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Enciclopedia de Tecnología Médica - Parte 4

Salud Humana /
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301007 - Fuente El Mundo
 

Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 - Parte 4

Neumología

. Broncoscopia

. Espirometría
.
Ventilación mecánica sin tubo

Reumatología

.
Densitometría

Hematología

. Aspirado de médula ósea

. Control de la anticoagulación (Sintrom)

Anatomía Patológica

. Punción Aspiración con Aguja Fina (PAAF)

Laboratorio

. Test del aliento

. Mantoux
. Analítica de sangre
. Analítica de orina
. Analítica de heces (Materia fecal)
. Analítica de esputo


Broncoscopia

Se usa para mirar el interior de las vías respiratorias. Además, permite tratar algunos problemas y coger muestras para analizar. Es muy útil y permite acceder a los bronquios o el pulmón de forma sencilla, si necesidad de una cirugía abierta, que en el tórax es especialmente complicada y de alto riesgo.

El broncoscopio es un tubo largo, delgado, de fibra óptica que transmite imágenes desde el ocular del instrumento hasta un vídeo. El tubo entra por la nariz y atraviesa la laringe, la traquea y los bronquios, viendo la morfología de estas estructuras. Antes de introducir el tubo, se suele aplicar un anestésico local en la boca y la nariz. Si el médico lo considera indicado, también se da al paciente un sedante.

Si durante el procedimiento se ven zonas inflamadas, lesiones, colecciones de pus u otras alteraciones se puede tomar una muestra para analizar. Se suele tardar de 30 a 60 minutos en hacer la prueba. Durante todo el tiempo se monitoriza la tensión arterial, el pulso y el nivel de oxígeno en la sangre.

En algunas ocasiones, se realiza la prueba junto con una radiografía, para detectar mejor dónde está localizada una lesión. En ese caso, se le colocará una máquina grande de rayos X encima. La prueba puede ser un poco desagradable pero no dolorosa. Si nota mucha sensación de falta de aire comuníqueselo al médico que le esté haciendo la prueba.

Se suele hacer de forma ambulatoria, no es necesario ingresar para ello, y debe estar en ayunas entre seis y 12 horas antes, sin beber ni siquiera agua. Tampoco debe fumar desde la noche anterior. Es aconsejable que no conduzca después de hacerse la broncoscopia. Unas cuatro horas después podrá beber agua y, si no tiene molestias, podrá comer.

Si está tomando medicamentos, como aspirina o anticoagulantes, consulte a su médico qué tiene que hacer con ellos. La aspirina debe retirarse una semana antes y los pacientes que toman anticoagulantes deben recibir heparina los días previos a la prueba.

Existen riesgos aunque son poco frecuentes. Se puede ser alérgico al sedante o anestésico usados y es posible que ocurran infecciones o sangrado. Este último, más frecuente si se ha realizado una biopsia, suele parar de forma espontánea aunque en raras ocasiones es preciso recurrir a la cirugía.

La biopsia puede causar un desgarro en la pared del pulmón. En ese caso, el aire puede entrar en la pleura, produciéndose un neumotórax, que puede ser pequeño y dar síntomas escasos (dolor, falta de aire) o más grande y necesitar un tubo para vaciarlo.

Espirometría

Las pruebas de función respiratoria, o espirometría, miran la capacidad de los pulmones. Es decir, cómo de bien inhalan o exhalan aire y con qué eficiencia transfieren oxígeno a la sangre. Sirve para valorar enfermedades como la bronquitis crónica, el asma o las enfermedades pulmonares restrictivas.

El paciente tiene que respirar en una boquilla que está conectada a un instrumento llamado espirómetro, que registra la cantidad y frecuencia de aire inspirado y espirado durante un tiempo específico. Algunas mediciones se obtienen de una respiración normal y otras requieren una inhalación o exhalación forzada después de una respiración profunda.

