Inicia
- En 1980, dos investigadores del sexo efectuaron una conferencia en la
Sociedad para el Estudio Científico del Sexo (SSSS) en Dallas y explicaron
algo que apenas encontró credibilidad entre los asistentes: los Drs. Beverly Whipple y John Perry dijeron que hay un PUNTO dentro de la vagina
que es sumamente sensible a la presión profunda. Se siente a través de la
pared anterior o delantera de la vagina aproximadamente cinco centímetros
de la entrada. Denominado como punto G o punto Grafenberg, puede servir
para llevar a las mujeres al orgasmo mediante estímulos adecuados. Luego
matizaron que es probable que cada mujer tenga un punto G, pues habían
encontrado un sitio diferente en cada una de las mujeres que examinaron.
Sería algo así como el homólogo a la próstata masculina, pues en el
momento del orgasmo muchas mujeres eyaculan un líquido a través de la
uretra que es químicamente similar a la eyaculación del varón pero no
contiene esperma. Muchas personas creen que se están orinando, y las
mujeres se avergüenzan de esto al eyacular. Sus compañeros pueden pensar
que ha tenido lugar una micción, y es una razón por la cual muchas
mujeres ha aprendido a suprimir el orgasmo, empequeñeciéndolo
voluntariamente.
Para muchas mujeres es difícil estimular el
punto G en la posición del misionero, siendo mejor la postura en la cual
la mujer se sienta a horcajadas sobre el varón o se realiza la penetración
en posición trasera.
La fuerza del músculo pubococcygeus de una
mujer (PC) se relaciona directamente con su habilidad para alcanzar el
orgasmo a través del contacto y cuando se aprende a fortalecer sus
músculos se logran mejores sensaciones.
Masters y Johnson
Según estos investigadores hay tres tipos
principales de orgasmo en las mujeres:
1- El orgasmo vulvar
activado por el clítoris
2- El orgasmo uterino
activado por la comunicación y el roce corporal
3- Y una combinación de los dos.
Durante años las relaciones sexuales estaban
influidas por los comentarios de los médicos, pues ellos creían saber
tanto de anatomía como de comportamiento humano. En las dos décadas
anteriores a la investigación sobre el sexo, Masters y Johnson habían
conseguido una gran credibilidad. El matrimonio compuesto por William
Masters y Ms Johnson habían experimentado con un gran número de
voluntarios en su laboratorio del sexo, donde les controlaban la
respiración, los latidos del corazón, y otras funciones corporales durante
el contacto y la masturbación. Después de observar los experimentos que
filmaron y analizadas las respuestas, declararon que el llamado orgasmo
vaginal era un mito. Desde entonces una legión de psicólogos crédulos
dijeron que era cierto y una nueva revolución científica se desencadenó.
Ahora los hombres debían poner todo su interés en estimular el clítoris
hasta la irritación, olvidándose del resto del aparato genital femenino.
Una nueva estupidez había sustituido a la ignorancia anterior.
"El clítoris es la
única fuente de orgasmo en la hembra -afirmaron
rotundos- y si a este estímulo agregamos el contacto con la piel, los
pezones, el lóbulo de la oreja, y la boca, aumentará la satisfacción
sexual.”
Desde entonces millones
de hombres se convirtieron en pulpos ansiosos por lograr tocar
simultáneamente el clítoris, junto con todas las partes del cuerpo
sugeridas. Labor ciertamente difícil de realizar, pero que los sabios (y
desde entonces millonarios) Masters y Johnson avalaron con nuevos
documentos, cintas en las cuales se oían respiraciones jadeantes de
placer, control de la presión sanguínea, latidos cardíacos y una medición
de la lubricación vaginal. Nadie había asistido como observador a estos
experimentos, ni sabemos cómo lograron medir la lubricación vaginal en
pleno orgasmo, pero el mundo entero se rindió a sus pies y desde entonces
el clítoris pasó a ser considerado miembro de honor.
Luego vinieron los
detractores y en una conferencia efectuada en 1980 por el ginecólogo
Martin Weisberg del Thomas Jefferson University en el Hospital en
Filadelfia, se dijo que esos informes eran mera especulación.
"He pasado la mitad de
mi vida examinando a las mujeres, hablando con ellas, tocándolas, quitando
y reestructurando sus órganos reproductores. Por ello debo decir que no
hay ninguna próstata hembra y que las mujeres no eyaculan"
Nuevamente debemos ser escépticos con este
sabio doctor, especialmente cuando asegura que ninguna mujer eyacula. La
pregunta es: ¿Tantas mujeres ha tenido en sus manos como para asegurar
este hecho? ¿Cómo puede saber si las mujeres eyaculan durante sus orgasmos
mediante una simple exploración ginecológica?
