."

¿Lo hace por ensayo y error?

Exacto, por ensayo y error. Pero, en general, me manejo por instinto con respecto a cómo debe ser la música

¿Sigue tipeando los guiones en su vieja máquina de escribir?

Sí, así es. Soy muy poco afecto a las máquinas. No tengo un procesador de textos ni tampoco una computadora. No porque no me gusten, sino porque nunca puedo entender cómo funcionan

¿También tiene problemas para escuchar CDs?

La mayor parte de las grabaciones que escucho son grabaciones comunes y no CDs. Por otra parte, soy muy buen mecanógrafo y escribo en la misma máquina de escribir que compré cuando tenía dieciséis años. Todo lo mío lo escribo allí, me resulta muy fácil

Imagino que tiene una importante colección de música. ¿Son todos long plays?

Tengo los discos de 33 rpm, ¡¡¡que no son los de 78!!!.

Usted acepta ir a los festivales internacionales, pero nunca en competencia. ¿Cuál es el motivo de esta decisión?

Me gusta la idea de los festivales, donde todo el mundo se junta y se dan muchas películas, pero no me gusta la idea de competir, porque no creo que deba haber competencia entre proyectos artísticos. ¿Quién puede decir que una película es mejor que otra? Es ridículo

¿Qué opinión tiene de los críticos?

Son como cualquier otra profesión, como los directores de cine, los agentes de policía, los neurocirujanos. En la mayoría de las profesiones, hay unos pocos que son muy buenos, una gran cantidad de gente común y algunos que son malos. Lo mismo puede decirse de los directores de cine: hay unos pocos muy buenos, muchos que son mediocres y otros muy malos. Entre los críticos, pasa lo mismo

¿Tiene amigos críticos? ¿Cuáles son los cineastas con los que comparte...?

Una voz femenina se inmiscuye en la conversación. "Lo siento, pero el tiempo se acabó", dice. "OK, OK, continúe sus preguntas", ayuda Allen.

"En la habitación de al lado están los actores a los que les haré una prueba de casting —continúa como si nada el neoyorquino— para mi próxima película. Así que, mientras los puedan entretener..."

Viaja seguido a Venecia, la cantidad de horas de vuelo hacia la Argentina no es muy diferente. Y Sabe que aquí su cine tiene muchos adeptos. ¿Tiene pensado venir a la Argentina?

No tengo planeado un viaje allí por el momento. La única razón de que vaya a Venecia es que la compañía cinematográfica que produjo mi película me manda. Si me invitan de la Argentina, voy. Es tan sencillo como eso

Quisiera hablar de lo que les pasó a los Knicks, pero quizá no tengamos tiempo... ¿Escuchó hablar de Emanuel Ginóbili, el jugador de los San Antonio Spurs?

Los Knicks (el equipo de básquet de Nueva York del que Allen no se pierde un partido, sentado en primera fila) no están en buen estado físico, porque no se han preparado bien. No son un equipo muy carismático. Ginóbili es magnífico, lo he visto jugar en las finales de la NBA. Tenía la esperanza de que los Knicks lo consiguieran. Se dijo que quizá viniera a Nueva York, pero no se concretó

¿Sigue tocando jazz todos los lunes?

Sí, sí, sigo. Ahora debo irme, porque los actores se están poniendo inquietos. Estoy escuchando ruidos extraños, que me llaman la atención...

¿Su nuevo proyecto se trata de una comedia o es un drama? ¿Por qué hace varios títulos que no aborda un drama, del estilo de Interiores?

Es mitad comedia, mitad drama. Lo tengo que dejar...

