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SE VE, SE
TOCA, se huele, se oye y por descontado se paladea. La felicidad
explota como un meteorito en el interior de la persona y rápidamente
irradia con su potencia hasta el más mínimo acto. ¿Se es feliz o se está
feliz? Hay quien adopta la felicidad como una filosofía de vida y quien
tan sólo concibe ráfagas de felicidad en una existencia cargada de
problemas.
Sentirse satisfecho con uno mismo y estar contento
repercute en las relaciones que se establecen con los demás. Evita las
broncas al volante, las rencillas laborales y reduce los problemas de
familia. Debería tratarse como una prioridad de Estado. Pero a los
políticos no les atrae la idea. La palabra felicidad está excluida de su
discurso. "Quizá lo que ocurre con la felicidad es que somos
incompatibles con ella. Felicidad es eso que brilla donde yo no estoy",
asegura Fernando Savater en El contenido de la felicidad.
Sentirse satisfecho con uno mismo y estar contento
repercute en las relaciones que se establecen con los demás. Evita las
broncas al volante, las rencillas laborales y reduce los problemas de
familia. Debería tratarse como una prioridad de Estado. Pero a los
políticos no les atrae la idea. La palabra felicidad está excluida de su
discurso. "Quizá lo que ocurre con la felicidad es que somos
incompatibles con ella. Felicidad es eso que brilla donde yo no estoy",
asegura Fernando Savater en El contenido de la felicidad.
UN 87% DE FELICES. A pesar de que la felicidad
suena cursi y quimérica, los españoles de final de siglo se declaran
cada vez más felices. En 1984, consolidada ya la democracia y con buenas
perspectivas económicas a pesar de no haber superado todavía la crisis,
un 84% no se avergonzaba al expresar un estupendo estado de ánimo: muy
felices y bastante felices. Los desgraciados sumaban un 13%, a pesar de
la euforia autonómica que se respiraba en aquella época. Por si fuera
poco, en 1997, la felicidad había engordado y hasta transformado el
semblante de algunos de esos desdichados. Los que se sienten tan felices
como los protagonistas de los clásicos cuentos de hadas ascienden al
87%. Un 3% de aquellos a quienes los problemas les pesaban demasiado se
han pasado al otro bando, según datos del CIS (Centro de Investigaciones
Sociológicas). Una excelente progresión, sin duda. Y es que la felicidad
parece estar de moda. Su importancia se deja ver incluso en los foros de
debate: los días 26 y 27 de septiembre se celebra en Madrid el I
Congreso Internacional sobre la Felicidad, con la presencia de
prestigiosos investigadores. Y su lema es: "La felicidad es una actitud,
un deseo y un deber". Todo ello, a pesar del estudio de un grupo de
psicólogos de la Universidad de Warwick (Reino Unido) que insiste en que
la alegría y el buen humor pueden disminuir la capacidad racional del
ser humano.
Gozar de buena salud es un requisito
imprescindible para empezar a hablar de felicidad. Es lo que más
nombran los españoles en su orden de prioridades
La felicidad crece porque los objetivos vitales han
virado el rumbo. Si en los ochenta alcanzar la sociedad del bienestar
pasaba por mejorar el nivel de vida, hoy, tras superar la crisis de los
noventa, los ciudadanos se han quedado con la mosca detrás de la oreja.
El varapalo que supuso pasar de las alegrías a la austeridad ha hecho
cambiar el orden de los factores. La salud parece requisito
imprescindible para empezar a hablar de felicidad. Al menos es lo que
más nombran los españoles al enumerar su orden de prioridades para
lograrla.
A CORAZÓN ABIERTO. En tan sólo una década se ha
pasado del absolutismo egocentrista a la apertura del corazón. Si en
1984 tener un buen trabajo y ganar dinero se situaba por delante de
disfrutar de una satisfactoria vida familiar, como objetivo para poder
ser feliz, en el 97, los españoles palpitan de otra forma. La
inteligencia emocional, la necesidad de conciliar sentimientos y razón
se impone. Más de la mitad de los españoles, el 52%, precisa del calor y
la camaradería de sus seres queridos para poder gritar a los cuatro
vientos que es feliz. Al vil metal sólo le dan importancia un 26%,
frente al 45% que lo adoraba en el 84. Apretarse el cinturón ha influido
beneficiosamente en este cambio de mentalidad. Los escándalos políticos
y financieros con la moraleja de Mario Conde presente en todos los
hogares también han influido lo suyo.
LA VIDA SIMPLE. Queda claro que la sociedad
actual busca la felicidad en las relaciones cotidianas. Poder charlar
con los hijos, complicidad con la pareja, trabajar codo a codo con el
compañero o pasear junto a los abuelos proporciona a corto, medio y
largo plazo grandes dosis de felicidad. La tendencia social se dirige
hacia el redescubrimiento de las vivencias más sencillas y naturales.
