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| Guillermo Cabrera Infante Vida y Obra | Entrevistas a Alejo Carpentier . Joaquín Sabina . Volodia Teitelboim . Antonio Tabucchi |
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Fuente Revista
Arquitrave - Por
Haroldo Alvarado Tenorio En los últimos días de febrero, visitó Bogotá Guillermo Cabrera Infante, el conocido autor de Tres Tristes Tigres, novela considerada el paradigma de la nueva narrativa latinoamericana. Recientemente apareció la que es, hoy por hoy distinguida por la crítica unánime como su obra maestra: La Habana para un infante difunto. La Habana como la llamaremos de ahora en adelante, cuenta la vida erótica de un adolescente, y luego de un hombre joven, en La Habana de los años cuarenta y cincuenta. Es, por tanto, una Habana difunta, la de los recuerdos de Cabrera infante, difunto muchacho de un reino que ya había inmortalizado en su obra anterior. De esa obra y mucho más de la reciente, conversó G.C.I. con el autor de esta entrevista, concedida excepcionalmente, ya que el prestigioso autor cubano, que vive ahora en Londres, no responde sobre estos temas sino por escrito. ¿Qué relación hay, en su obra, entre experiencia y literatura? En realidad es una pregunta compleja. Me gusta que me
hable de experiencia y no de experimento que es una palabra que yo detesto
con respecto a la literatura. Yo trabajo poco con experiencias, para mí ese
cliché de la agonía de la página en blanco no existe, porque yo
fundamentalmente con lo que voy cubriendo la página es con recuerdos, todos
esos recuerdos han sido facilitados por la memoria, y la memoria, como usted
sabe, es una traductora y a veces una intérprete, intérprete en el sentido
de interpretar un lenguaje en otro, una intérprete muy fiel. Yo acepto que
es un inconveniente, pero eso me garantiza que tenga una base primera, un
fundamento sobre el cual trabajar más tarde. Entonces en realidad la
experiencia o las experiencias están siempre limitadas por arbitrio del
recuerdo, pero, finalmente, yo no voy en busca del tiempo perdido sino del
espacio a encontrar, que es el espacio lingüístico, que es a veces oral o
simulacro de oralidad como ocurre en T.T.T. o es un espacio dado como en La
Habana. Leyendo en La Habana para un infante difunto, las primeras ciento y pico de páginas se percibe un tono autobiográfico que desaparece después … Bueno, en realidad estas ciento y tantas páginas de La Habana juegan el papel del maestro de ceremonias en T.T.T., eso es exactamente un prólogo, una presentación, que es algo más difícil de describir pero que parece una verdadera metamorfosis, hay una localización suya en un tiempo histórico-humano, hay una presentación de un local absolutamente extraordinario y desconocido para el narrador, como es el solar habanero. Ese extraordinario falansterio. Ese descubrimiento de La Habana primero que nada que él realiza en esas ciento veinte páginas, está el descubrimiento del lenguaje de La Habana que él tiene que aprender como si estuviera en tierra extranjera y está, además, muy importante, el descubrimiento del sexo. Después de publicar La Habana, de haberla escrito y decidido publicarla ¿cómo ve usted , cómo leería T.T.T.? ¿cómo la arqueología de La Habana para un infante difunto? No, es un libro. T.T.T. es un libro que siempre pretende o quiere dar a entender que pretende una aspiración constante de oralidad. Si se da un estudio bastante minucioso del texto, se demostraría que esto es falso porque el texto se presenta en ocasiones como eminentemente escrito, esta oralidad es falsa, esta exaltación de un dialecto es inútil porque en realidad todo es una gran construcción verbal, se puede decir que nadie hablaba así en la Habana. Es el autor el que está haciendo ver que la gente hablaba así. Esa es una