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| El olor de las armas que inunda Italia - Antonio Tabucchi Vida y Obra - "Sostiene Pereira" y "La espiral de silencio" |
Entrevistas a: Elfriede Jelinek. Alejo Carpentier. Giovanni Papini entrevista a Picasso |
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1204 - Por
Héctor Pavón -
Tabucchi defiende la perdurabilidad de la palabra hablada, aun cuando
necesite siempre de la escritura. Sostiene que los hombres son estúpidos al
creerse inmortales y descree de las posibilidades que puedan tener el arte y
la literatura para detener la barbarie. Dice que el verdadero problema de
hoy no es Bush ni Berlusconi sino aquellos que los sostienen y produjeron.
Piensa venir a la Argentina cuando se jubile - —¿"Tristano muere" es una novela, un ensayo, un relato? ¿Usted cómo lo califica? - —No es mi tarea. Usted debe clasificarlo. Yo lo escribí. Esa es la respuesta. Antonio Tabucchi ríe. Y se va a reír a lo largo de la entrevista cada vez que las preguntas lo transporten a una situación que tal vez considere desopilante, sea una cuestión de letras o de política. Sin ánimo de ofender, Tabucchi se ríe de muchas preguntas. Y con ánimo de ofender se ríe de los norteamericanos y también de los italianos; de su jubilación, de los intelectuales, de Mussolini, Berlusconi y del "pacifismo" de Bush... - —¿Detrás de Tristano hay un Tabucchi desilusionado, quizá? - —¿Detrás de Tristano hay un Tabucchi desilusionado? ¿Detrás de Hamlet hay un Shakespeare loco? Esa es la respuesta. - —Una respuesta con forma de pregunta... - —No, no. Esa es la respuesta. ¿Detrás del personaje está el autor? - —Sí. Pero es un personaje desilusionado, desencantado. - —Si, ¿y Hamlet no es un loco? ¿Y Sancho Panza no es un pobre hombre? - —Sí, también. - —Entonces mire, ¿qué le parece? Si busca al autor detrás del personaje, lo puede encontrar. Lo encuentra detrás de todos los personajes. Pero es mejor no buscarlo porque posiblemente no esté detrás de nadie. El personaje tal vez esté en otro lugar. - —Hay un Tristano... - —Yo creé un personaje ciertamente desilusionado. Esa es la respuesta: yo creé un personaje desilusionado. - —Usted mostró un personaje que encarna cierta paradoja moderna. Se realza la importancia de la oralidad dentro de una época donde prima la comunicación electrónica. - —Sí, tiene razón. El hombre se distingue de los otros animales sobre todo porque habla. Y articula un lenguaje estructurado. Los otros animales se comunican pero la suya es una forma de comunicación simplificada. Nosotros tenemos un lenguaje estructurado que se expresa a través de la palabra. Creo que la palabra goza de un privilegio muy antiguo, desde siempre, porque es la función primaria de la comunicación entre los hombres. Entonces, en la base de nuestra civilización está la palabra. En el principio era el verbo. Lo dice el Evangelio de San Juan. Pero antes del Evangelio de Juan los mitos griegos más antiguos, como el mito de Orfeo, atribuyen a la palabra un poder que la escritura no tiene. La palabra puede además evocar a los muertos, atraer al fantasma. La palabra sirve para celebrar un rito. Todavía hoy, el rito se celebra con la palabra. Cualquier rito. Cuando el sacerdote celebra la misa, celebra con la palabra. No se puede celebrar con la escritura. Cuando el Papa envía un mensaje al mundo, no manda un telegrama. Habla. Cuando un jefe de Estado declara una guerra, lo dice en voz alta. Luego viene a continuación la escritura. Esto significa que la voz goza de un estatus más importante que la palabra. Pero hay una paradoja. Que sin la escritura, la palabra no permanecería. - —Y Tristano habla, no escribe. - —En cuanto a Tristano, tiene la conciencia de que su palabra es superior a la escritura, porque la palabra es vida, es biológica. La escritura es mineral. No obstante, también se da cuenta —y ésa es la paradoja— de que sin el escritor que está escribiendo su palabra no permanecería. - —Usted no usa computadora, ¿Verdad? - —No, pero no porque la odie. Podría usarla. Por ahora prefiero usar el cuaderno. Es decir, la mía no es una posición de hostilidad hacia la computadora. Es una preferencia porque no siempre escribo en casa, escribo donde se presenta la oportunidad. - —Viajando... - —También, o sentado en un café, o en un banco de plaza. Por eso, cómo decir, es más cómodo llevar en el bolsillo un cuaderno pequeño y una lapicera. Y es un hábito que siempre he tenido. Tristano muere (Anagrama) es el último libro que escribió Tabucchi y que se publicó en la Argentina. Pertenece a un género cercano al relato literario pero que no está fuera del ensayo ni de un monólogo interior, desencantado, de gran carga moral y existencial, en el que aparecen retratados, bajo una luz exégeta, personajes y situaciones