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Adrián Schinoff
Francisco Marzioni
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Entrevistas a Joaquín Sabina . Sting . Luis Alberto Spinetta  

0205 - Rafaela, Argentina
“Los músicos tenemos el compromiso de devolver lo que nos dieron"

La cita era en 356, el domingo al mediodía. Esperaba encontrarme con una especie de leyenda rosarina: el tecladista que tocó en 19 días y 500 noches, tal vez el mejor disco de Joaquín Sabina. Sorprendentemente encontré a un músico interesantísimo que tiene nombre propio, y apellido: Adrián Schinoff. Cruzó la barrera de los treinta años viviendo en España tocando el teclado con artistas tan disímiles como Martha Sánchez y Luis Salinas. El fin de semana pasado estuvo de visita en nuestra ciudad, de la mano de la cantante rafaelina Natalia Pellegrinet, con quien está trabajando ahora.

Adrián está cómodo. Mira por la ventana del primer piso y le da esporádicos sorbos a su capuchino, mientras charla animadamente con Natalia. El día nublado pero luminoso auguraba una tarde espléndida. Tal vez un poco cool, pero no el de MTV, sino el de Miles Davis.

¿En qué te sentís más cómodo, como sesionista de un artista, o siendo vos el artista?

“En la de artista, totalmente. Porque no hay límites, de la otra manera uno está atado a cumplir con un trabajo, con una función. Acá no tengo que cumplir una obligación con nadie, si mi tema les gusta o no a la compañía. Pensar si la letra va a quedar bien! No, esto es mucho más... honesto, digamos.”

Es notable la carrera de Adrián Schinoff como músico sesionista en Argentina y España. Lo contaron entre sus filas, ya como tecladista o como productor: Fabián Gallardo, Rescate, y el Operación Triunfo 1 y 2. Sí, digamos que Adrián podría ser un joven Rubén Goldín, pero en España. “Me gusta mucho como canta Goldín” diría luego al hablar de sus influencias.

“En este disco empecé a cantar. Muchos años hice coros con Fabián (Gallardo), tocando teclados también. Pero cantar es impresionante, es increíble lo que te genera cantar. Y me llevó mucho tiempo aceptar mi voz”.

El disco del que habla es Adrián Schinoff y los salvavidas, de próxima edición en la patria que adoptó, y si es posible en Argentina.

“Argentina –espero que esto no se lea en España (risas)- es un país mucho más abierto, más libre, con músicos más libres y creativos que los españoles, más libertad para tocar y componer. En España no ha evolucionado mucho el pop desde los últimos 25 años, entre un disco de los ´80 y uno del 2005 no hay mucha diferencia, salvo el sonido de la batería: no se han arriesgado mucho, tal vez por la poca costumbre de escuchar música de otros lados, en cambio Argentina  escucha música de Inglaterra, Estados Unidos, Brasil. Hay un pop muy básico, Calamaro rompió con ese Standard, por eso tuvo mucho éxito. Y el español respeta mucho al músico argentino, porque sabe que tiene mucha data en la cabeza.”

“En el disco hay un solo tema que es instrumental, el resto son canciones. Me llevó 33 años llegar a la canción, antes era más instrumental, más fusión, me gustaba mucho tocar el jazz. En este disco empecé a cantar.”

La palabra data sobrevuela durante toda la entrevista. Una palabra adoptada de la informática, con la que se lleva muy bien. “Amo el protool, soy fanático de él” diría luego, esa noche, en la cena. Adrián tiene un estudio en su casa donde graba sus demos, sus maquetas, toda su música, y tiene computadoras portátiles y teclados para poder viajar con ellos y continuar haciendo música, vaya donde vaya. Con este equipamiento no sólo grabó su música, sino también al músico brasilero y amigo personal Gladstone Galliza.

“Hay que empezar a borrar de las cabezas el miedo de que de la música no se puede vivir. Y el segundo gran miedo es que de la música propia no se puede vivir ¿Por qué? Imaginate si el Flaco Spinetta no hubiese hecho música, hubiera dejado un bache imposible de llenar. Lo que el Flaco no dijo, nadie más lo puede decir. No hay nadie parecido en el mundo al Flaco Spinetta. Stevie Wonder hizo un género que se llama soul, B.B. King es el blues, Frank Sinatra es el jazz. ¡Mirá si no hubieran tenido los huevos de decir Yo quiero vivir de la música! ¡Todo lo que no hubiera pasado! Tenemos el compromiso de devolver lo que nos dieron.

