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Fotoprotector
Resultaría difícil
dudar del sol, la fuente que sustenta la vida, pero han sido tantas las
advertencias sobre el peligro de la exposición a sus rayos, que la
percepción general sobre éstos ha acabado por ser negativa.
El miedo al cáncer de piel y especialmente a su
forma más grave, el melanoma, ha privado a mucha gente del placer de tomar
el sol, de tumbarse en la playa o de disfrutar de actividades al aire
libre sin la constante preocupación de untarse cremas de protección solar
y de cubrir cabeza y cuerpo para evitar que el más mínimo nivel de
radiación solar llegue a la piel.
No es que el temor al cáncer de piel sea
injustificado. Cada año se le diagnostica a un millón de personas, aunque
puede evitarse que progrese si se descubre a tiempo. De ahí que la
mortalidad sea comparativamente baja frente al número de diagnósticos.
Fallecen anualmente por esta causa 2,800 personas. Mucho más mortal es el
melanoma, porque de los 60 mil pacientes a los que se le diagnostica al
año fallecen 7,800.
La cirujana dermatológica Maritza Pérez,
profesora asociada de Dermatología de la Universidad de Columbia en Nueva
York, señala que además de la mortalidad “hay que tener en cuenta la
morbilidad” y cita el mal estado de salud de quienes han resultado dañados
por los efectos de los rayos solares. “El melanoma es un cáncer que hace
metástasis y que afecta a otros órganos”, indica.
En las personas de piel clara, más sensibles a
los rayos ultravioleta, el melanoma puede aparecer en partes visibles de
la piel y la incidencia es mucho mayor que en personas de piel oscura.
Éstas tienen un nivel mayor de melanina —pigmento de la piel— y los
melanomas tienden a aparecer en la planta de los pies. “En este caso se
trata de un cáncer genético”, explica la doctora Pérez.
Sol y vitamina D
Las intensas campañas de las organizaciones
contra el cáncer y de la de los propios Institutos Nacionales de la Salud
(NIH) lograron educar a un amplio sector de la población sobre los
peligros del sol. Ahora, sin embargo, varios estudios recientes
reivindican el papel que el sol ejerce en la salud.
La última investigación llega de la Facultad de
Salud Pública de la Universidad de Harvard y proclama la importancia de la
radiación solar para la salud física y psicológica. El estudio subraya
específicamente la importancia de los rayos solares para alcanzar los
niveles necesarios de vitamina D.
Esta vitamina se obtiene del pescado y de los
aceites de pescado y en Estados Unidos es un ingrediente añadido a la
leche, pero la otra fuente importante de vitamina D está en los rayos
ultravioleta.
Cuando éstos entran en contacto con la piel se
desencadena un proceso que termina en la fabricación de vitamina D. A su
vez, la vitamina D fomenta la producción de calcio y de fosfatos, haciendo
que huesos y dientes se fortalezcan. Lo explica el doctor Vincent DeLeo en
un artículo publicado en la revista médica de la Fundación del Cáncer de
Piel.
Las autoridades sanitarias de Australia, que
fue el país que más voces de alarma había lanzado contra los efectos
nocivos del sol debido a la alta incidencia de cáncer cutáneo entre su
población, han recomendado un cierto nivel de exposición al sol para la
mayoría de personas a fin de asegurar niveles adecuados de vitamina D.
Surge al mismo tiempo información sobre los
efectos benéficos de la vitamina D en la prevención de ciertos tipos de
cáncer, entre ellos el de mama y colon —e incluso del mismo melanoma—, así
como en la reducción de la esclerosis múltiple, artritis reumática y
depresión, aunque los científicos advierten de la necesidad de más
estudios que lo confirmen.
¿Cuánta exposición es necesaria?
El doctor DeLeo sugiere en su artículo que para
individuos jóvenes de piel clara bastará exponer al sol rostro, manos y
brazos durante unos 10 ó 15 minutos tres veces a la semana para obtener el
nivel adecuado de vitamina D, pero advierte que para lograr los mismos
niveles, las personas mayores o de piel oscura precisarán más rayos
ultravioleta.
