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Neutropenia -
Linfocitopenia - Eosinofilia
Los glóbulos blancos (leucocitos) son la defensa del cuerpo contra los
organismos infecciosos y las sustancias extrañas. Para defender al cuerpo
adecuadamente, una cantidad suficiente de glóbulos blancos debe estimular
las respuestas adecuadas, llegar al sitio en donde se necesitan y luego
matar y digerir los organismos y sustancias perjudiciales.
Al igual que todas las células sanguíneas, los
glóbulos blancos son producidos en la médula ósea. Se forman a partir de
células precursoras (células madre) que maduran hasta convertirse en uno
de los cinco tipos principales de glóbulos blancos: neutrófilos,
linfocitos, monocitos, eosinófilos y basófilos. Una persona produce
aproximadamente 100 000 millones de glóbulos blancos al día.
La cantidad de glóbulos blancos en un volumen de
sangre dado se determina automáticamente gracias a un instrumento
computadorizado de recuento de células. Estos instrumentos proporcionan el
recuento total de glóbulos blancos, expresado en células por microlitro de
sangre, así como la proporción de cada uno de los cinco tipos principales
de glóbulos blancos. El total de glóbulos blancos normalmente oscila entre
4 000 y 10 000 por microlitro.
Una cantidad muy elevada o muy baja de glóbulos
blancos indica un trastorno. La leucopenia, una disminución de la cantidad
de glóbulos blancos por debajo de los 4 000 por microlitro, puede hacer
que una persona tenga mayor tendencia a las infecciones. La leucocitosis,
un incremento de los glóbulos blancos, puede ser una respuesta ante la
presencia de infecciones o de sustancias extrañas o bien efecto de un
cáncer, de una herida, del estrés o del uso de ciertos medicamentos. La
mayoría de los trastornos de las células sanguíneas se debe a alteraciones
de neutrófilos, linfocitos, monocitos y eosinófilos. Los trastornos
relacionados con los basófilos son muy poco frecuentes
Neutropenia
La neutropenia es un número anormalmente bajo de
neutrófilos en la sangre.
Los neutrófilos representan el principal sistema de
defensa celular del cuerpo contra las bacterias y los hongos. También
contribuyen a curar las heridas e ingieren cuerpos extraños, como astillas
clavadas.
Los neutrófilos maduran en la médula ósea en aproximadamente dos semanas.
Después de entrar en el flujo sanguíneo, circulan por el mismo alrededor
de 6 horas, buscando organismos infecciosos y otros intrusos. Cuando
encuentran uno, emigran hacia los tejidos, se adhieren a ellos y producen
sustancias tóxicas que matan y digieren estos organismos. Esta reacción
puede dañar el tejido sano que está alrededor del área de la infección. El
proceso completo produce una respuesta inflamatoria en el área infectada,
que se manifiesta en la superficie del organismo como enrojecimiento,
hinchazón y calor.
Dado que los neutrófilos generalmente representan más
del 70 por ciento de los glóbulos blancos, una disminución en la cantidad
de glóbulos blancos significa habitualmente que existe una disminución en
el número total de neutrófilos. Cuando la cantidad de neutrófilos cae por
debajo de 1 000 por microlitro, se incrementa en cierta medida el riesgo
de infección, y cuando cae por debajo de los 500 por microlitro, el riesgo
de infección aumenta notablemente. Sin la defensa fundamental que
constituyen los neutrófilos, cualquier infección podría ser mortal.
Causas
La neutropenia se debe a distintas causas. La
cantidad de neutrófilos puede disminuir debido a una inadecuada producción
de la médula ósea o bien por una elevada destrucción de glóbulos blancos
en la circulación.
La anemia aplásica, así como las deficiencias de
otros tipos de células sanguíneas, causa neutropenia. Ciertas enfermedades
hereditarias poco comunes, como la agranulocitosis genética infantil y la
neutropenia familiar, también reducen la cantidad de glóbulos blancos.
En la neutropenia cíclica, trastorno infrecuente, la
cantidad de neutrófilos fluctúa entre normal y baja cada 21 a 28 días; la
cantidad de neutrófilos puede llegar a casi cero y espontáneamente volver
a la cantidad normal al cabo de 3 o 4 días. Las personas que padecen
neutropenia cíclica tienden a sufrir infecciones cuando la cantidad de
neutrófilos es baja.