"La vida feliz es la que está conforme con su naturaleza", está es la
primera definición de felicidad, elaborada por Séneca, y sustentada en
una completa receta: salud del alma, energía, paciencia, magnanimidad,
adaptación a las circunstancias y atención a las cosas que sirven para
la vida pero sin dejarse deslumbrar por ellas. La ética. La dimensión
moral del hombre es para filósofos como Kant inseparable de la
felicidad. Fernando Savater asegura que "lo que diferencia a la ética de
cualquier otra actitud decisoria es que representa lo que siempre está
en nuestras manos". O sea, que la felicidad depende de cada uno.
Abderramán III se decidió a contar los días que había sido feliz y no
logró atesorar más de 20. Cada persona la experimenta de forma exclusiva
y la predisposición para ser dichosos juega un papel determinante. Dicen
los expertos que el enamoramiento -distinto a estar enamorado- es lo más
similar a los estados transitorios de felicidad. Ese breve periodo de
tiempo, en el que otra persona entra a saco en la propia vida provocando
un estado de euforia incontenible que a la vez desencadena toda una
revolución bioquímica en el cerebro, es felicidad en estado puro. Cuando
se está radiante de alegría, entran en escena las endorfinas, sustancias
con una estructura prima hermana de los opiáceos, que se fabrican en los
núcleos del tallo cerebral y que pasadas por el escrutinio del
electroencefalograma, se visualizan como ondas alfa.
DROGA SALUDABLE Traducido significa que un
profundo bienestar, una sensación de andar flotando y de insólita paz se
apodera del afortunado. "Algo similar les sucede a los que consumen
drogas tan peligrosas como la heroína y los opiáceos. Está demostrado
que entre los que echan mano de este tipo de sustancias hay un
importante número de alexitímicos -torpes a nivel afectivo, con
dificultad para distinguir entre los sentimientos-, pues les permite
conectar con vivencias que no pueden ni imaginar", explica el doctor
Benito Peral Ríos, psiquiatra y profesor de psicopatología en la
Universidad de Comillas.
Pero sobre la actividad cerebral de una persona feliz
actúan también los neurotransmisores cerebrales, sustancias sintetizadas
por las neuronas, como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina.
Por eso han tenido tanto éxito los fármacos como el Prozac y demás
familia, que no son, ni más ni menos, que inhibidores selectivos de la
recaptación de serotonina y que ayudan a salir de la depresión y la
tristeza.
La depresión es uno de los azotes con que la
vertiginosa sociedad de fin de siglo castiga a los que no son capaces de
adaptarse a ella, ya sea en el plano sentimental o laboral. Aunque las
corrientes vitalistas, con el downshifting -respuesta al yuppismo- a la
cabeza, han contribuido a mirar más hacia dentro en una especie de
ejercicio de valoración personal, lo innegable es que la tristeza sigue
engullendo la vida de mucha gente. "Para ser feliz hay que entenderse,
conocerse y aceptarse. A partir de ahí ya es posible desarrollar otras
áreas que contribuyan a la satisfacción", formula, como punto de
partida, la psicóloga social y terapeuta Elena Gismero.
La inteligencia emocional, la necesidad de
conciliar sentimientos y razón se impone. Más del 50% de los
españoles necesita el calor de los suyos para ser feliz
La felicidad personal sirve a su vez para alegrar la
vida de los otros. Por muy a sermón religioso que suene. Pilar Varela,
psicóloga del trabajo y autora de La máquina de pensar, asegura: "Las
personas que se autocalifican como felices son más tolerantes con los
otros, los valoran mejor, perciben el mundo como más seguro y toman
decisiones con mayor facilidad".
Claro que, por felicidad, la mente humana está incluso
dispuesta a hacer la vista gorda en las ocasiones que suponen una
amenaza para la tranquilidad espiritual. Ésta es la tesis que defiende
Daniel Goleman en El punto ciego. O sea, que el trueque entre atención y
seguridad se produce para salvaguardar la felicidad. Siempre en pequeñas
gotas. Encontrar el punto de equilibrio entre "una vida plagada de
mentiras vitales o ceñirse exclusivamente a decir las verdades más
simples" sería lo ideal, en palabras de Goleman.
MENTE SALVADORA. Lo peor es que nadie suele ser
consciente de que su mente está trapicheando a sus espaldas para
evitarle el enfrentamiento con algo desagradable. El psicólogo Donan
Espencer asegura que debe existir alguna parte del sistema visual que
dispone de una previsión y que etiqueta rápidamente lo que resulta no
recomendable y lo orienta a zonas más seguras fuera de la conciencia. De
hecho, la mayoría de las personas muestran mayor facilidad para recordar
los hechos positivos que los dolorosos, excepto los depresivos, quienes
superponen lo negativo a la felicidad. Correr un tupido velo, es decir,
crear una laguna para defenderse de las amenazas que harían tambalear la
felicidad, no evita el problema. Si uno se encuentra frente a un león
puede cerrar los ojos pero el animal seguirá frente a él, acechándole.
