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Ataque de pánico

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También llamada crisis de angustia o ansiedad

Veamos la definición utilizada más usualmente, que es la del
DSM-IV, que es un manual que recoge los criterios utilizados por psiquiatras y psicólogos de todo el mundo, para diagnosticar e investigar cualquier "enfermedad" de las llamadas mentales, emocionales o nerviosas. Veamos la definición que hace dicho manual de las crisis de pánico:

Episodio de ansiedad aguda con miedo o malestar intensos, acompañado de alguno de los siguientes síntomas, que suelen aparecer bruscamente y alcanzar su máxima expresión en los primeros 10 minutos:

·         Palpitaciones

·         Elevación de la frecuencia cardiaca

·         Sudor

·         Temblores

·         Sacudidas

·         Sensación de ahogo o falta de aliento

·         Sensación de atragantarse

·         Opresión o malestar en el pecho

·         Náuseas

·         Molestias abdominales

·         Inestabilidad

·         Mareo

·         Sensación de desmayo

·         Sensación de entumecimiento

·         Hormigueo

·         Escalofríos o sofocaciones

·         Percibir las cosas o percibirse a sí mismo de forma extraña

·         Miedo a morir, volverse loco o perder el control

Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud, en su Décima Clasificación Internacional de las enfermedades, describe la crisis de pánico o "ansiedad episódica paroxística" como:

1.     Un episodio puntual de temor o de malestar.

2.     Se inicia bruscamente.

3.     Alcanza su máxima intensidad en pocos segundos y dura algunos minutos.

4.     Deben hallarse presentes por lo menos cuatro de los síntomas listados a continuación, uno de los cuales debe ser de los grupos "A" a "D":

Síntomas autonómicos

a) Palpitaciones o golpeo del corazón o ritmo cardíaco acelerado.

b) Escalofríos.

c) Temblores o sacudidas.

d) Sequedad de boca (no debida a medicación o deshidratación).

Síntomas relacionados con el pecho o abdomen

e) Dificultad para respirar.

f) Sensación de ahogo.

g) Dolor o malestar en el pecho.

h) Náusea o malestar abdominal (p.e. estómago revuelto).  

 

Síntomas relacionados con el estado mental  

 

i) Sensación de mareo, inestabilidad o desvanecimiento.

j) Sensación de irrealidad (desrealización), o de sentirse fuera de la situación (despersonalización)

k) Sensación de ir a perder el control, de volverse loco o de ir a perder el conocimiento.

l) Miedo a morir.

Síntomas generales  

 

m) Oleadas de calor o escalofríos.

n) Adormecimiento o sensación de hormigueo.

Las crisis de pánico son la respuesta de alarma de nuestro organismo ante el peligro. Si reaccionásemos con miedo, temblor, taquicardia, etc., porque alguien nos ataca con una navaja, consideraríamos nuestra reacción de terror y las sensaciones internas que lo acompañan, como algo normal. Si alguien nos gastase una broma pesada amenazándonos con una pistola y nosotros creemos equivocadamente que va a disparar y matarnos, responderíamos con el mismo terror; se pondría en marcha nuestro sistema de alarma y, en este caso, se trataría de una falsa alarma.

A pesar de que para hacer un diagnóstico de crisis de ansiedad suele ser suficiente un relativamente pequeño número de síntomas de las reducidas listas anteriores, en la práctica la variabilidad y diversidad de estos síntomas es mucho mayor, pudiendo afectar y alterar un gran número de sistemas corporales, lo que llega a confundir aún más a la persona que lo sufre. Resumiendo, la crisis suele comenzar de forma brusca, alcanzando su máxima intensidad a los diez minutos o menos. No necesariamente debe existir una situación amenazante o un desencadenante claro, pudiendo encontrarse la persona más o menos tranquila en los momentos previos o incluso dormida. 

Además de aparecer algunos de los síntomas corporales de los listados anteriores y que varían de persona a persona, este estado va acompañado de una intensa sensación de peligro, muerte inminente y la imperiosa necesidad de pedir ayuda o escapar.