No se deben tomar alimentos pesados antes del examen, ni fumar durante las seis horas previas. Si está tomando inhaladores se deberán suspender unas horas antes del examen. A veces, se indica al paciente que inhale medicamentos antes o durante la prueba, para ver la respuesta a los mismos.

No conlleva ningún riesgo. Se puede sentir dificultad al respirar, al tener que hacerlo a través de una boquilla, pero la duración de la prueba es muy corta y suele tolerarse muy bien.

Ventilación mecánica sin tubo

La ventilación mecánica es el soporte respiratorio (administración de oxígeno y eliminación de carbónico ) de un paciente mediante algún medio mecánico. Clásicamente, se realiza insertando un tubo en la tráquea y poniendo en marcha un ventilador mecánico, bien en un quirófano a cargo de un anestesista o en una UCI.

A partir de los años 60, comenzó a desarrollarse, gracias a la última epidemia de polio que conoció Europa y a la necesidad de extender el uso de respiradores que ésta generó, un tipo de ventilación más simplificada. Se intentaba que el paciente no tuviese que estar intubado ni conectado a una engorrosa maquinaria.

Surgió así el concepto de ventilación mecánica no invasiva, en la que el paciente recibiría el oxígeno a través de una mascarilla facial, nasal o bucal, en lugar de mediante un tubo endotraqueal, y con unos ventiladores mucho más ligeros que permitirían su transporte incluso hasta el domicilio del paciente. Este tipo de terapia llegó, sobre todo, a pacientes agudos y crónicos.

Este tipo de ventilación no invasiva se aplica en los siguientes casos:

* Bronquitis crónica con algún problema agudo como una infección
* Crisis asmática
* Neumonía
* Fibrosis pulmonar
* Enfermedades de la médula espinal que paralicen la respiración
* Enfermedades de los músculos respiratorios
* Enfermedades de la caja torácica (cifoescoliosis)
* Espera del trasplante de pulmón
* Bronquitis crónica
* Enfermedad del sueño (SAOS)

Frente a sus múltiples utilidades, esta clase de ventilación está contraindicada en el caso de los pacientes en estado comatoso, con parada cardiorrespiratoria, vómitos, expectoración muy abundante, enfermedad terminal o que se niegan a recibirla.

Entre sus ventajas, en comparación con la ventilación clásica, destaca que se tolera mejor y no precisa sedación; evita la atrofia de los músculos respiratorias, porque el paciente debe trabajar algo con ellos; permite toser y, así, eliminar secreciones y disminuir el riesgo de infección; facilita la retirada del respirador; conlleva un menor riesgo de complicaciones (neumonía, lesión pulmonar por el respirador); en los bronquíticos crónicos, mejora el sueño, la calidad de vida, la supervivencia y disminuye el número de hospitalizaciones.

Las mascarillas (nasal, bucal, facial, casco,...) se fabrican en diversos tamaños y materiales que actualmente casi se limitan a la silicona y al látex, por ser los más adaptables e hipoalergénicos. Deben ajustarse lo más posible para evitar fugas pero no estar demasiado apretadas para evitar heridas en el punto de apoyo. Otros componentes necesarios son los arneses de ajuste, generalmente de material elástico con velcro en el extremo.

Además del tipo de mascarilla, la ventilación mecánica no invasiva varía en función de si utiliza un determinado tipo de presión de oxígeno durante la inspiración o la espiración, lo que obliga o no a que el paciente realice algún esfuerzo muscular durante parte del ciclo respiratorio. Dependiendo del tipo de patología y el cuadro clínico, se puede modificar la ventilación elegida. Ésa es otra de las ventajas.

Las complicaciones de este tipo de ventilación se pueden derivar de la mascarilla (ulceración del puente nasal, enrojecimiento nasal, incomodidad), del flujo de aire (congestión o hemorragia nasal, sequedad nasal o de la boca, distensión gástrica) o de posibles fugas de aire de la mascarilla (dolor de oídos/senos, otitis, sinusitis, conjuntivitis, úlcera corneal).