de todas las épocas. Tristano es un soldado de la Italia fascista que termina poniéndose del lado de la Resistencia y se convierte en un héroe. Antes de morir conversa con un escritor, una especie de fantasma, confesor y cómplice de ese Tristano que se está apagando. "El libro de mi vida", lo calificó su autor que acaba de afeitar sus bigotes añejos. Admirador de Borges y Pessoa, entre muchos otros, Tabucchi ha sido un escritor de una clasificación difusa, imprecisa, nebulosa. Sostiene Pereira, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro; Nocturno hindú lo mostraron como un exquisito novelista. Pequeños equívocos sin importancia lo situó como un fino cuentista; Dama de Porto Pim como un viajero con dotes de narrrador pintor y La gastritis de Platón, junto con los innumerables artículos periodísticos que publica en varios diarios del mundo (entre ellos Clarín), lo ubicó como un ensayista incisivo y esclarecedor. La televisión, la guerra, Berlusconi, los italianos, Estados Unidos, el racismo, son sólo algunos de los temas a los que suele referirse en sus columnas y ensayos. Su pasión por Portugal es tal que escribió Requiem en portugués y recibió de manos del gobierno portugués la nacionalidad como regalo. Incluso fue candidato a legislador de ese país por un pequeño partido en las elecciones europeas de 1995. - —Algunos personajes de sus libros deambulan entre la vida y la muerte. ¿Prefiere escribir sobre los vivos o los muertos? - —Creo que escribir sobre una cosa también significa escribir sobre la otra. No son dos cosas opuestas, son complementarias. Quizás en un mundo como el nuestro, se prefiere no hablar de la muerte. Pero yo creo que hablar de la muerte significa también apreciar, estimar más la vida. Porque quizá nosotros, todos, si pensamos que algún día moriremos, haremos más de nuestra vida un tesoro. La respetaremos, la amaremos más. Tal vez, los hombres sean estúpidos, todos nosotros. La humanidad es estúpida. El hombre es una criatura estúpida que tiene una pequeña idea de inmortalidad. Piensa que no morirá nunca. - —¿El hombre de hoy o el de siempre? - —En general, el de siempre. Hoy particularmente creo que se piensa poco en la muerte. Como contrapartida, hay muchos cadáveres que vemos dando vueltas. Pero en la muerte, en su realidad, pensamos muy poco o casi nunca. - —¿En qué está trabajando actualmente? ¿Está escribiendo literatura o ensayos? - —No, no. En este momento nada. No se puede escribir siempre. No se debe. Hay que hacer también pausas largas. Además, también es bueno leer, como decía Borges. Es una actividad más noble porque es más abstracta, decía él. - —¿Todavía dicta clases en la universidad de Siena? - —En este momento, estoy a punto de jubilarme. O sea que estoy trabajando desde un punto de vista burocrático para tramitar mi jubilación. He enseñado durante muchos años. - —¿Se siente cansado? - —No, no particularmente. He servido al Estado, no al Rey de Inglaterra, como decía Bohumil Hrabal, "Yo he servido al Estado durante casi 37 años y creo haber hecho mi contribución". - —¿Y qué está leyendo en este momento? - —Estoy leyendo a Wislawa Szymvorska, una grandísima poeta polaca que ganó el Premio Nobel en 1996. Me encanta leer poesía. - —¿Y siempre vuelve a Fernando Pessoa o ya conoce su obra letra por letra? - —Siempre volvemos a los poetas que amamos. Siempre vuelvo a Borges, a Emily Dickinson. Porque las cosas que se aman se visitan muchas veces. Por otra parte, estos son poetas tan grandes que cada vez significan algo más, algo distinto que antes no habíamos entendido. Es como mirar un cuadro bello. Si usted tiene enfrente un Tiziano, no dice: voy al museo pero ése no lo miro porque ya lo vi. No, lo sigue mirando con el mismo placer. Sobre Jorge Luis Borges, Tabucchi dijo alguna vez: "Borges ha devuelto a la literatura su función de ficción, liberándola de los pesados cometidos que le eran ajenos y que habían terminado por empobrecerla". Y eligió como preferidos algunos cuentos realistas como "Emma Zunz" o "El hombre de la esquina rosada" o "El Evangelio según Marcos". - —¿Y cómo comenzó a leer a Borges? ¿En qué momento de la vida se encontraba usted? - —Empecé a leer a Borges de muchacho, cuando lo descubrieron los franceses en los años sesenta cuando lo trajo Roger Caillois a Europa. Entonces yo no leía en español ni conocía la lengua. Y como sabe, cuando los franceses descubren algo, logran imponerlo al mundo. En ese momento, yo estaba en París y se hablaba mucho de Borges. Lo leí primero en francés y más tarde aprendí español, y portugués, para leerlo en su idioma original. Me gustan mucho sus poesías. Lo considero un gran poeta, pero prefiero su prosa, sus cuentos. Todos. - —¿Hay algún libro que haya escrito que lo haya transformado para