En general las personas que sufren una crisis de angustia la describen como un miedo intenso, con sensación de estar a punto de morir o sufrir un infarto o "derrame" cerebral, o bien perder el control o "volverse loco". Esta sensación, acompañada de los síntomas corporales que a veces son de gran intensidad, hace que la persona tienda a escapar como sea de la situación o lugar donde se encuentra y a veces buscar ayuda médica de urgencia.

Como la crisis llega a su pico máximo aproximadamente a los diez minutos, en caso de acudir a urgencias, cuando llegan al servicio los síntomas se han calmado mucho o han desaparecido, no encontrándose anomalías cuando son explorados. De cualquier forma, no es infrecuente que a pesar de haberse reducido la intensidad de los síntomas la persona quede en un estado de abatimiento, cansancio o desgana que puede durar incluso durante horas hasta que se recupera.

FRECUENCIA

Se calcula que entre el 1,5 y el 3,5% de la población puede sufrir este trastorno, aunque se ha descrito que hasta un 9,3 % de la población general puede presentar alguna crisis aislada a lo largo de la vida. Durante un mismo año 1 ó 2 de cada 100 habitantes lo sufrirá. Entre un tercio y la mitad de ellos presentará además síntomas agorafóbicos. Su presentación puede verse influida por matices culturales, pero se han observado síntomas similares en casi todo el mundo. Lo más frecuente es que aparezca entre los 20 y los 45 años. Podemos decir entonces que es un trastorno frecuente, sobre todo en el caso de las mujeres que lo presentan 2 a 3 veces más que los varones.

CURSO

La edad de inicio del trastorno de angustia varía considerablemente, si bien lo más típico es que el inicio tenga lugar entre el final de la adolescencia y la mitad de la cuarta década de la vida, lo que podría indicar una distribución de tipo bimodal, con un pico de incidencia al final de la adolescencia y otro pico de menor entidad en la mitad de la cuarta década de la vida. Un número reducido de casos puede iniciarse en la segunda infancia, y el trastorno también puede aparecer, aunque es muy poco frecuente, en mayores de 45 años. Las descripciones retrospectivas que efectúan los individuos visitados en los centros asistenciales sugieren que el curso típico es de carácter crónico, con altas y bajas. Algunas personas presentan brotes episódicos separados por años de remisión, mientras que otras presentan permanentemente un cuadro sintomático intenso. Aunque la agorafobia puede aparecer en cualquier momento, suele hacerlo en el primer año de las crisis de angustia recidivantes. El curso de la agorafobia y su relación con el curso de las crisis de angustia con variables. En ocasiones una disminución o remisión de las crisis de angustia es seguida de cerca por una disminución correspondiente de la evitación y ansiedad agorafóbicas. Otras veces la agorafobia adquiere un carácter crónico independiente de la presencia o ausencia de crisis de angustia. Algunos individuos manifiestan que disminuyen la frecuencia de las crisis de angustia evitando exponerse a ciertas situaciones. Los estudios de seguimiento efectuados en personas tratadas en centros de asistencia terciaria (en los que puede haber un sesgo de selección de los casos con peor pronóstico) sugieren que, al cabo de 6-10 años de tratamiento, cerca del 30 % de los individuos se encuentra bien, entre el 40 y el 50 % han mejorado, pero siguen con algunos síntomas, y el 20-30 % restante sigue igual o incluso peor.

PATRÓN FAMILIAR

Los parientes de primer grado de los individuos con trastorno de angustia tienen entre cuatro y siete veces más probabilidades de presentar este trastorno. Sin embargo, en los centros asistenciales entre la mitad y las tres cuartas partes de los pacientes con trastorno de angustia no presentan el antecedente de un pariente de primer grado afectado. Los estudios con gemelos indican una influencia genética en la aparición del trastorno de angustia.