Ante el apuro, Allen elige despedirse de una manera más formal. "Bueno, fue muy bueno hablar con usted, quién sabe, si me invitan, podremos continuar la charla en Argentina." Entonces, tal vez, si viene de una buena vez, aquí se acuerde de esa película que empieza en una gran tienda

Fuente: Clarín. Buenos Aires
http://www.clarin.com


"No me veo como alguien importante" - Francoise Forestier La Maga 05/05/1992

Woody Allen nació el primero de diciembre de 1935 en Brooklyn, Nueva York, y comenzó su carrera cinematográfica como doble en un cabaret neoyorquino donde conoció a Shirley Mac Laine. Luego de trabajar como cómico de televisión, debutó como actor y guionista en ¿Qué hay de nuevo, Pussycat? (1964); más tarde comenzó a producir filmes como Dont Drink the Water, de Howard Morris y finalmente, en 1968, realizó su primer filme: Robó huyó y lo pescaron. A partir de ese momento filmó veinte películas, entre las que se encuentran Manhatían, Zelig, La rosa púrpura de El Cairo, Hannah y sus hermanas, La otra mujer, Alice y su última realización, Sombras y niebla, principal motivo de este reportaje.

-¿Cómo eligió el seudónimo de Woody Allen?

-Tenía diecisiete años, estábamos en 1952 y Allan Stewart Koenigsberg me parecía un poco largo. Ese año decidí que iba a ser autor de comedias. Pero, como era tímido, no quería que me reconocieran; mandé algunos articulitos a varios diarios fírmándolos "Woody Allen". Era como un maquillaje, formaba parte de mi trabajo. Woody era el nombre de uno de mis clarinetistas prefe-ridos, Woody Herman, y Allen una pequeña deformación de mi nombre. Esa es la historia.

-En Días de radio se tiene la impresión de que usted no sabe lo que hace su padre.

-Sí. es verdad. No me lo decía.

-Por qué?

-No sé. En esa época los padres no decían gran cosa a los hijos. En cuanto a mi padre, quizá fuera porque cambiaba de empleo bastante seguido... Yo no sabía que mi tía tenía una hermana gemela, que la hermana de mi padre era divorciada... ¡Me enteré de todo eso cuando tenía cuarenta años!

-¿Dónde nació su padre?

-En Brooklyn. Mis abuelos eran de Viena y Rusia. Yo visité los dos países. Me gustó mucho Austria, salvo porque el antisemitismo es... Tengo la fuerte impresión de que soy el producto de la cultura europea, de la mentalidad europea.

-¿Se acuerda de su abuelo?

-Mi abuelo se fue de Rusia porque no quería servir en el ejército del zar. También estaban las persecuciones contra los judíos... Creo que el hecho de emigrar lo hizo feliz. Trabajó mucho tiempo para una empresa de café y ganó bastante dinero. Luego, con el crac de 1929, se quedó sin un peso. Hubo una segunda ola de emigración en mi familia cuando los nazis empezaron a tomar el poder. Tengo tíos que se escaparon para venir a los Estados Unidos. Odiaban Austria. Creo que en Sombras y niebla hay algo de esa atmósfera asfixiante.

-Es una película en blanco y negro, visiblemente inspirador el expresionismo alemán.

-Es verdad. Es una película muy extraña, una comedia, creo, que transcurre aproximadamente -no lo preciso mucho a propósito- hacia 1920-1922, en algún lugar de Europa. ¿Hungría, Alemania, Checoslovaquia? En todo caso, en Europa Central. Sí, un poco expresionista...

-¡Los expresionistas no trabajan tanto lo cómico!

-¡Eh, ya lo sé!

-¿Qué significa el título?

-La acción del filme transcurre en una noche. Hay muchas sombras y bastante niebla.

-¿ Cómo se le ocurrió la idea?

-Fue una idea que tuve hace algunos años. Traté de trabajarla, pero no salió nada. Además, yo quería hacer con eso una obra de teatro... Después un sketch, después una película. El concepto de base es que cualquiera puede ser acosado, tratado como un culpable. Fíjese, durante la guerra, los judíos fueron las víctimas designadas... Ahora bien, trate de imaginar el planeta sin judíos, si sólo hubiera una sola nacionalidad. Estoy seguro de que se inventarían nuevas razones para exterminar al de al lado. Matarían a los zurdos, a las sopranos, a los aficionados a los autos rosados.