Algunos estudios sobre la dieta de la población
de este país mostraron que estos grupos de población tenían deficiencias
de vitamina D. Las primeras tienen más dificultades en absorberla y en las
últimas la melanina de su piel impide que los rayos ultravioleta entren en
contacto con las células cutáneas y desencadenen el proceso de elaboración
de la vitamina D.
Por otra parte, se ha vuelto a evaluar la
cantidad de vitamina D que se necesita para mantener la densidad ósea
adecuada. Los investigadores de Harvard compararon la que tenían 13 mil
hombres y mujeres de distintos grupos étnicos con sus niveles de vitamina
D. Observaron que existía una correlación entre ambas cosas. La densidad
de los huesos era mayor o menor dependiendo del nivel de vitamina D.
Otro estudio publicado por la Asociación Médica
Americana realizado entre residentes de la tercera edad mostró que
aquellos que recibían suplementos de vitamina D habían padecido menos
caídas que los que no habían tomado este refuerzo. El nivel de vitamina D
que se observó ofrecía más fortaleza ósea fue como mínimo de 800 gramos o
más y esto sugiere, dice el doctor DeLeo, que los 400 a 600 grs. que se
han venido recomendando son insuficientes para personas de edad avanzada.
Estos resultados ponen a los médicos en una
delicada posición. No todos están de acuerdo en recomendar mayor tiempo de
exposición al sol para las personas mayores y aquellas de piel oscura con
niveles más bajos de vitamina D, como algunos doctores han sugerido. Entre
los dermatólogos, los riesgos demostrados del cáncer cutáneo pesan más que
los posibles beneficios protectores que citan los últimos estudios.
“De lo que no hay ninguna duda es que la
exposición de la piel al sol sin filtro protector puede causar cáncer, y
yo no voy a poner a mis pacientes en peligro por algo que no está
plenamente demostrado”, dice la doctora Pérez, quien sigue insistiendo en
que para tomar el sol se use protección con filtro solar.
“Si se desea que ésta no interfiera en la
producción de vitamina D, lo que debe hacerse es tomar el sol antes de las
10:00 de la mañana o después de las 4:00 de la tarde”.
Su opinión coincide con la del doctor DeLeo,
quien cree que para aumentar los niveles de vitamina D en el organismo, es
preferible incrementar la dosis de suplementos vitamínicos.
En cualquier caso, la polémica está servida y
el dilema para el público también. Todo parece indicar que seguirán los
estudios y la información sobre el papel que juega la vitamina D en la
protección contra el cáncer y otras enfermedades.
Por otra parte, nadie a estas alturas es capaz
de desmentir el riesgo demostrado de la exposición al sol.
Quién sabe si, como ocurre con otras
condiciones médicas, pacientes y doctores no tendrán en un momento dado
que elegir el peligro menor
Fotoprotector
Para obtener un resultado óptimo de la utilización de un fotoprotector,
es necesario seguir cuatro normas básicas:
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Aplicar el fotoprotector en casa, nunca en la playa o en la piscina.
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Hacerlo sobre la piel bien seca.
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Aplicarlo 30 minutos antes de exponerse al sol.
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No escatimarlo.
Respetadas estas normas, también será necesario tener en cuenta las
siguientes recomendaciones:
1. Evitar las pulverizaciones de agua durante las exposiciones.
2. Evitar los perfumes y las colonias alcohólicas que contienen esencias
vegetales, porque son
fotosensibilizantes.
3. Elegir el fotoprotector más indicado atendiendo al fototipo.
4. Utilizarlo, aunque esté nublado.
5. No exponerse al sol entre las 11 y las 15 horas.
6. Protegerse la cabeza con un sombrero o gorra con visera; los ojos con
gafas adecuadas, y los labios con protector labial.
7. Estar en movimiento. No es nada aconsejable tumbarse al sol y
mantenerse inmóvil durante horas.
8. Beber agua o líquidos para evitar la deshidratación.
9. Determinados medicamentos pueden provocar reacciones a la exposición
solar.
Recuerde: hay que empezar por un FPS alto, sobre todo la primera semana
de exposición solar, e ir rebajándolo en los días posteriores.
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