siempre? - —Radicalmente... no creo. Nos transformamos todos, poco a poco. Pero no necesariamente a través de un libro sino de la vida que vivimos todos los días. Las nuevas experiencias que tenemos. Naturalmente, también los libros, los que leemos tanto como los que escribimos, nos tornan siempre un poco diferentes. - —¿La literatura, la filosofía, el arte, el psicoanálisis, la política pueden ayudarnos a superar momentos de incertidumbre como los que presenta esta era? - —Creo que el arte tiene poco poder frente a los cañones y la bomba atómica. En la Edad Media, en el siglo XVI, había guerras espantosas mientras seguía existiendo una bellísima literatura, una filosofía. En el siglo XIX, mientras Napoleón llevaba la democracia también llevaba masacres a toda Europa. A Rusia, a la Península Ibérica, a todas partes. Mientras las guerras ensangrentaban a Europa seguía habiendo una grandísima literatura. Estaban Stendhal, los grandes poetas y también una filosofía óptima. Pero no fue Stendhal el que mandó a Napoleón a Santa Elena. Stendhal dejó un testimonio de lo que era Napoleón; los desastres de la guerra son uno de los testimonios más espantosos y también monstruosamente bellos de un período trágico de Europa, pero no fue Goya quien venció a Napoleón. Por eso no creo que la tarea de tranquilizar al mundo o de resolver los grandes problemas de las guerras y las masacres le corresponda a los artistas y a la literatura. Picasso pintó Guernica pero no frenó la mano de Franco. - —Usted trabaja para el Parlamento de Escritores Perseguidos, un espacio donde se protege a quienes son hostigados por su trabajo intelectual. ¿Esa es para usted una forma de asumir un compromiso político? - —Es también de compromiso físico y humano porque para mí es muy importante defender la libertad de palabra, pero antes es necesario defender el cuerpo, del cual sale esa palabra. Porque si usted mata a un escritor, el escritor ya no puede decir nada. Y a nosotros nos preocupaba salvar a personas que eran amenazadas de muerte o que habrían sido asesinadas y ponerlas a salvo físicamente, ofrecerles un refugio, hacerlas salir de su país y darles un lugar donde nadie les corte la garganta. - —¿Y usted cree que los intelectuales del mundo reaccionan como la humanidad espera ante acontecimientos globales, como la invasión de Estados Unidos a Irak, por ejemplo? - —Mire, cómo reaccionan los intelectuales no es muy importante. Tiene una importancia relativa. Mucho más importante es cómo reaccionan los gobiernos de distintos países y las personas. Yo vi. millones de personas en todas las grandes ciudades: en Tokio, en América latina, en Europa, en Estados Unidos cuando ese país invadió Irak. Le pregunto: ¿esas personas eran todas intelectuales...? En suma, creo que los intelectuales tienen una responsabilidad muy limitada. De lo contrario, siempre se corre el riesgo de atribuirles la culpa a ellos. - —Sí, pero algunos de ellos dicen que su compromiso tiene que ser como el de cualquier ciudadano. Otros, en cambio, piensan que el intelectual tiene la responsabilidad del compromiso político por tener un papel distinto al resto. ¿Con quién está de acuerdo usted? - —Yo creo que no existe una regla. Se lo digo con toda sinceridad. Yo elegí una posición. Personalmente siento una gran responsabilidad y, como usted sabe, opté por un compromiso político, pero no sólo eso, sobre todo civil. Hago lo que puedo. Pero ésa es mi posición, mi elección. Y no pretendo con eso que todos seamos iguales. Mire: además la palabra intelectual es muy ambigua. Muchas veces no se sabe qué define. Por ejemplo, un poeta o un escritor, ¿es un intelectual? ¿O lo es solamente un filósofo, o un ensayista de política, o alguien que escribe en los diarios? Entonces, si un poeta es un intelectual, y yo creo que lo es, ese poeta es libre de escribir una poesía sobre un niño muerto en un bombardeo estadounidense o escribir una poesía sobre la luna, o hacer una oda a la zanahoria, como hizo Neruda. También las zanahorias existen. Y si encuentran un poeta que quiere cantarle a una zanahoria, que lo haga. Debe ser libre. Hacia 1997 Umberto Eco escribía en su columna semanal de la revista L'Espresso, unas palabras polémicas con el título "El primer deber de los intelectuales: callarse cuando no sirven para nada". Eco describía como "la actividad patética en este siglo" a la situación en la que frente a cualquier crisis social o política se convoca a los intelectuales a resolverla. Según Eco los intelectuales crean las crisis no las resuelven. Tabucchi resolvió responderle con un artículo de 13 páginas publicado en la revista MicroMega y que un año después fue el ensayo principal de La gastritis de Platón. "Yo reaccioné porque Umberto Eco deseaba imponernos a otros su visión del intelectual. Quería