-El héroe de Sombras y niebla tiene algún parecido con usted.

-Sí, es más fácil de escribir así. Tengo mi modelo delante de los ojos.

-Usted trabaja a un ritmo infernal.

-No tanto. Escribo mis guiones, y después lo que me lleva un tiempo bárbaro es filmar. En el intervalo, escribo algunas ideas que después guardo en un cajón. Un poco de trabajo cada día, eso es todo. Es un esfuerzo constan-te... que permite ser perezoso. Tennessee Williams, que era un gran autor, se levantaba y trabajaba todas las mañanas. Es todo. Pero lo hacía 365 días del año, y mire su obra.

-Como en la mayoría de sus filmes, en Sombras y niebla hay un personaje femenino importante...

-Siempre preferí las mujeres a los hombres. Recientemente, escribí un artículo para una revista judía donde explico que me encantó la idea de Eva de probar la manzana. Ella sabía lo que hacía: los hombres y las mujeres tuvieron que ir rápidamente a vestirse.

Lo que hace que el hecho de desvestirlos, sea infinitamente más interesante... Y por suerte Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso terrestre. Así se pusieron a crear cosas... Yo siempre me imaginé el Edén como un lugar borroso, con vapor por todas partes, un poco como una foto publicitaria para una marca de cerveza.

-¿Qué piensa de la decisión de un cineasta como Bergman que deja de filmar de la noche a la mañana?

-No sé. Tiene una carrera imponente detrás y, ahora, se quiere dedicar de lleno al teatro. ¿Porqué no? Pero lo extraño. Hay otros que extraño: Truffaut, por ejemplo, De Sica... Ellos formaron mi adolescencia, veíamos sus obras frecuentemente en Nueva York. Cada vez que lo hacíamos, era un acontecimiento. Cada vez que uno de esos realizadores deja de filmar, yo lo siento como una pérdida personal. Me gustaría tanto ver un nuevo filme de Fellini, o de Antonioni, todos los años...

-Los años cincuenta, y después los sesenta, fueron decisivos. En ese momento, el cine podía cambiar nuestra vida...

-Sigue siendo así, ¿no?

-No de la misma forma. En los años sesenta, uno se pasaba las noches discutiendo de cine...

-Es verdad. Y el cine influía sobre nuestra vida cotidiana. En la calle se veían personajes que nos hacían pensar en Fellini, escuchábamos diálogos a la Godard...

-A menudo se dice: "Es como en una película de Woody Allen".

-Eso es sin duda la influencia de mis productores favoritos... No me veo como alguien importante. Hago películas -norteamericanas e, invariablemente, funcionan del mismo modo. A veces tengo suerte y mi película tiene éxito. O las críticas son excelentes. O las dos cosas. El problema es que hacer que la gente vaya al cine sigue siendo una lucha.

-Su influencia no se mide en cantidad de espectadores.

-En efecto, no se puede proceder así, ya que sin eso Bergman sería un desconocido. Pero, en mi caso, funciona siempre así: la productora, Orion, me llama por teléfono, me dice que las críticas son excelentes y que la gente va a correr al cine. Tres semanas más tarde, me llaman otra vez para decirme: "No sabemos lo que pasa, hay pocos espectadores. Sin duda debido a una exposición, a un partido importante o a otra cosa..."

-¿ Conoce personalmente a Bergman?

-Sí, cenamos juntos en Nueva York, hace algunos años. De vez en cuando nos hablamos por teléfono, incluso me invitó a su isla de Faro, pero con mis hijos es demasiado complicado. Cuando lo vi, me pareció muy prosaico, muy amistoso. Pero nada del tipo místico. Más bien un hombre que tiene los mismos terrores que yo.

-¿Los mismos terrores que usted?