Reumatología

Densitometría

Permite detectar la osteoporosis, una enfermedad frecuente en las mujeres posmenopáusicas que consiste en la pérdida de masa ósea o descalcificación de los huesos, que puede favorecer fracturas y dolor de huesos.

El examen permite ver la cantidad de calcio de lo huesos en diferentes puntos y la compara con la de en un individuo normal. Se puede determinar si existe descalcificación leve (osteopenia) o más severa (osteoporosis).

El procedimiento no es doloroso ni molesto y existen diferentes aparatos para realizarlo. En algunos casos, el paciente debe permanecer tumbado; en otros, se puede hacer sentado. Los rayos X pasarán a través del área del cuerpo desde debajo de la mesa hacia el escáner, que se encuentra encima del paciente. Se registran los rayos X que pasan a través del cuerpo y permiten al escáner determinar la densidad de los huesos.

El rastreo dura alrededor de 30 minutos. Dado que utiliza radioactividad no debe hacerse en mujeres embarazadas. Si usted lo está o tiene dudas, coméntelo antes de hacerse la prueba.

Hematología

Aspirado de médula ósea

La médula ósea es un tejido suave que se encuentra dentro de los huesos grandes y donde se producen las células sanguíneas.

Con una biopsia o aspirado se puede tomar una muestra de tejido para analizarla en el microscopio, comprobar si existen alteraciones anatómicas o si las células están alteradas (por tumores, infecciones...).

Cuando existen enfermedades como leucemias, linfomas, anemias o algunas infecciones, es necesario obtener una muestra de la médula para poder analizar las causas.

Para realizar esta prueba se pone un poco de anestesia local en el esternón o en la cresta iliaca (parte superior del glúteo). Al insertar la aguja en el hueso, se sentirá presión y una sensación fuerte de succión, a medida que se aspira la médula ósea, que dura sólo unos pocos momentos.

Por lo general, la prueba se tolera bien. Las complicaciones más importantes pueden ser los hematomas en la zona de punción o el dolor local.

Control de la anticoagulación (Sintrom)

Los pacientes que toman anticoagulantes orales (Sintrom) deben hacerse controles periódicos para ver el efecto que tiene el medicamento. La respuesta al mismo varía en función de cada persona y es preciso calcular la dosis más adecuada para cada uno.

Lo que se pretende conseguir con los anticoagulantes es que la sangre esté más líquida de lo normal y tarde más en coagularse. Por eso, el principal problema que puede producir el medicamento es el sangrado. Para evitarlo se deben conseguir unos niveles de anticoagulación adecuados, generalmente un INR entre 2-3 (esta cifra se obtiene al comparar el tiempo de coagulación de un paciente con el tiempo normal).

Las personas que tengan que controlar su INR deberán acudir al laboratorio, hospital o centro de salud, donde se les extraerá sangre o se les pinchará en el dedo, según corresponda. Después, deberán esperar a que se calcule su INR y, en función del mismo, se determinará la dosis de Sintrom que debe tomar en los próximos días.

Cuando el resultado está dentro de los límites indicados (2-3) se harán revisiones más espaciadas (cada 30-40 días). Cuando el INR esté por encima o por debajo y sea necesario cambiar la dosis habrá que repetir el control en periodos de tiempo más breves (una o dos semanas).

Anatomía Patológica

Punción Aspiración con Aguja Fina (PAAF)

La punción de lesiones se utiliza como método para obtener células de la zona estudiada y analizarlas bajo el microscopio o cultivarlas en medios especiales, por si hay gérmenes. Se suelen realizar sobre ganglios aumentados de tamaño o lesiones sospechosas de malignidad, que pueden estar en la mama, el hígado u otras localizaciones.

Se inyecta una aguja fina, unida a una jeringa, y se extrae una pequeña cantidad de material. Dependiendo de la zona, se puede usar un anestésico local para evitar el dolor del pinchazo. En ocasiones, también es necesario localizar la lesión con un ecógrafo o un TAC (si no son accesibles al tacto).

