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. Cáncer Cervical

210309 - María Valerio - Cáncer de cuello de útero, un dardo en el corazón de la feminidad. A consecuencia de las terapias, algunas mujeres sufren problemas sexuales. El tipo de tratamiento varía en función del estadio en el que se detecta el tumor

Fue hace 10 años, en una revisión ginecológica rutinaria. Rosa no deja de repetir que este cáncer hay que prevenirlo como sea, y que nadie debería saltarse las visitas anuales a su ginecólogo. En su caso, eso fue lo que permitió detectar una pequeña lesión en el cuello del útero, que la biopsia acabó confirmando como un cáncer. Su vida ha cambiado desde entonces.

 

La enfermedad no avisó, como ocurre en muchos casos. Ni dolores, ni molestias... sólo algunos pequeños coágulos de sangre que ella atribuyó a la llegada de la menopausia y que aparecieron cuando estaba fuera de Valencia, trabajando como guía turística, y que tuvieron que cauterizar de urgencia en el hospital. Eso sólo era el principio de un proceso que acabó con una histerectomía para quitarle los ovarios, la matriz y el cuello del útero y una traicionera reaparición de la enfermedad en el colon, el recto y la vejiga.

Pura también acudía a sus revisiones religiosamente. El cáncer se lo detectaron a los 44 años. "Creo que las mujeres de mi edad, con un nivel cultural alto, estamos convencidas de que si acudes al ginecólogo, si te hacen una citología anual, es un cáncer muy detectable. Por eso no hay conciencia de peligro, porque piensas que seguro que te lo van a pillar a tiempo".

Diagnóstico precoz

Pero una negligencia de su ginecóloga de toda la vida ("lo ha dicho un juez") y un retraso en el diagnóstico, hizo que el cáncer no se confirmase hasta que se encontraba ya en un estadio IIIb. En aquel momento, confiesa, "mi incultura sobre el cáncer de cérvix era total". Ahora se ríe cuando oye en la televisión a tertulianos que lo llaman erróneamente "el cáncer de las cervicales"; como si el cuello del útero estuviese en la espalda.

Como recuerda el doctor Antonio González, oncólogo del centro MD Anderson de Madrid, recuerda que la historia natural de este cáncer tiene varios años de evolución. "Para eso sirve la citología, porque desde la infección por el virus del papilomavirus hasta la aparición del cáncer pueden pasar 20 años. Y en ese tiempo, la citología es capaz de detectar cambios anómalos en el endotelio". Es decir, de detectar lesiones precancerosas de fácil tratamiento.

En estadios avanzados el tratamiento incluye quimioterapia, radioterapia externa e interna
Menos del 5% de las mujeres con la infección acaban desarrollando cáncer, porque el propio sistema inmune es capaz de mantener al virus bajo control. Como explica el doctor González, entre los factores de riesgo que predisponen a ello destacan el número de parejas sexuales, la edad de inicio de la primera relación, el tabaco, el uso de anticonceptivos orales, la existencia de otras enfermedades de transmisión sexual o estar inmunodeprimida.

Los tratamientos

Pura pensó, como muchas de las mujeres que pasan por este diagnóstico: "me lo quitarán, me darán 'quimio' y ya está". Pero su tumor era inoperable y a la quimioterapia hubo que sumar radioterapia y seis sesiones de braquiterapia, una especie de radiación interna, que muchas mujeres recuerdan con horror. "Para mí era tan espeluznante que me metieran esas agujas por la vagina que me tenían que dormir un poco; pero aunque es una experiencia terrible sé que eso es lo que ha matado el tumor".

Para tumores de más de 4 centímetros, en los que la cirugía ya no es viable, la terapia incluye cinco semanas de quimioterapia con cisplatino (una vez a la semana), durante las que se recibe además radioterapia externa una vez al día. La braquiterapia, entre tres o cinco días, completan el ciclo.

Ellas, como muchas otras, saben que el cáncer no te roba sólo la salud. Dejar de trabajar fue la primera 'consecuencia' en la vida de Rosa que, además, lleva una bolsa adherida al abdomen para recoger las heces a consecuencia de su segunda operación de colon (denominada colostomía). "Vives cada día pendiente de ello, te limita hasta en la forma de vestir", reconoce; "pero se puede seguir adelante si estás bien cuidado y mimado por la gente que te rodea".