lectura posible de T.T.T. Veo el libro no como algunos que pretendían era el comienzo de algo, sino como el fin de mi relación con las posibilidades de la escritura dialéctica, y en ese sentido quiero decir de dialéctico. Además hay una constante preocupación por una organización musical del texto, bien sea porque uno de los protagonistas del libro es un músico, otra porque uno de los grandes manes del libro es una cantante, siempre la música popular está presente en el libro y su exaltación es extraordinaria, cosa que no ocurre en La Habana. ¿Qué relación ha tenido con Conrad, Nabokov y Borges? Yo soy un gran admirador de Conrad por lo que diviso fue
una hazaña literaria. Conrad era un hombre de una enorme valentía personal y
es curioso que estos tres escritores mencionados son escritores de un gran
coraje tanto personal como intelectual. Conrad lo que hizo fue, después de
hacerse embarcado en muchas aventuras físicas, se embarcó en una última
aventura, que es la aventura del lenguaje, cómo él llegó a conquistar el
idioma inglés, que es un idioma desordenado, caótico, con más excepciones
que reglas. Yo nunca me lo explicaré, porque además él comenzó muy tarde, él
no tenía una base inglesa, de haber aprendido inglés cuando niño como
Nabokov, y Conrad lo hizo admirablemente. Su inglés no es que sea impecable,
es un inglés creador, a mi no me interesa si él comete faltas o si hay
frases que no son gramaticalmente correctas, eso es lo de menos, Faulkner
está lleno de incorrecciones gramaticales, eso no interesa para nada a la
literatura, la gramática es una cosa, la literaura es otra. Pero no puedo
decir que Conrad haya tenido en mí una influencia porque mayormente la de
Conrad es una literatura de aventuras y hacia el final de su vida es una
especie de literatura introspectiva que va a recordar algo que él rechazaba
profundamente: el alma eslava. El decía con toda razón que no era ortodoxo,
que era un polaco y que era católico en vez de ortodoxo, pero sin duda está
presente, bajo los ojos de Occidente es una novelística eslava, y a mí
francamente este tipo de novela no me interesa para nada. Borges siempre tiene esas actitudes de modestia, que bien
examinada se muestran como falsa modestia. Yo estoy seguro de que él
íntimamente no se encuentra indigno de ningún escritor del siglo XX, él
podrá encontrarse indigno de Shakespeare porque todos nos encontramos
indignos de él, pero no estoy seguro de que se encuentre indigno, por
ejemplo, de Nabokov, a quien yo tiendo a considerar como mejor escritor que
Conrad. Sí hay una conciencia, es decir, en Conrad había una conquista del
lenguaje, en Nabokov hay una conciencia del lenguaje, hay un uso de la
parodia, un uso de ciertos recursos retóricos tomados como un gran grano de
sal. Pero a mí realmente lo que sí me interesa es Conrad, es su gran triunfo
en el aspecto literario, cómo él logró imponerse en una sociedad
absolutamente extraña, y una sociedad que en esa época era muy realmente
enemiga de los extranjeros. Bueno, yo no tengo evidencias de eso, yo no puedo acusarlo de semejante uso. Lo único que tengo es el conocimiento de Cortazar no como escritor, yo conocí a Cortazar en el año sesenta y dos porque amigos habaneros lo habían conocido en Cuba e insistían en que yo lo conociera … y cuando lo conocí él no había publicado Rayuela entonces yo si le lleve un ejemplar de Un oficio del siglo XX y a él le gustó bastante y me dijo: ¡ah, que bien estas colecciones! Y me mencionó dos o tres autores que han hecho semejantes sacos para meterlo todo, pero yo creo que en ese tiempo ya Rayuela estaba en la imprenta o por lo menos terminada. Yo no creo en su afirmación de que no haya leído Paradiso. Le puedo confesar que yo leí exactamente diez páginas de Paradiso y la encontré absolutamente impenetrable. Sin embargo yo soy