Pero es posible descubrir esas mentiras que el hombre se cuenta a sí
mismo y a los demás.
ELLAS Y ELLOS. Diversas investigaciones como la
de Rosenthal y Bella Depaulo dan fe de que las mujeres parecen más
diestras que los hombres a la hora de interpretar los mensajes no
verbales como los gestos, el tono de voz, etcétera. Sin embargo se les
escapan los deslices, esos pequeños detalles que revelan sentimientos
ocultos. Los hombres por el contrario parecen más avispados al desnudar
las intenciones y bastante torpes para leer en la mirada. En este toma y
daca a nivel del subconsciente, la mente trata de no romper el
equilibrio, así la felicidad no se resquebraja.
El bienestar depende en gran medida de uno mismo pero
no se pueden pasar por alto el marco y las circunstancias en las que se
desarrolla la vida. Es evidente que aquéllos que no tienen qué llevarse
a la boca difícilmente podrán ser felices, porque carecen de lo
esencial. Para los que tienen satisfechas sus necesidades mínimas de
supervivencia, en cambio, la felicidad ya es más fácil de atrapar.
El nivel de ingresos, la educación, la cultura, la
capacidad para compartir las propias vivencias, la exigencia de actuar
con otro de igual manera a como a uno le gustaría que se comportasen con
él, son factores y principios que dan a la felicidad un enfoque
personal. Porque la felicidad no es una experiencia aislada, sino un
cúmulo de vivencias cotidianas que varían a lo largo de los años. El
doctor José M. R. Delgado, psiquiatra y catedrático de Fisiología en
Yale durante 22 años, se refiere a una felicidad infantil marcada por la
alegría espontánea y exuberante de los niños en contraposición a una más
gastada en la tercera edad. La felicidad es tan única que los españoles
expresan distinto grado de bienestar según la comunidad en que viven.
DICHA NACIONAL. Sin embargo, el entorno, las
circunstancias y la propia educación tienen su parte de responsabilidad
en la felicidad. Este hecho se ha comprobado en España, donde la
felicidad varía según donde se viva. Así, el último estudio del CIRES
sobre la realidad social en España, muestra que el 87% de madrileños,
vascos y catalanes se consideraban felices, situándose en el primer
puesto del ranking de felicidad. Valencianos, castellanos-manchegos,
gallegos, castellano leoneses y andaluces les secundan en dicha.
Mientras, los canarios resultan ser los menos felices con un 75% de
contentos frente a un 23% de infelices.
ALEGRÍA ADULTA En este análisis se apunta al
estado de ánimo y a la evaluación personal presente como indicadores de
mayor influencia sobre la percepción de la felicidad. Como es una
sensación subjetiva, resulta complejo descubrir bajo qué puntos comunes
se experimenta más felicidad. César Lemoine, autor del estudio
Iberoamérica Habla, apoyado por la OEI (Organización de Estados
Iberoamericanos), ha tratado de desentrañar algunos de estos factores.
Los hombres se declaran más felices a partir de los 55 años, mientras
que las mujeres saborean antes la deseada felicidad, entre los 25 y los
39 años.
El enamoramiento, aseguran los expertos, es lo
más similar a los estados transitorios de felicidad: un profundo
bienestar, una sensación de andar flotando...
La educación también añade su granito de arena a la
satisfacción, sobre todo para las féminas, quienes la valoran más que
los varones. El eterno dilema entre si la cultura refuerza la felicidad
o, por el contrario, la ignorancia procura más alegrías parece dar la
razón a todos los intelectuales que han hecho hincapié, durante siglos,
en la educación como factor de satisfacción con uno mismo. En
Latinoamérica, el 79% de la población asegura sentirse feliz o muy
feliz, frente al 70% de los europeos y por debajo de los norteamericanos
y los australianos, ambos con un 90%. Japón, uno de los países más
desarrollados del planeta, sobresale en falta de dicha: sólo un 57% de
japoneses muestran su satifacción. La renta per cápita no va ligada a la
felicidad. Así lo demuestran salvadoreños junto a guatemaltecos -los más
contentos de Latinoamérica-, ya que un 90% de ellos se confiesa de lo
más ufano.
ACEPTAR EL DOLOR. Ser feliz no presupone la
ausencia de dolor o tristeza. La muerte o el abandono de un ser querido
no se puede pasar por alto. Pero sí es posible valorar la vida en su
conjunto. "Muchas veces el sufrimiento está en nosotros y sólo aparece
cuando nos resistimos al dolor. El dolor tiene un sentido comprensible:
avisa de que algo no va bien. Para superarlo hay que aceptarlo", explica
Serafín Ruiz, autor de El arte de ser felices. Saber que se quiere ser
feliz e ir tanteando la manera de hacerle un hueco en la vida es ya un
excelente comienzo para atraerla. Que permanezca o se esfume es una
cuestión personal, de autoestima y generosidad, sobre todo con uno
mismo.
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