Una de las cosas que el cáncer les 'roba' a algunas de ellas es la normalidad de su vida sexual. "Para muchas mujeres, las relaciones sexuales se convierten en un problema", explica la doctora María Die Trill, coordinadora de la Unidad de Psico-Oncología del Hospital Gregorio Marañón (Madrid). "Un problema que además suele pasar desapercibido, porque los médicos no les preguntan por ello y ellas no lo manifiestan en la consulta".

En algunos casos se recomienda a las pacientes emplear un dilatador vaginal después de las terapias para impedir que la entrada de la vagina se cierre. Se trata de una especie de "pene de metacrilato", como lo describe una de ellas, que debe introducirse en la vagina durante unos minutos cada día. Gracias a su acción no sólo es más fácil y menos doloroso volver a mantener relaciones sexuales, sino que se facilita también la labor del ginecólogo en futuras exploraciones.

Las relaciones sexuales

"Lo que hay es lo que hay", bromea Rosa, "claro que no es agradable y la enfermedad te merma. Yo me pasé un año y medio sin mantener relaciones, con la libido por los suelos. Tienes miedo, te sientes muy vulnerable a cualquier infección y tienes que usar preservativo aunque tengas pareja estable. Pero luego vuelve a surgir el tema y, al final, cuando me he sentido capaz las he retomado".

A los efectos físicos de la radioterapia, que a menudo irritan los genitales ("tengo la vagina de una señora de 90 años", bromea una paciente) y hacen que el coito se vuelva muy doloroso, se suma la pérdida de deseo provocada por los tratamientos, por la llegada adelantada de la menopausia... "A veces la pareja se deteriora después del cáncer. Si ya no funcionaba bien antes del diagnóstico; ahora mucho menos", explica esta psico-oncóloga.

La situación puede ser algo diferente en mujeres jóvenes, sin pareja estable; que en pacientes algo mayores, que llevan casadas o solas muchos años y acostumbradas ya a esta situación. "En las más jóvenes puede aparecer un miedo a no encontrar pareja; pueden sentir temor, vergüenza a lo que vayan a pensar los demás o miedo a no poder ser madres", aclara la especialista.

Pura confiesa que para ella, la mejor terapia de grupo está en la sala donde recibe la quimioterapia. "Desde la primera sesión estás sentado al lado de alguien en la misma situación que tú; y son infinitas las historias que escuchas. Todavía recuerdo lo que me dijo la primera persona a la que conocí en estas circunstancias, en mi primer día de 'quimio': 'No importa el porcentaje que te den los médicos, sino en que lado de la estadística estás tú'". - El Mundo



210309
- Cáncer Cervical

¿Qué es el cáncer cervical?

El cáncer cervical es un crecimiento maligno que ocurre en el cuello del útero. Este conecta al útero con el canal de la vagina. Usted puede tocarlo con sus dedos dentro de la vagina.

Se cree que el cáncer cervical es causado por un virus que se transmite sexualmente llamado virus papiloma humano (HPV). Sólo algunos tipos de HPV pueden causar cáncer. Por lo general , este virus causa cáncer en el cuello del útero, pero el HPV también puede ser responsable del cáncer en la vagina, vulva, y en el área ano-rectal (en los hombres o en las mujeres) y en el pene.

Se llama "displasia" a la aparición de células anormales en el cuello del útero. Cuando la displasia es diagnosticada y tratada a tiempo, se puede prevenir el cáncer. El cáncer cervical comienza en algunas células, pero gradualmente crece en tamaño. Este crecimiento, ocurre por lo general en un período de diez años o más. Cuando este crecimiento puede ser visto y palpado en un examen pélvico, se le llama tumor. Si el tumor no es tratado, puede extenderse a otras áreas tales como los ovarios, las trompas de Falopio y la vagina. Si el cáncer cervical no es tratado puede convertirse en una condición mortal.

¿Quién se encuentra a riesgo de desarrollar cáncer cervical?

En 1993, el Centro de Control de Enfermedades (CDC) añadió el cáncer cervical invasivo a la lista de enfermedades causadas por el SIDA. Esta decisión se basó en la observación de que las mujeres VIH positivas tienen más predisposición a desarrollar displasia que las mujeres sin el virus. Muchos doctores creen que la displasia puede convertirse en cáncer más rápidamente si también existe infección con el VIH. La displasia de alto grado parece ocurrir más frecuentemente en mujeres con conteos de células CD4 (células T) por debajo de 400. Otros factores de riesgo que pueden estar relacionados con el cáncer cervical y que pueden ser corregidos son: fumar cigarrillos y una dieta inadecuada (quizás por la falta de vitamina A).