-Sí, por ejemplo: prepara un plan complicado para una película y todo sale al revés. La luz no está en su lugar, los actores se olvidan el texto, pierde el hilo de su puesta en escena... El miedo al bloqueo, también. El miedo a estrenar una película sin que haya un solo espectador... Debo confesar que me puse un poco nervioso delante de él. Me pasa. Durante el rodaje de Hannah y sus hermanas, me acuerdo que hice una reunión en casa, y habían venido los actores, entre los que estaba Max von Sydow... Y yo lo miraba, estaba sentado en mi sofá y yo me decía: -Es el caballero de El séptimo sello, está ahí, comiendo pavo con arándano". ¡Cuántas veces fui al cine, en otros tiempos, sin sospechar ni por un segundo que yo también filmaría!

-Para usted, el video no re-emplazó al ritual de ir al cine?

-No, no. El punto crucial será cuando tengamos pantalla grande en nuestras casas. Cuando tengamos una definición de imagen perfecta, con los colores que el propio realizador habrá tratado de obtener y no necesitemos tocar los botones de la tele para ver verde o amarillo, ese será un paso adelante. Quizás hasta una revolución cultural, en cierto sentido.

-Otro aspecto benéfico del video es que vuelven a entrar en el mercado un montón de películas olvidadas o desaparecidas...

-En efecto. No todo es negativo. Pero, por el momento, el video está en su prehistoria.

-Parece reticente ante la nueva tecnología.

-No la necesito. En mis rodajes no uso video: escribo mis guiones con mi vieja máquina portátil Olympia. La tengo desde los dieciséis años. La llevé a cuestas por todo el mundo y nunca me dejó. La quiero. Escribí todo gracias a ella.

-¿Reescribe mucho sus guiones?

-Sí, y también doy vuelta algunas escenas. No dudo en retocar. Cambio muchas veces en función de los actores o del decorado ... Si el actor que yo quería es alto con bigote mientras que yo lo quería bajo y gordo, no es lo mismo. 0 mis actores me dicen que el diálogo es malo...

-¿Sucede?

-No de esa forma. Más bien me dicen: "Me siento un poco artificial con esta réplica. ¿La puedo cambiar?” Me pasa que cambio la escena completamente. Soy muy flexible con los actores. Los escucho. Los incentivo para que cambien las palabras o improvisen.

-Pero usted tiene fama de ser un director meticuloso...

-En lo que respecta a la imagen, es verdad. Y soy un auténtico obsesivo del sonido.

-¿Sus padres van a ver sus películas?

-Por supuesto. Mi padre tiene noventa y un años, mi madre ochenta y cuatro. Ven todas mis películas, pero mí madre prefiere mis películas serias; no es del tipo frívola. Prefiere Interiores o La otra mujer. En cambio, nunca vio ¿Qué pasa, Tiger Lily? A mi padre le gusta ver la colas delante de los cines donde se proyectan mis filmes. Entonces me llama: “Hay cola para ver Alice, una cola inmensa...". Me pregunto qué van a pensar de Sombras y niebla...

Traducción: María Valeria Battista


Esperamos las elecciones tratando de que alguien le gane a Bush - Por Diego Lerer Clarín 010304

W
oody Allen está viejo. En el casi año y medio que pasó entre las dos entrevistas que Clarín le realizó, en el rostro y en el cuerpo del cineasta neoyorquino parecen haber pasado un lustro. El día caluroso ayuda a dar esa impresión, cierto, y el cansancio también: desde que en agosto arribó al Festival de Venecia, con su mujer Soon-Yi y el bebé de ambos a cuestas, Woody viene dando entrevistas una tras otra, sacándose fotos sobre un vaporetto, firmando autógrafos a cientos de personas, sonriendo, posando en la alfombra roja, recibiendo honores, comentarios, aplausos y la adoración de sus fanáticos italianos (admitámoslo: lo aman allá todavía más que en la Argentina). Y el hombre luce cansado, fastidiado, acalorado.

Pero ahí no acaba todo: Woody —quien cumpliría 68 años unos meses después de esta entrevista— se siente mal, tose varias veces a lo largo de los 40 minutos de charla, se sirve un vaso de agua tras otro, y para completar un panorama decididamente woodyallenesco, está perdiendo la audición en su oído izquierdo. Y el entrevistador no tuvo mejor idea que sentarse de ese lado...

