Google

Avizora - Atajo Google

Sexualidad Humana / Human Sexuality
El punto G

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

-
Ubican el Punto G
-
Yo te toco, tu me tocas: ¡Qué placer!
-
Los enamorados son inmortales
- 23 razones para hacer el amor

 

Google

Avizora - Atajo Google
Inicia - En 1980, dos investigadores del sexo efectuaron una conferencia en la Sociedad para el Estudio Científico del Sexo (SSSS) en Dallas y explicaron algo que apenas encontró credibilidad entre los asistentes: los Drs. Beverly Whipple y John Perry dijeron  que hay un PUNTO dentro de la vagina que es sumamente sensible a la presión profunda. Se siente a través de la pared anterior o delantera de la vagina aproximadamente cinco centímetros de la entrada. Denominado como punto G o punto Grafenberg, puede servir para llevar a las mujeres al orgasmo mediante estímulos adecuados. Luego matizaron que es probable que cada mujer tenga un punto G, pues habían encontrado un sitio diferente en cada una de las mujeres que examinaron. Sería algo así como el homólogo a la próstata masculina, pues en el momento del orgasmo muchas mujeres eyaculan un líquido a través de la uretra que es químicamente similar a la eyaculación del varón pero no contiene esperma. Muchas personas creen que se están orinando, y las mujeres se avergüenzan de esto al eyacular. Sus compañeros pueden pensar que ha tenido lugar una  micción, y es una razón por la cual muchas mujeres ha aprendido a suprimir el orgasmo, empequeñeciéndolo voluntariamente.
 
Para muchas mujeres es difícil estimular el punto G en la posición del misionero, siendo mejor la postura en la cual la mujer se sienta a horcajadas sobre el varón o se realiza la penetración en posición trasera.
La fuerza del músculo pubococcygeus de una mujer (PC) se relaciona directamente con su habilidad para alcanzar el orgasmo a través del contacto y cuando se aprende a fortalecer sus músculos se logran mejores sensaciones.
 
Masters y Johnson
 
Según estos investigadores hay tres tipos principales de orgasmo en las mujeres:
 
1- El orgasmo vulvar activado por el clítoris
2- El orgasmo uterino activado por la comunicación y el roce corporal
3- Y una combinación de los dos.
 
Durante años las relaciones sexuales estaban influidas por los comentarios de los médicos, pues ellos creían saber tanto de anatomía como de comportamiento humano. En las dos décadas anteriores a la investigación sobre el sexo, Masters y Johnson habían conseguido una gran credibilidad. El matrimonio compuesto por William Masters y Ms Johnson habían experimentado con un gran número de voluntarios en su laboratorio del sexo, donde les controlaban la respiración, los latidos del corazón, y otras funciones corporales durante el contacto y la masturbación. Después de observar los experimentos que filmaron y analizadas las respuestas, declararon que el llamado orgasmo vaginal era un mito. Desde entonces una legión de psicólogos crédulos dijeron que era cierto y una nueva revolución científica se desencadenó. Ahora los hombres debían poner todo su interés en estimular el clítoris hasta la irritación, olvidándose del resto del aparato genital femenino. Una nueva estupidez había sustituido a la ignorancia anterior.
 
"El clítoris es la única fuente de orgasmo en la hembra -afirmaron rotundos-  y si a este estímulo agregamos el contacto con la piel,  los pezones, el lóbulo de la oreja, y la boca, aumentará la satisfacción sexual.”
 
Desde entonces millones de hombres se convirtieron en pulpos ansiosos por lograr tocar simultáneamente el clítoris, junto con todas las partes del cuerpo sugeridas.  Labor ciertamente difícil de realizar, pero que los sabios (y desde entonces millonarios) Masters y Johnson avalaron con nuevos documentos, cintas en las cuales se oían respiraciones jadeantes de placer, control de la presión sanguínea, latidos cardíacos y una medición de la lubricación vaginal. Nadie había asistido como observador a estos experimentos, ni sabemos cómo lograron medir la lubricación vaginal en pleno orgasmo, pero el mundo entero se rindió a sus pies y desde entonces el clítoris pasó a ser considerado miembro de honor.
Luego vinieron los detractores y en una conferencia efectuada en 1980 por el ginecólogo Martin Weisberg del Thomas Jefferson University en el Hospital en Filadelfia, se dijo que esos informes eran mera especulación.
 
"He pasado la mitad de mi vida examinando a las mujeres, hablando con ellas, tocándolas, quitando y  reestructurando sus órganos reproductores. Por ello debo decir que no hay  ninguna próstata hembra y que las mujeres no eyaculan"
 
Nuevamente debemos ser escépticos con este sabio doctor, especialmente cuando asegura que ninguna mujer eyacula. La pregunta es: ¿Tantas mujeres ha tenido en sus manos como para asegurar este hecho? ¿Cómo puede saber si las mujeres eyaculan durante sus orgasmos mediante una simple exploración ginecológica?
Otros más audaces fueron Perry y Whipple, pues dispusieron de una mujer voluntaria que debía ser estimulada mediante la mano de su compañero para que averiguar la presencia del dichoso punto G. Imagínense la escena, con la pareja desnuda en una camilla, mientras los inquietos doctores miran minuciosamente la vagina de la chica para ver qué ocurre allí dentro. Según ellos... 
 