Otros más audaces fueron Perry y Whipple,
pues dispusieron de una mujer voluntaria que debía ser estimulada mediante
la mano de su compañero para que averiguar la presencia del dichoso punto
G. Imagínense la escena, con la pareja desnuda en una camilla, mientras
los inquietos doctores miran minuciosamente la vagina de la chica para ver
qué ocurre allí dentro. Según ellos...
"La vulva y la vagina
eran normales sin masas extrañas o puntos. La uretra era normal. Todo era
normal. Ella tenía a su compañero estimulándola mediante la inserción de
dos dedos en la vagina y acariciándola a lo largo de la uretra. Para mi
asombro el área se empezó a inflar, se hizo oval, con uno o dos
centímetros de tamaño, diferente del resto de la vagina. En un momento
los movimientos fueron similares a cuando se está empezando a defecar, y
después expulsó un fluido lácteo por la uretra. El material no era
ningún tipo de orina y de hecho, si el análisis químico fue correcto, su
composición es parecida al fluido prostático."
Bien, pues ya tenemos claro que las mujeres
eyaculan, lo que nos lleva a pensar que el resto de los investigadores no
consiguieron en toda su vida provocar un orgasmo a sus parejas hembras,
pues cualquier varón podrá asegurar que, efectivamente, las mujeres
eyaculan de manera similar al hombre.
Después de verificar con algunos de sus
propios pacientes, Weisberg se convenció finalmente que las mujeres pueden
y realmente eyaculan. El pobre hombre necesitó ciertamente muchas pruebas
para confirmar algo que sabe la humanidad desde hace milenios.
No hay ninguna duda tampoco que el punto G
está presente en la mayoría, sino en todas, las mujeres, aunque se
necesita un estímulo apropiado para que pueda ser “activado”. Ni siquiera
una mujer por sí misma puede ser consciente de su presencia y de la
sensibilidad que se desarrolla con el tiempo si es estimulado
adecuadamente durante el contacto sexual. El punto G está compuesto de
tejido eréctil, y reaccionará del mismo modo que el pene llenándose de
sangre si se le estimula sexualmente. El estímulo digital y la
masturbación mediante un vibrador, son los dos medios más adecuados.
¿Ignorancia mundial?
No creemos que la humanidad tuviera que
esperar a que llegaran Whipple y Perry para decirnos que existe un punto G
en las mujeres, pues lo más probable es que se supiera desde hace cientos
de años, aunque se le denominase de diferentes modos y ni siquiera se
mencionase. Los científicos son muy dados a decir que han descubierto
algo... que es de dominio público desde antes. Es como si nos quisieran
decir que nuestras valoraciones y conclusiones son erróneas hasta que
ellos nos demuestren que no lo son.
Hay varias razones para comprender que las
personas ya sabían de ese punto G, lo mismo que sabían que las mujeres
también eyaculaban. Los libros de sexualidad son muy recientes y todavía
figuran como bastante censurados en muchos países, por lo que el
aprendizaje se hacía de vis a vis, en privado, sin que casi nadie tuviera
interés en explicar cómo hacía el amor con su pareja. Cuando las mujeres
occidentales comenzaron a hablar sobre el sexo generalmente hablaban muy
románticamente, empleando eufemismos para describir algo que había que
adornar. Si una mujer le decía a su amiga algo referente a su vida sexual,
probablemente explicaba que su compañero era "bueno en la cama" o "un
desastre." Ninguna mujer quería entrar en detalles acerca de lo que él
hacía o no hacía. Esta reticencia a hablar aportando datos concretos sobre
la técnica sexual era seguida por la mayoría, por lo que había pocas
posibilidades de establecer comparaciones. Con el tiempo, la mujer
occidental aprendió sobre el sexo del modo más fiable: practicándolo más a
menudo.
Por eso la literatura sobre el sexo y el
comportamiento “normal” o habitual de las parejas, no nos demuestra nada
que no supiéramos, aunque la diferencia es que estos informes hablaban ya
de manera más directa. Los pioneros fueron Masters y Johnson y el informe
Kinsey pero, como todos los pioneros, cometieron no pocos errores en la
forma de valorar y expusieron sus éxitos escondiendo sus fracasos. Alfred
Kinsey y su equipo de investigadores, describieron en los años 50 qué
parte o partes de los genitales femeninos eran más sensibles al estímulo
sexual. Tres varones y dos mujeres ginecólogas controlaron a más de 800
mujeres mientras se tocaban dieciséis puntos suavemente, incluso el
clítoris, los labios mayores y menores, la vagina y la cerviz. Bien,
nosotros no nos creemos este número tan abultado de voluntarias y debemos
pensar que le añadieron al menos un cero para dar credibilidad a su
informe. Para evitar críticas del mundo científico, alegaron que emplearon
un dispositivo adecuado de medición de la intensidad del placer. Este
dispositivo ficticio demostró (?) que el clítoris era sensible al roce
pero no la vagina, olvidándose de un detalle esencial: el punto G de la
vagina es muy sensible, pero debe manipularse con una presión profunda.