Difícil es sacar conclusiones en estos casos. Todos tenemos buenos y malos días. Pero en esta etapa de su carrera, Woody no puede darse el lujo de tener un día malo en privado. Sus películas ya no rinden como antes —ni comercial ni artísticamente— y el creador de Manhattan, Crímenes y pecados y Zelig debe salir a apoyarlas por el mundo con lo único que tiene para vender: su propio mito. Y allí va, respondiendo preguntas sobre el ser y la nada, el humor judío, la política de su país, el psicoanálisis, su relación con Hollywood, su filosofía de vida, etc, etc.

Casi por piedad —y porque uno siente, después de todo, que lo conoce como a un pariente o un amigo—, dan ganas de parar todo el circo y decirle que vaya a dormir un rato, a tirarse a la pileta o a tocar el clarinete. Que dejemos la entrevista para otro día. Pero es imposible, claro, y pese a todo el hombre se dispone gallardo para hablar.

A diferencia de la entrevista anterior, en esta ocasión no habrá casi chistes ni humoradas, sólo la serena reflexión de un hombre que trata de explicar su cine y su particular visión del mundo en que vive.

Allen estaba en Venecia presentando en la apertura del festival su nueva comedia, La vida y todo lo demás, protagonizada por Jason Biggs, Christina Ricci, Danny DeVito y Stockard Channing (que se estrena aquí el jueves 11), y en la que tiene un personaje secundario. Es la primera vez que visita la ciudad de los canales en la época de la Mostra. "Siempre me gustó este país y esta ciudad, pero nunca había venido para el festival —dice—. Me casé aquí y volví muchas veces, pero siempre con una temperatura más fresca..."

No es lo mismo estar aquí de vacaciones que en el caos del festival...

Esta es una experiencia única, muy distinta. Venir a un evento como éste no tiene nada que ver con el mundo real. Hay millones de paparazzi, te siguen en botes, los fan te aplauden. Es algo muy inusual, que no me pasa muy seguido en mi vida cotidiana. Igualmente, después de las entrevistas salgo a caminar con mi esposa y los chicos, subo a un bote. Se puede hacer.

Siempre fue famoso su disgusto por viajar, por salir fuera de Nueva York. ¿Cómo aprendió a soportarlo?

Viajo más desde que estoy con mi esposa. Ella quiere viajar y a mí me gusta hacerla feliz. Es por eso que viajo: ella me convence. Si fuera por mí, me quedaría en un par de cuadras cerca de mi casa en Nueva York y a lo sumo vendría a Venecia y a París una vez por año, para Navidad. Pero ella quiere viajar. Le gusta ir a California por dos o tres días. A España, Suiza, Bélgica.

¿Y cuando está tanto tiempo fuera, extraña Nueva York?

Cuando me quedo mucho tiempo, sí. Es divertido venir, pero después de dos semanas empiezo a extrañar mi hogar. Vivo una vida con bastantes rituales. Tengo todo lo que necesito allá. Me gusta trabajar en casa, estar asentado en un lugar. Amo venir aquí y pasar unos días en Barcelona o París, pero me encantaría estar en casa. Estoy empezando a filmar una película en muy poco tiempo (ver Melinda y Melinda) y tengo mucho trabajo para hacer. Cuando te acercás a la fecha de rodaje es más y más trabajo.

¿Por qué continúa haciendo un filme cada año?

No lo hago como un plan. Cuando termino uno, pasan unos días, no hago nada, y empiezo a aburrirme. Eso es lo que hago: escribo guiones para filmes. Cuando no pasa nada, empiezo a escribir. Me toma unos dos meses escribir un guión y después lo filmo. Para mí es más fácil que para otros. Tengo una oficina armada en Nueva York, trabajo siempre con la misma gente. No es tan complicado como para otros directores, no necesito dos años para hacer una película. Algunos pasan mucho tiempo almorzando con productores, con estrellas, y tardan varios años en poder hacer una película. Yo la escribo en mi máquina de escribir, se la doy a la gente de producción y sale rápido. No se pierde tiempo.

