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La Guerra del Agua
0305 - Fuente
Red Voltaire - Por
Sergio Ferrari - Si existe un desafío esencial del ser humano
en la actual etapa histórica, es salvar la ’casa común’, es decir la tierra.
Eso significa, implícitamente, liberar al hombre de un sistema que
’paradójicamente, y esto es nuevo, ha creado todos los mecanismos para su
autodestrucción’. Así lo define con la simpleza del pedagogo y la claridad
del militante, el Teólogo brasileño Leonardo Boff, en esta entrevista
exclusiva, donde el presente y futuro del alter-mundialismo no quedan afuera
Leonardo Boff
Pregunta:
Cada vez más el Planeta enfrenta una polarización creciente, casi sin
retorno?
Leonardo Boff: Da la impresión que las
fuerzas dominantes nos llevan a un caos
sistémico. Lo grave es que el sistema ha desarrollado el principio de la
auto-destrucción. Eso no existía antes en la humanidad.
P:
Lo dice por las guerras? ¿o es algo
más amplio?
LB:
Hay quienes bajo la hegemonía de la potencia militarista dominante, quieren
desarrollar una guerra infinita y para ello han montado una máquina de la
muerte. Pero son cobardes, porque lo hacen contra los débiles como Irak o
Afganistán. No lo pueden hacer contra China o
Rusia porque eso sí sería el fin cercano de
la humanidad.
De continuar el terror
económico, que es la
explotación mundial de los recursos de la
tierra - de los países periféricos que son la mayoría- vamos
irremediablemente hacia una gran crisis del sistema. Que no logra hoy su
hegemonía por medio de la persuasión y de los argumentos. Y por eso tiene
que usar la violencia militar, política, religiosa,
ideológica, de los
medios de comunicación, del cine, de la
cultura, imponiendo su visión.
Nos confrontamos a una
especie de «hamburguerización» de la cultura mundial, impulsada desde los
Estados Unidos y desde occidente. Espero que no sigamos el destino de los
dinosaurios, es decir que la especie humana pueda ser eliminada?
LAS FUERZAS
DE ABAJO
P:
A pesar de ese panorama preocupante,
hay esfuerzos diferentes, de amplios sectores de la humanidad que buscan
alternativas?
LB:
Claro, ¡por suerte! Las fuerzas que vienen de abajo, que encuentran su caja
de resonancia por ejemplo en el
Foro Social Mundial de Porto Alegre. Es la
sociedad civil mundial con sus movimientos y organizaciones, sectores
importantes de partidos, iglesias, ONG, que piensan en otro mundo. Que
afirman que no estamos condenados a esa monocultura de la dominación
impuesta por el sistema vigente?
P:
¿Cómo interpretar todo esto?
LB:
Como un proceso. Es muy probable que nazca otro tipo de conciencia, primero,
y que se fortalezca con prácticas y redes de articulación de los que sueñan
y apuestan a utopías?? hasta plantear alternativas. Y este es el sentido de
esta gran ola en movimiento. Nosotros no tenemos la hegemonía. Pero el
sistema dominante tampoco la tiene. Hay una real crisis de hegemonía. Eso
hace que este momento histórico sea de crisis pero no de tragedia. Depende
de nosotros convertirlo en un salto cualitativo. Si no lo logramos, entonces
sí será una tragedia muy peligrosa.
Retomo algo del pensamiento
de Hegel en su filosofía de la historia. El ser humano aprende de la
historia que no aprende nada de la historia. Aprende todo del sufrimiento.
Todos estamos sufriendo mucho y ojalá que este padecimiento no sea en vano.
Que sea el dolor del parto de una nueva forma de vida social planetaria.
P:
La consigna de ’otro mundo posible’
identifica desde hace cinco años al Foro Social Mundial . En tanto espacio
altermundialista por excelencia, ¿cuáles son las dinámicas o iniciativas a
mejorar?
LB:
A mi juicio, el tiempo de sembrar y de soñar está transitando su camino. En
estos años hemos acumulado visiones, fortalecido redes. Y ahora pienso que
hay que comenzar a dar pasos en lo concreto.
Sería importante llegar a dos
o tres puntos de convergencia mundial, y ponerse a presionar, y actuar y
vivir ya una alternativa.