"La vulva y la vagina eran normales sin masas extrañas o puntos. La uretra era normal. Todo era normal. Ella tenía a su compañero estimulándola mediante la inserción de dos dedos en la vagina y acariciándola  a lo largo de la uretra. Para mi asombro el área se empezó a inflar, se hizo oval, con uno o dos centímetros de  tamaño,  diferente del resto de la vagina. En un momento los movimientos fueron similares a cuando se está  empezando a defecar, y  después  expulsó un  fluido lácteo por la  uretra. El material no era ningún tipo de orina y de hecho, si el análisis químico fue correcto, su composición es parecida al fluido prostático."
 
Bien, pues ya tenemos claro que las mujeres eyaculan, lo que nos lleva a pensar que el resto de los investigadores no consiguieron en toda su vida provocar un orgasmo a sus parejas hembras, pues cualquier varón podrá asegurar que, efectivamente, las mujeres eyaculan de manera similar al hombre.
Después de verificar con algunos de sus propios pacientes, Weisberg se convenció finalmente que las mujeres pueden y realmente eyaculan. El pobre hombre necesitó ciertamente muchas pruebas para confirmar algo que sabe la humanidad desde hace milenios.
No hay ninguna duda tampoco que el punto G está presente en la mayoría, sino en todas, las mujeres, aunque se necesita un estímulo apropiado para que pueda ser “activado”. Ni siquiera una mujer por sí misma  puede ser consciente de su presencia y de la sensibilidad que se desarrolla con el tiempo si es estimulado adecuadamente durante el contacto sexual. El punto G está compuesto de tejido eréctil, y reaccionará del mismo modo que el pene llenándose de sangre si se le estimula sexualmente. El estímulo digital y la masturbación mediante un vibrador, son los dos medios más adecuados. 
 
¿Ignorancia mundial?
 
No creemos que la humanidad tuviera que esperar a que llegaran Whipple y Perry para decirnos que existe un punto G en las mujeres, pues lo más probable es que se supiera desde hace cientos de años, aunque se le denominase de diferentes modos y ni siquiera se mencionase. Los científicos son muy dados a decir que han descubierto algo... que es de dominio público desde antes. Es como si nos quisieran decir que nuestras valoraciones y conclusiones son erróneas hasta que ellos nos demuestren que no lo son.
Hay varias razones para comprender que las personas ya sabían de ese punto G, lo mismo que sabían que las mujeres también eyaculaban. Los libros de sexualidad son muy recientes y todavía figuran como bastante censurados en muchos países, por lo que el aprendizaje se hacía de vis a vis, en privado, sin que casi nadie tuviera interés en explicar cómo hacía el amor con su pareja. Cuando las mujeres occidentales comenzaron a hablar sobre el sexo generalmente hablaban muy románticamente, empleando eufemismos para describir algo que había que adornar. Si una mujer le decía a su amiga algo referente a su vida sexual, probablemente explicaba que su compañero era "bueno en la cama" o "un desastre." Ninguna mujer quería entrar en detalles acerca de lo que él hacía o no hacía. Esta reticencia a hablar aportando datos concretos sobre la técnica sexual era seguida por la mayoría, por lo que había pocas posibilidades de establecer comparaciones. Con el tiempo, la mujer occidental aprendió sobre el sexo del modo más fiable: practicándolo más a menudo. 
 
Por eso la literatura sobre el sexo y el comportamiento “normal” o habitual de las parejas, no nos demuestra nada que no supiéramos, aunque la diferencia es que estos informes hablaban ya de manera más directa. Los pioneros fueron Masters y Johnson y el informe Kinsey pero, como todos los pioneros, cometieron no pocos errores en la forma de valorar y expusieron sus éxitos escondiendo sus fracasos. Alfred Kinsey y su equipo de investigadores, describieron en los años 50 qué parte o partes de los genitales femeninos eran más sensibles al estímulo sexual. Tres varones y dos mujeres ginecólogas controlaron a más de 800 mujeres mientras se tocaban dieciséis puntos suavemente, incluso el clítoris, los labios mayores y menores, la vagina y la cerviz. Bien, nosotros no nos creemos este número tan abultado de voluntarias y debemos pensar que le añadieron al menos un cero para dar credibilidad a su informe. Para evitar críticas del mundo científico, alegaron que emplearon un dispositivo adecuado de medición de la intensidad del placer. Este dispositivo ficticio demostró (?) que el clítoris era sensible al roce pero no la vagina, olvidándose de un detalle esencial: el punto G de la vagina es muy sensible, pero debe manipularse con una presión profunda. 
Masters y Johnson afianzaron ese error y asumieron que el clítoris era la única fuente de excitación sexual. Para demostrarlo, seleccionaron voluntarias que se dejasen manipular ante sus ojos por varones expertos en la estimulación del clítoris femenino, y aunque damos por hecho que hubo miles de voluntarios, no sabemos cómo lograron seleccionar a los mejores.  
 