Algunas personas que padecen cáncer, tuberculosis,
mielofibrosis, deficiencia de vitamina B12 o de ácido fólico, desarrollan
neutropenia. Ciertos medicamentos, sobre todo los utilizados en el
tratamiento del cáncer (quimioterapia), comprometen la producción de los
neutrófilos en la médula ósea.
En algunas infecciones bacterianas, trastornos
alérgicos, enfermedades autoinmunes y tratamientos con ciertos fármacos,
los neutrófilos se destruyen con más rapidez de lo que tardan en
producirse. Las personas con bazo agrandado (por ejemplo, las que padecen
el síndrome de Felty, paludismo o sarcoidosis) pueden presentar cantidades
bajas de neutrófilos porque el bazo agrandado los atrapa y los destruye.
Síntomas y diagnóstico
La neutropenia puede desarrollarse de forma rápida,
en el transcurso de pocas horas o días (neutropenia aguda), o bien
prolongarse durante meses o años (neutropenia crónica). Como la
neutropenia carece de un síntoma específico, es probable que pase
inadvertida hasta que se produzca una infección. En la neutropenia aguda,
la persona puede tener fiebre y heridas dolorosas (úlceras) alrededor de
la boca y del ano. Siguen neumonía bacteriana y otras infecciones graves.
En la neutropenia crónica, el curso puede ser menos grave si la cantidad
de neutrófilos no es excesivamente baja.
Cuando alguien padece infecciones frecuentes o raras,
el médico sospecha que se trata de neutropenia y prescribe un recuento
completo de células sanguíneas para realizar el diagnóstico. Un recuento
bajo de neutrófilos revela neutropenia.
A continuación, se determina la causa de esta
neutropenia. El médico habitualmente extrae una muestra de médula ósea con
una aguja (aspiración y biopsia de la médula ósea). Aunque este
procedimiento produce cierta molestia, no supone ningún riesgo.
La muestra de médula ósea se analiza al microscopio
para determinar si presenta una apariencia normal, si el número de células
precursoras de los neutrófilos es normal y si está produciendo un número
normal de glóbulos blancos. Según la disminución de la cantidad de células
precursoras y si estas células están madurando de forma normal, se puede
estimar el tiempo necesario para que la cantidad de neutrófilos vuelva a
la normalidad. Si la cantidad de células precursoras ha disminuido, los
nuevos neutrófilos aparecerán en el flujo sanguíneo al cabo de dos semanas
o más; si el número es adecuado y las células están madurando normalmente,
los nuevos neutrófilos pueden aparecer en la sangre en sólo unos pocos
días. En ocasiones, el examen de la médula ósea también revela la
presencia de otras enfermedades, como leucemia u otros cánceres de células
sanguíneas, que están afectando a la médula ósea.
Tratamiento
El tratamiento de la neutropenia depende de la causa
y de la gravedad. Siempre que sea posible se interrumpen los medicamentos
que podrían causar neutropenia. A veces la médula ósea se recupera por sí
misma sin tratamiento alguno. Las personas que padecen neutropenia leve
(más de 500 neutrófilos por microlitro de sangre) generalmente no
presentan síntomas ni requieren tratamiento.
Quienes padecen una neutropenia intensa (menos de 500
células por microlitro) tienden a contraer rápidamente graves infecciones
por falta de defensas del organismo. Cuando contraen una infección,
generalmente requieren hospitalización y antibióticos de largo espectro,
incluso antes de identificar la causa y la localización exacta de la
infección. La fiebre, el síntoma que habitualmente indica infección en una
persona que tiene neutropenia, es una señal significativa de la necesidad
de atención médica inmediata.