que todos los intelectuales fueran funcionarios de la cultura. Por eso reaccioné. Pero yo no pretendo lo contrario. No pretendo que nadie tenga mis posiciones. Ese es el concepto. En ese caso, hubo una reacción mía porque Umberto Eco escribió que debíamos callarnos. Que todos hablábamos demasiado. Y yo reaccioné porque no me gusta que alguien me imponga silencio. El silencio se impone en el cuartel, de noche con la trompeta. Una trompeta que suena el silencio". El texto de Tabucchi se publicó como una carta abierta a Adriano Sofri, un pensador italiano preso desde 1990 acusado de ser el autor intelectual del asesinato del comisario Calabresi ocurrido en 1959. Tabucchi ha abogado por su inocencia. "Espero que a Sofri le pueda ser otorgado el indulto lo antes posible. El presidente de la República está dispuesto. Pero hay un ministro de Justicia que se opone. Y el ministro debe corroborar ese indulto. Tal vez lo firme. Yo espero que sí. Probablemente pida algo a cambio". - —¿Hay una interferencia de Berlusconi sobre la Justicia, en este caso? - —No lo sé. Son todas cosas que se desarrollan en los bajo fondos, en los sótanos. Eso no lo sé. - —¿Usted espera pronto una Italia sin Berlusconi? - —Berlusconi... Pero el problema no es Berlusconi. Berlusconi es simplemente la personificación de algo que ya existía y que existe. Es decir ya existía el berlusconismo sin Berlusconi. Al igual que en Estados Unidos el problema no es Bush; el problema es el Estados Unidos profundo, analfabeto, fundamentalista, racista, belicoso, místico que naturalmente, en un determinado punto, Bush interpreta como ningún otro. Como político es la expresión del alma de su pueblo en un momento histórico determinado. - —¿Ocurre algo similar en Italia? - —No, lo mismo no. Italia, por suerte, no tiene bombas atómicas y no puede agredir a ningún otro país. No tiene la CIA y no puede ir a trabajar a América latina. No puede instalar ningún Augusto Pinochet, no puede bombardear ninguna casa de gobierno ¿Entiende? Italia es así. Pero Italia, en su historia, inventó cosas, naturalmente, y después las exportó al exterior. Italia es un país muy creativo. No puede invadir otros países pero puede expresar ideas, hacer invenciones y exportarlas. Y no siempre esas invenciones son buenas. Italia inventó muchas cosas buenas, estuvo muchas veces a la vanguardia de lo bello, en muchos momentos de su historia. Pero sucede que un país tan creativo como el mío, a veces también inventa cosas como el consultorio del doctor Calligari. Y como usted sabe, al fascismo también lo inventaron los italianos. No es un invento de Alemania, lo inventó en 1922 un señor que se llamaba Benito Mussolini. Inventó el Estado ético y corporativo: el fascismo moderno. Italia exportó esa idea rápidamente a toda Europa. De inmediato, a Hungría, Alemania, Rumania, Portugal y después a España. Y desde allí se difundió a muchos otros países. Esperemos que Italia ahora exporte ideas buenas. Porque el Berlusconismo es una Weltanschaung, una manera de ver el mundo. Y puede ser que también llegue a exportarla. - —¿Y qué hace la izquierda italiana para combatir o contrapesar al berlusconismo? - —La izquierda es una cosa muy compleja. En este momento, las izquierdas de todo el mundo se buscan un poco a sí mismas, están perdidas. Da la sensación de que olvidaron valores y no son más ideologías, sino otros valores. A veces, puede darse incluso que hasta la izquierda italiana sea un poco berlusconiana y no se dé cuenta. - —¿Y usted se identifica con alguna izquierda italiana? - —¡Ah, no!, mire, para mí ya es difícil identificarme conmigo mismo. Imagínese si me identifico con alguna izquierda. —Y se ríe largamente—. - —Pero seguramente usted está de acuerdo con alguna izquierda italiana y sus exponentes, como Gianni Vattimo, por ejemplo. - —Hay muchas personas, muchos intelectuales de la izquierda que me parecen interesantes, que están trabajando y hacen su aporte, pero repito, el problema no son los intelectuales, el problema son las secretarías de los partidos. Es decir, no es tanto tal o cual filósofo, tal o cual pensador el que va a orientar el voto de masa de una población. Es el representante político de determinado partido, el secretario del partido, el presidente de un partido que después va a los medios de comunicación, a las reuniones en las plazas, a los canales de televisión y que orienta la elección de los ciudadanos. De lo contrario, sería muy optimista pensar que un libro de Vattimo influye a sesenta millones de personas en Italia. Me gustaría mucho que fuera así, pero no lo es. Es más probable que sea un estúpido conductor de TV el que influye sobre sesenta millones de personas. - —¿Y usted se considera un anarquista, como lo han clasificado alguna vez? - —No. Me considero