Masters y Johnson afianzaron ese error y
asumieron que el clítoris era la única fuente de excitación sexual. Para
demostrarlo, seleccionaron voluntarias que se dejasen manipular ante sus
ojos por varones expertos en la estimulación del clítoris femenino, y
aunque damos por hecho que hubo miles de voluntarios, no sabemos cómo
lograron seleccionar a los mejores.
¿Sabían los ginecólogos
la existencia de ese punto G y la ocultaban?
¿Cómo es posible que una zona tan
susceptible de otorgar placer a la mujer llevase milenios oculta? ¿Cómo es
posible que después de explorar tantos agujeros femeninos ningún doctor se
apercibiera de tan maravilloso punto? Bien, la explicación que han dado
algunos para disimilar su torpeza, es que se les entrenan para no
estimular a sus pacientes sexualmente mientras les están explorando, pues
de ocurrir sus intenciones pudieran interpretarse mal. Otros dicen que el
punto G no es palpable hasta que se estimula, del mismo modo que un pene
está fláccido durante un examen médico, pero se pone tieso cuando una mano
adecuada lo coge. Probablemente no todos los doctores que han examinado
vaginas han sido tan inocentes y más de uno sabría con precisión la
situación exacta de ese punto G. Si lo llegaron a estimular o no nunca lo
sabremos, pues su ética profesional hubiera quedado en entredicho.
El conocimiento del punto G fue divulgado
por vez primera en 1981, en un libro titulado “Una nueva visión del cuerpo
de la mujer", escrito por Ladas, Whipple y Perry, editado por la
Federación de Centros de Salud de mujeres feministas. Esa Federación dijo
que la función de esa área era "rodear y proteger la uretra llenándola con
sangre durante la excitación sexual y el roce, actuando como un lubricante
entre el pene y la uretra."
Pero lo que poca gente sabe es que el Dr
Ernst Grafenberg en 1950 había descrito ese mismo punto, así como la
eyaculación femenina en un artículo titulado: "El papel de la uretra en el
orgasmo de mujer"; pero el artículo, obviamente, no fue leído ampliamente.
Los pocos científicos que le apoyaron fueron considerados como locos o
ignorantes. Luego hubo un urólogo llamado Bernard Hymel, especialista en
tratar la incontinencia femenina, quien dijo que la mayoría de los casos
de esta supuesta y abundante enfermedad en realidad eran eyaculaciones, y
no emisiones de orina. En tres ocasiones formales, Hymel intentó convencer
a sus colegas sobre sus estudios, pero fue infructuoso. ¿Cómo admitir que
una mujer pudiera tener un orgasmo fuera del coito? Hasta ahora, a los
varones nos han dicho que era normal tener eyaculaciones espontáneas o
provocadas simplemente con el pensamiento, con el recuerdo y que gracias a
ello podíamos tener un orgasmo simplemente con la imaginación. ¿Hay algún
motivo para que no admitamos que las mujeres pueden estar sujetas a las
mismas sensaciones?
La ignorancia del punto G y la eyaculación de
las mujeres han causado no pocos traumas a las mujeres de todo el mundo y
les ha sumido en no pocas dudas. Una mujer de 21 años escribió que estaban
convencidos de que tanto ella como su marido se orinaban cada vez que hacían
el amor, especialmente cuando ella se ponía a caballo encima de él. Él
estaba tan enfadado porque la chica se orinaba encima que pidió el
divorcio.
Otras mujeres informaron que durante toda su
vida sexual se llegaron a considerar como unas pervertidas y unas guarras.
"Yo nunca he revelado simplemente mi secreto -dijo una mujer-
porque cada artículo que leía insistía en que semejante acontecimiento no
era posible, que la mujer no eyaculaba. Me he sentido como un monstruo
durante muchos años, y estoy segura que mi marido también lo piensa.”
El movimiento feminista ayudó promover la
ignorancia que había sobre el punto G y la eyaculación femenina, aunque lo
hicieron solamente por su deseo de disminuir la dependencia sexual de la
mujer hacia el hombre. Las feministas sentían que cambiando el enfoque de la
atención lejos de la vagina en favor del clítoris, era una valiosa manera de
hacer esto y por eso publicaron muchos artículos sobre la imposibilidad del
orgasmo vaginal.
En resumen, no ha sido fácil discrepar
públicamente contra Masters y Johnson y sus seguidores. Una prueba de ello
es que en 1990, durante una conferencia en la Universidad de Queensland,
Australia, un profesor declaró categóricamente que la única fuente de
orgasmo en las mujeres era el clítoris. Cuando se le criticó en privado
sobre esta afirmación, el profesor dijo:
"La pregunta sobre los
orgasmos vaginales no es popular entre mis colegas de la facultad médica."
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