Los factores de crecimiento que estimulan la
producción de glóbulos blancos, en especial el factor estimulante de las
colonias de granulocitos (G-CSF) y el factor estimulante de las colonias
de granulocitos-macrófagos (GM-CSF), pueden ser de cierta utilidad. Esta
forma de tratamiento es capaz de eliminar los episodios de neutropenia en
el caso de la neutropenia cíclica. Los corticosteroides contribuyen a
determinar si la causa de la neutropenia es una reacción alérgica o
autoinmune. La globulina antitimocítica o algún otro tipo de terapia
inmunodepresiva (terapia que frena la actividad del sistema inmune) puede
estar indicada en caso de temer una enfermedad autoinmune (como ciertos
casos de anemia aplásica). La extirpación del bazo agrandado podría
aumentar la cantidad de neutrófilos si el bazo está atrapando glóbulos
blancos.
Quienes padecen anemia aplásica pueden requerir un
trasplante de médula ósea cuando la terapia inmunodepresiva no es eficaz.
El trasplante de médula ósea puede acarrear efectos tóxicos de
importancia, requiere hospitalización prolongada y sólo puede realizarse
en ciertos casos. En general, no se utiliza para tratar la neutropenia
exclusivamente.
Linfocitopenia
La linfocitopenia es una cantidad anormalmente baja
de linfocitos (menos de 1 500 células por microlitro de sangre en el
adulto o menos de 3 000 células por microlitro en el niño).
Normalmente, los linfocitos constituyen del 15 al 40
por ciento de los glóbulos blancos que se encuentran en la sangre. Los
linfocitos constituyen la base del sistema inmunitario, protegen al
organismo de la infección vírica, ayudan a otras células a proteger al
cuerpo de infecciones bacterianas y fúngicas, se convierten en células que
producen anticuerpos (células plasmáticas), luchan contra el cáncer y
facilitan la coordinación de las actividades de otras células del sistema
inmunitario.
Distintas enfermedades y trastornos pueden causar
linfocitopenia. La cantidad de linfocitos puede disminuir durante un breve
período a causa de un estrés agudo y debido a tratamientos que incluyan
corticosteroides, como la prednisona, quimioterapia para el cáncer y
radioterapia.
Los sujetos con cifras bajas de linfocitos T
habitualmente presentan linfocitopenia más acusada y con efectos más
severos que los que presentan cantidades bajas de linfocitos B, aunque de
todos modos cualquier deficiencia puede ser mortal.
Síntomas y diagnóstico
Como los linfocitos constituyen una proporción
relativamente pequeña de glóbulos blancos, una reducción en su número no
conduce a una disminución significativa del número total de glóbulos
blancos. La propia linfocitopenia puede ser asintomática y habitualmente
se detecta en un análisis de sangre completo realizado para diagnosticar
otras enfermedades. La reducción drástica de linfocitos ocasiona una
tendencia a desarrollar infecciones causadas por virus, hongos y
parásitos.
Con la tecnología actual de los laboratorios, es posible detectar los
cambios cuantitativos de tipos específicos de linfocitos. Por ejemplo, las
disminuciones de linfocitos T (conocidos como células T4) constituyen un
parámetro de medición de la progresión del SIDA.
Tratamiento
El tratamiento depende principalmente de la causa. La
linfocitopenia por el uso de fármacos suele normalizarse en pocos días
tras la interrupción del mismo. Cuando la causa es el SIDA, se puede
aumentar, hasta cierto punto, el número de linfocitos con ciertos
medicamentos como el AZT (zidovudina), el ddI (didanosina) y otros de
desarrollo más reciente, que pueden incrementar la cantidad de células T
colaboradoras. Cuando la linfocitopenia es producto del déficit de
linfocitos B, la concentración de anticuerpos en la sangre puede descender
hasta valores anormales. En estos casos, la gammaglobulina (sustancia rica
en anticuerpos) contribuye a prevenir las infecciones. Si se manifiesta
una infección, se administran antibióticos específicos, antifúngicos o
antivíricos para atacar la infección.
Trastornos de los monocitos
Los monocitos colaboran con otros glóbulos blancos en
la eliminación de tejidos muertos o dañados, en la destrucción de células
cancerosas y en la regulación de la inmunidad contra las sustancias
extrañas. Al igual que otros glóbulos blancos, los monocitos se originan
en la médula ósea y luego entran en el flujo sanguíneo. En unas horas,
emigran a los tejidos donde se convierten en macrófagos, y constituyen las
células defensivas (fagocitos) del sistema inmunitario.