un gran lector de la poesia de Lezama y ésta aparece citada muchas veces en La Habana, versos enteros. Recientemente he escrito un largo ensayo sobre Lezama Lima y Virgilio Piñero, una biografía a dúo, se titula Vidas para leerlas … ¿Cuál es su relación con los clásicos griegos y los romanos? En el bachillerato yo era un buen estudiante pero en realidad un pésimo oyente de clases, yo me leía el texto un poco antes de entrar al examen y como la mayor parte de los estudiantes lo regurgitaba todo en la mañana del examen. Pero un día estaba en una clase de literatura clásica con un profesor que era un hombre extremadamente afectado y hasta distante, un poco amanerado al hablar, y empezó a hablar de Ulises y llegó a la parte en que Ulises regresa a Itaca y de como sólo es reconocido por su perro, Argos, quién al reconocerlo muere. Entonces yo tenía un perro, yo era un gran amante de los perros y a mí me conmovió profundamente este relato y fue para mí un verdadero cambio de vida. Ahí fue donde yo empecé a interesarme por la literatura. Fui a la biblioteca y pedí La Odisea, me la leí completa, me leí también La Iliada que me pareció, contra muchas opiniones contrarias un libro inferior a La Odisea, es decir a mí no me interesaba nada Aquiles, me parece un personaje repulsivo, lleno de ira, un ejemplo de héroe negativo. Pero Ulises me pareció un héroe extraordinario, me gustó mucho su astucia y su relación con dos o tres mujeres del libro, concretamente con Naussica y con Circe y menos interesante con Penélope, porque Penélope representa la vida doméstica, y allí empecé a leer. ¿Cuál sería la relación entre Tristan e Isolda, Trópico de cáncer y La Habanera para un infante difunto? Yo no puedo hablar de Trópico de cáncer
porque nunca lo he leído. Pero es interesante que señale lo de Tristan e
Isolda, porque es una leyenda que me interesa profundamente. Yo me he leído
casi todo lo que hay sobre Tristan e Isolda, inclusive me compré antes de
venirme para acá un libro que no he terminado de leer. He viajado a los
sitios donde supuestamente se desarrolla la leyenda, donde todavía se
conservan los nombres celtas de la época donde se supone ocurrió. Para mí es
una de las grandes invenciones literarias y míticas de Occidente, además hay
citas textuales en La Habana de Tristan e Isolda. Terminemos entonces hablando de Kafavis … |
96 - Fuente UCM
Espéculo -
Por Yolanda Delgado Batista
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0402 - Por Ignacio Buquete - Según el escritor cubano, ganador del Cervantes, hablar del continente como una unidad crea confusión, ignorancia y racismo.
Guillermo Cabrera Infante es, desde hace tiempo, uno de los nombres dorados del panteón literario hispanoamericano. Su novela Tres tristes tigres, publicada a mediados de los años sesenta, lo convirtió en un escritor imprescindible para entender el ritmo cotidiano de su Cuba natal y, de modo más general, para descifrar buena parte de las particularidades ficcionales del continente.
En 1997, el autor de Vista del amanecer en el trópico obtuvo su consagración definitiva al recibir el prestigioso Premio Cervantes. Amante del cine y la literatura por partes iguales, es su perfil político, a veces contradictorio, el que termina de esbozar las características propias del personaje que él mismo se encargó de delinear. En pocos días, el 22 de este mes, Cabrera Infante cumplirá 72 años. Una vez más, festejará su aniversario en Londres, ciudad en la que vive desde 1965, cuando decidió abandonar la isla luego de enfrentarse públicamente con el gobierno y la figura de Fidel Castro. El exilio, un tema que volvió a cobrar espesor en la Argentina desesperanzada de principios de este siglo, es para él una cuestión ontológica. "Cuando regrese a Cuba, si regreso, seguiré siendo un exiliado", asegura.