La prueba suele ser segura. Los efectos secundarios más importantes son el sangrado, hematoma en la zona de punción o dolor. Cuando las lesiones son menos accesibles, como las hepáticas, el riesgo de sangrado es mayor, al no poder localizar la lesión por el tacto. Sin embargo, el diámetro de la aguja suele ser pequeño y el sangrado, de existir, poco cuantioso.

Si está tomando anticoagulantes orales comuníquelo antes de realizarse la prueba. En la mayoría de los casos, no tiene porque ser una contraindicación pero el médico debe conocerlo y actuar en consecuencia.

Laboratorio

Test del aliento

Se realiza para detectar la presencia de Helicobacter pylori (En la imagen de la derecha), una bacteria que favorece la formación de úlceras en el estómago y en el duodeno. Esta prueba se suele pedir para confirmar que el tratamiento ha logrado eliminar la mencionada bacteria (detectada generalmente en una endoscopia).

Se basa en la capacidad de la ureasa producida por la bacteria para hacer que una solución libere CO2. Éste se absorbe, se difunde a la sangre, es transportado a los pulmones y, de allí, excretado a través del aliento.

Puede dar resultados falsos negativos (que se tenga la bacteria pero no se detecte) en los pacientes tratados con omeprazol o antibióticos. Por ello, se recomienda interrumpir el tratamiento con omeprazol dos semanas antes (puede sustituirse por un antagonista H2 como la ranitidina). Y, si ha tomado antibióticos, debe aplazarse el test un mes.

También puede haber falsos negativos en pacientes sometidos a cirugía, como consecuencia del rápido vaciamiento gástrico de la urea ingerida.

Se puede repetir la prueba tantas veces como sea necesario, incluso a niños y embarazadas.

Mantoux

Sirve para determinar si un individuo ha estado en contacto con el bacilo de la tuberculosis. Consiste en pinchar en el tejido subcutáneo una pequeña cantidad de tuberculina, que es un extracto del microorganismo (obtenido de cultivos de bacilos de la tuberculosis bovina).

Se marca el punto de inoculación con un rotulador, rodeando la zona donde se ha pinchado. 72 horas después se mira si ha habido reacción inflamatoria e induración. Se miden y se considera positivo por encima de 5-10 mm.

Un resultado positivo indica que se ha tenido contacto con la tuberculosis o se ha recibido alguna dosis de vacuna. La positividad no es sinónimo de tener la enfermedad de la tuberculosis.

Analítica de sangre

Los análisis de sangre realizados más frecuentemente son el hemograma, la bioquímica, la coagulación, las serologías, hormonas y el proteinograma. Cada uno de estos análisis se guarda en un bote diferente, con unos conservantes distintos. De ahí que la sangre se va metiendo en frascos con tapones de diferente color.

Para hacer la toma de sangre hay que buscar una vena adecuada. Las que se suelen encontrar con más facilidad son las situadas en la flexura del codo. Primero, se comprimirá el brazo por encima de la zona donde se va a pinchar para que se acumule más sangre y las venas se vean mejor. Luego se limpia la zona que se va a pinchar con un antiséptico y se procede a introducir la aguja. La persona que hace la extracción debe llevar guantes.

Una vez pinchada la vena, se quita la goma que comprimía el brazo para que la sangre salga con más facilidad. Esta sangre puede aspirarse con una jeringuilla o usarse un tubo de vacío. Se suelen extraer 10-20 cc de sangre, en función de las pruebas que se hayan pedido.

Al terminar la toma se quita la aguja, se limpia la zona con un antiséptico y se coloca un poco de algodón o similar, fijado con un esparadrapo, que el paciente deberá comprimir durante unos minutos para favorecer la coagulación y evitar que sangre.

Dentro de los análisis de sangre existen unos especiales que son los llamados Hemocultivos. No se trata de ver sustancias normales de la sangre sino de determinar si existen bacterias en la misma, responsables de una infección. En caso afirmativo, se tendrá que reconocer con exactitud la bacteria responsable (identificación microbiológica) y cuál es el antibiótico más efectivo (antibiograma).