TRATAMIENTO - TERAPIA COGNITIVA FOCAL

Este formato de terapia se fundamenta en el supuesto de que las crisis de angustia, ya sean espontáneas o asociadas a un estímulo externo, surgen de una interpretación distorsionada de tipo catastrófico de algunas sensaciones corporales que no son más que respuestas más o menos normales a la ansiedad. Por ejemplo, interpretar como un infarto inminente el aumento de la frecuencia del corazón o entender que ciertas dificultades respiratorias desembocarán sin duda en el ahogo o incluso la muerte por asfixia. Es decir, un estímulo corporal se asocia a un pensamiento (cognición) de forma automática, que puede adquirir la característica de un monólogo interno de carácter involuntario y que desemboca ineludiblemente en un resultado catastrófico.

Los estímulos externos como puede ser un supermercado o los internos como algunas sensaciones corporales, imágenes o pensamientos, se perciben con aprensión y miedo, lo que hace que aumente el nivel de ansiedad y aparezcan nuevas sensaciones corporales, que se interpretan como la confirmación e inminencia de la catástrofe, desencadenándose el ataque de pánico. 

Basándose en esta cadena de acontecimientos, se enseña al paciente a interrumpirla a través de una serie de pasos que implican el reconocimiento de los pensamientos y sensaciones corporales que van asociados con el ataque de angustia, para posteriormente mostrarle, por ejemplo, cómo la hiperventilación provoca esos mismos ataques y cómo automáticamente van asociados a la interpretación catastrofista. Además, pueden utilizarse técnicas de control de la respiración así como el desarrollo de otro tipo de pensamientos menos amenazantes y más adecuados como respuesta a los síntomas corporales.

Normalmente la terapia se inicia con Comprender qué son las crisis de pánico, su función adaptativa y la importancia de los pensamientos en la ansiedad y el pánico, se clarifican las dos explicaciones existentes acerca del problema: la catastrofista que el paciente ha creído hasta ahora, y la explicación cognitiva, según la cual el pánico: se produce por el mecanismo de un círculo círculo vicioso, que no entraña ningún peligro y puede superarse mediante la terapia. La terapia sigue con la llamada "entrevista socrática", donde se evita el asesoramiento directo, los consejos moralizantes o los juicios de valor. La entrevista de tipo directivo se centra en hechos reales y acontecimientos concretos, intentando delimitar y detallar lo más posible el tipo de cogniciones (pensamientos) asociados a cada situación amenazante. El objetivo posterior pasa por la reestructuración cognitiva del paciente (reordenación de su pensamiento) Identificando el pensamiento negativo asociado al suceso, puede entonces analizarse hasta qué punto éste es inadecuado o exagerado, descubriendo sus efectos negativos sobre conductas y sentimientos. Una vez conseguido esto, se anima al paciente a considerar otras hipótesis menos amenazantes para explicar los síntomas.

TERAPIA CONDUCTUAL

Los tratamientos conductistas o de modificación de conducta presuponen que una determinada conducta puede entenderse como una respuesta condicionada a un estímulo. La base del tratamiento consistirá entonces en descondicionar algunas conductas del sujeto o bien condicionarlo para el aprendizaje de otras formas de respuesta más adecuadas.

En ambos casos parece que la eficacia de cualquiera de las dos se sustenta en último término en la exposición o enfrentamiento a la situación real y atemorizante.

A veces, ambos tipos de tratamiento se combinan (el cognitivo y el conductual), dando lugar a lo que se conoce como tratamiento o terapia cognitivo-conductual. Otras veces se utiliza un tipo de terapia más orientada hacia lo cognitivo, llamada “cognitiva focal”. Ambos tipos de tratamiento, bien administrados, producen una tasa de remisiones entre el 80 y el 90 % de acuerdo con los estudios controlados.

La hiperventilación

La hiperventilación o ventilación pulmonar excesiva suele aparecer cuando la persona nota determinadas dificultades respiratorias, como puede ser la sensación de no poder aspirar suficiente aire por opresión en el pecho. Esto hace que la persona sienta "hambre de aire", lo que a su vez le motiva a respirar más rápido y profundo, incluso saliendo a la ventana con el ansia de buscar aire fresco.