independiente. Sí usted establece una igualdad entre anarquista e independiente, sería su extrapolación. Yo tuve una infancia con una fuerte influencia de un pensamiento anárquico, anarcoide de mis abuelos, etcétera, pero yo personalmente me considero simplemente independiente. - —Desde esta parte del planeta se percibe una Europa que trabaja por su unidad, pero ¿es posible esa unidad con un racismo creciente e inquietante en todo el continente? - —A esta altura la Europa unida es una realidad. El racismo no tiene nada que ver con esta Europa unida. Nosotros tenemos partidos en Italia que son racistas, o que por lo menos expresan una ideología racista y xenófoba pero no creo que eso tenga que ver con Europa. La Constitución europea, el Consejo de Europa en Estrasburgo, en Bruselas no tienen nada de racistas. Es el inicio de una gran unión, también política, pero sobre todo económica que representa una unión de ciudadanos pertenecientes a una misma área cultural y geográfica. Quizá, no le gustamos mucho a Estados Unidos. En suma, también una potencia económica distinta del dólar no le gusta demasiado a Estados Unidos, que es un país al que le gustaría dominar el mundo en forma absoluta. En todo caso, si hay una forma de racismo respecto de Europa, la he visto venir de Estados Unidos. Cuando Francia y Alemania criticaron duramente la invasión de Irak en el Consejo Mundial de la ONU, la reacción de los estadounidenses fue histérica: tiraron al río Hudson el vino Bordeaux, boicotearon todos los productos franceses. Esa es una reacción racista. - —¿Y con George Bush electo de nuevo continuaremos estando en guerra? - —No me parece que Bush sea un hombre muy pacífico —se ríe—. No lo veo como San Francisco de Asís. No sé qué opinión tienen de él ustedes en América latina. A mí me parece una persona que ama mucho las armas... - —Hace poco se dijo que usted iba a venir a nuestro país... - —Mire, a mí me gustaría ir a todas partes. Y hay muchos países que todavía no conozco. La Argentina es uno de ellos. Se han producido varios desencuentros, pero no por culpa de los argentinos sino porque las dos veces que tenía que ir tuve impedimentos y no pude. En suma, ahora espero poder viajar más tranquila y libremente. - —También tuvo un encuentro con el ministro de Relaciones Exteriores Rafael Bielsa. ¿Qué impresión le causó? - —Hablamos mucho de literatura. Sería poco correcto que hiciera consideraciones sobre su actividad política, de la que no sé nada. Pero debo decirle que desde el punto de vista cultural tuve una impresión óptima. Hablamos mucho de escritores que los dos amamos, como Onetti, Borges, Sabato. A su vez, yo siento mucha simpatía por la Argentina en razón de los vínculos culturales que son muy fuertes. Si bien no la conozco personalmente, la imagen que tengo de su pueblo, de su cultura es muy italiana, muy europea y por lo tanto hay una suerte de empatía. Ya veremos, cuando me jubile, entonces tal vez vaya |
03 - Por Daniel De la Fuente -
La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad - De "Sostiene Pereira"
Quizá en esta conversación con el escritor
italiano Antonio Tabucchi (1943) quede mucho por decir, sobre todo que nunca
escuchamos al fondo de los silencios la bellísima canción en voz de Dulce
Pontes, A brisa do coracao, que se deja escuchar para deleite del
público en la cinta de 1996 Sostiene Pereira (1994) del italiano
Roberto Faenza, cuyo autor es el mismo Tabucchi, y donde sin duda el último
de los trabajos en la pantalla grande de Marcello Mastroianni alcanza
niveles de excelsitud. Y es que para algunos, con Sostiene Pereira, el autor de Nocturno hindú, Pequeños equívocos sin importancia, Dama de Porto Pim, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro y Réquiem (escrita en portugués), emerge de la élite literaria para ser considerado de los escritores europeos más conocidos en el mundo, debido a que la historia contiene los elementos necesarios para atraer al gran público, aunque los críticos de Tabucchi han afirmado que la novela no es la mejor que ha escrito. Hombre de obsesiones y esperanzas, amante de Portugal y de su amada Italia; admirador y traductor de grandes poetas como Fernando Pessoa, e intelectual preocupado por la salud del mundo, de la literatura y del ejercicio libre de los mismos escritores, Antonio Tabucchi visitó Monterrey, donde impartió una charla a la que denominó Itinerario Personal, en el que hace un recuento de, a su gusto, los principales aconteceres literarios, ocurridos durante el Siglo XX. Firmeza de sueños
Usted es miembro del Consejo de
Administración del Parlamento Internacional de Escritores que son
perseguidos por sus ideas. ¿Podría hablarme un poco de las actividades que
realizan y hacer un balance de lo que se ha logrado hasta el momento?