Se suelen realizar e cuando el enfermo tiene fiebre y se recoge una muestra de 10-20 cc, repartida en dos frascos diferentes (uno para aerobios y otro para anaerobios, que son bacterias que crecen en un medio rico en oxígeno o en un medio sin oxígeno). A los 30 minutos se debe realizar una nueva extracción de sangre, de otros 10-20 cc, que se repartirá igualmente en dos frascos. Si el paciente está tomando antibióticos la rentabilidad de esta prueba se reduce.

Otro tipo de análisis de sangre son las Pruebas Funcionales. Consiste en extraer sangre antes y después de administrar, por vía intravenosa u oral, una sustancia (generalmente una hormona). Se pincha una vena periférica con una aguja que se retira dejando dentro un pequeño catéter. A través de él se irán sacando muestras de sangre.

El procedimiento se suele hacer en un Hospital de Día o en un Laboratorio con una habitación para que el paciente puede permanecer sentado mientras dure la prueba. También se puede pedir al paciente que pasee entre una determinación y otra; que beba agua u otra sustancia o se le podría administrar un suero si fuera necesario.

Una de las pruebas funcionales realizada mas frecuentemente es el test de sobrecarga oral de glucosa, que se hace para descartar una diabetes. Se realiza a las mujeres gestantes en el segundo o tercer trimestre cuando en el análisis de sangre se han dado cifras de glucosa un poco por encima de lo normal. La prueba consiste en sacar una muestra de sangre basal, tomar una bebida con gran cantidad de azucar (75-100 gramos) y repetir las determinaciones de sangre a los 60 y 120 minutos.

Es necesario que el paciente esté en ayunas al menos ocho horas antes de la realización de estas pruebas. Es especialmente importante para determinaciones como el azúcar, el colesterol y los triglicéridos. Si se toma algún alimento o bebidas que no sea agua los datos podrán alterarse y será difícil saber si son resultado de lo que se ha tomado o de una enfermedad.

Analítica de orina

Dentro de la orina se pueden hacer las siguientes determinaciones:

- Sedimento de orina: sirve para determinar la presencia de elementos como células o cristales en la orina. Se suele realizar observando una muestra de orina centrifugada al microscopio. Sin embargo, actualmente existen aparatos que dan automáticamente el resultado del sedimento de orina. Éste suele estar listo en unos pocos minutos.

- Análisis bioquímico: es el estudio de las sustancias que lleva la orina. El riñón es el que fabrica la orina y se encarga de expulsar al exterior las toxinas que no conviene acumular. Es decir, actúa como una depuradora, eliminando normalmente urea, creatinina, sodio, potasio y cloro. Por eso, no debe haber azúcar ni bilirrubina.

- Tirillas reactivas: se mojan en la orina y se produce una serie de reacciones de color en los diversos papeles secantes que componen la tirilla. Cada uno contiene reactivos que se refieren a un determinado tipo de alteración de la orina. Poseen una fiabilidad del 99% a la hora de determinar la presencia de glóbulos rojos o leucocitos-nitritos (que aparecen sobre todo en las infecciones), por lo que son de gran valor como rastreo. La tirilla informa también sobre el pH, bilirrubina, glucosa y proteínas en la orina, por lo que su empleo es de gran utilidad en la práctica clínica diaria, por ejemplo para el control de algunos pacientes diabéticos.

- El cultivo de la orina o urocultivo: es un tipo de análisis totalmente diferente a los anteriores. No se trata de mirar las sustancias excretadas sino de saber si existe o no infección de orina. En caso afirmativo, se trata de reconocer con exactitud el germen responsable (identificación microbiológica) y cuál es el antibiótico más efectivo (antibiograma). Esta prueba la realizan los especialistas en Microbiología y el cultivo se basa en una muestra simple de orina. Ésta se deposita en un medio fértil (por eso, se llama cultivo) donde comienzan a crecer las bacterias. Una vez han crecido se puede identificar el germen y se puede ver qué antibióticos son capaces de matarlo.