Los macrófagos se esparcen en el organismo pero se
acumulan en altas concentraciones en pulmones, hígado, bazo, médula ósea y
membranas que cubren las cavidades más importantes, donde sobreviven
durante muchos meses.
Ciertos tipos de infecciones (la tuberculosis, entre
otras), el cáncer y los trastornos del sistema inmune aumentan la cantidad
de monocitos. En enfermedades hereditarias como la de Gaucher y de Niemann-Pick,
los desechos celulares se acumulan en los macrófagos, causando una
alteración de su función.
Eosinofilia
La eosinofilia es una cantidad anormalmente alta de
eosinófilos en la sangre.
La eosinofilia no es un enfermedad, pero puede ser
una respuesta a una enfermedad. Una cantidad elevada de eosinófilos en la
sangre habitualmente indica un respuesta apropiada frente a la presencia
de células anormales, parásitos o sustancias que causan una reacción
alérgica (alergenos).
Una vez que los eosinófilos se han originado en la
médula ósea, entran en el flujo sanguíneo pero permanecen allí sólo unas
pocas horas antes de emigrar a los tejidos del organismo. Cuando una
sustancia extraña entra en el cuerpo, es detectada por los linfocitos y
neutrófilos, que liberan sustancias que atraen a los eosinófilos a dicha
área. Luego los eosinófilos liberan sustancias tóxicas que atacan a los
parásitos y destruyen las células humanas anormales.
Síndrome hipereosinofílico idiopático
El síndrome hipereosinofílico idiopático es un
trastorno en el cual la cantidad de eosinófilos aumenta a más de 1 500
células por microlitro de sangre durante un período mayor a 6 meses sin
una causa evidente.
El síndrome hipereosinofílico idiopático puede
aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en los varones mayores de
50 años. Una cantidad elevada de eosinófilos puede dañar el corazón, los
pulmones, el hígado, la piel y el sistema nervioso. Por ejemplo, el
corazón se inflama en una enfermedad llamada endocarditis de Löffler, que
ocasiona la formación de coágulos de sangre, insuficiencia cardíaca,
ataques cardíacos o mal funcionamiento de las válvulas del corazón.
Los síntomas de este síndrome dependen de los órganos
dañados. Puede haber pérdida de peso, fiebre, sudores nocturnos, fatiga
general, tos, dolor de pecho, inflamación, dolor de estómago, erupciones
cutáneas, dolor general, debilidad, confusión y coma. El síndrome se
diagnostica cuando se detecta el incremento persistente de los eosinófilos
en quienes presentan estos síntomas. Antes de empezar el tratamiento, debe
asegurarse que la eosinofilia no está causada por una infección
parasitaria o una reacción alérgica.
Sin tratamiento, generalmente más del 80 por ciento
de los enfermos con este síndrome muere al cabo de dos años; con
tratamiento, más del 80 por ciento sobrevive. La lesión cardíaca es la
causa principal de muerte. Algunas personas no precisan tratamiento y sólo
requieren control durante 3 a 6 meses, pero la mayoría necesita un
tratamiento con prednisona o hidroxiurea. Si este tratamiento no es
eficaz, pueden utilizarse otros medicamentos, combinados con un
procedimiento que elimina los eosinófilos de la sangre (leucaféresis).
Síndrome de eosinofilia-mialgia
El síndrome de eosinofilia-mialgia es un trastorno
por el cual la eosinofilia se combina con dolor muscular, fatiga,
inflamación, dolor articular, tos, ahogo, erupciones y anomalías
neurológicas.
Aunque infrecuente, este síndrome apareció a
principios de los años noventa en personas que tomaban gran cantidad de
triptófano, un artículo popular en las tiendas de productos naturales y a
veces recomendado por los médicos para facilitar el sueño. Una impureza en
el producto, más que el triptófano en sí, es la causa probable del
síndrome.
Este síndrome puede durar entre semanas y meses
después de la interrupción del triptófano y puede causar lesiones
neurológicas permanentes y, rara vez, la muerte. No se conoce cura alguna;
en general se recomienda reeducación física (fisioterapia).