No tratándose realmente de una necesidad de oxígeno, se introduce una cantidad de aire superior a las necesidades del organismo. Lo que se consigue es eliminar un exceso de anhídrido carbónico (CO2) que provoca una "alcalosis respiratoria" (aumenta el pH de la sangre) De forma fisiológica (normal), este cambio en la composición de la sangre hace que se libere menos oxígeno en los tejidos, entonces el corazón de forma refleja aumenta la potencia y frecuencia de sus latidos. También el lugar desde donde se controla la respiración se ve afectado, al haber menos CO2 se reduce la frecuencia respiratoria y para compensarlo la persona la fuerza voluntariamente, aumentando la sensación de disnea o ahogo. A partir de aquí los síntomas de angustia empeoran, ya que se desencadenan una serie de fenómenos fisiológicos que suelen empezar con entumecimiento u hormigueo en los dedos de ambas manos aunque ocasionalmente también puede afectarse sólo una de ellas. Si la alcalosis persiste esta sensación se va extendiendo también a los dedos de los pies, el resto de los pies, la cara y especialmente la zona alrededor de la boca. Menos frecuentemente se pueden producir contracciones musculares e incluso tetania (contracción muscular mantenida), sobre todo en muñecas y tobillos. Junto a lo anterior suele coexistir cierta sensación de atontamiento, así como de presión y agrandamiento de la cabeza. Ni que decir tiene que la aparición de estos síntomas secundarios a la hiperventilación no hacen más que agravar la sensación de pánico de la persona.

Una persona con una crisis de pánico puede correr el riesgo de hiperventilar, con el consiguiente empeoramiento del cuadro, pero también se sabe que personas predispuestas pueden desencadenar la propia crisis si fuerzan su respiración de forma voluntaria.

Cómo respirar para relajarse

La respiración es una función básica para el organismo y no podemos prescindir de ella; aunque sí podemos sobrevivir sin comer y beber durante varios días, no podemos estar más de un cierto tiempo sin respirar porque nos asfixiaríamos. Además, tiene de peculiar que es una de las actividades fisiológicas sobre las que la voluntad consciente puede intervenir de forma directa, aunque la mayoría de las veces funciona de manera automática regulada por unos centros nerviosos situados en el tronco cerebral, concretamente en el bulbo raquídeo. Por esto, la respiración es como un paso previo, ya que sin una correcta respiración es difícil lograr la relajación.

Hay varios tipos de respiración, según la parte de los pulmones que más se hinche de aire.

Clavicular. Es la que realizan las mujeres embarazadas en los últimos meses de gestación por cuestiones de su morfología corporal. También es la que se realiza normalmente cuando nos sobresaltamos por algo: ruido intenso, ver algo que nos asuste, etc. Cuando se realiza, se respira con el tercio superior de los pulmones (que es muy pequeño y acumula poco aire)

Torácica. La respiración que realizamos en general, siempre y cuando no haya sido la persona entrenada en respiración y relajación porque no practique yoga, taichi, meditación... Cuando se realiza, se está moviendo únicamente el tórax.

Diafragmática o abdominal. La que permite un óptimo aprovechamiento del aire que entra en los pulmones, y por eso es la que siempre se utiliza en las técnicas de relajación, ya que consiste en llenar la mitad inferior de los pulmones, que tiene más capacidad que la mitad inferior. Este tipo de respiración la realizan los bebés de forma espontánea y es más fácil entrenarla en los varones porque tienen las espaldas más anchas.

Ejercicios

1) Toma de conciencia de la inspiración y la espiración, atendiendo a cómo entra el aire por la nariz y cómo sale tanto por la nariz, como por la boca. Importante respirar introduciendo el aire en horizontal, no en vertical, porque la mucosidad se puede ir a los senos de la nariz, inflamarse y producir sinusitis.