Hijo de una pareja de activos militantes del Partido Comunista Cubano, se mudó de Gibara a La Habana a los 12 años. Ya en la capital, firmaba sus reseñas cinematográficas con el nombre de G. Caín para burlar a los censores del dictador Fulgencio Batista. Años más tarde, participó en las políticas culturales durante el primer lustro del gobierno de Castro, pero se opuso luego al régimen comunista y se asentó definitivamente en las tierras de Lawrence y Orwell.
-¿Qué noticias tiene sobre la crisis socioeconómica e institucional que vive actualmente nuestro país?
-Todas las noticias que trae la TV sobre las crisis son alarmantes. La crisis de una nación tan grande, con tanta riqueza natural, con gente que creía en la civilización, se explica solamente por la intervención del general Perón. Fue un fascista y un demagogo que creó a Evita, una demagoga populista: después de ellos vino el diluvio peronista. Las inundaciones de ahora no son más que efectos de aquella causa. Mientras en la Argentina el peronismo sea una fuerza política y, para algunos, histórica; mientras no sea extirpada esa malevolencia como lo fue el nazismo después del suicidio de Hitler; mientras la sombra de Perón o de Evita sean como el fantasma que fue el comunismo; cuando LA NACIÓN sea de veras democrática y no se elijan presidentes por decreto seudo parlamentario; cuando los argentinos aprendan que además de cacerolas tienen voz y voto para expulsar a todos los mercaderes del templo de LA NACIÓN, de la historia argentina y de la política autoritaria que la rige todavía; mientras no ocurran estos cambios en el alma argentina, no habrá democracia justa y justiciera, al revés, precisamente, del justicialismo.
-La clase política argentina ha sido duramente cuestionada. En un artículo periodístico, Mario Vargas Llosa sostiene que usted coincidiría con la siguiente frase de Borges:"La política es una de las formas del tedio". ¿Está de acuerdo con esa afirmación? -Borges no es sólo un gran escritor, sino el escritor más importante de la literatura en español desde la muerte de Calderón en 1681. Además, siempre estuvo en lo cierto, hasta en sus errores. Como lo vio bien Adolfo Bioy Casares, es el único ejemplo posible.
-¿Cómo interpreta a aquellos que lo siguen criticando por su posición anticastrista? -Aún hay admiradores de Hitler y gente que todavía cree en Stalin. Ya lo dijo Orwell: "No hay que vivir en un país totalitario para ser totalitario". Un escritor español me llamó el Anticastro. Ese nombre es para mí un timbre de honor, aunque sea un apelativo controlado.
-¿Cambió en algo la política de Fidel Castro en los últimos tiempos?En otras palabras, ¿volverá a Cuba algún día? -Los chinos creen en el dragón aun en sus diversas versiones. Además, declaran que lo más peligroso del dragón es su cola. Volvería a Cuba desaparecido el dragón, muerto aun de muerte natural. Pero, ya lo he dicho, no en el primer avión.
-¿Cuál es su versión del boom? -El boom como título, nombre o mero ruido de tripas, fue emitido por Emir Rodríguez Monegal desde su revista Mundo Nuevo, en 1967, en París. Después fue recogido por el semanario Primera Plana y finalmente adoptado por muchos como un paréntesis histórico conveniente para abarcar a muchos autores (los autores primero) y muchos libros(los libros después, para que el lector no se espante ante la explosión que se convirtió en explotación).
-La crítica y el público asocian su nombre al grupo de escritores latinoamericanos que cobró fama durante los años sesenta, aunque usted ha rechazado toda filiación con el movimiento. -Nunca formé parte del Club Boom porque era una institución creada en Londres a semejanza de los clubes de caballeros. Esta vez literarios; esta vez no demasiado numerosos; esta vez, como un club más, cerrado a todas las admisiones, léase misiones, que no estuvieran de moda: la literatura latinoamericana, la revolución cubana, la hagiografía de los nombres. La respuesta a la pregunta en concreto apareció en mi libro Mea Cuba, pero antes fue publicada en forma de entrevista en Primera Plana, el 30 de julio de 1968. La certeza o la fijeza de mis opiniones de entonces pueden ser cotejadas o contrariadas con mis respuestas de ahora.