Si no lo hacemos corremos el
riesgo de que los foros sean encuentros muy interesantes, muy alegres, pero
patinaremos sobre nosotros mismos. El riesgo de contentarse con esto que es
muy bello pero insuficiente.
Nos puede pasar como al
Vaticano, cuando el Papa ve la plaza de San Pedro totalmente llena y piensa
que todos son católicos. Cuando en realidad una gran parte son turistas que
llegan con programas de agencias de viaje para ver al Papa, no por fe sino
por turismo. No se debe caer en ilusiones.
CONSENSOS
MÍNIMOS, LUCHAS CONTUNDENTES
P:
¿ En qué y cómo ’ser más concretos’?
LB:
Pienso en dos puntos donde se puede llegar a consensos. El primero, el agua.
Es uno de los aspectos clave de la humanidad. Sólo el 3 % de todo el agua es
potable y de ese porcentaje sólo el 0,7 % es accesible al consumo humano. Y
de ese mínimo, un 80 % va a la agroindustria y queda un escaso 20 %
destinado a la conservación de la vida, las plantas, los animales.
Vamos hacia una gran crisis
del agua que va a ser peor que la de los alimentos. Porque sin agua una
persona en cinco días se deshidrata y muere...
Alrededor del agua hay que
promover un pacto social mundial que no existe. Luchar de forma
estrechamente articulada
contra la privatización. Hay una corrida
frenética de las transnacionales hacia la privatización, porque saben que
quien controla el agua controla la vida y quien controla la vida tiene el
poder.
Debemos impedir que el agua
entre en el mercado como un producto más. Debemos confrontar al
Banco Mundial, al Fondo Monetario
Internacional? quienes piden la privatización de ese vital elemento como
condición para asignar créditos a los países más débiles.
Tenemos que imitar a los
indígenas bolivianos que hicieron correr a las transnacionales francesas.
P:
El segundo punto?
LB:
Una enorme alianza contra la guerra. Atención, contra la guerra, no por la
paz. A su manera Bush y Pinochet también quieren un tipo de paz. Hay que
pronunciarse contra la violencia de la guerra como instrumento de «solución»
de conflictos y de «orden». Imponer el diálogo diplomático a todo nivel;
impulsarlo en la familia, en las comunidades, entre Estados. Evitar la
violencia que es uno de los peores productos del patriarcado. Y entonces,
promover el diálogo incansable, el intercambio, todo eso que favorezca a la
cooperación y a la solidaridad, contra la competencia que es la lógica del
sistema.
Esos son dos puntos donde
todos podríamos estar a favor. Y ahí hay que militar. Hacer grandes
manifestaciones. Presionar a los Estados, a las empresas, a los cuarteles.
Denunciar todo lo que es militarismo. Abuchear a los militares donde
aparecen.
Crear una nueva conciencia
práctica de una humanidad que ensaya ya, en concreto, pasos en dirección de
un paradigma nuevo de civilización.
II
TEOLOGÍA DE
LA LIBERACIÓN Y ALTERMUNDIALISMO
En tanto, él,
uno de los padres fundadores de la Teología de la Liberación (TdL), Leonardo
Boff analiza en este diálogo el presente de la misma, «su estado de salud» y
los desafíos comunes con el pensamiento altermundialista.
P:
En la última semana de enero y dos
días antes que comenzara la quinta edición del FSM en Porto Alegre, se
realizó en esa misma ciudad, un Foro mundial de teólogos de la liberación.
¿Qué dejó ese evento de nuevo, de cara al futuro?
LB:
Este encuentro mostró el pulso, el ritmo de la Teología de la Liberación.
Hay que subrayar, porque no es evidente para muchos, que ésta sigue
existiendo, está muy viva y es mundial. No son hoy muchas las teologías que
tienen presencia en todos los continentes, tanto en el sur como en el norte.
Comprobamos en Porto Alegre que ha conocido un desarrollo interno, porque
todo lo que está vivo, activa un diálogo permanente con la realidad. No
trabaja con certezas sino con juicios prudenciales, pastorales, como se dice
en el dialecto teológico.