2) Respiración alternante: para trabajar con las fosas nasales. Se colocan los dedos pulgar e índice uno en cada fosa nasal; se tapa la fosa izquierda con el dedo índice (si lo hace una persona diestra) y se inspira por la derecha. Después se tapa la fosa derecha y se espira por la izquierda. Ahora se realiza al contrario, es decir, tapando la fosa derecha, inspirando por la izquierda y espirando por la derecha.

Aprendizaje de la respiración abdominal.

Para saber si se está respirando de esta manera, se coloca una mano en la caja torácica, concretamente sobre el esternón (hueso que se sitúa entre ambas mamas). Si el tórax se hincha ligeramente y el abdomen sobresale al inspirar, es una señal de que se está realizando bien. Si sólo se mueve la caja torácica, no se está realizando la respiración abdominal.

He aquí unos ejercicios facilitadores para aprenderla. La mejor posición es tumbarse con las rodillas flexionadas y colocando las manos como en el ejercicio anterior.

Expulsar todo el aire metiendo el abdomen; notar cómo se hunde, facilitándolo al presionar el vientre con la mano..

  • Mantener unos segundos tras la espiración para que no se produzca ninguna entrada de aire.

  • Inspirar lenta y profundamente, concentrándose en el movimiento del abdomen y observando cómo mano sube a medida que entra el aire en los pulmones.

  • Mantener de nuevo el aire (4 segs) que entra en los pulmones y desalojarlo de nuevo.

IMPORTANTE: Es conveniente practicar este tipo de respiración a diario durante 5 o 10 minutos para que se consiga automatizar, y así se beneficie la persona que lo realice.

El objetivo de practicar y dominar la respiración abdominal es utilizarla cuando sube el nivel de ansiedad, es decir, cuando nos ponemos nerviosos (manos sudorosas, sonrojarse, rascarse la cabeza, respirar entrecortado, etc)

Consejos en el caso de repetirse un ataque de pánico

Reconozca que se trata de una crisis de angustia que ya ha tenido en alguna otra ocasión. Como entonces ocurrió, a pesar de lo mal que la pasó, no significa que le vaya a ocurrir nada fatal ni sin remedio.

Recuerde que a pesar de parecer "eterna", la crisis llega a su máximo en escasos minutos (10 aprox.). Intente despreocuparse de su duración, aceptando que a pesar de ser un estado muy desagradable va a pasar en unos minutos.

Busque ayuda sin alarmismos. Si se halla entre un grupo de personas puede simplemente comentar que se encuentra momentáneamente indispuesto y pedir que alguien de confianza lo acompañe a un lugar más tranquilo. Siéntese o pasee sin apresuramiento en espera de que la crisis disminuya su intensidad. La persona que lo acompaña estará dispuesta a ayudarlo si se diera el caso. Si se encuentra solo no pretenda que vengan a ayudarlo de inmediato, si llama a alguien para cuando llegue sus síntomas ya se habrán calmado en gran medida. En todo caso y si se encuentra muy asustado y hablar con alguien lo tranquiliza, llámelo por teléfono y explique su estado en ese momento, hable unos momentos y pídale que lo vuelva a llamar pasados 5 ó 10 minutos. Puede que esto lo tranquilice, al saber que hay alguien pendiente de cómo se encuentra.

Intente relajarse lo más posible, no dirija su atención de forma mantenida a los síntomas. Cuanto más se fije en aquellas partes de su cuerpo que parecen funcionar mal, más sensible se encontrará hacia los pequeños cambios, aumentando el temor y empeorando los síntomas. Desvíe su atención hacia aquellas otras partes del cuerpo que no dan muestras de alteración intentando relajarlas. También puede distraer su atención dirigiéndola a estímulos neutros del ambiente, como puede ser fijarse en las patentes de los autos que pasan, examinar los productos cercanos del supermercado o incluso contar de tres en tres desde cien hacia atrás hasta controlar la ansiedad.