-Carlos Fuentes habla de un boomerang actual que continuaría al boom de los años sesenta. ¿Cree usted que existe actualmente una camada de escritores representativos del continente? En repetidas ocasiones, usted ha dicho que no existe América latina como unidad... -Recuerde que "camada", según el Diccionario de la Lengua Española quiere decir "cuadrilla de ladrones o de pícaros". Si se refiere a generaciones literarias, recuerde que las generaciones van y vienen, pero la literatura siempre permanece. Por otro lado, no soy un ciudadano de América latina porque ese continente no tiene contenido. Es, como Erewhon, el anagrama de nowhere, o como Utopía, ambos conceptos inventados en Inglaterra, que literalmente nombran el lugar que no existe. América latina no ha existido nunca. Se trata de un continente (y medio) donde no se hablan solamente lenguas romances, como en las regiones de América donde se habla guaraní, quechua y hasta papiamento. Este desdichado mote, Latinoamérica, sólo crea confusión, ignorancia y racismo. Las pretensiones de ser latinoamericano (latin, en Estados Unidos) corren parejas con la usurpación de identidad. Aunque concedo renuente que abundan los "latinoamericanos profesionales".
-Suele mencionar a Borges, Bioy Casares y Manuel Puig entre sus influencias. ¿Cuál es la importancia de la literatura argentina en su formación? -Desde que empecé a leer literatura como un arte posible pude distinguir a la literatura argentina como la más creadora de América del Sur. No sólo sus escritores, sino también sus traductores fueron para mí una fuente lejana pero próxima. No sólo Borges traduciendo la primera novela de Faulkner que leí, sino los humildes y casi anónimos traductores de Joyce, de Hemingway, de otras novelas de Faulkner, de los cuentos maestros de Erskine Caldwell. Mi Ulises fue argentino cuando lo leí en 1946. Leí God«s Little Acre, de Caldwell, cuando fue La chacrita de Dios. Yo hubiera escrito finca, pero entendí perfectamente lo que quería decir "chacra". Los regionalismos no me impiden la lectura, creo que la enriquecen.
-Vargas Llosa aseguró que "el humor, el juego verbal, el cine, una nostalgia por una ciudad que tal vez nunca existió" son los ingredientes principales de la obra de Guillermo Cabrera Infante. ¿Considera que esa lista olvida algún otro elemento? -Oh sí, el amor. Y el amor por la verdad. Recuerde que Veritas vos libertabit (la verdad nos libera).
-Hace ya varios años que trabaja en La ninfa inconstante. ¿Por qué ha tardado tanto tiempo en terminarla? Usted hablaba de una "metafísica política" que le impedía continuar con su trabajo... -El libro es una memoria que acaricio (el recuerdo, como una amante) desde hace décadas, pero lo comencé a escribir en 1995. Como siempre, tomo notas para, como dice Lewis Carroll, "no olvidarme de los momentos inolvidables". Cuando tomé el manuscrito en las manos, tenía más de 500 páginas de notas, cuando creía que tendría no más de 200. La compilación la he interrumpido por otras recopilaciones: Cine o sardina, Todo está hecho con espejos, Puro humo y, sobre todo, la reedición de Mea Cuba, que es más metafísica que física de la política.
-Considerando su pasión por el cine, ¿por qué nunca se dedicó a filmar? -Fue el inolvidable Manuel Puig quien dijo: "Delante de la pantalla, todo. Detrás de la pantalla, nada". Ese es también mi lema.
-Si usted estuviese a cargo de la realización de una película sobre su propia vida, ¿a quién elegiría como director y a quién como protagonista? -Entre mis muchas manías, recuerde que el psiquiatra me diagnosticó como maníaco-depresivo, no está, afortunadamente, la megalomanía |
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