- Citología de orina: consiste en visualizar las células que se eliminan por la orina. Para ello, es necesario recoger muestras de orina durante tres días. Se buscan sobre todo células malignas, procedentes de tumores de la vía urinaria (tanto del riñón como de la vejiga). El análisis de la muestra lo realiza el especialista en Anatomía Patológica (patólogo), que centrifuga la orina y mira al microscopio si las células tienen características malignas. Si es así, serán necesarios más estudios para saber donde está el tumor.

Estos análisis pueden hacerse de la primera orina de la mañana, de una muestra recogida en cualquier hora del día (urocultivo) o de la eliminada durante 24 horas.

Analítica de heces

Las heces se pueden analizar para detectar diferentes enfermedades, como infecciones, pérdidas de sangre o de grasa. En función de la determinación que se vaya a hacer se le dirá como debe tomar las muestras.

Cuando el análisis se hace para ver si el paciente tiene parásitos en las heces, responsables de diarreas, se deben tomar tres muestras en tres días diferentes. Para identificar bacterias, en el caso de diarreas infecciosas, con una suele ser suficiente. Las muestras se conservarán en un sitio frío.

Si se busca sangre en heces, también son necesarias tres muestras de tres días diferentes. Previamente se aconseja tomar una dieta rica en cereales y evitar productos cárnicos o embutidos semi-crudos, por ejemplo filete de hígado, salami o morcilla. Estos alimentos, que contienen sangre, pueden producir un resultado positivo del test sin que en realidad exista una hemorragia gastrointestinal. Por ese motivo, también deben evitarse medicamentos como la aspirina, que pueden producir sangrado digestivo, o la vitamina C. Si es mujer y está menstruando, retrase la toma de las muestras hasta que termine. No es necesario que el paciente suspenda el hierro si lo estaba tomando previamente.

El estudio de grasa en heces sirve para ver si el paciente absorbe mal estas sustancias, un problema que se da en algunas enfermedades intestinales como pancreatitis, fibrosis quística, obstrucción de las vías biliares o la deficiencia de lactasa. Se hace con todas las heces de un paciente durante tres días. Hay que pesarlas y calcular la proporción de grasas.

Analítica de esputo

Esta prueba puede pedirse para diagnosticar algunas enfermedades infecciosas, como la tuberculosis o tumores pulmonares. También sirve para intentar averiguar el germen responsable de una neumonía.

Se obtiene una muestra del esputo (de forma espontánea o con aparatos capaces de inducir el esputo) y se analizan las células que proceden del tracto respiratorio del paciente o se realiza un estudio microbiológico, para ver o cultivar un posible germen infeccioso.

Para que la muestra esté en buenas condiciones es necesario que el paciente haya seguido una buena higiene bucal. Es importante que el material obtenido venga de las secreciones inferiores y no a base de saliva. Generalmente, se suele recomendar obtener la muestra de esputo en la primera hora de la mañana, ya que las secreciones se han ido acumulando por la noche mientras el individuo se encuentra tumbado y así serán de mejor calidad para el análisis. Deberá escupir en un bote que se llevará al hospital para analizar.

Cuando se manda recoger tres muestras en días consecutivos se guardarán las mismas en un lugar fresco, preferiblemente en la nevera, para llevar las tres juntas al laboratorio en la fecha indicada.

Algunas veces no se puede obtener la muestra sin fluidificar las secreciones porque éstas son muy espesas. Para hacerlas más fluidas, el paciente deberá aplicarse aerosoles con suero salino antes de escupir. Cuando tampoco es posible con este método, puede ser necesario emplear un aparato que utiliza un sistema de aspiración con suero salino hipertónico. En ocasiones, sólo es posible obtener la muestra con una broncoscopia.
 

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