Respire de forma pausada, intente acompasar sus respiraciones sin hacer inspiraciones profundas. La sensación de falta de aire o ahogo puede que le haga respirar muy rápido y de forma profunda. En algunas personas este tipo de respiración empeora los síntomas de la crisis al producirse lo que se llama una "alcalosis respiratoria" debida a la hiperventilación. Los signos de la alcalosis aparecen tras un período de ventilación forzada, con sensación de mareo, visión borrosa, cosquilleo en manos, pies o cara e incluso contracturas en zonas como muñeca o tobillo. En caso de iniciarse síntomas de este tipo, la persona se asusta aún más empeorando el cuadro.

Recuerde entonces que:

La sensación de falta de aire es más subjetiva que real.

Nadie se ha ahogado en una crisis de angustia. Es imposible. Incluso en el caso de llegar a perder el conocimiento por una respiración forzada, los propios mecanismos reguladores del organismo harán que el ritmo respiratorio vuelva a la normalidad, estabilizando la situación.

Respire, por la nariz y con el diafragma de la forma más pausada posible a pesar de la sensación de falta de aire. No acelere el ritmo ni respire muy profundamente.

En el caso de no haber podido controlar bien la respiración y aparecer signos como mareo, entumecimiento o cosquilleo en alguna parte del cuerpo, un remedio muy eficaz consiste en respirar manteniendo una bolsa de papel sobre nariz y boca. De esta forma se vuelve a reintroducir en los pulmones parte de los gases que se han forzado a expulsar durante la respiración. Esta técnica resulta muy eficaz y en muy poco tiempo los síntomas desaparecerán. A veces suele ser más difícil convencer al paciente de que respire dentro de la bolsa, precisamente por su búsqueda forzada de aire, que como hemos visto no hace más que empeorar el cuadro.

. Si su corazón late muy deprisa recuerde que eso no significa la inminencia de un ataque cardíaco. Espere unos momentos para comprobar cómo su corazón recupera progresivamente su ritmo normal. En caso de asustarle mucho esta situación, puede probar a realizar la siguiente técnica, que busca provocar lo que se llama el "reflejo de Valsava". Aumente la presión del abdomen sacando con fuerza el estómago durante 3 a 5 segundos. Con ello el corazón disminuirá rápidamente la frecuencia de sus latidos. Puede repetir la técnica hasta una decena de veces si es necesario.

·
  Algunas personas han oído o se les ha aconsejado que en caso de repetirse una crisis de angustia se coloquen una pastilla tranquilizante debajo de la lengua para frenar su evolución. Desde un punto de vista estrictamente farmacológico, esta estrategia no resulta más eficaz que tomarse directamente la pastilla, ya que la absorción es relativamente similar de las dos formas y requiere un período de tiempo, que aunque no es muy dilatado, generalmente es algo mayor que la duración normal de una crisis. De esta forma, atribuir la mejoría a la toma de medicación en su inicio es una equivocación, ya que por rápida que sea la absorción la mejoría también se produciría sin ella. En cualquier caso esta estrategia, o la simple toma oral de la pastilla, puede ser de alguna ayuda en aquellas personas que temen sobremanera a las crisis, que estas duren mucho tiempo o que vengan seguidas por un estado de ansiedad importante que limite mucho su funcionamiento. El riesgo es que la persona quede muy dependiente de la medicación, sin poder separarse de ella y en un estado de hipervigilancia continua que le mantenga en actitud de alerta ante los mínimos síntomas para tomarse la pastilla.

Agorafobia

Es el miedo a lugares o situaciones donde escapar puede ser difícil (o embarazoso), o en el caso de presentar alguno de los síntomas de la crisis de ansiedad o similares (diarreas, mareos...) no se puede obtener ayuda inmediata. Aunque a veces la agorafobia puede aparecer sin crisis de ansiedad anteriores, generalmente es posterior a ellas.

De forma típica, la persona comienza a evitar algunas situaciones o lugares temidos, pero al cabo del tiempo puede que esté muy limitado en cuanto al número y lugares donde se encuentra cómodo. Evita así estar solo dentro o fuera de casa, las concentraciones de gente, lugares con mucho ruido o luces, grandes almacenes o comercios, transportes públicos, puentes o ascensores.