¿Cuáles son los síntomas del cáncer cervical?

Una mujer puede tener cáncer cervical sin ningún síntoma. Las mujeres con cáncer cervical pueden quedar embarazadas y tener períodos menstruales normales. No hay señales o síntomas específicos, especialmente en la primera etapa del cáncer. En las etapas muy avanzadas, la mujer puede tener dolor, descarga de fluidos vaginales y puede sangrar entre períodos menstruales normales.

¿Cómo se diagnostica el cáncer cervical?

El Papanicolaou (Pap) es el examen de diagnóstico para el cáncer cervical. Las mujeres VIH positivas deben hacerse un Papanicolaou cada seis meses por un año, si los resultados de estos exámenes son normales, deben repetirlos una vez por año. El Papanicolaou puede detectar la displasia. Cuando se encuentra displasia, es necesario hacer otro examen con un instrumento magnificador llamado colposcopio. El colposcopio permite ver el tejido anormal para que se pueda realizar una biopsia. La mayoría de las veces sólo se trata de displasia pero algunas veces puede tratarse cáncer. Después de un examen con colposcopio, puede que sienta algunas molestias y un poco de sangrado.
Cuando se detecta cáncer cervical, es necesario hacer más exámenes antes de comenzar a planear el tratamiento. Este proceso se llama estadificación del cáncer (clasificación de la extensión y gravedad de la enfermedad). La estadificación es una serie de exámenes y evaluaciones que indican cuan avanzado está el cáncer.

¿Cómo se trata el cáncer cervical?

Un cáncer muy pequeño (llamado cáncer microinvasivo), puede ser removido totalmente mediante un procedimiento llamado biopsia de cono. Este tipo de biopsia, remueve una cantidad mayor del cuello del útero y el tejido es examinado cuidadosamente bajo un microscopio para ver si todas las células del cáncer han sido extraídas. Este procedimiento puede hacerse en el consultorio de un doctor, o en el hospital. Debido a que existen tres tipos de biopsias de cono, los efectos secundarios y el tiempo de recuperación pueden variar.

Si el cáncer no puede ser extraído completamente por medio de la biopsia de cono, la mujer puede necesitar que le hagan una histerectomía (extirpación quirúrgica del útero), para prevenir que el cáncer invada otras partes del cuerpo. A veces, los nódulos linfáticos en el área de la pelvis también son removidos. A esta operación se la llama histerectomía radical. Pero si el cáncer se ha diseminado a otras partes fuera del cuello del útero, el tratamiento común es la radiación. Generalmente, no se usa la quimioterapia para tratar el cáncer cervical.

¿Puede prevenirse el cáncer cervical?

¡SÍ! El cáncer cervical puede ser prevenido mediante exámenes regulares y el tratamiento apropiado para la displasia. Por esta razón es muy importante que las mujeres VIH positivas se hagan el examen Papanicolaou regularmente. Las mujeres VIH positivas que tienen una historia médica de displasia deberían probablemente hacerse un examen con colposcopio cada seis meses. Asegúrese de ver a un profesional de la salud que tenga experiencia con el VIH.

Virus Papiloma Humano (HPV)

El HPV no siempre causa cáncer. De hecho, probablemente un tercio de las mujeres sexualmente activas están expuestas al HPV, pero muy pocas desarrollan cáncer cervical.

El HPV también es conocido como el virus que causa verrugas. Sin embargo, algunos tipos de HPV no producen ningún síntoma. Estudios recientes han determinado que existen por lo menos 60 tipos diferentes de HPV. Al menos doce tipos de HPV se transmiten sexualmente. Algunos se transmiten muy fácilmente a través de toda clase de contacto íntimo, sexual o de piel a piel.

Con frecuencia, es necesario repetir el tratamiento para el HPV (por lo general de una a tres veces por semana por un período de dos a seis meses). No se recomienda el contacto sexual cuando las verrugas genitales están presentes. Su compañero (a) sexual también debe hacerse un análisis de HPV. -
GMHC

 

 

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