Woody Allen afirmará luego "no ser una persona política", sin embargo estos tiempos lo son, fuertemente, y el hombre no está lejano a lo que pasa en el mundo ni a las extremas decisiones del gobierno de su país. De hecho, cada vez que está en Europa es inevitable que responda preguntas acerca de la situación mundial. "Entiendo que la gente mire mal a los Estados Unidos ahora porque muchos de nosotros pensamos lo mismo —dice—. Muchos esperamos las elecciones tratando de que alguien le gane a Bush. No estamos contentos con el gobierno, ni cómo le responde al terrorismo, su política en Oriente Medio o su manejo de la economía. Y siento que cada vez más gente se está dando cuenta. Desde mi lugar yo trato de hacer lo que pueda para que haya un cambio. Sacar a esta gente y tener en su lugar a personas más confiables y responsables."

¿Hasta qué punto está atento a las cuestiones políticas?

No mucho. No soy un "hombre político". Soy un ciudadano común. Nunca trato temas políticos en mi trabajo. Hago lo que puedo para ayudar, pero no estoy tan metido como otros actores que militan y que hacen de la política algo central en sus vidas. Yo tengo sentimientos políticos y trato de hacer cosas, pero no tanto...

En esta nueva película, su personaje es un hombre paranoico, obsesionado por el terrorismo... ¿Se volvió más político con esta situación?

No necesariamente. Esto fue por la película. El personaje que interpreto es un paranoico y es difícil ser paranoico y no extenderlo a lo político y lo social. Pero esto era la idea sólo para este filme. El que empiezo ahora es muy diferente: tiene ideas muy serias pero no políticas.

¿Será una comedia?

Sí, pero una comedia bastante seria.

Dice no ser un "hombre político". ¿Por qué motivo? ¿No lo considera un tema importante?

Nunca me interesó la política. Nunca sentí que los problemas del mundo sean, en lo profundo, de carácter político. Siempre pensé que desde hace miles de años han cambiado los sistemas políticos y todavía la gente sigue sufriendo. Aunque todos los políticos hicieran las cosas bien y no hubiera injusticia social ni económica, sufriríamos igual, porque hay problemas existenciales que son más profundos que los políticos. Y eso es lo que me interesa.

Pero ambos temas están ligados...

Si no tenés nada para comer, eso es muy importante. Pero cuando resolvés eso, te das cuenta de que aún no sos feliz. Tengo dinero, tengo trabajo, estoy casado, tengo hijos y todavía no soy feliz. ¿Por qué? Esos son los temas que me interesan. La condición humana. No saber por qué estás acá, qué propósito tiene la vida, si es que tiene alguno. Si te morís y te vas para siempre y no queda nada, ¿qué sentido tiene todo? Vivir, morir. Esas cuestiones son más profundas e interesantes que las políticas. Lo político puede mejorar o empeorar, pero igual la gente sufre. Lo único que tenemos es nuestra propia vida, sí, pero eso también se termina. ¿Y entonces? La ambición, el esfuerzo, ¿para qué?

¿Alguna vez pensó en retirarse?

No, nunca. Si escribís, nunca te retirás. No trabajo en un banco, en cuyo caso sería un placer no ir a trabajar. No escribo como un trabajo. Me gusta y es mi trabajo porque me pagan. Es como si jugás al béisbol y después te pagan por hacerlo profesionalmente. Es lo mismo. No pienso retirarme nunca. Si estuviera ahora en casa, escribiría.

¿Y retirarse de dirigir o de actuar?

Actuar es algo que nunca me preocupó. Lo hacía porque era más fácil interpretar un rol directamente yo. Pero me encantaría no volver a actuar en mis películas. No me considero un actor. Puedo interpretarme muy bien a mí mismo, pero no puedo hacer un Chekhov u otro personaje. Hago lo que soy. Pero sí me gusta escribir, y mientras haya gente que financie las películas, me hace feliz hacerlas. Cuando no haya más financistas, escribiré y publicaré libros, obras.