En el caso de tener que enfrentar alguna de estas situaciones, no lo hace más que sometido a un intenso temor, tranquilizándose algo si se encuentra en compañía de alguien de su confianza o con algo entre las manos como puede ser un carrito. Esta dependencia enfermiza de otras personas puede llegar a generar importantes tensiones añadidas en las relaciones familiares

Relajación

La tensión muscular es uno de los componentes de la ansiedad. Se trata de un mecanismo generalmente automático e involuntario, pero que podemos aprender a controlar voluntariamente, igual que la respiración o los pensamientos.

La tensión y la relajación son estados del organismo que corresponden a dos partes del sistema nervioso autónomo: el simpático y el parasimpático. Cuándo estamos nerviosos, asustados, enojados, etc., nos hallamos bajo el control del sistema nervioso simpático. Es el llamado sistema de alarma, lucha, huida o emergencia. Su activación implica una serie de cambios fisiológicos entre los que se incluye la tensión muscular.

Por el contrario, cuando nos hallamos en estado de relajación, es el sistema parasimpático el que toma el control en nuestro organismo. Entonces, la tasa cardiaca se reduce, la respiración se vuelve más lenta, la tensión muscular disminuye y se nota una sensación de relajación, o incluso de pesadez muscular. La activación del sistema nervioso simpático es incompatible con la activación del parasimpático, y viceversa. Por tanto, si estás relajado no puedes estar tenso a la vez.

Como la tensión muscular forma parte de la reacción de ansiedad, y la relajación muscular forma parte de la reacción de relajación, podemos avanzar desde la ansiedad hacia la relajación, centrándonos en cambiar la tensión muscular por la relajación muscular.

El aprendizaje de la relajación puede compararse al de otras habilidades como aprender a nadar, a andar en bicicleta, o a manejar un auto: es necesario tomarse un tiempo y practicar una y otra vez hasta que se aprende; pero, una vez aprendida puede ponerse en práctica sin esfuerzo y en cualquier lugar. Así podrás relajarte y estar tranquilo, en cualquier situación en que lo desees.

Aunque existen diversos métodos para aprender a relajarte el más utilizado es el de la relajación muscular progresiva.

RELAJACIÓN MUSCULAR PROGRESIVA

Esta técnica consta de dos fases.

En la primera fase, se aprende a discriminar cuando un músculo esta tenso y cuando esta relajado. Para ello, estando en una posición cómoda, tumbado o recostado, vas tensando cada músculo y después de mantenerlo tenso durante 3 o 4segundos, lo relajas y te centras en la sensación de relajación y en la diferencia entre ella y la anterior sensación de tensión.

Los grupos musculares que suelen trabajarse en esta 1° fase, son los siguientes:

  • Manos, apretando los puños (1° una y después la otra)

  • Antebrazos, doblando los brazos por el codo y apretando el antebrazo contra el brazo (1° uno y después el otro).

  • Brazos, poniendo los brazos rectos, con las manos sueltas y estiradas hacia delante (id).

  • Hombros, levantándolos hacia arriba.

  • Parte posterior del cuello, apretando la barbilla contra el pecho.

  • Nuca, apretándola contra el sillón o la superficie en que reposa.

  • -Frente, alzando las cejas hacia arriba y arrugando la frente.

  • Ojos, apretando los párpados.

  • Boca, abriéndola lo más posible, y frunciendo después los labios.

  • Mandíbulas, tensándolas.

  • Lengua y parte interna del cuello, apretando la punta de la lengua contra la parte superior del paladar.

  • Pecho, tomando aire por la nariz, manteniéndolo mientras se tensa el pecho, y soltándolo lentamente por la boca.

  • Abdomen, empujando hacia fuera los músculos abdominales

  • Nalgas, tensándolas y empujándolas un poco hacia arriba junto con las caderas.

  • Muslos, extendiendo las piernas, levantándolas y estirándolas hacia fuera.