“Como dice Luis (Salinas): cuando uno nace, de arriba te dicen: vos sí, vos... no....vos con la música muy bien. Creo que hay algo de nacimiento. Hay un pibe que tiene 5 años y toca re bien la batería.. si ese pibe no nace con eso...¿de dónde lo saca? Pero si tiene talento, tiene un compromiso: estudiar, esforzarse, tener un buen instrumento. Tiene que devolver eso.”

Tal vez algo de eso hay en el trabajo de productor. Adrián produce no sólo a las grandes y mediáticas estrellas de Operación Triunfo, sino que su corazón musical y sus verdaderas ganas de producir música se canalizan a través de los amigos talentosos que tal vez no tienen muchas oportunidades de grabar un disco. Ahí es cuando Adrián llega, con sus ganas, su simpatía y su enorme talento y voluntad. ¡Sin olvidar su teclado Korg y su Protool! Una de estas músicas talentosas que trabajan con él es la rafaelina Natalia Pellegrinet.“Naty es una cantante que ¡ojo! hay que esperarla, hay que atender a lo que pase con ella!” –avisa, misteriosamente.

Adrián, ¿Qué lugar ocupan las mujeres en la música? ¿Partícipes directas o sólo musas?

Y... en este mundo machista, ocupan el lugar de musas, pero yo siempre trabajé con mujeres, nunca me gustó pensar que la música es masculina. De hecho las canciones de amor están inspiradas por musas –al menos los que componemos masculinamente- pero para mí las mujeres cumplen tranquilamente los dos roles.

Entonces.. ¿existe la musa? ¿existe la inspiración repentina? ¿o es sólo trabajo?

“El otro día lo escuché a Dolina y le preguntaron por qué escribía tan pocos libros, y dijo principalmente porque soy muy vago. Si uno se sienta 8 horas a escribir algo sale, la inspiración viene cuando uno se pone a trabajar. Pero el músico tiene siempre esa puerta abierta, a que venga la inspiración, pero el trabajo es fundamental... ponerte a hacer algo para que venga la data. Lo mejor es que la inspiración te asalte con el instrumento en la mano y el rec puesto.

“Yo supuestamente soy tecladista, pero hace ya tiempo que dejé de serlo, ahora soy músico. Cuando empezás a componer ya dejás de pensar en tu instrumento, cuando empezás a cantar empieza a pasar más todavía. Cuando empezás a producir... ¡se pudre todo! Empezás a pensar la música como una cosa que pasa ahí, que sucede.”

Sin dudas el artista, en el mundo de Schinoff, es un ser libre, atado sólo a su talento y a sus ganas de trabajar y de producir su propio arte. Adrián tiene un disco en su mochila, un disco propio que compuso, que arregló que produjo, tocó, grabó, y que ahora espera editar. Pero no se prepara para entregar su disco al devorador mercado de la música, sino que, como un verdadero artista, espera que su obra sea respetada. Adrián conoce muy bien el mercado de los discos en España, y sabe bien que agradar a las discográficas no es el mejor camino para llegar al arte masivo.

“El músico no se arriesga para que la compañía lo acepte, la compañía no arriesga para que el público lo acepte, es como un círculo vicioso del que nunca se puede salir. Las compañías quieren fórmulas que ya están probadas y generalmente no arriesgan nada. Allá está sonando Jorge Drexler, que es una fórmula arriesgada para compañía, pero es un músico alternativo, no como Sabina o Calamaro. Es un círculo que nadie quiere romper.

Allá se edita un disco antes del verano y se hace una gira durante toda la temporada. En verano laburás, y en invierno grabás un disco, es una fórmula que dura todo el año, un mecanismo perfecto. Se sale desde Conde Casal, que es un lugar donde salen todas las giras de Madrid, con las mismas 3 compañías de managment. Hay esquema planteado que es clarísimo.”

Así y todo, en España Adrián está cómodo. A los 27 años tomó el avión, y ya nunca volvió a erradicarse en nuestro país. “Fue tomar un avión, y no irme de vacaciones, a gastar plata... me iba a trabajar de músico. Y pensé. ¡Mirá todo lo que me da la música! Te produce mucha data, -mucha información- dedicarte a lo tuyo. Ahí me di cuenta que fue importante renegar con mis familiares y hacerme caso a mí. Ahí es donde cayó la ficha . Y dije: Vamos.”

Y así, apagamos el grabador para tomar otro café, charlar de otras cosas. Pero por un rato me acordé de ese periodista que quería encontrarse -hacía ya una hora- con el tecladista de Sabina. Me acordaba de ese periodista que esperaba escuchar anécdotas sobre la grabación de 19 días... Quise ir y preguntarle cómo estaba. Resultó que, de a poco, estaba descubriendo a un compositor, un productor, un tecladista y, sin dudas, una magnífica persona. Un músico llamado Adrián Schinoff.



Adrián Schinoff


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