“Desde luego que sí,
aunque le recuerdo que también son escritores perseguidos por sus palabras,
no tan sólo por sus ideas (ríe) Ese el problema”.
Sin duda.
“Nuestra principal
preocupación en este momento es crear una red sólida e importante de
protección física en beneficio de los escritores. Durante años nos hemos
dedicamos con todas nuestras fuerzas a difundir nuestro mensaje de
sensibilización hacia la problemática de los escritores perseguidos, pero
nos hemos dado cuenta que las peticiones y contestaciones que hemos
pronunciado sirven mucho, muchísimo, sobre todo para concientizar al
público, pero no bastan. Sinceramente no bastan”.
La labor de la agrupación ha sido
importantísima. Tal vez aquí en México no nos sea tan familiar el tema de un
intelectual perseguido por sus ideas, pero este fenómeno existe, y con mucha
crudeza, en otras latitudes del planeta.
“Exacto. Verá usted, en
cualquier país donde la palabra es perseguida, sea cual sea el método, y por
todas las distintas razones que al que le molestan las palabras pudiera
argumentar, que con regularidad son los que detentan el poder, nosotros
tratamos por todos los medios de estar presentes. Nuestra preocupación en
este momento, como le digo, es proteger físicamente a estas personas y por
lo tanto brindarles la posibilidad de acudir a las denominadas ciudades
refugio, donde estos escritores puedan vivir sin amenazas de muerte,
leyendo y escribiendo, prosiguiendo libremente su vida sin transitar en el
riesgo. Para esto, le digo, se requiere un gran esfuerzo. Firmeza de sueños
le llamó yo”.
¿Esto ha dado ya
resultados?
“Por supuesto, y la prueba
está en que, como usted lo sabe, la Ciudad de México ha sido propuesto como
ciudad refugio para recibir a un escritor serbio, adaptando y
preparando una bella casa como residencia para intelectuales. México, como
siempre, ha dado una muestra más de la gran tradición hospitalaria que ha
mantenido durante décadas, y por la que ha brindado asilo a lo largo de su
historia a muchos escritores, artistas, políticos y pintores que no podían,
por una u otra razón, trabajar con libertad en su país de origen. Ahora, en
Europa contamos con una red de 20 ciudades en distintos países donde los
escritores perseguidos en sus naciones pueden vivir y seguir con su labor
intelectual, con o sin sus familias, siendo esto lo mínimo que podemos hacer
por ellos y su trabajo”.
Magnífico. Digno de
reconocerse.
“La segunda cosa que empezamos a hacer es la
publicación de la revista semestral del Parlamento, cuyo objetivo primordial
es que, desde las ciudades refugio, donde los escritores pueden vivir
plácidamente, también puedan contar con un espacio digno para publicar sus
ideas, puesto que es evidente que no pueden publicar en su país y en muchos
otros espacios. El ejemplo más conocido por todos es el de Salman Rushdie,
pero yo te digo que existen otros más que no pueden abrirse paso en sus
países, y reciben agresiones, pero nosotros estamos al pendiente de los
escritores para que, sin distinción religiosa, ideológica o de cualquier
especie, sean grandes, medianos o minúsculos, puedan escribir y sus palabras
se paseen libremente”.