Esta más volcado al teatro últimamente, tras su experiencia en Broadway...

Me gusta, tuve una experiencia muy placentera con las obras que escribí y dirigí. Siento que algo está pasando en el teatro. Hace muchos años, el teatro era maduro y sofisticado y el cine era infantil. Después el cine creció y la gente dejó de ir un poco al teatro y el énfasis se puso en el cine, porque había directores interesantes y películas maravillosas. Pero siento que ahora el énfasis volvió a ponerse en el teatro.

El cine volvió a ser infantil...

La mayoría de los filmes que se hacen son dirigidos a los adolescentes y no son muy interesantes ni te hacen pensar. El teatro está volviendo a ser sofisticado e intelectual. Los escritores serios se frustran porque a los estudios no les interesan sus propuestas para películas. Allí sólo piensan en grandes superproducciones y no en películas complejas.

Sin embargo, usted eligió a Jason Biggs, de American Pie, para su nueva película...

No había visto American Pie cuando lo contratamos. Me parece una película muy estúpida. Yo necesitaba un actor de 25 años y no conozco a ninguno. Me dijeron que lo viera a él, me mostraron un minuto de la película y él es maravilloso, era exactamente lo que necesitaba.

¿Escribe papeles con los actores en la cabeza?

A veces sí, pero el problema es que si tenés un actor en la cabeza y despues no está disponible, ¿qué hacés? Podría escribir un papel para Jack Nicholson, pero después lo llamo y me dice que está ocupado por los próximos cinco años. Ahí tenés un problema. Es mejor escribir y salir a buscar a los actores. A veces sé cuáles serán porque sé que puedo contar con algunos amigos, como Diane Keaton. Le puedo pedir que me ayude...

Le critican que, en sus películas, sus personajes viven romances con mujeres mucho más jóvenes. ¿Es por eso que decidió que el protagonista esta vez sea otro y no usted?

No es por eso. Cuando es una historia sobre jóvenes, evidentemente no puedo hacerla yo. Pero no tengo ningún sentimiento en particular sobre las relaciones amorosas, no creo que deban obedecer a ninguna regla externa. Blancos con negros, asiáticos con blancos, hombres con hombres, mujeres con mujeres, viejos con jóvenes. Cuando dos personas se aman, todo lo demás no importa. Eso es lo que yo siento, personalmente, y no tengo problemas en mostrarlo en mis películas.

Sus películas funcionan mejor fuera de los Estados Unidos que allí. ¿Usted tiene en mente el público extranjero a la hora de hacer sus filmes?

No, no hay nada que puedas hacer para eso. Es, sí, algo de lo que estoy agradecido. Siempre digo: "Gracias a Dios que está el resto del mundo". Si tuviera que depender de los estadounidenses, no hubiese podido hacer películas en los últimos veinte años.

¿Sigue gustándole el cine del resto del mundo tanto como antes?

Siempre amé el cine europeo, siempre sentí que era un cine de confrontación, adulto. Aún las mejores películas norteamericanas siempre tienen un pie en el entretenimiento, alguna concesión popular. En el cine europeo eso no pasa. Sus filmes son artísticos, no tienen compromisos y a la gente le gustan. Los clásicos: El séptimo sello, El año pasado en Marienbad, los de Antonioni. No tenían concesiones. Hacían lo que querían. Aún hoy, cuando voy al cine un fin de semana, casi siempre vemos películas que no son norteamericanas: europeas, mexicanas, españolas, de América latina, de Asia.

¿Sigue yendo mucho al cine?

Sí, voy, pero si tuviera que depender de cine norteamericano iría una vez cada seis meses. Nunca hay nada para ver. Con mi grupo de amigos, cada vez que vamos al cine vemos una pequeña película iraní o una francesa. Es lo mejor que hay


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