  • Pantorrillas, extendiendo las piernas hacia fuera, enderezando y tensando los dedos de los pies

  • Pies, curvando los dedos hacia abajo y después hacia arriba.

Se toman uno tras otro esos grupos musculares, y te vas centrando en cada uno de ellos.

Veamos, como ejemplo, una mano:

- La tensas apretando los puños. Durante unos 7 segundos centras tu atención en la sensación de tensión que notas.

- Después sueltas esos músculos, los relajas y centras tu atención en la diferencia que notas entre la tensión que tenían antes y cómo los sientes ahora, que están más relajados.

- Intentas relajar un poco más esos músculos. Imaginas que están más relajados y que vas notando que pesan y que se van relajando, cada vez más y más.

A continuación haces lo mismo con cada uno de los grupos musculares señalados arriba. Se recomienda que al tensar los músculos de la cabeza, se atienda principalmente la relajación de cuero cabelludo, sienes y frente, por estar frecuentemente tensos. Y que se preste también una atención especial al estomago y al abdomen por ser lugares donde también suelen acumularse tensiones.

Cada ejercicio cuesta alrededor de 25 minutos, y hay que practicarlo una o dos veces al día. Al empezar a practicarla, se aconseja anotar los resultados de cada práctica en el correspondiente registro.

Para aprender a relajarte, es importante mantener una actitud de atención pasiva: no tratar de exigirte relajarte, y no tener prisa.

Al empezar, debes practicar en un lugar silencioso, con temperatura agradable y con una posición corporal cómoda: tumbado o sentado en un sillón.

En una segunda fase, una vez hayas aprendido a discriminar fácilmente cualquier tensión muscular y a relajarla a voluntad, te centraras solamente en prestar atención a tu cuerpo, e ir relajando cualquier tensión que detectes en él. Para ello iras revisando mentalmente cada zona o grupo muscular y relajando cualquier tensión que detectes en ella, sin necesidad de tensarlas antes.

Con ese estos ejercicios aprenderás a relajarte fácilmente y a percibir cualquier señal de tensión corporal, a la que podrás aplicar automáticamente la relajación.

En esta fase conviene que practiques la relajación centrando tu atención en la respiración diafragmática lenta que llevas a cabo, y repitiéndote a ti mismo alguna palabra o frase tranquilizadora. Por ejemplo al soltar el aire puedes pensar “relájate”, o "calma" o "manso y tranquilo" o lo que funcione para usted.

Una vez consigas relajarte bien, en la posición de acostado o recostado, conviene que te acostumbres a relajarte, en posición de sentado, y después en diferentes lugares y situaciones.

En cuanto a los lugares y posiciones en que la practicas, conviene seguir estos pasos:

La práctica de la relajación para afrontar la ansiedad en las situaciones interpersonales, implica que seas capaz de ocupar en ella una parte de tu atención, mientras dejas libre otra parte de tu mente para atender otras tareas o cuestiones. Es decir, cuando puedas relajarte en cualquier situación, y simultáneamente a la realización de cualquier tarea o a la interacción con otras personas.

Para conseguir eso, antes tendrás que haber practicado mucho.

Otra cuestión importante a tener en cuenta es que la relajación debe empezar a aplicarse al detectar las primeras señales de ansiedad, antes de que se haga demasiado fuerte. Cualquier situación, y simultáneamente a la realización de cualquier tarea o a la interacción con otras personas.

Para conseguir eso, antes tendrás que haber practicado mucho.

  • En un lugar tranquilo y silencioso, cómodamente tumbado o recostado.

  • Cuando la domines en la posición anterior, practicarla en diferentes posiciones (sentado, de pie) y en diferentes lugares.

  • Después, mientras llevas a cabo otras actividades, empezando por las más fáciles (ej., mientras caminas estando sólo).

  • Finalmente, has de llegar ser capaz de aplicarla mientras llevas a cabo tus actividades cotidianas: hablar con alguien, trabajar, etc.

Fuente PsicologosNet.com

 


 

 

 

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