Más allá de Pereira
Tras la aparición de
Sostiene Pereira, The Times Literary Suplement de Londres saludó
la publicación de esta manera: ‘Just when might have started to think of
him as an elegant dreamer-errant, Antonio Tabucchi has mercilessly opened a
window on the imminent implosion of modern democracy and caught us napping’.
Mezcla de ficción y filosofía, y punto siempre de
referencia, la novela de Antonio Tabucchi transcurre durante la dictadura de
Salazar en Portugal, la Guerra Civil Española y el arribo del Fascismo en
Italia y Alemania, en la que el doctor Pereira, un sensible editor de
páginas culturales que acostumbraba hablar con el retrato de su mujer,
enfermo del corazón y con problemas de peso y excesiva sudoración, halla en
su camino al joven antifascita Monteiro Rossi, quien lo encamina a un duro
replanteamiento sobre la realidad impune que sucedía en su ciudad, mientras
Pereira, engolosinado en que el joven escriba artículos para su sección,
reflexiona a su vez sobre el uso que puede tener la literatura desde un
discurso ético y moral.
“No podría decirle que soy
alguien distinto después de la aparición de Sostiene Pereira, porque
no he variado mi modo de vida, ni mucho menos la manera de hacer literatura:
sigo con mis cursos en la universidad y mi poética continúa intacta, sin
grandes virajes. Lo que sí le puedo confirmar, todavía con sorpresa, es la
aceptación que ha tenido la novela, aun y cuando después de ésta publiqué
otra, Sueños de sueños, donde, me parece, no existe ningún tipo de
eso que han llamado compromiso que en Sostiene Pereira se
determina como una suerte de distinción o variación de mi manera de ser y
escribir, lo que no me place mucho, porque ni siquiera veo esa diferencia
que algunos dicen haber advertido”.
¿Ha imaginado lo que
hubiese sucedido si en su historia no se cruza, frente a Pereira, Monteiro
Rossi? ¿Existe la posibilidad de imaginar la historia sin esa frase tan
conocida ‘usted que conoce a todo el mundo’ con la que trataban de adular a
Pereira y anexarlo a las filas de la disidencia?
“Es difícil. Lo ignoro,
porque fue Monteiro quien, con su muerte, acabó de abrirle los ojos a
Pereira, obligándolo a vivir de otra manera los últimos días de su vida.
Pero déjeme decirle algo: si ve o lee más en Sostiene Pereira, éste
no hace una cosa muy heroica que digamos, sino algo que es de antemano
común, normal diría yo, y me parece que su opción, la opción que Pereira
toma a fin de cuentas, imprimir sin el consentimiento del director y la
censura la noticia de la muerte de Monteiro a manos de la policía en el
diario en que trabajaba, es una opción pequeñita, mas enorme al mismo
tiempo, porque dice lo que piensa. Así, sin grandes explicaciones, Pereira
tiene finalmente la valentía y el coraje para decidir, nada más. No es un
gran héroe por ello. Pereira simplemente hace su deber”.
Pero de qué manera.
“Pues sí, pero es que también resultó una
historia como las que me gustan, de lado de los perdedores, de los que
siempre están en busca de algo, de los extraviados, voz de los perros. De
eso hablaré un poco en mi conferencia de hoy: de los que se buscan a sí
mismos a través de los demás, porque ¿cómo puede el hombre ser optimista en
estos tiempos, siglo absurdo el que vivimos, sin duda. No, yo no. Prefiero
el escepticismo a hacer mis personajes sobre la imagen de los que siempre
terminan dando falsas conclusiones, renunciando a grandes ideales”.
Hombre incierto el de
hoy:
Tabucchi y su relación con Fernando Pessoa
Pero la vida era la
vida y sólo era la vida.
—Todavía más allá del
otro océano, Coelho Pacheco
La visita de Antonio
Tabucchi a México se debió a dos razones: para visitar viejos amigos (a los
que, por cierto, les negó en repetidas ocasiones que hubiera alguna
rivalidad entre él y José Saramago), y para leer un cuento inédito sobre el
París de su adolescencia. De esta manera se pudo comprobar que, en el oscuro
traspatio del relato, persisten los recuerdos del joven que le escribía a su
padre sobre ‘lo bien’ que la pasaba de oyente en la Sorbona, sus
andanzas por los bares y cineclubes de la Ciudad Luz, así como la imagen del
tío paterno que lo introdujo al teatro y la literatura. Amor y andanzas, que
lo llevaron a Portugal para encontrar, hace tres décadas ya, a su esposa,
así como a la ciudad y al poeta que han ocupado hasta la fecha su mente y
corazón. La ciudad fue Lisboa y el poeta, Fernando Pessoa.