¿Sabían los ginecólogos la existencia de ese punto G y la ocultaban?
 
¿Cómo es posible que una zona tan susceptible de otorgar placer a la mujer llevase milenios oculta? ¿Cómo es posible que después de explorar tantos agujeros femeninos ningún doctor se apercibiera de tan maravilloso punto? Bien, la explicación que han dado algunos para disimilar su torpeza, es que se les entrenan para no estimular a sus pacientes sexualmente mientras les están explorando, pues de ocurrir sus intenciones pudieran interpretarse mal. Otros dicen que el punto G no es palpable hasta que se estimula, del mismo modo que un pene está fláccido durante un examen médico, pero se pone tieso cuando una mano adecuada lo coge.  Probablemente no todos los doctores que han examinado vaginas han sido tan inocentes y más de uno sabría con precisión la situación exacta de ese punto G. Si lo llegaron a estimular o no nunca lo sabremos, pues su ética profesional hubiera quedado en entredicho. 
El conocimiento del punto G fue divulgado por vez primera en 1981, en un libro titulado “Una nueva visión del cuerpo de la mujer", escrito por Ladas, Whipple y Perry, editado por la Federación de Centros de Salud de mujeres feministas. Esa Federación dijo que la función de esa área era "rodear y proteger la uretra llenándola con sangre durante la excitación sexual y el roce, actuando como un lubricante entre el pene y  la uretra."
Pero lo que poca gente sabe es que el Dr Ernst Grafenberg en 1950 había descrito ese mismo punto, así como la eyaculación femenina en un artículo titulado: "El papel de la uretra en el orgasmo de mujer"; pero el artículo, obviamente, no fue leído ampliamente. Los pocos científicos que le apoyaron fueron considerados como locos o ignorantes. Luego hubo un urólogo llamado Bernard Hymel, especialista en tratar la incontinencia femenina, quien dijo que la mayoría de los casos de esta supuesta y abundante enfermedad en realidad eran eyaculaciones, y no emisiones de orina. En tres ocasiones formales, Hymel intentó convencer a sus colegas sobre sus estudios, pero fue infructuoso. ¿Cómo admitir que una mujer pudiera tener un orgasmo fuera del coito? Hasta ahora, a los varones nos han dicho que era normal tener eyaculaciones espontáneas o provocadas simplemente con el pensamiento, con el recuerdo y que gracias a ello podíamos tener un orgasmo simplemente con la imaginación. ¿Hay algún motivo para que no admitamos que las mujeres pueden estar sujetas a las mismas sensaciones?
 
La ignorancia del punto G y la eyaculación de las mujeres han causado no pocos traumas a las mujeres de todo el mundo y les ha sumido en no pocas dudas. Una mujer de 21 años escribió que estaban convencidos de que tanto ella como su marido se orinaban cada vez que hacían el amor, especialmente cuando ella se ponía a caballo encima de él. Él estaba tan enfadado porque la chica se orinaba encima que pidió el divorcio. 
Otras mujeres informaron que durante toda su vida sexual se llegaron a considerar como unas pervertidas y unas guarras. "Yo nunca he revelado simplemente mi secreto -dijo una mujer- porque cada artículo que leía insistía en que semejante acontecimiento no era posible, que la mujer no eyaculaba. Me he sentido como un monstruo  durante muchos años, y  estoy segura que  mi marido  también lo  piensa.”
 
El movimiento feminista ayudó promover la ignorancia que había sobre el punto G y la eyaculación femenina, aunque lo hicieron solamente  por su deseo de disminuir la dependencia sexual de la mujer hacia el hombre. Las feministas sentían que cambiando el enfoque de la atención lejos de la vagina en favor del clítoris, era una valiosa manera de hacer esto y por eso publicaron muchos artículos sobre la imposibilidad del orgasmo vaginal.
En resumen, no ha sido fácil discrepar públicamente contra  Masters y Johnson y sus seguidores. Una prueba de ello es que en 1990, durante una conferencia en la Universidad de Queensland, Australia, un profesor declaró categóricamente que la única fuente de orgasmo en las mujeres era el clítoris. Cuando se le criticó en privado sobre esta afirmación, el profesor dijo: "La pregunta sobre los orgasmos vaginales no es popular entre mis colegas de la facultad médica."

 

AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com