P:
Cuando menciona ese desarrollo
interno, esos cambios ¿se refiere a diferentes etapas o momentos en la
historia de la Teología de la liberación?
LB:
A más de 30 años de distancia observamos como tres etapas. La primera
generación, la de Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Segundo, Ronaldo Muñoz, la
mía, enfatizó mucho en el pobre económico. Incorporamos una lectura crítica
de la realidad con elementos del marxismo, por ejemplo, que nos ayudaron a
comprender la estructura y funcionamiento de las clases.
En el fondo, para comprender
que el pobre no es un pobre, sino un empobrecido. Su pobreza es el resultado
de mecanismos económicos.
La segunda generación, ha
descubierto los diferentes rostros de la pobreza: el indígena, con un gran
peso cultural sobre su espalda; el negro, con el trasfondo de siglos de
esclavitud; las mujeres que sufren una cultura patriarcal desde hace casi 20
mil años. A partir de los 90, con la creciente alarma ecológica planetaria,
muchos desarrollaron una eco-teología de la liberación.
Yo, particularmente, me
empeñé mucho en esto y publiqué un libro programático, que se tradujo en
varios idiomas, que se tituló: «Ecología: grito de la tierra, grito de los
pobres». Ahí se presenta un teología que ayuda a superar la agresión y
opresión contra el ecosistema. No se trata de una nueva dimensión sino
especialmente de una nueva mirada sobre la totalidad, desde la tierra, desde
la humanidad...Ver como la teología puede colaborar junto con otras fuerzas
para que la humanidad sea más libre.
Porque tenemos sólo esta
casa. No se puede mandar a los pobres a vivir a la Luna o a Marte. Tenemos
que resolver aquí los problemas que son nuestros.
P:
Entonces, en cierta forma, el foro de
teólogos, permitió encontrar esas diferentes expresiones...
LB:
Sí. Hay grupos que luchan contra la pobreza concreta; otros están más en lo
cultural y así diversos acentos. Esto muestra la vitalidad de la Teología de
la Liberación. Otro punto a subrayar, la tercera generación es mucho menos
teórica que las anteriores, pero tal vez está más insertada en la pastoral.
Diría que hacen la teología de la pequeña liberación, en lo cotidiano, desde
las comunidades.
P:
Viendo los valores de la Teología de
la Liberación, ¿no sería el momento de imaginar una nueva «Teología del
Altermundialismo»?
LB:
Desde el principio nuestra apuesta fue que una nueva sociedad es posible.
Y que se trata de liberarnos
de esta sociedad capitalista, neoliberal, que explota, en sus distintas
variantes, desde hace siglos. Buscando una sociedad más integrada y humana.
Algunos lo formulaban en el marco del socialismo. Nosotros, en Brasil, más
en el marco de una democracia participativa, más radical, no solamente
representativa. Estos parámetros siempre estuvieron presentes.
Lo que resolvimos en enero en
Porto Alegre es que nuestros encuentros seguirán al Foro Social Mundial.
Queremos pensar juntos con
los demás sobre el futuro de la humanidad y también aportar elementos sobre
nuestras tradiciones espirituales, éticas, que pueden completar la visión
más global. No tenemos ninguna arrogancia ni pretensión de hegemonía.
P:
¿Eso quiere decir, una teología
modesta, de servicio, de acompañamiento?
LB:
Sí. Se puede decir que los cristianos en general tenemos el discurso de la
liberación muy articulado, pero la práctica de la liberación son otros los
que la hacen. Y nosotros queremos hacerla juntos. Hay que ser humildes,
cooperativos, no apartarse de un movimiento global.
Finalmente y esencialmente,
que sirva al pueblo. El pueblo es humilde, no tiene arrogancias ni tiene una
visión imperial del mundo.
Quiere que se creen las
condiciones mínimas para que cada uno pueda comer dos veces por día; tener
su casita; mandar a sus hijos a la escuela; poder hacerlos atender cuando
están enfermos.
La pequeña utopía de la
dignidad mínima de los seres humanos de la cual hay que estar bien cerca.
Sergio Ferrari
Periodista argentino, colaborador de UNITE, plataforma ONG de voluntariado
solidario Norte-Sur-Norte
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