Antes de que olvide la pregunta, ¿tiene
expectativas de volver el cine, después de Nocturno hindú y Sostiene
Pereira?
“Las otras fueron siempre
sorpresa, lo que me gusta más porque es evidente que cuando el escritor
trabaja una novela no está pensando llevarla a la pantalla grande, sino a
las páginas. Ahora no han surgido nuevas propuestas, sé que hay directores
interesados en mis obras, pero hasta el momento no hay nada de importancia.
Como le digo, me gustan este tipo de oportunidades porque es una forma de
curiosidad, de verificar lo bello que puede ser que de un lenguaje
artístico, una obra pueda transitar y deambular libremente hacia otro
lenguaje. Cuando sepa de algo interesante, yo le digo (ríe)”.
Llega a Portugal en 1964,
cuando la dictadura de Salazar se encontraba en su peor momento.
“Sí, una época terrible,
pero en la que tuve grandes amigos allá: Alexandre, Asís, Isabel y Ruy. Allá
situé la habitación de Pereira, pero mire, créame, y lo voy a decir sólo
esta vez porque con frecuencia me hacen la misma pregunta: si literatura y
ciudad son importantes, las personas vivas son lo más importante. Un libro o
un poema pueden elevar o contribuir a elevar un país (podemos reivindicar
cuanto antes el derecho de soñar, ¿por qué no?), pero las personas son lo
primordial. Un poema puede sugerir la visita a un país, una ilusión también
la puede sugerir, pero lo importante es que el hombre que nutre a estas
alturas de los tiempos sus ilusiones, ese hombre que camina por las calles,
sean de Lisboa, Florencia, qué sé yo, ese hombre sigue siendo un hombre
libre. La literatura no basta, debo ser sincero, incluso ante el amor y la
simpatía que le tengo a la literatura portuguesa, porque ninguna es tan
bella o metafísica como para convencer totalmente a una persona o enamorar a
todo un país (digo a todo, porque me refiero estrictamente a todos sus
habitantes). Lo mejor es la amistad que se da entre los hombres, y lo más
admirable es el hombre que, solo, se busca a sí mismo en el laberinto, y que
a pesar del azar, decide cambiar su vida, sin ayuda de nada, llámese
literatura o nación”.
Ante ese heroísmo del
hombre moderno, me recuerda su educación francesa.
“Parte es un recurso,
parte es de lo que he vivido, porque digamos que a cierta altura he tomado
una dirección enriquecida por esta educación, y que sin ella no sería el que
soy y no hubiese escrito los libros que tengo escritos, como así el discurso
sería distinto de haber estudiado astronomía como deseaba en mi niñez, y por
lo tanto, no estaríamos hablando usted y yo de literatura en este momento”.
Y sobre Pessoa, ¿qué le
queda por agregar?
“Creo que nada. Es el
poeta que conocí cuando encontré a orillas del Sena su libro Bureau de
tabac, pero en el que además de sus heterónimos (Alberto Caeiro, Ricardo
Reis, Alvaro de Campos, Coelho Pacheco) se encuentra el hombre de la
grandeza y la excelencia poética que luchó contra su soledad casi metafísica
y en el extremo de la pérdida de una identidad que era sustituida siempre
por otra, por otra. He disfrutado traducir a Pessoa, leerlo, como leer a
Stendhal, Flaubert, Pirandello, Joyce, Sciascia, Machado, Borges. Es la
familia de escritores a la que siento más próxima, a la que más quiero.
¿Dónde deja a Rulfo?
“No diría Juan Rulfo, sino
más bien Pedro Páramo, por su mundo fantasmal y simbólico. Fantasmas
que son presencias, que son aterrizadoras de aciertos y a la vez subjetivas.
Tengo a Pedro Páramo en el imaginario personal como una obra grande
de la cultura antropológica”. Pessoa escribió: Vivir es no conseguir. ¿Cierto?
“Considero que ésta es una
meditación muy personal de Pessoa. Como ya le dije, la vida es ilusión, pero
también es libro y escritura. Sin embargo, mi vida está hecha principalmente
por las personas que encontré, las opciones que preferí y los hijos que
hice. Los libros son parte importante de mi vida, pero recuerde, no son la
vida. La vida es ilusión. Ilusiones que, quien las pierda, hombre incierto
será, como el de hoy, como el de ayer. Cuidado con eso, hay que evitar
siempre perder las ilusiones”. Son las que nos ‘sostienen’.
Así es.
Ya estoy tranquilo. Ya
no espero nada. Ya sobre mi vacío corazón
desciende la
inconsciencia agraciada
de no querer una
ilusión. Pessoa, 1935 |
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